Entrevista a David Gutiérrez Camps

Entrevista a David Gutiérrez Camps, director de la película “Sotabosc”. El encuentro tuvo lugar el jueves 4 de octubre de 2018 en la Librería Laie de Pau Claris en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a David Gutiérrez Camps, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Encuentro con Manuel Muñoz Rivas

Encuentro con Manuel Muñoz Rivas, director de “El mar nos mira de lejos”, en el marco de l’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, junto a su codirectora Cristina Riera. El encuentro tuvo lugar el domingo 19 de noviembre de 2017 en el auditorio del CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Manuel Muñoz Rivas, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Sonia Uría de Suria Comunicación,  a Laura Mercadé de La Costa Comunicació, por su tiempo, generosidad, amabilidad y cariño, y a Tess Renaudo y Cristina Riera, codirectoras de l’Alternativa y su equipo, tan amable, maravilloso y querido.

El pastor, de Jonathan Cenzual burley

LA TIERRA NO SE VENDE. 

“¡Oid Ahora ricos!

Llorad y aullad por las miserías que os vendrán.

Santiago 5:1-6

Anselmo es un pastor de 55 años que vive en la casa donde nació a las afueras del pueblo, en medio de una meseta de vasta tierra, con la única compañía de su perro Pillo y sus ovejas. Su vida es humilde y sencilla, vive sin televisión, ni agua corriente ni luz. Su única distracción después del trabajo son algún chato de vino en el bar del pueblo y devorar los libros que coge de la biblioteca municipal. Un día, aparecen dos tipos que en nombre de una constructora que quiere comprar sus tierras para construir una urbanización y un centro comercial. Anselmo se niega, no quiere vender, a pesar del montante de dinero que ofrecen para convencerle. La tercera película de Jonathan Cenzual Burley (Salamanca, 1980) vuelve a los mismos escenarios de la Salamanca rural que poblaban su  debut, El alma de las moscas (2009) en la que dos hermanos de camino al funeral del padre que no conocieron se encontraban con personajes pintorescos y perdidos por las tierras de Castilla, y El año y la viña, realizada cuatro más tarde, en la que presentaba una parábola en la que un brigadista de la guerra civil acababa en la Salamanca del 2012. Las dos películas tratan temas sobre la condición humana siempre acompañadas de un sentido del humor absurdo e irreverente.

Ahora, con El pastor, Cenzual Burley cambia de rumbo, abandona el humor para adentrarse en terrenos más propios donde la sobriedad y la desdramatización cimentan su discurso, planteándonos una historia de trama sencilla, en la que hay pocos diálogos y el conflicto reside en su exhaustiva planificación formal, en la que los espacios y los silencios de la Castilla profunda se convierten en uno de los elementos que sustentan el entramado de la película, apoyados en unos intérpretes desconocidos que brillan con aplomo y sinceridad aportando verdad y naturalidad a sus personajes, entre los que destaca el trabajo de Miguel Martín dando vida al pastor solitario. La cinta, con reminiscencias a las historias oscuras y de profunda carga psicológica de Delibes, en las que plantea eficazmente el eterno conflicto entre el hombre de campo y su tierra, enfrentado al hombre de ciudad, con sus billetes y sus ambiciones. El cineasta salmantino hace de su modestia su mayor virtud, acotando su relato con pocos personajes, y pocos espacios, huyendo de los lugares manidos en este tipo de historias, sin caer en el sentimentalismo ni mucho menos en la condescendencia de otros títulos, en la que no hay ni buenos ni malos, sino personas que se mueven según sus intereses, dejando tiempo y espacio para conocer el trasfondo real de cada uno de ellos, conociendo sus situaciones personales y aquello, en algunos casos oscuro y terrible, que les hace imponer ciertas actitudes con el afán de tener y poseer todo aquello que se les niega, provocando que tomen medidas ilegales para conseguir todo aquello que se proponen.

La película y su planteamiento, nos recuerda a El prado, de Jim Sheridan, de 1990, en la que un anciano irlandés y campesino, magistralmente interpretado por Richard Harris, se veía en la tesitura de defender sus tierras que habían entrado en subasta pública, porque en El pastor, nuestro hombre no tiene que defenderse de los elementos naturales como el frío, la falta de alimento o el deterioro de su oficio (como si ocurría en El somni, de Christophe Farnarier, donde documentaba el último viaje trashumante de un pastor y sus ovejas por el Pirineo catalán), no, aquí el adversario es mucho peor, es la codicia deshumanizada de un hombre que en su afán de poder y materialismo quiere imponerse ante la voluntad del hombre tranquilo, de campo, arraigado a su tierra, a un lugar, de pocas palabras, y de existencia silenciosa y profunda. Cenzul Burley, vida y alma del proyecto, y auténtico hombre orquesta, emulando a los piones, ya que asume los roles de dirección, coproducción, guión, montaje y fotografía,  construye una película que sigue la tradición literaria española, el ya citado Delibes o Aldecoa, como la cinematográfica, con el drama rural de profundidad psicológica como La caza, Furtivos, El corazón del bosque, Tasio, etc… forman parte, no sólo de nuestro imaginario popular, sino que entronca con nuestras raíces rurales en las que los conflictos se suceden entre aquellos que desean por las buenas o las malas lo que el hombre de campo tiene y no cesarán en su empeño, haciendo todo aquello que éste en su mano para poseerlo, cueste lo que cueste. Una película de ritmo pausado, marcando sus tiempos y manteniendo el conflicto a fuego lento, in crescendo, en el que todos los personajes acabarán en su propia encrucijada, llevando al límite sus intereses, no por el bien de todos, sino en el suyo propio.


<p><a href=”https://vimeo.com/217159572″>EL PASTOR TRAILER</a> from <a href=”https://vimeo.com/dypcomunicacion”>DYP COMUNICACION</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Jorge Tur Moltó

Entrevista a Jorge Tur Moltó, director de “Dime quién era Sanchicorrota”. El encuentro tuvo lugar el jueves 17 de marzo de 2016, en una aula de la Casa Convalescència, sede de la UAB de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jorge Tur Moltó, por su tiempo, generosidad y cariño, y a la recepcionista de la UAB, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que encabeza la publicación.

Dime quién era Sanchicorrota, de Jorge Tur Moltó

dime_quien_era_sanchicorrota-863382472-largeHABITANTES DE UN LUGAR.

“- Pero, las leyendas son bonitas.

– La gente tiende a creerse lo que es mentira, lo cree con mucha más facilidad, las fábulas, eso se lo creen. Les dices la verdad, y la verdad siempre es vea, la realidad no suele tener gracia”.

Este diálogo extraído de la película, resume y da forma al espíritu que recorre este  trabajo de pesquisa histórica de Jorge Tur Moltó (1980, Alcoy, Alicante). El primer largometraje del realizador alcoyano, después de interesantes trabajos como por ejemplo,  De funció (2006), en el que se adentraba en las entrañas de la cotidianidad de una funeraria, siguió con Castillo (2009), aprovechando sus prácticas de licenciado en psicología en un psiquiátrico de Bétera, realizaba una interesante reflexión sobre el funcionamiento de estos centros y el tratamiento a los pacientes, o Si yo fuera tú, me gustaría los Cicatriz  (2010), en el que con la excusa de desenterrar a un grupo de música punk de los 80, profundizaba en los cambios sociales, económicos y culturales de una forma de vida, la de aquellos jóvenes que creyeron vivir de prisa y se toparon con la triste realidad, a través de sus fantasmas y supervivientes.

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En este trabajo, financiado por la iniciativa del Proyecto X Films surgido en el Festival Punto de Vista de Documental, se adentra en la reserva natural de las Bardenas Reales y en sus 42.000 hectáreas, para emprender una nueva búsqueda, un nuevo viaje hacia lo desconocido, en este caso, reencontrarse con la figura de Sanchicorrota, un célebre bandolero del siglo XV. Tur se asemeja a los cineastas pioneros del cine, que solitarios y provistos de su material de registro, se lanzaban a la aventura del conocimiento, a descubrir a cada paso la película que querían contar, a mezclarse con un paisaje ajeno y diferente a ellos, a experimentar y alimentarse del componente humano, eje motriz de su cine,  de unas tierras desérticas y áridas que se extienden por el sureste de la comunidad foral de Navarra. El unvierso del cineasta alicantino se cimenta en varios ejes que sustentan de manera eficaz y contundente todo su ideario cinematográfico, por un lado, tenemos su debilidad por el paisaje que filma, ya sea urbano o rural, desmitificando por completo su aparente significado, dotándolo de una mirada diferente, más cercana, y a la vez, misteriosa, luego, la importancia que le concede a la transmisión del conocimiento popular, el folclore, enmarcándolo en un toque costumbrista, cotidiano y de humor (que en algunos momentos se asemeja al cine berlanguiano), y finalmente, su forma de filmar a los personajes que va encontrando (planos americanos con la cámara estática, trípode en ristre, y a cierta distancia de ellos, que variará en esta obra en su tramo final) capturando a todos aquellos que se prestan a la cuestión planteada, hombre y paisaje en uno sólo, mezclándose, desde pastores, tanto autóctonos como extranjeros, turistas, comerciantes, curiosos, turistas, frailes, vigilantes nocturnos, y hombres de la tierra bardena, que le cuentan lo que saben, o lo que inventan.

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Tur se mueve entre los personajes que filma como un ser inquieto, ávido de sabiduría, que los escucha y habla con ellos, interviniendo de forma activa, como un espectador/personaje más, y que investiga con su cámara la construcción de las leyendas, los mitos y demás cuentos populares. Les pregunta por el célebre bandolero, le da igual que sepan o no, sólo quiere filmarlos mientras le cuentan, sea verdad o mentira, es no es importante, su intención es registrarlos, a unos hombres (la mayoría son hombres de más de 60 años por lo general), de hecho los corrige, quiere preservar esa sabiduría popular, ese misterio que encierran las fábulas que escuchamos, sus diálogos sobre el pasado, el presente y el futuro de la Bardena, todas esas historias que envuelven un lugar inhóspito, habitado por gentes de los alrededores que viven y forman parte de su entorno, que encierra muchas historias en su interior, unas ocultas, otras inventadas que chocan con la triste realidad. Tur huye del plano esperado y bonito, filma el escenario de forma abrupta, sin detenerse en su belleza, capturando todos los agentes atmosféricos (el incesante viento, el ensordecedor ruido de los aviones militares que no paran de sobrevolar el lugar, la oscuridad de la noche), recogiendo el carácter rudo y fiero del lugar, capta las actividades que se desarrollan, tanto la turística, la militar (se utiliza como base de maniobras militares para los cazas de guerra) o la profesional.

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Un montaje ajustado (con la ayuda de la cineasta Virginia García del Pino) que lima cada instante y los desarrolla de forma humana y ensayística (dejando los errores técnicos, que además de ofrecer una película muy física, recoge lo insólito y accidental de sus 21 días de rodaje y experiencia personal y profesional). El cineasta alcoyano nos sumerge en este mundo perdido, otro mundo, suspendido en el tiempo y el espacio, registrando la multiplicidad de relatos y formas narrativas que lo explican y recogen, explorando en su viaje/paisaje las huellas de un mundo en extinción, esa sabiduría popular que pasa de padres a hijos, ese conocimiento que no está escrito, que es oral, que subyace y vive en cada uno de los habitantes de la Bardena, en los misterios que encierra (como el descubrimiento de unos huesos que, destapa las miserias de los horrores de la Guerra Civil). Tur hace un ejercicio breve (63 minutos) pero muy intenso que, descubriéndonos una obra de grandísima altura cinematográfica, siguiendo la estela de otros coetáneos patrios como Elías León Siminiani, Luís Escartín, Eloy Enciso, Lois Patiño… en esa mezcla entre el documental/ensayo/viaje/paisaje que se ha convertido en una de las marcas de identidad del cine documental producido en los últimos años. Tur pertenece a esa estirpe de cineasta explorador que encuentra en el viaje una forma de narratividad cinematográfica en la que todo está por conocer, descubrir y experimentar, en la misma línea de trabajo que Herzog, Ivens o Isaki Lacuesta, por citar algunos, auténticos demiurgos de la obra viajera que indagan y se lanzan a la búsqueda de secretos perdidos, enterrados, falsos o reales, como los relatos que les cuentan los personajes que se van encontrando.


<p><a href=”https://vimeo.com/58832215″>TRAILER Dime qui&eacute;n era Sanchicorrota – Tell me about Sanchicorrota</a> from <a href=”https://vimeo.com/jorgetur”>Jorge Tur Molt&oacute;</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>