Lo que no te mata…, de Alexe Poukine

TODAS LAS MUJERES VIOLADAS.

“Me llevó años romper estas sensaciones. El peor efecto secundario fue el odio”

Ada Leiris

La película se abre de una manera feroz, inquietante y veraz, con un primer plano de una mujer alrededor de los treinta años, que mira detenidamente la cámara. El encuadre es cerrado y quieto, no hay sonido ni nada que nos distraiga, solo un rostro que nos mira o esconde la mirada, haciendo un esfuerzo titánico para encontrar las palabras que tanto cuesta pronunciar. La mujer empieza a hablar, pero se detiene, le cuesta un mundo explicar su relato, explicar que con 19 años fue violada por un amigo tres veces en una semana. La directora belga Alexe Poukine, que debutó con Dormir, dormir dans les pierres (2013), en la que contaba la tragedia de su tío que vivió y murió en la calle, firma su segundo trabajo que recibe el título original de Sans Frapper (traducido como “Sin llamar”), adentrándose en las violaciones que se producen en el entorno cercano, la mayoría de los casos, a través del relato real de Ada Leiris, pero contado y analizado por una docena de mujeres que también han sido víctimas de violaciones, y también, la aportación de dos hombres.

Poukine despoja su película de cualquier elemento distorsionador, no hay música ni efectos de sonido, solo el testimonio de cada una de las mujeres, el de Ada y el suyo propio, y analizando exhaustivamente todo el proceso que vivieron, desde todos los ámbitos y ángulos posibles, acentuando la desvictimación  de las mujeres violados, y encarando de frente y en primera persona todas las emociones que han sufrido, desde la vergüenza, el sentimiento de culpa, el dolor y cada sentimiento vivido después de ser víctimas de una violación. La directora belga sigue un itinerario lineal, desde la violación de Ada, y luego, todo su proceso vital, capturando las emociones que se van generando en las personas que nos explican el relato de Ada, el suyo propio, y el análisis de las terribles consecuencias que sufrieron. Un relato ejemplar, impactante, terrorífico, y muy transparente, en que la directora aparece muy poco solo formulando alguna cuestión, casi siempre escuchamos el relato y su relato, en una película-confesión que consigue hablarnos de forma audaz y sincera de un tema desgraciadamente demasiado común, como explicaba la magnífica película corta Suc de síndria (2019), de Irene Moray, que se adentraba en las consecuencias emocionales y sexuales de una mujer víctima de una violación.

Poukine escucha y captura todos los relatos de las mujeres violadas, confeccionando un potente y doloroso retrato sobre las violaciones a mujeres, en entornos domésticos perpetrados por hombres conocidos y amigos, y lo hace desde la sencillez y honestidad de su dispositivo cinematográfico, que no puede ser más auténtico e íntimo, sin sentimentalismos ni vericuetos narrativos. Un solo plano, fijo y cercano, que consigue visibilizar con sencillez un problema demasiado habitual, mirando cara a cara a las víctimas y a los agresores, colocando a cada uno en su lugar, sin condescendencias ni nada que se le parezca, escuchando a todos, y proponiendo un brutal ejercicio de sinceridad, que saque todo aquello que se ha guardado y ocultado, mirándonos de frente, contándonos su terrible experiencia y abriéndonos su alma de la manera más descarnada y veraz. Escuchamos todas las confesiones de las mujeres violadas, sus procesos y sus emociones, su dolor y su estado actual, para generar ese tipo de reflexiones tan necesarias en el mundo veloz y estúpido que vivimos, dejándonos tiempo y espacio para mirar con honestidad a estas mujeres que se abren en canal, y escuchando sus testimonios.

La directora belga se apodera del testimonio de Ada Leiris, y nos lo cuenta a través de estas docena de mujeres, y dos hombres, ampliando el relato y filmando con increíble y potentísima credibilidad todos los demás testimonios y procesos vividos, en una película que no solo habla de la violación, sino de todos las consecuencias que han experimentado y experimentan estas mujeres, porque aquel suceso vivido ha marcado sus vidas, tanto sus futuras relaciones y todo lo que han tenido que trabajar emocionalmente para abandonar todo lo que arrastraban interiormente. Si una de las funciones del cine es explicar relatos de personas, Lo que no te mata…, es un ejemplo extraordinario, porque no solo nos explica relatos estremecedores, sino que lo hace desde el rostro y la palabra del que lo ha sufrido, abriéndonos una ventana potente sobre las violaciones silenciadas, sobre todos esos sucesos terribles que ocurrieron cuando todo hacía pensar en lo contrario. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

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