Chris el suizo, de Anja Kofmel

DESENTERRANDO LA MEMORIA.  

“Algunos periodistas no aceptaban su papel allí como observadores. Se involucraban mucho en los hechos”

Heidi Rinke, periodista

La muerte de su primo Chris Würtenberg, de 27 años de edad, en enero de 1992 cerca de Vukovar (Croacia) dejó sin referentes a Anja Kofmel (Lugano, Suiza, 1982) que contaba apenas 9 años. Con la desaparición de Chris moría su amigo del alma, su primo favorito, su hermano mayor. La muerte de Chris fue el tema de Chrigi, un cortometraje de animación que fue trabajo de final de carrera. Veinticinco años después, Anja, ya convertida en una cineasta, vuelve a los escenarios de la guerra de los Balcanes (1991-1995) para rastrear las huellas de su primo, aquel joven suizo que dejó su pacifico país para documentar la guerra como reportero. Kofmel se reúne con aquellos que conocieron a Chris, su hermano y sus padres, otros reporteros que compartieron vivencias en la guerra, incluso va más allá, encontrándose frente a un mercenario de guerra que compartió fatigas con Chris, y con el ex terrorista Carlos “El Chacal”. Todos esos encuentros van formando un caleidoscopio humano muy complejo sobre la personalidad de Chris, alguien que en cierto momento, dejó el periodismo para enrolarse en el PIV (Primer Pelotón de Voluntarios Internacionales) un grupo paramilitar fundado por Eduardo Rózsa-Flores, otro periodista, para combatir al ejército serbo-croata apoyado por el Ejército Popular de Yugoslavia.

Kofmel traza un periplo complicado en el que recopila toda la información disponible, volviendo a los lugares donde estuvo su primo, rastreándola incluso debajo de las piedras, recogiendo todos los testimonios de aquellos que trataron a Chris, encontrando las razones de cómo alguien dejó su oficio de narrar los hechos para pasar a la acción y enrolarse en un grupo militar que tenía fama de sanguinario y devastador. La cineasta suiza sigue el curso de los acontecimientos a través del diario de Chris, donde aparecen hechos concretos, lugares y personajes, también vemos imágenes de archivo que van ofreciendo luz a tantas tinieblas, y como otros documentales, nos acordamos de Vals con Vashir o Persépolis, entre otros, ilustra a través de dibujos y animación aquellos instantes y situaciones que surgen a través de la documentación y la imaginación, con una animación espectacular, donde resalta un poderoso blanco y negro, extraordinariamente imaginativo y visual, moviéndose a través de lo onírico, lo abstracto, y construyendo la relación personal entre Chris y Anja.

La película tiene ritmo y energía, combina de manera sobresaliente todos los datos en liza, con esa estructura imaginativa donde la investigación adquiere un in crescendo apabullante, donde no hay tregua, todo sigue un curso emocionante a través de los testimonios, documentos e información. Un documento necesario y valiente que ahonda en la estupidez de las guerras, los innumerables intereses de los estados occidentales, y todos esos grupos paramilitares que utilizan las guerras para hacer sus guerras personales e interesadas, provocando el caos, la violencia y el sinsentido en un país y sus gentes. Kofmel recopila muchísima información, pero no la suficiente para encontrar los responsables del asesinato de su primo Chris, alguien lanza acusaciones pero en el fondo meras hipótesis, aunque quizás el significado de la película de Kofmel va muchísimo más allá, en el sentido en que no solo confecciona un riguroso y documentado thriller de investigación, sino que convoca a todos los actores que concurren en una guerra como los periodistas y paramilitares, y consigue extraerles toda la maraña de intereses, tanto personales como gubernamentales, que concurren en una contienda, donde todos tienen sus motivos para estar ahí. Unos, recopilando información para mostrar al mundo todo lo que allí se cuece, y otros, aprovechando la guerra para dinamitar el estado que sea necesario.

La película deja muchos enigmas sin resolver, pero también aclare otros muchos, dirigiendo sus acusaciones a todos los gobiernos implicados en la guerra de los Balcanes, esos gobiernos que primero provocan la guerra, luego la mantienen, y finalmente, acaban con ella y se hacen los “responsables de la paz”, reconstruyendo y ayudando al país, para seguir embolsándose mucho dinero a costa de los demás. Una película incómoda por todo lo que cuenta y cómo lo cuenta, desde una perspectiva sencilla y directa, intentando esgrimir todo lo vivido y experimentado por un joven aventurero, intrépido y muy idealista que encontró su camino en la guerra como reportero, pero también, en un momento que desconocemos, cruzó unas líneas que no tenían marcha atrás, porque quizás su efervescente juventud le animó para ser testigo directo de la guerra desde una perspectiva más intensa y profunda, porque Chris “el suizo”, como le llamaban sus colegas, quiso ir más allá, quizás su arrojo y carácter lo llevo demasiado lejos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El gran Buster, de Peter Bogdanovich

EL CÓMICO ETERNO.

“En cuanto un cómico empieza a reír en la pantalla es como si dijese al público que no debe tomarle en serio, que todo eso “es broma”. De hecho, no se le tomará más en serio y por mucho que se encuentre en las situaciones más cómicas ya no harán reír. Después de todo, el cine cómico consiste, para el actor, en “hacer el tonto” y cuanto más seriamente lo haga más divertido será”.

Buster Keaton

Su rostro impertérrito, esa mirada triste y melancólica, su baja estatura, esos trajes a los que le sobraba tela, y su innegable torpeza y habilidad para las caídas más inverosímiles, hicieron de Buster Keaton (1895-1966) un icono del cine, con su rostro peculiar, que bautizaron como “Cara de palo”, convirtiéndose en una figura esencial en aquel cine incipiente que se abría paso en el primer tercio del siglo XX, un cine que todavía había que pensar, crear y ejecutar, un cine en el que todo era posible, un cine que tuvo la genialidad de Keaton al servicio de una industria que producía muchas películas, películas mudas, películas cómicas, películas que entretenían a aquellos estadounidenses de principios de siglo. Buster Keaton nació en Piqua, Kansas, mientras sus padres cómicos estaban de gira. A los cuatro años, Buster comenzó  actuar junto a sus progenitores y con los años formaron el trío “Los tres Keatons”. En 1917 conoció a Roscoe Arbuckle apopado como “Fatty”, una estrella cómica del cine mudo, con la que trabaja en varias películas cortas obteniendo un gran éxito como pareja cómica, aunque la tragedia se cebo con Arbuckle y Keaton empezó a volar en solitario.

A partir de 1920 y hasta el año 1929 protagonizará, escribirá, dirigirá y producirá 19 cortometrajes y 10 largometrajes, entre los que destacan obras que han pasado a la historia del cine como El maquinista de la general, El héroe del río, Las tres edades, El navegante, El moderno Sherlock Holmes, Las siete ocasiones o The Cameraman, títulos que lo encumbraron en la industria y lo convirtieron en un cineasta magnífico, no solo convirtiéndose en el rey del Slapstick, sino siendo un creador con una grandísima capacidad para la comicidad, para esa comedia física trepidante y terriblemente ingeniosa, siendo ese héroe romántico capaz de lo increíble con el fin de conquistar a la mujer de su vida o acabar con la vida de los malvados, ese héroe cotidiano, ese hombrecillo capaz de la diablura más ingeniosa o la caída más impresionante, siempre escabulléndose de sus perseguidores, ya fuese a pie, corriendo, sujeto a un coche en volandas, en los engranajes de un tren o montaña abajo esquivando grandes rocas o mujeres enloquecidas. Un tipo cualquiera, alguien con una inmensa capacidad de desarrollar joyas visuales de gran calado, comedias físicas y magníficas sobre la condición humana y todo aquello que nos rodea.

El director Peter Bogdanovich (Kingston, New York, EE.UU., 1939) autor de grandes títulos especializados en el cine de John Ford u Orson Welles, y director de grandes títulos como The Last Picture Show, Luna de papel o Texasville, dirige esta película homenaje, con los testimonios de grandes nombres de la industria del cine como Mel Brooks, Quentin Tarantino, Werner Herzog, Dick van Dyke y Johnny Knoxville, entre otros,  recorriendo la biografía tanto personal como profesional del genial cómico estadounidense, desde sus inicios en el vodevil junto a sus padres hasta sus últimos años, pasando por la época dorada del cine silente donde fue uno de los grandes, aquel cambió de estrategia en la que perdió su independencia y se vio abocado a un cine manejado por el productor, sus matrimonios fallidos, sus tristezas, sus problemas con el alcohol, su etapa de guionista para los hermanos Marx, su injusto olvido apareciendo en Sunset Boulevard, de Wilder, o en Candilejas, donde trabajó con Chaplin, en una memorable película sobre dos antiguos cómicos a los que ya todos han olvidado.

En la década de los cincuenta y sesenta con sus continuas apariciones en programas de televisión donde era homenajeado, la participación en innumerables anuncios publicitarios donde rememoraba algunas de sus memorables persecuciones o caídas, algunas imágenes del rodaje de sus películas, tanto las antiguas como las modernas, y esos últimos años con grandes homenajes como el Óscar honorifico o en el Festival de Venecia, despedían a uno de los grandes del cine, a un cineasta que hizo reír desde la inteligencia, desde lo más sencillo y humilde, creando ese personaje que era poca cosa, pero con indudable capacidad para enfrentarse a todos y todo, siempre con esa extraordinaria vis cómica inherente en un hombre que brilló con luz propia en el firmamento de Hollywood, aunque la misma industria estrujó al máximo y con el tiempo lo expulsó y lo olvidó.

Bogdanovich hace un documental convencional y divertido, en el que recupera alguna de sus escenas memorables, como aquella que se le cae la fachada de su casa pro el único hueco en el que Keaton se hallaba, y sus divertidísimas y audaces secuencias en El maquinista de la general, donde todo ocurre a una velocidad de vértigo y donde los gags se acumulan con acierto y genialidad, o la considerada para muchos mejor persecución de la historia con Keaton corriendo montaña abajo mientras esquiva enormes rocas, donde cae, se levanta, vuelve a caer y así sigue, o tantas otras donde se reía del éxito del momento con comicidad y surrealismo. Un documento excepcional y maravilloso que devuelve a primera fila uno de los grandes, alguien que contribuyó a hacer del cine el maravilloso invento que es. Una película llena de hallazgos, tanto documentales con imágenes de archivo que son una joya, y los testimonios de tantos profesionales del cine que aportan una visión muy amplia de Buster Keaton, alguien que dejó un legado brutal e inabarcable, unas huellas irrepetibles, únicas y prodigiosas que seguirán siendo una referencia a todo aquel que no solamente ame el cine sino que también ame la vida, porque ante todo el cine que hacía Keaton era el cine de alguien que ama a la humanidad, a pesar de todos sus defectos y errores, un cine humanista que hacía reír y también, llorar de risa. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA