Entrevista a Laura Castro

Entrevista a Laura Castro, actriz de la película «El alma quiere volar», de Diana Montenegro, en el marco del LATCinema Fest en los Cinemes Girona en Barcelona, el domingo 3 abril de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura Castro, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Anna Vázquez de Gestión Cultural de Casa Amèrica Catalunya, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ángela Cervantes, Carla Quílez y Pilar Palomero

Entrevista a Ángela Cervantes, Carla Quílez y Pilar Palomero, actrices y directora de la película «La maternal», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el martes 15 de noviembre de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ángela Cervantes, Carla Quílez y Pilar Palomero, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Reyes contra Santa, de Paco Caballero

PESADILLA EN NAVIDAD.

“A veces nos volvemos locos porque olvidamos que somos diferentes, porque el amor no es una competencia para que cada uno supere la fuerza del otro, sino una cooperación que necesita de esas diferencias”.

“El puente hacia el infinito” (1984), de Richard Bach

No sé si recuerdan la película Babe, el cerdito valiente (1995), de Chris Noonan, aquella en que un cerdito se empeñaba en ser perro pastor con el objetivo de librarse de ser la cena de Navidad. La película australiana es también una de las primeras películas que se acordaba de los adultos que acompañaban a los niños y niñas al cine, porque tenía muchas situaciones que solo comprendían los mayores, amén de ser una cinta destinada al público más pequeño. Reyes contra Santa, el cuarto trabajo de Paco Caballero (Madrid, 1980), se mueve por esos mismos derroteros, porque es una película infantil, pero también tiene esas dosis gamberras que solo entenderán los adultos. El director madrileño siempre se ha movido por la comedia, ya sea en televisión donde ha trabajado en series como Cites, y Benvinguts a la familia, en TV3, o en su largometrajes, Perdiendo el este (2019), Donde caben dos (2021), y Amor de madre, de este mismo año. Comedias destinadas al gran público, donde el objetivo es entretener al personal y sobre todo, hacer reír.

Reyes contra Santa sería una película diferente en la trayectoria de Caballero, porque es la primera que va destinada al público infantil, sin olvidar esos momentos que hemos mencionado tan gamberros, con esa apertura en plena frontera del estrecho, tan real como triste, como esa organización de los personajes de las Navidades llamada con las siglas de C.H.U.S.M.A., y sus curiosos personajes que son creencias de las diferentes tierras del mundo, donde hay animales, árboles con forma humana que recrea el tió, y humanos, con ese Santa Claus, con esa entrada muy yanqui con música rock, y hablando en inglés, con su trineo tuneado y patrocinado, toda una horterada y gilipollez americanada. Mezcla con mucho acierto la fantasía, con ese otro mundo invisible al nuestro, con esas pequeñas dosis de realidad, en una lucha por la hegemonía de la Navidad entre los tres Reyes Magos y Santa Claus, con un inesperado y maléfico invitado que lo pondrá todo patas arriba, en una historia que tiene mucho de esa maravilla que es Pesadilla antes de Navidad (1993), de Henry Shelick y concebida y producida por Tim Burton.

Un guion escrito a cuatro manos por Benjamín Herranz y Jelen Morales, surgidos de la serie Aida, Carmen López-Areal y Eric Navarro, que acompaña a Caballero desde sus cortometrajes, así como el director de fotografía David Valldepérez, y la presencia del gran montador Nacho Ruiz Capillas, con más de 140 títulos en su filmografía, que repite después de la experiencia de Amor de madre. Un reparto encabezado por los tres Reyes Magos que son Karra Elejalde, David Verdaguer y Janick, el Santa es Andrés Almeida, Isa Montalbán es Ana, esa especie de D’ artagnan, aquí convertida en una pizpireta y sagaz paje en prácticas, Eva Ugarte es Amelia, esa mujer y madre soltera que espera a Melchor cada Navidad, y cada Navidad espera que algo pase, y Adal Ramones es el malo de turno. Reyes contra Santa pretende acercarse a los más pequeños, a dar un toque de ilusión y alegría para que la Navidad, la primera Navidad sin restricciones de ningún tipo se disfrute de verdad, que recuperen ese entusiasmo por los regalos, da igual si los traen Santa o los Reyes, o los dos, porque los niños no piensan en esas cosas, esas son cosas de adultos, como casi todo.

El director madrileño sale airoso del envite, porque no era sencillo hacer una película de estas características, con tanta competencia que existe en este mundo de las películas, o del audiovisual como algunos pretenden llamarlo, donde cada semana hay muchos estrenos, y siempre es de agradecer que el cine que se hace para los más pequeños y pequeñas no sea tan ñoño y siempre venga de Estados Unidos, con ese aire de superioridad y esa falsa ilusión por la Navidad, que oculta una mercantilización de todo, porque Reyes contra Santa también aboga por valores que, desgraciadamente, andan en vías de extinción, como la fraternidad, la amistad, la cooperación y el amor, dejando desterrados esos otros aspectos como la competitividad, el individualismo y el consumismo, donde todo está en venta y todo tenemos un precio barato. Disfruten de Reyes contra Santa y vayan con sus pequeños y pequeñas, ya sean suyos o ajenos, porque ellos disfrutarán con las aventuras y desventuras de estos tres tipos peculiares por ese Madrid más de barrio y obrero, y los adultos se reirán de esos toques de gamberrada y doble sentido, que agradecen tanto aquellos que acompañan a los niños y niñas a los cines, porque durante mucho tiempo los creadores olvidaban ese pequeño detalle, que los niños no van solos a las salas. Ah! Por cierto!. Feliz Navidad!. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La maternal, de Pilar Palomero

MADRE A LOS 14.

“Mira eso, está muerto. Un poco de amor, un poco de placer, y terminas así. No pedimos la vida, nos arrojan a ella”.

De Un sabor a miel (1961), de Tony Richardson

La primera vez que recuerdo ver una película que contaba de forma seria y profunda un embarazo adolescente fue en Un sabor a miel (1961), de Tony Richardson, en plena efervescencia del “Free Cinema”, una corriente que hablaba de gentes cotidianas en conflictos universales. La protagonista Jo, de solo 17 años, deambulaba por una vida dura, relatada sin concesiones, con unos padres que la rechazan, en uno de esos barrios industriales, sucios y feos de Inglaterra, con un blanco y negro crudo y esa luz apagada, en una existencia precaria e infeliz que encontraba consuelo en un amigo gay. La misma sensación he tenido al ver La maternal, el segundo trabajo de Pilar Palomero (Zaragoza, 1980), que ya nos deslumbró con Las niñas (2020), su opera prima, un relato sobre aquella España del 92 tan idiotizada con los eventos fastuosos del momento, peor anclada todavía a un pasado lleno de crucifijos, represión y tristeza.

En cierta manera, la directora sigue en los mismos espacios y estados de ánimo de su primera película, porque en La maternal, volvemos a encontrarnos una madre soltera con una hija adolescente, una hija que empieza a descubrir la vida, con sus alegrías y tristezas, en esa etapa de confusión, de conocerse y de desconcierto en todos los sentidos. Porque Carla, la joven protagonista de 14 años de su último trabajo no está muy alejada a la Celia de 11 años que pululaba por Las niñas, y sus respectivas madres, la Penélope de ahora, se emparenta mucho con la Adela de Las niñas. Palomero vuelve a mostrarnos una realidad dura, de esas que duelen mucho, por su desamparo y dificultades cotidianas, en la que Carla, alma libre, rebelde y chulesca, pierde sus días con Efraín, su mejor amigo, como muestra la contundente apertura de la cinta, en la que los mencionados abordan una casa y destrozan parte de su inmobiliario, y luego, vuelan con sus bicis y juegan al fútbol, con ese ímpetu que solo tienes cuando eres adolescente, donde todo parece que te pertenece y te sientes muy libre. El tortazo viene pronto, Carla está embarazada, y entonces, la película nos sumerge en “La maternal”, el centro de acogida para madres adolescentes, donde la protagonista empezará a vivir de verdad, o quizás, podríamos decir, que empezará a vivir como adulta, con responsabilidades, o al menos, a intentarlo.

La película cuece a fuego lento el devenir de Carla, detallando cada gesto, cada acción, cada mirada, cada conflicto, con una pausa, concisión y aplomo que sorprende de una directora que solo ha hecho dos largometrajes, como esa gran capacidad para el uso de la elipsis, y la fascinante composición de sus jovencísimas protagonistas, porque siendo novatas en estas lides, transmiten de forma naturalísima, sin caer en aspavientos y edulcoramientos de turno, como la música diegética que escuchamos, dotando a la narración la idea de cercanía y de carne y hueso. La sublime cinematografía de Julián Elizalde, que conocemos por sus extraordinarios trabajos en películas de Eva Vila, Meritxell Colell, Elena Trapé, entre otras, en la que la luz tierna y dura, según el instante, traspasa cada personaje, y acoge o rechaza, tanto el centro de acogida como el vasto y agreste espacio de esa carretera, ese bar de carretera, y esos caminos de piedras o asfalto que parecen perderse en ninguna parte, con esos Monegros, ese lugar, que ya acogió la inolvidable Jamón, Jamón (1992), de Bigas Luna, con la que comparte inspiración y muchas más cosas.

Sofi Escudé vuelve a ser la editora como sucedió en Las niñas, dando este tempo y esa mesura a una película de dos horas de metraje, donde se cuenta mucho, pero sobre todo, emocional, con esa montaña rusa en la que vive instalada Carla, que deberá a aprender a ser, a encontrarse y relacionarse con su hijo, su madre, y sobre todo, con los demás. Valérie Delpierre, productora de Verano 1993 (2017), de Carla Simón, vuelve a aliarse con Alex Lafuente, como hicieran en Las niñas, para producir a la directora zaragozana, consiguiendo resultados tan fabulosos como con la anterior película. Como ocurrió en su debut, Palomero vuelve a mostrar su maestría para elaborar repartos llenos de sabiduría y naturalidad, mezclando con inteligencia a las madres adolescentes reales como María, Sheila, Estel, Jamila, Claudia, la pareja real de tutores, con la debutante de la extraordinaria Carla Quílez, toda pasión, toda rebeldía, y cercanísima y llena de vida, tristeza y sola, reclutada en un laborioso casting, en la que emerge la figura de una de las grandes directoras de cast como Irene Roqué, y la presencia de Ángela Cervantes, la arrolladora Soraya de Chavalas (2021), de Carol Rodríguez Colás, aquí en un personaje que no estaría muy lejos como el de Penélope, una madre soltera que va a su bola y quiere conseguir el cariño de una hija que ahora va a ser madre adolescente.

Palomero ha construido una excelente película, un relato de esos en que no dejas de pensar, porque tiene emoción y reflexión, porque habla de vida, de sentimientos, de tristezas y alguna alegría, en una historia de aquí y ahora, pero con el valor añadido que pocas películas atesoran como  de hablarnos de un tema universal, y acercarse a una realidad oculta e invisible, en una nueva y desgarradora radiografía sobre la compleja relación entre madres e hijas, tejiendo con sabiduría una de las mejores películas sociales de los últimos años, donde aparte de contarnos la realidad dura y precaria de Carla, y de tantas Carla, nos muestra una realidad que encoge el alma, y desentierra esos problemas que muchas élites quieren ocultar incomprensiblemente, porque un país es todo, lo que deslumbra, y lo que no, lo que no tiene luz, y La maternal es una buena muestra, tanto por su forma de contar una realidad, con su ternura y dureza, con su sensibilidad y aspereza, con su intimidad y su soledad, con esas ganas de vivir y esas no ganas de ser madre, con la vida por un lado y al realidad dándonos de hostias, de esas que duelen, de esas que nos despiertan, de esas que nos cambian para siempre, como ser madre cuando todavía no has empezado a vivir. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Tess Renaudo y Cristina Riera

Entrevista a Tess Renaudo y Cristina Riera, codirectoras de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el CCCB en Barcelona, el jueves 17 de noviembre de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Tess Renaudo y Cristina Riera, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Mariona Borull de Comunicación de L’Alternativa, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Visita guiada a la exposición «Manoel de Oliveira. Fotógrafo»

Visita guiada a la exposición «Manoel de Oliveira. Fotógrafo», con el comisario de la exposición António Preto, en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el martes 8 de noviembre de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a António Preto, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo Óscar Fernández Orengo, por hacer la fotografía que ilustra esta publicación, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

No mires a los ojos, de Félix Viscarret

DAMIÁN Y LUCÍA SE MIRAN SUS SOLEDADES.

“Todas las historias de amor son historias de fantasmas”.

David Foster Wallace

Dos novelas de Juan José Millás (Valencia, 1946), han sido llevadas al cine: Extraños (1999), de Imanol Uribe, en la que seguíamos los pasos del detective Goyo Lamarca, sus recurrentes sueños y la investigación sobre Sofía, y La soledad era esto (2002), de Sergio Renán, en la que conocíamos la terrible soledad de Elena. Ahora, nos llega la tercera, “Desde la sombra”, llevada a la gran pantalla con el nombre de No mires a los ojos, en la que conocemos la no existencia de Damián, alguien solitario y complejo, como los singulares y nada convencionales protagonistas de Millás que, por circunstancias de la vida acaba en el interior de un viejo armario de dos puertas que, a su vez, termina en la pared de una casa en la que viven un matrimonio aparentemente feliz, Lucía y Fede, que tienen una hija adolescente, María. Aunque Damián tiene la oportunidad de marcharse, hay algo que le impide hacerlo y se queda en la casa y más concretamente en el interior de ese armario, observando la vida de esa familia, y en concreto, la vida de Lucía, una mujer que le atrae y sobre todo, le interesa descubrir su soledad y su vacío.

Del director Félix Viscarret (Pamplona, 1975), vimos su sensacional opera prima, Bajo las estrellas (2007), producida por Fernando Trueba, siguiendo la vida de Benito Lacunza, un trompetista sin rumbo que acaba en la vida de su hermano pequeño y la mujer de este, y la hija de ambos, en Vientos de la Habana (2016), la vida del inspector de policía Conde se veía alterada por un difícil caso y una mujer de la que se siente atraído. Amén de sus trabajos en las series Marco (2011), y Patria (2020), y el documental  Saura (s) (2017), que le dedicó al cineasta Carlos Saura. Una filmografía que tiene en común un elemento importante, porque todas son adaptaciones de novelas: dos de Fernando Aramburu, una de Leonardo Padura, otra de Edmondo de Amicis, y la de Millás que nos ocupa. De las tres películas tienen el nexo común que hablan de tres seres muy particulares, tres almas perdidas, tres individuos sin rumbo, con vidas vacías y llenas de infelicidad y soledad, que intentan agarrarse a algo que les da algo de vida o simplemente una excusa para no desaparecer.

El universo de Millás siempre juega con el absurdo de la cotidianidad, y sobre todo, lo surrealista introducido en los quehaceres diarios, con esa pausa para fijarse en los objetos y espacios e indagar en sus historias y personas relacionadas, siempre dándole la vuelta a las cosas y situaciones, rebuscando en la psique y alma humanas. Una literatura que lo entronca directamente con los maestros Borges y Bioy Casares, donde cada situación que sucede tiene un trasfondo psíquico, en que los personajes no hacen, actúan en pos de algo más profundo y enigmático, donde no hay que desvelar ningún secreto, sino profundizar en comportamientos en apariencia extraños, pero que ocultan otros miedos e inseguridades que se revelaran ante nosotros. En No mires a los ojos todo arranca de forma absurdísima, pero cuando el entuerto parece acabar, empieza de otra manera, porque a Damián cuando tiene la oportunidad de salir de esa casa, se queda, como les sucedía a los protagonistas de El ángel exterminador (1962), de Buñuel, y comienza a actuar como el protagonista de Hierro 3 (2004), de Kim Ki-duk, con el que Damián guarda muchas similitudes.

Damián se sumergirá en la vida de Lucía, que hay detrás de esa vida tan insulsa y vacía, donde se esconden sus fantasmas, y la vida de Damián solo tendrá sentido espiando y descubriendo más interioridades de Lucía. La trama escrita por David Muñoz, que tiene en su haber películas con Guillermo del Toro y Manuel Carballo, y series como La fuga, La embajada, y La valla, y el propio director, se mueve entre el drama íntimo, el thriller cotidiano, donde vemos un aroma a La ventana indiscreta (1954), de Hitchcock, con esa acción de Damián sobre algunos sucesos del que es testigo, y el relato romántico, pero no con ese pasteleo que nos tiene tan acostumbrado el cine comercial, sino aquel que se siente y se vive de forma muy alejado a lo convencional, donde lo físico no está, y si una forma de emocionalidad más profunda e intensa. Porque Damián no solo mira la vida de esta familia, sino y como hemos mencionado, actúa sobre ella, de forma física y emocional, viéndola y sobre todo, descubriéndola, viendo lo que queda detrás de las puertas y los armarios, lo que se cuece en el interior de esa casa, que podría ser otra cualquiera.

Viscarret se arropa de un equipo conocido de sus anteriores trabajos como el músico Mikel Salas, que le da ese toque de misterio y cotidianidad, generando esos misterios e incertidumbres por los que se mueve el guion, el cinematógrafo Álvaro Gutiérrez, que lo acompaña desde los cortometrajes, creando esa luz apagada de la casa, entre los claroscuros que van también a unos personajes con muchas caras y pieles, y la montadora Victoria Lammers, que condensa con precisión los ciento siete minutos de metraje, construyendo con acierto esa trama que va deambulando por diferentes texturas y géneros. Como suele ocurrir en los largometrajes de Viscarret, el reparto está bien escogido y dirigido con pulcritud, donde vemos una naturalidad absorbente e íntima, como la energía del enorme Alberto San Juan, Emma Suárez, Julián Villagrán y el descubrimiento de Violeta Rodríguez en Bajo las estrellas, la pareja sensual entre Jorge Perugorría y Juana Acosta de Vientos de la Habana, añadimos la especial, cercanísima y fabulosa pareja entre Paco León, al que da vida a Damián, en un personaje muy alejado de los cómicos que nos tiene acostumbrados, y una maravillosa Leonor Watling como Lucía, que solo con mirar ya nos derrite el alma, metida en una mujer demasiado sola, aislada, y llena de melancolía y tristeza.

Les acompañan un Álex Brendemühl, siempre en su sitio, como el marido que está y no está, que como los demás personajes oculta muchas cosas que irá desvelando la pericia y el voyeurismo de Damián, como el caso de María Romanillos como la hija del matrimonio, y su secreto, en el que también intervendrá la mano de ese ser invisible, extraño para el espectador y fantasmal para los habitantes de la casa, y ese personaje de fuera como Susana Abaitua en un rol interesante, y Juan Diego Botto como un presentador de uno de esos programas para mofarse de las miserias del personal. Viscarret ha conseguido una estupenda adaptación al cine del íntimo y surrealista universo del genial fabulador que es Millás, donde dentro de esa normalidad tan feliz, siempre se esconden las más tristes y soledades existencias, que solos se ven si te mueves sigilosamente e invisible para los demás. El cineasta navarro ha construido una película que va creciendo a medida que avanza, llena de misterio e incertidumbre, que nos habla mucho de nuestro tiempo y nuestras vidas tan solas, tan vacías y tan llenas de nada. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Diana Montenegro

Entrevista a Diana Montenegro, directora de la película «El alma quiere volar», en el marco del LATCinema Fest en los Cinemes Girona en Barcelona, el domingo 3 abril de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Diana Montengro, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Anna Vázquez de Gestión Cultural de Casa Amèrica Catalunya, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Memorias de París, de Alice Winocour

COGERSE DE LAS MANOS.

“Con el tiempo y la madurez, descubrirás que tiene dos manos: una para ayudarte a ti misma y otra para ayudar a los demás”.

Audrey Hepburn

No hace ni un mes que se estrenaba la magnífica Un año, una noche, de Isaki Lacuesta, donde daba buena cuenta de la diferente gestión de estrés postraumático de una pareja de supervivientes de los atentados terroristas de la sala Bataclan de París del fatídico 13 de noviembre de 2015. En Memorias de País, cuarto trabajo de Alice Winocour (París, Francia, 1976), escrito por la propia directora y la colaboración del coguionista Jean-Stépahne Bron y Marcia Romano, que ha colaborado con Ozon y ha escrito la reciente El acontecimiento, de Audrey Diwan, en la toma un punto de partida parecido, en este caso fue un ataque a uno de los restaurantes y se centra en una de sus supervivientes, Mia, una mujer que, como sucedía con el protagonista masculino de Un año, una noche, tiene flashbacks de aquel día, y su memoria recuerda confundiéndolo todo, sin poder tener un recuerdo global de lo sucedido durante el ataque.

No es la primera vez que la cineasta parisina se centra en los problemas mentales de sus protagonistas, ya lo hizo en Augustine (2012), sobre el trabajo de un psiquiatra y su paciente diagnosticada de histeria en la Francia de finales del XIX, y también, en Disorder (2015), centrándose en los problemas traumáticos de un soldado. Otro dato importante en el cine de Winocour son sus protagonistas, porque ya en Próxima (2019), la soledad que sufría una astronauta que se separaba de su hija por una misión, que la emparenta de frente con Mia, otra mujer que deberá enfrentarse a su trauma en soledad, porque su marido nunca llegará a entender lo que sufre porque no la ha vivido, y además, actúa como si nada hubiera pasado y todo pudiese volver como antes, una situación parecida a la que vivía Geni con su marido en la estupenda Todos queremos lo mejor para ella, (2013), de Mar Coll. La trama se centra en Mia y su proceso de reconstrucción, acudiendo al restaurante donde se celebran encuentros de víctimas, donde vemos las distintas reacciones de cada persona que sobrevivió recordando o intentando recordar el atentado. Allí, conocerá a Thomas, alguien que recuerda y sufre heridas físicas, y entre ambos reconstruirán su memoria.

La película se centra en dos miradas, la de Mia y la de la ciudad de París, donde ambos se volverán a reencontrar y sobre todo, a reconstruirse después de la tragedia, a volverse a mirar y volver a caminar por sus calles y lo demás sin miedo. Una película de gran factura técnica con la inquietante e íntima atmósfera de la cinematografía elaboradísima de Stéphane Fontaine, que tiene en su haber a nombres tan importantes como los de Jacques Audiard y Mia Hansen-Love, el excelente montaje de Julien Lacheray, que es el habitual de Céline Sciamma y Rebecca Zlotowski, y ha editado todas las películas de Winocour, que detalla cada gesto, cada mirada, en una película de búsqueda de uno mismo y de los demás, como el inmigrante senegalés que cogió de la mano a Mia y ella quiere encontrar. Y la inquietante y atmosférica música de Anna Van Jausswolff, de la que ya habíamos escuchado en Personal Shopper, de Assayas, y en el documental El chico más bello del mundo, sobre la figura de Björn Andréssen, el chico que protagonizó con 15 años la inolvidable Muerte en Venecia, de Visconti.

El magnífico reparto que encaja a la perfección con toda la complejidad y los diferentes matices en los que profundiza la película, como ya había mostrado en sus anteriores trabajos formando parejas muy diferentes entre sí, pero muy complementarias, como dos reflejos del mismo espejo, con los Vincent Lindon y Chiara Mastroianni, los Matthias Schoenaerts y Diane Kruger, y Eva Green y Matt Dillon, ahora les toca a Virginie Efira y Benoît Magimel, maravillosos y naturales, que hacen los heridos emocionalmente Mia y Thomas, en los que se ayudarán, se reconstruirán y volverán una y otra vez a aquel día, aquel momento. Les acompañan Grégoire Colin, el marido de ella que está empeñado en volver a la rutina sin más, Maya Sansa es Sara, una superviviente que organiza y escucha en los reencuentros de los afectados, Amadou Mow es Assane, el senegalés que ayudó a Mia y ésta quiere encontrar, y finalmente, Nastya Golubeva, que hemos visto en Holy Motors y Anette, ambas de Leos Carax, siendo una chica que perdió a sus padres en el atentado y ahora necesita reconstruirse haciendo las cosas que ellos hacían.

Winocour ha construido una película muy especial, una película también muy difícil, que necesita la complicidad de un espectador que bajará a los infiernos junto a los personajes, a través de los recuerdos reales de su hermano que fue uno de los supervivientes de Bataclan, en el que estamos en una especie de limbo, tanto de Mia como la ciudad de París, en el que todos deben recordar y ayudarse a recordar, para volver a mirarse y mirar, a reencontrarse y reencontrar su alma rota y en pedazos, tanto de ellos como de la ciudad, en una historia sobre fantasmas, sobre los ausentes y los presentes, sobre volver al terror, al miedo y la sangre, para sanar, para estar y sobre todo, para recordar sin sentir miedo y terror, la memoria como acto de reconciliación con uno mismo y con todo lo que le rodea, y no solo recordar, sino también, y esto es lo más importante, compartir con los otros, con los demás, mirarse y reconocerse, sin prisas, con pausa, volver a cogerse de las manos, volver a ser humanos, y volver a sentir, a volver a abrazar y volver a amar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a José Pablo Escamilla

Entrevista a José Pablo Escamilla, director de la película «Mostro», en el marco del LATCinema Fest en los Cinemes Girona en Barcelona, el domingo 3 abril de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a José Pablo Escamilla, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Anna Vázquez de Gestión Cultural de Casa Amèrica Catalunya, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA