Thelma, de Joachim Trier

LAS FORMAS DEL MAL.

Una película interesante de terror que se precie, necesita un arranque sobrecogedor, algo que nos inquiete profundamente y nos deje clavados en la butaca. Thelma lo tiene. Se abre en un bosque nevado perdido por la costa oeste de Noruega, donde observamos a un cervatillo moverse a sus anchas. De repente, un hombre que se encuentra junta a su hija de seis años, a pocos metros del animal, lo apunta con su escopeta. De repente, sin ninguna razón aparente, o tal vez si, desvía su arma hacia la niña y la apunta, pero acaba bajando el arma, y la niña lo mira profundamente. Con este breve prólogo, la película ya nos deja de vuelta y media, como diría aquel, porque el cuarto trabajo de Joachim Trier (Norrebro, Noruega, 1974) después de su aventura de rodar en ingles con El amor es más fuerte que las bombas (2015) con un reparto internacional encabezado por Isabelle Huppert y Gabriel Byrne, vuelve a su Noruega e idioma natales como en sus dos primeros trabajos. Thelma es algo diferente a sus anteriores trabajos, porque se adentra en una película de género, el terror psicológico, aunque, todo hay que decirlo, sin dejar de lado el tono naturalista y ensimismado que siguen siendo sus mayores cómplices, explorando los temas que ya se planteaban en sus películas como el paso de la infancia a la edad adulta, la soledad existencial, la búsqueda de la propia identidad,  las relaciones íntimas, y la familia como epicentro emocional.

Trier vuelve a colaborar con Eskil Vogt, su guionista habitual,  para construir una película sumamente elegante y sobria, en el que seguimos a una joven, la Thelma del título, en su primer año universitario (dejando atrás su casa familiar de un ambiente rural donde ha tenido una férrea educación religiosa). La joven retraída y tímida de entrada, lentamente se irá abriendo y conocerá a Anja, una joven de la que se sentirá fuertemente atraída. Pero, el cineasta noruego nos cuenta varias líneas argumentales, por un lado, tenemos la historia de amor, que diríamos prohibida para Thelma y sus padres, luego, las convulsiones psicogenéticas que irá sufriendo la joven, y la investigación médica que se lleva a cabo para saber las causas del mal que padece la joven, y por último, las relaciones con sus padres, con ese pasado oscuro que se cierne sobre ellos, que los tiene atrapados desde la infancia de Thelma. Trier nos conduce por dos ambientes, el paisaje urbano con las aulas, bibliotecas, pasillos, vestuarios y piscina de la universidad, siendo esta última, y sobre todo, el agua, un elemento básico para la construcción de la cinta, y también, por los espacios rurales, con esa casa familiar anclada en un paraje aislado con un lago cercano, ambientes, que describen los conflictos emocionales que padece  Thelma, de unos huye, y de otros, se irá relacionando y queriendo pertenecer a ese universo nuevo y atrayente para ella, aunque debido a sus problemas mentales y de toda índole extraña, que no pude controlar, se irá retrayendo e intentando buscar soluciones a esas cosas que le ocurren.

La película avanza con ritmo cadente, sin prisas, huyendo de esos golpes de efecto tan característicos en el cine de terror convencional, introduciendo los elementos fantásticos y sobrenaturales de manera natural y sencilla, con esa luz tan mortecina y artificial obra de Jakob Ihre Fsf (cinematógrafo de todas las películas de Joachim Trier) que ayuda a la abstracción y aroma de pesadilla que sufre la protagonista y su entrono,  penetrando en el interior de sus personajes, e investigando como esos sucesos inexplicables van afectando a sus existencias, y a todo aquello que los rodea, explorando toda su complejidad y deteniéndose en todos los aspectos psicológicos que experimentan en la película los personajes. Trier elabora a fuego lento su relato, una interesante y conmovedora mezcla de drama familiar, historia de amor y thriller psicológico, tomando como referencia a autores tan dispares en primera instancia como Bergman, y sus estudios sobre la angustia y la existencia humana, o De Palma, y sus historias de terror psicológicas donde sus personajes padecían lo indeleble para superar sus males, o incluso el Giallo italiano, en sus retratos femeninos en los que sufrían males emocionales de procedencias diversas.

Trier apoya toda la trama en la apabullante y delicada interpretación de la joven casi debutante Eili Harboe, una actuación de las que dejan huella, porque compone un personaje lleno de matices y muy complicado, donde es una joven que sufre unas dolencias que acaban afectando a los demás, sin ella poder hacer nada para evitarlo, es algo así como una princesa herida en ese cuento macabro sobre nuestras pesadillas más cotidianas y en todo aquello que somos y que quizás no conocemos o aún sabiéndolo, somos incapaces de querer verlo, le acompañan Kaja Williams dando vida a Anja, la joven de la que se enamora, otra debutante, y sus padres, Henrik Rafaelsen y Dorrit Petersen (que ya estuvieron en Blind, el debut como director del guionista Eskil Vogt) aportando esa naturalidad y aplomo que requieren unos personajes que arrastran un mal del que no pueden escapar, al que tendrán que enfrentarse sin remedio. Trier sale airoso en su peculiar vuelta de tuerca, dejándose llevar por una trama de abundantes tintes psicológicos que también guarda cierto paralelismo con algunos títulos de Hitchcock, donde el maestro le fascinaban esas historias donde había personajes que experimentaban los abismos de la mente y sus infinitas contradicciones, penetrando en lo más profundo del alma sin saber que les esperaba y como salir de ese particular averno.

Blind, de Eskil Vogt

296006A CIEGAS

El cineasta noruego Eskil Vogt nos dejó agradables síntomas en los guiones que escribió para su compatriota Joachim Trier, en las películas Reprise (2006), y en Oslo, 31 de agosto (2011), esta última estrenada por estos lares. Ahora se enfrenta a su puesta de largo en la dirección, con esta fábula cotidiana,  fascinante, compleja  y perturbadora, que no deja indiferente a nadie, e indaga de forma ágil y contundente en las complejas relaciones del mundo moderno.

Vogt centra su relato en Ingrid, una mujer atractiva que ha perdido la vista de forma gradual, el conflicto arranca en pleno proceso de adaptación a su nueva vida a ciegas, Ingrid se niega a salir de su apartamento, no quiere abandonar un lugar donde se siente segura, donde no tropieza y conoce todos los detalles. Pero sus miedos e inseguridades están ahí, no desaparecen, desconfía de su marido, Morten, su imaginación algo enfermiza completa esos lugares oscuros y ocultos que su incapacidad le impide ver. Se pregunta si en realidad se va al trabajo, y no se queda observándola, si también, cuando están en la cama, no está chateando con su amante en vez de enviar mails de trabajo como le dice. Ingrid tiene que aceptar su nueva condición y experimentar su propia seguridad desde su interior,  y de esta manera, abrirse a ese mundo exterior que ahora se ha convertido en un poder extraño, que lentamente va desapareciendo de su mente, sus imágenes, las que tiene almacenadas, se van acabando al carecer de nuevos impulsos ópticos.

Vogt encierra a su protagonista en un solo espacio, su composición y planificación ayudan a crear un ambiente de inquietud latente que respira y vive el personaje, además la excelente luz del griego Thimios Bakatakis (fotógrafo de Canino), que consigue atrapar una luz natural que se erige creando una atmósfera entre fría y sofisticada que sobrecoge en el vacío que siente Ingrid. El realizador noruego huye del género de terror, tan recurrente en este tipo de discapacidades, su trama se vale de solo 4 personajes, que le ayudan a exponer los límites de la imaginación, de lo que somos y proyectamos, y de quiénes somos en realidad. La película se manifiesta como un espectáculo sensorial, donde el sonido juega un papel fundamental en su desarrollo, así como el lenguaje corporal, y el movimiento de los cuerpos y lo físico adquieren la sensualidad y la sexualidad que recorre todo el relato. También, se podría mirar como un estudio sobre el subconsciente, sobre el instinto, y las profundidades de nuestros miedos y anhelos secretos que siempre acaban floreciendo de manera terrible cuando nos sentimos desprotegidos y solos por algunas circunstancias terribles que nos ocurren durante el transcurso de la vida.