Amor y amistad, de Whit Stillman

AF_A4_AMOR&AMISTAD LAS MANIOBRAS DEL AMOR.

La escritora Jane Austen (1775-1817) apenas tuvo ninguna repercusión en vida. Desgraciadamente, todo su éxito se produjo post mortem, cuando sus relatos cortos y novelas llegaron de forma masiva al gran público, tuvo el reconocimiento que se merecía. Sus obras se estructuran a través del punto de vista femenino, principalmente jóvenes de la alta burguesía provinciana, centradas en sus conflictos internos que giran en torno a cuestiones amorosas. Su rabiosa modernidad en retratar temas que profundizan sobre la complejidad del alma humana, exponiéndolos a través de una deliciosa ironía, en el que los detalles se describen de forma precisa en el retrato de los ambientes burgueses, y sobre todo, en las relaciones que establecen los personajes implicados en las tramas amorosas, incorporando cartas y notas, vehículos que utiliza para dar rienda suelta a la comicidad. A pesar de su corta obra, debido a su prematuro fallecimiento por enfermedad, Austen se ha convertido en una de las escritoras más importantes de la historia de la literatura.

Ross McDonnell

Whit Stillman (Washinton, 1952) que arrancó su carrera como agente de ventas de las primeras películas de Fernando Trueba y Fernando Colomo, en las que apareció en pequeños papeles, e incluso como productor en La línea del cielo, de Colomo, también tuvo tiempo para dedicarse a la literatura y el periodismo. Debutó en la gran pantalla con  Metropolitan (1990), que retrataba a un grupo nutrido de jóvenes burgueses neoyorquinos, le siguió Barcelona (1994), ambientada en los 80, en la que describía las andanzas de un joven estadounidense en la ciudad condal, cuatro años más tarde, presentó The last days of disco, con los 80 nuevamente como protagonistas, pero ahora, retratando a un par de amigas de la escena de New York. Un largo período de ausencia del cine, dedicados a la televisión, lo devolvió en 2011 con Damiselas en apuros, con Greta Gerwig (la musa de Baumbach) como protagonista, en la que seguía a unas jóvenes díscolas también de N.Y. Ahora, nos volvemos a encontrar con Stillman adaptando una obra corta de Jane Austen, Lady Susan, que debe el titulo de Amor y amistad, curiosamente, a un relato primerizo de Austen. Aquí, el relato también pertenece a los inicios de Austen, y en los ambientes provinciales ingleses de 1790, en la que conocemos a Lady Susan Vernon, una viuda reciente, que llega a Churchill, junto a su hija adolescente Frederica, a hospedarse en la casa familiar de su familia política, los Decourcy. Su llegada convulsiona el lugar, debido a su fama de promiscuidad y los secretos de sus verdaderas intenciones, que según cuenta, son puramente encontrar esposo a su hija, aunque su objetivo es puramente económico. El joven de los Decourcy se siente fuertemente atraído por la viuda que, juega con él y se deja querer, aunque la dama “distinguida” parece beber los vientos por otro apuesto caballero que reside en la ciudad, aunque mientras tanto se divierte en el juego del amor, tanto con el joven citado como con otro acaudalado y mojigato caballero, mientras, para pasar el rato, comparte confidencias con su joven amiga norteamericana Alicia Johnson, casada por conveniencia con el rico y aburrido Sr. Johnson.

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Stillman describe con astucia y sencillez todas las tramas y caracteres que se cuecen soterradamente en el ambiente, no hay excesos melodramáticos ni subrayados innecesarios, y alguno que hay, lo utiliza para mofarse de estos señores aburridos de almacenar riqueza. Stillman va al grano, nos divierte de forma sutil, no provoca grandes carcajadas, aunque soltemos alguna que otra, sino más bien, esa media sonrisa de finísima ironía que a ratos conlleva amargura y tristeza, que utiliza ingeniosamente,  para acentuar los conflictos que desata la belleza arrebatadora de la viuda. Estamos ante una película de corte “british”, muy alejada del tono estadounidense. Aquí todo bulle a fuego lento, la trama va in crescendo de forma reposada y suave, las formes distinguidas de los personajes, aparentemente, dejan paso a esos devaneos sentimentales que los arrastran incomprensiblemente a los brazos de quienes menos los valoran, aunque a simple vista, pueda parecer lo contrario. La pluma de Austen sacude con energía cada fotograma de la película de Stillman, nos emociona y nos conmueve, sin pasarse claro, en su justa medida, y también, cómo no, nos invita a la reflexión, de que diantres esta formada la compleja naturaleza humana, y a que se debe que muera por el ser más infecto, y en cambio, ni tenga en cuenta de aquel que lo cuida y lo valora, cuestiones difíciles de discernir, que diría el poeta.

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Amor y amistad se suma,  saliendo por la puerta grande, a otras adaptaciones cinematográficas, que con gran acierto han sabido retratar el espíritu y paisaje moral de Austen, y ese mundo de jóvenes heroínas que mueren de amor, como Sentido y sensibilidad (1995), de Ang Lee, Emma (1996) con Gwyneth Paltrow u Orgullo y prejuicio (2005) con Keira Knightley, entre otras. Stillman ha filmado una gran adaptación, con un elenco extraordinario entre los que destacan la sorprendente sutileza y elegancia de la simpática pérfida Lady Susan (que nos recuerda a ciertas maneras y astucias del arribista  y sinvergüenza Barry Lyndon, en otro contexto eso sí, de la película homónima de Kubrick) que interpreta Kate Beckinsale (alejada de sus papeles como violent femme de palomiteros blockbusters) y su confidente damisela, la interesante Cloë Sevingy (éstas dos repiten con Stillman después de The last days of disco) y un buen ramillete de intérpretes ingleses, que transmiten naturalidad y compostura con sencillez, sin necesidad de falsas estridencias, destacando las maravillosas presencias de Stephen Fry, James Fleet y Jemma Redgrave (de saga familiar ilustre). Stillman quiere que nos divirtamos, deja que miremos su película, sin prisas ni enigmas, con la belleza de sus paisajes y con la elegancia de sus interiores, con esos planos y encuadres largos, con pocos cortes, que nos da la distancia necesaria para mirar la película sin involucrarnos demasiado en las maneras de Lady Susan, sólo en sus actuaciones, algunas reales, otras no, pero al fin y al cabo, no dicen que tanto la guerra como el amor, saca a relucir lo peor de nosotros mismos.

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