El vacío, de Steven Kostanski y Jeremy Gillespie

VINIERON DE DENTRO.

Una noche como otra cualquiera en uno de esos pueblos aislados de la América profunda, donde nunca pasa nada, o podríamos decir, donde nunca pasa casi nada. La película se abre de modo sangriento, y seguirá con esa premisa a lo largo del metraje. De una granja sale huyendo despavorido un joven que se pierde en la noche, tras él, una chica que después de bajar las escaleras y avanzar unos metros, cae redonda de un disparo en la espalda, le siguen un par de hombres, armas en mano, que cuando la tienen indefensa en el suelo, la rocían con gasolina y le prenden fuego. El chico huido será descubierto por un policía que lo llevará a una clínica. Una película que nos viene de Canadá, en la que rescata ese cine de ciencia-ficción y terror que tuvo su apogeo en los cincuenta y sesenta, y a finales de los setenta y en la década de los ochenta tuvo su auge, en la época de las sesiones dobles y videoclub. Estamos ante un filme independiente, de limitados recursos, aunque sabe conjugar bien sus bazas y consigue crear una atmósfera inquietante, opresiva, de pocos personajes, y crear una amenaza cambiante, que en principio creemos exterior, con esos inquietantes encapuchados  de blanco sin rostro, para luego, a medida que avanza el metraje, descubrir que el auténtico peligro se encuentra en las paredes del hospital.

Steven Kostanski y Jeremy Gillespie son dos cineastas canadienses que se han labrado una carrera interesante en los apartados técnicos como maquillador fx y diseñador visual, respectivamente, en películas “blockbuster” como Pacific rim, Desafio total, Resident evil, Suicide squad o It, entre otras. Kostanski debutó con Manborg (2011) una cinta de culto en reducidos circuitos independientes sobre un policía cyborg venido de la muerte para vengar un asesinato, y los dos, Kostanski y Gillespie compartieron dirección junto a otros directores en la película-homenaje Father’s day (2011) que rendía tributo a la Troma y una de sus emblemáticas películas Mother’s day (1980), de Charles Kaufman. Ahora se han embarcado en una producción independiente que rememora aquel cine de atmósferas inquietantes y terroríficas, donde dejan claro sus referentes sin abusar de ellos, acentuando una película mínima, en el que la tensión va en aumento, y donde la larga noche acaba convirtiéndose en una pesadilla sin fin.

Desde el cine de Carpenter donde La cosa, sería uno de los más evidentes, pasando por La noche de los muertos vivientes (que aparece un momento en la televisión) el cine de Cronenberg o Muertos y enterrados, o pasando por la viscosidad, llena de tentáculos vampíricos y coctel sangriento de esas bestias con las que se tropezarán a lo largo de la película. Una sola localización, la noche como aliada y unos pocos personajes intentando sobrevivir hubiera dado para una película demasiado anclada en sus inspiraciones, pero Kostanski y Gillespie construyen una película de espíritu independiente que, respira tensión y pánico, donde, tanto su trama como sus personajes, cambiarán el rol que creemos para generar ese terror y oscuridad, en unas interesantes vueltas de tuerca, donde nada es lo que parece, y a pesar de ser un lugar pequeño como un pueblo, nunca conoces realmente a esa persona que tienes al lado.

Los directores canadienses envuelven su película con esa luz pavorosa que consigue oscurecer el rostro y los espacios, en unos personajes que se mueven casi sin querer por un ambiente que les resulta muy desconocido, como cuando exploran los distintos niveles desconocidos que esconden las catacumbas del siniestro hospital. Una cinta de monstruos, de más allá, de sectas satánicas y ríos de sangre, en el que se juega a ser Dios, a experimentar con la carne, a resucitar almas para darles una existencia diferente, para crear una nueva raza de seres por encima de la vida y la muerte, y todo ello arropado por unos personajes traumatizados por la pérdida, la desilusión y la amargura de una vida compleja y dura que, parece que nos ataca en aquello que más duelo, en aquello que nos deja malheridos y destrozados como almas en pena dentro de una pesadilla laberíntica en una noche oscura que parece no tener salida.


<p><a href=»https://vimeo.com/239623170″>EL VAC&Iacute;O (THE VOID) – Tr&aacute;iler Oficial HD (VOSE)</a> from <a href=»https://vimeo.com/segarrafilms»>Segarra Films</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Kékszakállú, de Gastón Solnicki

LOS ESPACIOS INCIERTOS.

La película se abre con unos niños lanzándose a una piscina desde un trampolín de piedra, el movimiento es constante, mientras unos se lanzan, otros salen de la piscina y vuelven a subir los escalones para continuar con su actividad repetitiva, como si se tratase de una mecanización rutinaria que no tiene fin. Se puede apreciar un cartel que reza la siguiente frase: “Los hijos son responsabilidad de los padres”, premisa en la cual pivota todo el entramado, tanto formal como argumental del filme. El director Gastón Solnicki (Buenos Aires, Argentina, 1978) después de dos largos documentales, como Süden (2008) centrado en la figura del compositor Maurice Kagel (1931-2008) y Papirosen (2011) donde daba buena cuenta de su propia familia en la segunda mitad del siglo XX, y la dirección de uno de los episodios de la película colectiva Sucesos invertidos (2014), en el que se abordaba la importancia del archivo como patrimonio fílmico y humanista. Ahora, en su tercer largometraje, se inspira en la única ópera de Béla Bartok, El castillo de Barba Azul, y denomina a su película Kékszakállú (en húngaro: Barba Azul) para retratar a un grupo de adolescentes en un tiempo bisagra, ese tiempo incierto entre la infancia y la vida adulta, en el que estos chicos provenientes de clases acomodadas se sienten desprotegidos, llenos de incertidumbres y perdidos, que los lleva a angustiarse porque desconocen qué hacer, estudiar o qué camino emprender en sus vidas, unas vidas que hasta ahora se han movido en espacios de confort y una aparente tranquilidad en los que no les faltaba de nada.

Solnicki nos conduce por espacios lujosos y de veraneo que, en principio son construidos y diseñados para el ocio y el placer, pero en la película actúan de otra forma, causando incomodidad, extrañeza y terror, donde todo parece obedecer a una automatización de los deseos, sueños y demás. Los cinematógrafos Diego Poleri (autor de Las acacias o Encarnación, entre muchas otras) y Fernando Lockett (habitual del director Matías Piñeiro) son los encargados de impregnar la película de esa extrañeza continua, a través de planos fijos, colores pálidos, neutros, sin vida, y encuadres largos, en los que los espacios se convierten en personajes que parecen engullir e invisibilizar a los personajes, que en su mayoría son mujeres, chicas jóvenes que se mueven o simplemente existen en espacios, tanto domésticos, hoteles, piscinas o industriales, en los que no sienten cómodos y mucho menos tranquilos, atrapados en esas incertidumbres propios de una edad en la que deben decidir por sí mismos la vida que quieren o simplemente encontrar su espacio.

Solnicki filma  una tragicomedia  breve (apenas 72 minutos) interesante y reflexiva, en espacios desde la distancia, provocando la mirada voyeur de los espectadores, que son interpelados, no sólo para mirar las vacías existencias de los personajes, sino también, para ser retratados en esos espejos deformantes en los que verse reflejado y trazar esa línea invisible de empatía extraña y rara que se establece entre lo que estamos viendo y las vidas de los personajes, acompañados por la música de Bartok en algunos tramos, y sin subrayar con muchos diálogos su idea, situándonos en una incomodidad permanente, penetrando por unos paisajes que nunca veremos en su totalidad, sólo por partes, fragmentados, como los momentos vitales que atraviesan las chicas de la película, en una especie de rompecabezas que en cierta manera se recompondrá descubriéndonos unos espacios que aunque sigan pareciendo extraños adquieren algo de significado y claridad para las intenciones de los personajes.

El cineasta argentino se mueve casi en la abstracción, como ocurría en el cine de Antonioni, una de las fuentes de inspiración de la película, donde los personajes se movían casi por inercia en espacios que les eran vacíos, inhumanos y oscuros, a partir de una cotidianidad que aplasta y duele, en unas chicas que acaban pareciendo espectros de ellas mismas o de sus propias vidas, en unos planos que filman sus cuerpos, recortando sus figuras que en ocasiones parecen como estatuas o piedras inmóviles en suspenso, en el que todo ese ambiente parece llenarles de dudas, conflictos e incertidumbres. El buen trabajo de las actrices que manejan con soltura y convicción unos personajes que se mueven dentro de un extraño estatismo y oscuridad personal que, no acaban de encontrar en los espacios esa comodidad que antes si tenían, o simplemente antes, bajo la protección paternal ni se percataban de esa aura que les protegía, ahora, deberán emprender su camino y encontrar esos espacios vitales que todo ser humano necesita para conocerse a sí mismo y sentirse cómodo en su devenir vital

Renta básica, de Christian Tod.

PENSAR LA UTOPÍA.

“Creo que la democracia hoy en día se ha convertido, en buena medida, en consentimiento manipulado, no forzado, sino manipulado, cada vez más manipulado, con la ayuda de la publicidad”

Erich Fromm (1900-1980)

La crisis mundial de hace menos de una década ha destapado las entrañas de una sociedad basada en un modelo económico insostenible, donde el 1% posee la misma riqueza que el 99% restante, y en el que la globalización, y la incorporación al mercado laboral de la automatización, elementos que vienen a cambiar completamente las estructuras de las finanzas económicas mundiales, con las graves consecuencias como la desaparición de puestos de trabajo, y un sistema que no podrá asimilar la gran mano de obra laboral que no tendrá disponibilidad de acceder a ningún trabajo. Problemas acuciantes para un sistema económico que deberá reiniciarse y encontrar otro modelo sostenible, en el que todas las personas del mundo encuentren su espacio y puedan vivir dignamente.

La película de Christian Tod (Linz, Austria, 1977) reputado economista que ha hecho de la renta básica su objeto de estudio, aborda de manera didáctica y profunda todos los aspectos de las causas nefastas del actual modelo económico y las posibles ideas para frenar este caos vital como la aplicación de una renta básica garantizada en el que las personas puedan cobrar del estado una retribución mensual para llevar a cabo su vida. El cineasta austriaco habla con empresarios, economistas, sociólogos, psicólogos, trabajadores, políticos, activistas y otros expertos en el tema para dialogar sobre la aplicación de esta renta, evaluando concienzudamente sus pros y contras, a partir de las experiencias ya realizadas en los años setenta y ochenta en pequeñas comunidades de Canadá y EE.UU., y los más recientes experimentos en una comunidad muy pobre en Namibia, estudiando sus resultados a nivel económico y sociológico en la población que participó en estas pruebas sobre la renta básica.

La película-documento hace un recorrido exhaustivo y profundo sobre las personas que a través de asociaciones reivindican la aplicación de una renta básica, desde Suiza, Alemania, Namibia o EE.UU., donde expertos en la materia nos explican un modelo económico que redistribuiría la riqueza y ayudaría a acabar con las gravísimas desigualdades económicas actuales. También, se expone, de un modo sencillo y claro, la idea de trabajar por dinero, y las consecuencias, positivas y negativas, que resultarían de trabajar sin tener que depender del sueldo, de terminar con ese poder indigno de aquellos que ofrecen el trabajo, y los otros, que dependen de él para sobrevivir. Un abanico de personas que alrededor del mundo defienden la renta básica y otros, por el contrario, se muestran completamente contrarios a su aplicación, esgrimiendo sus argumentos, basados en la pérdida de un modelo económico que, por otra parte, ya ha dado graves síntomas de su ineficacia y de pedir a gritos un cambio o la tecnología lo cambiará porque se será más factible económicamente hablando.

Tod construye una película que ayuda a reflexionar y a acercarse al tema de la renta básica desde múltiples puntos de vista y su necesidad en este mundo más desigual, y lo hace recurriendo a todos los elementos habidos y por haber, como los dibujos animados, o la saga de Star Trek (tanto la serie clásica como las películas, posiblemente la obra audiovisual que mejor ha plasmado los cambios y avances tecnológicos que nos depararan en el futuro) que abre y cierra la película, y a través de una voz en off, en un futuro remoto de 300 años después, donde las necesidades materiales han desaparecido y los seres humanos no tienen la necesidad de trabajar para ganar dinero, sino el trabajo se ha convertido en una realización personal y un espacio para descubrirnos. Interesante paradoja la que exponen en la película, un universo donde lo humano prevalece ante el materialismo, y en el que los seres humanos disponen de su vida para ellos, sin la necesidad de cambiar vida por dinero.

El sacrificio de un ciervo sagrado, de Yorgos Lanthimos

LA SANGRE DE LOS TUYOS.

Una ciudad como otra cualquiera en un país occidental, y una de esas familias burguesas, formada por Steven Murphy, reputado cirujano cardiológico, y su esposa, Anna, oftalmóloga de prestigio, y sus dos hijos, Kim, de 14 años y el pequeño, Bob de 12. Forman ese tipo de familias tradicionales, de grandes casas residenciales con jardín y piscina, donde el orden y la tolerancia reinan en su hogar y sobre todo, en sus vidas, muy planificadas, correctas y perfectas. Aunque todo ese orden aparente e inmaculado, se verá afectado por la entrada en ese hogar de Martin, un adolescente de 16 años que ha entablado amistad con el doctor. Yorgos Lanthimos (Atenas, Grecia, 1973) vuelve a la carga con uno de esos relatos donde todo parece funcionar con armonía y amor, pero más lejos de las apariencias, todo ese mundo oculta otro, como sucedía en “Al otro lado del espejo”, de Carroll, donde Alicia descubría un reverso de su vida que la interpelaba completamente. Lanthimos arrancó su filmografía con Kinetta (2005) donde relataba un thriller plagada de asesinatos, pero será con su segundo trabajo Canino (2009) en el que construía un drama doméstico en el que un padre educada a sus hijas alejándolas del exterior, dentro de un paisaje perverso y desgarrador. Continuó con Alps (2011) con una trama siniestra en el que un departamento de un hospital disponía de personas que ocupaban el lugar de los fallecidos, y siguió con Langosta (2015) con Colin Farrell, en el que en un mundo distópico los individuos sin pareja debían encontrarla en un plazo acotado en un centro disponible para ello.

Universos perversos, situaciones incómodas y personajes que ocultan esas experiencias vitales que les romperían tanto su propia armonía como la de su entorno. Lanthimos con su habitual equipo, Efthimis Filippou en la escritura, Thimios Bakatakis en la fotografía y Yorgos Mavropsaridis en el montaje, logra un thriller psicológico de grandísima altura, en el que nos atrapa con una sencillez extraña, en unos planos secuencias larguísimos y filmadas con gran angular, que consigue producirnos esa extrañez rara, que se agarra a nuestras entrañas, en las que logra situaciones de una perversidad, tanto psíquica como física, sumergiéndonos en ese otro lado del espejo, donde nos convertimos en almas sucias, terroríficas y despiadadas, donde sacaremos nuestros más bajos instintos macabros, sexuales y sociales, convertidos en entes que se mueven sin más, donde nuestras vidas racionalmente construidas se destrozan con la fragilidad de un castillo de naipes.

Lanthimos despedaza este mundo de materialismo y falsedad, y juega con nosotros a un extraño y terrorífico juego en el que la culpa, la mentira y la hipocresía dominan a sus personajes, despojándolos de toda esa apariencia, y convirtiéndolos en seres que se mueven por instintos, miedos e inseguridades. Lo que empieza como la llegada amable y simpática de Martin a ese hogar de limpieza y armonía, se convertirá en una pesadilla que parece no tener fin, y destapará la suciedad que se esconde bajo la alfombra, en un thriller de una gran factura visual, y rompedor en su trama, sometiéndonos en un degradante laberinto que sacará lo peor de cada uno de los personajes, en este malévolo descenso a los infiernos, donde Lanthimos, apoyado en su peculiar destreza argumental, nos sumergirá por el thriller psicológico, el drama íntimo y familiar, y lo sobrenatural, en un extraño y doloroso virus que primero atacará físicamente a los personajes, para luego arrastrarlos por inexplicables dolores emocionales que no tienen fin ni parangón. El director heleno construye una fascinante home movie en el seno de una familia que esconde una tragedia del pasado, un suceso que volverá a sus vidas en la figura de Martin, un chico aparentemente reservado y tímido que, buscará venganza, un marido para su madre y un padre, aquel que murió en la sala de operaciones del Dr. Murphy.

En el cine de Lanthimos hasta la situación más cotidiana se presenta como una especie de pesadilla, que hace daño y nos ataca a nuestros prejuicios y convenciones, en un viaje emocional que ataca allí donde más duele, a donde somos más vulnerables, a nuestras entrañas, en un cine que podríamos encontrar sus más directos referentes en el cine de Buñuel, Lynch, en el cine de terror, por sólo citar algunas de las inspiraciones del cineasta griego. Un cine que a través de la sencillez formal, nos atrapa con lo más mínimo, seduciéndonos suavemente, como si una serpiente nos subiera por las piernas, y cuando quisiéramos darnos cuenta ya la tenemos estrangulándonos lentamente el cuello hasta morir. Un reparto encabezado por Colin Farrell, que repite después de Langosta, interpretando a ese padre que intenta inútilmente escapar de su responsabilidad y deberá tomar una decisión que afectará a su familia, Nicole Kidman como la madre y esposa protectora que no conseguirá alejar a ese maligno que ataca y destroza su hogar y a los suyos, y la terna de interpretes jóvenes empezando con Barry Keoghan que compone un Martin siniestro y perverso que no cejará en su idea aunque le vaya a costar mucho más de lo que creía, y finalmente, los dos hijos de los Murphy, víctimas propicias elegidas del mal que los azota y no parará hasta que se consuma su objetivo.

Entrevista a Carlos Marques-Marcet

Entrevista a Carlos Marques-Marcet, director de «Tierra firme». El encuentro tuvo lugar el viernes 1 de diciembre de 2017 en la terraza del Catalina Café en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlos Marques-Marcet,  por su tiempo, generosidad y cariño, y a Paula Álvarez de Avalon, por su tiempo, generosidad y amabilidad y cariño.

Grandeza y decadencia de un pequeño comercio de cine, de Jean-Luc Godard

ELEGÍA DEL VIEJO CINE.

“Se empieza a comprender en nuestros días que la localización exacta es uno de los primeros elementos de la realidad. Los personajes que hablan o actúan no son los únicos que graban en el espíritu del espectador la fiel huella de los hechos, el lugar donde tal catástrofe ha sucedido se convierte en un testigo terrible e inseparable”

Víctor Hugo

Si hay alguna figura cinematográfica en la podríamos apoyarnos para entender la idiosincrasia y materia del lenguaje y la forma cinematográfica esa nos ería otra que Jean-Luc Godard (París, 1930) es un meta cinematógrafo en el mejor sentido de la expresión. Un hombre de cine que respira y se alimenta de cine, que lleva más de seis décadas, desde sus primeras críticas en las páginas del Cahiers du cinema, sus primeros trabajos y su debut en el cine con À bout du souffle (1960) construyendo películas, explorando y sumergiéndose en las entrañas de la narrativa y las formas cinematográficas, en una constante aventura anímica de incesante búsqueda para desentrañar las profundidades y cimientos del elemento cinematográfico y todo aquello que lo envuelve. Aunque la carrera de Godard, igual que la de otros directores convertidos en productores independientes, sufrirá un vuelco drástico a mediados de los ochenta con la aparición de las televisiones privadas. Un nuevo elemento que,  asfixiará el mercado del cine, y provocará la desaparición de muchas de estas productoras que producían con la ayuda de la televisión pública.

Godard que había sido contratado en 1986 para dirigir una película para la televisión basada en la novela “The soft centre”, de J. H. Chase, en una serie de 37 episodios (basados en la “Serie Negra”, muy populares en Francia, algunos de ellos adaptados por Godard en los años 60). Aunque Godard , aparte de algunas frases de la película que rescatan la novela de Chase, su película se centra en otro ambiente, crítico con los nuevos tiempos del audiovisual, en la cotidianidad de una de sus productoras independientes (el rodaje se llevó a cabo en la del propio Godard) y durante las audiciones, porque ahora, con la falta de financiación para hacer películas, su director, Gaspard Bazin (en clara alusión a André Bazin, fundador de la revista Cahiers y mentor cinematográfico de los cineastas de la Nouvelle Vague) se dedica a los casting. El productor, Jean Almereyda (nombre verdadero del cineasta Jean Vigo) interpretado por Jean-Pierre Mocky, un cineasta del cine popular que, no encuentra dinero para hacer películas, y además maneja dinero sucio, tiene una novia que quiere ser actriz llamada Eurydice, con ese rostro que recuerda a las viejas actrices (como aquella amada de Orfeo que, en el infierno, el diablo le dijo a Orfeo que no moriría si este al pasar delante de ella, no la mirase). Aunque en la película es a la inversa, Euridyce no puede volverse por orden de su amado).

Godard plantea su película en tres actos-audiciones, en el primero, asistimos a un casting, en el que varios intérpretes recitan una frase frente a cámara, en el segundo acto, nos encontramos en una cafetería de noche, donde se realizará otro casting, del director junto a dos jóvenes, y finalmente, en el último acto, un tercer casting, donde Eurydice pasa varias pruebas ante la supervisión de Bazin. Godard nos habla con su habitual sentido del humor, y múltiples referencias a la música, la literatura, la poesía, al cine que ama y a la cultura popular (descontextualizando de sus orígenes, introduciéndolos en contextos ajenos y dotándolos de nuevas ideas, elemento esencial del cine godardiano) de ese cine de antaño, desde el cine mudo de Chaplin, La gran ilusión, de Renoir, Jour de fête, de Tati, La aventura, de Antonioni, entre muchas otras referencias. Un canto funerario a ese viejo cine producido en los márgenes de la industria, ese cine que hizo grande al cine, el que ahora, debido a las teles privadas, tiene que decir adiós, dejar de ser, ya que las estructuras del mercado han cambiado para siempre.

Encontramos al director y productor totalmente chiflados y decadentes, despojados de su vida, igual que dos fantasmas que vagan sin rumbo en un paisaje de sombras y oscuridad, con sus últimos suspiros creativos, víctimas de un sistema devastador, que no mira hacia atrás, hacia el cine de antaño, como mencionan a lo largo de la película, en el que la memoria ha desaparecido, el arte del cine desaparecido en pos a los balances económicos y la rentabilidad de las películas convertidas en meros productos industriales destinados al gran público. Godard nos habla del cine y del espíritu que tantos años lo ha caracterizado a través del video (que tiene su aparición en la película, como un cineasta perdido, que no encuentra su sitio, y al que París le repugna,  en el que recuerda a las viejas estrellas del cine y se lamenta, como amargamente menciona el productor, en que Polanski filmará una película de un montón de millones, cuando él con esa cantidad podría producir diez filmes).

Una película que nos habla de la construcción del cine (como ese mágico momento en que el director le pasa unas cuartillas con frases inconexas a la actriz, y le dice que tiene que le ha dado las olas y ella debe construir el océano, mientras escuchamos esas mismas frases recitadas a cámara por las personas que han acudido a la audición) aunque el director franco-suizo no hace una película nostálgica y triste, sino que su mirada es poética, y también demoledora, contra un sistema que carece de memoria y talento, construyendo una interesantísima reflexión sobre el cine, las gentes anónimas que trabajan en él, y sobre todo, en la esencia misma del cine que, aunque el mercado cambié las estructuras económicas, alguien en algún lugar estará dispuesto a mirar atrás y recordar a los viejos maestros, y de ellos aprender y construir su cine, porque como explicaba el propio Antonioni en 1982 en la película Room 666, de Wenders, cuando decía que el futuro del cine se encontraba en el vídeo, y Godard en un todavía vídeo primerizo, consigue una profunda reflexión sobre el cine y su materia humana (como el contable y la secretaria, que parecen salidos de una película de Tati) en una película sobre sus sombras y su oscuridad, como dice ese director que es torpe, neurótico e impaciente (magníficamente interpretado por Jean- Pierre Léaud que, recuerda a ese otro director que interpretaba en El último tango en París) en una película que homenajea al cine de antaño, de ahora y del futuro, porque aunque sea elaborado en otros medios (como la evolución de la filmografía de Godard instalada en el vídeo digital) el cine seguirá perviviendo en la memoria de los espectadores.

Entrevista a Pablo Iraburu

Entrevista a Pablo Iraburu, codirector de «Muros». El encuentro tuvo lugar el lunes 27 de noviembre de 2017 en la cafetería de la Alliance Française en Sabadell.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pablo Iraburu,  por su tiempo, generosidad y cariño, al equipo de la Alliance Française, por su amabilidad, generosidad y atención, y a Ohiane Iriarte de Arena Comunicación, por su tiempo, generosidad y amabilidad y cariño.

La vida y nada más, de Antonio Méndez Esparza

LAS ENTRAÑAS DE LOS DESFAVORECIDOS.

«La más importante característica e innovación es lo que se llama neorealismo. Para mí, haberme dado cuenta de que la necesidad de una “historia” era solo una inconsciente manera de disfrazar la derrota humana, y ese tipo de imaginación era una simple técnica para autoimponerse fórmulas oxidadas sobre hechos de la vida cotidiana. Ahora se ha percibido que la realidad es enormemente rica, y que la tarea del artista no es hacer que la gente se mueva o se indigne en situaciones metafóricas, sino hacer reflejar estas situaciones (moviéndote e indignándote si te conviene) en aquello que ellos y los demás están haciendo, en lo real, exactamente en como ellos son»

Cesare Zavattini

El primer plano de la película ya deja muy claro el espacio por donde nos veremos a lo largo de su metraje. En una sala de juicio, vemos a Andrew, un adolescente afro-americano que está frente al juez de menores, a su lado, con cara de circunstancias, como no podía ser menos, Regina, su madre. Esos dos elementos, navegarán durante la película vertebrando los dos temas principales de la trama, por un lado, las dificultades vitales de una madre sola, ya que su marido está en prisión, de mantener a su familia, tanto a su hijo adolescente como a la pequeña de tres años, y por otro lado, un sistema legal, inflexible e implacable, que deja con pocas oportunidades a los afro-americanos, abocándolos a vidas duras y pocas expectativas o ninguna de cara al futuro.

El segundo trabajo de Antonio Méndez Esparza, madrileño que ha desarrollado su carrera en EE.UU, y arrancó su filmografía dirigiendo Aquí y allá (2012) en la que se centraba en la vida de los emigrados mexicanos que volvían a su casa y cómo eso les afectaba en la relación con ellos mismos y con su familia. Ahora, Mendéz Esparza ha cruzado la frontera para interesarse por los afro-americanos y sus dificultades por tener una vida digna en el país del Tío Sam. Nos encontramos en uno de esos condados, en este caso el de Leon en florida, donde la vida parece haber pasado de largo, en el que alguno de sus componentes ha estado o está encarcelado, en esos sitios cercanos a campus universitarios, y poblados de casitas con cuatro paredes y poco más, donde las vidas se sustentan con trabajos precarios que dan para poco.

Seguimos a Andrew, que tiene esa edad difícil, de búsqueda de sí mismo y su entorno, en la que sufre la ausencia paterna, al que nunca ve, sólo una leve correspondencia epistolar, y al chico le cuesta encontrar su espacio, en una vida rasgada, en la que tiene responsabilidades familiares, debido al trabajo de su madre, y además, encuentra su leve respiro en otros chavales de su edad que piensan en salir de su vida mísera a costa de pequeños hurtos. Problemas y dificultades que le llevarán a enfrentarse con su madre, una mujer de batalla, que ha tenido que enfrentarse a una vida nada fácil, y levantar un hogar a pesar de la ausencia de su marido. En un momento, le dirá a un tipo que la pretende que, su vida es trabajar y sus hijos, una realidad demasiado frecuente en las madres solas afro-americanas. Pero, Regina quiere algo más, que haga su vida más respirable, conoce a Robert y se enamoran, y vivirá con ellos, aunque esto signifique una olla de conflictos con el joven Andrew y afectará a Regina en su relación con Robert.

Méndez Esparza acota su película en apenas tres personajes, y nos introduce en la intimidad doméstica de sus problemas y las durísimas relaciones que se producen entre ellos, en un paisaje que nada tiene que ver con ese que nos venden otras películas. Aquí, la realidad se palpa en cada rincón, una realidad que duele, que se suda y también, se sangra, que incómoda y da frío. El director madrileño coloca su cámara (penetrante y cruda fotografía del rumano Barbu Balasiou, que ya trabajó en su primer largo, y colaborador de Cristi Puiu) en las entrañas de sus personajes, sin caer en sentimentalismos ni nada por el estilo, centrándose en sus existencias complejas y duras que chocan contra un sistema legal que les deja poco aire que respirar, un sistema que los aparta y los invisibiliza. La elección de actores no profesionales, que se llaman igual que sus personajes, dota a la película de una naturalidad absorbente y una cercanía abrumadora, llevándola a esos terrenos de denuncia y resistencia de un colectivo que, desgraciadamente son carne de cañón y acaba con sus huesos en la cárcel, una triste y terrorífica realidad que la película aborda con seriedad, complejidad y humanidad.

Entrevista a Ana Murugarren

Entrevista a Ana Murugarren, directora de «La higuera de los bastardos». El encuentro tuvo lugar el jueves 16 de noviembre de 2017 en el hall del Cine Phenomena en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ana Murugarren,  por su tiempo, generosidad y cariño, al equipo del Cine Phenomena, por su amabilidad, generosidad y atención, y a Stefania Piras de Festival Films, por su tiempo, generosidad y amabilidad y cariño.

L’ALTERNATIVA 24: SUMERGIRSE EN OTRAS REALIDADES.

El pasado domingo 19 de noviembre finalizaron las proyecciones de la edición número 24 de l’Alternativa, certamen plenamente consolidado en el panorama cinematográfico de la ciudad que, sigue manteniéndose fiel a un estilo marcado por un cine diferente, alejado de la bienintencionada industria, y nacido en los márgenes de una entramado cinematográfico demasiado obsesionado en embellecerse y dar la espalda a la reflexión y el conocimiento del mundo en el que vivimos, alejándose de las realidades del hombre y su tiempo. L’alternativa propone cine resistente, cine furioso y lleno de energía, un cine venido de diferentes lugares del mundo, heterogéneo en su esencia, y rabiosamente contemporáneo y atemporal, pero cercano en su materia y su naturaleza. Unos trabajos muy necesarios que nos muestran realidades complejas, oscuras y tremendamente vivas, orgánicas y sinceras. Cine con espíritu dialoguista que huye de convencionalismos, y construido en base a una identidad muy personal que lo hace muy reivindicativo, profundo y bello. El pistoletazo de salida lo dio ZAMA, de Lucrecia Martel. La esperadísima película de Lucrecia Martel nos sumerge a finales del siglo XVIII, en una de esas colonias perdidas por el mundo de la corona española, siguiendo el deambular cotidiano y fantasmal de Don Diego de Zama, un oficial en eterna espera de un traslado hacia un lugar más prestigioso. Con su habitual estilo, de planos asfixiantes, mundo en decadencia y lugares muertos, Martel filma a su personaje y su eterno, en ese espacio vacío, donde las actividades son densas y exasperantes, en el que Zama se mueve en una existencia kafkiana, alejado de las aventuras en un mundo exótico, donde todavía hay tiempo para lo extraño, y la mezcla del mundo de vanidad y vacuidad con aquel más salvaje y pintoresco.

La segunda parada fue TASTE OF CEMENT, de Ziad Kalthoum. En la ciudad de Beirut, unos exiliados sirios trabajan en la construcción de un rascacielos. La cotidianidad del trabajo, sus sonidos estruendosos, la ciudad abajo con sus idas y venidas, alejada de todo ese mundo, y unos obreros, lejos de sus hogares, unos hogares en guerra. El cineasta sirio realiza una película de gran sonoridad e imágenes en suspenso, siguiendo el trabajo físico de sus personajes, en un mundo que, los propios que huyen de la guerra acaban construyendo edificios en un lugar que antes hubo guerra. A través de una forma que rasga la respiración, asistimos a la sinrazón de este mundo, de las injusticias, del exilio, y la miseria de un paisaje, donde los de fuera viven en las catacumbas del edificio, donde reina la oscuridad y unos recuerdos y sueños rotos por la destrucción. ACTS AND INTERMISSIONS, de Abigail Child. La cineasta estadounidense nos cuenta la experiencia en EE.UU. de la anarquista Emma Goldman, a finales del XIX y principio del XX, y lo hace de forma curiosa y entretenida, a partir de fotografías y discursos de la líder anarquista,  imágenes de archivo de la época, mezcladas con imágenes contemporáneas, y el elemento de dramatización con actores, donde realiza un caleidoscopio que dialoga a partir de las luchas obreras, los mítines y las huelgas, los años de cárcel, y la reivindicación de una vida digna, tanto en aquellos tiempos como en los actuales. Child nos convoca a un mundo donde el progreso no ha mejorado mucho las cosas, y donde los derechos de los más humildes se tienen que seguir batallando ante esas clases burguesas que no cejan en engordar sus patrimonios.

EL MAR LA MAR, de Joshua Bonnetta y J. P. Sniadecki. La pareja de cineastas nos sitúa en el desierto de Sonora, lugar delicado de paso entre los inmigrantes mexicanos en su aventura de entrar en EE.UU., y hacen un recorrido emocional y lírico, sin mostrarnos nunca los cuerpos de los inmigrantes, pero si sus voces, donde escuchamos sus testimonios desgarradores y siniestros de sus viajes y el de otros, y sus objetos o pertenencias que han dejado en el camino, donde el paisaje del desierto actúa como un ente complejo y devastador, testigo de mil y una aventuras y sus muertes, en una obra de gran sonoridad, donde sus imágenes nos transportan a una dimensión extraña y compleja, en el que seres humanos deambulan por un terreno peligroso donde se juegan la vida constantemente. STRANGER IN PARADISE, de Guido Hendrikx. El cineasta holandés nos plantea la crisis de los refugiados llegados a Europa y los mecanismos que tienen las autoridades para recibirlos, y lo hace a través de tres tiempos, y repitiendo la misma escena, pero cambiando el trato. En el primero, el recibimiento es reaccionario y conservador, en el segundo, caluroso y solidario, y en el tercero, realista, donde vemos como las leyes duras y poco permisibles, acaban por dar asilo solo aquellos de conflictos bélicos, sin importarles a las autoridades otros conflictos como la pobreza o la violencia, y el sueño de una vida mejor en el viejo continente. Una película reflexiva, en la que hay drama, realidad, y sentido del humor, como el maravilloso epílogo, donde realidad y ficción se confunden,  que nos posiciona ante la mayor crisis migratoria desde la Segunda Guerra Mundial, y cómo los gobernantes europeos la afrontan.

CALIFRONIA DREAMS, de Mike Ott. El cineasta estadounidense pone el foco en cinco personajes singulares y atípicos que, sueñan con triunfar en Hollywood, mientras asisten a casting en pequeñas localidades del sur de California. Un documento sobre la influencia de la poderosa fábrica de entretenimiento ejerce en aquellos que ven en la industria del cine una posibilidad de mejorar sus vidas. Ott sigue a sus criaturas desde la simpatía y lo onírico, mostrándolos de manera sencilla y explorando sus diversas contradicciones y miedos, en una industria del espectáculo que parece alejarse cada vez de sus intenciones y capacidades.  También, hubo tiempo para ver algunos cortometrajes (una de las secciones que más visibilidad y cuidado tienen los responsables del Festival). LE BONNE ÉDUCATION, de Gu Yu. A través de la mirada de Peipei, la directora china, que tuvo el asesoramiento del prestigioso cineasta Nicolas Philibert, nos cuenta el periplo de una adolescente que desea ser admitida en la escuela de arte, mientras se muestra apática con sus compañeros y profesores, sin acabar de pertenecer al entorno de la institución, y la directora lo hace con un tono naturalista y agobiante, donde todo se desarrolla con velocidad y sin tiempo para nada. LA DISCO RESPLANDECE, de Chema García Ibarra. El director de la fantástica y cómica Uranes, nos sitúa en Elche (paisaje de su cine) y sigue a cinco jóvenes que se montan su fiesta aunque la discoteca del pueblo lleve años cerrada, en una película donde capta con sinceridad y honestidad los impulsos de una juventud enganchada a la fiesta y a sus propios deseos, aunque estos rara vez sean complacidos, en un mundo que mezcla desde tradiciones eslavas con lo más intrínseco de lo popular del país, siempre desde un lado cómico y audaz.

Volví a los largos con EXPO LIO 92, de María Cañas. La cineasta sevillana pone el foco en el 25 aniversario de la Expo de Sevilla, y lo hace con su habitual humor, sin dejar su crítica y resistencia, en otro de sus vehículos guerrilleros, donde a partir del material de archivo propio y ajeno, en un viaje psicodélico, donde hay espacio para la política, el humor más irreverente y popular, en la que consigue una fábula contemporánea en la que revisa la expo, el choque de culturas, la colonización, la construcción de la identidad,  y la globalización, y todos los mitos y barbaridades que sufrimos en aquella España y ésta que vivimos a diario a partir de un sentido de resistencia, guerilla, y sacar las miserias de un país que se inventó la luna u otro disparate a fuerza de mentiras, corrupción y mucha idiotez. NIÑATO, de Adrián Orr. El debut en el largo de Orr sigue la premisa de uno de sus cortos Buenos días, Resistencia (2013) y captura la cotidianidad de Niñato, un joven desempleado de barrio que sueña con ser rapero, mientras cuida de su hijo Oro y sobrinos. La película capta la intimidad de lo doméstico y sus quehaceres diarios, a través de la educación y los conflictos que surgen entre Niñato y los niños, en un universo de aprender y desaprender, en el que, tanto adultos como niños, se muestran cercanos o alejados, y convierten cada instante en una experiencia enriquecedora basada en el aprendizaje tanto mutuo como hacía los demás, exquisitamente fotografiado y un minucioso y enérgico montaje obra de Ana Pfaff.

EL MAR NOS MIRA DE LEJOS, de Manuel Muñoz Rivas. El primer largometraje del sevillano es una minuciosa e intensa película que nos sitúa en el sur de España, sumergidos en inmensos arenales, donde frente al mar, habitan una serie de personajes, perdidos entre las dunas y ante la extraña mirada de los forasteros que irrumpen en ese paraíso perdido en el que cuentan que bajo sus arenas se encuentran culturas milenarias que otros en otro tiempo vinieron a desenterrarlas. Un viaje hacia otros lugares y espacios dentro de éste, con la bellísima fotografía de Mauro Herce que, investiga y captura de forma natural y onírico el paisaje humano y territorial que esconden mil y una historias, y sobre todo, ese tiempo atemporal que recorre toda la película, donde uno no sabe donde empieza y acaban sus lugareños y sus relatos. Y finalmente, me acerqué a MILLA, de Valérie Massadian. La cineasta franco-armenia vuelve a mostrarnos un retrato femenino, después de su memorable Nana (2011) donde capturaba la vida de una niña de 4 años y su peculiar odisea doméstica. Ahora, se sumerge en la vida de Milla, una adolescente de 17 años y la retrata a través de tres actos: en el primero, huye junto a Leo a vivir sus amor alejados de todo en una casa abandonada, en el segundo, vivimos su embarazo y su vuelta al mundo establecido, y por último, la vemos con su hijo de apenas un año y poco, y los momentos de convivencia.  Massadian capta con sinceridad los detalles cotidianos de un amor contado en tres tiempos, sin sentimentalismos, sino haciendo hincapié en la resilencia de la protagonista de afrontar todos los conflictos, tanto emocionales o exteriores, que construyen su vida, a través de una forma cuidada que genera empatía con el personaje sin caer en convencionalismos.

Hubo tiempo para acercarme a las 8ª Jornada de profesionales, donde se reflexionó sobre el material filmado como herramienta del creador, a través de múltiples puntos de vista que no solamente enriquecieron la jornada, sino que abrieron el debate intenso entre los participantes. A continuación, CIMA Catalunya abrió una mesa reivindicativa, y con razón, de la invisibilidad de las mujeres en el aparato industrial cinematográfico, y una serie de actividades de protesta, reivindicación y actuación, que ponen en marcha para paliar semejantes injusticias. La tarde-noche del viernes asistí a la mesa de “Violencia i seducción de masas”, donde se colocó el foco en como el Daesh ha conseguido, a través de sus imaginario audiovisual todo su entramado de propaganda, en el que los componentes de la mesa, expertos en la materia como Alba Sotorra o Ivan Pintor, entre otros,  hablaron de un entramado de complejidad social, política y cultural, de indudable calado en ciertos sectores y ciudadanía. Y hasta aquí mi periplo por l’Alternativa 24, que sigue más enérgica, más audaz, y provocadora que nunca, manteniéndose firme en sus principios y caracterizándose como un festival fiel a su idiosincrasia, ofreciendo un cine que gustará más o menos, pero que sigue fiel a su espíritu contestatario, complejo y sumamente radical tanto en su forma como en su contenido. GRACIAS POR TODO A AQUELLOS QUE HAN HECHO POSIBLE L’ALTERNATIVA 24 y nos vemos el año que viene…