Entrevista a Miguel Ángel Blanca

Entrevista a Miguel Ángel Blanca, director de la película «Magaluf Ghost Town», en el Zumzeig Cinema en Barcelona, el jueves 9 de diciembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Miguel Ángel Blanca, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sandra Carnota de Begin Again Films, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Magaluf Ghost Town, de Miguel Ángel Blanca

LOS TURISTAS Y NOSOTROS.

“El turista es un recolonizador, ya que con base en sus intereses, necesidades y requerimientos los lugares se transforman y se crean servicios y productos sólo con el fin de complacerlo”.

David Lagunas Arias

El universo cinematográfico de Miguel Ángel Blanca (Sabadell, 1982), está compuesto por múltiples retratos, retratos que van sobre la memoria, la actualidad más cotidiana, las familias rotas, las derivas de la adolescencia y el fin del mundo, y el turismo. Con La extranjera (2015), retrató la Barcelona contaminada y sucia por el turismo masivo y descontrolado, pero lo hizo a través de la experimentación con la forma y el fondo, e introduciendo siempre el elemento del thriller, en historias que fusionan con naturalidad tanto el documento con la ficción, mezclándolos de forma sencilla y directa. Un cine que dialoga entre sí, desde la narración y aquello que muestra y lo que no. Un cine que lanza miles de preguntas y nos va envolviendo en un misterio, una inquietud donde todo es posible, o quizás, ya nada es posible, donde los diferentes individuos se pierden en unas existencias vacías, a la deriva y sin futuro.

Con Magaluf Ghost Town, su película más ambiciosa, y donde todas las ideas, planteamientos y reflexiones convergen en una película que aglutina elementos que ya formaban parte de ese fascinante e infinito imaginario del director sabadellense. Porque con su nuevo trabajo, vuelve a mirar hacia el turismo, pero esta vez desde un punto de vista realmente novedoso y personal, porque se centra en todos aquellos habitantes de Magaluf, la pequeña localidad en la costa oeste de Mallorca, que no llega a los 5000 habitantes, que en verano se contamina por cientos de miles de turistas de borrachera, sexo salvaje y demás locuras. El relato se divide en temporada baja y en pleno apogeo del verano, y nos muestra las vidas de una mujer de unos sesenta años, con problemas respiratorios y su nuevo inquilino, un obrero africano, las de un adolescente gay, gitano y drogadicto que quiere salir de la isla y triunfar como actor, y mientras, pasa el rato fabulando con su colega del alma, y finalmente, una inversora inmobiliaria rusa que quiere montar el nuevo pelotazo para atraer un turismo exclusivo a la zona.

La película muestra diferentes realidades, diferentes formas de vivir y entender el paisaje que queda al margen del turismo desenfrenado, mayoritariamente británico que, en la cinta de Blanca, se convierten en meros espectros, unos seres sin alma que deambulan como zombies, borrachos, tirados y vacíos, que nos recuerdan a aquellos otros que escenificó Romero en la apabullante El amanecer de los muertos (1978), cuando entraban sin vida al centro comercial, en uno de los mejores retratos sobre las terribles consecuencias del capitalismo. Quiero lo eterno (2017), tiene su reflejo en la historia de los dos jóvenes, con sus ratos ociosos, su contradicciones de amar su lugar, y a la vez, deseos de huir de allí, y fantasear con robar y hacer desaparecer un turista. Los turistas y los otros, esa dualidad que en realidad, se necesitan y además, se odian, es una de las claves de la película, y del imaginario de Blanca, ese cruce de caminos de difícil convivencia, esos otros mundos en este, esas bifurcaciones del alma, en esa especie de retrato del otro lado del espejo, ese incesante Dr. Jekill y Mr. Hyde, esa aventura de fuera y dentro, de los físico y lo emocional, de lo que uno sueña, y cree vivir, y ese otro estado, donde el letargo y esos mundos inquietantes, imposibles y perdidos conforman los verdaderos universos que pululan la filmografía del director.

La película destaca por una estupenda parte técnica, donde cada encuadre y mirada de los personajes emana vida y crítica, empezando por la brutal cinematografía de Raúl Cuevas (que ya estuvo en el quipo de cámara en Un lloc on caure mort), filma y retrata esos mundos de Magaluf, desde el interior de las vidas cotidianas de los protagonistas, y esa otra parte, de los otros, esos turistas sin rostro, sin vidas, solo metidos en esa vorágine y estupidez donde no existe nada, solo la juerga sin fin. Un ágil, elegante y profundo montaje que firman Javier Gil Alonso (que ya hizo lo propio en Quiero lo eterno), Ariadna Ribas (la montadora de Albert Serra, entre otros), y el propio Blanca, que retrata con detalle todos esos mundos, los propios y ajenos, todos los visibles e invisibles, los de este mundo y los del más allá. Blanca ha armado una película magnífica, donde hay vida y desolación, tanto en el paisaje como en las vidas que vemos y sentimos, donde coexisten múltiples realidades de capas y texturas extrañas y cotidianas, en un retrato sobre una pequeña localidad costera que podría ser cualquiera que reciba a cantidades ingentes de turistas jóvenes deseosos de romper con todo y atreverse a todo.

Blanca no olvida el trabajo sucio y chapucero de los medios, con esas informaciones amarillistas que ayudan a seguir engordando el monstruo, quedándose en la anécdota y la superficialidad, donde abundan los datos y la muerte de turno o las barbaridades que se suceden, y olvidan el verdadero problema del lugar y de todos aquellos que lo habitan, a pesar del turismo, que es el desequilibrio entre un modelo sostenible de turismo que no desplace a los habitantes de Magaluf y también, reciba turistas, sí, pero con otra actitud y de forma muy diferente. Magaluf Ghost Town es un de esas películas que va mucho más allá que lo que su caparazón muestra en una primera mirada, porque indaga sobre los problemas y deterioro de la ciudad desde lo interior de los que viven allí, y no lanzando mensajes ni nada que se le parezca, sino desde el alma, desde lo más profundo, dejando al espectador sacar sus propias conclusiones y desde la posición que prefiera, y eso la hace única, muy interesante y personal, y además, transgresora y apabullante. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Nora Sala-Patau y Alberto Dexeus

Entrevista a Nora Sala-Patau y Alberto Dexeus, actriz y codirector de la película «Les perseides», en el Estudi Lamppost en Barcelona, el martes 3 de diciembre de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nora Sala-Patau y Alberto Dexeus, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Les Perseides, de Alberto Dexeus y Ànnia Gabarró

MAR Y LOS FANTASMAS.

“La memoria es el espejo donde vemos a los ausentes”

Joseph Joubert

Primero fue Sobre la marxa, le siguió Les amigues de l’Àgata, luego apareció Júlia ist, más tarde vino Yo la busco, y este mismo año, Ojos negros. Todas ellas tienen en común haber nacido como proyectos de final de carrera en la Universidad Pompeu Fabra. A esta terna de cinco se une ahora Les Perseides, puesta de largo de Alberto Dexeus y Ànnia Gabarró, los dos del 1994 y de Barcelona, que junto a Maria Colomer, coguionista, escriben una película que nos habla desde la más absoluta intimidad y cercanía el relato de Mar durante un verano que arranca desidioso y vacío para encontrar su propia aventura localizada en Escatrón, un pequeño pueblo situado en la Ribera Baja del Ebro, en la provincia de Aragón, un lugar extraño y peculiar, con muchas casas abandonadas y la central térmica como guardián vigilante de un pasado enterrado que empieza a remover sus raíces. Mar se envolverá de las leyendas y los cuentos que se narran en el pueblo, a modo de ficción, como si se tratasen de relatos e historias de fantasmas, que en realidad tienen mucho que ver con lo sucedido durante la Guerra Civil y el franquismo, todas aquellas historias reales convertidas en cuentos de terror.

Dexeus y Gabarró construyen una delicada y sensible película sobre la difícil etapa de la adolescencia, de una niña que está en ese período de transición entre una edad y otra, casi una náufraga todavía sin referentes claros, buscándose esa identidad que se está construyendo, situada en ese verano en el que le ha tocado con su padre pasar unos días en la casa que fue de los abuelos, con padres divorciados, y un padre distante y ajeno, y una madre con la que se comunica por teléfono, y en un pueblo en el que todo parece detenido y anclado en el pasado, donde parece que no hay nada que hacer, donde todo parece tan extraño a ella, a lo que ella recuerda, con unos abuelos que no conoció, con las historias de sus abuelos alejadas en el tiempo y en su conciencia. Una forma intensa y asfixiante que recoge el espíritu del cine de Lucrecia Martel, en que el espacio abierto incluso también deviene un atmósfera cerrada y oscura, el mismo viaje emocional que experimentará la protagonista, del desconocimiento puro a conocer las historias de la guerra, aunque sea  a través de la ficción y sea casi por un resquicio de luz.

La penetrante y cercana forma en la que el tándem Dexeus y Gabarró filma esos espacios vacíos, donde el tiempo se ha detenido, sumergiéndonos en esa España vacía, en la que la falta de oportunidades laborales ha dejada despoblada el universo rural, recogiendo todo lo que hay en el presente continuo de la película, y todo lo que fue, lo que se vivió, donde entra la memoria histórica de la guerra, esa que tantos sectores del poder quieren que siga enterrando y oculta. Mar, a través de las historias que cuenta la niña del pueblo, nos introducirá en ese misterio, en esa aventura de conocer el pasado, de crecer y despertar a la vida, a esa edad adulta donde las cosas siempre tienen menos color y todo parece más vacío y superficial, a darse cuenta que las cosas son siempre diferentes a lo que nos cuentan y sobre todo, darse cuenta que el tiempo siempre va hacia adelante y hacia atrás ininterrumpidamente, mezclándolo todo y generando nuevas miradas y experimentaciones con los espacios y la memoria que ocultan.

Tiene la película ese aroma que tenía el cine español de la transición o principios de la democracia, en su manera de reivindicar la memoria ocultada y silenciada durante el franquismo, a través de películas como La prima Angélica o Cría cuervos, ambas de Saura, El Espíritu de la colmena, de Erice, o El amor del capitán Brando, de Armiñán, entre otras, en las que a partir de figuras infantiles se volvía a mirar el pasado de la guerra civil y el terror del franquismo, a través de tantas ausencias familiares convertidas en fantasmas que siguen entre nosotros, sin encontrar su ansiado descanso, a partir de la reivindicación de sus figuras y su memoria, devolviendo a la actualidad esa parte de la historia para comprender mejor el presente turbio y oscuro que se cernía en los años difíciles de la transición, dejando patente la necesidad creativa de hablar y explorar todo aquella historia que se enterró y ocultó a todos, en que el cine se acercó a ella a través del relato de los vencidos y las consecuencias terribles que sufrieron durante la guerra y el franquismo.

El increíble magnetismo que desprende Nora Sala-Patau, con esa mirada y gesto silenciosos, de una niña que a través de los espacios abandonados y las reminiscencias del pasado y la memoria irá despertando en ella esa inquietud del conocimiento donde todo ese entorno fantástico le devolverá el pasado más oscuro de la guerra y la enfrentará a reflejarse en ese espejo de tantos muertos sin descanso y tantos fantasmas que todavía pululan por esos lugares enterrados y olvidados. Dexeus y Gabarró han construido con sensibilidad y honestidad una mirada sencilla, necesaria y valiente sobre nuestro pasado oscuro y como llega y afecta a las generaciones más jóvenes, aquellas que todavía desconocen esa historia y se mueven a modo de juego fantástico y de relatos de terror por esos paisajes de la memoria, deslizándonos por esta fábula de nuestro tiempo, del aquí y el ahora, de mirar al pasado y sobre todo, conocerlo y rendir memoria a los espectros de nuestra historia. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=»https://vimeo.com/372841061″>LES PERSEIDES – Trailer CAT</a> from <a href=»https://vimeo.com/boogaloofilms»>Boogaloo Films</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>