Entrevista a Nadine Naous

Entrevista a Nadine Naous, guionista de la película «Bye Bye Tiberias», de Lina Soualem, en el marco de El Documental del Mes, iniciativa de DocsBarcelona, en la terraza del H10 Casa Mimosa en Barcelona, el miércoles 5 de marzo de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nadine Naous, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Sam Wallis, por su gran labor como intérprete, y a Carla Font de Comunicación de El Documental del Mes, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Bye Bye Tiberias, de Lina Soualem

CUATRO MUJERES PALESTINAS. 

“Somos lo que dejamos en los otros”. 

Ángeles Mastretta

La película arranca con una grabación doméstica en la que vemos el lago Tiberias, símbolo de un pasado que ya no volverá para la excelente actriz palestina Hiam Abbas (con más de 60 títulos en los que ha trabajado con Amos Guitai, Tom McCarthy, Jim Jarmusch, Ridley Scott y Costa-Gavras, etc…)  y su familia. Un lugar que sigue existiendo en un tiempo determinado. Un espacio que simboliza también el tiempo pasado y el futuro incierto en el que se encuentra la población palestina. Así empieza Bye Bye Tiberias, la segunda película de Lisa Soualem, hija de Hiam, que vuelve a hablar de sus raíces como hiciese en su primer largo Leur Algèrie (2020), en la que hablaba de la familia paterna. Ahora, profundiza en la familia materna, a través de su madre, que se exilió a los 20 años para seguir su sueño de ser actriz, y las dos mujeres que le precedieron, su madre y abuela. Pasado y presente se envuelven para contarnos una historia de cuatro generaciones de mujeres palestinas en las que se recorre, cómo no podía ser de otra forma, la dura historia del pueblo palestino. Aunque, a diferencia de otros documentos sobre el conflicto, en esta, la raíz de todo es una historia familiar, la de Abbas, contando una cotidianidad invisible y muy cercana. 

El guion que firman la propia directora y Nadine Naous, también realizadora en títulos como Clichés (2010), cortometraje protagonizado por la citada Hiam Abbas, y el largo Home Sweet Home (2014), que explora las entrañas de su familia palestina-libanesa, se sustenta desde mostrar lo oculto, es decir, recorrer a las cuatro mujeres palestinas que escenifican la historia y la realidad de otras muchas que se han visto afectadas por la eterna guerra entre Palestina e Israel, a partir de archivo en el que vemos imágenes inéditas de la Palestina de los cuarenta del siglo pasado, la expulsión de familias palestinas de 1948 para que fuesen ocupadas por israelitas, las mencionadas grabaciones domésticas de los noventa cuando Hiam volvía a ver a su familia con Lina de niña. Una película de idas y venidas entre pasado y presente, donde lo de antes y lo de ahora, con la actriz viajando a los lugares que fueron y ya no son, es un continuo espejos-reflejos donde la historia queda a un lado para centrarnos en el rostro y los cuerpos de unas mujeres que han vivido el horror, el exilio, y las penurias de una vida en constante peligro que, les ha llevado a estar separados de los suyos. 

Soualem se ha acompañado de grandes cineastas para contar la historia de su familia materna a través de su madre, empezando por la cinematógrafa Frida Marzouk, de la que hemos visto películas como Entre las higueras y Alam, entre otras, con un trabajo de luz natural y mucha naturalidad, donde se cuenta desde lo íntimo y con gran profundidad en una interesante mezcla de texturas y colores cálidos todo el devenir de las que no están y de las que sí. La música de un grande como Amin Bouhafa con más de 50 títulos en su filmografía, junto a cineastas de la talla de Abderrahmane Sissako, Kaouther Ben Hania y Rachid Bouchareb, y muchos más, donde sin enfatizar vamos descubriendo la historia desde la honestidad y la sinceridad que demanda un relato como éste. El gran montaje de Gladys Joujou, una gran profesional que tiene en su haber nombres tan importantes como Oliver Stone, Jacques Doillon, y películas recientes como El valle de la esperanza, de Carlos Chahine, que imprime un carácter sólido e interesante a la amalgama de imágenes, tiempos y miradas que anidan en la película, consiguiendo que en sus reposados 82 minutos todo ocurre de forma tranquila por la que se recorren temas como la familia, la sangre, la tierra, la política, los sueños y demás menesteres.

La gran labor de una película como Bye Bye Tiberias no es la de hacer una historia que hable sobre la guerra y la expulsión de los palestinos, como ya hay muchas películas sobre el tema, sino la de hacer una relato que se centra en la retaguardia, es decir, en todas las heridas que un conflicto tan sangriento ha dejado en las personas, y sin hacerlo desde la tristeza y la desilusión, sino desde la mirada y el gesto cotidiano, desde las cuatro mujeres palestinas de esta familia: la bisabuela, la abuela, la madre Hiam Abbas y la propia directora, y hacerlo desde lo más íntimo y lo más profundo, sin caer en el derrotismo y la desesperanza, sino con alegría y humor, a través del amor que nos han dejado las que nos precedieron y lo que hacemos desde el presente, recordándoles y siendo fieles a su legado, a su tiempo, a su historia y por ende, la de nuestro país, Palestina, un país que siempre existirá en el corazón aunque pierda la tierra, nunca perderá su historia y su memoria, porque esa cuestión es la que pone sobre la mesa la película de Lina Soualem: el significado de un país, su tierra, sus gentes, su memoria y todo lo demás. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Carles Borres

Entrevista a Carles Borres, director de la película «Nits blanques», en el marco del D’A Film Festival Barcelona, en los Jardins de Mercè Vilaret en Barcelona, el jueves 11 de abril de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carles Borres, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y al equipo de comunicación del D’A Film Festival Barcelona, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Los indeseados, de Erlingur Thoroddsen

LOS MONSTRUOS DE AL LADO.  

“Los monstruos más temibles son los que se esconden en nuestras almas”. 

Edgar Allan Poe

Películas como Blind (2014), y Los inocentes  (2021), ambas de Eskil Vogt, Thelma (2017), de Joachim trier, y Descanse en paz (2024), de Thea Hvistendhal, son claros ejemplos de la salud de hierro del género de terror nórdico. Un terror que se aleja de las producciones relamidas y arquetípicas basadas en el susto fácil, la fisicidad como medio narrativo y los guiones tramposos como forma de sorpresa al espectador. El terror que proponen las películas citadas está construido a partir de lo psicológico, huyendo de lo fantástico para adentrarse en espacios domésticos donde se desarrollan historias tremendamente cotidianas, donde se hurga en las complejidades de la condición humana, en atmósferas realistas donde lo sobrenatural es algo tangible, algo que está entre nosotros y sobre todo, tramas de pocos personajes, donde lo efectista desaparece para centrarse en las relaciones y en las torturas mentales por las que transitan unos personajes muy cercanos a los que les suceden conflictos que todos podemos llegar a conocer. 

Del director Erlingur Thoroddsen (Reikjavik, Islandia, 1984), conocemos su fascinación por el terror más convencional en sus dos primeros films dirigidos en EE. UU., amén de algún episodio de una serie, para volver a su país donde filma Rift (Rökkur, 2017), donde ya ahondaba en un terror más de sugerir que de mostrar, en la partía de dos hombres aislados en una cabaña siendo acosados por un fantasma. En su cuarto título Los indeseados (“Kuldi”, en el original, traducido como “Frío”), basada en el best seller homónimo de Yrsa Sigurdardóttir, en el que plantea una trama dividida en dos partes: una en la actualidad, en la que Óddin Hafsteinsson y Rún, su hija de 13 años, se encuentran en el proceso del duelo después que Lára, la esposa y madre se lanzará al vacío. La otra parte, se remonta a principios de 1984 en el centro juvenil Krókur, lugar que investiga Ódinn, donde una joven de nombre Aldis se queda fascinada por un joven que acaba de llegar y recibe la hostigación por parte de una dirección que oculta algo siniestro. Dos tramas que van mostrándose que tienen más en común de lo que en un primer instante podemos imaginar, dónde se va dosificando la información con criterio y de forma reposada, donde prima lo inquietante y lo que se oculta en cada detalle. 

Un rasgo capital que caracteriza el audiovisual nórdico es su esmero en cada elemento tanto técnico como artístico, como vemos en Los indeseables, en su cinematografía que firma el belga Brecht Goyvaerts, que tiene en su haber directores de la talla como Lukas Dhont y Julie Leclercq, en que sabe usar el cielo plomizo y grisáceo tan característico islandés para convertirlo en un personaje más, una amenaza que está a punto de saltar sobre los personajes. La música tan excelente y concisa, esencial en una película de este tipo, la firma el compositor Einar Sv. Tryggvason, que ya trabajó con el director en la citada Rift, creando ese ambiente tan cercano y a la vez, tan frío y poderoso. El montaje de la sueca Linda Jildmalm consigue en sus intensos 97 minutos de metraje carburar de forma excelente los dos tiempos, las aparentes dos tramas y sus correspondientes espejos-reflejos entre los acontecimientos de los ochenta relacionados con los de la actualidad. Mención especial merece lo que apuntábamos más arriba en la cuidada elección de los espacios, todos muy domésticos y pocos, amén de los apenas tres personajes entre los dos tiempos, consiguiendo esa trama tensa y terrorífica donde lo sugerido es lo más importante.

En el apartado artístico tenemos a Jóhannes Haukur Jóhannesson como Ódinn, un actor islandés que ha trabajado mucho en su país, amén de películas tan importantes como The Sisters Brothers (2018), de Jacques Audiard, y con Richard Linklater, Bill Condon, entre otras. La joven Ólöf Halla Jóhannesdóttir se mete en la piel de la enigmática y rebelde Rún, Elín Sif Halldórsdóttir es Aldís, y Halldóra Geiharösdóttir es la abuela. Todos bien dirigidos y mejor interpretados, dando a la película esa potente mezcla de investigación criminal, drama familiar y pasado oculto y turbulento que saldrá a la luz más pronto que tarde. Si apuestan por ver una película como Los indeseados, de Erlingur Thoroddsen, lo primero que les va a llamar la atención es su inquietante atmósfera construida a partir de pocos elementos y muy naturales, alejada de efectismos y estridencias y piruetas inverosímiles argumentales y demás triquiñuelas. Aquí no hay nada de eso. Por el contrario, todo está muy pensado y armado, construyendo un magnífico cuento de terror psicológico. ¿Puede ser el terror de otra forma?. Se hace de otras formas, pero no tiene la solidez, la tensión y la excelencia que sí tiene esta película. No se lo piensen más, seguro que les va a seducir. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a María Vázquez y Helena Taberna

Entrevista a María Vázquez y Helena Taberna, actriz y directora de la película «Nosotros», en el hall del Hotel Catalonia Paseo Gracia en Barcelona, el Miércoles 26 de febrero de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a María Vázquez y Helena Taberna, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan maravillosa, y a María Berisa de Nueve Cartas comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Nosotros, de Helena Taberna

NOSOTROS ÍBAMOS A ENVEJECER JUNTOS. 

“En casa todo parecía tan perfecto, pero ahora que estamos lejos, solos, me he dado cuenta por primera vez que somos como extraños”. 

Katherine Joyce en “Viaggio in Italia” (1954), de Roberto Rossellini 

Los primero que vemos de Nosotros, de Helena Taberna, son los últimos planos de la emblemática película Viaggio in Italia (1954), de Roberto Rossellini, que está viendo en un cine Ángela, la mujer de la película. El espejo-reflejo que se produce capta el instante emocional que experimenta el personaje en cuestión, como aquel otro de la Karina cuando veía la de Dreyer en Vivre sa vie  (1962), de Godard. El cine dentro del cine o dicho de otra forma, la vida y el cine relacionados y mirándose el uno al otro sin saber quién estudia a quién. El octavo trabajo de la navarresa gira en torno al final del amor, pero desde un lado psicológico, sin empatizar con el espectador, la película huye del juicio a sus protagonistas, y se adentra en otros menesteres, en todo ese tiempo muerto ya no sólo en la vida de alguien, sino en el amor, todo ese universo cuando aquello que tuviste ya no es, simplemente se ha ido, y ninguno de los dos se ha dado cuenta o lo que suele pasar, que ambos lo ignoran por comodidad, por egoísmo o por miedo.

Basada en la novela “Feliz final”, de Isaac Rosa, cuarta adaptación al cine del escritor sevillano, en el que han cambiado varias cosas como no podía ser de otra manera. El título es otro, y la estructura también, aunque mantiene la forma desordenada del libro, en la que hay continuos saltos en el tiempo, un rico de vaivenes que atrapa desde el primer momento, en un juego mental de ir ordenando todo lo que ocurre. Las dos voces del libro pasan a los silencios y miradas que se profesan esta pareja. Una pareja o lo que queda de ella que son la citada Ángela y Antonio, dos almas que se quisieron pero ya no, que se amaron y adelantaba su vida con planes y posibles futuros que a la postre no llegarán. La película se nutre de un guion de Virginia Yagüe (de la que vimos hace poco la serie Las abogadas, y conocíamos sus trabajos para la desaparecida Patricia Ferreira), y la propia directora, en la que van construyendo una historia de desamor en la que hubo amor o quizás, una historia de amor en la que no faltó el desamor. Sea como fuere, la historia se mueve entre dos personas en su piso, en su cotidianidad, en sus mentiras, en sus alegrías y tristezas, en sus te quiero y sus traiciones, en una aplastante cotidianidad donde asistimos a los conflictos sobre el trabajo, la precariedad económica y los devaneos emocionales. 

Taberna cose su película con una luz norteña tan mortecina y grisácea, como la de Querer, la serie de Alauda Ruiz de Azúa, en la que se evidencia los pliegues de cualquier relación, los abismos que nos separan y los pocos momentos de amor, de lucidez y cariño, y los continuos momentos de rabia, desamor y soledad. Una luz que hace hincapié en todos los espejos y reflejos físicos que contrastan con las emociones de los protagonistas, en un buen trabajo de Txarli Arguiñano que debuta en el largometraje de ficción después de años en el corto y el documental. El montaje que firman la propia directora con la compañía de Clara Martínez Malagelada, habitual de Gerardo Herrero, consigue sumergirnos en esa transparencia y cercanía que transmiten cada secuencia y cada encuadre, donde reina el desconcierto y la inquietud de querer y no saber cómo y de estar sin estar en sus reposados y profundos 94 minutos de metraje. Mención aparte tiene la extraordinaria música de uno de los grandes maestros del cine español como Pascal Gaigne, con más de 100 títulos en su filmografía, entre los que destacan El sol del membrillo, de Erice y las películas con los Moriarti, en una composición llena de los claroscuros por los que transita la película, sino recuerden la secuencia de la playa y de esos paseos cerca de casa, toda una delicia de cómo contar el interior de los personajes con música y la forma. 

Esta Kammerspiele a lo Brecht que se ha trabajado con tesón y talento la directora de Alsasua, se nutre y de qué manera de dos grandes intérpretes que lo dan todo en un drama íntimo y muy personal donde tenían por delante un reto mayúsculo, porque sus Ángela y Antonio no son personajes locuaces, porque llevan su condena en silencio, porque no saben amar, porque tampoco saben comunicarse, porque no saben, y todo lo expresan mal y a destiempo y el miedo los tiene atrapados y en vía muerta. Dos personajes que no están muy lejos de Jean y Catheirne, la no pareja de Nosotros no envejeceremos juntos (1972), de Pialat, otro monumento a rastrear los detalles del desamor. Tenemos a María Vázquez que nos encandiló en dos grandes interpretaciones como hizo en Trote (2018), de Xacio Baño y Matria (2023), de Álvaro Gago, se mete en la piel de ella, una mujer que estuvo enamorada pero como todas y todos amó como supo y no lo hizo bien, y él, Pablo Molinero, que en la serie de La Peste demostró sus buenas dotes para engancharse a cualquier situación, es como su mujer, un hombre que ama a su manera o sea mal, incapaz de enfrentarse a sus sentimientos y saber comunicarse. Un espejo-reflejo del que hablamos más arriba, que es también lo que sentimos los espectadores, presos de una relación que hemos vivido y nos vemos como ellos, almas más deseosas de ser queridas que de querernos, arrastrando todas nuestras inseguridades, miedos y vías muertas. 

Nosotros, de Helena Taberna, uno de sus mejores títulos, sin duda, no es una película cómoda de ver, aunque su apariencia pueda hacer presagiar lo contrario. En su luz natural y cercana, oculta un entramado narrativo bien elaborado y conciso, así como una forma sencilla que impone un juego de tiempos muy enriquecedor y nada convencional, que exige concentración a los espectadores, porque se centra en los matices y sutilezas que hay en cada relación, esos elementos muy importantes que, con las prisas y la ligereza de los tiempos que vivimos, nadie les hace caso y resultan cruciales en el devenir de las relaciones, porque al fin y al cabo, son los detonantes que las hace estallar o por lo menos a pararse y ver a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos y darnos cuenta de todo el daño que hacemos y nos estamos haciendo. Si enamorarse resulta francamente complicado y difícil, su reverso, el de desenamorarse es igual de oscuro, porque tanto una cosa como la otra suceden sin darnos cuenta, cuando la vida va y nosotros vamos hacia otro lado o vete tú a saber qué conflicto como el trabajo, la falta de dinero o del estilo. El amor tiene esas cosas, que sucede cuando quiere y a su manera, a pesar de nosotros, a pesar de la vida, a pesar de uno mismo, y a pesar del amor. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Marco, de Aitor Arregi y Jon Garaño

CONSTRUIR UNA MENTIRA. 

“Necesitamos la ficción para seguir viviendo, pero, cuidado, y esto es lo importante, al final solo la realidad nos puede salvar”

Javier Cercas, autor de “El impostor”, sobre la mentira de Enric Marco

La noticia saltó en abril del 2005 cuando el historiador Benito Bermejo desenmascaró a Enric Marco (1921-2022, Barcelona), presidente de la Amicale de Mauthausen, que afirmaba haber sido deportado al campo de exterminio nazi de Flossenbürg, aunque todo se precipitó un par de días antes de las conmemoraciones de Mauthausen previstas para el 8 de mayo, y desde ese día, todo el mundo supó de la mentira de Marco. Hubo un documental Ich Bin Enric Marco (2009), de Santiago Fillol y Lucas Vermal, en la que el propio Marco viajaba a los lugares donde estuvo cuando fue trabajador para el Tercer Reich, su prisión por propaganda comunista y la visita a Flossenbürg. También un par de libros, “En la piel del otro”, de Maria Barbal y el citado de Cercas donde hablaban de su impostura. Ahora nos llega la ficción, aunque el trío de cineastas guipuzcoanos que componen Aitor Arregi (Oñate, 1977), Jon Garaño (Ergobia, 1974) y José Mari Goenaga (Ordizia, 1976), iniciaron en 2006 la aventura de hacer una película sobre la mentira de Marco. 

La película deja claro desde el primer momento, con la claqueta que abre el relato, que estamos ante una fabulación, es decir, una mentira que va a contar la mentira de Marco, cuando el protagonista acompañado de su mujer visitan Flossenbürg, el lugar en el nunca estuvo y el lugar desde el que se construía su mentira. A partir de ese instante, la historia se instala principalmente en el 2005 cuando toda la inventiva de Marco se vino abajo porque fue descubierta su verdad, no la que él durante años explicó a estudiantes y a todo aquel que se acercaba a escucharle, siendo reconocida su labor con distinciones oficiales. La película se sitúa en la posición de Marco, lo sigue con honestidad y cuenta su cotidianidad, haciendo algunos viajes al pasado en forma de flashback, donde conocemos su militancia comunista y los orígenes de la impostura. Resulta curioso que de los siete trabajos cinco de ellos están basados en personajes reales. El primer largometraje del trío de cineastas, a través de su productora Moriarte Produkzioak, fue Lucio (2007) que relata la vida de un anarquista en contra del sistema mercantilista, después llegaron 80 egunean (2010) y Loreak (2014), y siguieron con Handia (2017), La trinchera infinita (2019) y la serie Cristóbal Balenciaga, de este mismo año.

La película cuenta con un gran trabajo técnico arrancando con la exquisita e íntima cinematografía de Javier Agierre Erauso, que ha estado en todos los trabajos de los Moriarti, haciendo gala de su precisa textura para acercarse a la figura tan controvertida, sin embellecer ni ennegrecer nada de lo que vemos, sino siendo lo más cercano al quehacer de un hombre mentiroso. Bien acompañado por el importante trabajo de arte de MIkel Serrano, cinco largos con el trío, la música de Aránzazu Calleja, que debuta con el trío, después de haber hecho grandes trabajos para otros vascos como Borja Cobeaga, Paul Urkijo, Alauda Ruiz de Azúa y Galder Gaztelu-Urrutia, entre otros, donde el reto era mayúsculo al moverse por aguas muy pantanosas, y lo resuelve con inteligencia, con la distancia adecuada y nada sensiblera, al igual que el montaje de Maialen Sarasua Oliden, que ya trabajó en la mencionada serie sobre Balenciaga, en su segundo reto nada sencillo, pero bien resuelto construyendo un relato en sus ejemplares 101 minutos de metraje, en la que somos testigos de la vida de un hombre octogenario muy comprometido con la causa que representa, con esa voz que seducía y con un relato lleno de matices, momentos brillantes como la famosa partida de ajedrez con el oficial de las SS, y demás, y luego, cuando viene su caída del caballo y el foco se aleja y asistimos a un hombre sólo y cansado, que ya es la sombra de la sombra de la sombra…

Encontrar al actor que interpretase a Marco era una trabajo arduo y complejo, pero la elección de Eduard Fernández no puede ser más acertada, porque el actor catalán, curtido en mil batallas y siendo coronado hace tiempo como uno de los intérpretes más potentes de nuestro país, en un trabajo más para el estudio porque su Enric Marco es un tipo lleno de matices, desde la mirada, el gesto y la palabra, y el gran trabajo de caracterización de Karmele Soler y Nacho Díaz en make up (con casi 80 títulos que ya estaba en la serie sobre Balenciaga) y Sergio Pérez Berbel en peluquería, sin esa máscara incómoda para no perderse todos los detalles de Fernández. Bien acompañado por Nathalie Poza, que hace la mujer de Marco, Sonia Almarcha, Jordi Rico y Vicente Vergara son los compañeros en el Amicale, junto al gran Fermi Reixach, como deportado, en su último trabajo en la gran pantalla antes de fallecer, Chani Martín es Benito Bermejo, entre otros, componiendo un grupo bien trabajado y mejor dirigido, creando una gran naturalidad y cercanía, siempre de forma concisa y hacia dentro, sin enfatizar ni nada que se le parezca, que ayuda a ver la película sin prisas, concentración y de forma reflexiva. 

Una película como Marco, dirigida por Aitor Arregi y Jon Garaño, en esta ocasión José Mari Goenaga hace funciones de producción y coguionista, no es una película sólo sobre alguien que mantuvo una mentira durante muchos años, sino que es también una historia sobre la condición humana, la forma que funcionamos como personas y cómo nos relacionamos con nuestra propia historia y con los demás, y los límites que sobrepasamos para ser reconocidos y amados por los otros, de cómo alimentamos la mentira y hasta donde llegamos para tener nuestro lugar en la historia o esos 5 minutos de fama que hablaba Warhol. Muy sabiamente Esteve Riambau menciona The Stranger (1946), y Music Box (1989), de sus admirados Welles y Costa-Gavras, respectivamente. Dos cintas hermandas con Marco, porque también nos hablan de la impostura de dos nazis camuflados en la sociedad como ciudadanos ejemplares. Enric Marco ejemplifica una realidad muy triste de nuestra sociedad desde siempre y más ahora, con tantas ventanas de información, que no es otra que la proliferación de fake news y cómo toda esa no información acaba llegando y quedándose en las personas y generando, que para eso se hacen, opiniones y posiciones totalmente falsas de hechos y sucesos, como tantos que niegan relatos o inventan para hacer daño, porque contradiciendo a Goebbels, otros como Bermejo y muchos más, estarán ahí para desmentirlos y hacerlos caer desde su trono imaginario que han ido construyendo con mentiras y ficciones. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Antonella Sudasassi Furniss

Entrevista a Antonella Sudasassi Furniss, directora de la película «Memorias de un cuerpo que arde», en la Sala Club de la SGAE Catalunya en Barcelona, el viernes 14 de febrero de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Antonella Sudasassi Furniss, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan maravillosa, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Tu color, de Naoko Yamada

LOS COLORES DIFERENTES. 

“Dios concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo y sabiduría para reconocer la diferencia”.

Existen dos elementos que estructuran el universo de Naoko Yamada (Prefectura de Kioto, Japón, 1984), que son el final de la adolescencia y las discapacidades. en su filmografía encontramos el amor adolescente de Tamako Love Story (2014), una chica que ha sufrido acoso por su sordera en la fascinante A Silent Voice (2016), la separación de dos amigas de instituto en Liz and the Blue Bird (2018), con la música como espacio de intimidad, y la serie Heike Monogatari (2021), donde encontramos a un juglar ciego. En Tu color (en el original, “Kimi no Iro”), se centra en Totsuko, una estudiante interna de un instituto religioso de Nagasaki, que tiene la capacidad de ver a los demás como colores, lo que la lleva a estar casi siempre sola y aislada. Pero, las circunstancias la llevan a conocer a Kimi, una estudiante que ahora trabaja en una librería de segunda mano después de ser expulsada del colegio, y también, a Rui, un joven tímido que se refugia con sus teclados y su “Theremin”. Tres almas que viven en soledad y tienen la música como vehículo de refugio. 

A través de un espectacular diseño de producción y un trazo sumamente elaborado en el dibujo y la animación, Yamada sigue profundizando en sus jóvenes apartados, los que sus formas de ser y entender la realidad que les rodea, les hace buscar en la música una forma de entenderse, de expresarse y sobre todo, de sentir su diferencia. Como ocurría en la citada Liz and the Blue Bird, la música vuelve a ser protagonista y el mejor espacio para conocernos, entablar vínculos y sobre todo, de expresión y comunicación, cuando las palabras se vuelven un obstáculo para personas de gran vida interior que chocan con una sociedad demasiado racional, que encajas o te aíslan, y es cero empática con las personas diferentes, con los caracteres que se mueven, piensan y sienten de manera peculiar que nada tiene que ver con la inmensa mayoría. Los tres personajes están en la travesía del paso de la adolescencia a la edad adulta, en el último año de instituto, cuando deben decidir sus estudios superiores y por ende, sus futuros, y es en ese período donde la película se instala y nos sumerge con esas tres realidades, que no juzgan y sobre todo, dejan libertad a que los deseos ocultos e invisibles salgan a la superficie y se puedan desarrollar sin prejuicios y conservadurismos. 

La película es un reunión de grandes cineastas empezando por la pareja de productores: Yoshihiro Furusawa y Genki Kawamura, artifices de la filmografía de un grande de la animación como Makoto Shinkai, autor de célebres títulos como El jardín de las palabras (2013), Your Name (2016), y El tiempo contigo (2019), entre otras. La magnífica guionista Reiko Yoshida con más del centenar de títulos en más de tres décadas de carrera, en la tercera película con Yamada, después de las mencionadas Tamako Love Story y A Silent Voice. El compositor Kensuke Ushio, con sus toques profundos y sensibles, que ya estuvo en la citada A Silent Voice. El editor Kiyoshi Hirose, con más de 70 títulos en su filmografía, especializado en thriller y ciencia ficción, del que hemos visto títulos como El amor está en el agua y Los niños del mar. Una técnica depurada y bellísima, como suelen acostumbrar los genios de la animación japonesa, en una trama sobre la diferencia, sobre los otros, en un momento capital en la existencia, cuando están buscando y buscándote, a partir de una historia muy real, con toques de drama íntimo y personal, y de cuento de principios de verano con la música como medio para expresar y expresarte y comunicarte con el resto, tarea complejísima cuando te cuesta encajar.

Una película como Tu color, gustará a todos los amantes del cine de animación japonés, y también, a todos aquellos que como yo aprecian el cine que cuenta las complejidades de la condición humana, y sobre todo, se decanta por todos aquellos “diferentes” que no son otra cosa que los que no encajan con la mayoría, por sus peculiaridades, los que se ocultan o los invisibles, los que como Totsuko tienen otra forma de mirar y relacionarse a través de los diferentes colores que ve en cada uno de nosotros, o como Kimi, que por su carácter rebelde e inconformista no acata las normas de una institución religiosa como presenta la película, y por último, Rui, que sometido a la dictadura familiar en continuar la tradición de estudiar medicina, él encuentra en el “Themerin”, fabulosa metáfora de todo los sentimientos que emana la película, una válvula de escape, y el trascendental encuentro entre los tres aislados, que la música les sirve como reencuentro y conocerse, y sobre todo, expresar todo lo que sienten a través de ella. Naoko Yamada tiene una mirada sensible y cercana para hablar de lo que somos y los/las que son diferentes porque tienen mucho que decir por ellos mismos a través de la música. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Memorias de un cuerpo que arde, de Antonella Sudasassi Furniss

LAS MUJERES DE FUEGO. 

“Estoy viva y mientras esté viva, no voy a ser una vieja”. 

Primero fue El despertar de las hormigas: Niñez (2016), un cortometraje de 18 minutos en el que abordaba el primer orgasmo de Luciana, una niña de 10 años. La segunda cita fue El despertar de las hormigas (2019), un primer largometraje que se situaba en la mirada de Isa, una joven madre y esposa que no desea un tercer hijo y experimentar con las cosas que le ofrece su cuerpo y la vida. El tercer viaje es Memorias de un cuerpo que arde, donde la directora Antonella Sudasassi Furniss (San José, Costa Rica, 1986), cierra su trilogía sobre el deseo y el placer femenino a través del sexo en la edad madura, donde a partir de las tres historias reales de Ana, Patricia y Mayela nos convoca a un viaje por la memoria y la experiencia personal de tantas mujeres latinoamericanas que crecieron y vivieron la represión sexual en una sociedad patriarcal y eminentemente religiosa que les impidió ser ellas mismas y experimentar en libertad su cuerpo, sus cambios y su sexualidad plena y las sometió a un silencio y una violencia hasta que se levantaron y dijeron basta. 

