Entrevista a Marc Ferrer y Toñi Vargas, director y actriz protagonista de la película «Reír, cantar, tal vez llorar». en el domicilio de Toñi en Barcelona, el sábado 14 de diciembre de 2024.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marc Ferrer y Toñi Vargas, por su tiempo, sabiduría y generosidad y cariño. . JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“La música expresa lo que no puede ser dicho y aquello sobre lo que es imposible permanecer en silencio”.
Víctor Hugo
El universo cinematográfico de Daniel Sánchez Arévalo (Madrid, 1970), se compone a partir de un hecho doloroso que define, no sólo a los personajes que tiran del carro, sino que estructuran a todo un grupo, sin olvidar el humor que ayuda a tragar toda la dura situación. Después de un buen puñado de cortometrajes que lo pusieron en primer plano, debutó con la muy estimable Azul Oscuro Casi Negro (2006), le siguieron Gordos (2009), Primos (2011), y La gran familia española (2013), Diecisiete (2019), que junto a la citada Primos agrupan una especie de díptico sobre los jóvenes parientes en busca de un imposible a través de un viaje por la provincia de Santander (lugar de nacimiento del padre del cineasta que no es otro que José Ramón Sánchez, famoso ilustrador que amenizó en el inolvidable “Sabadabadá” las mañanas ochenteras de muchos de nosotros) que les ayuda a superar dramas pasados. En Las de la última fila (2022), también la travesía ayudaba a unas amigas a enfrentarse a la enfermedad.
En Rondallas no deja el norte, porque se traslada un poco más a la izquierda, más concretamente, a la ría de Vigo, a uno de sus pueblos y a sus gentes, en el epicentro de la rondalla “Gran Sol” (como la famosa novela de Ignacio Aldecoa, que relata las duras condiciones de los pescadores santanderinos), en la que conocemos a Luis que, junto a Yayo, son los supervivientes de un barco pesquero que naufragó hace 2 años dejando viuda a muchas de las mujeres, entre ellas, a Carmen, que mantiene una relación con el citado Luis, y mantiene una relación difícil con sus dos hijas, la adolescente Noa y la pequeña Noa. En ese estado de duelo y depresión en el que pasan los días duros entre percebes y otros trabajos recordando a los que no están y esperando que aparezca el barco perdido. La “Rondalla” es el viaje en esta película, agrupaciones de música a partir de gaitas, carracas y demás objetos que continúan vivo el folklore y la tradición en un concurso que elige la mejor de la provincia. Una rondalla que revive como terapia para recordar a los ausentes y volver a vivir para los que sí están, enfrentada a las dificultades de unos y otros, donde seremos testigos de los problemas internos con los que lidia cada uno de los personajes.
La parte técnica de la película brilla con intensidad capturando ese cielo plomizo tan característico del norte, que le viene como anillo al dedo a los atribulados personajes que arrastran su particular tragedia, como evidencia su estupendo prólogo. La cinematografía concisa de Rafa García, del que hemos visto comedias como Mala persona y los dramas Escape, y la reciente de La tregua. La estupenda música que interpreta la rondalla, tan potente y enérgica es compartida con la magnífica soundtrack que ayuda a situarnos en el estado emocional lleno de altibajos por el que pasan los diferentes personajes, que firma el argentino Federico Jusid, con más de 130 trabajos en su filmografía junto a Campanella, León de Aranoa, Larraín, Borensztein, Erice y la reciente serie El eternauta. El montaje corre a cargo de Miguel Sanz, del que hemos visto Canallas, de Daniel Guzmán, en su segunda colaboración con el director después de la mencionada Diecisiete. El montaje es sobrio y nada complaciente, y describe con detalle y precisión las situaciones emocionales y sobre todo, las relaciones que se van generando en sus casi dos horas de metraje.
Un reparto muy bien escogido y mejor interpretado, como suele ser marca de la casa en el cine del madrileño-cántabro, sino recuerden los ya citados. Aquí tenemos a un tótem como Javier Gutiérrez, un asturiano metido en Vigo, dando vida a Luis, un tipo que debe vivir contra un fantasma que era su mejor amigo y además, es el alma mater de este grupo y de la dichosa rondalla que usa como acicate para levantar muchas cosas. A su lado, están los gallegos empezando por María Vázquez, una actriz que mira muy bien. Su Carmen es una mujer rota que quiere salir del pozo, poco a poco, eso sin miedo. Están los jóvenes Judith Fernández, que la vimos en La casa entre los cactus, y Fer Fraga, visto en la serie Rapa, que tienen sus cosas entre gaitas y egos y secretos. Otra pareja, esta vez de hermanos, que interpretan los fabulosos Tamar Novas, en un personaje que crecerá mucho durante la película, y Xosé A. Tourián, en un rol muy alejado del que hacía en las dos comedias sobre Cuñados. También está Marta Larralde, una actriz que maneja muy bien los registros de sus personajes, y el veterano Carlos Blanco, visto en mil y una, en uno de esos personajes lobo de mar que escenifica mucho el sentimiento de derrota y dignidad de la existencia.
Los espectadores no deberían acercarse a ver Rondallas como un mero entretenimiento sin más, porque se perderían las estupendas virtudes que atesoran sus imágenes como la fusión entre cine con vocación comercial que cuenta una historia social y de verdad, llena de personajes de carne y hueso y de tramas duras pero no condescendientes. También, encontramos esa mezcla entre el drama cotidiano que se remueve entre las paredes de casa enfrentado a la alegría, la emoción y la vitalidad que desprenden los ensayos de la rondalla, cogiendo el tono y la atmósfera que desprende cierto tipo cine británico como Tocando el viento y Full Monty, entre otras. Una música llena de fuerza y pasión, y la idea de conjuntar una comunidad azotada por la tragedia, en que la música actúa como terapia reveladora para sacar los dramas personajes y exponerlos a través del arte y la forma de transmitir que tiene cada uno. Seguramente estamos ante la película más conseguida de Daniel Sánchez Arévalo y no lo digo porque se acaba de estrenar, sino porque la la energía que desprende cada fotograma contagia de energía, pasión y emoción desbordante en los momentos donde los personajes se difumina y aparece la rondalla, o lo que es lo mismo. la comunidad todos a uno viviendo, danzando y disfrutando la música y todo lo que llevan en el interior sale con fuerza y las cosas se ven menos duras y jodidas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Ana Endara, directora de la película «Querido Trópico», en el hall del Cinema Maldà en Barcelona, el lunes 29 de diciembre de 2025.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ana Endara, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Andrés García de la Riva de Nueve Cartas Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. . JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Dos personas que se miran a los ojos no ven sus ojos sino sus miradas”.
Robert Bresson
De las 16 películas y media que componen la filmografía de Jim Jarmusch (Cuyahoga Falls, Ohio, EE. UU., 1953), encontramos algunas estructuradas en forma episódica: Mystery Train (1989), breves historias que suceden en Memphis, Noche en la Tierra (1991), pequeñas tramas a bordo de un taxi por medio mundo, y Coffe and Cigarettes (2003), conversaciones alrededor del café y el tabaco. Su última película Father Mother Sister Brother se une a lo episódico a través de tres fragmentos que tiene en común la familia, en la que tres visitas serán el epicentro de las situaciones. En la primera, que ocurre en uno de esos pueblos de montaña en New Yersey, un par de hermanos visitan a su padre. En la segunda, nos trasladamos a Dublín, en la que una madre espera la llegada de sus dos hijas, tan diferentes como distantes. Y en la última, la visita se desarrolla en París, en la que dos hermanos acuden, por última vez, al piso que compartieron con sus padres fallecidos.
Después de una extensa y brillante filmografía como la del cineasta estadounidense sería inapropiado recordar sus grandes virtudes como narrador de la condición humana, aunque sí que podemos detenernos en su forma de representarlas, ya que, en ese sentido resulta uno de los mayores cineastas vivos en detenerse, observar y penetrar en esa oscuridad insondable que somos cada uno de nosotros. A partir de situaciones que se van a ir repitiendo en las tres historias como el agua y sus sabores, o un rolex falso, unos skeaters y los colores de los muebles y objetos, el director traza unas conversaciones a cerca de la familia, la memoria, los recuerdos, y sobre todo, en un leit motiv que se repite en todas sus películas, la relación de los presentes y los ausentes. La representación en el cine del norteamericano se basa en el vaciado, en aquello que Schrader mencionó en su magnífica obra “El estilo trascendental en el cine. Ozu, Bresson y Dreyer.”, donde lo importante es aquello que no se ve, lo tangible y lo más cotidiano como forma de relación entre los personajes, la repetición de los diferentes planos y encuadres, y de las diferentes situaciones para indagar en la forma más pura y honesta de representación y sus múltiples variaciones.
