Entrevista a Andrés Wood

Entrevista a Andrés Wood, director de la película “Araña”, en el Soho House en Barcelona, el lunes 18 de noviembre de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Andrés Wood, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Violeta Medina de Comunicación, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Araña, de Andrés Wood

AYER, HOY Y SIEMPRE.

“Entonces, ¿de qué sirve decir la verdad sobre el fascismo que se condena si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina? Una verdad de este género no reporta ninguna utilidad práctica. Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo”

Bertolt Brecht

Después de una puesta de largo como Historias del fútbol (1997) en que Mario Benedetti era uno de sus guionistas y un par de series más, el nombre de Andrés Wood (Santiago de Chile, 1965) empezó a sonar con fuerza en el panorama internacional con La fiebre del loco (2001) donde relataba la codicia y locura, parecida a la del oro, que se desataba con “El Loco”, un molusco muy preciado. Con Machuca (2004) contaba la historia de un par de niños de distinta clase social en el convulso Chile de 1973. En La buena vida (2008) se centraba en la vorágine urbana actual a través de cuatro personajes en busca de realizar su sueño. En Violeta se va a los cielos (2011) reconstruye de forma apasionada y compleja la vida de la cantante Violeta Parra.

Wood después de unos años dedicados al medio televisivo, vuelve a la gran pantalla con un relato de reminiscencias históricas, mirando al pasado de su país en una película compleja y durísima como Araña, en un guión que firman el propio director y Guillermo Calderón, guionista de Pablo Larraín en El Club y Neruda, que ya habían colaborado en el libreto de Violeta se va los cielos, con el asesoramiento de Eliseo Altunaga, un colaborador de Wood en el pasado. La película nos sitúa en dos tiempos diferentes pero desgraciadamente muy parecidos. Por un lado, el Chile de principios de los setenta en el seno de “Patria y Libertad”, un grupo de extrema derecha violento y asesino que dinamitaba el gobierno de Allende, en el que conoceremos a tres de sus jóvenes intrigantes, Inés, atractiva y peligrosa, su marido Justo, pusilánime y segundón, y Gerardo, antiguo militar y apasionado por la causa, que mantiene una relación apasionada en secreto con Inés. Y por el otro lado, el Chile actual, donde veremos que ha sido de la vida de esta terna fascista de aquellos años, donde Inés se ha convertido en una profesional reputada, que sigue casada con Justo, un pobre diablo alcohólico y neurótico, y Gerardo, al que han perdido la pista, pero que volverá a sus vidas, ya que sigue empeñado en resucitar la causa y seguir instaurando un mundo de violencia y terror.

Wood, con la maestría que nos tiene acostumbrados, va de un tiempo a otro con una naturalidad y una precisión extraordinarias, a través de un montaje enérgico y magnífico obra de Andrea Chignoli, una cómplice del cine del director chileno, y su penetrante y sobria luz obra de otro de sus cómplices más queridos, veinte de trabajo juntos, el cinematógrafo Miguel Ioann Littín Menz. El universo de Wood marco un ritmo bestial en sus narraciones, yendo de un espacio a otro y de un punto de vista a otro con una precisión maravillosa, encajando las diferentes piezas de manera excelente y deteniéndose en esos detalles que hacen de la película contado un inmenso puzle donde sus piezas que a priori parecen inconexas encontrando su perfecto encaje de manera sencilla, sobria y natural para los espectadores. El realizador chileno mira a su país y su historia de manera compleja y sincera, narrándonos los claroscuros y los secretos que se ocultan en la historia, desenterrando todo aquello que tiene una relevancia en la actualidad, como si el tiempo solo fuese un marco donde los conflictos solo se mutan y cambian de forma y apariencia.

Araña tiene ese aroma de thriller político de primera altura, donde consigue retrotraernos al cine de Costa Gavras, en su calculada precisión, complejidad y escenificación, situándonos a los espectadores en el abismo constantemente, interpelándonos de todas las maneras posibles para que seamos unos testigos activos y sobre todo, conozcamos la historia para entender de manera clara la actualidad que nos rodea. Otro de los elementos que destaca en el cine de Wood son sus repartos, concisos y extraordinarios, consiguiendo eso que es tan difícil en el cine como filmar a personas y no a personajes, donde el director chileno aprueba con grandísima nota, intérpretes que combinan unos gestos medidos y unas miradas penetrantes,  en un elenco encabezado por Mercedes Morán haciendo de Inés adulta, y María Valverde en los setenta, como ocurre con Gerardo, en la actualidad lo hace Marcelo Alonso, visto en El club o Princesita, y Pedro Fontaine en los setenta, y el personaje de Justo, ahora en la piel de Felipe Armas, y en los setenta Gabriel Urzúa.

Wood encaja su relato en esos 105 minutos de vaivenes históricos y emocionales, con sus necesarias e inquietantes pausas, con esas estupendas secuencias donde el hijo de Inés y Justo se muestra acusador ante el pasado violento de sus padres, en el que Wood destaca esa generación que se ha aprovechado de innumerables privilegios gracias a ese paso oscuro de sus padres. Wood con un pulso firme y apabullante nos cuenta una historia de radiante actualidad, donde se mezclan vida, política, sociedad, amor, amistad, lealtad, en la que conoceremos al detalle todas las argucias violentas y asesinas de un grupo que funcionaba para derrocar a Allende y seguir disfrutando de sus poderes económicos con la patria y la bandera como excusas. Wood vuelve a deleitarnos con una historia excelente y brutal con ecos del pasado y de ahora, que nos habla del paso del tiempo, del amor y las actitudes violentas de muchos que harán lo imposible para perpetrar sus privilegios económicos y sociales cueste lo que cueste y se lleven quién se lleve. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/371422881″>Trailer ARA&Ntilde;A. Dirigida por Andres Wood.</a> from <a href=”https://vimeo.com/aterafilms”>ATERA FILMS</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Les Unwanted de Europa, de Fabrizio Ferraro

EL HOMBRE CON SU MALETA.

“La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no lo configura ese tiempo vacío y homogéneo, sino el cargado por el tiempo-ahora.”

Walter Benjamin (1892-1940)

En un instante de la película, mientras Benjamin camina junto a dos mujeres y un niño por los caminos pedregosos y difíciles del Pirineo en su huida, una de las mujeres se acerca al filósofo, la que guía al reducido grupo, y le pregunta por la maleta que porta. Benjamin la mira y le explica que es el objeto más valioso que tiene, incluso más que su propia vida. Ante esta aseveración, nos vienen varias reflexiones muy oportunas: la maleta y lo que hay en su interior tiene que ver con el pensamiento, actitud necesaria e imprescindible para la vida en tiempos de barbarie e injustica, toda aquella que deja en la Francia invadida por los nazis, la segunda remitiría más al propio ser físico, que ante las adversidades y la imperiosa necesidad de huir deprisa y corriendo, toda tu vida cabe en una maleta, sin más, todo se reduce a ese objeto que puedes trasportar por esos caminos, y finalmente, la maleta como objeto metafórico, en que se convierte en un objeto con un valor mucho más allá del suyo propio, en el que la maleta escenifica ese hilo vital, la excusa para seguir viviendo, que mantiene al pensador todavía con algo de esperanza, aunque sea muy mínima, de que las cosas pueden cambiar, y la maleta es esa ilusión porque así sea.

La quinta película de ficción del italiano Fabrizio Ferraro se centra en dos momentos históricos desplazados en el tiempo en un año, en Febrero, uno en 1939 y el otro, un años después, y situada en una misma localización, el sureste de Los Pirineos, entonces frontera entre España y Francia. En el 39 seguimos a tres milicianos que, después de finalizada la Guerra Civil Española con la derrota de la República, cruzan las montañas fronterizas para salvar la vida en el país vecino, aunque fueron apresados y hacinados en campos de refugiados en condiciones miserables. Un año después, y haciendo el camino a la inversa, Walter Benjamin acompañado de dos mujeres y un niño cruzan la frontera escapando de la Francia invadida por el fascismo. Dos momentos que se cruzan en el tiempo figurado, como un perverso giro del destino destino de espejos con reflejos deformantes y malvados, que transitan por los mismos caminos (los impresionantes y complejos escenarios reales de La Vajol, Banyuls y Portbou) los mismos espacios, con las mismas sensaciones, dos grupos huyendo de la barbarie, del sinsentido que se adueño de Europa a finales del primer tercio del siglo pasado.

Ferraro nos convoca en un retrato austero y sencillo, en el que apenas escuchamos diálogos, sino conversaciones sobre pensamiento, arte, reflexión y demás sobre los tiempos que se avecinan y están condenando a todos. El cineasta italiano, también responsable de la cinematografía, encuadra su narración en un tenso blanco y negro que daña e imprime la dureza, tanto del camino como el sentimiento de amargura y dolor que recorre al filósofo y sus acompañantes, él siempre más lento y con paso más pesado, debido a sus problemas de corazón, y siempre portando la maleta. Los personajes se mueven en ese ambiente opresivo y asfixiante, donde no hay salida, solo un camino lleno de piedras, de tristezas y huidos, unos huidos con la vaga esperanza de una vida mejor, o al menos con algo más de aliento, sin tanto dolor y tristeza, en unos tiempos sombríos y oscuros, como esas figuras que avanzan sin descanso, individuos derrotados y cansados, meros cuerpos avanzando a no se sabe dónde, espejismos de lo que fueron, sensaciones de una vida que ya no está, que se fue, que tuvo que huir, llena de miedo e incertidumbre, con esa luz en blanco y negro que acentúa aún más esas sombras que se desplazan como fantasmas, espectros sin rumbo, soportando los avatares del propio camino, el cansancio y ese viento que amarga, el sol abrasador, esa lluvia que duele, las almas de la noche, y el hambre que nunca cesa, y el miedo a ser vistos, capturados, a convertirse en presos del fascismo.

Todas esas emociones dolorosas y amargas recorren cada poro de su piel, sus miradas sin mirada, sus maltrechos alientos que buscan algo de luz, algo de paz, algo de descanso. Ferraro invoca a los fantasmas de todos aquellos que sufrieron el fascismo, entre los que se encuentra Bejamin, con su voz crítica y pensamiento clarificador ante tanto ignominia y horror, como escucharemos sus acertadas reflexiones sobre el tiempo que le ha tocado vivir, como esa grandiosa conversación con el bibliotecario, con reminiscencias al Umberto Eco de El nombre de la rosa, o el magnífico trabajo de sonido en un equipo capitaneado por Amanda Villavieja, el arte, vestuario y escenografía de Sebastian Vogler (colaborador de Albert Serra) y la música de John Cage escuchando sus cuartetos, y también, el tema Conrades d’exili, de Pau Riba (que se reserva el rol de uno de los milicianos) que actúa como final o inicio de esos capítulos imaginarios en los que se estructura la película.

Euplemio Macri, actor de teatro, da vida a un Benjamin cansado, enfermo y fantasmal, con pocas fuerzas, casi a rastras, sin más ilusión que la huida, la fuga, como si fuese un apestado, alguien no querido, indeseable (como marca el título de la película). A su lado, Catarina Wallenstein, su fiel guía, que se convirtió en la última musa de Manoel de Oliveira en Singularidades de una chica rubia, producida por Lluís Miñarro (Barcelona, 1949) que vuelve con su compañía Eddie Saeta a deleitarnos con una de sus producciones marca de la casa, con la coproducción italiana, insigne productor que ha levantado películas de gran calidad artística a directores de la talla de Guerín, Weerasethakul, Kawase, Recha, Lisandro Alonso, etc… o Albert Serra en Honor de caballería (2006) y El cant dels ocells (2008) dos películas que dialogarían con la de Ferraro, en su forma de afrontar la historia y el mito, centrándose más en lo humano y las emociones que en la épica y el triunfalismo, huyendo de las estridencias y demás, así como el cine de Béla Tarr en Sátántangó (1994) la larguísima odisea de sietes horas y media de duración con esos caminantes y caminos incesantes donde el peso del tiempo y la reflexión actúan en cada uno de los personajes, o El caballo de Turín (2011) en que un padre y una hija se resisten al final del mundo siguiendo con sus avatares diarios, el mismo fin del mundo que sentía Benjamin en su lento y doloroso caminar por esos Pirineos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/248993596″>Les Unwanted de Europa – Teaser</a> from <a href=”https://vimeo.com/user12040697″>Eddie Saeta</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Maria Mauti

Entrevista a Maria Mauti, directora de la película “L’Amatore”, en su vivienda en Barcelona, el jueves 22 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Maria Mauti, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Aymar del Amo de Zucre Films, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia, y a Ciro Frank Schiappa (Cinematógrafo de la película) por la imagen que encabeza esta publicación.

Las chicas de Amanecer Dorado, de Havard Bustnes

SECCIÓN FEMENINA.

El cine en general, y el documental en particular, es un medio eficaz y asombroso para plantearse preguntas, nunca para resolver enigmas, el creador emprende un viaje de búsqueda en los que aparecerán esos conflictos que tanto le interesan y para los que no encuentra respuesta, la película será ese vehículo propicio para adentrarse en esos enigmas, actuando de guía para adentrarse en campos de difícil acceso a los que sin ese medio sería imposible acceder. Las chicas de Amanecer Dorado nace con una pregunta: ¿Qué ha pasado en Grecia? ¿Qué ha ocurrido en un país, para que la tercera fuerza política del país sea un partido de extrema derecha? Havard Bustnes, documentalista de amplia experiencia en el documental en Noruega viajó hasta Grecia adentrándose en las entrañas de Amanecer Dorado para estudiar las raíces de una realidad triste y amarga. La película, a partir de un dispositivo naturalista y sencillo, accede a la sede del partido, las viviendas de sus seguidores y locales donde organizan sus mítines, y lo hace a través de tres mujeres, Ourania Michaloliakos (hija del fundador y líder del partido Nikolaus Michaloliakos) la madre y la esposa de otros cabecillas, en un momento donde la sección femenina ha de tomar las riendas del partido ya que su cúpula (padre, hijo y esposo) han sido encarcelada por presunta vinculación con el crimen de un rapero, a manos de algunos seguidores del partido.

Las tres mujeres emprenden la campaña electoral de 2013 y consiguen un gran respaldo en las elecciones. La cámara las filma en su intimidad, sus conversaciones y su estrategia política, todo sigue un orden pensado y establecido, aunque el cineasta le pregunta por sus vinculaciones con el nazismo y al violencia, ellas se desmarcan y siguen su guión, dentro de una inteligencia marcada, en la que cada una de ellas conoce la naturaleza y su orden en el partido. Bustnes ofrece un retrato de un partido fascista, que clama por su patria y quiere expulsar a los inmigrantes, un partido que nació en los 80 como asociación nazi y luego en los 90 se erigió como partido político que concurría a las elecciones, aunque su presencia era anecdótica, fue a partir de la devastadora crisis económica de principios del nuevo siglo, que Amanecer Dorado ha conseguido lo que es, un partido con gran respaldo por la población, una población vapuleada por el fuerte impacto del paro y demás problemas económicos que ha llevado al país a la ruina, caldo de cultivo esencial para que los partidos fascistas vendan humo y se sirvan de la desilusión de las gentes para prometerles un dorado a partir de viejas consignas nacionalistas ondeando banderas y símbolos ancestrales para devolverles ese espíritu de orgullo patrio a su favor.

Amanecer Dorado lanza a los cuatro vientos un discurso popular y democrático, para convencer a sus votantes más ingenuos, ya que acumula un sinfín de altercados violentos con la policía, los periodistas y detractores. El cineasta noruego escarba y filma todo lo que le dejan, e intenta extraerles información y que respondan a sus múltiples contradicciones, aunque no lo consigue por el propio testimonio de las implicadas, si lo consigue con su película, planteando un retrato que desde las tripas del partido, junto a material de archivo que nos ayudan a completar sus orígenes y las diferentes situaciones que han protagonizado, dejando ver su verdadera ideología racista, xenófoba y nacionalista a ultranza. Esta Sección Femenina (que recuerda a aquella de Falange que moralizó y reprimió a las mujeres durante cuarenta años de franquismo) defienden a muerte su discurso basado en el miedo del otro, en un estado falsamente democrático (que permite partidos como el suyo, por cierto) y en unas ideas políticas que han llevado al país a la ruina y a una Unión Europea basada en las leyes fascistas de mercado que empobrecen a la mayoría por el bien de unos pocos.

A través de ese discurso, populista que arenga a la parte de la población más machacada por la crisis, consiguen convencer y devolverles la ilusión perdida, aunque sea de una manera facilona e hipócrita, en el que lanzan muchas verdades (aunque esas mismas situaciones se viven o se continúan viviendo en otros países del mediterráneo como España, por ejemplo) esconden un trasfondo de odio, violencia y extremismo que ayuda a crear una división irreversible en la sociedad griega. Bustnes ha construido una película sobre la política, sus desmanes y corrupción, que en algunos instantes recuerda al cine de Ulrich Seidl y partes de su documental En el sótano, pero también, sobre el miedo de una sociedad que ya no cree en la democracia, que ha sido y sigue siendo mutilada y falseada, y esa misma sociedad, se dispone a lanzarse al abismo siguiendo las banderas de una Grecia imperial que si bien les hará sonreír y ayudar para adoctrinarlos, poco a poco, sin darse cuenta, se estarán metiendo en la boca del lobo, del que desgraciadamente, no podrán salir indemnes.