Zombi Child, de Bertrand Bonello

DE ENTRE LOS MUERTOS.

“Escucha, mundo blanco, los gritos de los difuntos. Escucha mi voz zombi honrando a los muertos”

René Depestre

Los universos que construye en sus películas el cineasta Bertrand Bonello (Niza, Francia, 1968), son particularmente especiales, porque podemos encontrar elementos físicos pegados a la realidad más cotidiana e inmediata, pero también, otro tipo de elementos, más irreales y fantásticos, productos de la emocionalidad de sus personajes, creando así unos universos particularmente fascinantes, hipnóticos e inquietantes, donde cualquier objeto o detalle se convierte en algo simbólico e importante, y va mucho más allá de la mera descripción, adentrándose en otros campos donde se puede hacer una relectura de la situación política, social, económica y cultural de nuestro tiempo. Desde su primera aproximación a las consecuencias del amor en su opera prima allá por 1998 en Quelque chose d’organique, pasando por sus reflexiones acerca de la vida y su oficio el cine en las interesantes Le pronographe (2001), o en De la guerre (2008), o en los conflictos de identidad y emocionales que sufría la trans de Tiresia (2003), o el mundo sucio, triste y desolador que padecían las prostitutas de L’Apollonide (2011), o los festivos y perversos años mozos del diseñador en Saint Laurent (2016), o su mirada transgresora y personal al terrorismo a través de Nocturama (2016).

El realizador francés siempre ha sentido el relato como una sucesión de personajes, espacios, elementos y objetos a los que hay que acoplar a su mirada personal y profunda, donde la imagen y su luz sean las que cuenten su historia, manteniendo una atmósfera extraña, perversa y cotidiana, por el que se mueven unos personajes complejos y perdidos, que deben encontrar, o al menos intentarlo, su forma de compartir ese mundo y a lo que le rodea. Zombi Child era inevitable en la filmografía de Bonello, porque con ella rompe muchas etapas de su carrera, empezando por su vuelta al cine de género, que tanto le fascina, la segunda, la forma de producción, una película sencilla, filmada en apenas cuatro semanas, sin utilizar apenas luz artificial, con intérpretes desconocidos, como la anterior Nocturama, y rodeado de un equipo mínimo, y rodando en la difícil Haití. Quiere Bonello devolver el “muerto viviente” a su estado natural, volviendo a sus raíces, a Haití, al vudú, a sus ancestros, y empieza desde el término, quitándole a la palabra la “e”, y dejando la inicial de zombi, luego, reelaborando un fascinante e intimista relato que arranca en el Tahití de 1962, donde los muertos son devueltos a la vida para esclavizarlos recogiendo caña, mezclado con el París actual, en el interior de un internado para niñas de la Legión de Honor, fundado por Napoleón allá por principios del XIX, cuando Haití se independizó.

Dos historias, dos relatos, contados en paralelo, que mucho tienen que ver, porque en el haitiano nos cuentan la peripecia real de un hombre convertido en zombi para el trabajo forzado, y su proceso de liberación. Mientras en el internado, conocemos a Mélissa, nieta del haitiano zombi, el legado de su ancestro y la relación de ésta con Fanny, su mejor amiga y la pequeña hermandad literaria y musical que comparten. Las dos miradas, el exterior, con las plantaciones de Haití, con el interno, del colegio francés, confluirán en una sola, cuando Fanny, despechada por amor, accederá a la magia negra o vudú, para desquitarse de lo que ella llama su posesión, algo parecido a lo que experimentaban los personajes de Olvídate de mí. Bonello mezcla de manera hipnótica y onírica las dos narraciones, fusionándolas en una sola, con continuos saltos en el tiempo de forma fluida y concisa, consiguiendo atraparnos con lo más cercano, devolviéndonos el universo ancestral y real del mundo, releyendo el género y olvidándose de la desmesura en la que lleva instalado las últimas décadas, llevándonos de la mano por este paisaje ensoñador, devastador y solitario, en el que podemos leer la situación social y política de la Francia, ya no solo actual, de su historia, como nos dejará claro el maravilloso instante con el historiador Patrick Boucheron, como profesor, explicando a sus alumnas la revolución francesa, el liberalismo del XIX, el engaño de la libertad camuflada en valores tradicionales y materiales.

La película incide en el quid de la cuestión de nuestra sociedad, y no es otra que, la posición en la que se cuenta el pasado, la de una historia ajena como la de Haití, también, hay espacio para reflexionar sobre las barbaridades del colonialismo, el respeto a la vida y cultura diferentes, los falsos valores tradicionales y patriotas en los que se asienta y promulga  un país como Francia, como dejan clara las secuencias del internado, en especial, la de la directora. Bonello reivindica el universo zombi desde otra perspectiva, más honesta, sencilla, íntima y bellísima, citando las palabras que escuchamos en la película sobre Balzac refiriéndose a su El padre Goriot: “Esto no es una obra de ficción ni una novela. Todo es verdad”. La misma verdad o realidad es el que busca el director francés, mostrándonos el fascinante universo zombi, sus peligros en manos de los explotadores o despechados de siempre, capturando la misma mirada sincera y poética que hacía Tourneur en la imperdible Yo anduve con un zombie, releyéndola como Romero hizo con sus zombies particulares, elevando el género de terror como hicieron los Ferrara, Jordan o Jarmusch con los vampiros.

La extraordinaria, sofisticada y abrumadora luz natural de un grande como Yves Cape (colaborador de gente tan importante como Carax, Dumont o Denis, entre otros), y el excelso y sobrio montaje de Anita Roth (responsable de la película 120 pulsaciones por minuto), y la música, que vuelve a correr, como en sus anteriores trabajos, a cargo del propio Bonello, contando con otro elemento primordial en la película, la extraordinaria pareja protagonista que dan vida a las adolescentes Fanny y Mélissa, con la calidez y la naturalidad de Louise Labéque y Wislanda Louimat, respectivamente, bien acompañadas del elenco haitiano, que consiguen formar unos roles auténticos, cercanos y fascinantes, envolviéndonos en el magnífico universo que plantea Bonello, con su particular mirada y profundidad en sus elementos, construyendo un hermosísimo cuento sobre zombis, mostrando de dónde venimos, dónde estamos y hacía no sé sabe dónde nos encaminamos, porque lo que deja evidente la película, es que el mundo suele olvidar demasiado pronto su pasado y constantemente lo traiciona, lo repite y lo falsea a su conveniencia actual. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Dersu Uzala, de Akira Kurosawa

 

CANTO A LA VIDA Y LA AMISTAD.

A mi primo More.

“Todas mis películas tienen un tema común: ¿por qué los hombres no pueden ser felices juntos?

Akira Kurosawa

Esta cita del maestro japonés Akira Kurosawa describe admirablemente la película que nos ocupa, Dersu Uzala, un bellísimo canto a la vida y a la naturaleza, y, sobre todo, a la amistad entre dos seres humanos: un capitán del ejército ruso en tareas cartográficas, Arseniev, y Dersu Uzala, un solitario cazador mongol y último superviviente de su familia. Kurosawa abre este delicado y humanista poema en 1910, cuando el capitán busca en vano la tumba del amigo muerto, momento que nos evoca el film El hombre que mató a Liberty Balance (The Man who shot Liberty Balance, 1961, de John Ford). El nombre de Dersu pronunciado por Arseniev, abre y cierra el relato, a través del flashback, el relato personal de Arseniev nos sumerge en esta historia que se divide en dos episodios. En el primero, que se desarrolla durante el invierno de 1902, asistimos al encuentro entre el capitán y el cazador, y en el segundo, al reencuentro entre estos dos personajes durante el verano de 1907. Estos dos personajes antagónicos, se descubrirán a sí mismos y vivirán, y sobre todo, sobrevivirán en el ambiente hostil de la taiga siberiana.

El camino que en 1974 llevó a Kurosawa hasta la extinta Unión Soviética para rodar esta película parece emular al de sus criaturas cinematográficas. A principios de 1970, el cineasta japonés se encontraba inmerso en una profunda depresión que incluso le llevó a un intento de suicidio frustrado, debido a sus fracasos comerciales con Barbarroja (1965), que le llevó a estar cinco años alejado del cine, y Dodes-ka-den (1970), que le mantuvo inactivo el mismo período. En 1971 conoce al director de cine ruso Serge Guerassimov, que le propone hacer una película en la URSS. Kurosawa, buen conocedor de la literatura rusa, que ya había adaptado anteriormente en dos ocasiones con Dostoievski y Gorki, propone los libros Dersu Uzala (1902) y Una expedición a Siberia (1907), del explorador y escritor ruso Vladimir Karavievitch Arseniev, que había leído hacía treinta años. El 27 de mayo de 1974, en la ciudad de Oussouri, comenzaba el rodaje de Dersu Uzala, que devolvería a Kurosawa el reconocimiento internacional avalado por el Oscar de Hollywood, entre innumerables premio, y sobre todo, nos devolvería al cineasta que también conoce y filma el ser humano, tal y como él mismo relataba: “Acerca de si soy humanista, todo lo que deseo es que, cuando un espectador ha visto uno de mis filmes, sienta la necesidad de una reflexión. No quiero dar una lección directa, sino simplemente exponer mi manera de pensar de una forma indirecta, sugerirla al espectador”.

Nos encontramos ante dos personajes que tienen dos formas de ver la naturaleza. Uno, el capitán ruso, la mira a través de la razón, de transitar por un decorado que le es hostil y a la vez, interesante y sugerente. El otro, el cazador que se adapta al medio, lo respeta y se convierte en un árbol o en un animal más de ese medio que le ayuda a sobrevivir, pero que conoce y huele sus peligros. Resulta ejemplarizante toda la escena de lago helado, donde el cazador primero alerta sobre el peligro que se avecina y luego insta al capitán a recoger cañizos para protegerse de la ventisca y del frío polar de la noche. Aquí Kurosawa hace alarde de su oficio cinematográfico y nos invita a asistir a toda una serie de maravilloso encuadres, filmados en 70 mm, en los que el plano general, con los personajes a contra luz, nos devuelve a ese cine de corte clásico; además de hacer un virtuoso ejercicio de montaje made in Kurosawa, una de las marcas de la casa de su magnífica trayectoria. Otro de los grandes hallazagos de la película es que Kurosawa respeta mucho a sus criaturas y nunca toma partido por ninguna de las dos. Son dos formas de enfrentarse al medio, esa naturaleza llena de gran belleza y de peligros.

La amistad de estos dos hombres nace desde el respeto y la creencia de que el otro siempre tiene algo que ofrecernos. Al final del segundo episodio, cuando Dersu, acechado por la edad, empieza a perder la vista y la naturaleza le devuelve la espalda, le pide al capitán que lo lleve con él. En la ciudad, Dersu se sentirá huérfano de su naturaleza y la hostilidad de la civilización lo encerrará en su casa. Es en ese instante cuando Kurosawa nos regala una maravillosa secuencia sin diálogos en la que el capitán comprende que Dersu quiere volver a la taiga para morir en libertad y le regla su mejor fusil para que pueda sobrevivir. Dersu Uzala nos devuelve el gran cine, ese cine que se instala en nuestras retinas y nos sumerge en otro tiempo, en otro lugar, ese cine del que no nos cansamos de volver. En palabras del desparecido crítico Ángel Fernández-Santos: “El tiempo no ha erosionado su inmensa delicadeza. La hija de los años no ha levantado asperezas en la apasionada elegancia de este canto a la amistad y al esfuerzo; al sueño de que vivir y convivir prevalezcan sobre el envejecimiento y el desgaste” (El País, 14 de julio de 1996).

Mención especial merece el impecable trabajo del actor Maxim Munzuk que da vida al anciano cazador mongol (que vivió como el cazador que interpreta antes de la Revolución Rusa de 1917), actor que hizo el filme con 62 años, y era su tercer película, después de una carrera de actor y director de escena. Sustituyó al primer candidato Toshiro Mifune, el actor por excelencia de Kurosawa, con el que rodó 16 filmes, que rechazó el papel por la extrema dureza del rodaje. Disfruten de esta maravillosa fácula, esta lección de humanidad que nos regaló Akira Kurowasa, que encierra una reflexión profunda sobre la existencia humana. Acomódense en su butaca y disfruten con la astucia y la ingenuidad de Dersu Uzala y su buen y fiel amigo el capitán de ingenieros del ejército ruso, Arseniev. Me despido de ustedes, como lo harían sus personajes: “CAPITÁN” “DERSU”. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Silvia Alonso

Entrevista a Silvia Alonso, actriz de la película «La lista de los deseos», de Álvaro Díaz Lorenzo, en el marco del BCN Film Fest, en los Cines Verdi Park en Barcelona, el viernes 26 de junio de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Silvia Alonso, por su tiempo, generosidad y cariño, y a José Luis Bas de DYP Comunicación, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Álvaro Díaz Lorenzo

Entrevista a Álvaro Díaz Lorenzo, director de la película «La lista de los deseos», en el marco del BCN Film Fest, en los Cines Verdi Park en Barcelona, el viernes 26 de junio de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Álvaro Díaz Lorenzo, por su tiempo, generosidad y cariño, y a José Luis Bas de DYP Comunicación, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Matthias & Maxime, de Xavier Dolan

DESATAR LAS EMOCIONES.

“La única verdad es el amor irracional”

Alfred de Musset

Los amores imaginarios, segunda película de Xavier Dolan (Montreal, Canadá, 1989) arrancaba con la cita que encabeza este texto. Una cita que asevera que el amor no tiene nada de racional, sino todo lo contrario, una especie de maná de sentimientos contradictorios que llevamos e interpretamos como podemos. La sentencia de Musset podría ser la definición perfecta del cine de Dolan, una obra abundante, 9 títulos en 9 años, en una especie de biografía ficcionada, en la que participan sus amigos y él mismo, sustentada a través de las emociones más fervientes, conflictos sentimentales que llenan un imaginario que ya deslumbró en el 2009, con sólo 19 años, con su impresionante debut Yo maté a mi madre, en que a medio camino entre la realidad y la ficción, el jovencísimo talento canadiense hablaba de la relación dificultosa con su madre. En la citada Los amores imaginarios, del año siguiente, dos amigos, él, homosexual, y ella, hetero, se encaprichaban de una especie de adonis.

En Laurence Anyways (2010), componía un certero retrato sobre la identidad, otra de sus elementos esenciales en su cine, cuando un hombre que parece que ha conseguido su éxito personal y profesional, se destapa ante los suyos explicándoles su intención de cambiar de sexo. En Tom à la ferme (2013), se centraba en el descubrimiento de amores ocultos de un fallecido por parte de su novio.  En Mommy (2014) volvía a las relaciones oscuras de madre e hijo imaginando una distopía. En Sólo el fin del mundo (2016), adaptaba la obra de Jean-Luc Lagarce, para hablarnos de un joven que vuelve a la casa familiar para comunicarles una terrible noticia. En Matthias & Maxime, vuelve a mirar a los suyos y así mismo, para elaborar un retrato de aquí y ahora, en el marco donde se desarrolla su obra, donde un par de amigos de toda la vida, a raíz de un tímido beso en el corto de la hermana de uno de sus colegas, se sentirán diferentes, sentirán que algo ha cambiado, o simplemente, han despertado algo que ocultaban por miedo a convertirse en la persona que han ido construyendo.

Dolan sabe construir imágenes sugerentes y transmisoras, mezclando con habilidad una estética pop, llena de colores y formas, rodeada de una estética sofisticada y nada manierista, que cambia según el estado de ánimo de sus personajes, desde el apartamento lúgubre y oscuro, hasta el colorido de otros pisos, donde la luz y la diversidad nos atrapan, bien combinando con esa música que combina varios estilos desde la música sesentera hasta la electrónica más actual, y el sonido, con el que juega sin prejuicios ni coacciones, sino de una forma libre y armoniosa, que capta la esencia intrínseca de los conflictos interiores que se desatan en sus películas. Tenemos a Matthias, Matt, para los colegas, con un trabajo de abogada en promoción, una mujer a la que ama, una familia que lo quiere, y unos amigos con los pegarse una farra de tanto en tanto, y por el otro lado, tenemos a Maxime, homosexual, ganándose la vida como camarero, con una madre ida, y sus dudas existenciales, aunque ha decidido que pasará los dos próximos años viviendo en Australia.

El relato se centra en ese tiempo de antes del viaje, un tiempo en que, los vemos paralelamente en sus respectivas vidas, imaginándose o soñando al otro en silencio, consigo mismos. Un tiempo en que tanto Matt como Maxime harán lo imposible por encontrarse y hablar sobre lo ocurrido, evitándose constantemente, como si fuesen amantes despechados o algo parecido, aunque el encuentro o mejor dicho, el reencuentro será inevitable y tanto uno como otro, deberán mirarse al espejo de las verdades y expresar todo aquello que sienten y ocultan a los demás y sobre todo, a sí mismos. Dolan rodea el conflicto a través del grupo de amigos, unos descerebrados con muchas ganas de pasarlo bien y disfrutar de las fiestas que asisten, quizás esa despreocupación de alrededor, aún hace más invisible y contundente la tensión sentimental y sexual que existe entre los dos protagonistas.

Dolan que escribe, monta, dirige, y protagoniza muchas de sus películas, toma el rol de Maxime, enfrascado en su propia contradicción de abalanzarse sobre Matt, pero con ganas de huir de una existencia mísera llena de conflictos, bien marcada por esa ausencia interna que refleja constantemente. Por su parte Matt, bien interpretado por Gabriel D’Almeida Freitas, con ese aspecto varonil y fuerte, intentando parecer seguro aunque pro dentro este rompiéndose, es la antítesis de la fragilidad, tanto emocional como física que desprende Maxime, aunque quizás solo sea fachada y los dos están embarcados en  esa fragilidad emocional que tanto enferma a muchos en este mundo contemporáneo donde se habla mucho de banalidades, y se callan las cosas importantes, como las emociones que sentimos por los demás y ocultamos porque aquello no va con nosotros, la sarta de mentiras en las que vivimos, porque lo que se espera de nosotros, no tiene nada que ver con lo que sentimos realmente. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Un verano inolvidable, de Sharon von Wietersheim

LA JOVEN QUE SUSURRABA A LOS CABALLOS.

“Él lo sabrá. Confía en él”

En las películas familiares estadounidenses acostumbran a llevar una carga demasiado pesada en lo que se refiere al mensaje, siempre positivo, excesivamente edulcoradas, muy patrióticas, y el exceso dramático, que en muchas ocasiones, rallando lo ridículo e inverosímil. Un verano inolvidable, de Sharon von Wietersheim (Fort Stewart, Georgia, EE.UU., 1959) reúne muchos tópicos del cine familiar, pero en algunos aspectos se desvía de esa tendencia demasiado azucarada que se impone en el género. Immenhof, título original en alemán, nombre ficticio del lugar donde se desarrollan las películas, son una serie de películas en lo que se llamó “Heimatfilme” (películas de la patria) que entre 1955 y 1974, produjeron cinco películas sobre la granja y las hermanas Jansen, de gran éxito entre el público. Ahora, y de la mano de von Wietersheim, que creció en Alemania, y con amplísima experiencia en televisión como guionista, productora y directora, volvemos al mundo de Immenhof y la granja de caballos de cierta edad, dedicada a cuidarlos y darles un retiro decente y humano.

Conoceremos a Lou Jansen, la joven de 16 años, que ha heredado el talento de su padre, medallista olímpico, ya fallecido, para el cuidado y el entendimiento de los caballos. También, sabremos que la granja no atraviesa por sus mejores momentos con la ausencia paterna y está agobiada por las deudas contraídas por el antiguo socio de su padre. En esas aparece Cagliostro, un pura sangre que tiene que ser el no va más de las carreras, pero el animal, después de un accidente, no se siente bien, y recurrirán al buen hacer de Lou para animar y convertir al caballo en un auténtico campeón. La película se centra en el viaje emocional que vive Lou, con la llegada a la granja de Leon, un joven voluntario de trabajo, que rivalizará con Matz, el íntimo amigo de Lou, y despertará en la joven sentimientos contradictorios, y las otras dos hermanas Jansen, Charlye, la mayor, y Emmie, la más pequeña. La cinta se aleja de los tópicos del género familiar, introduciendo el conflicto sentimental de la joven, y sobre todo, en esa idea de amor hacia los animales de una forma íntima y sincera, conociendo realmente los problemas de cada caballo y ofreciéndolos todo aquello que necesitan para su retiro, como hace Lou con Holly, el caballo que montaba su padre cuando fue campeón olímpico.

En contrapartida, vemos al malvado de turno y sus secuaces, que ven en los animales como una fuente económica, quizás la parte más tópica de la película, pero el buen hacer de la joven Leia Holtwick manejando con solvencia y sensibilidad el personaje de Lou, que vivirá un verano completamente diferente, donde todo puede ocurrir y las cosas no son tan sencillas como parecen. Unos personajes que a veces intentan hacer las cosas bien, pero también se equivocan y hacen daño, o los conflictos internos que aparecen cuando las cosas se tornan demasiado sombrías, y parece que hay pocas salidas para encarar el entuerto, donde el pasado y todo lo que ocurrió adquiere una importante enorme en el devenir de los sucesos, en los que cada uno de los personajes deberá enfrentarse a aquello que hizo o dejado de hacer y mirarse en ese espejo que nos devuelve los recuerdos que menos nos satisfacen y más nos incomodan, devolviéndonos nuestros errores y aquello que lastimó a los que queríamos y por miedo nos hizo perder aquello que amábamos.

El relato se cuenta bien, con los bellísimos paisajes de sus exteriores, esa naturaleza salvaje alejada del mundanal ruido de la ciudad, o las fantásticas filmaciones de los caballos al galope, unos hermosos ejemplares que en buenas manos se convierten en únicos. También, se añaden elementos que lo hacen atractivo y honesto, nunca se desvía de la parte fundamental de lo que nos quieren contar, introduce elementos interesantes como el primer amor, la amistad, el amor a los animales, las dificultades entre las diferentes opiniones entre las hermanas, y otros conflictos que la hacen atractiva y sugerente no solo para el público familiar, sino para todo aquel espectador que quiera pasar un buen rato, reflexionar un poco y dejarse llevar por la extraordinaria habilidad física, inteligencia emocional y lenguaje de los caballos que convierten la película en un interesante retrato de la humanidad que pueden tener los animales y tanto hace falta a los humanos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Invisibles, de Gracia Querejeta

PASEANDO CON LAS AMIGAS.

“Gracia, aún no lo sabes, pero llega un día en que te vuelves invisible para los hombres”

(Mercedes Sampietro a Gracia Querejeta durante el rodaje de Cuando vuelvas a mi lado)

Tres amigas quedan todos los jueves para pasear en un parque céntrico de la ciudad donde residen. Un paseo para estirar las piernas, contarse las semanas, y hablar del tiempo, o quizás, para contarse algo más personal y profundo, para hablar de frente, de sus cosas, de sus miedos, de sus problemas, de aquello que ocultan, lo que se guardan para ellas. El noveno trabajo tras la cámara de Gracia Querejeta (Madrid, 1962) se desmarca en cierta manera de sus trabajos anteriores, no en el sentido de relatos íntimos y agrupados en entornos familiares, porque en Invisibles, sigue habiendo cercanía e intimidades, sino en el despojo de contar sus reflexiones a través de otros.

En su nueva película, la directora madrileña nos habla de sí misma, sin intermediarios, de manera clara y transparente, de todas esas cosas que le rondan el alma, a través de tres mujeres que bordean o traspasan la cincuentena, tres mujeres de su misma edad y tres mujeres con sus mismas inquietudes, miedos y problemas. Julia es una profesora de mates, que anda metida en un matrimonio largo que ya no le entusiasma, como tampoco su trabajo, además, el acoso a una alumna introvertida le inquietará y la convertirá en más esquiva de lo que es. Elsa es una ejecutiva de armas tomar, atraída por su jefe lanza el cebo para llevárselo a la cama, es de esas mujeres que todavía se siente atractiva y deseada por los hombres, aunque quizás, ya no tanto, cosa que tampoco quiere admitir. Y por último, Amelia, metida en una relación en la que tiene que lidiar con la borde de la hija de su pareja, que le hace la vida imposible y le pone mil trabas para que se acabe la relación.

En esos jueves que Querejeta acota su película, y más concretamente, en las primeras horas de los jueves, en esos par de meses, arrancando el jueves 7 de marzo, caminaremos con estas tres mujeres, conoceremos sus vidas personales e intransferibles, y paso a paso, iremos escuchándolas y descubriendo aquello que ocultan en su interior, sus días, sus problemas, sus miedos sobre el peso de la edad, a la “invisibilidad” a la que se refiere el título, los problemas laborales, los de pareja, los cambios físicos, el amor, la soledad, el sexo, o la amistad, y demás cuestiones que la película aborda desde su maravillosa transparencia, apoyado en un inmenso y sencillo guión firmado por Antonio Mercero (habitual colaborador de Querejeta) y la propia directora, con una luz natural y penetrante que realiza Juan Carlos Gómez, otro cómplice habitual de Querejeta, y el montaje armónico y suave que firma Leyre Alonso, otro nombre de la factory Querejeta.

En ese caminar de los jueves por ese parque tranquilo y alejado de todos y todo, incluso de sus propias experiencias personales, se va convirtiendo en un espejo en el que reflejar todas las miserias y preocupaciones de sus vidas con las amigas confidentes, las que siempre te escucharán y estarán, o al menos por ahora, porque también aparecerá Mara, la amiga deprimida que cambia radical de vida y también, de “amigas”. Querejeta ha construido su película más sencilla y reposada a nivel formal, peor la más ambiciosa y compleja a nivel argumental, en el que el relato empieza suave y acabe encontrando su verdadero espíritu en la palabra, convertida aquí en la pieza fundamental de la película, una palabra vehicular en la que las amigas se irán descubriendo, abriéndose y contando y contándose todo aquello que anida en lo más profundo de sus almas, con ese aroma cercano de las películas de Bergman, Altman o Woody Allen, donde a través de la palabra y el (des) encuentro vamos conociendo lo que se cuece en el espíritu de unas almas solitarias, desesperanzadas y medio alegres o medio tristes, quizás como todos a esas edades.

Y si el magnífico e intenso guión es una pieza capital en el relato, las maravillosas interpretaciones de las tres actrices es la otra mitad de este estupendo y sensible juego de espejos, confidencias e intimidades, un reparto compuesto por Adriana Ozores, Emma Suárez y Nathalie Poza, tres almas y cuerpos en estado de gracia, que brillan con luz propia en cada instante de la película, en este laberinto de emociones que conforma una película valiente, necesaria y profunda, en la que Querejeta no solo habla de sí misma, sino de todas esas mujeres invisibilizadas por una sociedad sometida y narcotizada por lo joven, lo convencional y lo lineal, dejando fuera de ese orden social neoliberal a todas aquellas personas, en este caso, mujeres que ya no reúnen los cánones establecidos, olvidándose de otros y vitales valores humanos como la experiencia, la serenidad y la capacidad de mirar la vida, sin estar atadas por el éxito materialista o la belleza física que dicta la sociedad materialista, solo caminando con las amigas, acompañadas y relacionándose con la vida con paciencia y equilibrio, caminando paso a paso. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Nora Sala-Patau y Alberto Dexeus

Entrevista a Nora Sala-Patau y Alberto Dexeus, actriz y codirector de la película «Les perseides», en el Estudi Lamppost en Barcelona, el martes 3 de diciembre de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nora Sala-Patau y Alberto Dexeus, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Andrés Wood

Entrevista a Andrés Wood, director de la película «Araña», en el Soho House en Barcelona, el lunes 18 de noviembre de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Andrés Wood, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Violeta Medina de Comunicación, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Quim Gutiérrez

Entrevista a Quim Gutiérrez, actor en la película «Litus», de Dani de la Orden. El encuentro tuvo lugar el miércoles 4 de septiembre de 2019 en el Hotel Casa Fuster en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Quim Gutiérrez, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Marién Piniés de A Contracorriente Films, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.