Un cielo impasible, de David Varela

NUESTRA GUERRA CONTADA A LOS ADOLESCENTES.

“El pasado es siempre lo que dictaminan los presentes; en el futuro el pasado será el presente. Así se escribe siempre la historia”.

“Campo del Moro”, de Max Aub

En el verano de 2007, el Palau de la Virreina en Barcelona organizó la exposición “Cartografías Silenciadas”, de la fotógrafa Ana Teresa Ortega, compuesta por cincuenta instantáneas actuales de los lugares donde se alzaron campos de exterminio franquistas durante el período entre 1938 y 1962. Mi sorpresa fue mayúscula al conocer como esos sitios del horror habían sido silenciados y sepultados de la historia, en un trabajo de desmemoria de los gobernantes para borrar las tragedias de la dictadura. El cineasta David Varela (Madrid, 1972), que lleva desde hace más de una década en el cine documental formulando preguntas investigando nuestro pasado desde el presente, de forma audaz y reflexiva, como ya lo hizo acercándose a los vestigios y huellas de la Guerra Civil Española en Blockhaus 13 (2020), retratando el búnker de Colmenar del Arroyo (Madrid).

Con su nuevo trabajo Un cielo impasible, de título sumamente revelador en su propuesta, porque el director nos propone un viaje muy profundo y personal a nuestra guerra, a la guerra de nuestros antepasados, que diría Delibes, peor lo hace de forma muy interesante, ya que va mucho más allá que otras propuestas de revisión de memoria histórica, porque nos propone un trabajo a pie de campo, a visitar los lugares donde se desarrolló la Batalla de Brunete (Madrid), allá por julio de 1937, y lo hace de forma muy potente, convirtiendo su película-documento en una travesía que nos conecta con el pasado-presente en un solo espacio, donde se mezclan y fusionan en forma de caleidoscopio muchos elementos: las grabaciones de testimonios de combatientes y familiares, el ensayo-rodaje que tiene la película en varios instantes, los espectaculares planos secuencia con drones que nos permiten una visualización general del lugar y lugares más concretos, conociendo y valorando in situ los espacios, sus objetos y demás huellas de ese pasado que no se borra aunque algunos así lo pretendan.

Aunque la parte más interesante de de la película son los compañeros de viaje de Varela, porque se hace acompañar por un grupo de cuatro adolescentes que descubren, aprenden y miran lo que fue la Guerra en Brunete, y sobre todo, se preguntan, se cuestionan y reflexionan sobre nuestro pasado, sobre cómo este pasado se ha planteado en las aulas, y aún más, dialogan con historiadores y expertos sobre cómo se estudia el pasado y se transmite a los adolescentes de hoy en día. Varela se acompaña de buenos profesionales como la cinematógrafa Raquel Fernández Núñez, que ha trabajado con Mariano Barroso, Miguel del arco y María Ripoll, entre otros, para conseguir esas imágenes que tienen fuerza, que adquieren un nuevo sentido, porque ya no solo miran las huellas del pasado, sino que lo retratan, como el inmenso trabajo de sonido de Sergio López-Eraña, que tiene en su haber películas tan interesantes como Los veraneantes, True Love y Oscuro y lucientes, y muchas más, y la composición de Jonay Armas, que ha trabajado en films importantes como Europa y La estrella errante.

El extraordinario trabajo del propio director que escribe, produce, diseña el laborioso trabajo de sonido de la película, y además dirige, en colaboración con los cuatro adolescentes: Jimena Gómez de Diego, Paula Gordils Carrillo, Andrea Lázaro Pacios y Jacobo Llavona Pastor, en una experiencia que nos remite a la realizada por Jonás Trueba en su magnífico Quién lo impide (2021), en un relato sobre todos nosotros, sobre ese pasado que nuestros gobernantes demócratas han mirada de reojo, sin profundizar y sobre todo, dejando que el tiempo borre sus testimonios y sus lugares, pero películas como Un cielo impasible, heredera de otras como La guerrilla de la memoria (2000), de Javier Corcuera, Equí y n’otru tiempu (2014), de Ramón Lluís Bande, Elefantes (2017), de Carlos Balbuena, y Esa fugaz esencia que dejaron los sucesos (2022), de Carolina Astudillo, entre otras obras que se han acercado a la memoria de la Guerra Civil Española a través de todos sus lugares en su tiempo presente, retratando una historia contada por los vencedores y silenciando a los otros, a los vencidos, a los que nadie recuerda, a los que se perdieron en el olvido de la historia.

Un cielo impasible de David Varela, no solo es un retrato de lo mal que lo ha hecho este país con la historia de la guerra, que ha provocado nuestra desmemoria y atontamiento como sociedad que han provocado muchos de los problemas de los últimos tiempos, sino que también, y esto lo hace muy importante, la película se trata de un análisis certero y brutal sobre el mal funcionamiento de los centros de enseñanza públicos del país en materia de memoria, porque los más jóvenes están interesados en estos temas si se hacen con criterio, cercanía y sobre todo, con amor por nuestra historia, que no nos gustará, pero es la que es, y lo peor de todo, no solo es enseñarla mal, es no recordarla, es dejar que sus huellas desaparezcan y sean meros trozos de piedra y objetos sin significado, y es sería una tragedia como lo fue la guerra, porque los herederos de todo aquello somos los que debemos conocer la historia no solo para volverla a repetir, que eso es muy difícil, pero si para ser más humanos y seres que recuerden, que sepan y críticos con nuestro presente porque conocemos nuestro pasado. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El fred que crema, de Santi Trullenque

INVIERNO DE 1943, EN LA FRONTERA.

“Toda bondad y heroísmo surgen de nuevo, para luego ser destruidos y volver a resurgir. El mal nunca triunfará, pero tampoco morirá”.

John Steinbeck

Erase una vez… Durante el invierno de 1943, en Andorra, en uno de esos pueblos fronterizos, nos encontramos con Sara y Antoni que esperan su primer hijo y apenas tienen algo que echarse a la boca. Toda su triste realidad cambiará cuando deben acoger a una familia judía huida con los nazis al acecho. Un suceso que, además, destapará tensiones familiares que vienen del pasado. El fred que crema, la opera prima de Santi Trullenque (Barcelona, 1974), tiene una estructura de cuento de toda la vida, con la misma apariencia que le gustaban a Manuel Gutiérrez Aragón, sino recuerden El corazón del bosque, mezclado con el aroma del western fronterizo muy propias de Hawks, y también, la amargura y la tristeza que acompañan a los individuos que pululaban por esos relatos sucios y amargos como en McCabe and Mrs. Miller (1971), de Robert Altman, en Perros de paja (1971), de Sam Pekinpah, y en El gran silencio (1968), de Sergio Corbucci, y esos ecos de las tradiciones de los pueblos, con sus canciones, sus bailes, y sus conflictos, y aún más, salidos de una durísima Guerra Civil.

El relato, que parte de la obra teatral Fred, de Agustí Franch que coescribe el guion con el propio Trullenque, está construido a través de sus personajes, de aquello que saben, que ocultan, y de  aquello otro que temen. Unos personajes que se ven envueltos en un conflicto complejo, debatiéndose entre lo que les dicta la razón y por otro lado, la emoción, en una tensión in crescendo que la asemeja a un cuento de terror clásico donde la amenaza y la muerte se ciernen sobre los habitantes del pueblo. Con un magnífico trabajo técnico donde todos los apartados van a una, consiguiendo esa conjunción que funciona con fuerzo y brío, con una luz que firma Àlex Sans, que debuta en el largometraje de ficción, llena de contrastes y sólida que marca con sabiduría todos los conflictos que se van sucediendo, donde el color rojo sobresale en ese paisaje blanco y muy gélido, con unos estupendos interiores iluminados con luz natural y cálida. La fantástica composición del música Fancesc Gener, que ha trabajado con Laura Mañá, Miguel Courtois y la reciente Chavalas, con una banda sonora que explica todo aquello que sienten los personajes sin caer en el subrayado.

El grandioso trabajo de sonido del tándem Èric Arajol Burgués y Sisco Peret, que han trabajado en películas de Mar Coll, Claudio Zulián, entre otras, y el estupendo montaje de Marc Vendrell, debutante en el largometraje, con un sobrio ejercicio que llena de ritmo y tensión las casi dos horas de metraje. El equipo artístico brilla a la misma altura que la parte técnica, porque tenemos a una maravillosa Greta Fernández en la piel y la fuerza de Sara, una mujer en su sitio que sabe que le conviene y pondrá su familia por delante ante este asunto que cada vez está más negro, y su marido, el Antoni en el rostro de Roger Casamajor, un actor de pura sobriedad y un tipo que a pesar de todo en contra hará lo imposible para salvar a la familia judía, el gran Pedro Casablanc en uno de esos personajes que arrastran mucho pasado, Adrià Collado en la piel del “otro” del pueblo, acérrimo enemigo de Antoni, y el cacique del pueblo, y finalmente, el lobo de la historia, el oficial nazi Lars, al que todos temen y rehúyen, interpretado magníficamente por el actor Daniel Horvath.

Trullenque ha construido una película de personajes, sumergidos en una tensión psicológica agobiante, como en las películas de antaño, donde seguimos a unos individuos metidos en tesituras morales difíciles de lidiar, porque en El fred que crema todo pende de un hilo, y en muchas ocasiones, todos vigilan y todos son vigilados, porque nada pasa porque si, porque tanto los que se ocultan tiene  la necesidad de sobrevivir para seguir en la pelea y los otros, los invasores, tienen ojos en todos los sitios y lo escuchan todo, y tarde o temprano darán con el agujero y ya nada será igual. También, podemos ver la película como un análisis profundo y certero sobre la naturaleza del mal, sobre los hechos y las conductas que nos hacen tomar aquella u otra decisión que tendrá una repercusión trascendental en nuestras vidas, y cómo afectan esas decisiones a los que viven con nosotros o dependen emocional o económicamente de nosotros. Difícil gestión de unos hechos que nos sobrepasan, del que estamos condenados, que nos defendemos como podemos, con nuestros miedos, desesperanzas y hambre.

Trullenque no lo tenía nada fácil en su primer película para la gran pantalla, pero se ha lanzado con una buena historia, una forma que atrapa y unos intérpretes que transmiten humanismo y cercanía, y ha conseguido salir bien parado del envite que no era nada fácil, porque ya vendrán los de siempre diciendo que otra película sobre la guerra y los nazis, y no sé que más, porque al que suscribe le pasa todo lo contrario, que le faltan más películas sobre la guerra y sobre nazis, y sobre todo, porque los humanos o si nos queda algo de humanos, seguimos optando por la guerra, por el terror y por matar a los demás por el bien de nuestros objetivos o lo que sea, nuca lo entenderé y mejor así, porque me ocurriría como a los personajes de El fred que crema que sin comerlo ni beberlo anteponen la vida a la suya propia, y defienden la humanidad ante el terror de los otros, esos que solo desean destruir, y ante eso, la vida, la alegría, cantar las canciones junto al fuego y esas cosas en las que estamos pensando… JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

Entrevista a Silvia Rey

Entrevista a Silvia Rey, directora de la película «Wan Xia», en el marco de LAlternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en los Jardins Mercè Vilaret en Barcelona, el viernes 25 de noviembre de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Silvia Rey, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Mariona Borrull de Comunicación de L’Alternativa, por su labor como traductora, y su especial trabajo, amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Erich Wildpret y Johanna Juliethe

Entrevista a Erich Wildpret y Johanna Juliethe, intérpretes de la película «Jezabel», de Hernán Jabes, en el marco del BCN Film Fest, en el Hotel Casa Fuster, el jueves 28 de abril de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Erich Wildpret y Johanna Juliethe, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de comunicación del festival, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Diego Lerman

Entrevista a Diego Lerman, director de la película «El suplente», en els Jardins Miquel Martí i Pol en Barcelona, el martes 10 de enero de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Diego Lerman, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque de Vasaver, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Silent Land, de Aga Woszczynska

LO QUE QUEDA DEL AMOR.   

“El amor puede hacerlo todo, y también lo contrario de todo”

Alberto Moravia

El amor es una especie de fantasma o espíritu que nos invade no solo el cuerpo, sino también el alma, un invasor al que nos rendimos sin oposición, un virus que nos contamina sin remedio, un algo que nos provoca las emociones más intensas y maravillosas, aunque también provoca lo contrario, porque el amor se siente o no, porque cuando se siente te desborda y te eleva, y cuando no, te produce la tristeza más profunda y terrible. En el cine hemos visto muchas parejas en crisis portagonizadas seres abatidos y deambulando por calles, playas o cualquier lugar, en solitario, rotos, vacíos y sobre todo, añorando lo que fue y lo que ya no será. Imaginamos a los personajes de las películas de Antonioni, a los de Ingmar Bergman, a los de Carlos Saura, y a tantos otros, invadidos por ese desamor o ese no amor, esa sensación de derrota, de vacío y tiempo perdido.

Adam y Anna son una pareja polaca que viaja a la isla italiana de Cerdeña a pasar sus vacaciones en una casa en una colina frente al mar. Cuando llegan la piscina no funciona y viene un joven magrebí a arreglarla que muere accidentalmente, hecho que removerá intensamente a la pareja y nacerá entre ellos miedos, inseguridades y distancia. La directora Aga Woszczynska (Lódz, Polonia, 1984), con formación en Varsovia y en la prestigiosa escuela de Lódz, debuta en el largometraje de ficción con un guion escrito junto a Piotr Jaksa Litwin apoyado una trama muy inquietante, de apariencia sencilla, donde todo parece moverse dentro de un marco raro y muy oscuro, porque su pareja protagonista, los citados Adam y Anna, pasan sus vacaciones entre silencios y monotonía, van y hacen dentro de un mapa diseñado y aparentemente perfecto y sin fisuras. La muerte del trabajador desenterrará demasiadas cosas entre ellos, llevándolos a terrenos complejos en el que emergerán muchas dudas y fantasmas.

Silent Land (del original Cicha Ziemia), es un magnífico drama psicológico, como ya no se hacen, donde el conflicto es muy profundo, peor su apariencia es muy sencilla, cercanísima y tremendamente cotidiana, en un espacio natural y doméstico, donde lo que ocurre no se ve, ocurre dentro de los personajes, en ese espacio donde les invade una oscuridad desesperanzadora y muy terrorífica. La pareja de Silent Land no está muy lejos de aquella otra, la que formaban Gitti y Chris, en Entre nosotros (2009), de Maren Ade, también en otra isla mediterránea, la de Córcega, y atrapados en una relación que va pero no sabemos hacia adonde, en un espacio de estancamiento muy fuerte. En una primera mitad asistimos a esa calma inquietante donde todo está programado y siempre en compañía: las comidas, las salidas a correr, los baños y el sexo, muy significativo su forma de hacerlo que ya evidencia demasiadas cosas. En la segunda mitad, que arranca con la muerte del joven, los veremos solos y estallará esa aparente calma, donde se alejarán sin remedio, y su intención de relacionarse con otras personas, aún más evidencia su distancia.

La cineasta polaca consigue generar esa atmósfera incómoda y perturbadora con pocos elementos, esa casa llena de luz y calidez con esos instantes apagados como los momentos sexuales y con la puerta de entrada, creando todo ese juego de contrastes que marca las emociones de los personajes, en un gran trabajo del cinematógrafo Bartosz Swiniarski, bien acompañado en el elaborado montaje que firma un grande como Jaroslaw Kaminiski, que tiene en su haber a directores de la talla de Pawel Pawlikowski y films como Rehenes (2017), de Rezo Gigineishvili y Quo Vadis, Aida? (2021), de Jasmila Zbania, consigue un detallado y preciso montaje que llena de secretos y silencios inquietantes los ciento trece minutos de metraje de la película. Un reparto bien elegido en el que sus interpretaciones se apoya en todo aquello que miran y callan, en esos silencios que son la base de todo el entramado emocional de la cinta, encabezados por la fantástica pareja protagonista con Dobromir Dymecki como Adam y frente a él, que ya no junta a él, Agnieszka Zulewska como Anna, dos almas en crisis en un amor o lo que queda de él, esos pedazos caídos y rotos que, quizás, ya sean perdidos o no quieren encontrarse.

Los otros invitados son una pareja que se dedica a vender submarinismo a los turistas como Jean Marc Barr, una maravillosa presencia que hemos visto en casi todas las películas de Lars von Trier, y con Raoul Ruiz y Christophe Honoré, entre muchos otros. A su lado, una convincente Alma Jodorowsky, que era una de las chicas de La vida de Adèle, y finalmente, Marcello Romolo, el casero italiano que regenta una trattoria, que recordamos en la serie de The Young Pope, de Paolo Sorrentino. Woszczynska ha construido una película excelente, que escapa del subrayado narrativo y formal, para adentrarse en elementos más complejos y oscuros, que la hermana con la recién estrenada Aftersun, de Charlotte Wells, donde también radiografía con bisturí unas vacaciones con padre e hija a finales de los noventa, sea como fuere, en las dos películas se deja constancia el distanciamiento entre una y otra de las personas que las habitan, porque las vacaciones, al igual que el amor, no tiene punto medio, y sobre todo, el amor y el desamor pueden estallar en cualquier momento, y más aún cuando nos alejamos de los deberes y obligaciones cotidianos y nos vamos de vacaciones con tiempo para descansar y sobre todo, pensar en nosotros mismos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El suplente, de Diego Lerman

EL DOCENTE HUMANISTA.

“Yo iba a enseñar y al mismo tiempo a aprender”

Historia de una maestra, de Josefina Aldecoa

Tanto Bruno Cirino en Diario di un maestro (1973), de Vittorio De Seta, como Daniel Lefebvre en Hoy comienza todo (Ça commence aujourd’hui, 1999), de Bertrand Tavernier, pertenecen a esa clase particular de docentes que van más allá de lo que sucede en el interior de las aulas, porque conocen que la realidad social y económica de sus alumnos interfiere completamente en el desarrollo de sus vidas, y por ende de su educación. Son maestros dentro y fuera, ese tipo de docentes que se implica, que ayuda y sobre todo, ayuda al cambio tan necesario. Lucio, el docente del sexto largometraje de ficción de Diego Lerman (Buenos Aires, Argentina, 1976), amén de dirigir documental, producir cine y hacer teatro, es uno de esos tipos que sabe que la realidad de sus alumnos es dura y nada fácil, porque vienen de uno de esos barrios periféricos de la capital argentina, donde la realidad es triste, llena de peligros y donde campa el narco a sus anchas.

Lerman compone un drama social muy cercano y lleno de matices, sin caer en la moralina ni en el sentimentalismo, sino construyendo “una pequeña parte de la vida”, donde el hilo conductor es el mencionado Lucio, un tipo en crisis, alguien que aspiraba a más, a hacer una segunda novela que no acaba de llegar, a dar clases en una universidad prestigiosa, a ser mejor hijo, mejor ex y mejor padre, y sobre todo, a entenderse y no huir a la nada. El director bonaerense crea una trama sin estridencias y nada complaciente, que va desarrollándose sin alardes ni piruetas narrativas, centrándose en el hecho en cuestión, o mejor dicho, en varios sucesos, aunque el principal pivota en la relación entre Lucio y uno de sus alumnos, Dilan, que ha traicionado al narco del barrio y ahora su vida corre en peligro. Lerman vuelve a confiar en algunos de sus cómplices habituales como la guionista María Meiro, en muchas de sus películas, la aportación de la escritora Luciana de Mello y el propio director en la elaboración de un guion que se maneja muy bien entre la realidad social y la trama policiaca centrada en la investigación, donde Lucio, además de maestro, se convierte en una especie de detective para ayudar a su alumno.

El grandísimo trabajo del cinematógrafo Vojciech Staron con una luz tremendamente cotidiana y realista, gruesa y sucia, huyendo de la condescendencia y en el mensajito, donde destacan los elegantes movimientos de cámara, así como el entramado de espejos y reflejos que evidencian con detalle el estado de ánimo del atribulado protagonista, así como José Villalobos en la música, una composición que puntúa algunos aspectos de la primera mitad para luego escarbar más en los sentimientos de los protagonistas, pero siempre con respeto, y otro habitual como el editor Alejandro Brodersohn, que condensa con ritmo y pausa las casi dos horas de metraje. Qué decir del acertadísimo reparto de la película encabezado por un magnífico Juan Minujín, al que conocíamos por sus trabajos con Daniel Burman, Mariano Llinás y Lucrecia Martel, entre otros, metiéndose en la piel de un tipo que la vida le ha llevado a ser suplente, a enseñar literatura a unos chavales que pasan de todo, en el que deberá adaptar su clase a la realidad dura de sus alumnos, y conocer sus vidas y sus contextos, tarea que no le resultará nada fácil.

A Minujín le acompañan de forma estupenda una gran Bárbara Lennie, que ya había protagonizado la anterior película de Lerman, Una especie de familia ((2017), en el rol de la ex de Lucio, con una hija en común, que hace Renata Lerman, la hija del director, y fue premiada en el Festival de San Sebastián, y unas realidades bien distintas, porque ella ya ha pasado página y está en otros menesteres, y acepta la decisión y la rebeldía de la hija de ambos desde una perspectiva muy alejada que Lucio, que parece empecinado en seguir el camino y no plantearse ciertas contradicciones. La interesante presencia de un grande como Alfredo Castro, en el papel de padre del protagonista, al que curiosamente llaman “El chileno”, una especie de buen samaritano que trabaja en el barrio dando comidas e implicándose en las dificultades de sus habitantes, que mostrará una realidad bien diferente al protagonista. Y finalmente, Lucas Arrua haciendo de Dilan, al igual que los otros chicos, todos debutantes en el cine, generando esa solidez que requiere una película de estas características donde se fusionan los adultos profesionales con los jóvenes naturales.

El suplente es una película que nos habla de muchas cuestiones humanas, y sobre la vida, sobre aquellas cuestiones de la vida nada fáciles, que resultan incómodas, donde se abordan muchas cuestiones morales, con el mejor aroma de aquel cine policiaco de Hollywood de los treinta y cuarenta, donde los Lang, Hawks y Welman, y tantos otros, nos situaban en esas tesituras tremendamente difíciles de asumir y sobre todo, de decidir, en el que los y las protagonistas se veían inmersos en posiciones muy difíciles, en las que no sabían qué decir y mucho menos que hacer, un cine que desgraciadamente se está perdiendo, dejando paso a producciones blanditas que no molesten y tampoco sirvan para nada. La película de Lerman recupera esa complejidad, esa humanidad, con personajes de carne y hueso, con personas que les ocurren cosas como a nosotros, y sobre todo, dudan, tienen miedo y se enfrentan a los que les acojona, y a otras situaciones que ni se imaginaban, como a todos nosotros. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Maija Isola. Ella, el color y la forma, de Leena Kilpeläinen

LA MUJER Y LA ARTISTA.   

“El diseño industrial necesita las bellas artes detrás para estar vivo”

Maija Isola

Muchos desconocíamos la figura de Maija Isola (Rrihimäki, Finlandia, 1927 – 2001), posiblemente la diseñadora y pintora textil más importante de la segunda década del siglo XX y más allá. La artista hizo más de 500 dibujos y diseños para objetos del hogar como manteles, delantales, cuadros, ropa de vestir y para aerolíneas, y mucho más. Un trabajo que la convirtió en la artista más icónica de todos los tiempos en la marca Marimekko, a la que le dedicó treinta y seis años de trabajo desde la década de los cincuenta hasta finales de los ochenta. La directora finesa Leena Kilpeläienn, con formación en Moscú, cinematógrafa y directora del documental The Voice of Sokurov (2013), que dedicó a la figura del genial cineasta ruso, vuelve con otro retrato, un retrato sobre la figura de Maija Sola, construyendo un recorrido muy exhaustivo y profundo desde su nacimiento hasta sus últimos días, pero aunque opte por una estructura lineal, la película no es nada convencional, adecuándose al arte de la Maija Isola.

A saber, la vida de la artista es contada por la propia artista, a través de sus documentos, reflexiones y demás, también participan su hija y nieta, que han seguido sus pasos en el universo textil. Además, la película se nutre de importantísimas imágenes de archivo, tanto personales como externas, tanto actuales como del pasado, donde nos contextualizan la época y los diferentes lugares por los que pasó la insigne artista. También se recurre a la animación para dar vida a los innumerables diseños y dibujos de Isola. Todo este puzle de textos, voces, imágenes se desarrolla a través de los tres pilares del trabajo de la artista: la luz, el color y la forma, que se nutrían de la naturaleza, el folk y los incontables viajes que realizó Maija Sola. La película es mucho más que un retrato de una artista, porque ante todo está la mujer, una mujer que rompió esquemas y todos los moldes posibles de la sociedad conservadora de mitad del siglo XX, porque siempre quiso ser ella, completamente independiente, amó con pasión y sin cortapisas tanto su trabajo como los hombres con los que estuvo. Una mujer que no es solo un referente para el diseño industrial, sino también por su forma de vivir y estar en el mundo y en la sociedad, porque fue una incansable amante de la vida, de los lugares y de las personas.

La cinta huye de cualquier atisbo de condescendencia y sentimentalismo, y no solo hace un retrato profundo y personal de Maija Isola, sino que nos sumerge en el significado de su trabajo, en el arte en sí mismo, en su actitud frente a sus diseños y sobre todo, en la parte humanista que encierra toda una forma de búsqueda, experimentación y de movimiento, donde la luz resulta fundamental, los llamativos y fusión de colores vivos, intensos y llenos de vida, sin olvidar las diferentes formas, texturas y mezclas que proponía la artista, y la alejaron del conservadurismo de la época y rompió definitivamente con los estampados y las formas clásicas, dotando al mundo del diseño textil de nuevos caminos y rutas por las que transitar, totalmente inciertas, llenas de aventuras y sobre todo, llenas de pasión y vida infinitas. Porque aparte de la artista, la película nos muestra esa otra parte interior, donde encontramos una mujer modernísima, a contracorriente de todo, con un mundo espiritual absorbente y lleno de luz y color, conociendo sus diferentes parejas, recorriendo sus diferentes travesías por lugares como su Finlandia natal, donde huía de las pequeñas urbes conservadoras y vacías, adentrándose en la naturaleza como refugio para experimentar y sentirse viva, ese París tan lleno de vida y formas que experimentar, la España del sur y la colonial, donde perderse por la cultura árabe y sus diferentes formas de vestir y vivir, ese Estados Unidos donde ver, conocer y sentir, y muchísimos más, donde Maija vivía, buscaba y encontraba formas y caminos que conocer y atrapar.

Nos alegramos que existan trabajos como Maija Isola. Ella, el color y la forma, con un subtítulo muy revelador de la figura que nos vamos a encontrar en este camino por su vida, sus pensamientos, sus hijas, sus viajes, sus amores, sus experiencias, y sobre todo, sus diseños que siguen maravillando a todos y todas las personas que los descubren por primera vez, como le ha ocurrido al que escribe todo esto, porque con el trabajo de Isola ocurre que ya lo habíamos visto, pero no sabíamos que eran de ella, por eso esta película es tan importante, porque tiene ese espacio didáctico, que el arte siempre ha de tener, descubrirnos y mostrar a personas que no deberían tener esa invisibilidad, porque Maija Isola, no solo es una gran artista, sino que fue una mujer que abrió muchas puertas, ventanas y mundos a todas las otras artistas que le sucedieron, y eso es muy grande, y no todas las personas dejan un legado tan impresionante tanto a nivel artístico como humano. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

Entrevista a Víctor Checa

Entrevista a Víctor Checa, director de la película «Tiempos futuros», en el marco del D’A Film Festival en el Hotel Regina en Barcelona, el miércoles 4 de mayo de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Víctor Checa, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de Comunicación del Festival, por por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Nicolás Martín y Gabriela Alonso

Entrevista a Nicolás Martín y Gabriela Alonso, directores de la película «Tener tiempo», en el marco del D’A Film Fest, en el Hotel Regina en Barcelona, el jueves 5 de mayo de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nicolás Martín y Gabriela Alonso, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de comunicación del festival, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA