El nido, de Nicole Taylor

LLEVAR DENTRO EL HIJO DE OTRA PERSONA.

“Quien se eleva demasiado cerca del sol con alas de oro las funde”

William Shakespeare

La dosificación de información en cualquier película es muy importante, pero es en el thriller cuando resulta capital para el resultado de la obra. Porque además de despertar el interés del espectador, alianza que necesita la obra, esa información necesita conducir al público y sobre todo, tensionarlo cuando sea necesario, convirtiéndole en un ente muy activo para el buen desarrollo de la trama en cuestión, porque esa información, la que mostramos y la que ocultamos, y cuando la presentamos, se convertirá en esencial para la fuerza dramática de la película. El nido (“The Nest”, en su idioma original) resulta un ejemplo esencial en el apartado de dosificación de información, enmarcando a los personajes en un thriller psicológico bien construido, en el que conocemos a unos personajes complejos, unas almas en conflicto interno y externo, que se guardan información relevante, y también, iremos conociéndolos a lo largo de la trama, redescubriéndolos constantemente, conociendo su pasado y todo aquello que, por necesidades personales, ocultan a los demás.

La creadora y guionista Nicole Taylor, de amplia experiencia en el medio televisivo, ha construido una miniserie de 6 episodios de 60 minutos cada uno, con un tema candente como la gestación subrogada, que gira en torno a una pareja exitosa Dan y Emily, un matrimonio que lo tienen todo, o todo lo que se puede comprar con dinero, aunque, pro muchos intentos que hagan, no se quedan embarazados. El último intento ha sido frustrado, cuando Hillary, hermana de Dan, pierde al bebé que esperaba. Casualidades del destino, la vida parece ofrecerles otra oportunidad, quizás la última, en la figura de Kaya, que Emily atropella accidentalmente, aunque todos los condicionantes hacen de la aventura, que Kaya sea el vientre de alquiler, una empresa muy complicada, ya que la joven apenas tiene 18 años, está acogida socialmente, por un pasado turbio que iremos conociendo a medida que avanza el metraje.

Andy De Emmony y Simen Alsvik, asiduos a las series televisivas británicas, dirigen con pulso firme y convicción, este laberinto humano lleno de pasadizos oscuros, habitaciones cerradas y pasados violentos, en una trama de idas y venidas, situada en la ciudad escocesa de Glasgow, con esos planos generales del río Clyde que divide la ciudad, la misma división con la que juega constantemente la película, en la que unos personajes se muestran contarios, la mayoría, de la locura de Dan y Emily, y el citado matrimonio y Kaya, pese a todas las reservas del mundo, se lanzan al abismo para llevar a cabo la aventura de ser padres. Una atmósfera inquietante, repleta de claroscuros y miradas temerosas y desconfiadas, son los elementos por los que se mueve un relato intimista y profundamente oscuro, donde encontramos personajes humanos, muy cercanos, que quizás el exceso de ambición y sus objetivos personales los llevan a caminar por la cuerda floja constantemente, obviando los peligros y las situaciones de riesgo venideras que trastocarán sus vidas y de qué manera.

Quizás, estamos ante unos personajes inconscientes o simplemente, llevados por la desesperación a no ser padres, a sentirse incompletos en sus vidas, lo que les lleva a introducirse en un caos imprevisible y lleno de incertidumbre. Un reparto estupendo llena la pantalla de credibilidad y complejidad, encabezado por Martin Compston como Dan, ese tipo de los arrabales hecho a sí mismo que oculta siniestras actividades, Sophie Rundle como Emily, la esposa y fiel compañera, pero que el sueño de ser madre la lleva por caminos demasiado terroríficos en los que no ha valorado las terribles consecuencias de su idea con Kaya. Fiona Bell como Hillary, la hermana mayor de Dan, y una especie de guía o faro en el que Dan encuentra mucho. Y Mirren Mack como Kaya, la auténtica revelación de El nido, en su primer rol protagonista, como una chica sola, no querida, que busca algo a que sujetarse, sentirse que tiene algo en la vida, y sobre todo, que tiene a alguien a quién amar, peor que guarda muy celosamente un pasado demasiado terrorífico que quizás, los Dan y Emily no puedan soportar.

El nido se alza como una historia tremendamente reflexiva e interesante, que no se queda en la superficie a la hora de manejar un tema con tanta controversia, en su forma de plantear un complejo dilema moral de mucha actualidad, la gestación subrogada y todo aquello que gira en torno a un conflicto de dimensiones importantes, en el que entran en liza muchos elementos que tienen que ver con la sociedad clasista, en el que unos con dinero deciden las vidas de los necesitados en el que todo se puede comprar, incluso una vida, o la idea que si hay acuerdo por las dos partes, se vaya adelante, en todo caso, una cuestión con muchas ideas y posiciones, como bien explica y detalla la película, en la que los espectadores nos sentiremos a favor o en contra según vayan presentándose los acontecimientos, reflexionando sobre todos los pros y contras que subyacen en tamaña cuestión, y más, ante otros elementos que plantea la miniserie como el miedo, la ambición, los deseos personales, el amor, la confianza o el sentimiento de sentirse que perteneces a algo o alguien, que tu vida tiene un sentido para alguien y sobre todo, para uno mismo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El incendio, de Daisy Coulam

DE PUERTAS PARA ADENTRO.

“Es un hecho maravilloso y digno de reflexionar sobre él, que cada uno de los seres humanos es un profundo secreto para los demás.”

Charles Dickens

¿Qué es conocer a alguien? ¿Cuándo descubrimos o qué detalles nos hacen decir que conocemos a una persona? Por mucho que nos esforcemos en conocer a alguien, descubrir sus secretos ocultos, aquellos que callan, aquellos que se mantienen en su interior, descubriremos que es una tarea inútil, porque siempre habrá algo que la persona oculte, que guarde en lo más profundo de su alma, y ese misterio se mantendrá vivo, y seguiremos sin conocer de manera clara y transparente a nadie. Muchas de estas reflexiones llevaron a la guionista Daisy Coulam conocida por la exitosa serie Grantchester, sobre detectives después de la segunda guerra mundial) a escribir El incendio, una miniserie de cuatro episodios de cuarenta y cinco minutos cada uno, ambientada en Kirkdarroch, una pequeña comunidad de Escocia, a partir de dos matrimonios con hijos.

Por un lado, tenemos a Tom Kendrick, el médico de cabecera del pueblo y querido por todos, y su mujer, Kate, maestra primaria, y sus adorables hijas pequeñas. Y por el otro, a Steve, el sargento de la policía local, y su esposa Jess, también maestra como Kate, e íntimas amigas. La fiesta que abre el relato deja patente la aparente armonía y la hermandad entre las parejas y sus vecinos, pero, todavía desconocemos los detalles, esas pequeñas cosas que a simple vista no vemos. Una noche, el hogar de los Kendrick estalla en llamas y después de la pronta acción de los vecinos descubre los cuerpos sin vida de las tres pequeñas y Kate, y el cuerpo inconsciente de Tom. En ese instante, la historia abrirá dos sendas, la primera, las investigaciones de lo sucedido con Steve a la cabeza con la ayuda de dos policías estatales, y el otro camino, los flashbacks en los que descubriremos detalles en el interior del hogar de Tom y Kate, y sus relaciones con Steve y Jess.

La directora Lynsey Miller plantea un relato en el que impera una inquietante y extraordinaria atmósfera, con esa luz fría y oscura de la cinematógrafa Neus Ollé (directora de fotografía de Albert Serra, Mar Coll y Belén Funes, entre otros) que evidencia ese tono de claroscuros que también casa con los personajes y todo aquello que ocultan a los demás, manteniendo esa intriga emocional bien cuidada y filmada, manteniendo una trama que va de un lugar a otro, dejando huellas y detalles para que los espectadores vayan descifrando las verdaderas relaciones entre los cuatro personajes en liza, descubriendo sus secretos y la naturaleza de sus acciones, en un magnífico, hipnótico e inquietante thriller psicológico, donde las pesquisas policiales van al alimón con la revelación de secretos e intimidades del matrimonio de Tom y Kate, desvelando aquellos detalles anteriores que se les escaparon a los personajes, y añadiendo a la cuestión otros elementos igual de interesantes como la búsqueda de familia de la pareja de Steve y Jess, además, de un secreto oculto que provocará un cisma entre ellos y en la investigación policial.

La productora Natalie Holt, autora también de la banda sonora, en la que crea una música para afianzar ese ambiente de emociones ocultas, enterradas y en silencio en el que transitan unos personajes atrapados en unas existencias complejas y difíciles. El excelente reparto encabezado por David Tennant (que habíamos visto en series como Broadchurch y Doctor Who, también productor ejecutivo de la miniserie, dando vida a Tom, un personaje esquivo y de carácter, que poco a poco iremos descubriendo su relación con Kate y los demás, y su madre, Cush Jumbo es Jess, esa mujer que lo ah dejado todo por amor y la dificultad por quedarse embarazada crea un conflicto entre ella y su amor, Steve, Anna Madeley es Kate, la esposa de Tom, que toma pastillas después de una depresión postparto de su hija Charlotte, y se siente como una mujer sin rumbo en una vida rota, y por último, Steve, la pareja de Jess, un policía sencillo y rudo, que deberá lidiar con la tristeza de su mujer y además, no implicarse personalmente demasiado en el caso para que sus problemas internos no intercedan en la complicada investigación. El incendio (que en su original sería algo parecido a Cayó el agua muerta, en el que se evidencian la revelación de todos los secretos más profundos) destaca que sus responsables de los apartados técnicos están comandados por mujeres, algo que debería ser natural, como pasa con los hombres, que en el caso de las mujeres se convierte, por desgracia, en una excepción. Una miniserie bien construida y llena de recovecos que hay que resolver, en esa maraña laberíntica de pasiones, relaciones, amistades, secretos y traumas que padecen los personajes. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

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María, reina de Escocia, de Josie Rourke

ENTRE DOS REINAS.

“Mira que a veces el demonio nos engaña con la verdad, y nos trae la perdición envuelta en dones que parecen inocentes”

De Macbeth, de William Shakespeare.

La película arranca de una forma austera y concisa, en la que vemos a María Estuardo, de espaldas, mientras es conducida al patíbulo para su ejecución. El ambiente es tenso, sepulcral y ceremonioso. Mientras, nos enlazan con imágenes de Isabel I, su rival y pariente lejana, medio hermana como se hacían llamar, dirigiéndose, también de espaldas, hacia su trono de Inglaterra. Dos secuencias que se irán alternando hasta ver los rostros de frente de las dos soberanas. Una, María, en su ocaso, y la otra, Isabel, en su esplendor. Dos caras de la misma moneda, dos formas de enfrentarse a su destino, y sobre todo, dos imágenes enfrentadas que nos acompañarán a lo largo del metraje. La cinta nos sitúa en el año 1561, cuando María Estuardo, legítima heredera al trono de Escocia, vuelve a su tierra después de enviudar de su esposo Francisco II Rey de Francia, con la intención de acceder a su trono y reclamar el de Inglaterra, que ahora posee Isabel I, hija de Enrique VIII y Ana Bolena. A las dos mujeres les une el parentesco que María es nieta de la hermana de Enrique VIII, y por lo tanto, también puede reclamar el ansiado trono de Inglaterra, también soberano del Reino de Escocia. La llegada a la playa de María y su sequito, nos recuerda a la llegada de Antonius Block, el caballero cruzado de El séptimo sello, de Bergman, arribando exhaustos a las playas de su tierra y besando la arena mojada, después de años de ausencia.

Los productores de la película Eric Fellner y Debra Hay Ward, que ya habían llevado a la gran pantalla la vida de Isabel I en dos sendas películas, Elizabeth (1998) y su secuela del 2007, ambas protagonizadas por Cate Blanchett, tenían la idea de llevar la vida de María Estuardo al cine, biografía que encontraron en el libro María Estudardo, la reina mártir, de John Guy, especialista en la materia, y en la figura de Josie Rourke (Salford, Reino Unido, 1976) con una grandísima carrera en el teatro británico, la directora que debuta para llevar la vida de María Estuardo, y su enfrentamiento con Isabel I, y no sólo ella, sino todos sus súbditos, nobles y caballeros que conspiraban contra ella, con el apoyo incondicional de Inglaterra, que deseaba eliminar la presencia de alguien que reclama lo suyo y ponía en peligro el imperio británico. La película posa su mirada en María y todos aquellos que la siguen, en mayor o menor armonía, nos habla de una mujer de carácter, fuerte y valiente, que no sólo tiene que gobernar un país invadido por un imperio, sino que ha de hacer frente a todas las rebeliones y traiciones a las que se verá envuelta.

La cinta tiene un espectacular diseño de producción, en el que sobresalen su ambientación de la época, tanto en el vestuario, las caracterizaciones y demás elementos que nos devuelven a esos espacios convulsos del siglo XVI, con una cinematografía obra de John Mathieson (colaborador entre otros de Ridley Scott) ejemplar en sus encuadres y el provecho que saca, tanto de los interiores, con esos planos al estilo de Campanadas de medianoche, donde los grandes espacios sombríos y llenos de sombras de Escocia, contrastan con los palacios luminosos y ampulosos de Inglaterra, así como la belleza de los paisajes de esa Escocia indómita y salvaje. El guión de Beau Willimon (autor de la aclamada serie House of Cards) nos lleva a esa Escocia católica, dividida entre los partidarios protestantes de Inglaterra y aquellos que siguen a María, distensiones que nos llevarán por esos lugares oscuros de la película, con esas dos batallas, en las que Rourke opta por lo natural, sin dejarse llevar por lo espectacular o esteticista, o la forma en que nos desvelan los entresijos de la corte, con esos juegos sexuales en los que la homosexualidad estaba a la orden del día, o las escenas de cama entre María y Lord Darnley, filmadas desde un erotismo brutal y creando una simbiosis íntima entre los cuerpos.

La película se cuenta de forma agradable y sencilla, incidiendo en todos los temas que rodeaba la vida desdichada de María Estuardo, con sus amores fallidos, su convulso reinado, esos nobles movidos por la codicia que no dudaban en conspirar contra ella, y encima, con la presencia de Isabel I desde Inglaterra, que ayudaba a los nobles protestantes escoceses a dar rienda a sus deseos de grandeza y altivez, con esos pelucones y maquillajes, más propios de la caricatura y el esperpento, que recuerda a las pinturas negras de Goya, con colores fastuosos y brillantes, con esos ángulos de cámara con contrapicados para mostrar todo lo que sentía y deseaba. Un reparto en el que sobresalen las figuras de Saorsie Ronan, en otra muestra de su aura interpretativa capaz de enfundarse en una reina del siglo XVI, y dotarla de fuerza y carácter, sin un ápice de doblez, otorgando a su personaje sensibilidad y sensualidad. En frente, una Margot Robbie, muy afeada y malévola, que muestra a una reina solitaria, con mucho sexo y nada de amor, obsesionado con su trono, su poder y grandeza, y adulada por todos esos nobles ingleses protestantes con esas ansias de fama y dinero. Y luego, un buen ramillete de intérpretes como Jack Lowden, Guy Pearce, Ian Hart, Joe Alwyn, etc… que consiguen esa crudeza y vileza que rodea a María.

Rourke debuta con una película de hechuras y llena de energía, con un ritmo trepidante y valiente, en la que sobresalen su sinceridad y honestidad, con una sobriedad y elegancia dignas de un cineasta de gran recorrido, un drama con tintes de thriller, con la estructura del western a la antigua usanza, con dos rivales irreconciliables, que lucharán con uñas y dientes, entre el que defiende lo suyo, lo que le pertenece ilegítimamente, y aquel que no desea compartir, movido por su codicia y temperamento, en la dificultad de mirar al otro,  que lucharán por lo suyo hasta el final, sin ningún tipo de titubeo y compasión, una más que otra, como demostrará la magnífica secuencia de su (des) encuentro, extraordinariamente filmada, con esas sábanas blancas que caen entre ellas, como una especie de laberinto, muestra inequívoca de sus diferencias antagónicas, casi como un face to face entre la bella y la bestia, entre la protestante inglesa y la católica escocesa, dos formas de ver el mundo, de enfrentarse a él, de sentir, y sobre todo, de mirar y construir.

Entrevista a John McPhail

Entrevista a John McPhail, director de la película “Ana y el apocalipsis”, en el Soho House en Barcelona, el lunes 10 de diciembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a John McPhail, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Xènia Puiggrós de Segarra Films, por su inestimable labor como traductora, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Macbeth, de Justin Kurzel

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La obra de Macbeth, escrita a principios del S. XVII por William Shakespeare, es una de las tragedias más admiradas y representadas del universo del bardo de Stratford. Ahora, una nueva aproximación al general escocés, de la mano de Justin Kurzel (1974, Gawler, Australia), que ya deslumbró con su debut Snowtown (2011), un relato basado en hechos reales, donde describía como una familia sangrienta provocaba el terror en la comunidad donde residían. Kurzel tiene muy presente las grandes adaptaciones sobre Macbeth, las dirigidas con gran maestría por Welles, Kurosawa y Polanski, pero no se limita a copiarlas, sólo las mira como referencia, muy acertado por su parte, le sirven como fuente de inspiración para arrancar de ahí, pero adentrarse en una mirada diferente, complementaria eso sí, pero desde otro punto de vista.

Arrancar la película con el entierro del retoño de los Macbeth, en una secuencia magistral, obedece a una rigurosidad que no sólo afectará al resto de la película, sino que nos someterá, desde el primer instante, a esa brutal descripción del mundo que les rodea, un entorno en continúa guerra, la muerte y la pérdida que provocan un dolor infinito, una sangría de cuerpos putrefactos, y un paisaje con olor a amargura y tristeza. El universo de Shakespeare es un género en sí mismo, no hay nada por azar o descuido, ni mucho menos, todo ocupa su espacio y todo encaja a la perfección, aunque su entendimiento sea muy complejo. El cineasta australiano captura de forma magnífica ese universo, lo traslada a ese mundo en guerra infinita, lo desarrolla en espacios naturales, en su mayoría, y lo cuece con aires expresionistas y fantasmagóricos. Las batallas, siempre desde el punto de vista de los protagonistas, nos devuelven a la memoria las que filmó Branagh en Enrique V, o Konitsev en El rey Lear. Hay también un rigor y un gusto narrativo en la imagen y en los encuadres, muy a lo Welles en Campanadas de medianoche o en las adaptaciones de Laurence Olivier. Kurzel ha parido una película rigurosa y sobria, donde el matrimonio formado por Macbeth y Lady Macbeth deja a su paso un reguero de sangre y crueldad para conseguir su premio, una historia de amour fou, donde todo vale y el fin justifica los medios.

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Como en su anterior película, la psicología de los personajes, escenificada en los miedos internos y la locura que se va a apoderando de esa pareja enfermiza, representa un valor inmenso en la trama, donde todo parece tener un destino implacable y cruel, y nada ni nadie puede pararlo, todo está escrito, como profetizan las brujas que se aparecen a Macbeth. Un ejemplar grupo de interpretes hace el resto de la función, secundarios de lujo curtidos en mil batallas como David Thewlis o Paddy Considine, entre otros, se acoplan de forma contundente con la brutal y maravillosa pareja protagonista formada por Marion Cotillard y Michael Fassbender, dos seres que sus ansías de poder y codicia ha contaminado sus almas, llevándoles por un camino de sangre y destrucción, donde no tendrán escapatoria ni paz posible, condenados a vagar por el infierno como pago por sus múltiples fechorías y maldades ocasionadas a las gentes y la tierra de Escocia.

La Casa de la Morera, de Sara Ishaq

aaff_OCTUBRE_2015_castVOLVER A LAS RAÍCES

La cineasta Sara Ishaq, nacida en 1984 en el seno de una familia acomodada del Yemen, que a los 17 años, asfixiada e impregnada por las restricciones de su padre, decide irse a Edimburgo a vivir junto a su madre escocesa. En febrero del 2011 volvió al país donde creció para visitar a su familia yemenita, en la ciudad de Saná. Su intención era filmar aquel encuentro y las relaciones íntimas y personales que se establecían con sus familiares. El recuerdo que había dejado y cómo ahora se encontraba con una realidad totalmente distinta, su primo Waleed encarcelado por traición, y un pueblo levantado y resistente que pide a gritos, a través de multitudinarias manifestaciones, el fin del poder tirano del presidente Alí Abdullah Saeh que lleva 33 años en el poder imponiendo un régimen dictatorial y autárquico que ha arruinado a la mayoría de la población.

Ishaq se ve envuelta en las primaveras árabes, y documenta todo lo que sucede, no sólo en la calle, filmando clandestinamente, sino también como toda la situación de inestabilidad política afecta e influye a cada uno de los componentes de su familia. Su objetivo traspasa la intimidad familiar para acercarnos a cada persona, a cada ser, nos hablan de sus sentimientos, anhelos e ilusiones, debaten y discuten entre ellos ante el desolador panorama que está viviendo su país. Ishaq filma la cotidianidad envuelta y golpeada por las terribles noticias de tragedias que escupen los informativos de televisión. También, hay espacio para el diálogo donde cada uno expone sus argumentos, reflexiones y posiciones, analizando los movimientos democráticos de lucha y resistencia que han explotado y sobre todo, el futuro de todo eso, cómo se desarrollaran los acontecimientos, piden y rezan a Dios que los ayude en derrocar al dictador y comenzar otra vida. Ishaq huyó de un país patriarcal y restrictivo, que imponía a las mujeres su forma de ser y pensar, y ahora vuelve al mismo país, que continúa con el patriarcado, pero que el poder político ha arrasado entre las esperanzas y futuro de los más jóvenes.

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La mirada honesta y sincera de la directora yemení-escocesa no juzga, registra con pasión y subjetividad los acontecimientos que van aconteciendo, toma y documenta el pulso de la intimidad del hogar, con especial acercamiento a su padre, que se encuentra entre un pasado de creencias firmes y rectas, y ahora, viviendo un presente, con sus hijas que reclaman otro tipo de vidas, más libres y personales, al igual que demanda ese país que protesta y lucha en la calle con el peligro de ser detenido y encarcelado, o asesinado. Ishaq también tiene espacio para filmar a su abuelo, que representa ese pasado, donde los padres dirigían la vida de sus hijos, también a sus hermanos, que alguno de ellos, los más mayores, sueñan con un país diferente donde se viva y decida en libertad. Y también hay lugar para las mujeres, seres que viven una vida en la sombra, de obediencia y respeto al hombre. La joven directora pertenece a esa mujer árabe que ha sido educada en una cultura occidental, y centra su trabajo en hablar de las injusticias, ya sean en el interior del hogar o el exterior de las calles, se traten de lo personal o lo colectivo.