La directora costarricense ha construido un mundo que se sitúa en las décadas de los cincuenta y sesenta en un solo espacio, la casa de la protagonista en el que se edifica un imaginativo y poderoso dispositivo en el que mezcla con astucia dos elementos aparentemente antagónicos pero que acaban casando con un equilibrio y naturalidad apabullante. Por un lado, escuchamos los testimonios íntimos y sin complejos de las citadas mujeres de más de 65 años que explican sus descubrimientos en la infancia, juventud y adultez y su relación con su sexualidad, a través de sus experiencias en el amor, el sexo, la maternidad y la violencia. Por el otro, se cimenta una elaborada ficción en el que tres mujeres/actrices interpretarán lo que escuchamos pasando por las tres edades bien diferenciadas: la infancia, la adultez y la vejez en una sola mirada y experiencia. A partir de una estructurada y reposada mise en scène en el que todo sucede en una casa que va escenificando las diferentes etapas vitales y los respectivos lugares en los que va aconteciendo. Mediante unos ligeros y suaves planos secuencia muy bien dirigidos y coreografiados como el que abre la película: donde se muestra sin tapujos y con total transparencia el juego cinematográfico al que estamos a punto de asistir, y ese leve cambio de objetivo y pasamos de la no ficción a la ficción. 

Sudasassi Furniss vuelve a contar con el cinematógrafo Andrés Campos como ya hizo en la citada El despertar de las hormigas, donde se vuelve a imponer una luz muy natural donde lo doméstico adquiere toda su fuerza y centro de la historia, en el que los personajes se desenvuelven con total desparpajo por el entorno y transmiten esa intimidad que consigue sin estridencias ni inventos del estilo. La música de Juano Damiani crea ese espacio altamente cercano y sensible por el que transita la película, sin caer en lo acomodaticio ni sobrepasarse, bien acompañado por los escogidos temas musicales, como el maravilloso tema que canta Valeria Castro, de la que ya hemos apreciado su arte en películas como Mi soledad tiene alas y la reciente El 47. El montaje de Bernat Aragonés, un editor que ha escogido muy bien sus trabajos ya que ha tenido a nombres tan importantes como el desaparecido Agustí Villaronga, Isabel Coixet y Belén Funes, entre otros. Un trabajo impresionante porque la tarea no era nada sencilla, porque hay un sinfín de viajes en el tiempo, entre las tres diferentes edades, sensaciones y demás, con la ayuda del gran trabaja de arte, porque en el mismo plano se pasa entre tiempos, cambios y demás. 

Las magníficas composiciones de las tres mujeres/actrices que dan vida a la misma mujer en sus tres etapas, debutantes o casi en el campo cinematográfico. Tenemos a la niña que hace Juliana Filloy, que descubre sus primeras veces en el amor, en el sexo, en la violencia, en la alegría y la tristeza en el entorno que le rodea. Luego, pasamos a Paulina Bernini que hace la juventud y la adultez con los primeros besos, caricias, la boda, la maternidad, la violencia y una sexualidad en dos capas, con el marido sin orgasmos y después, en soledad disfrutando del sexo. Y por último, Sol Carballo es la mujer en su edad más avanzada y que actúa como eje vertebrador y memorístico que va repasando sus experiencias contándonos recuerdos y secretos íntimos y revelaciones ocultas que van haciendo un retrato individual y común de tantas mujeres que vivieron lo mismo en sus compañías y soledades donde descubrieron y experimentaron un mundo de sensaciones y de libertad que tuvieron que vivir en silencio y sin hacer ruido, hasta que dijeron basta y despertaron e hicieron su vida, en total libertad, sin imposiciones y con independencia, abriendo el camino para las generaciones de mujeres posteriores. 

Una película como Memorias de un cuerpo que arde se suma a esta mirada crítica y personal de muchas cineastas que están filmando historias que tienen que ver con el pasado de las mujeres, un pasado lleno de oscuridad, de violencia y de silencio, en que este cine ayuda a mostrar tantas realidades ocultas, invisibilizadas y olvidadas a través de un cine que muestra, que reflexiona y sobre todo, da luz a tanta oscuridad. La película de la cineasta caribeña se hermana de forma directa y personal con la reciente Las novias del sur, de Elena López Riera, porque las dos cintas rescatan una memoria que existía pero estaba silenciada, la de tantas mujeres que hicieron una vida a través de las sombras, llena de tabúes, hipocresía y maldad, donde el sexo, la menstruación, la maternidad, el amor y demás eran temas totalmente desconocidos. Las directoras Antonella Sudasassi Furniss y Elena López Riera y todas las demás que volverán a abrir en canal estos temas sobre tantas mujeres, tan necesarios para todos los públicos de ayer, hoy y siempre, porque construyen una historia real y no incompleta como hasta ahora, y además, son temas que forman parte de nuestra realidad y cuánto más se conozcan y se expongan mejor para todos y todas ya que nos abrirá un mundo de experiencias y sensaciones que podemos disfrutar entre todos y todas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA