Custodia compartida, de Xavier Legrand

NO QUIERO ESTAR CON PAPÁ.

“No sé cuál de los dos miente más”

En Antes de perderlo todo, filmado en el año 2012, Xavier Legrand (Melun, Francia, 1979) contaba la huida de una mujer Miriam y sus dos hijos de manos de su marido maltratador. Una pieza de 29 minutos que le valió innumerables reconocimientos internacionales, entre los que destacan un premio en el prestigioso certamen de Clermont-Ferrand, César al mejor corto del año y la nominación en los Oscar, entre otros muchos. Seis años después, retoma aquellos personajes años después, cuando una vez separados, tienen que lidiar en la custodia de su hijo menor Julien. Desde su arranque, Legrand (que ha trabajado con autores tan influyentes como Philippe Garrel, Laurent Jaoui, Benoit Cohen…) deja claras sus intenciones y el tono sobrio que marcará su puesta de largo. Nos sitúa en la frialdad y burócrata sala de conciliación, donde madre y madre con sus respectivos letrados testifican sus intenciones de cara a la custodia de Julien, la jueza se pronunciará tiempo después, en el admite la custodia compartida.

El cineasta francés nos sumerge en un tema candente, en las consecuencias de las separaciones con hijos, y las sentencias judiciales que obligan a compartir a los hijos, cuando alguna de las dos partes se niega a acatarlas, abriendo el debate sobre la necesidad de estudiar más profundamente ese tipo de sentencias, porque quizás la cuestión es mucho más compleja y difícil de decidir. Legrand no lo hace desde el enjuiciamiento, decantándose por alguna de las partes, que nos llevaría a una película superficial y condescendiente, no hay nada de eso en su propuesta, sino todo lo contrario, realizando una cinta doméstica, enclavada en un thriller muy denso y complejo, donde la cotidianidad nos asalta desde el interior de un piso o en ese automóvil, con ese ruido ensordecedor que nos impone una realidad absorbente y dolorosa. Legrand ha sabido construir una película sencilla y honesta, con pocos personajes, apenas el matrimonio, el hijo, secundados por los padres de él, la hija adolescente, y el entorno de ella, contando con actores desconocidos como la pareja protagonista, que ya protagonizaron el corto, Denis Ménochet y Léa Drucker, con la incorporación de Thomas Gioria como Julien, descubierto en un arduo casting.

Quizás el gran acierto de Legrand es contar su relato, desde todos los puntos de vista, desde la realidad de cada uno de los personajes, explorando sus razones, justificaciones y deseos, aunque no sean compartidos por los espectadores, en la que construye una fascinante y absorbente fábula moral, un conflicto real de nuestros días, palpable, que llena todos los medios diariamente, en la que los hijos menores son los más vulnerables en este tipo de conflictos domésticos. Sus 93 minutos de metraje, urdidos con seriedad y tremendo in crescendo, nos sumerge en la cotidianidad de esta familia rota, este grupo ahora convertido en posiciones extremas, en las que aunque todo parezca obedecer a un orden natural, poco a poco, nos irá envolviendo en su verdadera naturaleza, en el orden cotidiano que rigen sus circunstancias, donde el amor de unos y otros se irá desvelando hacia otros derroteros que nacen en la más intensa oscuridad.

Aquí, lo social y cotidiano devienen en el thriller más rompedor y espeluznante, donde todo adquiere ese tono natural e íntimo, que hasta hace daño de lo cerca que puede estar de todos nosotros, donde parece que las cosas penden de un hilo, arropados por esa incertidumbre agobiante y molesta, que parece quepueda estallar en cualquier momento de la manera más horrible y estremecedora. Un drama doméstico, de nuestros días, contado desde el alma de sus personajes, que en alguno de ellos, ocultan varias capas ansiosas de tener su protagonismo, interpretados por unos actores magníficos, que saben manejar las distintas situaciones complejas que provoca la película, y lo hacen desde esa naturalidad, de tan cercana, que duele y ahoga, como si nos traspasará el ánimo, tanto por lo que cuentan como la manera de contarlo, donde no se deja nada al azar, todo sigue un ritmo que a veces consigue dejarnos sin aliento y sumergirnos en esa atmósfera malsana que recorre toda la trama, situándonos en el interior del conflicto, en el centro de la disputa, de la manera que lo hacían Leig, Loach o los Dardenne, donde la miseria de cada uno de nosotros se acaba convirtiendo en nuestro mayor enemigo, y los nuestros, que un tiempo atrás eran nuestros amores, ahora se han convertido en nuestras amenazas que no nos dejarán en paz hasta conseguir sus objetivos más perversos y oscuros.

Renta básica, de Christian Tod.

PENSAR LA UTOPÍA.

“Creo que la democracia hoy en día se ha convertido, en buena medida, en consentimiento manipulado, no forzado, sino manipulado, cada vez más manipulado, con la ayuda de la publicidad”

Erich Fromm (1900-1980)

La crisis mundial de hace menos de una década ha destapado las entrañas de una sociedad basada en un modelo económico insostenible, donde el 1% posee la misma riqueza que el 99% restante, y en el que la globalización, y la incorporación al mercado laboral de la automatización, elementos que vienen a cambiar completamente las estructuras de las finanzas económicas mundiales, con las graves consecuencias como la desaparición de puestos de trabajo, y un sistema que no podrá asimilar la gran mano de obra laboral que no tendrá disponibilidad de acceder a ningún trabajo. Problemas acuciantes para un sistema económico que deberá reiniciarse y encontrar otro modelo sostenible, en el que todas las personas del mundo encuentren su espacio y puedan vivir dignamente.

La película de Christian Tod (Linz, Austria, 1977) reputado economista que ha hecho de la renta básica su objeto de estudio, aborda de manera didáctica y profunda todos los aspectos de las causas nefastas del actual modelo económico y las posibles ideas para frenar este caos vital como la aplicación de una renta básica garantizada en el que las personas puedan cobrar del estado una retribución mensual para llevar a cabo su vida. El cineasta austriaco habla con empresarios, economistas, sociólogos, psicólogos, trabajadores, políticos, activistas y otros expertos en el tema para dialogar sobre la aplicación de esta renta, evaluando concienzudamente sus pros y contras, a partir de las experiencias ya realizadas en los años setenta y ochenta en pequeñas comunidades de Canadá y EE.UU., y los más recientes experimentos en una comunidad muy pobre en Namibia, estudiando sus resultados a nivel económico y sociológico en la población que participó en estas pruebas sobre la renta básica.

La película-documento hace un recorrido exhaustivo y profundo sobre las personas que a través de asociaciones reivindican la aplicación de una renta básica, desde Suiza, Alemania, Namibia o EE.UU., donde expertos en la materia nos explican un modelo económico que redistribuiría la riqueza y ayudaría a acabar con las gravísimas desigualdades económicas actuales. También, se expone, de un modo sencillo y claro, la idea de trabajar por dinero, y las consecuencias, positivas y negativas, que resultarían de trabajar sin tener que depender del sueldo, de terminar con ese poder indigno de aquellos que ofrecen el trabajo, y los otros, que dependen de él para sobrevivir. Un abanico de personas que alrededor del mundo defienden la renta básica y otros, por el contrario, se muestran completamente contrarios a su aplicación, esgrimiendo sus argumentos, basados en la pérdida de un modelo económico que, por otra parte, ya ha dado graves síntomas de su ineficacia y de pedir a gritos un cambio o la tecnología lo cambiará porque se será más factible económicamente hablando.

Tod construye una película que ayuda a reflexionar y a acercarse al tema de la renta básica desde múltiples puntos de vista y su necesidad en este mundo más desigual, y lo hace recurriendo a todos los elementos habidos y por haber, como los dibujos animados, o la saga de Star Trek (tanto la serie clásica como las películas, posiblemente la obra audiovisual que mejor ha plasmado los cambios y avances tecnológicos que nos depararan en el futuro) que abre y cierra la película, y a través de una voz en off, en un futuro remoto de 300 años después, donde las necesidades materiales han desaparecido y los seres humanos no tienen la necesidad de trabajar para ganar dinero, sino el trabajo se ha convertido en una realización personal y un espacio para descubrirnos. Interesante paradoja la que exponen en la película, un universo donde lo humano prevalece ante el materialismo, y en el que los seres humanos disponen de su vida para ellos, sin la necesidad de cambiar vida por dinero.