Como es costumbre Jarmusch se rodea de grandes técnicos como los cinematógrafos Frederick Elmes, con más de 60 películas al lado de Lunch, Cassavetes, Ang Lee y Todd Solondz, que ha estado en 6 títulos del director desde que hicieron juntos la citada Noche en la Tierra. El otro director de fotografía es Yorick Le Saux, con más de 40 películas, junto a Ozon, Assayas, Zonca, Guadagnino y Denis, y dos films con “Jimmy”. Los concisos y sobrios encuadres y planos en mitad de un quietud que traspasa, con esos planos cenitales tan hermosos como inquietantes, llena de tonos sombríos y tenues, y la idea de reposo absoluto donde los personajes miran y se mueven al son de una marcha silenciosa y muy cauta. La música la firman el propio director y Anika, artista de música electrónica y psicodelia, abraza ese tono realista y no acción que se impone en el tempo de la película. El montaje de Affonso Gonçalves, 5 películas con Jarmusch, amén de obras con Ira Sachs, Todd Williams y Todd Haynes, consigue esa idea de lo físico con lo metafísico en sus reposadas casi dos horas de metraje, en la que cada personaje asume un rol donde lo que hace y no dice tiene que ver con aquello que quiere expresar, pero no de un modo directo sino a partir de subterfugios inherentes que van emergiendo en las triviales y superficiales encuentros.
Los repartos de las películas desde el lejano debut con Permanent Vacation (1980) siempre han estado poblados de su “rebaño”, es decir, sus amigos músicos y demás artistas de su espacio neoyorquino. El padre no podría ser otro que Tom Waits, desde los inicios en el universo de Jarmusch,. Un actor tan peculiar como los diferentes personajes que ha hecho en las pelis del director afincado en New York. Sus hijos son Adam Driver, que fue el silencioso conductor de autobuses de Paterson (2016), y Mayim Bialik, que muchos recordamos como la brillante Blossom. Charlotte Rampling es la madre dublinesa, y sus hijas son la preferida Cate Blanchett y la rarita Vicky Krieps. Luka Sabbat y Indya Moore son la pareja de hermanos parisinos, amén de la presencia de Françoise Lebrun, la inolvidable amante de La mamá y la puta (1973), de Eustache. Unos intérpretes que se apoyan en los silencios y en la “no actuación” para encarnar a unos personajes que ejercitan la inacción, a través de miradas, gestos y demás acciones invisibles en las que construyen unos personajes que hablan muy poco o lo justo, o quizás, no les hace falta verbalizar lo que ya sus acciones explican.
El largo título de Father Mother Sister Brother no sólo ejemplifica esa idea de análisis certero y directo sobre el significado ya no sólo de la familia, de esos seres extraños que se confunden en la maraña de las relaciones y (des) encuentros, sino de algo mucho más profundo que encontramos en toda la filmografía y brillante de Jarmusch, y no es otra que esa idea de que los pequeños e insignificantes de la vida son la vida, es decir, que lo demás, la mayoría de cosas que hacemos en nuestra existencia, son cosas que sirven para lo que sirven, pero que las otras cosas, las que apenas apreciamos por nuestras estúpidas prisas y demás, son las que hacen la vida un lugar que vale la pena estar, no en un sentido de ociosidad y fervor alucinatorio donde las actividades físicas y experiencias de otra índole nos llenan la vida, pero la alejan del verdadero no significado de la vida, y que no es otro, que la de sentarse frente a un ventanal, con un té en la mano, y mirar detenidamente el agua azul del lago, el caer del día y los diferentes destellos de luz. Quizás de tanto buscar la vida nos olvidamos que la tenemos tan presente que no la miramos, y nos dedicamos a atiborrarla de cosas y más cosas, y nos perdemos la invisibilidad, lo que no vemos, y lo que sentimos en la cotidianidad de la quietud, del silencio y de lo espectral, rodeado de tantos fantasmas que nos acompañan como les sucede a los personajes de Jarmusch, rodeados de lo que no se ve y de los que no se ven. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Se preguntó entonces a sí misma si me quería, y yo, yo no podía saber nada sobre este punto. Tras otro momento de silencio murmuró que yo era extraño, que sin duda me amaba por eso, pero que quizás un día le repugnaría por las mismas razones ”.
De la novela “El extranjero” (1942), de Albert Camus
Las tres últimas películas de François Ozon (París, Francia, 1967), se ejecutan a partir de un crimen: en Mi crimen (2023), una aspirante actriz se ve involucrada en el asesinato de un famoso y odioso productor en el París de los treinta. En Cuando cae el otoño (2024), la cosa gira en torno a una abuela, su hija y su nieto y unas setas tóxicas. Dos películas y dos tonos diferentes. La comedia vodevil de la primera, y la cotidianidad y lo oscuro de la segunda. Ahora toca el turno de El extranjero (“L’étranger”, en el original), basada en la novela homónima de Albert Camus (1913-1960), publicada en 1942 por uno de los padres del existencialismo, el absurdo y el sinsentido de la vida, que ya fue llevada al cine en 1967 con el mismo título y dirigida por Luchino Visconti y protagonizada por Marcello Mastroianni.
En El extranjero, con un guion del propio director con la colaboración de Philippe Piazzo, con el que ha trabajado en 6 películas, el director parisino hace una adaptación fiel a través de su enigmático protagonista Meursault, el oficinista que vive en el Argel francés de los treinta. Un arranque que nos retrotrae al de Casablanca, con dibujos e imágenes de la época para situarnos en una ciudad de franceses e indígenas en las que el citado tipo vive sin más, trabaja, va de aquí para allá pero sin el menor atisbo de esperanza o mera ilusión como demuestra en el contundente arranque en el entierro de su madre, hecho que le resignifica a lo largo y ancho de la trama. Ozon que se ha labrado una interesante filmografía a lo largo de sus 24 títulos en veintisiete años desde que debutara en Sitcom (1998), en la que se ha detenido en lo oculto de la psique humana a través de unos personajes rebeldes y nada convencionales que desean lo imposible, o quizás, lo que menos se ve, aquello que se anhela desde lo más profundo del alma. Su Meursault no está muy lejos de algunos de sus personajes, aunque el citado personaje de Camus podría ser el retrato más complejo y apático que ha hecho en todo su cine, porque lo encontramos cercano y a la vez, muy distante, porque no logramos saber que siente y mucho menos porque hace lo que hace. En realidad, es tan misterioso y oscuro como podemos imaginar, alguien demasiado honesto e indiferente en una sociedad donde todo es superficialidad y aparentar.
El cineasta francés ha vestido su encuadre con un magnífico, cálido y pesado blanco y negro que firma el cinematógrafo Manuel Dacosse, que ha trabajado junto a Hèléne Cattet, Bruno Forzani y Lucile Hadzihalilovic, amén de 5 películas con Ozon. Sus planos llenan cada espacio y se mueven entre la belleza y lo oscuro de la cotidianidad y sobre todo, del alma de Meursault, en una especie de limbo donde lo absurdo de la existencia humana se desprende de una soledad demasiado dura. La música de Fatima Al Quadri, de la que conocemos sus trabajos para Atlantique, de Mati Diop, y La abuela, de Paco Plaza, escenifica esa dualidad por la que se mueve el protagonista, una faceta que ha explorado enormemente en su cine el director galo. El montaje de Clément Selitzki, del que hemos visto sus trabajos con el director Nicolas Bedos en Los amantes del engaño y Alphonse, es metódico, lleno de intensidad y muy físico, en que seguimos incansablemente la inexistencia del personaje principal, que sigue su vida como si nada, abatido en una especie de ensueño falso, a partir de una ilusión inventada y sobre todo, sintiéndose un extranjero de sí mismo en una sociedad en la que no encaja, que va de prisa y no significa nada y que hace pero no siente nada, en una sociedad desesperada por que todo siempre tenga un sentido.
El reparto de la película, como suele suceder en el cine de Ozon, brilla con intensidad, sobre todo, en los detalles, en todo aquel submundo que no vemos pero está ahí, y no resultaba tarea nada fácil encontrar al actor que encarnará al protagonista y se ha encontrado en la mirada y el cuerpo de Benjamin Volsin, que ya nos deslumbró en Las ilusiones perdidas, otro personaje cumbre de la literatura francesa escrito por Balzac. El parisino se mete en la piel de Meursault, en una composición de altura, nada impostada en el que transmite esa desidia y ausencia de su personaje, que vimos en Verano del 85, de Ozon. Le acompaña una sensible y bellísima Rebecca Marder, que estuvo en la mencionada Mi crimen, siendo Marie que conoce al protagonista. Pierre Lottin es un vecino metido en problemas que vimos en la citada Cuando cae el otoño, haciendo un personaje también esencial en la trama. El gran Denis Lavant se mete en la piel de otro vecino que se pelea con su perro. Swann Arlaud es un sacerdote que tendrá su encuentro con el susodicho que tendrá su importancia capital en la historia. Jean-Charles Clichet es otro de los intérpretes que aparecen en la película.
