La muerte de Luis XIV, de Albert Serra

llxiv_castLA AGONÍA DEL REY.

“Este libro es un acto decididamente político, ya que denuncia el espectáculo: quiero decir, la ficción irrisoria a la que se encuentra reducida la expresión audiovisual en nuestra sociedad, así como el contagio que ésta padece, convertida, en su esencia, en una sociedad del espectáculo. Por primera vez desde que existe el hombre, poseemos un medio de comunicación universal por su inmediatez, a diferencia de la escritura, que supone una previa condición cultural. ¿Y qué hemos hecho? Una especie de juego circense que corrompe todo el mundo y todos los temas”

Roberto Rossellini

Con estas palabras enormemente significativas y precisas, se abre la autobiografía del cineasta Roberto Rossellini, toda una reivindicación del arte cinematográfico como herramienta fundamental para retratar al hombre y su tiempo, olvidando la superficialidad en la que se ha convertido. Definición muy apropiada al cine de Albert Serra (Banyoles, Girona, 1975) ideado y construido a partir de la desmitificación del mito o leyenda, en un viaje introspectivo en el que penetra en la profundidad del alma de sus personajes, ya desde su primera película, Honor de caballería (2006) retrató lo ordinario e íntimo de El Quijote, retratando una de las figuras esenciales de la  literatura universal. La película de Serra filmada en exteriores nos trasladaba en un viaje sin fin en el que el ilustre hidalgo perdía su gallardía y grandeza para convertirse en un ser corriente, anciano que se movía con dificultad, junto a su fiel escudero Sancho Panza. En El cant dels ocells (2008) seguimos el viaje de los tres reyes magos, unos personajes muy alejados de su magnificencia, aquí se convertían en hombres sencillos, con manías y miedos, que viajaban a pie en busca de su destino.

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En 2011 realiza Els noms de Crist, para una exposición en el Macba, sobre el proceso creativo del cine en un trabajo inspirado en la mística de Fray Luis de León. Al año siguiente, esta vez para el CCCB, dirige El senyor ha fet en mi meravelles, en la que, junto al equipo de Honor de Cavallería, recorría los lugares de El Quijote. En 2013, como encargó del dOcumenta de Kassel realiza Els tres porquets, un retrato de Goethe, Hitler y Fassbinder, tres de las figuras más relevantes de la Historia de Alemania. En el 2013 presenta Història de la meva mort, en la que filma el soñado encuentro entre Casanova y Drácula, dos figuras que representan el Racionalismo que está llegando a su fin, enfrentado al Romanticismo que se abre paso. En el 2015, para el pabellón catalán de la Bienal di Arte di Venezia, realiza Singularity, 12 horas de película en las que describe la transformación del siglo XX a través de la minería y la prostitución.

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Ahora, con La muerte de Luis XIV, nos devuelve al siglo XVIII, donde transcurría buena parte de la historia de Casanova y Drácula, a su verano, y a las dos semanas que transcurrió la lenta agonía del monarca. Esta vez, Serra (como viene siendo en su cine reciente, ha dejado los paisajes naturales para introducirse en espacios cerrados y agobiantes) nos encierra en la habitación del Rey, y alrededor de su cama fúnebre, en una primorosa pieza de cámara, en la que asistiremos a las horas y días que se irán consumiendo lentamente, observando cómo su doctor personal y científicos se mostrarán incapaces para detener la imparable gangrena que afecta a su pierna izquierda. También, le visitarán cortesanos, eclesiásticos, ministros, damas gentiles, su hijo, y sus perros. Serra nos construye una película histórica que nos recuerda al aroma de las producciones francesas, en las que se huye de la espectacularidad y los éxitos del personaje en cuestión, para adentrarse en su carne, en los tejidos naturales que no vemos, en las entrañas de que está compuesto, en esa humanidad decrépita que contamina todo el espacio. Podríamos encontrar en el cine de Rossellini realizado para televisión en el mejor modelo donde Serra encontraría su inspiración, en La toma del poder por parte de Luis XIV (1966) que podría ser el reverso del espejo de ésta, en la que la grandiosidad de aquel momento, se contrapone con el final triste de sus días, o Sócrates (1975) y El Mesías (1975), por citar sólo algunas, en las que Rossellini devuelve a la televisión su esencia, dotando a las historias del rigor necesario, construyendo obras que retratan el humanismo de estos personajes de la historia, idea en la que también profundizaría Pasolini en sus frescos históricos como El evangelio según San Mateo (1964), Edipo Rey (1967) o Medea (1970), o Sokurov en sus obras dedicadas a los dictadores del siglo XX,  a Hitler en Moloch (1999), Lenin en Taurus (2001) y Hirohito en Sol (2005).

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Serra habituado a trabajar con actores no profesionales, ahora lo hace con Jean-Pierre Léaud, figura esencial del cine europeo del último medio siglo. Aquí, se introduce en la piel arrugada y envejecida del Rey, que fue llamado “Rey Sol”, pero en este momento, toda aquella luz que lo iluminaba ha dejado paso a la penumbra y la oscuridad en la que se ha visto reducida su existencia (como le ocurría a Barry Lyndon). Y la presencia del actor Patric D’Assumçao (visto en El desconocido del lago) como Fagon, el inútil doctor. El director de Banyoles, interesado en la humanidad y la decadencia de aquellos que todo lo fueron, en su lenta desaparición, genera ese paisaje humano de luz velada obra del cinematógrafo Jonathan Ricquebourg (que retrató la imagen animal de Clan salvaje), en la que la estancia del rey se apodera del relato en la que la magnífica dirección artística de Sebastian Vogler (cuarto filme con Serra) cuida el detalle y la rugosidad de cada pliegue, cada objeto y forma, en la que predomina ese intenso rojo en contraposición con los ropajes ampulosos y esos pelucones extravagantes que presiden la ceremonia a la que asistimos casi en silencio, porque Serra decora su espacio de miradas, gestos y gritos, los alaridos de dolor del Rey que rompen el silencio de palacio, aunque el maravilloso diálogo pronunciado por Vicenç Altaió (repite con Serra después de su inolvidable Casanova) en un personaje que viene a deslumbrar con sus ideas científicas, y su idea sobre la vida y el amor, aunque tampoco acaban de tener el efecto esperado en la salud del Rey.

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Serra, acompañado de su equipo habitual, deja su catalán de Banyoles, para filmar en francés por primera vez, en una película que recoge el espíritu contestatario e irreverente de su cine, una mirada alejada de cualquier convencionalismo que podamos imaginar, un cine construido desde la sinceridad del autor que conoce su oficio, un trabajo al que da forma profundizando en su diferentes formas de representación, y en todos los medios narrativos y expresivos a su alcance, ya sea en el cine, la televisión, en el museo, o en su capacidad para sumergir al espectador en mundos en desaparición, universos que se resisten a desaparecer (con ese aroma tenebroso de decadencia mortuoria que presidía el cine de Visconti) paisajes humanos donde todo parece inútil y banal, pero que oculta toda la esencia de un cine cimentado en la humanidad de unos personajes que mueren lentamente, casi sin darse cuenta, creyéndose que con su muerte todo cambiará, aunque todo seguirá igual.

Amor y amistad, de Whit Stillman

AF_A4_AMOR&AMISTAD LAS MANIOBRAS DEL AMOR.

La escritora Jane Austen (1775-1817) apenas tuvo ninguna repercusión en vida. Desgraciadamente, todo su éxito se produjo post mortem, cuando sus relatos cortos y novelas llegaron de forma masiva al gran público, tuvo el reconocimiento que se merecía. Sus obras se estructuran a través del punto de vista femenino, principalmente jóvenes de la alta burguesía provinciana, centradas en sus conflictos internos que giran en torno a cuestiones amorosas. Su rabiosa modernidad en retratar temas que profundizan sobre la complejidad del alma humana, exponiéndolos a través de una deliciosa ironía, en el que los detalles se describen de forma precisa en el retrato de los ambientes burgueses, y sobre todo, en las relaciones que establecen los personajes implicados en las tramas amorosas, incorporando cartas y notas, vehículos que utiliza para dar rienda suelta a la comicidad. A pesar de su corta obra, debido a su prematuro fallecimiento por enfermedad, Austen se ha convertido en una de las escritoras más importantes de la historia de la literatura.

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Whit Stillman (Washinton, 1952) que arrancó su carrera como agente de ventas de las primeras películas de Fernando Trueba y Fernando Colomo, en las que apareció en pequeños papeles, e incluso como productor en La línea del cielo, de Colomo, también tuvo tiempo para dedicarse a la literatura y el periodismo. Debutó en la gran pantalla con  Metropolitan (1990), que retrataba a un grupo nutrido de jóvenes burgueses neoyorquinos, le siguió Barcelona (1994), ambientada en los 80, en la que describía las andanzas de un joven estadounidense en la ciudad condal, cuatro años más tarde, presentó The last days of disco, con los 80 nuevamente como protagonistas, pero ahora, retratando a un par de amigas de la escena de New York. Un largo período de ausencia del cine, dedicados a la televisión, lo devolvió en 2011 con Damiselas en apuros, con Greta Gerwig (la musa de Baumbach) como protagonista, en la que seguía a unas jóvenes díscolas también de N.Y. Ahora, nos volvemos a encontrar con Stillman adaptando una obra corta de Jane Austen, Lady Susan, que debe el titulo de Amor y amistad, curiosamente, a un relato primerizo de Austen. Aquí, el relato también pertenece a los inicios de Austen, y en los ambientes provinciales ingleses de 1790, en la que conocemos a Lady Susan Vernon, una viuda reciente, que llega a Churchill, junto a su hija adolescente Frederica, a hospedarse en la casa familiar de su familia política, los Decourcy. Su llegada convulsiona el lugar, debido a su fama de promiscuidad y los secretos de sus verdaderas intenciones, que según cuenta, son puramente encontrar esposo a su hija, aunque su objetivo es puramente económico. El joven de los Decourcy se siente fuertemente atraído por la viuda que, juega con él y se deja querer, aunque la dama “distinguida” parece beber los vientos por otro apuesto caballero que reside en la ciudad, aunque mientras tanto se divierte en el juego del amor, tanto con el joven citado como con otro acaudalado y mojigato caballero, mientras, para pasar el rato, comparte confidencias con su joven amiga norteamericana Alicia Johnson, casada por conveniencia con el rico y aburrido Sr. Johnson.

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Stillman describe con astucia y sencillez todas las tramas y caracteres que se cuecen soterradamente en el ambiente, no hay excesos melodramáticos ni subrayados innecesarios, y alguno que hay, lo utiliza para mofarse de estos señores aburridos de almacenar riqueza. Stillman va al grano, nos divierte de forma sutil, no provoca grandes carcajadas, aunque soltemos alguna que otra, sino más bien, esa media sonrisa de finísima ironía que a ratos conlleva amargura y tristeza, que utiliza ingeniosamente,  para acentuar los conflictos que desata la belleza arrebatadora de la viuda. Estamos ante una película de corte “british”, muy alejada del tono estadounidense. Aquí todo bulle a fuego lento, la trama va in crescendo de forma reposada y suave, las formes distinguidas de los personajes, aparentemente, dejan paso a esos devaneos sentimentales que los arrastran incomprensiblemente a los brazos de quienes menos los valoran, aunque a simple vista, pueda parecer lo contrario. La pluma de Austen sacude con energía cada fotograma de la película de Stillman, nos emociona y nos conmueve, sin pasarse claro, en su justa medida, y también, cómo no, nos invita a la reflexión, de que diantres esta formada la compleja naturaleza humana, y a que se debe que muera por el ser más infecto, y en cambio, ni tenga en cuenta de aquel que lo cuida y lo valora, cuestiones difíciles de discernir, que diría el poeta.

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Amor y amistad se suma,  saliendo por la puerta grande, a otras adaptaciones cinematográficas, que con gran acierto han sabido retratar el espíritu y paisaje moral de Austen, y ese mundo de jóvenes heroínas que mueren de amor, como Sentido y sensibilidad (1995), de Ang Lee, Emma (1996) con Gwyneth Paltrow u Orgullo y prejuicio (2005) con Keira Knightley, entre otras. Stillman ha filmado una gran adaptación, con un elenco extraordinario entre los que destacan la sorprendente sutileza y elegancia de la simpática pérfida Lady Susan (que nos recuerda a ciertas maneras y astucias del arribista  y sinvergüenza Barry Lyndon, en otro contexto eso sí, de la película homónima de Kubrick) que interpreta Kate Beckinsale (alejada de sus papeles como violent femme de palomiteros blockbusters) y su confidente damisela, la interesante Cloë Sevingy (éstas dos repiten con Stillman después de The last days of disco) y un buen ramillete de intérpretes ingleses, que transmiten naturalidad y compostura con sencillez, sin necesidad de falsas estridencias, destacando las maravillosas presencias de Stephen Fry, James Fleet y Jemma Redgrave (de saga familiar ilustre). Stillman quiere que nos divirtamos, deja que miremos su película, sin prisas ni enigmas, con la belleza de sus paisajes y con la elegancia de sus interiores, con esos planos y encuadres largos, con pocos cortes, que nos da la distancia necesaria para mirar la película sin involucrarnos demasiado en las maneras de Lady Susan, sólo en sus actuaciones, algunas reales, otras no, pero al fin y al cabo, no dicen que tanto la guerra como el amor, saca a relucir lo peor de nosotros mismos.

Después de la tormenta, de Hirokazu Kore-eda

ddlt-cartel-400pxAFRONTAR LA DERROTA.

«No todo el mundo puede convertirse en lo que desea ser».

Tras un período de formación en la televisión realizando documentales, el cineasta Horikazu Kore-eda (Nerima, Tokyo, 1962) arrancó su filmografía con After life (1998) y Distance (2001), sendos dramas que exploraban la necesidad de la memoria para soportar las tragedias de la vida, en el 2004 con Nadie sabe, aportó un ingrediente que se ha convertido en una parte esencial de su obra desde entonces: la familia. En ésta, unos niños desamparados construían en su hogar un reino propio que se veía invadido por la hostilidad del exterior. En Hana (2006) le daba la vuelta al género de samuráis con un antihéroe que encontraba su lugar en un barrio pobre, pero de fuertes relaciones humanas. Con Still walking (2008) llegó su obra cumbre con una sencilla historia con ecos de Cuentos de Tokyo, de Ozu, en la que retrataba sus temas preferidos, la memoria, camino necesario para seguir hacía delante, la muerte como reflejo de la fugacidad de la existencia y la pérdida, y como afrontarla y asumirla. Con Air doll (2009) se tomó un leve respiro de sus núcleos familiares, y retrató el concepto de soledad en las ciudades actuales, con Kiseki (2011) volvió a sus ambientes familiares, en este caso, dos hermanos separados por el divorcio de sus padres, anhelan volverse a encontrar. En De tal padre, tal hijo (2013) experimentaba en las relaciones paterno filiales a través de la identidad y los lazos familiares, y en Nuestra hermana pequeña, del año pasado, describía los lazos familiares de unas hermanas que acaban de conocer su existencia.

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Ahora, Kore-eda nos presenta a Ryota, un tipo perdido de unos cuarenta años, que vive anclado en el pasado, un tiempo en el que escribió una novela que tuvo algo de éxito, y vivía con us mujer e hijo. Un tiempo que ya no volverá.  En la actualidad, se debate en un trabajo como detective (que dice que es para la investigación de su próximo libro) su afición por las carreras de caballos y apuestas de todo tipo (que recuerda a la misma actitud del personaje que hacia Fernando Fernán-Gómez en su inolvidable El mundo sigue) que hace que ande pidiendo dinero continuamente a su hermana mayor y a su madre, y además,  le imposibilita pagar la pensión a su ex mujer (por el hijo que comparten) de la que todavía sigue enamorado y está empeñado en recuperar. Kore-eda ambienta su película en el extrarradio de Tokyo, en un barrio residencial envejecido, que añora la nostalgia de lo que pretendía ser y nunca ha sido, y ahora es habitado por ancianos, como la madre de Ryota, Yoshiko (la maravillosa actriz venerada en Japón, en su quinto trabajo con el director, habitual desde Kiseki, que hace poco vimos como la adorable cocinera de yoradakis en Una pastelería en Tokyo) encarnando a esa madre independiente y protectora, que aporta un estupendo sentido del humor a esta historia triste y delicada del director nipón.

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Kore-eda estructura en dos partes su película, en la primera, y bajo un tono de desesperanza, vemos el deambular de Ryota, dando tumbos, moviéndose por lugares que no le pertenecen, que ha caído en ellos por su mala conducta, incapaz de asumir su derrota, de dejar de compadecerse y empezar un nuevo camino de ilusión en su vida. En la segunda mitad, la amenaza del tifón, obliga a madre/abuela e hijo, junto a nieto y ex esposa a pasar la noche en la casa de la abuela. En ese instante, y en ese preciso momento, se desatarán las necesidades de unos y otros, los anhelos que han marcado a los personajes, y las ilusiones de juventud que han ido muriendo por el camino. Unos personajes golpeados por la pérdida (la abuela acaba de perder a su marido de toda la vida), el hijo (no asume la derrota de su vida y no es capaz de levantar el vuelo) la ex, Kyoko (se debate en empezar una nueva relación sin estar enamorada) y el niño (le encantaría pasar más tiempo con un padre que ve solamente unas exiguas horas una vez al mes). Una noche refugiados por el tifón que despejará dudas a unos y otros sobre como relacionarse no sólo ante ellos, sino ante los demás, y en su vida y las decisiones que deben tomar (como ocurría en la magnífica Aguas tranquilas, de Naomi Kawase) como la naturaleza describía la profundidad de las emociones interiores que viven los personajes.

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Kore-eda ha construido una obra transparente, sumamente delicada y exquisita, profundizando de manera precisa en el retrato de la cotidianidad, consiguiendo situarnos entre las cuatro paredes del piso de la abuela, de forma naturalista y tremendamente sencilla. Si Yasujiro Ozu se convirtió en el mejor retratista de las relaciones familiares en el Japón devastado por la guerra, en sus maravillosas descripciones sobre las relaciones de padres (la tradición) e hijos (la occidentalización), Kore-eda ha tomado su testigo, componiendo excelentes frescos sobre la familia actual y sus tragedias (la separación de los padres, los hijos sin la figura paterna, y las nuevas parejas de los cónyuges…) imprimiendo a sus relatos un acertado retrato sobre la cotidianidad de sus personajes, explorando sus miedos, soledades y tristezas, todo aquello que no se explica con palabras, pero la mirada de Kore-eda logra mostrarnos con suma sensibilidad, sumergiéndonos en un mundo inabarcable de emociones y sentimientos.

Entrevista a Erik Gandini

Entrevista a Erik Gandini, director de «La teoría sueca del amor». El encuentro tuvo lugar el jueves 3 de noviembre de 2016 en el hall de los Cines Aribau en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Erik Gandini, por su tiempo, generosidad, y cariño, a Ot Burgaya y Laia Aubia de El documental del mes, por su paciencia, amabilidad y cariño, y a la intérprete Marta Varela, que además, tuvo el detalle de tomar la fotografía que encabeza la publicación

El destierro, de Arturo Ruiz Serrano

cartel_final_destierro-bigLA JOVEN QUE SURGIÓ DEL FRÍO.

La película se inicia con una estampa hibernal, la nieve ha ocultado un páramo perdido en algún lugar sin nombre de España. Un miliciano tapado hasta el alma, guía a su mula cargada hasta las trancas, asoma entre el tupido manto blanco como una mancha en medio de la nada. Arriba hasta uno pequeño refugio del que sale otro miliciano, le deja algunas provisiones, y le presenta a su nuevo compañero de morada, otro miliciano destinado a ese lugar. Así empieza esta película minimalista, íntima y honesta, en la que nos sitúan en mitad de la Guerra Civil, aunque sólo la vemos de pasada,  algunos aviones que sobrevuelan con destino a bombardear Madrid, y ráfagas a lo lejos. La cinta se centra en un puesto de vigilancia en mitad de un lugar desconocido, en el que hay que vigilar el fuego para soportar las bajísimas temperaturas del entorno. Un paisaje hostil, agreste, de los que hacen daño, sólo dos personajes, a los que se añadirá más adelante un tercero, son los ingredientes de esta película sencilla que plantea un relato sobre la condición humana, independientemente de la ideología política, sólo centrada en las necesidades cotidianas, en las incertidumbres de una guerra fratricida que aleja a los seres queridos, y lo convierte a uno en un animal hambriento.

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El director Arturo Ruiz Serrano (Madrid, 1972) prolífico autor de cortometrajes, con los que ha cosechado más de 180 premios tanto nacionales como internacionales, que ya estuvo como guionista en la interesante El perfecto desconocido (2011), de Toni Bestard (autor junto a Marcos Cabotá del documental I Am your father, aquí haciendo tándem en labores de producción), que también planteaba una situación parecida, la llegada de alguien a un pueblo y las relaciones con los vecinos. Ahora, para su puesta de largo, Arturo Ruiz Serrano, aborda un conflicto que enfrenta a dos personajes antagónicos, por un lado, teneamos a un miliciano rudo y animal, de aspecto fuerte, hombre de la tierra, del ejército fascista, nada convencido de la causa que defiende, y con la familia en el Madrid sitiado, y por el otro, un joven seminarista, intelectual y frágil, católico y fascista de familia. Las fricciones y conflictos no tardan en aparecer, una relación impuesta que no les agrada, pero tienen que luchar contra unos elementos atmosféricos muy hostiles que los amenazan más que los disparos de los enemigos que no se ven en todo el metraje. La aparición de Zoska, la joven polaca idealista que encuentran moribunda, incrementará la difícil convivencia entre los tres, y las diferentes oposiciones que se manifiestan con respecto al futuro de la joven.

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Ruiz Serrano construye, con acierto y sencillez, una película in crescendo, un menage a trois distinto, de corte clásico, huyendo de los aspavientos y demás artimañas modernas, para mirar hacia el cine de los maestros, y el cine de los países del este, todo se cuenta de forma austera, el paisaje se convierte en un personaje más, y la guerra funciona como trasfondo, situando su relato en la retaguardia, donde las ideologías y las heroicidades no valen, aquí se cuecen otras actitudes y necesidades: se fraguan las batallas interiores, las que no salen en los diarios, los miedos personales, la compleja supervivencia, el conflicto con el otro… Un grupo de técnicos profesionales que como Nicolás Pinzón en la fotografía (excelente la atmósfera hibernal) o Iván Ruiz en la música han acompañado tanto a Arturo Ruiz como a los productores mencionados, con la grandísima aportación de la montadora Teresa Font (habitual de Aranda, De la Iglesia o Uribe, entre muchos otros) han levantado una película de un esfuerzo titánico de producción, que nace con vocación de cine diferente, resistente y sobre todo, un cine que huye de convencionalismos y etiquetas, para mostrar aspectos de la condición humana, tanto físicos como emocionales. Amén del excelente trío protagonista, con Eric Francés como Silveiro, el huraño y bestia de una sola pieza, Joan Carles Suau como su contrapunto, la inteligencia emocional y la carga de los miedos que le atenazan, y la joven polaca Monika Kowalska como la perdida y guerrera Zoska. Un trío que emociona, nos envuelve y además, nos transmite toda la fuerza y la sensibiliada de sus personajes, y cuestión moral que propone esta fábula, no sobre la contienda bélica, sino sobre las emociones, los miedos, la soledad, y la estupidez de la guerra, que además de provocar que unos y otros ase maten, acaba relacionando a gentes de diverso corte social diferente, pero con las mismas necesidades que cualquiera.


<p><a href=»https://vimeo.com/144899813″>Trailer The Exile</a> from <a href=»https://vimeo.com/user13031022″>David Castellanos</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Entrevista a Isaki Lacuesta e Isa Campo

Entrevista a Isaki Lacuesta e Isa Campo, directores de «La próxima piel». El encuentro tuvo lugar el miércoles 19 de octubre de 2016 en el hall de los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Isaki Lacuesta e Isa Campo, por su tiempo, generosidad, amistad y cariño, a Sandra Ejarque y Ainhoa Pernaute de Vasaver, por su paciencia, amabilidad y cariño, y a mi querido Óscar Fernández Orengo, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que encabeza la publicación

Sonita, de Rokhsareh Ghaem Maghmai

aaff_octubre_2016_catVERSOS CONTRA LA INJUSTICA.

“Déjame susurrarte mis palabras, ya que nadie me oye

cuando hablo de las chicas en venta”

Sonita es de Afganistán y tiene 18 años, aunque podría tener algunos menos, ya que no tiene ningún documento oficial que lo certifique. Lleva 11 años refugiada clandestinamente en los suburbios de Teherán (Irán), donde en compañía de su familia huyó de los talibanes y la guerra, mientras subsiste precariamente, junto a su hermana soltera y la hija de ésta, gracias a un centro de acogida de menores. Toda su no vida se materializa a través de su música, un “rap” contundente, enérgico y vital, en el que golpea con fuerza con versos llenos de furia y rabia contra la injusticia y la violencia en su país contra la libertad de las mujeres.

Rokhsareh Ghaem Maghami (Teherán, Irán, 1975) con una trayectoria interesante en el terreno del documental, galardonada en diversos festivales internacionales, se lanza a filmar este viaje emocional y profundo de una niña/mujer, de aspecto menudo y frágil, pero todo lo contrario en su capacidad emocional, que se mueve a impulsos llenos de energía y que, a pesar de su situación, sueña con convertirse en una estrella del rap. La cámara de Rokharesh penetra en su intimidad doméstica y laboral, capturando de forma natural y muy física el entorno de Sonita, una radiografía durísima en la que tiene que moverse diariamente y seguir luchando sorteando los numerosos problemas que la acechan, la falta de dinero se convierte en el mayor, aunque  la idea de su madre (que vive en Afganistán) de casarla para cobrar por ella 9000 dólares se convierte en la mayor de sus dificultades al que tiene que enfrentarse. Sonita compondrá un tema Brides for Sale y grabará un videoclip casero en el que denuncia la violencia contra las mujeres de su país y una tradición horrible que esclaviza a las féminas que sufren la voluntad paterna convirtiéndolas en meros objetos vendidos al mejor postor.

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Rokhaserh ha realizado una película de denuncia, un artefacto incendiario, una película que investiga varios temas: la violencia contra las mujeres, la miseria en la que viven los refugiados políticos,  y también, un tema de suma importancia para el cineasta, el de su implicación moral con aquello que filma, como las vidas de sus personajes, no sólo se convierten en materia de exploración, sino en una forma de actitud política, en la que se pone de manifiesto el verdadero objetivo de la obra que se está realizando, la intervención o no en  las circunstancias que tienen lugar. El discurso de la película está construido a través de la honestidad y sinceridad, nunca cae en sentimentalismos, ni en subrayados, todo se filma de manera directa y sin tapujos, consiguiendo transmitirnos mediante la mirada, los detalles y gestos de Sonita, y su entorno, toda la angustia a la que está sometida la joven. La película cuestiona y, de qué manera, todo un sistema patriarcal que anula la voluntad femenina y convierte a las mujeres en objetos sin voz ni voto. La forma de la película, en un digital transparente y cercano, nos conduce por esa vida mutilada y rota, una vida oscura (como la espeluznante secuencia en la que Sonita escenifica su huida de Afganistán, en la que es detenida por los talibanes) un horror cotidiano y triste, que vuelve a revivir Sonita en su vuelta a Afganistán, un país en continuo estado de guerra que convierte a las personas en almas errantes sin consuelo.

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Rokhsareh se suma a las voces de las hermanas Makhmalbaf, Samira, con La manzana (2008) y A las cinco de la tarde (2003) y Hana, con Buda explotó por vergüenza (2007), cineastas iraníes que han denunciado la terrible explotación que sufren diariamente las mujeres afganesas y de otros países árabes. Un cine valiente, de gran factura, y sobre todo, humanista, que nos habla de personas, sobre mujeres que no pueden ser libres, que cada paso que dan tienen que pedir permiso a su familia, que la sociedad de sus países ha vuelto invisibles, ocultas en telas oscuras, o encerradas en casa al cuidado del hogar y los hijos. Vidas muertas, vidas sin vida, vidas que se convierten en el eje central de las canciones de Sonita, una joven que utiliza su arte para combatir la injusticia social y que su música pueda servir para ayudar a alguna joven (como comenta en algún momento de la película) y de esa manera, continuar vivas las palabras de las que partía Brecht, aquellas en que se refería que el arte debía de ir de la mano del pueblo, denunciando las injusticias y despertando sus conciencias.

Entrevista a Jonás Trueba

Entrevista a Jonás Trueba, director de «La reconquista». El encuentro tuvo lugar el miércoles 28 de septiembre de 2016 en el vestíbulo de los Cines Verdi de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jonás Trueba, por su tiempo, generosidad y cariño, a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su paciencia, amabilidad, y cariño, y a Óscar Fernández Orengo, amigo y excelente fotógrafo, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que encabeza la publicación.

A Good American, de Friedrich Moser

a_good_american-284301233-largeEL PATRIOTA TRAICIONADO.

“(…) si quieres que se haga algo debes hacerlo tú. No hay que pedir permiso, solo pedir disculpas, si es necesario. A veces no es necesario. Si el problema está arreglado, ya no hay problema”.

Bill Binney

En la actualidad, los gobiernos, amparados en la seguridad nacional, han invadido cualquier lugar del mundo instalando cámaras, servicios de vigilancia, y todo tipo de aparatos digitales en los que pinchan nuestros móviles, conexiones a internet, etc… con el fin de controlar y espiar a todos los ciudadanos del planeta, los cuales, aparte de vulnerar nuestra intimidad y privacidad, nos hemos convertido, sólo por el mero hecho de existir y utilizar estas nuevas tecnologías, en hipotéticas amenazas para el mundo en el que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. El cineasta Friedrich Moser (1969, Austria) que ya presentó hace cuatro años el documental Los negocios de Bruselas (¿Quién dirige la Unión Europa?), codirigido con Matthieu Lietaert, en el que sacaba a la luz las entrañas podridas y corruptas de la estructura económica de una organización más propia del mundo del hampa que de una asociación democrática de un grupo de países para cooperar y velar por los intereses de los ciudadanos.

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Ahora, su objetivo son los EE.UU. y su Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y más concretamente uno de sus miembros más prestigiosos, Bill Binney, criptógrafo y director técnico, especializado en el análisis de información,  que junto a su quipo de analistas de datos crearon el “Thin Thread”, un sofisticado programa de recopilación de datos que contenía un sistema de última generacón que una vez almacenaba la información, conseguía filtrarla por objetivos, y dejar solo aquellos datos de suma importancia, además, de dejar fuera todos aquellos datos que invadían la intimidad de los ciudadanos de a pie. Moser nos cuenta su película a través de un docu-thriller, como ya hizo con su anterior cinta, investigando los orígenes de Binney, su reclutamiento durante la guerra del Vietnam y su inicio de  trabajador de incógnito para los servicios de inteligencia, pasando por las diferentes áreas investigando y recopilando datos de las posibles amenazas, y el cambio que supuso el final de la Guerra fría y los nuevos enemigos del terrorismo árabe internacional, y su manera de actuar a través de las redes informáticas, la modernización de su trabajo con el “boom” de la era digital, donde todo ha cambiado, en un mundo lleno de cables, en el que todos sabemos todo de todos, y los gobiernos, y sus intrincados funcionamientos, son los primeros interesados en conocer al detalle la intimidad de todos los ciudadanos del planeta, traspasando los derechos fundamentales de libertad y protección de datos, por el bien de la seguridad, o eso dicen.

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El realizador austriaco cimenta un fascinante y terrorífico viaje en el que nos transporta a diferentes tiempos, situaciones y acontecimientos, utilizando imágenes de archivo para contarnos todos los sucesos importantes a lo largo de este período, y también, filma reconstrucciones de ficción para observar el funcionamiento de la NSA, todo ello mezclado con los testimonios de los verdaderos protagonistas: Bill Binney y su equipo hablan con sinceridad a la cámara, detallan todos los acontecimientos, nos explican la invención de su maravilloso programa y sobre todo, reflexionan y emiten sus propios juicios cuando se detienen en la estructura interna de su gobierno, y cómo actuaban después que la información confidencial llegaba a su poder, su incapacidad para detener futuros atentados (como el gravísimo contra el Worl Trade Center el 11 de septiembre del 20011), no haciendo el trabajo que tenían que hacer para evitarlo, anteponiendo los intereses económicos personales de los componentes jerárquicos del país, buscando la manera más sucia y corrupta para aumentar los ingresos a favor de una seguridad del país solo aparente, una excusa terrible y maléfica que termina con vidas inocentes.

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La cinta desarrolla el enfrentamiento que tuvieron Binney y su equipo con el gobierno y el final de su trabajo. El proceso de Binney, el ciudadano americano que cree que trabaja para un país libre y democrático, en el que su trabajo de investigación ayudará a salvar muchas vidas, se encuentra que todo es una farsa, una gran mentira en el que solo ha sido un títere más, dentro de un eje oscuro y fanático que insta sus intereses a los puramente económicos, y nada más. Un proceso parecido al de Jim Garrison, fiscal del distrito de Dallas que, investigó el magnicidio del presidente Kennedy para descubrir que todo era un trama planificada por el gobierno de su país para acabar con su mandatario que no permitía más gasto militar ni invasiones, que Oliver Stone hizo la película con resultados ejemplares. Hombres buenos, hombres de principios que se enfrentan a un poder corrupto y asesino, un poder que hace y deshace sin importarle las vidas de las personas. Moser ha construido una película política, con pulso firme y seria, un valiente alegato y muy necesario en los tiempos actuales, en el que podemos ver el aroma de las buenas películas de intriga, de espías, cine negro potente y cuidado, en el que teje una madeja pulcra y enérgica, compleja pero eficiente, pero logrando dosificar la información y dejándonos el tiempo necesario para la reflexión profunda y seria que evocan unas imágenes duras y tristes, si, pero reales, al fin y al cabo es el mundo que hemos creado y hacemos funcionar entre todos.

Black, de Adil El Arbi y Bilall Fallah

175-cartel-black-okAMOR ENTRE FIERAS.

Mavela tiene 15 años y de raza africana, se siente sola y perdida, rehuye cualquier relación con su madre, y solo encuentra refugio y camaradería en los «Black Bronx», una banda juvenil de centroafricanos que se dedica al robo y al tráfico de drogas. Un día, por casualidad o no, se encuentra en comisaría con Marwan, marroquí, de su misma edad, y perteneciente al grupo rival, los «1080». Al poco, se citan y se enamoran. Es un amor sincero, y de verdad, adolescente y libre, pero debido a las circunstancias, deben ocultarlo y mantenerlo en secreto. El segundo trabajo de los realizadores Abil El Arbi y Bilall Fallah, después de la interesante Image (2014), en la que relataban como una periodista se introducía en el complejo mundo de la delincuencia a través de un joven marroquí, sigue en la misma línea, vuelven a situarnos en Bruselas, en la cara oculta y silenciada por los medios, en ese mundo de hijos de inmigrantes, que no pertenecen a ningún lugar, que se mueven en lo ilegal y lo transgreden, carnes de cañón con un no futuro.

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La acción arranca con una joven en medio del caos, necesitada de cariño y comprensión, que con la necesidad de huir de su madre, debido a sus carencias emocionales, acaba en el peor de los lugares, en las fauces de un dragón voraz y terrorífico. En frente, encuentra un leve respiro en Marwan y en los sentimientos que nacen entre los dos. El tono de los realizadores belgas, pero con raíces árabes, es muy seco, su violencia es física y brutal, no hay respiro, todo se desarrolla a través de la acción, una acción vertiginosa y que no deja lugar a ningún tipo de tregua. Todo sucede a un ritmo vertiginoso. La cámara filma de forma realista y transparente a estos jóvenes condenados, unas almas rotas y agazapadas, que se sienten extranjeros en el lugar donde han nacido, que encuentran en la delincuencia su forma de vida, en la que pueden adquirir todo aquello que desean sin necesidad de ninún tipo de esfuerzo y trabajo. Y en medio de toda esta suciedad y terror, algo de humanidad, la historia de amor de Mavela y Marwan, unos actualizados Romeo y Julieta, entre la disputa de sus respectivas familias los Capuleto y los Montesco, aquí, convertidos en bandas rivales a muerte, como ocurría en el inolvidable musical West Side Story, la eterna lucha fraticida entre unos y otros, todos ellos marcados y sin salida, que podría resumirse en el instante que escuchamos el tema «Back to black», de la desaparecida Amy Winehouse, aquí versionado en forma de balada triste. Alegres pero en el fondo tristes.

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La película está bien construida, muestra un lado oscuro muy alejado de la Europa bienpensante y superficial, la realidad de esos niños en la frontera, niños perdidos en su propio país, que ni se sienten de el ni pertanecen a el, que viven en esos barrios pobres, sin recursos, con indices brutales de desempleo, y olvidados de todos, que encuentran en la amistad y en el compañerismo de apariencias una forma de vida, no trabajan, pero robando consiguen lo que quieren, no hay futuro, sólo viven y disfrutan del presente, un presente lleno de violencia, muerte, sexo y consumo rápido, todo va Deprisa, deprisa como contaba la excelente película de Saura. Quizás la cinta adolece de profundidad en su discurso, más interesada en una forma exquisita y descarnada, a partes iguales Bella y triste, romántica y llena de odio y venganza. Juega a su favor ese aroma naturalista y sangrante que recorrían las calles deshumanizadas de Kids, de Larry Clark o la marginalidad y negritud de El odio, de Matthieu Kassovitz. El trabajo interpretativo, tanto de la maravillosa pareja protagonista compuesta por Martha Canga Antonio y Aboubakr Bensaihi, amén del resto del reparto, ayuda a obtener la veracidad y frescura que se respira en la película. Es una historia conocida, pero no le quita méritos a la valentía y la propuesta de los directores en sumergirnos en este cruel descenso a los infiernos, en un relato que ocurre en todas las ciudades de esta Europa vendida como unida y próspera, pero en realidad, muy clasista, porque esa prosperidad solo levanta y mantiene a unos pocos privilegiados.