Algo muy gordo, de Carlo Padial

LA SOLEDAD DEL CREADOR.

En una de las secuencias que estructuran la inclasificable, demoledora y satírica Holy motors (2012) de Leos Carax, su protagonista que, adopta diferentes personalidades a lo largo del metraje, entra en una nave industrial y después de enfundarse un traje ceñido de color verde con numerosos puntos de referencia para capturar imágenes generadas por ordenador (CGI) comienza una serie de movimientos en solitario. En un momento dado, se une una mujer que, sin tocarse, se suma a sus movimientos en una coreografía al unísono. Inmediatamente después, vemos las imágenes generadas en pantalla donde si hay contacto físico y la correspondiente escena sexual. La tercera película de Carlo Padial (Barcelona, 1977) es una suerte de fábula de la imagen capturada por ordenador en la que nos adentramos en la realización de la comedia más ambiciosa de la historia llena de efectos especiales de última generación. Algo muy gordo sigue los parámetros, tanto argumentales como formales, de  sus anteriores trabajos, Mi loco Erasmus (2012) su debut que, seguía las andanzas de un artista que pretendía realizar un documental sobre los estudiantes extranjeros en Barcelona, y su segunda película, Taller Capuchoc (2014) una peculiar aventura de un escritor que conseguía ganarse la vida realizando un taller literario.

Padial es un artista multidisciplinar, también es autor de varios libros, cortometrajes, director de web series, donde ha creado una filmografía a contracorriente de lo establecido, una serie de trabajos audiovisuales donde hace gala de un irreverente humor, crítico, incómodo y alejado de modas, una suerte que el crítico Jordi Costa acuño como post-humor, definido por él mismo como “La comedia donde la obtención de la risa ya no es la primera prioridad. Es un humor que puede primar la incomodidad, el malestar por encima de otras cosas. Puede servir para hacer comentarios sociales, políticos o puramente filosófico”. Un humor diferente, catártico y genial que, a veces puede irritar, y en cambio otras, resulta genial. Un humor practicado por Buster Keaton o Jerry Lewis (una fuente de inspiración en la película como esa idea de mostrar las entrañas de los procesos cinematográficos) que en nuestro país tiene a referentes como Gila, Tip y Coll, Faemino y Cansado, Rubianes, Eugenio, etc… testigo que han recogido gente como Muchachada Nui, Carlos vermut y Venga Monjas, Juan Cavestany, Canódromo abandonado, Ignatius Farray, etc… Todos ellos practican un humor no humor, un humor que mezcla elementos muy alejados como el absurdo, satírico, esperpéntico, crítico, cotidiano, burdo,  feo, disparatado o aquello más elemental, pero sin caer nunca en lo grosero, armas contra ese humor correcto y convencional, y sobre todo, expandir el humor como resistencia entre tanta vulgaridad.

Algo muy gordo sigue ese humor o no humor, en una película que no deja títere con cabeza, que va a degüello con todo y todos, convirtiéndose en un gran paso hacia delante en la filmografía de Padial, una película con el espíritu del low cost de sus anteriores películas pero con el armazón de una producción convencional, escrita junto a Berto Romero, un humorista mainstream, pero aquí llevado a tumba abierta a una parábola sobre la creación artística y las formas de construcción cinematográfica, tanto físicas como emocionales, porque la película podríamos definirla como una especie de documental sobre el rodaje de una película. Un making of de una película que nunca veremos (de argumento tan estúpido como en el que Berto volverá al colegio porque no tiene el graduado y vivirá una serie de peripecias que van desde el drama, la comedia, el thriller o la ciencia ficción, ahí es nada) asistiremos y observaremos las entrañas de un rodaje y todos sus intrincados métodos creativos, pero todo se construye mediante una ficción, las diferentes personas que vemos en la película-rodaje ensayo error, no son Berto Romero o Carlo Padial, éstos interpretan otros personajes con su mismo nombre, desde Berto, el cómico que quiere dar un giro a su carrera realizando una película de CGI, como el personaje de Carax, donde todo lo interpreta él, embutido en un ridículo traje negro lleno de puntos dorados de referencia, y colgado de un arnés para generar esas secuencias en solitario, o en otras ocasiones, con atrezo simulado, como ese momento rodeado de enanos que hacen de niños en un baile absurdo, etc…

Padial interpreta a ese director que no sabe comunicarse ni generar ideas para su película, un tipo hermético, obsesivo y siniestro que, se mueve por el set con un aire de misticismo. Y los demás intérpretes juegan a ser una versión patética y cutre de ellos mismos, de ese mundillo de lo artístico con tanta impostura, donde se mofan de ellos mismos, y de la estupidez y esnobismo que, encierran en muchas ocasiones los procesos del mundo artístico. La película sigue al equipo mientras filman la película en sus conversaciones y conflictos, la mayoría de un sinsentido abrumador, hablan y hablan sobre secuencias que no filmaran y momentos que tampoco incluirán en el filme, todos opinan, todos deciden, pero sin saber muy bien el qué y sobre todo, para qué. Padial vuelve a crear un absurdo universo de egos, de patetismo y soledades, filmando a esos personajes fracasados y egoístas que pululan en sus trabajos, tipos de pobreza creativa que, en cambio, se sienten marginados por la sociedad que no logra entender su arte ni a ellos mismos.

Resultan brutales la secuencia de Miguel Noguera (habitual en la carrera de Padial) donde discuten sobre un salto después de una explosión, en un tono de seriedad y absurdidad en el que todos los implicados dicen la suya y a cual más gorda, y aquella otra en que falla la explosión del único automóvil que tienen. Padial que cuenta con un espectacular reparto desde Carlos Areces (uno de los ex muchachada) Carolina Bang, Javier Botet, entre otros,  tiene en Berto su más fiel escudero para transmitir esa sensación de soledad, vacío y estupidez que genera un rodaje de estas características, en el que el actor tiene que lidiar él solo con las secuencias, sin la réplica del compañero, experiencia que le llevan a sentirse muy frágil, lleno de incertidumbres y sobre todo, un alien en medio de la nada, en el sindiós que es el rodaje, y las comprensibles dudas sobre la presumiblemente película que están creando, porque Padial no sólo habla de los complejos procesos creativos, y todo ese mundillo que lo rodea, sino de la imposibilidad de materializar aquellas ideas del artista, sobre el humor, la vida y demás, sobre la soledad que se enfrenta el creador, y el fracaso que lo acompaña a lo largo de su carrera, porque hay ideas que no son posibles de realizar en el mundo creativo existente e inexistente, por diferentes y arduos motivos que se escapan de nuestro alcance.

 

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Incidencias, de José Corbacho y Juan Cruz

incidencias_cartelEN MEDIO DE LA NADA.

El tándem formado por José Corbacho (1965, Hospitalet de Llobregat) y Juan Cruz (1966, Barcelona), nacidos en el seno de la productora televisiva El Terrat, han labrado una filmografía de películas estimables e interesantes, en las que a través de retratos intimistas y cotidianos, mezclaban con acierto la comedia y el drama, tomaban el pulso de las gentes de barrio, y las dificultades y alegrías en las que se enfrentaban en su deambular diario, con el denominador común de la ciudad colindante, obrera y emigrante de Hospitalet. En su debut, Tapas (2005), se centraban en la variopinta parroquia de seres que se reunían en un bar, todo contado con una frescura y encanto, en su segunda película, Cobardes, rodada tres años después, siguiendo la misma línea que la anterior, ahora el protagonismo se lo llevaba un joven acosado en el instituto, el tono era más social y dramático, pero seguían manteniendo el pulso de la descripción de personajes y el pulso del barrio. Un año después, dieron el salto al medio televisivo, la apuesta era Pelotas, de la que hicieron un par de temporadas, el protagonismo se lo llevaban unos personajes de barrio que se alegraban y enfadaban por culpa de un equipo de fútbol de regional, todo contado a través de esa comedia social con tintes dramáticos.

En su tercera película, han cambiado de rumbo, quizás mantienen el espíritu de alguno de sus personajes de barrio, pero ahora cambian de escenario, meten a sus criaturas a bordo de un tren que despega de Barcelona con destino a Madrid la noche de fin de año. En un momento del viaje, en mitad de la nada, la línea se queda sin tensión y el tren se detiene. A partir de ese instante, empezaremos a conocer a sus variopintos y extremos personajes: su tripulación, un maquinista obsesionado con su padre y el orden, un subalterno, simpático y enamorado de la chica de la cafetería, que anda muy perdida con ganas de salir corriendo, también, tenemos a un cargo público que huye junto a su amante, una pirada escolta, con un maletín lleno de dinero, una pareja que se morrean, él, psicótico y ella, japonesa, un modernillo enfermo de las nuevas tecnologías, un árabe con un bulto sospechoso, un joven matrimonio, él, obsesivo del móvil y tonto de capirote, y ella, de carácter y a punto de dar a luz, una atractiva sola y borracha, y para rematar el cuadro, una pareja de abuelos, que el marido se quedará fiambre.

Incidencias

Con este panorama, el intento de los directores es evidente, plantear una suerte de comedia disparatada, llena de situaciones rocambolescas, y cargas de tensión donde las horas que van pasando con el tren detenido, harán aumentar el nerviosismo de los personajes y la locura se irá apoderando de las relaciones y desencuentros que se van generando. La intención de hacer una comedia de lo disparatado de la realidad social del país tiene su gracia, aunque aquí, no acaba de funcionar, el mejunje es demasiado extremo, y no hace ni pizca de gracia, carece de complicidad con el espectador, unas situaciones demasiado rebuscadas que no acaban de implicar la necesaria empatía con los personajes, un microcosmos estereotipado que no cuaja y además se tiene la sensación que cada uno de los personajes está representado algo o alguien. Parece un humor de antes, trasnochado, que ya no cala en los espectadores, y para acabar de adobar todo el contenido, nos presentan unas entrevistas que aluden a lo ocurrido esa noche en el tren, que no encajan en la trama, y además rompen el ritmo que pretenden imponer en la historia. Ni el buen hacer del magnífico plantel de intérpretes salva la función. Recuerda en tono y situaciones a Los amantes pasajeros, de Almodóvar. Deseemos que Corbacho y Cruz vuelvan a su universo, a su barrio, que tan buenos resultados les había dado, a esos héroes cotidianos que trabajan duro por traer un trozo de pan a casa, de la cervecita del bar, el súper de la esquina, en el retrato de esas gentes humildes que tiran pa’lante con su vida como pueden junto a sus amigos y familia.

Anacleto: Agente Secreto, de Javier Ruiz Caldera

poster-anacletoPARODIANDO UNA DE ESPíAS

El personaje de Anacleto ya había debutado en la gran pantalla brevemente, fue en la película El gran Vázquez (2010), de Óscar Aibar, (cinta donde se relataban las andanzas del famoso historietista, que también servía de homenaje al cine patrio de los 60). Anacleto aparecía a modo de animación interactuando con su propio creador. Ahora, llega su salto a la gran pantalla, como anteriormente dieron el gran salto otras criaturas de la Editorial Bruguera como Mortadelo y Filemón, El Capitán Trueno o Zipi y Zape, con resultados desiguales.

El responsable de esa aventura cinematográfica ha sido el director barcelonés Javier Ruiz Caldera, el joven director sigue en su cuarto título de su carrera, el camino emprendido en su debut Spanish Movie (2009), una parodia sobre cine español surgida a raíz del éxito de Scary movie, le siguió tres años después Promoción fantasma, aquí el objeto de la mofa radicaba en las cintas estadounidenses ambientadas en institutos donde los estudiantes se enfrentaban a terroríficos asesinos. La tercera incursión en este género paródico fue hace un par de años en la excelente y rabiosa 3 bodas de más, (donde se reía de esas comedias romanticonas americanas donde la chica angelical y de vida profesional triunfante fracasa constantemente en el amor). Caldera paría una agitada y buenísima comedia con patosa científica e inmadura emocionalmente que se veía envuelta en las mil y una en la caza del amor romántico. Ahora, se enfrenta en la difícil tarea de adaptar un cómic legendario en la historieta española, y creado por uno de los grandes, Manuel Vázquez Gallego (autor también de Las hermanas Gilda y La familia Cebolleta, entre otros) en el 1965 como parodia del agente James Bond 007, que en el 1962 había debutado en el cine en la película 007 contra el Dr. No, no obstante el autor se declinaba más como referencia el personaje Maxwell Smart e la serie televisiva Superagente 86. Ruiz Caldera sale airoso del envite dotando a su película de comedia clásica, hay trompazos, golpes y persecuciones al más puro slastick, y cómo no, también hay comedia, como en sus anterior films, esta vez una comedia física, de carreras, de nervios, disparos, explosiones, de constante tensión. Nos recuerda mucho a la saga de Torrente, de Santiago Segura, aunque la comparación es obvia, ya que el personaje de José Luis Torrente y sus andanzas beben y mucho del universo Bruguera y esa idiosincrásica carpetovetónica tan arraigada en nuestro ser.

La película coge la esencia del tebeo, con abundantes guiños y referencias al universo Bruguera y Vázquez: el arranque de la cinta con el desierto de Gobi, perdido en el culo del mundo, y ese inicio a lo Bond, los innumerables tics paródicos de objetos, escondrijos y demás herramientas andrajosas y fueras de tiempo, el inseparable cigarrillo, el smoking con pajarita, y esos andrajosos edificios, llenos de recortes y oficinistas caricaturizados y esa (des) organización que recorre toda la trama, sin olvidarnos de su archienemigo “El malvado Vázquez”, parodia del propio creador y de esos siniestros monstruos de las películas de 007. La película se desarrolla a un ritmo vertiginoso, con una ambientación atemporal, porque por un lado tiene un look muy de los 70, con esos edificios interminables ubicados en barrios colmenas y plazas de estética cutre, y mercados a la vuelta de la esquina , y por otro, se cita a películas actuales del tipo sagas de Misión imposible y Jason Bourne. El reparto, con algunos de los habituales del director,  ajustado y definido también hace un espléndido trabajo, la elección de Imanol Arias como ese Anacleto, cansado y viejo es muy acertada, Quim Gutiérrez como hijo del antihéroe se destapa como el patito feo que da el salto sacando la bestia que lleva en su interior, Berto Romero, como amigo patoso y listillo, Carlos Areces, que raya a gran altura en la piel del malo, y no menos su grupito de secuaces que lo sigue hasta la muerte, sin olvidarnos de esa familia disfuncional y cutre que tanto conocemos todos. Quizás la película decae en algunos momentos cuando intenta aclarar ciertos elementos, porque cuando dan rienda suelta a la locura y la parodia, metiendo caña y soltando libremente el despiporre y la caspa, la cinta aumenta su energía y sus salvajadas, y sus ganas de hacer reír y divertir al personal riéndose de todo y todos, sobre todo, de si mismos, y de ese cine de espías de escuadra y cartabón que tanto se ha gustado a si mismo.

 

Torrente 5: Operación Eurovegas, de Santiago Segura

Torrente_5_Operaci_n_Eurovegas-241259676-largeVuelta a los orígenes

En 1998, Santiago Segura, sorprendió a propios y extraños con Torrente, el brazo tonto de la ley, dónde ejercía las funciones de guionista, director y protagonista de una comedia que recogía las andanzas y desastres de un policía español, fascista, machista, racista, alcohólico y del atleti, a través de un humor soez y grueso, donde hilvanaba de forma ingeniosa una trama de tráfico de drogas. La película arrolló en taquilla y dio el pistoletazo de salida a una saga insólita en el cine español, cinco entregas del mismo personaje ha filmado Segura hasta la fecha, algunas más conseguidas que otras, pero siempre ofreciendo lo que el público pide, humor e historias políticamente incorrectas, donde el realizador madrileño, se despacha a gusto contra políticos, banqueros, y demás poderosos. Sus referencias son múltiples y muy variadas, el inspector Clouseau, Jerry Lewis, los dibujos animados, Hommer Simpson, los tebeos de Bruguera –Mortadelo y Filemón, Anacleto agente secreto…- las comedias de Lazaga y Ozores, el cine del destape, el esperpento, la picaresca, el splastick, el cine trash, las películas de James Bond, las comedias blancas italianas, Louis de Funes… Las historias se plantean a través del alter ego, José Luis Torrente, y una retahíla de freaks, a cuál de ellos más retrasado, anormal y excluido social, que tienen una misión totalmente descabellada y gamberra entre manos, en la que deberán acabar con algún millonario psicópata. Un cine popular, un cine para el gran público, que sólo pretende hacer reír y divertir, que devuelve a la palestra a actores de aquel cine popular como Tony Leblanc, Fernando Esteso, Andrés Pajares, y algunos humoristas de los nuevos tiempos como Chiquito de la Calzada o los componentes de Muchachada Nui. La última entrega de la saga, Torrente 5: Operación Eurovegas, es una vuelta a empezar, donde recupera la buena sintonía y el espíritu de la primera aventura, un giro de tortilla, Torrente, el defensor de la “ley”, se pasa al lado oscuro. Una película donde nos volvemos e encontrar con el personaje de Cuco, -visto en la 2ª parte- ahora interpretado por Julián López, con Rafi (Javier Cámara), los personajes-escudero más conseguidos de la saga. Segura nos hace viajar en el tiempo, nos fija su relato en el año 2018, España sigue siendo un país desolador, nos han echado de Europa, hemos vuelto a la peseta y los únicos empleos que se encuentran son precarios. Torrente sale de la cárcel, y se encuentra con un mundo desconocido, el suyo ha desaparecido, está fundido en ruinas, así que la única salida posible que se encuentra, es el delito y nuestro antihéroe se convierte en un fuera de la ley, y planea junto a unos descerebrados, como no podía ser de otra manera, el golpe del siglo, atracar el casino de Eurovegas, siguiendo la ayuda del diseñador americano del sistema de seguridad del casino, que conoció en prisión. En el ambiente, todo el tinglado nos recuerda a El quinteto de la muerte, Atraco a las 3, La cuadrilla de los 11, Rufufú, todos ellos, ladrones de pacotilla y por necesidad, metidos en jaleos de muy señor mío. El cine de Segura es divertido, conecta con un público, que lo ha convertido en un fenómeno sociológico, a través de ese humor irreverente tan de aquí, de la burla, la grosería, de muchachas en bolas, bares de carretera, puticlubs, todo con mucha mugre y grasiento, donde no falta la crítica social, y sobre todo, las abundantes carcajadas y risas.