Entrevista a Ana Fernández

Entrevista a Ana Fernández, actriz en la película “Abuelos”, de Santiago Requejo. El encuentro tuvo lugar el jueves 3 de octubre de 2019 en los Jardines del Palau Robert en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ana Fernández, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque de Vasaver, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Entrevista a Santiago Requejo

Entrevista a Santiago Requejo, drector de la película “Abuelos”. El encuentro tuvo lugar el jueves 3 de octubre de 2019 en los Jardines del Palau Robert en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Santiago Requejo, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque de Vasaver, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Entrevista a Carlos Iglesias

Entrevista a Carlos Iglesias, actor en la película “Abuelos”, de Santiago Requejo. El encuentro tuvo lugar el jueves 3 de octubre de 2019 en los Jardines del Palau Robert en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlos Iglesias, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque de Vasaver, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Abuelos, de Santiago Requejo

TRES HOMBRES Y UN DESTINO.

‘‘Cuando la experiencia ya no cuenta, emprender es el camino”.

Isidro tiene 59 años y lleva dos años intentando trabajar pero no hay manera, la edad es un problema ya que las empresas quieren gente joven, como ejemplifica el arranque de la película con esa secuencia humillante en el que Isidro se enfrenta a las nuevas formas y tácticas laborales para captar empleados. Arturo es un maduro escritor de novelas románticas que vive plácidamente en su reclusión de soltero empedernido, cuando un día se presentan en su casa una hija y su nieta de las que desconocía su existencia. Desiderio es un jubilado apañado que desea fervientemente ser abuelo. Los tres son amigos de hace muchos años. Los tres unirán sus fuerzas para montar su propio negocio, no será nada fácil, pero con ilusión, fuerza y muchísimas ganas harán lo impensable para abrir su guardería. La puesta de largo de Santiago Requejo (Plasencia, 1985) mira a las personas mayores, a las personas en ese intervalo de vida en el que todavía no son tan mayores como para no trabajar, pero tampoco tienen esa edad que encaje en un mercado laboral exigente, cambiante y sobre todo, joven. Requejo se detiene en ese grupo de personas que los hijos utilizan para cuidar de sus hijos o pedir ayuda cuando la necesitan, personas para echar una mano, y nada más.

La película se mueve en ese tono ligero y amable, eso sí, no se trata de una comedia sin más, si no en algo más, en algo más profundo, en un relato que ahonda en la tragedia que sufren tantas personas mayores cuando son literalmente desplazadas del trabajo, y por lo tanto de la vida, todo ese grupo de personas que con la crisis se vieron forzadas al desempleo y convertirse en meras comparsas de sus familias y sobre todo, de sus vidas. El director placentino mira con sinceridad y honestidad a sus personajes, sumergiéndonos en su oscura cotidianidad, una realidad triste y solitaria para muchos de su edad, pero no lo hace de manera condescendiente, sino todo lo contrario, haciendo de su difícil empresa contra viento y marea su razón de ser, de volver a sentirse útil, de volver a vivir. Seguiremos con atención su pericia en el mundo de los emprendedores, desde que tienen la idea, la respuesta de sus allegados, el conocimiento del universo “coworking” o las ideas de negocio y la puesta en marcha de su empresa que necesitan de la mano de Bruno, uno de los ases de la expendeduría.

Requejo construye un relato humanista e íntimo en el que mezcla con acierto y sabiduría a estos tres amigos con los avatares de su posible negocio con su intimidad en el hogar, en la que Isidro tendrá tensiones de pareja con su mujer Amalia en la forma de encarar la idea del negocio y cómo afecta a su matrimonio. Arturo más de lo mismo con su nueva función de padre y abuelo y las difíciles relaciones con su hija Violeta y el cargo de su nieta. Desiderio en su afán de ser abuelo deberá dar cobijo a su hijo y nuera ya que la situación económica de ambos es nefasta, y mientras, sin comerlo ni beberlo, conocerá a Teresa, una mujer que le despertará sentimientos que creía olvidados desde que quedó viudo. Es de agradecer que un director debutante vire su película a la gente mayor, a ese grupo de personas que todavía tienen muchas cosas que decir y que hacer, mirándolas de frente y con veracidad, en una cinta que profundiza con talento y humildad, sin caer en sentimentalismos baratos de otras producciones, en los problemas de aquí y ahora que viven en su cotidianidad, la falta de empleo, el cuidado de los nietos, las distensiones de pareja, la soledad, el mirarse al espejo y no sentirse inútiles, y las ganas de empezar de nuevo, de encarar la vida, de plasmar las ideas por muy descabelladas que en un principio parezcan. La película se centra en ellos, les da ese protagonismo necesario, y los convierte en el centro de la acción, emergiéndolos a una posición en primera línea que en muchas otras películas les relegan a una terna secundaria o de simple acompañamiento.

Un reparto bien ajustado y sobrio que interpretan con dignidad y aplomo Carlos Iglesias dando vida a Isidro, el timón de todo este tinglado, Roberto Álvarez como Arturo, ese maduro seductor que se envuelto en el berenjenal de ser padre y abuelo de un día para otros, y Desiderio, ese jubilado que quiere ser abuelo y tendrá que ser primero padre y luego novio. Bien acompañados por Ana Fernández como Amalia, Mercedes Sampietro como Teresa, Clara Alonso como Violeta y Eva Santolaria como nuera de Desiderio, que lo entiende mucho más que su propio hijo, y finalmente, un simpático Raúl Fernández de Pablo como ese emprendedor que se come el mundo pero en el amor no da una. Requejo ha compuesto con humanidad y sensibilidad una historia real y de ahora, con esos toques de comedia necesarios y valientes, que ayudan a mirar mejor la película, con esa mirada tragicómica que tiene la existencia humana, y sobre todo, la empresa que tienen entre manos estos tres amigos maduros, que no es nada fácil, pero tampoco es tan tarde para emprenderla ni mucho menos tan difícil. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Un otoño sin Berlín, de Lara Izagirre

un_otoo_sin_berlin_1_grandeENFRENTARSE A LAS HERIDAS

June, una joven que ha pasado un tiempo fuera, vuelve a su pueblo. Allí encontrará a una familia rota, y a su primer novio encerrado en sí mismo. Como el viento sur otoñal, June hará lo posible para reconducir la situación e intentar que todo vuelva a ser como antes. Recuperará la amistad con Ane, que está esperando un niño, y dará clases de francés a Nico, un niño que no quiere entrar a estudiar en el Liceo francés. Lara Izagirre (Amorebieta, 1985) después de varios años dedicados al cortometraje, se mete en su primer largo a tumba abierta, en terreno de roturas emocionales, de dolor silenciado, y en batallas por discernir. Las difíciles relaciones personales que retrata están contadas con suma delicadeza, con la distancia adecuada, instalada en miradas y silencios, batallando con unos personajes a la deriva, sumidos en el llanto y en la pérdida.

Su familia debe todavía afrontar la ausencia de la madre, y llenar lentamente ese vacío que ha dejado, tanto la propia June, como su padre y su hermano, deben acercarse más, hablar de lo que sienten, no tener miedo de mostrar su dolor ante el otro. Por otro lado, June debe recomponer su situación con Diego, su ex, que ahora se ha sumergido en un estado depresivo que le impide salir de casa, el exterior se ha convertido en una amenaza constante para él, y todo lo que viene de ahí, incluida su ex novia, también le hace sentir en desventaja y se esconde en sí mismo. Película de estructura lineal, todo lo vemos y oímos bajo la mirada plácida y serena de June, que no sólo tendrá que batallar contra los demás, sino también consigo misma. Contar las heridas que siguen latiendo en su interior, aceptarse y sobre todo, aceptar a los demás, a los que quiere y con los que se relaciona. Una cinta susurrada al oído, que suena a ilusión rota, a canción desde lo más profundo, donde no hay espacio para subrayados innecesarios, todo está sumido en ese aire de otoño, depresivo pero con alguna alegría. Bañada con la hermosa luz de Gaizka Bourgeaud, que navega entre lo realista y lo bello de ese pueblo sin nombre, aunque las localizaciones se desarrollaron en Amorebieta (lugar de nacimiento de la directora), las calles grises y opacas, con esa fina capa de luz que recorre sin ruido los lugares.

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Izagirre se destapa como una narradora con sello propio, con personalidad, con un pulso firme a la hora de plantar su objetivo, una mirada a tener en cuenta en futuros trabajos. Una joven cineasta que nos habla de situaciones duras y difíciles de digerir, pero lo hace de manera tranquila y honesta, nos conduce por su película de forma sencilla y nos invita constantemente a relacionarnos con lo que se cuenta, apoyándose en lo que no se cuenta, lo que no se dice y se guarda. Rodeada de un buen plantel de intérpretes entre los que destaca la joven Irene Escolar, que vuelve a manifestar su extraordinario talento, dando vida a un personaje complejo y lleno de aristas emocionales, Tamar Novas compone un personaje atormentado, vacío y ausente de sí mismo, su escritura es su forma de relacionarse, y su morada en su refugio donde se siente perdido, como un fantasma de su propia vida. Ramón Barea, Aita, construye su personaje a través de la mirada y lo que calla, todavía hay mucho dolor para hablar y un gesto dice mucho más. Una película hermosa y edificada desde lo emocional, que nos lleva a otra película, de parecida estructura, pero de regreso diferente, si en la de Izagirre el exilio es emocional, en Los paraísos perdidos (1985), de Basilio Martín Patino, la huida era política, tanto June como la hija del intelectual republicano que encarnaba Charo López, se encontrarán con otro escenario, con otros personajes que cuesta reconocer, el tiempo ha caído sobre las cosas, porque aunque no queramos y aceptemos, las cosas nunca vuelven a ser como eran, porque todo está atrapado y sometido al inexorable paso del tiempo.