Entrevista a María Barea

Entrevista a María Barea, directora de la película «Antuca», en el marco de la Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona, en el Parc de la Ciutadella en Barcelona, el martes 21 de mayo de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a María Barea, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan excelente, y a Anne Pasek y Teresa Pascual de Good Movies, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Riccardo Milani

Entrevista a Riccardo Milani, director de la película «Bienvenido a la montaña (Un mondo a parte)», en el marco de la Mostra de Cinema Italià de Barcelona, en el hall del Hotel Condes en Barcelona, el viernes 13 de diciembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Riccardo Milani, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Miguel de Ribot de A Contracorriente Films, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Bienvenido a la montaña, de Riccardo Milani

TODOS A UNA. 

“Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano”. 

George Orwell

Esta es la historia de Michele, un maestro cansado y amargado que lleva demasiado tiempo intentando enseñar en la jungla romana. Un día, le llega la gran noticia. Su traslado se ha hecho efectivo y coge el coche y se va al Instituto Cesidio Gentile, conocido como “Jurico”, en la pequeña localidad de Rupe con 378 habitantes, en el corazón de los Abruzos, en uno de esos pequeños pueblos rodeados de montañas y nieve. En ese recóndito y aislado lugar, Michele empezará de nuevo y a reencontrarse con el maestro que ya ha olvidado. Allí se encuentra con otra realidad, la adaptación no es fácil, y encima, el Instituto amenaza cierre por falta de nuevos alumnos. Agnese, la directora del centro le enseñará otra forma de vivir, de enseñar y de hacer comunidad. En Bienvenido a la montaña (“Un mondo a parte”, en el original), de Riccardo Milani (Roma, Italia, 1958) con una trayectoria que abarca los 12 largometrajes, unas cuántas series y algún que otro documental, se ha especializado en comedias divertidas que sacuden las convencionalidades en las que vivimos en un tono ligero y punzante, en la que ha tenido grandes éxitos como Mamá o Papá y Cómo pez fuera del agua, ambas de 2017, protagonizadas por el dúo Paola Cortellesi y Antonio Albanese, el Michele de la que nos ocupa.

La historia gira en torno en los valores perdidos por la urbe como el contacto con el otro, la naturaleza y su observación y preservación, así como el respeto de su fauna salvaje, la cooperación como mejor arma contra las adversidades, y sobre todo, la enseñanza como vehículo de comunidad y de aprender desde la base, desde los problemas cotidianos y no dejar de ser un profesor que enseña sino uno más que aprende, vive y lucha por los demás y por sí mismo. El tono ligero de la película ayuda a encontrar este interesante cruce que va desde la comedia y lo social, a partir de una posición donde prevalece lo humano a lo mercantil, sin lanzar proclamas ni nada por el estilo, sino construyendo relaciones humanas y conflictos cotidianos y reales que pasan en muchos lados en relación a las escuelas rurales por falta de habitantes en las zonas y por ende, de nuevos alumnos. Milani construye una historia pequeña pero que puede ocurrir en cualquier lugar, muy local y general a la vez, sin tiempo, mezclando con inteligencia los momentos divertidos, muy a lo Buster Keaton que padece el recién llegado y otras situaciones, más sociales que generan “el problema”.   

El director romano ha mantenido en la totalidad de su filmografía una constante fidelidad en relación a sus colaboradores como demuestran los nombres que componen el equipo de Bienvenido a la montaña, repleto de amigos y cómplices técnicos como el músico Piernicola Di Muro, con el que ha hecho dos series y Rodando hacia ti (2022). El cinematógrafo Saverio Guarna, con el que ha trabajado en 14 títulos entre películas y series, amén de una película con el gran Mario Monicelli. La pareja de montadores Patricia Ceresani con 12 y Francesco Renda con 8. Lo mismo pasa con el reparto encabezado por el mencionado Antonio Albanese, que da vida al “despertado” Michele, 6 títulos con Milani, amén de haber dirigido 5 películas, en una carrera al lado de grandes cineastas como los hermanos Taviani, Pupi Avati, Gianni Amelio, Woody Allen, entre otros. A su lado, Virginia Rafaele como Agnese, que debuta en el universo del director italiano, componiendo un personaje en constante lucha, contra sí misma, con su marido ausente y la escuela que tanto ama, una actriz vista en comedias al lado de directores como Veronesi, Brizzi y De Luigi, entre otros. Amén de la mayoría del elenco compuesto por lugareños de la zona, tanto de niños como adultos.

La película Bienvenido a la montaña, de Riccardo Milani podrá gustar más o menos a los espectadores que se acerquen a ella. Lo que sí tiene, y eso no podrá discutirlo nadie, es su honestidad y su voluntad de hablar de temas serios y reales, eso sí, sin ponerse trascendente, o no haciéndolo sin esperanza, sino con la idea que las cosas pueden cambiar, aunque sean desde un lugar tan apartado, casi invisible e inexistente para los problemas de las grandes urbes. Porque lo que nos cuenta una película como esta es que cuando pierdes tu identidad y el amor a un oficio como el de enseñar, quizás lo recuperas o al menos, lo ves desde otra prisma en un lugar perdido entre montañas que, en invierno se aísla por la nieve y en verano es inaguantable por el calor que hacer. Si, en ese inhóspito y difícil lugar, ya no sólo para vivir sino para ejercer tu profesión, las cosas que van más lentas se ven y sobre todo, se miran y se observan de otra forma, quizás la forma que necesitabas para volver a mirar y vivir todas esas cosas que ya no miras: como a ti mismo, a los demás y a tu entorno, un mundo a descubrir y sentir que te haga despertar y cambiar de sentido y de todo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Pau Calpe

Entrevista a Pau Calpe, director de la película «Llobàs», en el parc Monterols en Barcelona, el viernes 19 de julio de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pau Calpe, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Abigail Schaaff

Entrevista a Abigail Schaaff, directora de la película «L’home dels nassos», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el jueves 18 de enero de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Abigail Schaaff, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Núria Costa de trafalgar Comunicació, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Ruta salvatge, de Marc Recha

LAS FRONTERAS INTERIORES. 

“Hay una frontera que sólo nos atrevemos a cruzar de noche: la frontera de nuestras diferencias con los demás, de nuestros combates con nosotros mismos”.

Frase de “Gringo viejo”, de Carlos Fuentes 

Los que amamos los westerns sabemos que se sustentan a través de dos pilares fundamentales: el rostro y el paisaje. En la película 9 y media de Marc Recha (Hospitalet de Llobregat, 1970), se rige por estos dos conceptos, porque el rostro de Montse Germán, que debuta con el director, es la película, y no lo digo en plan estético, sino porque el rostro de la actriz convertida aquí en una jardinera, es el rostro que da todo el sentido a la trama. Ella es Ona, una mujer que pasa de los cincuenta, con un pasado difícil. Una mujer herida, un dolor que oculta con su ameno empleo y el cuidado de su hijo adolescente. Su sueño es pilotar la avioneta que con tanto mimo cuida Jordi, un amigo de esos de siempre. Su vida es tranquila, en uno de esos pueblos de la Cerdanya, en uno de esos sitios que nunca pasa nada. Pero he aquí, la aparición de dos ex combatientes serbios reciclados en ladrones de joyas, cambiará no sólo la fisonomía de paz del lugar, sino que implica a Ona y los suyos, a los que cuida y ama. 

El director hospitalense, que firma el guion con Nadine Lamari, tres películas juntos, sigue siendo fiel así mismo, y continúa escarbando en aquellos elementos que caracterizan su mirada: el citado western, que desmitifica, lo torna sucio, cotidiano y muy íntimo, con la frontera como acompañamiento sine qua non, lugar de paso, de idas y venidas, en los que concentra a personajes de pasados oscuros, huidos y sin rumbo. La infancia y la adolescencia siempre presentes en sus relatos, en esos gestos de iniciación y crecimiento a la adultez, y el paisaje, un espacio, ya sea urbano o rural, donde la naturaleza y los animales funcionan como reflejos de la carencia de unos humos demasiado ensimismados en ellos mismos que han olvidado sus orígenes y su relación con su entorno. Los conflictos de sus películas no son grandilocuentes ni nada sorprendentes, sino todo lo contrario, están sujetos a esa realidad diaria, a la que hay que detenerse para mirarla y descubrirla, porque ahí reside su talento, en mirar esos pequeños dramas de cada día, donde pululan gentes muy sencillas, a los que un hecho totalmente accidental y alejado de ellos, les sacará esas cosas del pasado que permanecían ahí pero dormidas. 

Como es costumbre, la parte técnica de la película es de gran factura técnica, como la cinematografía que, después de cinco películas con Hélêne Louvart, el testigo pasa a Núria Roldós, que ha trabajado con Antonio Chavarrías, María Ripoll y Alba Sotorra, realiza un espectacular trabajo donde la luz tenue y oscura se combinan para crear esa sensación de fusión y confusión entre la naturaleza que vemos y la que sentimos que describe con audacia el estado emocional de Ona, en la misma línea trabaja la edición de Judith Miralles, que también debuta con Recha, donde la pausa y el reposo que caracterizan el tono de la película componen una trama que se va a las dos horas de metraje sin prisas sin trucos y con mucha veracidad en todo lo que acontece. La música de Alfred Tascott, que tiene películas para Sílvia Quer y estuvo en La vampira de Barcelona, de Danés, y de Pau Recha, en su quinto trabajo con el director, que recordamos de Dies d’agost (2006), consiguen captar las complejidades emocionales que chocan con lo físico y la naturaleza y los animales del entorno, ajenos a toda esa oscuridad que recorre a los personajes. Como ocurría en Furtivos (1975), de Borau, donde el reflejo de paz del exterior peleaba con la oscuridad del alma. 

Si la técnica de la película es sobresaliente, la parte interpretativa no se queda atrás, porque los intérpretes de Recha se confunden en sus espacios, con esos rostros marcados por la vida, naturales y de verdad, como el de Montse Germán, que gran acierto en el personaje de Ona, que nos recuerda al de la Mónica en la inolvidable Ficció (2006), en su vuelta al entorno rural por la puerta grande, como mira esta mujer, como se mueve, que recuerda a la Melissa Leo de Frozen River, y a la Marina Foïs de As bestas, que también interpretan mujeres que deben enfrentarse a aquello que les da miedo y les supera, pero lo hacen con valentía y coraje, y acarreando un pasado que les golpea demasiado. a su lado, Sergi López como Robert, el amigo fiel, con su cuarta película con Recha, que recuerda al Olivier Gourmet de Les mans buides (2003), un actor dotado porque es capaz de tipo con pasta y tipo del campo, con esa transparencia y cercanía. Un fenómeno. Tenemos a los jóvenes debutantes, vecinos de la comarca y escogidos en un casting, Àlex Bolet como Sergi, el hijo rebelde de Ona, y su chica Clara, que hace Maria Martínez. Y los Marc Martínez, uno de esos tipos nómadas, como el que hacía Eduardo Noriega en la mencionada Les mans buides, que tendrá su importancia en la vida de estos lugareños, la pareja de matones que interpretan dos actores serbios como Sergej Trifunovic, que tiene películas con Paskaljevic y Kusturica, y Boris Isakovic, con mucha carrera en su país. Y luego, los Lluis Soler como un “empresario” metido en negocios turbios, y Raquel Ferri, una misteriosa chica. 

No dejen de ver una película como Ruta salvatge porque es una excelente muestra de hacer cine de lo rural desde la empatía y la emocionalidad, mirando desde la sencillez y lo humano, donde se puede combinar el género como el western fronterizo y el thriller más inquietante, en el que las fronteras tanto físicas como emocionales entran en juego, en el que unos personajes, los de aquí y los de allá, y los otros, los que no se saben de donde pueden ser, con esas líneas difusas que confunden y traspasan nuestros propios miedos e inseguridades, y reabren heridas que creíamos cicatrizadas o quizás, sólo esperaban su momento, ese momento en que las cosas del pasado adquieren su significado en el presente, un presente en el que debemos dejar de huir y enfrentarnos, por fin, a todo aquello que nos culpabiliza y nos deja en dique seco, es decir, nos deja maniatados a nuevas experiencias emocionales con aquellos a los que amamos y aquellos otros que entrarán en nuestras vidas, porque la película 9 y media de Recha es un viaje hacia lo más profundo de su protagonista Ona, una mujer herida, rota, llena de dolor, pero también fuerte, valiente y capaz, que no se arrugará ante la embestida que le está dando de nuevo la vida, y esta vez, no podrá hacer caso omiso, y si, esta vez deberá ponerse de pie y luchar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Janet Novás

Entrevista a Janet Novás, actriz de la película «O corno», de Jaione Camborda, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 18 de octubre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Janet Novás, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Algún día nos lo contaremos todo, de Emily Atef

LA PASIÓN OCULTA DE MARÍA. 

“Durante la noche, él la codiciaba y ella se entregó”.

La semana pasada llegó a nuestros cines la película Más que nunca, de Emily Atef (Alemania Occidental, 1973). Un durísimo drama de una mujer enferma rodado de forma sensible y cercana, alejada de sentimentalismos y crudeza innecesaria. Una semana después se estrena otra película de Atef, Algún día nos lo contaremos todo (del original, Igendwann werden wir uns alles erzählen), basada en la exitosa novela homónima de Daniela Krien, que firma el guion junto a la directora, en la que también se apoya en una mujer, María de 19 años de edad, apasionada y soñadora, que prefiere leer libros como Los hermanos Karamazov, de Dostoievski, que acudir a clase. Vive en la Alemania Oriental a punto del colapso del verano de 1990, en una granja con su novio Johannes y la familia de éste. Al igual que Hélène, la protagonista de Más que nunca, María también se siente sola, vacía y perdida, como los habitantes de esa RDA poscomunista que se vieron consumidos por la Alemania Occidental, se ve trastocada con en el encuentro con Henner, un granjero solitario y huraño que vive en la granja de al lado. Un deseo y pasión desbordantes se apoderan de María que no puede sucumbir a una relación con un hombre de 40 años, rudo, salvaje, oculto y prohibido, que también ama la lectura. 

La directora franco-iraní mezcla con astucia y sabiduría dos frentes, el personal y el político. María que tiene una relación con Johannes, tranquila, acomodada y convencional, con la otra con Henner, pura pasión, violenta, cruda e inesperada. Y también, tenemos la coyuntura política, esa Alemania Oriental absorbida por la otra Alemania, con problemas económicos, y llena de incertidumbre e inquietud a unos ciudadanos que no saben que será de sus trabajos, algunos sin empleo y otros, sudando mucho para ganar poco y mal. Dos frentes que escenifica muy bien la vida de María, con esas dos casas, la de su novio, y la de su madre, sin empleo y depresiva, a la que suma otra, la de Henner, que pertenece a un pasado que ya no volverá, un pasado que ese verano borrará para siempre. Lo íntimo y lo personal mezclado con lo social y lo político, de una forma brillante, sin caer en demasiadas explicaciones. Una situación caótica y desesperante que se manifiesta con ese hijo que pasó al otro lado y resquebrajó la familia en dos, esos dos mundos entre los que se cimenta la película, en que María, absoluta protagonista, representa con cercanía, temor y locura, en esa existencia de Robinson Crusoe en la que está, sin saber qué hacer, perdida en sus emociones, en ese no futuro que les espera a millones de habitantes de la Alemania Oriental que se vieron obligados a vivir de otra manera, a ser y sentir diferente. 

El inmenso paisaje de Turingia sirve como implacable escenario y se erige como otro de los personajes de la película, una belleza deslumbrante y trágica, que recuerda a la de las películas de Malick como Días del cielo y Vida oculta, sendos dramas rurales en los que se mira Algún día nos lo lo contaremos todo, donde abundan los silencios y los gestos, esos espacios que cortan el aliento entre la soledad y la quietud de los personajes mientras leen o se pierden en sus contradictorias emociones, apoyada en sus miradas, que siempre dicen mucho más que cualquier diálogo. Una gran cinematografía de Armin Dierlof, que debuta en el cine de Atef, y es un habitual de la cinematografía alemana, construye un mundo rural lleno de sensaciones, de complejidad y sobre todo, de un exterior lleno de vida y silencio, y un exterior donde se desata la tormenta de la pasión y el deseo, un sexo que se siente y se huele, pero sin caer en lo burdo y en lo representativo sin más. El gran trabajo de montaje de Anne Fabini, que ha trabajado con Hannes Stöhr y en películas tan interesantes como Of Fathers and Sons (2017), Talal Derki y la reciente Alis, de Nicolas van Hemelryck y Clare Weiskopf, sin olvidarnos de la precisa y conmovedora música del tándem Christoph Kaiser y Julian Maas, que ya trabajaron con Atef en 3 días en Quiberón (2018), amén del director Lars Kraume y Edward Berger, entre otros. 

En su reparto, en el que sobresalen las certeras y detalladas interpretaciones de los diferentes actores y actrices, destaca la maravillosa, profunda y sensible mirada de Marlene Burow, que está impresionante con su María, en su segundo protagónico deslumbra de forma magnífica, todo lo que dice esa mirada y esos gestos, siendo esa mujer que lo transgrede todo y a todos por vivir una pasión arrolladora, peligrosa y fuera de lo común, de esas que tienes un pie fuera y otro dentro, o dicho de otro modo, esas pasiones que se recuerdan para siempre. Una mujer que es la película, porque la película va de ella, y sobre todo, va de todas esas mujeres que se dejaron llevar por lo que sentían, traspasando todos los límites personales y morales. A su lado, tenemos a Felix Kramer como Henner, otro ser solitario y vilipendiado por ese pueblo y sus habitantes, que hemos visto en series televisivas y películas con Christian Alvart, entre otras. Cedric Eich es Johannes, el apasionado de la fotografía que se aleja de su novia María, y sobre todo, de ese mundo rural del que es totalmente ajeno, un tipo que, al contrario que su chica, tiene muy claro su futuro. También destacan Silde Bodenbender y Florian Panzner como los padres de Johannes, y Jördis Triebel como la madre de María, que nos encantó en películas como La suerte de Emma, Al otro lado del muro y La revolución silenciosa, entre otras. 

No se pierdan Algún día nos lo contaremos todo, sexto largometraje de Emily Atef, porque no les va a defraudar en absoluto, porque les ayudará a regresar a cuando eran jóvenes, a cuando todo estaba por descubrir y por hacer en sus vidas, donde las pasiones y las emociones eran el motor de sus decisiones, donde todavía no estaban absorbidas por la sociedad, por lo correcto y por lo que conviene, sino por lo que sienten. Un viaje a ese tiempo, a esas sensaciones, a ese otro yo, a descubrir a María y su amor fou, un amor que mata pero también y que da vida. Y no se dejen llevar por su aparentemente drama romántico rural, que está lleno de complejidad y belleza, también oculta muchas otras cosas más, el destino de muchos alemanes orientales que vivieron un verano el de 1990 muy extraño, tremendamente inquietante ante un futuro de lo más incierto, como dejan con detalle las secuencias en la Alemania Occidental, donde ese otro país se impondrá y los dejará en una especie de limbo difícil de gestionar, tal y como le ocurre a María, la antiheroína que no se detendrá ante sus sentimientos a pesar de ese mundo que se derrumba a su alrededor, pese a quién pese. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Arnau Vilaró

Entrevista a Arnau Vilaró, coguionista de la película «Alcarràs», de Carla Simón, en la Cantina Restobar en Barcelona, el miércoles 9 de septiembre de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Arnau Vilaró, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El regreso de las golondrinas, de Li Ruijun

EL AMOR Y LA TIERRA. 

“Se dice que el cine es el arte del tiempo. En este sentido, el trabajo es esencialmente el mismo que el de los agricultores. En la realización de películas, nosotros nos enfrentamos constantemente a cuestiones relacionadas con el tiempo y con la vida”. Los agricultores confían en la tierra y el tiempo con sus cultivos y su sustento, así nosotros debemos confiar en la tierra y en el tiempo con nuestras películas. Las palabras en papel, como semillas creciendo en una cosecha, se transforman por la cámara dentro de lo que recordamos de nuestra memoria lejana”. 

Li Riujun 

En El árbol de los zuecos (1978), de Ermanno Olmi, una película que retrata la durísima vida de los campesinos bergamascos en Lombardía de finales del XIX y principios del XX, pero a pesar de sus duras condiciones de existencia lo afrontan con dignidad. Situación parecida a la que vive y sufre Mao Yaoutie, un agricultor chico actual que todavía resiste en su vaciado pueblo trabajando la tierra y cultivando trigo. Su vida solitaria y lúgubre cambia un día cuando conoce a Cao Guiying, una mujer que ha sufrido acoso y todavía arrastra secuelas físicas y emocionales, ya que sus respectivas familias les obligan a un matrimonio concertado. Dos almas marginadas y apartadas que deberán compartir vida y trabajo. 

El director Li Ruijun (China, 1983), ha dirigido cinco películas, en las que se ha centrado en las relaciones humanas y la vida rural de una China en un proceso continuo de cambio, abandonando lo rural para transformarse en metrópolis muy industrializadas y consumistas. La historia que nos cuenta El regreso de las golondrinas es un cuento sencillo, sobrio y con poquísimos diálogos, con el mejor aroma de Renoir, Ozu, Bergman, Rossellini, Tarkovski, Erice, Kiarostami, Tarr y demás autores donde prevalece una mirada a la vida desde lo más profundo, desde el detalle, desde lo cotidiano, desde el mínimo gesto, sin ningún tipo de artificio y distracción estética, todo lo auténtico para contarnos lo esencial, lo vital y lo humano, vaciando el plano y el encuadre de elementos distrayentes, y concentrarse en lo mínimo y vital, en el que predomina la interpretación de los actores y actrices y los pocos elementos físicos en cuestión. Un cine que explica, un cine que nos habla, que documenta la vida, el trabajo y la existencia humana desde “la verdad”, una verdad que conocemos, que sentimos y sobre todo, una verdad que queda, que tiene aplomo y tiene historia, en un arte que comprende el tiempo como forma de mirar y comprender lo que nos rodea, o al menos, mantenernos de forma activa y seguir haciéndonos preguntas. 

Un cine que contiene una mirada profunda y sencilla, que se toma su tiempo para contarnos aquello que está viendo y por ende, retratando, a través de esta pareja de deshechos humanos, y lo digo por el modo que son tratados durante la película, y especialmente, en la secuencia que abre la película, donde no tienen voz ni voto, y ese plano fijo donde el protagonista nos da la espalda y vemos, de frente, a todos sus familiares, que tienen un status económico mucho más alto, no obstante, lo llaman “Cuarto Hermano”, que no es otra cosa que negarle su nombre y por efecto, su identidad. Una primera secuencia que no sólo describe la situación pisoteada de los dos protagonistas, sino que escenifica esa China dividida en dos. La China nueva rica, con su ropa y coches extranjeros, que somete y explota a los otros, esa China rural, esa China que todavía resiste fuera de los espacios consumistas. A pesar del continuo desprecio y explotación, tanto Ma como Cao siguen a lo suyo, en silencio y trabajando, acercándose cada vez más, descubriéndose y descubriéndonos que hay muchas formas de amor y de amar, a partir del tiempo, la paciencia, la ternura y el cariño. 

Podemos afirmar, sin ánimo de exagerar, que El regreso de las golondrinas es una de las mejores historias de amor que hemos visto en mucho tiempo, y no lo digo a modo de exageración, ya lo comprobarán ustedes cuando vean la película, así sabrán que no lo digo por decir, porque todas esas imágenes, ya sea trabajando con la tierra, con ese ir y venir diario, y ese año en el que transcurre la película, siguiendo la cosecha de trigo, con sus cambios de estaciones y circunstancias del tiempo, o esas otras, en el interior de la minúscula vivienda en la que descansan, hacen la comida sencilla, con esos panes redondos que hornean, y todos esos momentos que comparten, en el que hablan, se miran, se abrazan, se escuchan y sobre todo, sueñan con esa vida que les ha venido obligada, pero que ellos aceptan y se entienden, o lo que es lo mismo, se aman, y no desde el interés, ya sea material u emocional, sino desde la aceptación del otro, desde las circunstancias del otro, desde la verdad del otro, desde la necesidad y el cariño del otro, sin reproches, sin sometimientos, desde una posición igualitaria, sencilla, sin palabras, sólo con gestos, y con lo humano, que parece que, en la actualidad, se nos ha olvidado o obviamos por interés, egoísmo y maldad. 

Una pareja inolvidable, que ya forma parte del imaginario del cine actual, una pareja como Ma y Cao que trabajan juntos desde el respeto, desde la gratitud de lo poco que tienen, sobreviviendo en una sociedad hostil, esa que viene de fuera, la que compra y vende terrenos de forma codiciosa y estúpida, esa que no mira al otro, que vive consumida en lo superficial y la apariencia. Un cine de una grandísima calidad, tanto en lo técnico como lo artístico, con una cinematografía de Wang Weihua que plasma con dureza y sensibilidad la dura vida de Ma y Cao, pero sin ahondar en la miseria y su tragedia, sino en la realidad en la que viven sin regodearse en ella, con esos momentos interiores donde la magia y la belleza capturan cada instante, como esa caja agujereada con luces que crea ese efecto óptico de trasladarse a otra dimensión, a otro planeta, donde, quizás, los seres humanas se aman y no se odian. El gran trabajo de montaje del propio director, donde impone un maravilloso ritmo reposado y calmo, donde las cosas van sucediendo, donde la vida nos atrapa desde lo mínimo y lo invisible, donde somos testigos de ese amor puro, de verdad, de los que parecen de otro mundo. 

La excelente y pausada música del iraní Peyman Yazdanian, que trabaja indistintamente entre China y su país, donde ha trabajado con lo mejor del cine de su país como Kiarostami, Pahani y Farhadi. En el aspecto interpretativo, la película es inmensa y llena de detalles y gestos que dotan a cada plano y cada encuadre de una gran fuerza, en el que sobran las palabras y la imagen construye toda su dramaturgia y su humanidad. Dos intérpretes en estado de gracia como Wu Renlin como Ma Youtie, que ya había trabajado con Ruijun en The Old Donkey (2010) y Fly With The Crane (2012), en la piel de un campesino machacado y vilipendiado, pero sin perder su dignidad, con su trozo de tierra, su burro y sus gallinas, y su mujer, que interpreta Hai Qing en la piel de la desdichada cao Guiying, una mujer que descubrirá que la vida puede ser otra cosa y lo hará al lado de un tipo humilde y extremadamente sencillo como Ma, donde crecerá, se hará humana y sobre todo, se enamorará, un amor puro, tranquilo, de verdad, de los que no se olvidan. Estaremos muy atentos al próximo cine de Li Ruijun, que se suma a esta nueva hornada de grandísimos cineastas chinos como los Jia Zhangke, Bi Gan, diao Yinan y Hu Bo, entre otros, que, a través de sus películas abordan los cambios sociales, políticos, económicos, industriales y culturales de un mastodonte en un proceso desorbitado de industrialización y consumismo estúpido. El cine de Ruijun no estaría muy lejos de las aproximaciones a lo rural desde la verdad, con su belleza, complejidad y dolor, y lo humano como las extraordinarias La gente del arrozal (1994), de Rithy Panh, y El hombre sin nombre (2009), de Wang Bing, otro de los grandes cineastas chinos actuales. Dos películas que hablan de la vida rural, de la tierra, que no resulta nada fácil trabajarla, de la familia, del amor y de lo humano, desde la perspectiva de lo sencillo y lo profundo, alejados de ese mundanal ruido que nos quieren vender como progreso y vida. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA