Entendiendo a Ingmar Bergman, de Margarethe von Trotta

EL LEGADO DEL MAESTRO.

“Fue uno de los pocos directores de cine  que  se  interesaba  honestamente  en  lo  que  ocurría  en  el  interior  de  los personajes femeninos”.

Gunnel Lindblom

Mucho se ha escrito y reflexionado sobre Ingmar Begman (1918-2017) y su cine, quizás mucho para algunos y poco para otros, lo que si estamos de acuerdo es que el universo cinematográfico del director sueco es muy amplio, complejo, profundo y magnífico, y son incuestionables los motivos que convierten a Bergman en uno de los mayores revolucionarios de la historia del cine, tanto en su concepción formal, narrativa y emocional, siendo uno de los cineastas que más han inspirado a legiones de cineastas alrededor del mundo. Una de esas cineastas es Margarethe von Trotta (Berlín, Alemania, 1942) una de las miradas más interesantes y críticas de aquellos “Nuevos Cines” surgida a finales de los sesenta y principios de los setenta, y más concretamente, perteneciente a la “Nueva Ola Alemana”, junto a otros nombres ilustres como Fassbinder, Wenders, Kluge, Schlöndorff. La cineasta berlinesa autora de 24 films de ficción, arranca su aventura en el documental, como si emulase el viaje al pasado igual que Isak Borg, el médico retirado de Fresas salvajes, y muy parecido al realizado por Wenders en Tokio-Ga, en el que realizaba su personal homenaje al maestro Yasujiro Ozu y recorría sus huellas. Von Trotta recoge el testigo de su coetáneo y también homenajea al maestro Bergman en el centenario de su nacimiento, mirando, analizando, reflexionando y entendiendo, como reza el título, la obra del cineasta que más le ha inspirado en su carrera, y como punto de partida la película que alumbró a Bergman y el cine a finales de los cincuenta con El séptimo sello, con la que Von Trotta inicia su película describiéndonos a modo de narrador como se hacía en las películas silentes, analizando su arranque en esa playa con ese caballero, su escudero, los caballos y la presencia de la muerte y cómo no, la partida de ajedrez, uno de los instantes míticos de la historia del cine.

Seguidamente nos trasladaremos a la ciudad de París, lugar emblemático del cine de autor, done aquellos jovenzuelos críticos de “Cahiers du Cinema” acuñaron el término de “autor” y abrieron una ventana maravillosa en la que el cine empezó a ser mirado de otra forma, desde otro punto de vista, más personal y profundo, donde el director se convertía en el autor de la película. Y cómo no podría ser de otra manera, alguien como Ingmar Bergman se convirtió en una especie de Sancta Sanctorum para muchos de aquellos amantes del cine y de los autores. Von Trotta nos conduce como narradora omnipresente por el universo cinematográfico de Bergman desde la admiración profunda al maestro inspirador y siempre presente en sus películas, también lo escucharemos en imágenes de archivo, lo recordaremos por aquellos lugares por donde transitó tanto en su vida personal como profesional, recorriendo las ciudades de Múnich, donde Von Trotta conoció personalmente a Bergman que trabaja en teatro, Estocolmo, Göteborg, y los espacios emblemáticos del cineasta como cafés, teatros, hogares, etc…

No solo eso, la cineasta alemana hace un recorrido espacial cronológico, explicándonos las vicisitudes personales que se vieron reflejadas en las películas que hacía, dando voz a personas que lo conocieron de primera mano como las actrices Liv Ullmann o Gunnel Lindblom, u otros cineastas de diferentes generaciones que reconocen su inestimable y brutal inspiración como Carlos Saura, François ozon, Mia Hansen-Love o Ruben Östlund, entre otros, mezclándolo todo con su obra, fragmentos de sus películas como  El  séptimo  sello,  Persona,  Fresas  salvajes, Noche  de  circo,  Juegos  de  verano,  Los  comulgantes,  Gritos  y  susurros,  y Fanny y Alexander, entre muchas otras, momentos que se analizan desde varias miradas y extrayendo esas conclusiones pertinentes para conocer la personalidad del cineasta de infancia difícil como nos detallará Daniel Bergman, uno de esos hijos, que nos habla de un padre ausente, de alguien que no reconocía como tal y con el que tuvo una relación compleja, como se evidencian en sus películas, siempre llenas de dificultades y oscuridad.

Veremos fragmentos de películas de Von Trotta como el de Las hermanas alemanas, película muy valorada por Bergman, e incluida en la lista de mejores películas que elaboró el cineasta sueco junto a otras de Kurosawa, Fellini, Chaplin, Wilder o Victor Sjöström y La carreta fantasma, la mejor película de la historia del cine para Bergman, y su inestimable homenaje a Sjöström dirigiéndole en su emblemático personaje en Fresas salvajes. Trotta invoca al maestro, su obra y sus fantasmas y obsesiones como la Edad Media,  la  hermandad  entre  mujeres,  Chéjov, y muchos otros de sus temas predilectos y recurrentes en su cine. Y como no podía ser menos visitaremos la pequeña isla de Farö, lugar mítico en el cine de Bergman y su vida personal, un espacio lleno de fantasmas, algunos errantes y otros no tanto, donde el cineasta se recogía del mundanal ruido y escribía y pensaba en futuras películas, en obras de teatro, donde se recoge su experiencia y trayectoria en el momento que visitamos Múnich.

Descubrimos aquello oculto y desconocido, diferentes miradas y visiones de cineastas, colaboradores y demás que nos explicarán sus relaciones, sus conflictos y tantas otras cosas que descubrimos por primera vez sobre Bergman, conociendo al obsesivo cineasta, su mirada más íntima y personal, sus miedos y angustias, sus incapacidades y aciertos, como sus personajes, todo ese mundo que nacía cuando se apagaban las luces, cuando el reconocido e inspirador cineasta dejaba paso al hombre, a la persona que debía de batallar con sus problemas, alegrías y demás. Un documento-homenaje sobre Ingmar Bergman magnífico e íntimo, desde la premisa del cineasta hijo que recuerda el legado del maestro padre, viendo su vida, como si fuera por una mirilla, acercándose a aquellos que lo conocieron y trataron, ofreciéndonos un análisis amplio y profundo de su carácter y como nacían y se desarrollaban sus ideas, sus proyectos y sus películas, como influyeron, como influyen y como influirán. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Olvídate de Nick, de Margarethe von Trotta

LA EXTRAÑA PAREJA.

Una alocada chica de la alta sociedad estadounidense participa en un estúpido juego que consiste en recoger deshechos de la ciudad. En la periferia encuentra a Godfrey, un vagabundo irónico e inteligente que acaba convirtiéndose en el mayordomo de la casa familiar, el elemento ajeno que destapará las miserias, prejuicios e hipocresía instalada en el hogar burgués. Este argumento pertenece a la película Al servicio de las damas, de Gregory La Cava, producida en 1936. Aunque, parte de él, podría ser la trama de la nueva película de Margarethe von Trotta (Berlín, Alemania, 1942) con la que comparte ese elemento ajena que se introducirá en el hogar para trastocarlo todo, ya que  por circunstancias ajenas que escapan del incierto destino, dos mujeres, muy diferentes entre sí, que tienen en común el mismo ex, deberán compartir un ático lujoso del centro de New York. El título número 17 en la filmografía de von Trotta vuelve a reunirla junto a una de sus guionistas habituales Pamela Katz y la productora Bettina Brokemper, que después de Hannah Arendt (2012) se conjugaron para volver a trabajar pero alejadas del drama, yéndose al otro extremo, a la comedia sofisticada, pero como suele ocurrir en el cine de la berlinesa, en el que sus personajes femeninos, complejos y de carácter, se ven enfrentados a situaciones ajenas que las llevan a posicionarse en lugares que ni imaginaban, donde existe una vinculación entre los hechos del presente con el pasado.

Ahora, nos muestra dos mundos opuestos, el de Jade, que acaba de ser abandonada por Nick por una modelo muchísimo más joven (exmodelo, independiente y profesional, vestida de blanco y negro, que vive rodeada de lujos, y ha abrazado el estilo de vida estadounidense a pesar de ser extranjera) y de Maria, la primera mujer de Nick y madre de su hija (la antítesis de Jade, liberal, madre divorciada, sencilla, que viste de colores, y que no ha perdido sus raíces germánicas aunque viva en EE.UU.). Y el tercero en cuestión será Nick (adinerado y Don Juan) que aunque no físicamente, estará presente durante todo el metraje. Después de El mundo abandonado (2015) en el que la directora alemana seguía las evoluciones del reencuentro de dos hermanas separadas en la infancia, se ha fundido el traje de faena y ha cambiado radicalmente de registro, proponiéndonos una comedia neoyorquina, con el aroma de aquellos clásicos maravillosos, la “screwball comedy”, en el que los Capra, Hawks, Lubitsch, McCarey , Wellman… nos seducían con películas estupendas de sencillos argumentos, donde convivían formas de pensar y actuar radicales, que provocaba situaciones genial y sumamente divertidas, o las comedias sesenteras como La extraña pareja, y porque no decirlo, von Trotta, también recoge el espíritu del cine de Woody Allen, con esos mundos sofisticados, llenos de lujos, de fiestas donde todo está perfecto, y la gente aparentemente es educada y alegre, aunque suelen esconderse en amores infelices que intentan sobrellevar con amantes imperfectos, inocentes o trastornados.

El conflicto que nos propone von Trotta es muy sencillo, Jade después del sobresalto, sigue con su vida, recuperar a Nick y presentar su nueva colección como diseñadora, aunque para eso le hará falta dinero, y por eso, intenta convencer a Maria en vender el ático, en cambio, esta última, no siente ningún deseo de vender, y ahí estamos. Las tiranteces comenzarán con el estilo de vida, tan antagónico, desde el diseño y la colocación de los objetos, la alimentación, y los horarios incompatibles, luego, pasaremos a las diferentes posiciones respecto a Nick, y más tarde, con la llegada de la hija y nieto de Maria, que provocará otro cisma entre las dos mujeres. Una alta comedia bien contada, llena de ritmo, con situaciones divertidas y surrealistas, generando ese espíritu de ligereza que lejos de convertirse en una trama superficial, se erige como un relato sofisticado, y lleno de inventiva que no solo es agradable de ver y seguir, sino que se sumerge en el carácter de las dos mujeres, y convirtiendo en una situación caótica y problemática, en un aprendizaje emocional y vital que les servirá para descubrirse a ellas mismas, y encarar el futuro con más alegría y expectativas humanas.

Otro de los grandes aciertos de la película es la mise en scene de la directora berlinesa que a través de ese ático casi desnudo y oscuro, consigue dejar clar los dos mundo en colisión y los espacios que van creando como propios este combate a “muerte”, sin olvidarnos de la maravillosa elección de las dos intérpretes y la brillante dirección de actores de von Trotta, a través de la estupenda pareja de intérpretes que consigue enamorarnos a través de las miradas y las sutilezas de sus personajes,  inmenso el  trabajo de ambas, con Katja Riemann que da vida a Maria (habitual en el cine de von Trotta, con la que ganó la prestigiosa Copa Volpi del Festival de Venecia con la película La calle de las rosas, que recuperaba una serie de protestas contra el nazismo) y la incorporación en la filmografía de von Trotta de la actriz noruega Ingrid Bolso Berdal, y el tercero en discordia, Nick que interpreta el actor turco Kaluk Bilginer (colaborador de Ozpetek o Bilge Ceylan). Dos mujeres llenas de vitalidad y carácter, cada una a su manera, que comparten el abandono de Nick, y a pesar de ellas y las circunstancias que viven, deberán reinventarse y mirar hacia delante de forma constructiva, audaz e independencia, preguntándose cómo quieren vivir sus vidas.

El mundo abandonado, de Margarethe von Trotta

552728DESCUBRIR LOS ORÍGENES

La cineasta alemana Margarethe von Trotta (1942, Berlín) lleva más de medio siglo dedicada al cine, primero como actriz, en obras del director de corte vanguardista Herbert Achternbusch y Rainer Werner Fassbinder, y luego, como directora, desde que debutase, junto a su marido de entonces, el cineasta Volker Schlöndorff, en aquella maravilla de El honor perdido de Katharina Blum (1975). Su cine se edifica a través de la mirada hacía el retrato femenino, como las históricas (Rosa Luxemburgo, en 1986, Visión. La historia de Hildegard Von Bingen, del 2009 y Hannah Arendt, del 2012, todas protagonizadas por una de sus actrices fetiche, Barbara Sukowa), o aquellas películas protagonizadas por hermanas, Las hermanas alemanas (1981), siempre desde un punto de vista crítico y humano, en el que dibuja un retrato de la mujer en Alemania y cómo se ha visto señalada a través del devenir histórico de la Alemania del siglo XX.

Ahora, vuelve a una historia de hermanas, y a una mirada personal, ya que la propia directora vivió un caso parecido con su hermana. Nos presenta a Sophie, una atractiva cantante de blues y jazz, que es informada por su padre, que ha visto el asombroso parecido entre su madre (recientemente fallecida) y una cantante de ópera que vive en Nueva York. Sophie viaje a la ciudad de los rascacielos y conoce a Caterina, que primero se muestra reacia ante la posibilidad que sean hermanas, y más tarde, irá abriéndose y conociendo su pasado, a través de su madre, que padece demencia senil y las averiguaciones de Sophie. Von Trotta realiza una película sencilla y honesta, donde la trama se va abriendo paso a paso a medida que las dos mujeres van descubriendo su pasado, y sabiendo quiénes son en realidad, y la relación que lentamente va naciendo entre ellas. Una composición y puesta en escena firme y eficaz, y el inmenso trabajo interpretativo de la pareja de actrices, Katja Riemann y Barbara Sukowa, colaboradores de la directora en anteriores trabajos, y la aportación de los demás intérpretes componen una película sobre la familia, las dificultades del pasado, el odio y rivalidad entre hermanos, y la necesidad de conocer de dónde venimos y sobre todo, de saber quiénes somos.

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Una película que rezuma ese aroma de drama familiar encerrado en cuatro paredes, construido a través de leves detalles y miradas, que se sigue tranquilo, y que la directora, sortea con gran admiración los momentos de revelaciones familiares, (como ocurría en Todo sobre mi madre, de Almodóvar), que en otra película, podrían convertirse en auténtico folletín desmesurado y plañidero, aquí no, todo se va envolviendo en pocos personajes y la investigación que se desarrolla entre dos países, Alemania y EE.UU., tendrá su epicentro en la amistad entre dos amigas y también, entre el enfrentamiento de dos hermanos. Una historia familiar y doméstica, donde von Trotta vuelve a demostrar su buen hacer en las tramas sencillas sobre mujeres de carne y hueso, filmadas de forma humana y realista, los problemas y preocupaciones de estas mujeres y la lucha constante que tienen que emprender para poder seguir siendo ellas mismas. Una mirada noble y contundente sobre las mujeres, y sobre todo, un retrato sobre sus emociones.

Hannah Arendt, de Margarethe von Trotta

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Con motivo del estreno de El último de los injustos, de Claude Lanzmann, recupero la reseña que hice sobre Hannah Arendt, de Margarethe von Trotta, cuando se estrenó a principios de verano (21-06) del año pasado.

El mal no es nunca “radical”, sólo es extremo, y carece de toda profundidad y de cualquier dimensión demoníaca. Puede crecer desmesuradamente y reducir todo el mundo a escombros precisamente porque se extiende como un hongo por la superficie.

Hannah Arendt

Tarde de cine en los Renoir, la elegida ha sido Hannah Arendt (2012), de Margarethe von Trotta. Cineasta alemana de 71 años, nacida profesionalmente en el seno de la corriente del Nuevo cine Alemán, dónde se encontraban autores de la talla de Wim Wenders, Rainer Werner Fassbinder, Alexander Kluge, Werner Herzog o Volker Schlöndorff, que fue pareja sentimental durante 20 años de Von Trotta. Autora de películas tan importantes como Las hermanas alemanas  (Die bleierne Zeit, 1981), con la que ganó el León de Oro en el Festival de Venecia, o Rosa Luxemburgo (1986), dónde Babara Sukowa ganaba el premio a la mejor interpretación femenina en el Festival de Cannes, entre otras. Un cine humanista y emocionante centrado en la figura de la mujer independiente y de carácter. Hannah Arendt es el título número 15 de su carrera. En un momento de la película, el mentor de Hannah, Heidegger, le menciona: Pensar es una actividad solitaria. Hannah Arendt (1906-1975) judía de nacimiento, dedicó su vida al pensamiento y a la reflexión sobre el mundo que le rodeaba y todas sus consecuencias. La cinta se centra en uno de los momentos más difíciles a los que tuvo que enfrentarse tan insigne filósofa, que cómo se explica en la película se tratan de Los tiempos oscuros. El juicio de Adolf Eichmann, uno de los nazis más importantes. Nos encontramos en 1961, Arendt, vive en New York, práctica la docencia y vive exiliada y plácidamente en su refugio norteamericano. Eichmann es condenado a morir en la horca y Hannah redactará un artículo para un diario que después, se convertirá en un libro. Dicha publicación se levantará contra ella por humanizar al dirigente nazi y no convertirlo en un monstruo. Las argumentaciones de Arendt se basan a que se limitó a recibir órdenes, a no pensar y eso lo convirtió en un ser no humano. También, pone en jaque el papel de las autoridades judías durante la guerra. El revuelo que causa es monumental, todos sus amigos se vuelven en su contra, pero ella, sigue fiel a sus reflexiones y las defiende a capa y espada contra todo aquel que las reprocha o las juzga. La cinta se ve bien, Von Trotta, le hace uno reflexionar sobre la banalidad de mal y sobre las terribles consecuencias de los señores del poder que, se limitan a obedecer órdenes sin plantearse sus convicciones morales y éticas. La película huye de cualquier biopic al uso hollywoodiense y se muestra directa, reflexiva y alejada de cualquier fórmula academicista. Mención especial tiene el inmenso trabajo de Barbara Sukowa, que ya había trabajado en otras ocasiones con von Trotta, algunos la recordarán como la maravillosa heroína en aquella Europa (1991), de Lars Von Trier. Su registro de Hannah Arendt es un trabajo interpretativo sincero y muy digno. Un ejercicio emocionante que nos devuelve la mirada a enfrentarnos a unos tiempos convulsos en los tuvo que vivir Hannah Arendt y sobretodo, a defender sus ideas que estaban muy avanzadas a su tiempo