Galveston, de Mélanie Laurent

VIDAS AL LÍMITE.

Roy Cady es uno de estos tipos con mala suerte. Roy ha crecido en una de esas familias desestructuradas, con problemas desde la cuna, con pocas expectativas, o ninguna, de labrarse una vida normal y legal. Sus años de juventud desperdiciados como pandillero y hurtos de poca monta, han llevado sus huesos a las cloacas de la sociedad, a hacer el trabajo sucio de esos tipos sin escrúpulos que son valorados en la comunidad y regentan negocios legales al servicio de los ciudadanos, en este caso, una lavandería, metáfora irónica de lo que esconde realmente detrás de esa fachada, negocios de blanqueo de dinero ganado ilícitamente a través de drogas, armas y putas. En uno de esos encargos, Roy es traicionado por su jefe, y decide huir desesperadamente junto a Rachel “Rocky” Arceneaux, una de esas chicas solitarias que acaban de putitas en busca de sus sueños. Además, Roy ha sido diagnóstica con un cáncer terminal, así que su huida aún es más incierta. En este panorama desolador y deprimente se instala la nueva película como directora de la actriz Mélanie Laurent (París, 1983) que algunos recordarán como la rubia vengadora de Malditos bastardos (2009) de Quentin Tarantino. Su carrera como directora, que con esta película llega a la cifra de 5 títulos, se ha movido entre las historias de mujeres en entornos familiares, donde ha explorado las relaciones humanas, ahora, bajo un espacio diferente, el del sur de Estados Unidos, en esa América invisible, desplazada, donde habitan seres desfavorecidos, individuos sin suerte, con vidas ajadas, vidas difíciles, y sobre todo, vidas sin futuro, esa América que el cine comercial de Hollywood obvia y olvida, o la edulcora de manera emotiva y simplista.

Laurent ha elegido la pequeña ciudad de Galveston, en Texas, esas ciudades limítrofes tan cerca de la frontera con México, tan cerca de una nueva vida, de un empezar de nuevo. Roy es un tipo duro, acostumbrado a la mala vida, a los tragos en bares sucios y malolientes, y en relaciones esporádicas y deprimentes, si alguna vez tuvo una pareja digamos normal, hace mucho tiempo que lo ha olvidado o simplemente, ya no le importa. Roy es como uno de esos vaqueros que vagaban sin rumbo, esperando un golpe de suerte, o algo que los detuviera en algún lugar para vivir en paz. A su lado, como compañera accidental de este viaje al abismo, se encuentra Rachel, que se hace llamar Rocky, de pasado oscuro y violento, dejó su familia, o algo que le parecía, para escapar de un infierno acabó en otro peor, y ahora con el encuentro con Roy parece que su vida, dentro del peligro que corren, se ha encaminado a algo de tranquilidad, algo que no había tenido jamás en su vida.

La cineasta francesa se mueve en los mecanismos del thriller, en esas películas film moir que tanto les gustaban a Fritz Lang y Jean Renoir en su etapa estadounidense, o a los Fuller o Peckinpah, relatos oscuros, violentos y ásperos, donde el fatalismo persigue inexorablemente a sus personajes, seres que la vida parece ayudarles, pero siempre, pro un error fatal del destino, acaban envueltos en huidas desesperadas y callejones sin salida. Con ese aroma tan sureño, de sudor agobiante, de moteles de carreteras secundarias, de tipos que van y vienen, de putitas jovencísimas que andan perdidas a la caza de algo o alguien, y gentes profundamente anclados a un lugar que parece que nunca se va a mover, una atmósfera que describe con amargura y encanto Nic Pizzolatto, guionista y autor de la novela, y creador de True Detective, una de las series más innovadoras y fascinantes de los últimos años. El cinematógrafo Arnaud Potier, colaborador habitual de Laurent, firma un trabajo magnífico donde captura con naturalidad la oscuridad y suciedad de esos lugares rasgados por la miseria, y aquellos donde el sol ilumina un poco las vidas de estos errantes sin vida y sin camino.

La estupenda labor de la pareja protagonista bien encabezado por Ben Foster, muy alejado de sus papeles en los blockbusters, y la siempre y maravillosa presencia de Elle Fanning, convertida en una de las actrices más potentes y fascinantes de su generación. También, encontramos la labor de Beau Bridges, elegante y malvado, y la contribución de María Valverde, que ya había trabajado en la anterior película de Laurent. Laurent ha construido una película con brío y fuerza, dura pero honesta, donde hay oscuridad, pero también esperanza, asemejándose en tiempo por la sobriedad de Jeff Nichols, y por trama en la cinta En un lugar sin ley, de David Lowery, donde unos Casey Afleck y Rooney Mara, emprendían una huida imposible y peligrosa. Roy y Rocky dentro de su huida desesperada y peligrosa, y su constante dificultad para avanzar, acaban sintiéndose parte el uno del otro, como si toda su existencia hubieran esperada un momento así, encontrarse con alguien que simplemente este ahí, que los escuche, que no haga preguntas incómodas, y sobre todo, les dé un poco de calor, algo que les haga confiar en ellos, y les ayude a confiar en sí mismos.

 

The Limehouse Golem, de Juan Carlos Medina

AQUÍ ESTAMOS DE NUEVO.

La película se abre en el interior de una sala barroca de music hall donde un actor, el popular Dan leno, disfrazado de mujer muy burdamente, comienza el relato de unos asesinatos ocurridos años atrás, cuando en el barrio londinense de Limehouse acontecieron una serie de crímenes atroces que mantuvieron en vilo a toda su población. Basada en la novela “Dan Leno and he Limehouse Golem”, escrita por Dan Ackroyd en 1994, y adaptada por la prestigiosa guionista Jane Goldman (autora, entre otras, de La mujer de negro y El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, o la nueva saga de X-men) nos enfrenta a dos vías de investigación, por un lado, la muerte de John Cree, fracasado dramaturgo casado con Elizabeth “Lizzie” Cree, ésta última exitosa actriz de music hall, que es acusada de su asesinato por envenenamiento. Y por el otro, los asesinatos cometidos en el barrio, sin aparente ligazón, pero todos ellos comparten que el asesino dibujó una gran letra “M” en la escena del crimen (referencia al clásico M, de Fritz Lang, donde también se andaba tras la pista de un asesino, en ese caso de niñas en la Alemania pre nazi). La investigación es encargada al inspector maduro John Kildare en una encerrona. Sus pesquisas lo llevan a un libro escrito más de medio siglo atrás, “El asesinato considerado como una de las bellas artes”, de Thomas De Quincey, donde una serie de pistas lo conducirán a esclarecer la identidad del asesino.

Juan Carlos Medina (Miami, EE.UU., 1977) que ya dio buena cuenta de su buena mano en el género de terror y suspense con Insensibles (2012), su opera prima, en la que mezclaba realidad y ficción con un relato oscuro y siniestro que destapa un caso terrible con niños durante la guerra civil española. En su segunda película, hace propio un guión ajeno para convertir una historia convencional en un trabajo serio, personal y profundo, que nos traslada al Londres victoriano de 1880, y más concretamente a Limehouse, uno de aquellos barrios llenos de miseria, inmoralidad, prostitución, suciedad, y mucha gente de baja estofa, donde los asesinatos estaban a la orden del día. En ese ambiente lúgubre, de calles malolientes, tabernas ruidosas, y cuartuchos insalubres, se sitúa la película, teniendo el teatro de music hall como uno de los escenarios principales, donde las obras actúan como reflejos de los ocurre fuera nutriéndose de sus relatos macabros. Kildare se obcecará con salvar la vida de la joven Lizzie, creyéndola inocente de la acusación de asesinato de su marido, mientras que su jefe le hostiga para que encuentre al asesino apodado por la prensa sensacionalista, como Golem (nombre basado en el ser mitológico de la cultura judía, un gigante de barro para defender los edificios de ataques antisemitas).

El director español, plantea una película de interiores, con colores etéreos y oscuros, de gran ritmo y muy agobiante, que asfixia y encoge el alma, de ahí sus planos tan cercanos, que siguen el sudor y las dudas de cada personaje, en un ambiente malsano, de pobreza moral y también física, en el que todo sucede de manera macabra y terrible. Aunque la película se presenta de manera lineal siguiendo el curso de la investigación, hay algunos flashbacks, que nos remiten al pasado tortuoso y miserable de Lizzie, y no sólo seguimos el punto de vista del inspector en su trabajo, sino que escuchamos la narración de Lizzie y todos los sucesos que le llevaron de ser una pobre criatura de los muelles (como la Lillian Gish en Lirios rotos, de Griffith) a convertirse, primero en una gran actriz del music hall y luego, ser la esposa de Cree, aunque permitiendo que la visitara su amante, la acróbata Aveline Ortega. Medina conjuga de forma admirable los distintos escenarios, la investigación policial, los secretos inmundos y las relaciones de los diferentes actores y demás en el teatro, y sobre todo, la miseria moral que reinaba en aquella época, donde todo valía y nadie, absolutamente nadie, estaba libre de caer en las trampas de la corrupción, el chantaje, el deseo o los arducias más siniestras.

Un plantel de intérpretes de auténtico lujo capitaneados por Bill Nighy, dando vida al inspector serio, sagaz y paternal con Lizzie (que recuerda al inevitable Holmes, o a la inteligencia de Laughton en Testigo de cargo) Lizzie, la cándida e inocente actriz traspasada por los acontecimientos, a la que interpreta Olivia Cooke, surgida de la serie Bates Motel, Avelina Ortega, la amante de Cree y rival de Lizzie, interpretada de manera sensual y elegante por María Valverde, Douglas Blooth da vida a Dan Leno, el actor de music hall que actúa como testigo y trovador de las historias que se suceden en el barrio, y las buenas actuaciones de Sam Reid (como el desdichado John Cree), Daniel Mays (como el agente bonachón y fiel escudero del inspector) y finalmente, el siempre efectivo Eddie Marsans, como propietario del teatro que guarda un secreto escabroso. Medina se inspira en los grandes de la cinematografía británica como Hitchcock, Powell, Russell, la Hammer, etc…, y la novela victoriana de Stoker, Poe y compañía, para conseguir ese ambiente malsano y lúgubre que acompaña toda la película, en un interesante y angustiante thriller con toques sociales, en el que las relaciones oscuras y viles entre los personajes ayudan a darle ese toque terrorífico que tanto ayuda a la película, con un grandísimo trabajo de luz y arte, que cimenta ese submundo de miserables y arpías que se mueven por un fajo de libras o por mucho menos.

Entrevista a María Valverde

Entrevista a María Valverde, actriz de “Gernika”. El encuentro tuvo lugar el jueves 8 de septiembre de 2016 en el vestíbulo de los Cines Renoir Floridablanca de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a María Valverde, por su tiempo, generosidad y simpatía, y a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su paciencia, amabilidad, y cariño, que además, tuvieron el detalle de tomar la fotografía que encabeza la publicación.

Gernika, de Koldo Serra

gernika_cartelAMOR BAJO LAS BOMBAS.

Nos encontramos en Bilbao, en abril de 1937, en plena Guerra Civil, el frente vasco es un hervidero de balas y muertos, la lucha es encarnizada, se pelea por cada metro, por cada soldado, por cada pueblo… En ese marco histórico nos sitúan en un escenario, la oficina de propaganda del ejército republicano. Allí, en ese espacio donde deambulan periodistas de toda índole y condición, y funcionarios idealistas republicanos que hacen todo lo posible por mantener el espíritu y la moral de un ejército cada vez más maltrecho, trabaja Teresa, una joven atractiva que quería ser escritora, pero debido a su don de lenguas, acaba trabajando para la oficina, donde traduce textos y censura el contenido de las crónicas periodísticas si van en contra del ideario de la República, su mando es Vasyl, un soviético estalinista que asesora al gobierno, un hombre fiel a su país, y secretamente enamorado de Teresa con la tuvo una relación. El tercero en discordia e hilo conductor, junto a Teresa, de la trama, es Henry Howell (basado en las experiencias de George Steer, periodista de “The Times” que fue el primero en escribir sobre el bombardeo) un periodista norteamericano venido a menos, los años de gloria y pasión por su trabajo han desaparecido, convirtiéndolo en un borracho de tres al cuarto que ha perdido la ilusión y la autoestima, que se encuentra en medio de una guerra de la que quiere huir en cuanto pueda.

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Tres almas que deambulan por esta historia, en la que la guerra y el bombardeo del pueblo de Guernika son utilizados como telón de fondo para contarnos un drama épico, en la segunda incursión cinematográfica de Koldo Serra (1975, Bilbao) que después de debutar en el 2007 con Bosque de sombras (drama rural violento con aires de Peckinpah protagonizado por Gary Oldman) se ha dedicado casi la década que separan las dos cintas, a trabajar en televisión realizando películas y series, y la dedicación a tres proyectos que finalmente no salieron, resulta caprichoso el destino, porque su segundo film no es un proyecto propio, sino ajeno, una iniciativa de un par de productores sevillanos, José Alba y Víctor Clavijo (también autor del guión junto al estadounidense Barry Cohen), en el que se han enfrascado en una producción internacional, filmada en inglés, y ambientada en plena guerra civil, en la que su objetivo era rodar el bombardeo de Guernika, un suceso que conmovió al mundo entero provocando una gran repercusión internacional. Serra filma con brío, mano firme y elegancia este drama romántico al estilo de los grandes clásicos, cuando el amor surge en el momento más inesperado y en las circunstancias más adversas, provocando el caos emocional en las personas en cuestión.

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La película asombra por su grandísimo esfuerzo de producción en la que ha conseguido crear una ambientación exquisita y realista de la época retratada, en la que conviven varios idiomas con naturalidad (inglés, castellano, euskera…) un acontecimiento histórico que cambió el curso de la guerra (en la que la Alemania nazi utilizó como banco de pruebas para la Segunda Guerra Mundial) y de todas aquellas personas que participaron. Serra se centra en las semanas anteriores al bombardeo, que se produjo el 26 de abril, en la que la oficina rinde a plena ebullición, entre recepciones con el ayuntamiento, y sensación que todo está bajo control, se pasan los días en una oficina en la que coexisten todo tipo de personajes, unos implicados y otros venidos de vuelta, hay fotógrafas americanas (que podría ser una Gerda Taro o Capa) que se juegan la vida buscando la foto del frente, periodistas de todas las nacionalidades (semejantes a los Hemingway o Dos Passos) franceses, o portugueses fascistas que se hacen pasar por quiénes no son, cronistas españoles que se pierden por las carreteras, policías de Stalin que se pasean a la caza de algún enemigo, personajes de toda índole y con diferentes objetivos, en un tiempo de guerra, de caos, de miseria y muerte.

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La película reluce y de qué manera en la parte técnica, las secuencias bélicas están filmadas con gran verismo y contundencia, y el plato fuerte de la obra, el bombardeo de Guernika, que representa el tramo final de la película, no tiene nada que envidiar a ninguna producción estadounidense, rodado con gran despliegue de medios técnicos, su veracidad y autenticidad quedan suficientemente demostradas, consiguiendo que asistimos en primera persona a todo lo que aquel fatídico día aconteció, sus habitantes sorprendidos corriendo como hormigas indefensas y huyendo despavoridos a protegerse de tal magnitud, las bombas explotan delante nuestro, miramos con rabia y espasmo la barbarie que se cometió contra un pueblo indefenso e inocente. Los intérpretes resuelven con solvencia y honestidad sus personajes, en los que sobresale el inmenso trabajo de María Valverde componiendo a la joven Teresa, una mujer fuerte, idealista y temperamental que se erige con un valor inquebrantable que representa a todas aquellas mujeres que en los años 30 y gracias a la República sacaron la cabeza y empezaron a ser protagonistas en un mundo dominado por los hombres (las Montseny, Kent, Ibarruri, Campoamor…), James D’arcy como el periodista Henry y Jack Davenport como Vasyl, son dos rostros que parecen una cosa y acabarán por sacar su verdadero rostro, enfrentándose entre ellos por Teresa y sobre todo, por las diferentes posiciones políticas frente a la contienda.

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Amén del resto del reparto, entre los que destacan Bárbara Goenaga, Alex García, Ingrid García-Jonsson, Irene Escolar, intérpretes jóvenes pero de largo recorrido, que actúan con oficio y provocan algunas tramas paralelas que algunas no llegan a funcionar o son prescindibles. La luz precisa y cálida de Unax Mendía (que ya colaboró con Serra en Bosque de sombras, y en otras como No habrá paz para los malvados, de Urbizu) ayudan a envolver este drama bélico romántico que reflexiona sobre la propaganda, los ideales, la pasión, la honestidad en el trabajo, la relación con los semejantes, y la lucha por lo que uno siente a pesar de todo, como Teresa y Henry, dos almas atrapadas y presas de su destino y los intereses del poder, que raras veces tienen relación con los derechos de los ciudadanos, ellos, dos personas de carne y hueso que no tienen más remedio que enfrentarse a la guerra, a los que eran sus colaboradores, y a todos los elementos habidos y por haber, para salvar lo que sienten el uno por el otro, pese a las gravísimas circunstancias en las que se encuentran con todo en su contra, porque como decía el poeta que cuando todo está perdido, ya no nos quede nada, lo único que le aliviaba era aquel bello rostro de su amor que jamás podrá olvidar.


<p><a href=”https://vimeo.com/177211111″>Gernika – Trailer VOSE</a> from <a href=”https://vimeo.com/pecadofilms”>Pecado Films</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>