Entrevista a Salvador Simó

Entrevista a Salvador Simó, director de la película “Buñuel en el laberinto de las tortugas”, en el marco del BCN Film Fest, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el miércoles 24 de abril de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Salvador Simó, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Yolanda Ferrer de Wanda, y al equipo de prensa del BCN Film Fest,  por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó

LA HUMANIDAD DEL CINEASTA.  

“Una película puede ser buena, mediocre o pésima, pero nunca debe ser realizada contra la conciencia, los pensamientos y la ideología del autor”

Luís Buñuel (1900-1983)

El dibujante e ilustrador de cómics Fermín Solís imaginó en el 2009 con su novela gráfica Buñuel en el laberinto de las tortugas, las circunstancias en las que despertó la conciencia social de Buñuel durante el rodaje de Las Hurdes. Tierra sin pan (1933). No sabremos con exactitud si así fueron los pormenores que vivió el cineasta para dejar de ser el artista surrealista autor de obras como Un perro andaluz (1929) o La edad de oro (1930) en aquel París bohemio de principios de los treinta. Su compromiso con la provocación, contra lo establecido y su forma de criticar el poder mediante lo cómico y lo surrealista, lo llevaron al ostracismo artístico, en el que nadie apostaba por sus guiones. Pero, vete aquí, que su amigo Ramón Acín (1888-1936) escultor y anarquista que le prometió una película sobre Las Hurdes, si ganaba la lotería. El destino quiso que el 22 de diciembre de 1932, Acín ganase 30000 duros o lo que es lo mismo, 150000 pesetas. Al año siguiente, cargado del material preciso, Buñuel, Acín, y dos colaboradores franceses, viajaron hasta Extremadura para ver, filmar y contar todo lo que allí sucedía.

El productor Manuel Cristóbal, responsable de obras en el campo de la animación con tanto lustre como El bosque animado (2001) o Arrugas (2011) encargó al director Salvador Simó (con una amplia experiencia en el terreno de la animación) el proyecto de llevar al cine la novela gráfica sobre Buñuel y el rodaje de Las Hurdes. Un guión escrito por Eligio Montero (con experiencia en series televisivas) y el propio Simó, arranca en el París de los treinta, explicándonos, muy acertadamente, la forma de ser de Buñuel, ya que en una larga mesa un puñado de artistas hablan del arte, de su forma, necesidad e importancia, en uno de los extremos, Buñuel, vestido de monja, escucha atentamente. La película nos habla del proceso de conciencia del artista surrealista al cineasta humanista, contándonos un relato sobre un joven de 32 años, alguien que buscaba su mirada como director, y también, como persona, y lo hace desde el más absoluto de los respetos hacia el genio cinematográfico, pero también, desde la libertad más absoluta, imaginando ese proceso que quizás no se produjo así, pero quizás, si.

Una narración ágil y sobria, con una animación sencilla y honesta, casi podríamos decir artesanal, rescatando aquellos semanas en Las Hurdes, una zona anclada en el Medievo donde las durísimas condiciones de vida eran infernales. El gran acierto de la película es no recrear mediante la animación las imágenes que todos tenemos en la memoria de la famosa película, sino utilizar las imágenes reales de la película, combinadas con las imágenes animadas creando un vínculo casi inmediato con la veracidad de lo que nos cuentan. La película se centra en la amistad sincera e íntima de Luis Buñuel y Ramón Acín, aragoneses los dos, amigos de siempre, y como que la generosidad de Acín hizo posible una película en la que no creía nadie, en la que la película rinde homenaje a la figura de Ramón Acín, asesinado por los franquistas. Y cómo no podría ser de otra manera, el relato explora con detalle y sobriedad, las relaciones del cineasta con su conciencia social y aquello que está viendo y filmando, las formas y  representación de la realidad, y la capacidad de mostrar aquello invisible y terrible, sin caer en el sentimentalismo y la excesiva crudeza.

Y claro está, la representación de los sueños que atormentaban para bien o mal a Buñuel, desde esos elefantes con largas patas que caminan por la calle, la relación oscura y distante con su padre, y todas las excentricidades del artista irreverente e incomprendido que a veces se sentía en aquellos primeros pasos como cineasta. Simó y su equipo han construido una película bella e intensa, con esa apariencia de ligereza y naturalista que recorren todas sus imágenes, ahondando en el humanismo de Buñuel pero sin caer en la condescendencia y demás, siendo honestos y sinceros con aquello que cuentan, dotarlo de veracidad y brillantez, sumergiéndonos en esas semanas de amistad, cine, conflictos y mucha comedia, entre las relaciones entre ellos y las ideas extravagantes de Buñuel, capturando aquellos días de los años treinta cuando cuatro jóvenes se fueron a conocer y filmar una realidad horrible que padecían tantas gentes abandonadas de todo y todos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La decisión, de Mohamed Al-Daradji

EL ALMA DE LA TERRORISTA.

Estamos en Bagdad (Irak) el 30 de diciembre del año 20016, primer día del Eid al-Adha – la celebración del Sacrificio, una de las más sagradas festividades musulmanas – son las primeras horas del amanecer, la cámara cenital sigue el paso firme y sereno de una joven que se encamina en dirección a la estación central de Bagdad, donde ese día tiene previsto una ceremonia de reapertura, después de los tres años de guerra devastadores. La cámara se posa en el rostro de la joven que se llama Sara, impertérrita y decidida, se adentra en la estación y se sienta en uno de los bancos. El bullicio es enorme, las gentes se confunden con los viajeros apresurados, Sara mira a su alrededor, como expectante, como si algo tuviera que suceder de un momento a otro. Se sienta junto a ella un joven que se llama Salam, que intenta seducirla, Sara se levanta y Salam la sigue, y debido a su insistencia con Sara, esta lo acorrala contra la pared y le muerta un detonador que guarda celosamente en el bolsillo. Salam, sin respuesta y en silencio, no tiene más remedio que acompañar a Sara que se pierden hacia el exterior. El tercer largo de ficción de Mohamed Al-Daradji (Bagdad, Irak, 1978) vuelve a centrarse en la guerra de su país, pero ahora, bajo premisas diferentes, en su debut, Ahlaam (2005) se detenía en las vicisitudes de unos enfermos de un psiquiátrico mientras el ejército de EE.UU. llevaba a cabo su ofensiva, en la siguiente, Son of Babylon (2009) un niño kurdo buscaba a su padre desaparecido después de la caída del régimen de Saddam Hussein.

Ahora, en su nuevo trabajo se centra en la jornada de una terrorista suicida, un único día, y en su misión, en esa decisión que habla el título de la película, y sobre todo, en el encuentro fortuito con Salam, el cual intentará por todos los medios que desista de su empeño, abogándola hacia el sentimiento humano, hacia la estupidez de su plan, y sobre todo, de volver a sentirse persona después de la guerra, de volver a levantarse y mirar de nuevo, aunque para ello allá que arrastrar tantas pérdidas, tantas heridas sin cerrar y tanta miseria vivida. El cineasta iraquí centra su película en Sara y Salam, pero no olvida las microhistorias que pululan por el microcosmos de la estación, desde el niño limpiabotas, la niña vendedora de flores o aquel otro niño que vende cigarrillos, esa infancia desamparada y rota, que sobrevive con lo poco que puede, o aquel represaliado político que después de 20 años preso, toca el clarinete con su banda mientras lidia con su enamorada tantos años de angustia y terror, o la mujer huida de su familia que la quiere matar que intenta empezar de nuevo junto a su bebé, o esa niña que también escapa obligada a casarse por su familia, y entre tantas pequeñas o grandes dramas, los soldados estadounidenses que siguen dirigiendo y maltratando las vidas de tanta gente que ha sufrido.

Al-Daradji nos habla de política, pero sin hacer un discurso político ni nada por el estilo, sin posicionarse en ningún momento, dejando paso al humanismo, apelando al sentimiento humano, o a lo que queda en el almas de estas personas, sobre todo, en Sara, esa mujer joven de pasado traumático que ve en el atentado su forma de luchar contra la opresión y salvarse ella mismo, dirigida por otros, aleccionada por psicópatas en la sombra, y luego, tenemos a Salam, que quizás no destaca por su ejemplaridad como ciudadano, pero tiene buen corazón, él engaña a sus clientes, pero no es un asesino, a pesar de todo, cree en las personas, mira de frente a los demás e intenta, como todos en la estación, ganarse cuatro duros para seguir hacia adelante, con muy poco eso sí, pero al fin y al cabo, hacia delante, a mirar lo que vendrá con algo de más optimismo que ayer. El realizador iraquí no esconde sus influencias neorrealistas, sobre todo, en el Rossellini más humanista e íntimo, que miró a sus personajes heridos con sinceridad y honestidad, donde esas almas rotas intentaban seguir con la vida a pesar del horror cotidiano.

La película crece y se engrandece considerablemente cuando el rostro de Zahraa Ghandour, que da vida a Sara, agarra la historia, y con su mirada profunda y ese gesto de pérdida y soledad, se adueñan del encuadre, creando los momentos más extraordinarios de la película. A su lado, Amir Ali Jabarh consigue acompañar con aplomo su personaje, un tipo corriente, pero que se convertirá en la mejor compañía para Sara, en ese espejo deformado donde la realidad ya no parece de la misma manera que nosotros la creíamos, donde nuestra convicciones políticas y sociales, adquieren otra textura, otra piel, como si las cosas se transformarán en otra cosa, en el que nuestro camino se tambalea y podemos mirar más allá, a los demás, a los invisibles, a los que parece que no existen, pero andan de un lado a otro, trabajando con lo poco que tienen por su oportunidad, su momento, aunque nuestro alrededor parezca empeñarse en lo contrario, en lo más negro y oscuro. 

Entrevista a Luz Ruciello

Entrevista a Luz Ruciello, directora de la película “Un cine en concreto”. El encuentro tuvo lugar el lunes 2 de abril de 2018 en su domicilio en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Luz Ruciello, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Erika Sanchez, por descubrirme la película, y por su simpatía, generosidad, paciencia y cariño.

Dolphin Man, de Lefteris Charitos

EN LA PROFUNDIDAD DEL MAR.

“El hombre que se sumerge aguantando la respiración se parece a los mamíferos marinos. Hay un delfín dormido en cada uno de nosotros”

Jacques Mayol

La película se abre con un plano general del mar, de la inmensidad del mar, de su azul radiante y transparente, de todo aquello que vemos por fuera, y también, aquello que oculta en su interior, bajo su superficie. Todo ese mundo secreto y magnífico, un mundo aparte, un mundo en otro mundo, un universo salvaje, un espacio animal y vegetal, lleno de criaturas extraordinarias, un mundo donde empezó todo, el lugar donde habitaron las primeras especies del planeta, del mismo lugar donde arrancó la evolución, de donde salió la primera criatura que más tarde acabaría en el homo sapiens. El naturista y aventurero francés Jacques Mayol (1927-2001) conocía ese mundo, fascinado por su misterio desde que era un niño en la Shanghai colonial de los años 30. El director Lefteris Charitos (Atenas, Grecia, 1969) después de una amplia experiencia como documentalista en la televisión griega, se lanza a su primera apuesta en el largometraje documental contándonos las peripecias de Jacques Mayol, y no lo hace de manera simplista o sentimental, sino de una forma humanista, dejando que los suyos, el entorno de Mayol, nos explique quién era, y los diversos testimonios consiguen hacer una radiografía, tanto personal como emocional, de uno de los precursores del buceo en apnea, esa forma de submarinismo que desafía la capacidad y los límites del ser humano, porque prescinde de la respiración artificial, y se lanza a las profundidades del mar sin más ayuda que su capacidad para no respirar.

Mayol fue el pionero de la disciplina y el primero en batir la distancia record de 100 metros de profundidad. Aunque, detrás de toda esta admiración y éxito personal, se escondía una parte muy sombría en su vida, en la que desatendió a su familia, esposa y dos hijos, distanciándose de ellos, obsesionado con su pasión del mar. Charitos nos sitúa en la Shanghai colonial, en Miami, en Las Bahamas, en la isla de Elba en Italia, en la costa de Tateyama en Japón o las islas griegas del mar Egeo, lugares donde transcurrió la vida y aventuras de Mayol, con ese físico de atleta, un deportista nato que se cuidaba, tanto físicamente como emocionalmente, practicando yoga y meditación zen, donde cuerpo y alma estaban altamente preparados para asumir los retos tan arriesgados y peligrosos que asumía cuando buceaba a esas distancias de vértigo.

La película de Charitos no sigue un orden cronológico, va dando saltos de un lugar a otro, deteniéndose en sus mayores retos, y recogiendo los testimonios de tantos colaboradores, amigos y conocidos que lo conocieron y lo trataron, construyendo una película donde conocemos y reflexionamos sobre las diferentes máscaras que tenía Mayol, desde el aventurero sin fin, una especie de Errol Flynn a la caza de tesoros, en este caso mares y océanos llenos de especies y reconocidos por su diversidad marina, o la relación con las mujeres, con ese atractivo natural y canalla que las atraía, y las amantes que tuvo, o esa familia que dejó para seguir su pasión, o ese amor frustrado por causas ajenas que lo dejó muy tocado y lo llevó a reinventarse y asumir la vida como una experiencia placentera y traumática. La película nunca se queda con una visión de Mayol, nos presenta muchos rostros, algunos muy diferentes, contradictorios y complejos, dejando salir aquella cara oculta que el propio Mayol nunca mencionaba, dejándola para su interior.

Narrada por el actor Jean-Marc Barr , que lo interpretó en la película Le Gran Bleu, de Luc Besson, en la que se narra la vida de Mayol, es una película que no sólo nos habla de la capacidad de buceo y extraordinaria personalidad de Jacques Mayol, sino que también indaga en la misión naturalista y humanista de Mayol de presentar el mar no como una inmensidad desconocida y alejada de nosotros, sino como un espacio de riquezas maravillosas, en las que las emociones se descubrían, reinterpretaban y alcanzaban su plenitud interior, en la más absoluta de las profundidades, donde el silencio se apoderaba de todo, y todo lo demás dejaba de tener sentido. Mayol nos habló de la misión de preservar la naturaleza y las especies que lo habitan, como herencia de nuestros ancestros, de nosotros mismos, y sobre todo, como un medio de conocimiento y experimentación, de ayudarlo y ayudarnos a nosotros, en el interior de un hombre que le apasionaba bucear junto a las criaturas del mar y sentirse como uno más,

 

Entrevista a Xavier Legrand

Entrevista a Xavier Legrand, director de la película “Custodia compartida”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 18 de abril de 2018 en los Cines Boliche en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Xavier Legrand, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, al equipo de los Cines Boliche, y a Lorea Elso de Golem Distribución, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Custodia compartida, de Xavier Legrand

NO QUIERO ESTAR CON PAPÁ.

“No sé cuál de los dos miente más”

En Antes de perderlo todo, filmado en el año 2012, Xavier Legrand (Melun, Francia, 1979) contaba la huida de una mujer Miriam y sus dos hijos de manos de su marido maltratador. Una pieza de 29 minutos que le valió innumerables reconocimientos internacionales, entre los que destacan un premio en el prestigioso certamen de Clermont-Ferrand, César al mejor corto del año y la nominación en los Oscar, entre otros muchos. Seis años después, retoma aquellos personajes años después, cuando una vez separados, tienen que lidiar en la custodia de su hijo menor Julien. Desde su arranque, Legrand (que ha trabajado con autores tan influyentes como Philippe Garrel, Laurent Jaoui, Benoit Cohen…) deja claras sus intenciones y el tono sobrio que marcará su puesta de largo. Nos sitúa en la frialdad y burócrata sala de conciliación, donde madre y madre con sus respectivos letrados testifican sus intenciones de cara a la custodia de Julien, la jueza se pronunciará tiempo después, en el admite la custodia compartida.

El cineasta francés nos sumerge en un tema candente, en las consecuencias de las separaciones con hijos, y las sentencias judiciales que obligan a compartir a los hijos, cuando alguna de las dos partes se niega a acatarlas, abriendo el debate sobre la necesidad de estudiar más profundamente ese tipo de sentencias, porque quizás la cuestión es mucho más compleja y difícil de decidir. Legrand no lo hace desde el enjuiciamiento, decantándose por alguna de las partes, que nos llevaría a una película superficial y condescendiente, no hay nada de eso en su propuesta, sino todo lo contrario, realizando una cinta doméstica, enclavada en un thriller muy denso y complejo, donde la cotidianidad nos asalta desde el interior de un piso o en ese automóvil, con ese ruido ensordecedor que nos impone una realidad absorbente y dolorosa. Legrand ha sabido construir una película sencilla y honesta, con pocos personajes, apenas el matrimonio, el hijo, secundados por los padres de él, la hija adolescente, y el entorno de ella, contando con actores desconocidos como la pareja protagonista, que ya protagonizaron el corto, Denis Ménochet y Léa Drucker, con la incorporación de Thomas Gioria como Julien, descubierto en un arduo casting.

Quizás el gran acierto de Legrand es contar su relato, desde todos los puntos de vista, desde la realidad de cada uno de los personajes, explorando sus razones, justificaciones y deseos, aunque no sean compartidos por los espectadores, en la que construye una fascinante y absorbente fábula moral, un conflicto real de nuestros días, palpable, que llena todos los medios diariamente, en la que los hijos menores son los más vulnerables en este tipo de conflictos domésticos. Sus 93 minutos de metraje, urdidos con seriedad y tremendo in crescendo, nos sumerge en la cotidianidad de esta familia rota, este grupo ahora convertido en posiciones extremas, en las que aunque todo parezca obedecer a un orden natural, poco a poco, nos irá envolviendo en su verdadera naturaleza, en el orden cotidiano que rigen sus circunstancias, donde el amor de unos y otros se irá desvelando hacia otros derroteros que nacen en la más intensa oscuridad.

Aquí, lo social y cotidiano devienen en el thriller más rompedor y espeluznante, donde todo adquiere ese tono natural e íntimo, que hasta hace daño de lo cerca que puede estar de todos nosotros, donde parece que las cosas penden de un hilo, arropados por esa incertidumbre agobiante y molesta, que parece quepueda estallar en cualquier momento de la manera más horrible y estremecedora. Un drama doméstico, de nuestros días, contado desde el alma de sus personajes, que en alguno de ellos, ocultan varias capas ansiosas de tener su protagonismo, interpretados por unos actores magníficos, que saben manejar las distintas situaciones complejas que provoca la película, y lo hacen desde esa naturalidad, de tan cercana, que duele y ahoga, como si nos traspasará el ánimo, tanto por lo que cuentan como la manera de contarlo, donde no se deja nada al azar, todo sigue un ritmo que a veces consigue dejarnos sin aliento y sumergirnos en esa atmósfera malsana que recorre toda la trama, situándonos en el interior del conflicto, en el centro de la disputa, de la manera que lo hacían Leig, Loach o los Dardenne, donde la miseria de cada uno de nosotros se acaba convirtiendo en nuestro mayor enemigo, y los nuestros, que un tiempo atrás eran nuestros amores, ahora se han convertido en nuestras amenazas que no nos dejarán en paz hasta conseguir sus objetivos más perversos y oscuros.