Entrevista a Karra Elejalde

Entrevista a Karra Elejalde, actor de la película “Poliamor para principiantes”, de Fernando Colomo, en el marco del BCN Film Fest, en el Hotel Seventy en Barcelona, el miércoles 21 de abril de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Karra Elejalde, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Cristina Marinero de Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Fernando Colomo

Entrevista a Fernando Colom, director de la película “Poliamor para principiantes”, en el marco del BCN Film Fest, en el Hotel Seventy en Barcelona, el miércoles 21 de abril de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Fernando Colomo, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Cristina Marinero de Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Álvaro Longoria

Entrevista a Álvaro Longoria, productor de la película “Poliamor para principiantes”, de Fernando Colomo, en el marco del BCN Film Fest, en el Hotel Seventy en Barcelona, el miércoles 21 de abril de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Álvaro Longoria, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Cristina Marinero de Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Toni Acosta

Entrevista a Toni Acosta, actriz de la película “Poliamor para principiantes”, de Fernando Colomo, en el marco del BCN Film Fest, en el Hotel Seventy en Barcelona, el miércoles 21 de abril de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Toni Acosta, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Cristina Marinero de Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Quim Àvila

Entrevista a Quim Àvila, actor de la película “Poliamor para principiantes”, de Fernando Colomo, en el marco del BCN Film Fest, en el Hotel Seventy en Barcelona, el miércoles 21 de abril de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Quim Àvila, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Cristina Marinero de Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Poliamor para principiantes, de Fernando Colomo

SÉ AMOR Y NO MIRES CON QUIÉN.

“El amor es la respuesta, pero mientras estás esperando la respuesta, el sexo plantea algunas preguntas bastante buenas”

Woody Allen

Con Isla bonita (2015), de Fernando Colomo (Madrid, 1946), una película filmada entre amigos y sin dinero, pero con esa naturalidad e intimidad que había en aquellas deliciosas tragicomedias de sus primeros años como Pomporrutas imperiales, Tigres de papel, ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?, La mano negra o La línea del cielo. Cine que dio origen a la llamada “comedia madrileña”, un cine que con mejor o menor suerte no solo ha divertido con las miserias urbanas de muchos de aquellos españoles que nacían a la vida ochentera con sus pros y contras, después de años en el ostracismo franquista. Un cine que se tomaba muy en serio reírse de las estupideces de esos hombres y mujeres que iban de modernos o no. Con Poliamor para principiantes, el director madrileño vuelve a esa comedia que se ríe de todo, pero con cariño y sin faltar al respeto, en un guion que firman Casandra Macías Gago, Marina Maesso y el propio Colomo, para centrarse en las desventuras de un tipo veinteañero, más cerca de los treinta, sin oficio ni beneficio llamado Manu, que vive con sus padres, que intenta infructuosamente ganarse la vida como youtuber y es un apasionado del cómic manga.

Todo cambiará cuando Manu conoce a Amanda, pero la chica tiene un pequeño inconveniente, la chica practica el poliamor. Amanda sale con Claudia, una chica trans, también con Àlex, un monitor paracaidista, y con un matrimonio acomodado con hijos que son Marta y Esteban. Por otro lado, los padres de Manu, también descubrirán las ventajas e inconvenientes del poliamor, y meterán a su propio “unicornio”, Berta que cambiará y mucho la forma de relacionarse del matrimonio o lo que queda de él. Colomo vuelve a echar mano de sus colaboradores en sus últimas películas, ya que encontramos a Ángel Iguácel en la cinematografía, que ya estuvo en La tribu, y en la edición a Ana Álvarez-Ossorio, que hizo lo mismo en Antes de la quema. La película es una comedia romántica al uso, filmada con la libertad y el ingenio de alguien como Colomo, con medio siglo de oficio en este tipo de aventuras, de esos cineastas que sabe que tiene entre manos y como llevarlo a cabo de la mejor forma posible a los espectadores, con muchas risas y ese puntito de crítica social y humana.

La cinta tiene de todo, sus momentos divertidos, de persecuciones, de malos entendidos, de barullo emocional y físico, añadiendo la peculiaridad del poliamor, donde conoceremos nuevos términos como la compersión, en ENR, la energía de la nueva relación, y mucho lenguaje inclusivo, se trata de amar a través del respeto, aunque no siempre se consigue y la práctica nos llevará a situaciones comprometidas, muy complejas y difíciles de sobrellevar. Hay fases de mucha comedia alocada, cuanto más se desata la historia, más emocionante y cómica se convierte, recogiendo ese aroma de la comedia clásica hollywodiense, la “screwball”, con algunos momentos hilarantes y absurdos al estilo de Sucedió una noche,  La fiera de mi niña, Al servicio de las damas, entre otras, o esa otra comedia romántica más de nuestros días, pero con el añadido, y qué añadido, del tema del poliamor. Hay secuencias memorables como la del parque, cuando nuestros protagonistas, padre e hijo, como un Quijote y Sancho Panza al uso, descubren eso del poliamor, y movidos por la curiosidad, se meten de lleno, descubriendo, y sobre todo, descubriéndose sus límites, los de los otros, y la marabunta que les espera.

Colomo siempre ha sabido rodearse de grandes intérpretes, y sacarles su vis cómica y muchísimas cosas más allá, como Carmen Maura, Ana Belén, Antonio Resines, María Barranco, Verónica Forqué, ente otros muchos. Aquí,  consigue una ecuación que funciona muy bien como mezclar consagrados en estas lides como Karra Elejalde, maravilloso en su rol de Satur, ese padre amoroso y advenedizo que se topará con todo aquella que le fastidia, muy a su pesar, Toni Acosta, que se mueve en su salsa en este tipo de películas, hace de Tina, esa madre estresada de tanto trabajo, que encontrará en su “unicornio” particular una forma de darle vida a su existencia, pase lo que pase y caiga quien caiga, y luego, los más debutantes, Quim Àvila como Manu, el “ranger del amor”, con ese traje ridículo e infantiloide, alguien que para triunfar se convierte en un defensor del amor romántico, aunque a penas sepa que significa eso, y dará con sus contradicciones cuando se enamora de Amanda.

El persona de Amanda es el centro de todo, que interpreta con soltura una increíble María Pedraza, que habíamos visto en series de éxito como Élite y La casa de papel, es la chica en cuestión, la llama de Manu, con la maravillosa naturalidad de una actriz que es capaz de todo, y luego, todo un plantel de jóvenes que empiezan a despuntar como Lola Rodríguez y Eduardo Rosa, con las presencias interesantes de Luis Bermejo y cristina Gallego, como el matrimonio, e Inma Cuevas como la “otra” de la pareja Satur y Tina. Poliamor para principiantes no pretende a ser un manual para conocer el poliamor y sus ventajas o riesgos, sino una forma de acercarse a las formas de amar y relacionarse en la actualidad, y sobre todo, invitarnos a reírnos de ello, con muchísimo respeto, e ir más allá, reírnos a carcajadas de lo torpes que somos cuando nos relacionamos con los otros, las inmensas chaladuras que hacemos, las que no hacemos, lo que sentimos o no, que en realidad no deja de ser nuestro propio reflejo, la imagen que tienen los demás de nosotros, y la imagen que tenemos de nosotros mismos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Lluís Quílez

Entrevista a Lluís Quílez, director de la película “Bajocero”, en la ECIB – Escola de Cinema de Barcelona, el miércoles 3 de febrero de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lluís Quílez, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque y Ainhoa Pernaute de Vasaver, por su amabilidad, paciencia y cariño.

Bajocero, de Lluís Quílez

ASALTO AL FURGÓN DE PRESOS.

“Hay que ser buenos no para los demás, sino para estar en paz con nosotros mismos”.

Achile Tournier

El cineasta Lluís Quílez (Barcelona, 1978), ya había demostrado su grandísimo talento en el mundo de las películas cortas, con títulos tan reconocidos como Avatar (2005), Graffiti (2015) o 72%  (2017), relatos de fuerte carga psicológica, en la que sus personajes implicados deben afrontar sus propios miedos, en un mundo totalmente inhóspito y muy oscuro, con acciones que revelarán consecuencias muy inesperadas. Su opera prima, Bajocero, como no podía ser de otra manera, se ancla en los mismos parámetros que seguían sus anteriores trabajos, y nos envuelve en una atmósfera muy inquietante y llena de tensión y violencia, en una película, escrita por Fernando Navarro (especialista en el asunto trabajando con nombres como Paco Plaza, Balagueró o Kike Maíllo), y el propio director, en la que nos someten a una noche muy negra y gélida, una atmósfera de mil demonios y con un tipo solo (como ocurría en el citado Graffiti, uno de sus trabajos más celebrados), en mitad de una de esas carreteras nacionales perdidas a lo largo y ancho del país, rodeada por un bosque muy siniestro.

Una noche en la que un furgón policial traslada a un grupo de presos, y a mitad de camino, en mitad de la nada, alguien los detiene, y a partir de ese instante, los sucesos, cada vez más angustiosos se sucederán. El relato está compuesto a partir de tres escenarios bien distintos. En el primero, vemos todo lo que sucede en el interior del furgón, cargado de tensión y conflictos, y también, vemos lo de fuera, donde alguien amenaza la integridad de los de dentro. En el segundo tramo, pasamos a otra situación donde la supervivencia se convierte en el único sentido de los personajes del interior del furgón. Y el tramo que cierra la película, habrá un enfrentamiento a tumba abierta para discernir las causas de los implicados en la trama. Quílez se vuelve a reencontrar con el cinematógrafo Isaac Vila, que ya había trabajo anteriormente en un par de cortos suyos, pieza clave en una película donde la noche acapara casi todo el metraje, bien iluminada, con esas sombras más propias del cine de terror, y esa amenaza, casi un espectro, que deambula entre los demonios de la noche, esperando su momento.

El buen hacer de la edición que firma Antonio Frutos (colaborador del cine de Calparsoro), fundamental para generar todos esos instantes de tensión, conflictos y violencia que se van desatando en la película, donde existen pocos momentos donde la calma se imponga, casi en todo el metraje los personajes son continuamente azotados por las circunstancias y alguno revelará la cuestión que atraviesan, tanto la del interior del furgón como en el exterior con esa sombra justiciera. Elementos a los que se añade la música de Zacarías M. de la Riva, que ayuda a envolvernos en esa aura de carga endemoniada de thriller psicológico que nos atrapa desde su primer conflicto. El director barcelonés se arropa con un reparto de primerísima altura encabezado por un atribulado y héroe a su pesar Javier Gutiérrez, que vuelve a demostrar que vale para un roto y un descosido, componiendo uno de esos personajes más grandes que la vida, uno de esos tipos que durante la noche verá demasiadas cosas y deberá comprender que su trabajo como policía está por debajo de ciertas, pero importantes tesituras morales. El resto del elenco lo componen Karra Elejalde, sobrio y elegante como es su costumbre, en un personaje vital para la trama, y un ramillete de intérpretes como Luis Callejo, Andrés Gertrúdrix, Isak Férriz, Miquel Gelabert, Édgar Vittorino, Patrik Criado y Florin Opritescu (que repite con el director después de su rol en 72%).

Bajocero guarda más de un elemento parental con aquel cine policíaco estadounidense que en los setenta sirvió para retratar una sociedad corrupta y violenta, con grandes directores como Peckinpah, Carpenter, Pakula, Coppola, Pollack, Siegel o los “Blaxploitation”, entre otros, o los thrillers rurales de la misma época, tan salvajes y oscuros como Perros de paja, de Peckinpah, Defensa, de Boorman y Malas tierras, de Malick, o los patrios como Furtivos, de Borau, o El aire de un crimen, de Isasmendi, o los más recientes, Todo por la pasta, de Urbizu, y La noche de los girasoles, de Sánchez-Cabezudo, todos ellos trabajos que no solo cargan la pantalla de miseria moral y violencia salvaje, sino que se muestran como un real y triste reflejo de una sociedad, donde la corrupción ha devenido el pan de cada día, y todo huele a podrido, y las personas se ven indefensas ante tanta impunidad. Bajocero nos atrapa con su ritmo febril, su pulsión desgarradora, y su frenética huida a ninguna parte, con alguna que otra licencia narrativa perdonable, llena de personajes perdidos y vacíos que esperan su resquicio de luz para escapar de todo y sobre todo, de ellos mismos, en una aventura autodestructiva hacia el abismo en la que todos y cada uno de ellos tendrá su momento, aunque lo más seguro, deba de enfrentarse a sus propios miedos e inseguridades. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar

UN PAÍS EN LLAMAS.

“Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”.

Miguel de Unamuno

A finales de primavera de este año, el escritor Manuel Vicent describía a Miguel de Unamuno de la siguiente manera: Había pasado la vida luchando contra esto y aquello, pero en el fondo no había peleado más que contra sí mismo, sin otra obsesión nada menosque la de ser inmortal frente a la divinidad. Ese fue su destino. Total, para nada. Unamuno (1864-1936) insigne escritor y filósofo, se pasó la vida oponiéndose a todo, criticando con dureza a todos los gobernantes del país, sea cual fuese su ideología o condición, un pensador firme y sincero, que dudaba constantemente, alguien contradictorio, con continuos vaivenes ideológicos, fue uno de aquellos intelectuales que se opuso a los desmanes de la Segunda República, y pidió, como muchos, una intervención militar para restaurar el orden perdido, aunque también se alzó vehemente contra esos militares que no respetaron el mandato democrático del pueblo, y criticó con toda la dureza a su alcance, los desmanes contra la República y sus seguidores. Una figura de esta naturaleza, ausente en nuestros tiempos, alguien capaz de defender algo a ultranza, y luego desdecirse de sus palabras, admitir sus errores y enmendar tales afrentas y opiniones, es una figura necesaria para un país, alguien con la capacidad de la autocrítica, de la duda, y sobre todo, del pensamiento como única forma para hablar de las circunstancias, de los hechos, admitiendo el error y la equivocación como formas de la razón y lo humano.

Una figura de ese calibre humano se merecía una película, incluso unas cuantas. Hace cuatro temporadas ya tuvimos una película sobre Unamuno, La isla del viento, que relataba aquellos años de exilio forzado del pensador por sus duras críticas a la dictadura de Primo de Rivera allá por los años 20, en la piel del actor José Luis Gómez. Ahora, llega a nuestras pantallas Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 1972) que nos sitúa en la Salamanca del 19 de julio del 36, cuando los militares impusieron el estado de guerra en la ciudad, mientras su rector universitario, Unamuno, y sus dos amigos del alma, Salvador Vila, antiguo alumno del pensador, arabista y profesor universitario, y Atilano Coco, cura protestante, pasean por la ciudad, mientras hablan y discuten sobre los acontecimientos que se desarrollan en la ciudad. Por otra parte, y como un espejo deformante se tratase, asistimos a los entresijos y pormenores que llevaron a Franco y compañía a la península desde sus destacamentos en el protectorado de Marruecos, y los encuentros con otros generales, como Millán-Astray, Mola o Cabanillas, y los asuntos de poder para decidir quién llevaría la nave de la cruzada para recuperar la patria.

Amenábar y Alejandro Hernández (guionista habitual de Manuel Martín Cuenca) se centran en las figuras de Unamuno y Franco, en ese espejo de la figura de Unamuno, en el que vemos a la razón, el pensamiento, y el estudio como formas de vivir y de relacionarse con los demás y el entorno, enfrentado al reflejo de Franco, que representa a esa España violenta, resentida, vengativa y de muerte. La acción arranca con la entrada de las tropas nacionales en Salamanca hasta el famoso enfrentamiento en el paraninfo de la Universidad de Salamanca aquel aciago 12 de octubre, “Día de la Raza”, en el que Unamuno se enfrentó a Millán-Astray con el ya famoso “Venceréis, pero no convenceréis”. Amenábar vuelve a rodar en castellano después de sus dos aventuras desiguales filmadas en inglés que supusieron Ágora (2009) y Regresión (2015) volviendo a una figura real como hiciera con Ramón Sampedro en Mar adentro (2004) también volviendo a aquellos buenos síntomas, tanto en la forma como en el fondo, colocándonos en aquellos primeros meses de la guerra, donde todavía se conocían pocas cosas, donde desaparecían personas sin dejar rastro, donde la intervención militar se irá convirtiendo en una guerra cruel y mortal para el país.

Una naturalista y sombría luz del cinematógrafo Álex Catalán, que debuta con Amenábar, pone de relieve todos aquellos hechos donde Unamuno se veía despojado de sus amigos y por consiguiente de su vida, y cómo van minando la capacidad del pensador ante la deriva que van tomando los hechos hacia una oscuridad y un terror sin precedentes en la historia del país. Unamuno, Salamanca y los hechos por un lado, y Franco, Millán-Astray y los demás juegos de poder de los generales por el otro, con algún (des) encuentro entre ambos espejos, con el suceso en la Universidad como epicentro del relato. Un montaje en paralelo y muy preciso de Carolina Martínez Urbina (responsable de Regresión, y ayudante en Ágora) ayuda a observar con detenimiento y pausa todos los tejemanejes militares y el vaivén de Unamuno, de la esperanza inicial al terror puro, como se describe en esa secuencia donde presencia, muerto de pánico, como se llevan a su amigo Salvador Vila, recordando aquellas palabras del propio Unamuno: “A veces, el silencio es la peor mentira”, y sus inútiles encuentros con Franco para mediar por sus amigos.

Amenábar ha construido una película magnífica, precisa y soberbia, bien documentada históricamente, con todo lujo de detalles, tanto en el vestuario, donde Sonia Grande vuelve a demostrar que es una de las grandes, o la concisa caracterización de los personajes, dotándolos de humanidad, garra y violencia, según se precise. Capítulo aparte merece la interpretación de su extenso elenco, con la firma de Eva Leira y Yolanda Serrano, una de las parejas más importantes del país en este apartado, encabezado por un Karra Elejalde soberbio en su rol como Unamuno, tanto en la vida pública como personal, con un desatado y enérgico Eduard Fernández metido en la piel de Millán-Astray, una especie de Quasimodo de la muerte, bien acompañados por Santi Prego que realiza un Franco a la altura del Juan Diego de Dragon Rapide, film-espejo de Mientras dure la guerra, o el Juan Echanove de Madregilda. Con unos convincentes y cercanos Carlos Serrano-Clark como Salvador Vila y Luis Zahera como Atilano Coco, y el resto de un reparto íntimo y lleno de detalles conformado por Nathalie Poza, como la mujer del alcalde, Patricia López Arnaiz como la hija rebelde de Unamuno, Luis Bermejo como hermano de Franco, Tito Valverde como Cabanillas, Luis Callejo como Mola, Dafnis Balduz como secretario de Unamuno o Mireia Rey como la mujer de Franco.

Amenábar, en su séptimo trabajo, ha confeccionado un relato lleno de complejidad, de maldad, de algo tan de aquí, de esa idiosincrasia tan difícil de entender, una buena película sobre la Guerra Civil Española a la altura de Soldados de Salamina, donde los ecos del ayer siguen resonando con fuerza en el presente. Una historia sobre lo humano y lo más profundo del alma,  retratando un país en llamas, un país roto, dividido y lleno de terror y violencia, incapaz de ponerse de acuerdo, a la gresca siempre, como la pintura de Goya “Duelo a garrotazos o la riña”, quizás la eterna lucha y conflicto de un país hecho a pedazos, con territorios enfrentados históricamente, un país donde no se habla, se discute, como esa secuencia tan real y triste a la vez, donde Unamuno y Salvador Vila discuten y discuten, mientras el plano se vuelve general y los deja a la greña, sin escuchar lo que dicen, para cerrarlo con un Unamuno cansado que pide que vuelvan a casa. Una tierra ensangrentada, incapaz de hablar, dialogar, de entender su heterodoxia, sus diferencias, un mal de antes y de ahora, y desgraciadamente, de siempre, como una pesada carga que somos incapaces de sobrellevar con dignidad y vehemencia sin acabar en las manos, respetándose y aceptando nuestras diferencias y aquello que nos une. Quizás la figura de Unamuno que murió el último día del 36, triste, encerrado en su casa, lleno de amargura y dolor, no solo por su enfermedad, sino por toda esa tristeza y violencia que se cernía sobre España, nos vuelven a traer a la memoria aquellas palabras tan tristes de Gil de Biedma: “De todas las historias de la Historia la más triste sin duda es la de España porque termina mal”. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ana Murugarren

Entrevista a Ana Murugarren, directora de “La higuera de los bastardos”. El encuentro tuvo lugar el jueves 16 de noviembre de 2017 en el hall del Cine Phenomena en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ana Murugarren,  por su tiempo, generosidad y cariño, al equipo del Cine Phenomena, por su amabilidad, generosidad y atención, y a Stefania Piras de Festival Films, por su tiempo, generosidad y amabilidad y cariño.