La terra negra, de Alberto Morais

LAS GENTES DEL MOLINO. 

“Ante este mundo de ganadores vulgares y deshonestos, de prevaricadores falsos y oportunistas, de gente importante que ocupa el poder, de todos los neuróticos del éxito, del figurar, del llegar a ser. ante esta antropología del ganador de lejos prefiero al que pierde”. 

Pier Paolo Pasolini 

El universo cinematográfico de Alberto Morais (Valladolid, 1976) lo componen relatos sobre lo humano y la resistencia en el que pululan “los otros”, desplazados e invisibles que hacen de su cotidianidad un coraje para seguir adelante a pesar de los pesares, a partir de una estructura en la que el itinerario establece la forma y el fondo.  En su primera obra Un lugar en el cine (2007), un alegórico documental que  seguía a Angelopoulos, Erice y Tonino Guerra en sus reflexiones sobre la experiencia cinematográfica, en Las olas (2011), un anciano hacía un largo viaje para volver a Argeles, donde estuvo preso después de la guerra, en Los chicos del puerto (2013), unos chavales recorrían de punta a punta Valencia con el propósito de hacer un último recado al abuelo de uno de ellos, y finalmente, en La madre (2016), un adolescente deambula en busca de cariño tropezando con la cruda realidad. 

Con La terra negra, el cineasta, valenciano de adopción, con un guion escrito por Samuel del Amor y él mismo, en el que continúa con los derrotados, pero virando un poco, en ésta ya no hay movimiento ni viaje, todo es mucho más interior, donde vuelve a lo rural como hiciese en La madre, instalándose en una película de corte clásico, estática y pausada, partiendo de una estructura del western más cercana a Peckinpah y Hellman, nos sitúa en un pueblo valenciano en la actualidad alrededor del trabajo de un molino regentado por dos hermanos, Ángel y María al que llega un forastero, Miquel, para trabajar y ser uno más. Inmediatamente, asaltan los recelos de los otros habitantes de la zona y amigos de Ángel, que ansían poder controlar el codiciado molino. Y no acaba ahí la cosa, porque Miquel tiene un poder que puede influenciar en la conducta de las personas. Como pueden imaginar, el conflicto se desata. Morais planta la cámara y nos cuenta una historia con reminiscencias a la tragedia griega, donde la bondad y lo humano y lo sagrado se enfrentan a lo oscuro, a la envidia y a la violencia, y lo hace con una película que se ve con mucho interés, donde todo avanza con reposo y calma, a partir de un tempo en el que prevalecen los personajes, sus relaciones y los abundantes silencios, miradas y gestos, generando una atmósfera muy oscura a través de lo más cotidiano. 

La excelente cinematografía de Roberto San Eugenio, al que conocemos por sus trabajos con el director Samuel Alarcón, construye una luz muy cercana y natural, porque lo que se busca es que lo doméstico adquiera esa misticidad que proviene del personaje de Miquel rodeado de un microcosmos donde impera una rabia violenta que emana en las raíces del odio y la maldad. El montaje de Julia Juániz, tercera película con Morais, después de las citadas Un lugar en el cine y La madre, donde vuelve a realizar un trabajo excelente, en que se impone un ritmo adecuado y abrumador, donde el enfrentamiento entre la luz y la oscuridad es constante, donde lo terrenal y lo divino se manifiestan como en el cine de Pasolini, claro referente que ya estaba en Un lugar en el cine, ya que Angelopulos viajaba hasta Ostia, la playa donde fue asesinado el insigne cineasta-poeta italiano. Juaniz, con más de 70 películas en su filmografía al lado de Carlos Saura, con el que hizo 10, amén de Erice y Mercedes Álvarez, entre otros, construye una magnífica película con unos intensos 100 minutos de metraje, con unos planos que no sólo explican lo que vemos sino todo aquello que permanece en el lugar pero todavía no sabemos ver.

Otro elemento fundamental en la película y en todas las obras de Morais son sus excelentes repartos. Aquí tenemos a una pareja extraordinaria como son Laia Marull, en su tercera película con el director, después de ser la bondadosa compañera de viaje del abuelo de La olas, siguió con la no madre ausente e inmadura de La madre, y ahora, le ha tocado en suerte a María, la que volvió al molinos después que la vida le zurrara bastante, sobrevive llena de amargura y silencio, la llegada de Miquel, interpretado por un grande como Sergi López, uno de los grandes actores del país y de Europa, que da ese toque de extrañeza, persona de vuelta de todo y humanidad que tanto falta en el pueblo maldito. El tercero en discordia es Ángel que hace un magistral Andrés Gertrudix, el hermano heredero, amigo de todos los “otros”, un tipo débil que no acaba de asumir el mando. Y luego están los codiciosos: tenemos a Abdelatif Hwidar, y los valencianos, la gran presencia de un poderosa actriz como Rosana Pastor, Álvaro Báguena, María Albiñana, que ya estaba en La madre, Toni Misó y Bruno Tamarit, que conforman “el pueblo” tan arraigado a la tierra que cualquier extrañeza y diferencia la enfrentan con miedo y usando la violencia grupal como recurso cobarde y enfermizo. 

Morais hace su película más poderosa y más llena de recovecos y pliegues que se erige como ejemplo de una sociedad que no acaba de romper con ese pasado de crueldad y violencia y no tiene la capacidad de resolver sus conflictos mediante la palabra y el amor. Quizás hay una parte de nuestra condición que se resiste a dejarnos y nos golpea con fuerza cuando el miedo al otro y a la pérdida de no sé qué valores ancestrales que nos someten a una realidad que ya no existe, porque los tiempos cambian y nuestras formas de ser parecen ancladas a realidades pasadas que nos envuelven en un aire de superioridad que se mezcla con miedo e irracionalismo. La terra negra es una película que expone todo esto, y lo hace con sencillez y honestidad, sin trampas ni estridencias argumentales, con mucha naturalidad en el que se fusionan lo humano con lo sagrado, lo más terrenal con lo místico, tiene aquello que tanto le gustaba a Bresson, donde los cuerpos lo dicen todo, sin recurrir al diálogo. Tiene ese aroma de la tragedia rural, donde todos están contra todos, donde el bien parece un leve resquicio de luz ante tanta podredumbre y un odio visceral que no razona, que no habla, que pega y mata. Sigamos alerta porque los monstruos siempre se disfrazan de todo menos de lo que son. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Miguel Rellán

Entrevista a Miguel Rellán, actor de la película «La buena suerte», de Gracia Querejeta, en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el lunes 28 de abril de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Miguel Rellán, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a María Barea

Entrevista a María Barea, directora de la película «Antuca», en el marco de la Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona, en el Parc de la Ciutadella en Barcelona, el martes 21 de mayo de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a María Barea, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan excelente, y a Anne Pasek y Teresa Pascual de Good Movies, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Riccardo Milani

Entrevista a Riccardo Milani, director de la película «Bienvenido a la montaña (Un mondo a parte)», en el marco de la Mostra de Cinema Italià de Barcelona, en el hall del Hotel Condes en Barcelona, el viernes 13 de diciembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Riccardo Milani, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Miguel de Ribot de A Contracorriente Films, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Bienvenido a la montaña, de Riccardo Milani

TODOS A UNA. 

“Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano”. 

George Orwell

Esta es la historia de Michele, un maestro cansado y amargado que lleva demasiado tiempo intentando enseñar en la jungla romana. Un día, le llega la gran noticia. Su traslado se ha hecho efectivo y coge el coche y se va al Instituto Cesidio Gentile, conocido como “Jurico”, en la pequeña localidad de Rupe con 378 habitantes, en el corazón de los Abruzos, en uno de esos pequeños pueblos rodeados de montañas y nieve. En ese recóndito y aislado lugar, Michele empezará de nuevo y a reencontrarse con el maestro que ya ha olvidado. Allí se encuentra con otra realidad, la adaptación no es fácil, y encima, el Instituto amenaza cierre por falta de nuevos alumnos. Agnese, la directora del centro le enseñará otra forma de vivir, de enseñar y de hacer comunidad. En Bienvenido a la montaña (“Un mondo a parte”, en el original), de Riccardo Milani (Roma, Italia, 1958) con una trayectoria que abarca los 12 largometrajes, unas cuántas series y algún que otro documental, se ha especializado en comedias divertidas que sacuden las convencionalidades en las que vivimos en un tono ligero y punzante, en la que ha tenido grandes éxitos como Mamá o Papá y Cómo pez fuera del agua, ambas de 2017, protagonizadas por el dúo Paola Cortellesi y Antonio Albanese, el Michele de la que nos ocupa.

La historia gira en torno en los valores perdidos por la urbe como el contacto con el otro, la naturaleza y su observación y preservación, así como el respeto de su fauna salvaje, la cooperación como mejor arma contra las adversidades, y sobre todo, la enseñanza como vehículo de comunidad y de aprender desde la base, desde los problemas cotidianos y no dejar de ser un profesor que enseña sino uno más que aprende, vive y lucha por los demás y por sí mismo. El tono ligero de la película ayuda a encontrar este interesante cruce que va desde la comedia y lo social, a partir de una posición donde prevalece lo humano a lo mercantil, sin lanzar proclamas ni nada por el estilo, sino construyendo relaciones humanas y conflictos cotidianos y reales que pasan en muchos lados en relación a las escuelas rurales por falta de habitantes en las zonas y por ende, de nuevos alumnos. Milani construye una historia pequeña pero que puede ocurrir en cualquier lugar, muy local y general a la vez, sin tiempo, mezclando con inteligencia los momentos divertidos, muy a lo Buster Keaton que padece el recién llegado y otras situaciones, más sociales que generan “el problema”.   

El director romano ha mantenido en la totalidad de su filmografía una constante fidelidad en relación a sus colaboradores como demuestran los nombres que componen el equipo de Bienvenido a la montaña, repleto de amigos y cómplices técnicos como el músico Piernicola Di Muro, con el que ha hecho dos series y Rodando hacia ti (2022). El cinematógrafo Saverio Guarna, con el que ha trabajado en 14 títulos entre películas y series, amén de una película con el gran Mario Monicelli. La pareja de montadores Patricia Ceresani con 12 y Francesco Renda con 8. Lo mismo pasa con el reparto encabezado por el mencionado Antonio Albanese, que da vida al “despertado” Michele, 6 títulos con Milani, amén de haber dirigido 5 películas, en una carrera al lado de grandes cineastas como los hermanos Taviani, Pupi Avati, Gianni Amelio, Woody Allen, entre otros. A su lado, Virginia Rafaele como Agnese, que debuta en el universo del director italiano, componiendo un personaje en constante lucha, contra sí misma, con su marido ausente y la escuela que tanto ama, una actriz vista en comedias al lado de directores como Veronesi, Brizzi y De Luigi, entre otros. Amén de la mayoría del elenco compuesto por lugareños de la zona, tanto de niños como adultos.

La película Bienvenido a la montaña, de Riccardo Milani podrá gustar más o menos a los espectadores que se acerquen a ella. Lo que sí tiene, y eso no podrá discutirlo nadie, es su honestidad y su voluntad de hablar de temas serios y reales, eso sí, sin ponerse trascendente, o no haciéndolo sin esperanza, sino con la idea que las cosas pueden cambiar, aunque sean desde un lugar tan apartado, casi invisible e inexistente para los problemas de las grandes urbes. Porque lo que nos cuenta una película como esta es que cuando pierdes tu identidad y el amor a un oficio como el de enseñar, quizás lo recuperas o al menos, lo ves desde otra prisma en un lugar perdido entre montañas que, en invierno se aísla por la nieve y en verano es inaguantable por el calor que hacer. Si, en ese inhóspito y difícil lugar, ya no sólo para vivir sino para ejercer tu profesión, las cosas que van más lentas se ven y sobre todo, se miran y se observan de otra forma, quizás la forma que necesitabas para volver a mirar y vivir todas esas cosas que ya no miras: como a ti mismo, a los demás y a tu entorno, un mundo a descubrir y sentir que te haga despertar y cambiar de sentido y de todo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Pau Calpe

Entrevista a Pau Calpe, director de la película «Llobàs», en el parc Monterols en Barcelona, el viernes 19 de julio de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pau Calpe, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Abigail Schaaff

Entrevista a Abigail Schaaff, directora de la película «L’home dels nassos», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el jueves 18 de enero de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Abigail Schaaff, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Núria Costa de trafalgar Comunicació, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Ruta salvatge, de Marc Recha

LAS FRONTERAS INTERIORES. 

“Hay una frontera que sólo nos atrevemos a cruzar de noche: la frontera de nuestras diferencias con los demás, de nuestros combates con nosotros mismos”.

Frase de “Gringo viejo”, de Carlos Fuentes 

Los que amamos los westerns sabemos que se sustentan a través de dos pilares fundamentales: el rostro y el paisaje. En la película 9 y media de Marc Recha (Hospitalet de Llobregat, 1970), se rige por estos dos conceptos, porque el rostro de Montse Germán, que debuta con el director, es la película, y no lo digo en plan estético, sino porque el rostro de la actriz convertida aquí en una jardinera, es el rostro que da todo el sentido a la trama. Ella es Ona, una mujer que pasa de los cincuenta, con un pasado difícil. Una mujer herida, un dolor que oculta con su ameno empleo y el cuidado de su hijo adolescente. Su sueño es pilotar la avioneta que con tanto mimo cuida Jordi, un amigo de esos de siempre. Su vida es tranquila, en uno de esos pueblos de la Cerdanya, en uno de esos sitios que nunca pasa nada. Pero he aquí, la aparición de dos ex combatientes serbios reciclados en ladrones de joyas, cambiará no sólo la fisonomía de paz del lugar, sino que implica a Ona y los suyos, a los que cuida y ama. 

El director hospitalense, que firma el guion con Nadine Lamari, tres películas juntos, sigue siendo fiel así mismo, y continúa escarbando en aquellos elementos que caracterizan su mirada: el citado western, que desmitifica, lo torna sucio, cotidiano y muy íntimo, con la frontera como acompañamiento sine qua non, lugar de paso, de idas y venidas, en los que concentra a personajes de pasados oscuros, huidos y sin rumbo. La infancia y la adolescencia siempre presentes en sus relatos, en esos gestos de iniciación y crecimiento a la adultez, y el paisaje, un espacio, ya sea urbano o rural, donde la naturaleza y los animales funcionan como reflejos de la carencia de unos humos demasiado ensimismados en ellos mismos que han olvidado sus orígenes y su relación con su entorno. Los conflictos de sus películas no son grandilocuentes ni nada sorprendentes, sino todo lo contrario, están sujetos a esa realidad diaria, a la que hay que detenerse para mirarla y descubrirla, porque ahí reside su talento, en mirar esos pequeños dramas de cada día, donde pululan gentes muy sencillas, a los que un hecho totalmente accidental y alejado de ellos, les sacará esas cosas del pasado que permanecían ahí pero dormidas. 

Como es costumbre, la parte técnica de la película es de gran factura técnica, como la cinematografía que, después de cinco películas con Hélêne Louvart, el testigo pasa a Núria Roldós, que ha trabajado con Antonio Chavarrías, María Ripoll y Alba Sotorra, realiza un espectacular trabajo donde la luz tenue y oscura se combinan para crear esa sensación de fusión y confusión entre la naturaleza que vemos y la que sentimos que describe con audacia el estado emocional de Ona, en la misma línea trabaja la edición de Judith Miralles, que también debuta con Recha, donde la pausa y el reposo que caracterizan el tono de la película componen una trama que se va a las dos horas de metraje sin prisas sin trucos y con mucha veracidad en todo lo que acontece. La música de Alfred Tascott, que tiene películas para Sílvia Quer y estuvo en La vampira de Barcelona, de Danés, y de Pau Recha, en su quinto trabajo con el director, que recordamos de Dies d’agost (2006), consiguen captar las complejidades emocionales que chocan con lo físico y la naturaleza y los animales del entorno, ajenos a toda esa oscuridad que recorre a los personajes. Como ocurría en Furtivos (1975), de Borau, donde el reflejo de paz del exterior peleaba con la oscuridad del alma. 

Si la técnica de la película es sobresaliente, la parte interpretativa no se queda atrás, porque los intérpretes de Recha se confunden en sus espacios, con esos rostros marcados por la vida, naturales y de verdad, como el de Montse Germán, que gran acierto en el personaje de Ona, que nos recuerda al de la Mónica en la inolvidable Ficció (2006), en su vuelta al entorno rural por la puerta grande, como mira esta mujer, como se mueve, que recuerda a la Melissa Leo de Frozen River, y a la Marina Foïs de As bestas, que también interpretan mujeres que deben enfrentarse a aquello que les da miedo y les supera, pero lo hacen con valentía y coraje, y acarreando un pasado que les golpea demasiado. a su lado, Sergi López como Robert, el amigo fiel, con su cuarta película con Recha, que recuerda al Olivier Gourmet de Les mans buides (2003), un actor dotado porque es capaz de tipo con pasta y tipo del campo, con esa transparencia y cercanía. Un fenómeno. Tenemos a los jóvenes debutantes, vecinos de la comarca y escogidos en un casting, Àlex Bolet como Sergi, el hijo rebelde de Ona, y su chica Clara, que hace Maria Martínez. Y los Marc Martínez, uno de esos tipos nómadas, como el que hacía Eduardo Noriega en la mencionada Les mans buides, que tendrá su importancia en la vida de estos lugareños, la pareja de matones que interpretan dos actores serbios como Sergej Trifunovic, que tiene películas con Paskaljevic y Kusturica, y Boris Isakovic, con mucha carrera en su país. Y luego, los Lluis Soler como un “empresario” metido en negocios turbios, y Raquel Ferri, una misteriosa chica. 

No dejen de ver una película como Ruta salvatge porque es una excelente muestra de hacer cine de lo rural desde la empatía y la emocionalidad, mirando desde la sencillez y lo humano, donde se puede combinar el género como el western fronterizo y el thriller más inquietante, en el que las fronteras tanto físicas como emocionales entran en juego, en el que unos personajes, los de aquí y los de allá, y los otros, los que no se saben de donde pueden ser, con esas líneas difusas que confunden y traspasan nuestros propios miedos e inseguridades, y reabren heridas que creíamos cicatrizadas o quizás, sólo esperaban su momento, ese momento en que las cosas del pasado adquieren su significado en el presente, un presente en el que debemos dejar de huir y enfrentarnos, por fin, a todo aquello que nos culpabiliza y nos deja en dique seco, es decir, nos deja maniatados a nuevas experiencias emocionales con aquellos a los que amamos y aquellos otros que entrarán en nuestras vidas, porque la película 9 y media de Recha es un viaje hacia lo más profundo de su protagonista Ona, una mujer herida, rota, llena de dolor, pero también fuerte, valiente y capaz, que no se arrugará ante la embestida que le está dando de nuevo la vida, y esta vez, no podrá hacer caso omiso, y si, esta vez deberá ponerse de pie y luchar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Janet Novás

Entrevista a Janet Novás, actriz de la película «O corno», de Jaione Camborda, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 18 de octubre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Janet Novás, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Algún día nos lo contaremos todo, de Emily Atef

LA PASIÓN OCULTA DE MARÍA. 

“Durante la noche, él la codiciaba y ella se entregó”.

La semana pasada llegó a nuestros cines la película Más que nunca, de Emily Atef (Alemania Occidental, 1973). Un durísimo drama de una mujer enferma rodado de forma sensible y cercana, alejada de sentimentalismos y crudeza innecesaria. Una semana después se estrena otra película de Atef, Algún día nos lo contaremos todo (del original, Igendwann werden wir uns alles erzählen), basada en la exitosa novela homónima de Daniela Krien, que firma el guion junto a la directora, en la que también se apoya en una mujer, María de 19 años de edad, apasionada y soñadora, que prefiere leer libros como Los hermanos Karamazov, de Dostoievski, que acudir a clase. Vive en la Alemania Oriental a punto del colapso del verano de 1990, en una granja con su novio Johannes y la familia de éste. Al igual que Hélène, la protagonista de Más que nunca, María también se siente sola, vacía y perdida, como los habitantes de esa RDA poscomunista que se vieron consumidos por la Alemania Occidental, se ve trastocada con en el encuentro con Henner, un granjero solitario y huraño que vive en la granja de al lado. Un deseo y pasión desbordantes se apoderan de María que no puede sucumbir a una relación con un hombre de 40 años, rudo, salvaje, oculto y prohibido, que también ama la lectura. 

La directora franco-iraní mezcla con astucia y sabiduría dos frentes, el personal y el político. María que tiene una relación con Johannes, tranquila, acomodada y convencional, con la otra con Henner, pura pasión, violenta, cruda e inesperada. Y también, tenemos la coyuntura política, esa Alemania Oriental absorbida por la otra Alemania, con problemas económicos, y llena de incertidumbre e inquietud a unos ciudadanos que no saben que será de sus trabajos, algunos sin empleo y otros, sudando mucho para ganar poco y mal. Dos frentes que escenifica muy bien la vida de María, con esas dos casas, la de su novio, y la de su madre, sin empleo y depresiva, a la que suma otra, la de Henner, que pertenece a un pasado que ya no volverá, un pasado que ese verano borrará para siempre. Lo íntimo y lo personal mezclado con lo social y lo político, de una forma brillante, sin caer en demasiadas explicaciones. Una situación caótica y desesperante que se manifiesta con ese hijo que pasó al otro lado y resquebrajó la familia en dos, esos dos mundos entre los que se cimenta la película, en que María, absoluta protagonista, representa con cercanía, temor y locura, en esa existencia de Robinson Crusoe en la que está, sin saber qué hacer, perdida en sus emociones, en ese no futuro que les espera a millones de habitantes de la Alemania Oriental que se vieron obligados a vivir de otra manera, a ser y sentir diferente. 

El inmenso paisaje de Turingia sirve como implacable escenario y se erige como otro de los personajes de la película, una belleza deslumbrante y trágica, que recuerda a la de las películas de Malick como Días del cielo y Vida oculta, sendos dramas rurales en los que se mira Algún día nos lo lo contaremos todo, donde abundan los silencios y los gestos, esos espacios que cortan el aliento entre la soledad y la quietud de los personajes mientras leen o se pierden en sus contradictorias emociones, apoyada en sus miradas, que siempre dicen mucho más que cualquier diálogo. Una gran cinematografía de Armin Dierlof, que debuta en el cine de Atef, y es un habitual de la cinematografía alemana, construye un mundo rural lleno de sensaciones, de complejidad y sobre todo, de un exterior lleno de vida y silencio, y un exterior donde se desata la tormenta de la pasión y el deseo, un sexo que se siente y se huele, pero sin caer en lo burdo y en lo representativo sin más. El gran trabajo de montaje de Anne Fabini, que ha trabajado con Hannes Stöhr y en películas tan interesantes como Of Fathers and Sons (2017), Talal Derki y la reciente Alis, de Nicolas van Hemelryck y Clare Weiskopf, sin olvidarnos de la precisa y conmovedora música del tándem Christoph Kaiser y Julian Maas, que ya trabajaron con Atef en 3 días en Quiberón (2018), amén del director Lars Kraume y Edward Berger, entre otros. 

En su reparto, en el que sobresalen las certeras y detalladas interpretaciones de los diferentes actores y actrices, destaca la maravillosa, profunda y sensible mirada de Marlene Burow, que está impresionante con su María, en su segundo protagónico deslumbra de forma magnífica, todo lo que dice esa mirada y esos gestos, siendo esa mujer que lo transgrede todo y a todos por vivir una pasión arrolladora, peligrosa y fuera de lo común, de esas que tienes un pie fuera y otro dentro, o dicho de otro modo, esas pasiones que se recuerdan para siempre. Una mujer que es la película, porque la película va de ella, y sobre todo, va de todas esas mujeres que se dejaron llevar por lo que sentían, traspasando todos los límites personales y morales. A su lado, tenemos a Felix Kramer como Henner, otro ser solitario y vilipendiado por ese pueblo y sus habitantes, que hemos visto en series televisivas y películas con Christian Alvart, entre otras. Cedric Eich es Johannes, el apasionado de la fotografía que se aleja de su novia María, y sobre todo, de ese mundo rural del que es totalmente ajeno, un tipo que, al contrario que su chica, tiene muy claro su futuro. También destacan Silde Bodenbender y Florian Panzner como los padres de Johannes, y Jördis Triebel como la madre de María, que nos encantó en películas como La suerte de Emma, Al otro lado del muro y La revolución silenciosa, entre otras. 

No se pierdan Algún día nos lo contaremos todo, sexto largometraje de Emily Atef, porque no les va a defraudar en absoluto, porque les ayudará a regresar a cuando eran jóvenes, a cuando todo estaba por descubrir y por hacer en sus vidas, donde las pasiones y las emociones eran el motor de sus decisiones, donde todavía no estaban absorbidas por la sociedad, por lo correcto y por lo que conviene, sino por lo que sienten. Un viaje a ese tiempo, a esas sensaciones, a ese otro yo, a descubrir a María y su amor fou, un amor que mata pero también y que da vida. Y no se dejen llevar por su aparentemente drama romántico rural, que está lleno de complejidad y belleza, también oculta muchas otras cosas más, el destino de muchos alemanes orientales que vivieron un verano el de 1990 muy extraño, tremendamente inquietante ante un futuro de lo más incierto, como dejan con detalle las secuencias en la Alemania Occidental, donde ese otro país se impondrá y los dejará en una especie de limbo difícil de gestionar, tal y como le ocurre a María, la antiheroína que no se detendrá ante sus sentimientos a pesar de ese mundo que se derrumba a su alrededor, pese a quién pese. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA