Entrevista a Nicolas Champeaux y Guilles Porte

Entrevista a Nicolas Champeaux y Guilles Porte, directores de la película “El estado contra Mandela y los otros”, en el Instituto Francés en Barcelona, el lunes 3 de junio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nicolas Champeaux y Guilles Porte, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Xènia Puiggrós de Segarra Films, por su inestimable labor como traductora, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Regresa El Cepa, de Víctor Matellano

CUARENTA AÑOS DESPUÉS.

“La libertad de expresión es decir aquello que la gente no quiere oír”.

George Orwell

En un instante de la película, el abogado Joaquín Ruiz Jiménez Aguilar, qué representó a la directora Pilar Miró durante el proceso, menciona una frase significativa: “El nuestro es un país con poquitos derechos”, haciendo hincapié a aquellos convulsos años setenta que España atravesó como un cuchillo afilado, observando que han cambiado las cosas, por supuesto, pero no como deberían haberlo hecho, quedándose a medias en la libertad de expresión y en otros menesteres. El director Víctor Matellano, incansable autor tanto en la dirección teatral como en la escritura de libros relacionados con el cine, debutó en el largometraje con Zarpazos! Un viaje por el Spanish Horror (2014) documental que registraba con cineastas de ahora y de antes el fantástico español, luego en películas fantásticas como Vampyres (2015) donde construía un film-homenaje de Las hijas de Drácula, de José Ramón Larranz (1974) y en Parada en el infierno (2017) una del oeste con muchos ecos al Spaghetti Western.

Ahora, vuelve a centrarse en el cine, y más concretamente en El crimen de Cuenca, de Pilar Miró, rodada en 1979, y su posterior calvario, cuando el Ejército y la Guardia Civil denunciaron la película por sus secuencias de las torturas, y la película fue secuestrada y pasó por un tremendo vía crucis hasta su estreno casi dos años después en agosto de 1981, proceso que cambió la ley del código militar para que sociedad militar y civil no fuesen cogidas de la mano y no volvieran a suceder hechos tan lamentables por los que pasó la película. La acción arranca en la actualidad con el actor Guillermo Montesinos regresando a Osa de la vega, en Cuenca, donde cuarenta años atrás se había filmado la película, haciendo alusión al momento de la película cuando “El Cepa”, su personaje, volvía al pueblo, cuando todos creían que había sido asesinado, el famoso “Caso Grimaldos” ocurrido en la zona en 1913, cuando dos campesinos fueron detenidos, salvajemente torturados y encarcelados por un crimen que nunca se cometió.

También, vemos algunas imágenes de la película, de archivo sobre el caso real y el proceso que sufrió la película, y sobre todo, escuchamos a los protagonistas de la historia, intérpretes de la película, como Héctor Alterio, José Manuel Cervino, Mercedes Sampietro, entre otros, técnicos como los guionistas Juan Antonio Porto o Lola Salvador,  Marisol Carnicero, jefa de producción, o Hans Burmann, camarógrafo, políticos que vivieron la época de primera mano como José Bono, responsables de instituciones que vivieron el caso, especialistas sobre el proceso de la película como Diego Galán o Fernando Lara, el citado abogado de Pilar Miró, vecinos que participaron como figurantes en la película, descendientes de los personajes reales, y la visión femenina actual de aquellos hechos con testimonios de Mabel Lozano, Marta Ingelmo o Gozie Blanco, incluso alguna entrevista a Pilar Miró. La película explica con agilidad y veracidad todos los hechos que ocurrieron con la película, su secuestro, el estreno en el Festival de Berlín, el apoyo recibido, el intento de golpe de estado del 23-F, cuando Pilar Miró y algunos miembros de la película, ocupaban las miradas inquisitorias de los militares sublevados, y demás acontecimientos que vivió en primera persona una película que denunciaba unas torturadas verificadas más de sesenta años atrás, aunque muchos autoridades militares vieron una relación significativa con aquellas que ocurrían en aquella España todavía franquista que caminaba a pasos lentísimos hacia la libertad.

Matellano nos envuelve en un thriller sincero y honesto, imprimiendo ritmo y verdad a todo lo que se cuenta, aportando con documentación todo el contexto político y social en la que se vio inmersa la película, indagando en la soledad y el calvario personal que vivió Pilar Miró, que dirigía su segunda película y tuvo que vivir un proceso injusto, malvado y propio de un país que todavía tenía caliente el cadáver del dictador, un país que todavía mantenía las estructuras de la dictadura y sobre todo, un país con miedo, inseguro y dormido, que a cada paso que se daba se escuchaban ruidos de sables e inquietaba a los poderes franquistas todavía en el poder. Un documento excepcional para entender de los lodos de dónde venimos, las personas y los acontecimientos históricos que tuvieron que sobrevivir tantos y tantos, aquellos que se quedaron en el camino, y los momentos actuales, donde la libertad de expresión vuelve a sufrir y vuelve a encaminarse a unas estructuras demasiado conservadoras y caciquescas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Encuentro con Ken Loach

Encuentro con el cineasta Ken Loach, junto a Esteve Riambau, director de la Filmoteca, con motivo del ciclo “Ken Loach, la consciència social”. El encuentro tuvo lugar el martes 30 de enero de 2018 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ken Loach, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

El gran vuelo, de Carolina Astudillo Muñoz

elgranvueloINVOCAR A UN FANTASMA

“Hay muertos a los que nadie recuerda porque duelen demasiado para querer recordarlos, otros, se han vuelto incómodos. ¿Cómo hacerlos regresar?”

En Anatomía de un instante, el escritor Javier Cercas partió de una imagen (la que se produjo en el congreso cuando Tejero irrumpió a punta de pistola aquella tarde fatídica del 23 de febrero del 81, el instante en que Suárez y Carrillo no se refugiaron en sus escaños y se mantuvieron firmes ante los civiles) para reconstruir la memoria de la transición a través de un magnífico ensayo político que indagaba en las zonas más oscuras de la historia reciente de este país. Carolina Astudillo Muñoz (Santiago de chile, 1975) ha realizado un proceso similar al de Cercas, su punto de partida eran algunas fotografías y cartas de Clara Pueyo Jurnet, una de aquellas mujeres nacidas en Barcelona, que se afilió al PSUC y luchó primero a favor de la República, y luego en contra del franquismo, y continúo en la resistencia contra la dictadura hasta su desaparición en 1943, cuando salió de la prisión de Les Corts de Barcelona con un permiso falso. Ahí se pierde su huella para siempre, nadie sabe de ella, que fue de ella, que ocurrió después.

Astudillo descubrió esa imagen perdida, (como hace Rithy Panh en su obra, donde reconstruye la memoria no filmada del terror de Camboya) la de Clara, durante la realización de su pieza De monstruos y faldas (2008), donde recorría el desgraciado devenir de las mujeres que pasaron por la prisión de Les Corts. Fue en ese instante cuando arrancó el proceso de investigación histórica, en este maravilloso y emocionante viaje que se materializa con el encuentro de la cineasta con su personaje a través del cine, donde la vida y la muerte forman uno sólo, como explicaba Joan van der Keuken en Las vacaciones del cineasta (1974). Astudillo se sumió en una ardua y laberíntica investigación sobre la memoria de Clara y todos los personajes que la rodearon, no encontró imágenes, debía construirlas, en su caso optó por la reconstrucción, por el material de archivo o el found footage, rebuscó en las filmotecas películas familiares de la alta burguesía catalana y valenciana de los años 30, 40 y 50 (los lugares vitales de Clara), que recogen hechos cotidianos y explosiones de alegría, un material que con la ayuda de las dos montadoras, Georgia Panagou y Ana Pfaff, convierte esas películas ajenas en propias, en las imágenes que faltan de Clara, en esa vida no filmada, en dar luz donde no la hay, en que los espectadores sintamos que pertenecen a Clara y los suyos, unas imágenes que son de otros, de aquellos que vivían bien, ajenos y alejados a la lucha política y el terror del franquismo. Y no sólo eso, Astudillo Muñoz, además de reconstruir la biografía de Clara, fabrica un imponente ensayo fílmico en el que reflexiona y estudia esas filmaciones, como se registraban los cuerpos femeninos que hay detrás de cada retrato, la puesta en escena que escenifica como educaban a los niños en la lucha de clases.

el gran vuelo_20

Dos voces, una que nos explica el itinerario desgraciado de Clara, la juventud ilusionante, y la guerra, el exilio, y la clandestinidad, el terror del franquismo, y la paranoia comunista que ajustició a compañeros, la desilusión y el desencanto por una izquierda que acabó matándose y enterrándose a sí misma. La otra voz, nos lee las cartas de Clara, y los suyos, los amores frustrados, el desarraigo familiar, las amistades rotas, las dudas de la militancia, y la huida constante, todo aderezado con una música vanguardista, barroca, y popular, que funciona como testigo de esas imágenes que nos envuelven en las heridas del pasado que no cicatrizan. Astudillo no sólo desentierra la memoria silenciada y olvidada de Clara Pueyo Jurnet de una forma ejemplar y contundente, sino que se pregunta constantemente a sí misma, y expone unos hechos y lanza muchas cuestiones de dificultosa resolución, cediendo constantemente la palabra al espectador, para que seamos los que reflexionemos sobre lo contado. Una película humanista, honesta y tremendamente sencilla que, en ocasiones parece una película de terror y en otras, en un documento contra el olvido, cimentada en una estructura férrea plagada de sombras y espectros que escenifican a aquellas personas que siguen vagando por una historia, la oficial, que sigue negándolos, sin reconocerlos y no documenta sus vidas, porque como bien advierte el arranque de la película, hay muertos incómodos, molestos, tanto para unos como otros, quizás esa la metáfora terrible que lanza como dardo envenenado Astudillo Muñoz, que desenterrar la memoria, y ver qué y cómo sucedió, no sólo molesta a los de un lado, sino también a los del otro lado.