La empresa de adaptar la novela no resultaba nada sencillo para un cineasta como François Ozon, pero la cosa no ha ido mal, todo lo contrario, porque la película sabe captar el alma y la esencia del libro de Camus, y situarnos en la piel de un Meursault que no resulta un personaje que guste, y tampoco disguste, quizás en esa indiferencia, pero no tanto, en una especie de limbo en el que no sabemos si nos agrada o no, o tal vez, no nos gusta porque, en realidad, conocemos que su forma de estar y no relacionarse con la sociedad y el resto tiene mucho que ver con esa estupidez y sin sentido en el que nos vemos cada uno de nosotros en nuestras torpes y vacías existencias, o podríamos decir y citando a Rebecca Solnit, la inexistencia de la que habla en sus memorias, porque como le sucede a Meursault y su crimen del que será juzgado, o no, porque el estado francés colonialista, clasista (como se evidencia en el cine sólo para franceses), y explotador, deviene una forma de ley donde no se espera que seas libre para sentir, sino que sientas lo que está aceptado socialmente, o simplemente, lo que toca en cada momento, sometidos a una moral donde no importa la verdad de cada uno, sino lo que se debe hacer para ser uno más en la sociedad, alineado y sensible a lo que toca, no a lo que uno siente de verdad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
El año cinematográfico del 2024 ha bajado el telón. 365 días de cine han dado para mucho, y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 33 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido ha sido el orden de visión de un servidor, no obedece, en absoluto, a ningún ranking que se precie). JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Juan Palacios, directora de la película «Meseta», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el Parc de les Aigües en Barcelona, el viernes 29 de noviembre de 2024.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Juan Palacios, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Óscar Fernández Orengo, por su retratarnos de forma tan maravillosa. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
El año cinematográfico del 2024 ha bajado el telón. 365 días de cine han dado para mucho, y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 30 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido ha sido el orden de visión de un servidor, no obedece, en absoluto, a ningún ranking que se precie).
“Las heridas que no se ven son las más profundas”.
William Shakespeare
Las primeras películas de Joachim Trier (Copenhague, Dinamarca, 1974), se centraban en la desesperación y soledad en los años de juventud. Los protagonistas de Reprise (2006), Oslo, 31 de agosto (2011), y Thelma (2017), encontraban en las contradicciones y las adicciones una forma de huir de todos y sobre todo, de sí mismos. En La peor persona del mundo (2021), conocíamos a Julie, una joven perdida y llena de energía e intensidad que no sabía encontrar su camino. Con El amor es más fuerte que las bombas (2015), se adentraba en las relaciones familiares y cómo la ausencia de la madre torpedea la fragilidad de la convivencia. Todos dramas alejados de la complacencia, y centrados en esos días cotidianos, que son la mayoría, en los que se desatan tormentas internas que lo dinamitan todo. Un cine que mira desde la quietud y la paciencia para encontrar esos pliegues emocionales que nos suceden a todos. Bucear en los claroscuros que están esperando a ser invocados o lo que es lo mismo, esas emociones que nos producen miedo y no queremos que salgan y nos dominen.
En Valor sentimental (en el original, “Affeksjonverdi”), se vuelve a meter de lleno en la familia, bajo el prisma y la mirada de Nora, una de las hijas de un matrimonio mal avenido en el interior de una casa que no sólo escenifica el dolor que allí predominaba, sino que se convierte en una losa de la que los implicados quieren deshacerse y olvidar. El dolor de Nora, después de la muerte de la madre, estalla cuando aparece Gustav, el padre, al que guarda un rencor ilimitado, ya que su ausencia devino un terror enorme. A partir de un guion del fiel cómplice del director, el cineasta y noruego Eskil Vogt que, aparte de haber coescrito las seis películas de Trier, tiene una interesante filmografía que componen títulos como Blind y The innocents. La cosa va que, después de ese inesperado reencuentro, el padre, director de cine le ofrece el papel protagonista a su hija Nora, actriz, de la que, presumiblemente, será su retirada. La joven lo rechaza y abre la caja de Pandora de las heridas nunca explicadas, de ese dolor que parecía olvidado y de tantas cosas de un pasado que creía muerto y enterrado. Su oficio ayuda a paliar ese reencuentro que tanta mierda ha dejado en ella, y la estimable ayuda de su hermana Agnes, que trabajó de actriz para su padre cuando era niña, y tiene otro recuerdo de aquellos oscuros en la casa.
El equipo técnico de la película vuelve a brillar con ese estilo desnudo y minimalista, donde prima lo cotidiano y lo más sencillo, para que las actuaciones en sus aspectos psicológicos sean el centro de todo. La cinematografía de Kasper Tuxen, que ha trabajado con el gran cineasta Gus Van Sant, y estuvo en la citada La peor persona del mundo, construye una imagen que prima la cercanía y la intimidad traspasante del cine de Trier, en el que todo se torna de una forma orgánica que se puede tocar en todo su esplendor. Con una luz cálida en su superficie y oscura en su interior que ayuda a profundizar en las tensiones emocionales de los personajes. La música de Hania Rani, que ha trabajado en la cinematografía polaca junto a nombres tan importantes como Malgorzata Szumowska y Piotr Domalewski, entre otros, imprime unas composiciones que consiguen respetar y sumergirnos en las relaciones familiares dejando el espacio pertinente para que los espectadores podamos reflexionar en todo lo que vemos. El magnífico montaje de Olivier Bugge Coutté, en las seis películas del director danés, amén del cine documental del gran director sueco Fredrik Gertten, conduce admirablemente una trama nada fácil, con sus 135 minutos de metraje, en el que cada encuentro está sazonado de grandes quiebras, rupturas y reproches.
La parte artística de la película, una parte esencial en el cine de Trier, brilla con gran fuerza y poder, porque tenemos a una Renate Reinsve, que repite con el director después de su enorme Julie, aquí con un personaje en las antípodas, porque su Nora se lo come todo y vive abocada a su trabajo como terapia para tener tranquilos a sus demonios. La actriz noruega no sólo mira con paz y serena, sino que ejerce una gran presencia en todo lo que toca, y su forma tan íntima de manejarse con los brillantes diálogos. Si nos deslumbró siendo La peor persona del mundo, con su Nora nos muestra toda la carne en el asador de lo que callamos, de lo que nos duele y del pasado tan oscuro y demoledor. Le acompañan un inconmensurable Stellan Saksgärd que, después de años en el cine hollywoodense, vuelve casi tres décadas después a un personaje como el Jan de Rompiendo las olas (1996), de Lars Von Trier, ahora convertido en un padre ausente, reconocido como director de cine pero odiado por sus hijas, sobre todo, por Nora. Igna Ibsdotter Lilleaas es la otra hermana, que es el reverso de Nora, más reconciliada con el pasado y las heridas. La estadounidense y magnífica intérprete Elle Fanning hace de una actriz muy popular que conoce a Gustav y protagonizará su película, y mantendrá una relación muy cercana con el director sacando demasiadas cosas ocultas. Finalmente, Anders Danielsen Lie, otro cómplice del director, anda por ahí revelándose como una presencia poderosa.
Si el espectador más exigente y escéptico todavía albergaba a algún tipo de duda en relación al cine de Joachim Trier, estoy seguro que con Valor sentimental se le han disipado cualquier duda, porque la película es excelente, tanto en su contenido como en su forma, donde el dolor, el pasado y la tristeza se cuentan sin amarillismos, y si con una contundencia donde brillan la transparencia y todo aquello que se calla para paliar el dolor. Esta película está en deuda con los grandes del drama íntimo y familiar como Casa de muñecas, de Ibsen, Imitación a la vida, de Sirk y Sonata de otoño, de Bergman, donde las relaciones hacia adentro y todo lo que nos bulle en el interior, y los conflictos paternofiliales están contados con serenidad, creando esos instantes donde los diferentes reencuentros definen las relaciones oscuras y nada sencillas. La importancia de los espacios elegidos para mostrar la historia resultan de una genialidad absoluta, con esa casa como testigo de todo, del pasado y del presente, de cualquier tiempo donde los personajes se sienten como encarcelados, con unas ansias atroces de escapar, o mejor dicho, de escapar de ellos mismos, y reconciliarse con los demás, si se da y sobre todo, con ellos, mirándose a un espejo y conocer ese reflejo y que duela menos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Jana Montllor Blanes, directora de la película «On eres quan hi eres?», en el Espai Delmiro de Caralt de la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el miércoles 17 de diciembre de 2025.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jana Montllor Blanes, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA