Un hogar en el mundo, de Andreas Koefoed

poster_castUNA NUEVA VIDA.

Nos encontramos en la pequeña localidad de Lynge (Dinamarca) en la escuela de la Cruz roja, que acoge 120 niños refugiados, niños que aprenden danés mientras esperan a ser admitidos en el país. Son sólo unos cientos, de los más de 2000 niños que piden asilo cada año en Dinamarca, de un total de más de 14000 refugiados. Todos huyen de sus países de origen por el mismo problema: la guerra. El cineasta Andreas Koefoed (Copenhague, Dinamarca, 1979) cone xperiencia desde el 2001 en el campo documental en el que ha trabajdo sobre temas diversos en el que el foco principal se posa en la existencia humana y sus conflictos. Aquí, sigue a cinco niños, muy diferentes entre sí, que sueñan con tener una vida tranquila, lejos de las bombas y las penurias de sus vidas en sus países de origen. Se inicia con Magomed, de Chechenia, y la película se estructurará a través de la cotidianidad, y sobre todo, en la mirada de este niño, un niño introvertido, al que le cuesta adaptarse y comunicarse, aunque destaca por su inteligencia. Luego, conocemos a Sehmuz, de Siria, en su paso a la escuela pública, después de la concesión de su asilo. También, sabremos de Alí, de Afganistán, de Heda, también de Chechenia, y finalmente, de Amel, de Bosnia. Todos ellos, niños que han crecido en situaciones de guerra, que han conocido la huida, el miedo, y la desesperación.

still_1_3_790x398

La mirada de Koefoed es serena y reposada, seguimos la cotidianidad de las clases, y vamos viendo los diferentes niveles por donde irán pasando estos niños en su ansiado sueño de obtener el asilo, y pasar a la escuela pública, y permanecer junto a su familia en un país diferente, donde hay oportunidades, y sobre todo, no hay guerra. El cineasta danés filma su película desde la cercanía, mostrando sensible al tema que maneja, pero sin agobiar a sus personajes, dejándolos ser ellos mismos, olvidándose de que los están filmando, capturando desde la intimidad su tiempo y espacio, explorando sus miradas, sus gestos, y manteniéndose a la distancia suficiente para filmar sus emociones, sus miedos, sus disgustos, sus preocupaciones, y todo aquello que les hace felices, amenaza o les preocupa. Koefoed es sensible y delicado en su forma de penetrar en las paredes de este colegio-milagro (que desgraciadamente a día de hoy ya no existe, los recortes del gobierno danés han provocado su cierre), en filmar con proximidad y delicadeza los conflictos que se generan entre unos y otros, entre los educadores y los alumnos, en un entorno que se respira pedagogía de grandísima altura, donde la adquisición de conocimientos es importante, porque los llevará a tener herramientas necesarias para desenvolverse por sí mismos en el país extranjero, aunque también, se valoran las cualidades emocionales, se prevalece en favor de su libertad individual, y en aumentar sus capacidades emotivas.

ahitw_text06-800x450

Koefoed no olvida a los progenitores de estos niños, a los que también les ofrece su espacio, aquellos que luchan diariamente con la estúpida e inhumana burocracia para conseguir quedarse en el país de acogida. Unos padres que hablan con los docentes, explicándoles las diversas situaciones en las que se encuentran. La mirada de Koefoed a la cotidianidad de la escuela, a sus clases, a sus horas de patio, y los momentos de manualidades, recuerdan a otros cineastas que también han abordado con inteligencia y emoción la realidad de la educación como François Truffaut, Bertrand Tavernier, Nicolas Philibert, Vittorio de Setta, Hana Makmalbaf, Mariana Otero, entre otros, que con igual fortuna se han adentrado en el maravilloso mundo de aprender, en los que tratan temas y conflictos, desde una forma naturalista, contando historias sociales, en las que reflexionan y profundizan sobre una realidad cercana, una realidad que los gobernantes olvidan y no aportan todos los medios humanos y materiales para solucionar los problemas. Koefoed ha hecho una película sencilla y maravillosa, porque no decirlo, construida sobre una base humanista, siguiendo las vidas de unos niños demasiado jóvenes para vivir esas vidas, y demasiado inocentes para entender el mundo tan inhumano que les rodea. Un cine humanista desde la emoción más pura, que visibiliza sobre los temas actuales, los temas que hay que hablar, aquellos que no se pueden ocultar, ni mirar hacia otro lado, y el cine, como medio artístico que explora el ser humano debe extudiarlo como mencionaba Brecht: “Un arte para el pueblo y por el pueblo, que hable de los temas sociales, culturales y políticos”. Un cine que atrapa las miradas de los seres humanos en continuo conflicto emocional con ellos mismos y su entorno, unas personas que sólo necesitan sentirse bien consigo mismos en un lugar que los entiendan y sobre todo, que los cuide y los proteja, no los violente y tampoco los mate.

No me quites, de Laura Jou

no-me-quites-cartelEL COMBATE DEL AMOR.

Laura se encuentra en casa, esperando algo o a alguien, está muy nerviosa y excitada. Se abre la puerta y entra Luis, los dos se miran. Llevan separados unos meses y vuelven a verse. Ella quiere volver a estar junto a él, él no, dejó la relación porque quería estar sólo, pero ahora está ahí, frente a ella. La directora Laura Jou debuta en la dirección, después de una trayectoria que, se inició como actriz, y luego ha destacado como directora de actores y más concretamente como directora de actores infantiles, faceta en la que ha trabajado en grandes producciones con directores como Villaronga, Bayona, Ventura Pons o Alejandro González Iñarritú, una trayectoria en la que además hay que añadir la docencia como profesora de su propio estudio de actores. Su primer trabajo como directora es un viaje hacia el abismo del amor, filmado en un único espacio y construyendo toda su trama a través de los intérpretes (oficio en el que Jou se maneja muy bien).

20160304095052_foto3

Jou nos propone un película de amour fou, de desamor, de recuperar lo perdido, en el que asistimos a un combate en toda su forma, dos seres que parecen estar uno al extremo del otro, ella, Laura (excelente composición de desnudez tanto física como emocional de Laia Costa, surgida de la serie Polseres vermelles, aunque desatada en la producción alemana Victoria, que le ha valido un gran reconocimiento internacional) y él, Hammudi Al-Rahmoun (debutante en la actuación, ya que hasta ahora ha estado dedicado a la dirección, campo en el que presentó la estimable Otel.lo, una nueva aproximación al universo Shakesperiano a través de la construcción de una película). Los dos se lanzan al más profundo de los precipicios, unos diálogos desafiantes y cortantes, en estado de confrontación y lucha, y unas tomas largas al incio que darán paso a unos planos cercanos, en los que casi podremos tocar a los intérpretes, respirar junto a ellos, sentir todo lo que están experimentando, en el que sentimos su agobio y tensión, nos ayudan a sumergirnos en esta maraña de emociones contradictorias, complejas, y difíciles de sentir y comprender. Jou maneja el ritmo de forma endiablada, la película de 14 minutos de metraje, viaja a un ritmo vertiginoso, no cesan de suceder situaciones en las que Laura intenta por todos los medios a su alcance retener al hombre que ama, aunque eso la lleve a arrastrarse, suplicar o implorar su amor a los cuatro vientos. La actitud de él también es contradictoria, no quiere volver con ella, se lo deja muy claro, pero tampoco parece querer marcharse, es como si algo lo retuviese, cuando decide hacerlo, marcharse, dejar esta situación incomóda, ella utilizará todas sus artimañas femeninas para conseguir retenerlo para que vuelva a sus brazos.

no-me-quites

Jou para su primer trabajo como directora se ha rodeado de un equipo de gran altura, en la producción encontramos a la productora Corte y Confección (que ha producido entre otros la reciente La próxima piel, Requisitios para ser una persona normal, la citada Otel.lo o el estimable documental Ich bin Marco, sobre la impostura de Enric Marco) que junto a J. A. Bayona producen el filme. En fotografía se encuentra Andreu Martí (surgido de la ESCAC con amplia trayectoria en equipos de fotografía de diversas películas) y el montaje de Jaume Martí (habitual de Bayona y de tantos otros). Una película que atrapa desde el primer instante, en el que nos introducimos en un espacio muy reducido, donde se desatarán los más bajos instintos del deseo o el apego de cada uno de los personajes, dos seres que no parecen tan alejados como parece querer demostrarnos. Jou construye una película directa, con un conflicto mínimo, pero sabe extraer toda la complejidad de la situación que se genera, sabiendo dotar a su relato de ese aroma de thriller romántico en el que las cosas no son lo que parecen, y cada plano o encuadre nos lleva a un nuevo conflicto del que no sabremos cómo se irá desarrollando ni que surgirá. Una cinta intensa y bien filmada que deja un excelente huella dentro del panorama del cortometraje, unas cualidades que se vieron altamente recompensadas en el Festival de Cine de Málaga, donde el trabajo de Jou se alzó con tres de los premios más importantes, y partir de ahí, un periplo de más de medio centenar de festivales alrededor del mundo, los cuales han podido ser testigos de hasta donde somos capaces de llegar con tal de recuperar al ser amado y dejar de sentirnos más solos de lo que estamos.


<p><a href=»https://vimeo.com/147171139″>NO ME QUITES. Shortfilm</a> from <a href=»https://vimeo.com/andreuadamrubiralta»>Andreu Adam Rubiralta</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

La muerte de Luis XIV, de Albert Serra

llxiv_castLA AGONÍA DEL REY.

“Este libro es un acto decididamente político, ya que denuncia el espectáculo: quiero decir, la ficción irrisoria a la que se encuentra reducida la expresión audiovisual en nuestra sociedad, así como el contagio que ésta padece, convertida, en su esencia, en una sociedad del espectáculo. Por primera vez desde que existe el hombre, poseemos un medio de comunicación universal por su inmediatez, a diferencia de la escritura, que supone una previa condición cultural. ¿Y qué hemos hecho? Una especie de juego circense que corrompe todo el mundo y todos los temas”

Roberto Rossellini

Con estas palabras enormemente significativas y precisas, se abre la autobiografía del cineasta Roberto Rossellini, toda una reivindicación del arte cinematográfico como herramienta fundamental para retratar al hombre y su tiempo, olvidando la superficialidad en la que se ha convertido. Definición muy apropiada al cine de Albert Serra (Banyoles, Girona, 1975) ideado y construido a partir de la desmitificación del mito o leyenda, en un viaje introspectivo en el que penetra en la profundidad del alma de sus personajes, ya desde su primera película, Honor de caballería (2006) retrató lo ordinario e íntimo de El Quijote, retratando una de las figuras esenciales de la  literatura universal. La película de Serra filmada en exteriores nos trasladaba en un viaje sin fin en el que el ilustre hidalgo perdía su gallardía y grandeza para convertirse en un ser corriente, anciano que se movía con dificultad, junto a su fiel escudero Sancho Panza. En El cant dels ocells (2008) seguimos el viaje de los tres reyes magos, unos personajes muy alejados de su magnificencia, aquí se convertían en hombres sencillos, con manías y miedos, que viajaban a pie en busca de su destino.

a105

En 2011 realiza Els noms de Crist, para una exposición en el Macba, sobre el proceso creativo del cine en un trabajo inspirado en la mística de Fray Luis de León. Al año siguiente, esta vez para el CCCB, dirige El senyor ha fet en mi meravelles, en la que, junto al equipo de Honor de Cavallería, recorría los lugares de El Quijote. En 2013, como encargó del dOcumenta de Kassel realiza Els tres porquets, un retrato de Goethe, Hitler y Fassbinder, tres de las figuras más relevantes de la Historia de Alemania. En el 2013 presenta Història de la meva mort, en la que filma el soñado encuentro entre Casanova y Drácula, dos figuras que representan el Racionalismo que está llegando a su fin, enfrentado al Romanticismo que se abre paso. En el 2015, para el pabellón catalán de la Bienal di Arte di Venezia, realiza Singularity, 12 horas de película en las que describe la transformación del siglo XX a través de la minería y la prostitución.

actualidad_126248552_5178278_1706x960

Ahora, con La muerte de Luis XIV, nos devuelve al siglo XVIII, donde transcurría buena parte de la historia de Casanova y Drácula, a su verano, y a las dos semanas que transcurrió la lenta agonía del monarca. Esta vez, Serra (como viene siendo en su cine reciente, ha dejado los paisajes naturales para introducirse en espacios cerrados y agobiantes) nos encierra en la habitación del Rey, y alrededor de su cama fúnebre, en una primorosa pieza de cámara, en la que asistiremos a las horas y días que se irán consumiendo lentamente, observando cómo su doctor personal y científicos se mostrarán incapaces para detener la imparable gangrena que afecta a su pierna izquierda. También, le visitarán cortesanos, eclesiásticos, ministros, damas gentiles, su hijo, y sus perros. Serra nos construye una película histórica que nos recuerda al aroma de las producciones francesas, en las que se huye de la espectacularidad y los éxitos del personaje en cuestión, para adentrarse en su carne, en los tejidos naturales que no vemos, en las entrañas de que está compuesto, en esa humanidad decrépita que contamina todo el espacio. Podríamos encontrar en el cine de Rossellini realizado para televisión en el mejor modelo donde Serra encontraría su inspiración, en La toma del poder por parte de Luis XIV (1966) que podría ser el reverso del espejo de ésta, en la que la grandiosidad de aquel momento, se contrapone con el final triste de sus días, o Sócrates (1975) y El Mesías (1975), por citar sólo algunas, en las que Rossellini devuelve a la televisión su esencia, dotando a las historias del rigor necesario, construyendo obras que retratan el humanismo de estos personajes de la historia, idea en la que también profundizaría Pasolini en sus frescos históricos como El evangelio según San Mateo (1964), Edipo Rey (1967) o Medea (1970), o Sokurov en sus obras dedicadas a los dictadores del siglo XX,  a Hitler en Moloch (1999), Lenin en Taurus (2001) y Hirohito en Sol (2005).

thumb_1894_media_image_975x616

Serra habituado a trabajar con actores no profesionales, ahora lo hace con Jean-Pierre Léaud, figura esencial del cine europeo del último medio siglo. Aquí, se introduce en la piel arrugada y envejecida del Rey, que fue llamado “Rey Sol”, pero en este momento, toda aquella luz que lo iluminaba ha dejado paso a la penumbra y la oscuridad en la que se ha visto reducida su existencia (como le ocurría a Barry Lyndon). Y la presencia del actor Patric D’Assumçao (visto en El desconocido del lago) como Fagon, el inútil doctor. El director de Banyoles, interesado en la humanidad y la decadencia de aquellos que todo lo fueron, en su lenta desaparición, genera ese paisaje humano de luz velada obra del cinematógrafo Jonathan Ricquebourg (que retrató la imagen animal de Clan salvaje), en la que la estancia del rey se apodera del relato en la que la magnífica dirección artística de Sebastian Vogler (cuarto filme con Serra) cuida el detalle y la rugosidad de cada pliegue, cada objeto y forma, en la que predomina ese intenso rojo en contraposición con los ropajes ampulosos y esos pelucones extravagantes que presiden la ceremonia a la que asistimos casi en silencio, porque Serra decora su espacio de miradas, gestos y gritos, los alaridos de dolor del Rey que rompen el silencio de palacio, aunque el maravilloso diálogo pronunciado por Vicenç Altaió (repite con Serra después de su inolvidable Casanova) en un personaje que viene a deslumbrar con sus ideas científicas, y su idea sobre la vida y el amor, aunque tampoco acaban de tener el efecto esperado en la salud del Rey.

13_ampliacion

Serra, acompañado de su equipo habitual, deja su catalán de Banyoles, para filmar en francés por primera vez, en una película que recoge el espíritu contestatario e irreverente de su cine, una mirada alejada de cualquier convencionalismo que podamos imaginar, un cine construido desde la sinceridad del autor que conoce su oficio, un trabajo al que da forma profundizando en su diferentes formas de representación, y en todos los medios narrativos y expresivos a su alcance, ya sea en el cine, la televisión, en el museo, o en su capacidad para sumergir al espectador en mundos en desaparición, universos que se resisten a desaparecer (con ese aroma tenebroso de decadencia mortuoria que presidía el cine de Visconti) paisajes humanos donde todo parece inútil y banal, pero que oculta toda la esencia de un cine cimentado en la humanidad de unos personajes que mueren lentamente, casi sin darse cuenta, creyéndose que con su muerte todo cambiará, aunque todo seguirá igual.

La pols, de Llàtzer Garcia

cartel-la-pols-cenizasVOLVER A SENTIR.

Ruth corre para huir de su inexistente vida, aferrada inútilmente a un pasado que ya no va a volver. Jacob, por su parte, anda metido en su mundo, un espacio que lo ha empujado a una vida sin ilusión y abocada a un presente vacío. Entre ellos, Alba, la novia del hermano ausente Abel, que vive y se siente feliz junto a Jacob, ya que no tiene que fingir y vivir como desea, sin necesidad de agradar, sólo siendo ella misma. Tres personajes, tres almas arrojadas impunemente a un presente demasiado duro y difícil, tres almas que deben seguir aunque les cueste. El conflicto de la película se desata con la muerte del padre, un padre que provoca sentimientos confusos y chocantes, aunque a medida que avance la trama iremos descubriendo su verdadera naturaleza. La Pols pertenece a ese grupo de obras intimistas (sólo tres personajes que se mueven, como fieras enjauladas, casi en único espacio) que se convierten en una película madura, con hechuras, una cinta de gran encaje formal y narrativo que explica situaciones y problemas de fuerte contenido emocional y social.

la-pols-stillframe-1

Su vida arrancó en las tablas, en la Sala Flyhard, en la que durante un par de temporadas divirtió, asombró e interpeló a todo aquel público inquieto y curioso que se acercó a verles. Su artífice Llàtzer Garcia (Girona, 1981) escribió un texto de gran dramatismo, pero sin agobiar, unos diálogos cortantes, en continuo combate entre esos hermanos que parecen odiarse, que constantemente están recriminándose sus actitudes, que viven juntos a su pesar, por una cuestión económica, que no se aguantan, aunque desean perderse de vista, tienen más en común que aquello que los separa.Ahora, de la mano de Astrolabi Films y su responsable Josep Pi (con amplia experiencia en producción en los que ha trabajado con Villaronga, Eduard cortés, Bigas Luna o Cesc Gay…) ha levantado una producción sencilla y honesta, que bebe de aquel Free Cinema británico que cambió las actitudes y formas de la manera de acercarse a los problemas de índole social, económica y cultural de parte de la población más desfavorecida, y el cine de Cassavetes, en el que priman los rostros de los personajes, los espacios desnudos y unos diálogos profundos y tremendamente emocionales, todo de esto hay en esta película, que ha contado con el mismo equipo que la representó en teatro, en un viaje parecido a la reciente El rey tuerto, de Marc Crehuet.

la-pols-stillframe-2

Garcia sale muy airoso del reto, cuenta con un poderoso guión y un gran trío de intérpretes (también debutantes en cine): Guillem Motos como el impertienente y evasivo Jacob, Laura López en la huidiza y dureza de Ruth, y la soñadora Alba, encarana por la dulzura de Marta Aran, el puente que une las fracturas entre hermanos, que manejan con energía y emoción unos personajes complejos, de pasado tenebroso, que se mueven casi por inercia, que gritan ahogados sus miedos y males, que les cuesta horrores comunicarse y sobre todo, expresar lo que sienten. El director gerundense nos atrapa desde el primer instante, acota su trama en un par de días, desde que sabemos la noticia de la muerte hasta el entierro, introduciéndonos en las cuatro paredes de una vivienda con una densa atmósfera, un paisaje que asfixia, que duele, con esa luz apagada, muerta, sin vida (obra de Paco Amate, en un trabajo enorme, lleno de sobriedad y pulcritud) componiendo una puesta en escena que combina las tomas largas con diálogo con planos cortantes y muy cercanos, casi podemos tocar a los personajes.

la-pols-stillframe-3

La cinta consigue mantenernos vivos, participativos y nos interpela sin parar, siguiendo a sus maltrechos personajes, unas almas que huyen de sí mismas, y de un entorno agobiante de una ciudad de provincias, de esas en las que no hay nada que hacer, o sólo se hace lo que dicta la sociedad, sin respiro, continuando la tradición familiar, sin tiempo para pensar, aferrados a unos convencionalismos sociales que no concuerdan con lo que uno respira, con mantener un duelo porque es lo que toda, sobre dos hermanos que aparentemente se odian, que necesitan el uno del otro más de lo que ellos creen, porque las cosas nunca tienen sentido, y se desplazan a través de emociones que no entenderemos, y eso sí, no deberíamos dejar que se perdieran, sino escucharlas y hacer lo posible para que nuestras vidas se parezcan a eso que sentimos, aunque sea un instante, sólo eso.


<p><a href=»https://vimeo.com/124689804″>La Pols – Trailer Estrena 25 de Novembre</a> from <a href=»https://vimeo.com/astrolabifilms»>Astrolabi Films</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Amarás sobre todas las cosas, de Chema de la Peña

poster_amaras-sobre-todas-las-cosas-5mbEL AMOR ABISMAL.

«No habrá más estabilidad, sólo desequilibrio»

Teo, un pintor en crisis conoce una noche a Ana. Una noche sin fin en el parece que todo es posible, donde deambulan por las calles céntricas de una gran ciudad, recorren los lugares entre risas, confidencias, arrumacos y demás intimidades. La noche acaba con un simulacro de boda. Teo es pura pasión desbordante, de personalidad arrolladora y encantador, Lidia se deja arrastrar, abrumada por este torrente de vida de energía explosiva que se alimenta con una vida plena que se deja llevar por el instante, el momento de ahora. Pero, no todo es plácido y cálido en Teo, Lidia descubre su otro rostro, en aquellos en que todo se vuelve oscuro, y Teo se convierte en un ser ausente, malhumorado y esquivo. Teo es bipolar. El cineasta Chema de la Peña (Salamanca, 1964) que ha tenido una carrera ecléctica, en la que podemos ver títulos más industriales como su debut Shacky carmine (1999) o 23 F: La película, con obras de cariz documental como De Salamanca a ninguna parte, sobre las famosas conversaciones de los directores por allá en los 50, o Un cine como tú en un país como este, que recorría los debuts de cineastas como Colomo, Trueba, Carmen Maura, en la comedia madrileña de principios de los 80.

cut-amaras-sobre-todas-61dd11e

Esta nueva aventura cinematográfica Amarás sobre todas las cosas (de título con resonancias bíblicas) recoge, en cierta medida, el espíritu que recorría Sud Express (2006) que en tono documental y ficción, retrataba las vidas anónimas que transitaban por los lugares que atravesaba el tren desde París a Lisboa. Ahora, esta película realizada desde la más absoluta libertad y radicalidad, tanto en su producción (que ha abarcado un rodaje de un año filmando en diferentes etapas) como en su forma (compuesta por segmentos o secuencias con esa «luz mágica» del amanecer o atardecer, filmadas en diferentes lugares: ciudades, en pueblos, montañas, campos de colza, monumentos artísticos, y en diferentes épocas del año, donde vemos la primavera, la nieve y diferentes agentes atmosféricos, estructurados mediantes elipsis que nos llevan de un estado de ánimo a otro). Un película minimalista protagonizada por dos intérpretes, dos almas en tránsito, dos seres opuestos, dos seres que el amor los llevará por escenarios naturales (filmados con el aroma del mejor cine de Malick) llenos de vida, donde la alegría, la diversión y los momentos surrealistas se apoderarán de ellos, pero también vivirán el lado oscuro, esos paisajes que se convertirán en ceniza, en miedo, en oscuridad, en luces asfixiantes que los ahogaran y los conducirán a terrenos siniestros llenos de locura.

478698

La película parca en palabras, consigue de forma admirable llenar esos vacíos, donde el silencio se apodera de ellos, y mediante coreografías de danza (en la que sus personajes se desdoblan) creadas por la delicadeza de la prestigiosa Camille Hanson, en la que el cuerpo y sus movimientos contaminan la narrativa y el espacio, expresando todo aquello que resulta imposible con las palabras. Dos personajes compuestos por dos intérpretes de grandísima altura, Israel Elejalde (que recuerda a Vincent Cassel, por su magnetismo, personalidad y oscuridad) y Lidia Navarro (un contrapunto interesante que arrastrada al abismo del amor intentará no caer en él, y sentir lo que siente sin perder la razón o lo que queda de ella). De la Peña ha creado una película sincera, lúcida y amarga (que tiene más de una conexión con los (des) encuentros sentimentales de las criaturas de Mi amor, de Maïwenn Le Besco) un viaje emocional sobre el amor y la locura, sobre donde acaba uno y empieza el otro, sobre pasados tortuosos y emociones desequilibradas, llenas de amor y odio, de sentimientos contradictorios y sinceros, llenos de vida y muerte, de alegría y tristeza, de todo ello y de nada en sí mismo.


<p><a href=»https://vimeo.com/124197508″>Trailer AMAR&Aacute;S SOBRE TODAS LAS COSAS</a> from <a href=»https://vimeo.com/lavozqueyoamo»>La Voz Que Yo Amo</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Chevalier, de Athina Rachel Tsangari

Chevalier_poster_cat_ok¿QUIÉN LA TIENE MÁS LARGA?.

En La gran comilona (1973), de Marco Ferreri, cuatro amigos burgueses se encerraban en una casa para comer y fornicar hasta la muerte. Ferreri describía un capitalismo agonizante, y perdido en el más asoluto de los vacíos, un estado que sólo podia alimentarse a través de la avarícia, la gula y la lujuría, para soportar el irreparable tedio del que todo lo tiene e incomprensiblemente, le falta lo que ya no sabe. Athina Rachel Tsangari (Atenas, Grecia, 1966) cuarenta años después del artefacto satírico de Ferreri, aborda el capitalismo valiéndose también de un grupo de amigos, en este caso seis, seis almas que se encierran en un lujoso yate, en medio del Mar Egeo, donde dirimen sus cualidades físicas, a través de juegos y desafíos  que se disputan entre ellos. Con la colaboración en la escritura de Efthymis Filippou (guionista, entre otras, de Canino, Alps o Langosta, todas ellas dirigidas por Yorgos Lanthimos, y producidas, las dos primeras, por Tsangari). Tsangari que en su primera película Attenberg (2010), retrataba de forma cruda la vida de la joven Marina que, hastiada de todo, evitaba cualquier contacto humano, refugiándose en sus deseos más profundos.

chevalier_01

Ahora, sigue el camino iniciado, aunque ahora su entorno ha cambiado, nos muestra la Grecia alejada de la postal turística, y se desplaza hasta la Grecia ajena a la crisis económica, la de aquellos burgueses que, aburridos de sus vidas y sus preocupaciones, compiten por placer a ser mejor que el otro, sumidos en una estúpida competición, como lo suelen ser todas, por otro caso, en la que se ponen en juego sólo las cualidades físicas. Aquí, la intelectualidad ha desaparecido, no tiene cabida en este ambiente. El paisaje de la burguesía de nuestros días, no anda muy lejano a lo que plantea Tsangari, ese barco que navega para el placer y el hedonismo, donde no hay rastro de cultura ni valores humanos, sólo hay espacio para competir absurdamente y erigirse en el mejor que el contrario, y de esta manera convertirse en el líder al que todos seguiran y admiraran como ejemplo. Tsangari construye una película mordaz y extremadamente ácida, sus planos y encuadres transmiten el absurdo y la idiotez de este grupo, a cual más cretino y narcisista, cuestiona la masculininidad desde aspectos de servidumbre y patetismo, en una carrera sin cabeza para demostrarse, y sobre todo, demostrar a los demás, esa fuerza bruta carente de sentimientos, siguiendo los estereotipos de jefe de la manada, un tipo de hombre aburguesado que ha encontrado en el capitalisme más feroz y sangrante una manera de materialitzar sus instintos más bajos, en una existencia completamente vacía, rodeada de dinero, placer y tedio.

chevalier_07

La propuesta de la realitzadora griega no es nada convencional, su juego no tiene términos medios, o gusta o no, su mirada es desoladora y brutal, describe de forma sencilla y honesta a sus personajes, esas almas enfrentadas no al otro, sino a sí mismos, el de demostrarse continuamente que pueden superarse y ser mejores, aunque sea en los juegos o pasatiempos más absurdos e inútiles, en una espiral sin sentidcomo los que juegan a lo largo del metraje, aunque quizás la secuencia que mejor define la propuesta de Tsangari es aquella en que los hombres compiten a ver quién monta el mueble tipo Ikea en la mayor brevedad posible u otro, en el que uno de ellos reivindica su erección y el tamaño de su pene. Hay tiempo para momentos de total absurdidad como el número musical que se marca uno de ellos (que no desmerece en absoluto al que protagonizaban las dos Hermanas siniestras de Canino).

chevalier_04

Tsangari  ha creado una película valiente, desoladora y crítica contra una sociedad deshumanizada y a la deriva, que no encuentra nada que valga la pena, en la que después de amasar dinero y todo tipo de bienes materiales, luego, no hay nada que hacer, no se les ocurre nada útil hacia los demás y lo que les rodea, sólo tienen tiempo para medir las fuerzas con el otro, al que convierten en un contrario, una especie de amenaza al que hay que ganar, humillar y reirse de él, en una existencia muy vacía y tediosa, que ha encontrado en la competición una manera de llenar esa existencia sin expectativas humanas ni nada que se le parezca. El cine de Tsangari recupera elementos del cine de Lanthimos, haciéndolo a través de la descripción distante de lo que retrata y una profunda mordacidad en las situaciones dramáticas que plantean, que sobrepasan la realidad para convertirse en artefactos surrealistas que retratan unos personajes y un entorno devastadores, aunque también, podríamos decir que, el cine contemporáneo griego ha sabido transmitir las miserias de este capitalismo en crisis y la falsedad de esta Europa unida en hermandad, no ahondando en ejercicios sobre la crisis y los problemas sociales de los habitantes, de un modo realista, sino de otro modo, en comedias absurdas y siniestras, donde las cosas parecen suceder dentro de un orden establecido y complaciente, pero nada más lejos de la realidad, en el fondo, si nos detenemos a mirar esa aparente felicidad, encontramos la mugre y el hedor más repugnante de la compleja, oscura  y profundidad del alma humana.

La isla del viento, de Manuel Menchón

lidv-cartel-laureles-bajaEL POETA COMPROMETIDO.

“Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho. Me parece inútil pediros que penséis en España”.

Miguel de Unamuno

La película arranca en aquel fatídico 12 octubre de 1936, en Salamanca, con la Guerra Civil en total ebullición, en la que Miguel de Unamuno (1864-1936) como rector de la Universidad, se dispone a abrir el curso académico en presencia de las autoridades franquistas. Una mujer joven, Cala, le recrimina su actitud de benevolencia frente a los fascistas. Después de este breve e intenso prólogo, la película viajará hasta 1923, a la isla de Fuerteventura, en Puerto Cabras, un pequeño pueblo de campesinos y pescadores, lugar en que el insigne escritor pasó 6 meses de exilio forzoso por sus duras críticas a la dictadura de Primo de Rivera y al Rey.

_mg_3933

Manuel Menchón (Málaga, 1977) que ya había demostrado sus dotes para las historias humanas y críticas a favor de la justícia y contra el fascismo, en su debut en el largometraje con el documental Malta Radio (2009) donde filmaba la odisea de los nueve días que vivieron unos pescadores que rescataron unos inmigrantes del mar, y se vieron obligados a mantenerlos en su pequeño barco, debido a que Malta se negaba a auxiliar a los refugiados. En La isla del viento (hermoso titulo que obedece a ese lugar aparentemente bello, pero también, lleno de dolor) Menchón recoge un corto período donde seguimos a Unamuno, aquí interpretado de forma soberbia y primorosa por José Luis Gómez (que deja momentaneamente aparcado su teatro que tanto le ha dado) en la que nos olvidamos del magnifico actor onubense (que realiza una composición de alta escuela, donde la contención y la mirada componen de forma concisa todo lo que encierra el interior de Unamuno) para centrarnos en la figura del hombre, un hombre cansado, vilipendiado y huido, alguien que llega a la isla y se enconde de todos, y sobre todo, de sí mismo, alguien que ha sido expulsado por alzarse contra la barbarie de aquellos que gobiernan y mantienen al pueblo en la ignorancia y la miseria.

_mg_4636

Menchón cimenta su relato a través de la mirada del escritor, la camera lo sigue por la isla, inicialmente como un paisaje extraño y agobiante para Unamuno, pero que el tiempo, convertirá en su hogar, en un escenario donde también la injusticia y la maldad se extienden, apaleando la frágil voluntad de un pueblo hambriento y triste. Aquí nos olvidamos de la parte más conocida del escritor (estamos hablando de su extensísima obra con decenas de cuentos y relatos cortos, sus novelas de gran calidad como Niebla, La tía Tula, Abel Sánchez o San Manuel Bueno, Mártir, entre otras, su faceta como filosofo, como académico, en el que brilló como trabajador incansable por una universidad moderna y pedagógica, y no menos, su labor como político, a favor de la República y los valores de libertad y humanismo). Menchón dirigí nuestra mirada al alma del poeta, a su interior, al armazón que cubre esa severidad y hastío del inicio que lentamente dará paso al hombre comprometido con su tiempo, su tierra y su gente.

_mg_5332

La envolvente y excelente luz del cinematógrafo Alberto D. Centeno (autor de la extraordinaria imagen de El árbol magnético, de Isabel de Ayguavives, ente otras) ayudan a plasmar las emociones que marcan ese paisaje que emana más tristeza que alegria y más penurias y soledad, que risas y abrazos. Unos secundarios de peso ayudan a fortalecer la trama de la película: el cura con crisis de fe que no cree en los niños, el hermano del cacique que se compromete con el poeta, la mujer que admira al poeta y hará lo imposible por seguirlo, y la niña harapienta que descubre otro mundo, personajes que forman parte del paisaje en el que se mueve Unamuno, el hombre de su tiempo, el humanista que no puede callar las injusticias, y que se enfrentará a todos por el bien social y ayudar al desvalido a que su vida mejore, aunque le cueste incluso su propia vida.

lidv-4

La película volverá al presente que nos habían mostrado en la apertura, reconstruyendo de forma realista el momento histórico en que Unamuno, como cabeza visible de la Universidad de Salamanca, estalla contra el terror fascista enfrentándose al General Millán Astray, que clama muerte a los intelectuales, y a lo que responde Unamuno, con su habitual destreza con el lenguaje gritando el texto que encabeza esta crítica, entre los gritos y amenazas de los militares facciosos allí concentrados. La cinta de Menchón se cierra con la muerte del poeta, sólo y en silencio. Otro de nuestros más ilustres poetas, Antonio Machado, moriría al terminar la Guerra en un pequeño pueblo de la frontera francesa, momentos de tristeza que marcaran el devenir de esta España moribunda, a la que, tristemente, los que más la quieren, son aquellos que más daño le hacen.

Amor y amistad, de Whit Stillman

AF_A4_AMOR&AMISTAD LAS MANIOBRAS DEL AMOR.

La escritora Jane Austen (1775-1817) apenas tuvo ninguna repercusión en vida. Desgraciadamente, todo su éxito se produjo post mortem, cuando sus relatos cortos y novelas llegaron de forma masiva al gran público, tuvo el reconocimiento que se merecía. Sus obras se estructuran a través del punto de vista femenino, principalmente jóvenes de la alta burguesía provinciana, centradas en sus conflictos internos que giran en torno a cuestiones amorosas. Su rabiosa modernidad en retratar temas que profundizan sobre la complejidad del alma humana, exponiéndolos a través de una deliciosa ironía, en el que los detalles se describen de forma precisa en el retrato de los ambientes burgueses, y sobre todo, en las relaciones que establecen los personajes implicados en las tramas amorosas, incorporando cartas y notas, vehículos que utiliza para dar rienda suelta a la comicidad. A pesar de su corta obra, debido a su prematuro fallecimiento por enfermedad, Austen se ha convertido en una de las escritoras más importantes de la historia de la literatura.

Ross McDonnell

Whit Stillman (Washinton, 1952) que arrancó su carrera como agente de ventas de las primeras películas de Fernando Trueba y Fernando Colomo, en las que apareció en pequeños papeles, e incluso como productor en La línea del cielo, de Colomo, también tuvo tiempo para dedicarse a la literatura y el periodismo. Debutó en la gran pantalla con  Metropolitan (1990), que retrataba a un grupo nutrido de jóvenes burgueses neoyorquinos, le siguió Barcelona (1994), ambientada en los 80, en la que describía las andanzas de un joven estadounidense en la ciudad condal, cuatro años más tarde, presentó The last days of disco, con los 80 nuevamente como protagonistas, pero ahora, retratando a un par de amigas de la escena de New York. Un largo período de ausencia del cine, dedicados a la televisión, lo devolvió en 2011 con Damiselas en apuros, con Greta Gerwig (la musa de Baumbach) como protagonista, en la que seguía a unas jóvenes díscolas también de N.Y. Ahora, nos volvemos a encontrar con Stillman adaptando una obra corta de Jane Austen, Lady Susan, que debe el titulo de Amor y amistad, curiosamente, a un relato primerizo de Austen. Aquí, el relato también pertenece a los inicios de Austen, y en los ambientes provinciales ingleses de 1790, en la que conocemos a Lady Susan Vernon, una viuda reciente, que llega a Churchill, junto a su hija adolescente Frederica, a hospedarse en la casa familiar de su familia política, los Decourcy. Su llegada convulsiona el lugar, debido a su fama de promiscuidad y los secretos de sus verdaderas intenciones, que según cuenta, son puramente encontrar esposo a su hija, aunque su objetivo es puramente económico. El joven de los Decourcy se siente fuertemente atraído por la viuda que, juega con él y se deja querer, aunque la dama “distinguida” parece beber los vientos por otro apuesto caballero que reside en la ciudad, aunque mientras tanto se divierte en el juego del amor, tanto con el joven citado como con otro acaudalado y mojigato caballero, mientras, para pasar el rato, comparte confidencias con su joven amiga norteamericana Alicia Johnson, casada por conveniencia con el rico y aburrido Sr. Johnson.

38-landf_059

Stillman describe con astucia y sencillez todas las tramas y caracteres que se cuecen soterradamente en el ambiente, no hay excesos melodramáticos ni subrayados innecesarios, y alguno que hay, lo utiliza para mofarse de estos señores aburridos de almacenar riqueza. Stillman va al grano, nos divierte de forma sutil, no provoca grandes carcajadas, aunque soltemos alguna que otra, sino más bien, esa media sonrisa de finísima ironía que a ratos conlleva amargura y tristeza, que utiliza ingeniosamente,  para acentuar los conflictos que desata la belleza arrebatadora de la viuda. Estamos ante una película de corte “british”, muy alejada del tono estadounidense. Aquí todo bulle a fuego lento, la trama va in crescendo de forma reposada y suave, las formes distinguidas de los personajes, aparentemente, dejan paso a esos devaneos sentimentales que los arrastran incomprensiblemente a los brazos de quienes menos los valoran, aunque a simple vista, pueda parecer lo contrario. La pluma de Austen sacude con energía cada fotograma de la película de Stillman, nos emociona y nos conmueve, sin pasarse claro, en su justa medida, y también, cómo no, nos invita a la reflexión, de que diantres esta formada la compleja naturaleza humana, y a que se debe que muera por el ser más infecto, y en cambio, ni tenga en cuenta de aquel que lo cuida y lo valora, cuestiones difíciles de discernir, que diría el poeta.

74-landf_day20_136

Amor y amistad se suma,  saliendo por la puerta grande, a otras adaptaciones cinematográficas, que con gran acierto han sabido retratar el espíritu y paisaje moral de Austen, y ese mundo de jóvenes heroínas que mueren de amor, como Sentido y sensibilidad (1995), de Ang Lee, Emma (1996) con Gwyneth Paltrow u Orgullo y prejuicio (2005) con Keira Knightley, entre otras. Stillman ha filmado una gran adaptación, con un elenco extraordinario entre los que destacan la sorprendente sutileza y elegancia de la simpática pérfida Lady Susan (que nos recuerda a ciertas maneras y astucias del arribista  y sinvergüenza Barry Lyndon, en otro contexto eso sí, de la película homónima de Kubrick) que interpreta Kate Beckinsale (alejada de sus papeles como violent femme de palomiteros blockbusters) y su confidente damisela, la interesante Cloë Sevingy (éstas dos repiten con Stillman después de The last days of disco) y un buen ramillete de intérpretes ingleses, que transmiten naturalidad y compostura con sencillez, sin necesidad de falsas estridencias, destacando las maravillosas presencias de Stephen Fry, James Fleet y Jemma Redgrave (de saga familiar ilustre). Stillman quiere que nos divirtamos, deja que miremos su película, sin prisas ni enigmas, con la belleza de sus paisajes y con la elegancia de sus interiores, con esos planos y encuadres largos, con pocos cortes, que nos da la distancia necesaria para mirar la película sin involucrarnos demasiado en las maneras de Lady Susan, sólo en sus actuaciones, algunas reales, otras no, pero al fin y al cabo, no dicen que tanto la guerra como el amor, saca a relucir lo peor de nosotros mismos.

Después de la tormenta, de Hirokazu Kore-eda

ddlt-cartel-400pxAFRONTAR LA DERROTA.

«No todo el mundo puede convertirse en lo que desea ser».

Tras un período de formación en la televisión realizando documentales, el cineasta Horikazu Kore-eda (Nerima, Tokyo, 1962) arrancó su filmografía con After life (1998) y Distance (2001), sendos dramas que exploraban la necesidad de la memoria para soportar las tragedias de la vida, en el 2004 con Nadie sabe, aportó un ingrediente que se ha convertido en una parte esencial de su obra desde entonces: la familia. En ésta, unos niños desamparados construían en su hogar un reino propio que se veía invadido por la hostilidad del exterior. En Hana (2006) le daba la vuelta al género de samuráis con un antihéroe que encontraba su lugar en un barrio pobre, pero de fuertes relaciones humanas. Con Still walking (2008) llegó su obra cumbre con una sencilla historia con ecos de Cuentos de Tokyo, de Ozu, en la que retrataba sus temas preferidos, la memoria, camino necesario para seguir hacía delante, la muerte como reflejo de la fugacidad de la existencia y la pérdida, y como afrontarla y asumirla. Con Air doll (2009) se tomó un leve respiro de sus núcleos familiares, y retrató el concepto de soledad en las ciudades actuales, con Kiseki (2011) volvió a sus ambientes familiares, en este caso, dos hermanos separados por el divorcio de sus padres, anhelan volverse a encontrar. En De tal padre, tal hijo (2013) experimentaba en las relaciones paterno filiales a través de la identidad y los lazos familiares, y en Nuestra hermana pequeña, del año pasado, describía los lazos familiares de unas hermanas que acaban de conocer su existencia.

null

Ahora, Kore-eda nos presenta a Ryota, un tipo perdido de unos cuarenta años, que vive anclado en el pasado, un tiempo en el que escribió una novela que tuvo algo de éxito, y vivía con us mujer e hijo. Un tiempo que ya no volverá.  En la actualidad, se debate en un trabajo como detective (que dice que es para la investigación de su próximo libro) su afición por las carreras de caballos y apuestas de todo tipo (que recuerda a la misma actitud del personaje que hacia Fernando Fernán-Gómez en su inolvidable El mundo sigue) que hace que ande pidiendo dinero continuamente a su hermana mayor y a su madre, y además,  le imposibilita pagar la pensión a su ex mujer (por el hijo que comparten) de la que todavía sigue enamorado y está empeñado en recuperar. Kore-eda ambienta su película en el extrarradio de Tokyo, en un barrio residencial envejecido, que añora la nostalgia de lo que pretendía ser y nunca ha sido, y ahora es habitado por ancianos, como la madre de Ryota, Yoshiko (la maravillosa actriz venerada en Japón, en su quinto trabajo con el director, habitual desde Kiseki, que hace poco vimos como la adorable cocinera de yoradakis en Una pastelería en Tokyo) encarnando a esa madre independiente y protectora, que aporta un estupendo sentido del humor a esta historia triste y delicada del director nipón.

null

Kore-eda estructura en dos partes su película, en la primera, y bajo un tono de desesperanza, vemos el deambular de Ryota, dando tumbos, moviéndose por lugares que no le pertenecen, que ha caído en ellos por su mala conducta, incapaz de asumir su derrota, de dejar de compadecerse y empezar un nuevo camino de ilusión en su vida. En la segunda mitad, la amenaza del tifón, obliga a madre/abuela e hijo, junto a nieto y ex esposa a pasar la noche en la casa de la abuela. En ese instante, y en ese preciso momento, se desatarán las necesidades de unos y otros, los anhelos que han marcado a los personajes, y las ilusiones de juventud que han ido muriendo por el camino. Unos personajes golpeados por la pérdida (la abuela acaba de perder a su marido de toda la vida), el hijo (no asume la derrota de su vida y no es capaz de levantar el vuelo) la ex, Kyoko (se debate en empezar una nueva relación sin estar enamorada) y el niño (le encantaría pasar más tiempo con un padre que ve solamente unas exiguas horas una vez al mes). Una noche refugiados por el tifón que despejará dudas a unos y otros sobre como relacionarse no sólo ante ellos, sino ante los demás, y en su vida y las decisiones que deben tomar (como ocurría en la magnífica Aguas tranquilas, de Naomi Kawase) como la naturaleza describía la profundidad de las emociones interiores que viven los personajes.

null

Kore-eda ha construido una obra transparente, sumamente delicada y exquisita, profundizando de manera precisa en el retrato de la cotidianidad, consiguiendo situarnos entre las cuatro paredes del piso de la abuela, de forma naturalista y tremendamente sencilla. Si Yasujiro Ozu se convirtió en el mejor retratista de las relaciones familiares en el Japón devastado por la guerra, en sus maravillosas descripciones sobre las relaciones de padres (la tradición) e hijos (la occidentalización), Kore-eda ha tomado su testigo, componiendo excelentes frescos sobre la familia actual y sus tragedias (la separación de los padres, los hijos sin la figura paterna, y las nuevas parejas de los cónyuges…) imprimiendo a sus relatos un acertado retrato sobre la cotidianidad de sus personajes, explorando sus miedos, soledades y tristezas, todo aquello que no se explica con palabras, pero la mirada de Kore-eda logra mostrarnos con suma sensibilidad, sumergiéndonos en un mundo inabarcable de emociones y sentimientos.

Las furias, de Miguel del Arco

af_cartel_furias_rgb_online_3219COMO EN LAS MEJORES FAMILIAS.

“Para mí la familia es el principio de todo. El microcosmos en el que nos formamos y que más tarde reflejamos, consciente o inconscientemente, en el macrocosmos al que somos lanzados como personas adultas. El que nos arma o nos desarma para defendernos en el mundo exterior”

Miguel del Arco

La frase que acompaña el cartel de la película nos advierte que hay que tener mucho cuidado con lo que uno hace con los suyos, si no te perseguirán “Las furias”, seres con cabeza de perro, alas de murciélago y serpientes en lugar de cabello, con la misión de obligarte a expiar tu culpa o enloquecerte. A continuación, arranca la cinta con el breve prólogo situado en el camerino del padre actor, después de una función,  rodeado de los suyos, con la compañía de la niña, iremos conociendo a todos los integrantes de la familia Ponte Alegre. Seguidamente, la película viaja hasta diez años después, más o menos, cuando la niña, María (excelente la joven Macarena Sanz) se ha convertido en una adolescente con problemas mentales, su madre, Casandra, la hija, (los tres hermanos compartes nombre extraídos de “La Ilíada”, de Homero) actriz frustrada, se gana la vida como loctura de radio escuchando las penurias ajenas, el padre, Gus, al cuidado de la hija, se ha olvidado de sí mismo y de su mujer. El hermano mayor, Héctor, de mediana edad, triunfador en las finanzas y felizmente enamorado de María, y el hermano menor, Aquiles, actor del montón, ahora se ha refugiado en el caserón de la infancia para escribir las memorias familiares. El padre, Leo, de más de setenta, famoso y carismático actor, ahora padece alzhéimer y ha olvidado su vida y los que le rodean, aunque en ocasiones irrumpe con su voz poderosa recitando pasajes de Shakespeare y demás. La madre, Marga, de alrededor de los setenta, mantiene una relación lésbica con Julia, una psiquiatra atractiva, que mantiene en secreto.

lf_emilio_pereda_paola_ardizzoni_086_8620

Miguel del Arco (Madrid, 1965) que arrancó su carrera como actor, se ha convertido en una de las voces más interesantes y comprometidas del teatro actual, en el que ha adaptado a autores de renombre como Shakespeare, Gorki, Gógol o Molière, entre otros, además de escribir, dirigir y llevar un teatro. Desde el año 2000, dirige tres cortometrajes con numerosos premios tanto nacionales como internacionales, Las furias es su puesta de largo, y para ello se ha rodeado de algunos de los actores con los que ha trabajado a lo largo de estos años, y ha construido una película en torno a la familia, a todos sus logros, y sobre todo, fracasos. A ese extraño núcleo o grupo al que pertenecemos sin haberlo pedido, a ese mundo complejo de relaciones y confidencias, de secretos ocultos que no se dicen o situaciones del pasado que no se quieren volver a vivir, del implacable paso del tiempo y todo aquello que arrastra en su demolición natural, de los efectos, ilusiones, tragedias que se mascan en el seno de una familia muy vinculado al teatro, como no podía ser viniendo de Del Arco. El conflicto arranca cuando la madre, incapaz de afrontar la verdad (una constante que padecen todos los personajes) y desvelar su relación lésbica se escapa anunciando que va a vender la casa familiar, la casa de la infancia, de los recuerdos, de ese tiempo de esperanza, de juegos, de risas.

lf_emilio_pereda_paola_ardizzoni_137_3423

Del Arco acota su obra en un fin de semana, un par de días en el que todos los componentes se reunirán para despedirse de la casa, situada en el norte con el cantábrico como testigo, y el paisaje de bosque frondoso y secreto, un lugar que los ha acogido con tanto amor, y de paso, asistirán a la boda de Héctor y María. Aunque la cosa de entrada pinta bien, pronto aparecerán los conflictos, rencores y diferencias entre ellos, todos, absolutamente todos, arrastran cargas emocionales muy pesadas que explotarán sin control durante esas 48 horas. El padre, que parece ausente, compondrá la figura marchita que ha perdido todo su esplendor de gran actor para caer en un olvido injusto, pero que quizás no parece tan perdido, la madre, pretendiendo ocultar su relación, se topará de bruces con la realidad y tendrá que hacerla frente, Gus y Casandra, distanciados por la mentira de ella, no tendrán más remedio que mirarse y hablar, Héctor y María con su boda quieren tapar una noticia terrible que ha roto sus vidas, y pronto saldrá a la luz, Aquiles, tendrá que hacer frente a su vida y dejar de huir, dejando atrás tantos castillos de cartón. Y finalmente, María, consumida por su enfermedad en medio de una familia perdida, hilarante y confundida (como suele ocurrir con todas, en mayor o menor medida) tomará una decisión que quizás ayudará a que todos se sientan menos solos, y manifiesten el amor que han olvidado, aunque solo sea ese fin de semana.

lf_emilio_pereda_paola_ardizzoni_072_7426

Del Arco se ha rodeado de un reparto coral extrarodinario (como las películas de Berlanga) un elenco extraordinario encabezados por dos figuras de la interpretación como son José Sacristán y Mercedes Sampietro, con Carmen Machi, Gonzalo de Castro y Alberto San Juan, como los hijos perdidos de la Troya sitiada, con Emma Suárez y Pere Arquillué, como las parejas que resisten estoicamente, la maravillosa Bárbara Lennie, como la amante que quiere dejar de ser la asistente, y para finalizar, Macarena Sanz, la pequeña del clan que huye de sus demonios. El cineasta madrileño ha compuesto una lúcida, amarga y estupenda disección sobre la familia, (que recuerda en muchos aspectos a la deliciosa y cruel Mamá cumple cien años, de Saura, o más reciente en la negrísima Como en las mejores familias, de Cédric Kaplisch) que a ratos encoge el alama y en otros, se mueve entre el humor más cínico. Una tragicomedia de cimientos sólidos, que nos cuenta la vida de una familia de teatro, o al menos una que lo fue, de una familia de difícil y extraña complejidad que se mueve entre las sombras del pasado que fue diferente, y la incertidumbre de un presente, y de un tiempo oscuro en el que todos, cada uno a su manera, van a intentar escapar por otros caminos, aunque lo que desconocen que ese camino siempre lleva al mismo lugar, a ese espejo, sin trampa ni cartón, en el que debemos mirarnos para conocernos, saber quiénes somos y seguir adelante, aunque nos duela, porque siempre va a doler.