Entrevista al cineasta Manel Muntaner, en su domicilio en Barcelona, el lunes 2 de agosto de 2021.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Manel Muntaner, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de Filmoteca de Catalunya, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.
“Una persona que quiere venganza guarda sus heridas abiertas”.
Francis Bacon
Todo empieza con un accidente. Un accidente de tren, en el que Mathilde ve como su madre fallece. Markus, el padre, un militar destinado en el extranjero, vuelve a casa y sigue como si nada hubiera pasado, llevándole a muchos conflictos con su hija adolescente. Un día, Otto, un experto en matemáticas, que es uno de los supervivientes del accidente, explica a Markus que tiene pruebas que el accidente fue intencionado. A Otto, traumatizado porque un accidente que él provocó acabó con al vida de su mujer e hija. le acompañan otros dos cerebritos expertos en informática y conseguir datos, Lennart, que arrastra un trauma infantil, y Emmenthaler, un obeso acomplejado. Markus en primer momento escéptico, acaba por participar en la venganza contra los responsables, una banda de gánsteres muy conocida de la zona. Anders Thomas Jensen (Frederiksvaerk, Dinamarca, 1972), ha escrito muchos de los guiones de las películas de Susanne Bier, y de nombres tan importantes como los de Lone Scherfig, aparte ha cosechado una interesante filmografía como director donde Mads Mikkelsen (uno de los intérpretes daneses más internacionales que ha trabajado con gente tan reconocida como Thomas Vinterberg y Nicolas Winding Refn, entre otros), ha sido protagonista en las cinco películas que ha dirigido hasta la fecha.
En Jinetes de la justicia, Mikkelsen se pone en la piel de un tipo rudo, reservado y solitario, que lleva demasiados años fuera de casa y ahora, debe volver ante un panorama muy adverso, lleno de heridas y mucho dolor. Un tipo que encontrará la venganza como vehículo para cerrar tanta oscuridad. El cine de Anders Thomas Jensen se edifica a través de un conflicto emocional muy fuerte, donde encontramos a unos personajes a la deriva, muy perdidos, individuos heridos que deben volver a la senda de la vida. Un marco de comedia negra para hablarnos de temas serios y profundos, donde las emociones son la clave de la trama. Ahora, a la comedia negra, muy representada por los tres expertos en datos informáticos y estadísticas, que podrían protagonizar cualquier película de Monicelli, Berlanga o de los Estudios Ealling, se juntan con Markus, un tipo violento, amargado y lleno de rabia, toda contenida y oculta, que explotará sin concesiones y con extrema crudeza cuando se enfrenten a los gánsteres.
La interesante mezcla ente la comedia negra y la película de venganza, excelentemente bien equilibrada y contada, con esa cámara cercana y reflexiva en todo momento, con esos diálogos que pasan de la seriedad a lo ligero en cuestión de segundos, siempre con la trama en el horizonte, en un contexto social muy oscuro, de aislamiento, como viven el trío de amigos informáticos, y ahora, Markus y su hija, es la atmósfera idónea para lanzarse a esta fábula moderna que nos habla de cómo nos relacionamos con las emociones que no logramos expresar, ya sea el dolor, la rabia, la pérdida y cómo vivimos con toda esa carga pesada y dolorosa. Una parte técnica asombrosa que firma Kasper Tuxen en la cinematografía, en una película de un poco antes de la Navidad, muy asfixiante y muy noir, y el audaz trabajo de montaje con Nicolaj Monberg y Anders Alberg Kristiansen, consiguiendo esa fusión entre las relaciones de personajes, capitales en una película donde los personajes son tan diferentes, tanto a nivel físico, contexto y emocionalidad, la comedia negrísima en muchos aspectos, y ese thriller crudísimo y muy violento.
Un gran reparto encabezado por el citado Mads Mikkelsen, extraordinario en su rol de padre roto de dolor y militar violento lleno de venganza, demostrando una vez más su tremenda versatilidad e inteligencia en elegir personajes tan diversos y bien construidos. Bien acompañado por Nikolaj Lie Kaas como Otto, otro actor que también ha estado en todas las películas de Anders Thomas Jensen, al igual que Nicolas Bro, que hace de Emmenthaler, Lars Brygman como Lennart, un actor de reparto muy considerado en Dinamarca, y la joven Adrea Heick Gadeberg como Mathilde, que después de algunas series empieza a aparecer en la gran pantalla. El cineasta danés construye un relato de nuestro tiempo, muy sólido y contundente, que profundiza en muchos temas que tienen que ver con la condición humana, y sobre todo, cuando las cosas se vuelven del revés, cuando sufrimos pérdidas irreparables, no sabemos como enfrentarnos al dolor, y encontramos en la rabia y la violencia nuestra forma de sacudirnos las heridas y los demonios que nos acechan, y en eso la película es magnífica, porque afronta los conflictos de esta índole con reflexión y de frente, construyendo complejos personajes, y sobre todo, guiando poco al espectador, dejando ese espacio de libertad tan necesario para que cada uno de nosotros saque, si puede, sus propias conclusiones o enseñanzas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Pedro Kanblue, director de la película «Los continentes», en el marco del D’A Film Festival, en el Teatre CCCB en Barcelona, el domingo 2 de mayo de 2021.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pedro Kanblue, por su tiempo, generosidad y cariño, al equipo del D’A Film Festival, por su apoyo, generosidad, cariño, tiempo y amabilidad, y a mi querido Óscar Fernández Orengo, autor de la fotografía que encabeza la publicación, por todo y mucho más.
(Frase de la tía abuela en Nacimiento y maternidad)
Si hay una película que define la mirada como cineasta de Naomi Kawase (Nara, Japón, 1969), esa no es otra que Nacimiento y maternidad (2006), un documento de cuarenta minutos, donde la directora condensa su vida del pasado y el presente, contando su propio embarazo y nacimiento de su hijo, y dialoga con su tía abuela, persona que la crió cuando fue abandonada por sus padres. Una obra en la que profundiza en los temas existenciales que ha vivido la propia Kawase y luego ha trasladado a su filmografía. La búsqueda de los orígenes, la construcción de la identidad, la aceptación de la pérdida, el proceso de la maternidad, y esa intensa relación entre las emociones humanas con la naturaleza. Un cine sobre la intimidad, donde las relaciones personales y sus conflictos son tratados desde una sensibilidad estremecedora, sin caer en ningún sentimentalismo donde agradar en exceso al espectador, sino todo lo contrario, acercándose al dolor y la pérdida de forma madura y natural, donde la vida y la muerte continuamente se dan la mano, en que el vacío y la ausencia van estructurando la existencia en un solo espacio, en la que sus personajes viven entre el pasado y el presente, donde vida y muerte se mezcla, se funde y conviven en armonía.
Kawase ha construido una extensa filmografía que roza la treintena de títulos en casi tres décadas. Una carrera en la que nos encontramos tanto cortos como largometrajes, rodados indistintamente, donde conviven obras documentales como de ficción. En Madres verdaderas encontramos los temas y los elementos que constituyen su mirada, esa forma de plantear relatos cotidianos, done el tiempo desaparece y se conforman muchas y variadas capas donde pasado y presente conviven entre los personajes, en que el viaje tanto físico como emocional estructuran fábulas de nuestro tiempo donde las heridas deben acompañarse y cicatrizarse. La maternidad observada desde varias perspectivas, forman la línea argumental de la película, basada en la novela homónima de Mizuki Tsujimura, en un espléndido guion que firman Izumi Takahari junto a Kawase, en un relato construido al detalle y excelentemente bien estructura, donde el tiempo viaja al pasado y circula por el presente indistintamente, en que vamos conociendo los detalles y pormenores del conflicto en el tiempo y la forma que desea la directora para generar esa red de emociones entrecruzadas.
La historia es bien sencilla: Satoko y Kiyokazu Kurihara desean ser padres pero no pueden. Encuentran una empresa que se dedica a la adopción plenaria (acogen a chicas jóvenes en su hogar, las acompañan en su embarazo y cuando dan a luz, la criatura es adoptada por parejas que no pueden tener hijos). La pareja adopta a Asato, hijo de Hikari Katakura, una niña de 14 años que se ha quedado embarazada del compañero de clase con el que sale. Con el tiempo, Hikari quiere conocer a su hijo. Como ocurren en todas las películas de Kawase, el conflicto que se plantea es muy íntimo, corporal y sensorial, donde las emociones tienen mucho que ver, en el que las derivas del tiempo y las circunstancias azotarán a la actitud y gesto de los personajes. Unos individuos en cierta manera desamparados y perdidos, que buscan incesantemente algo de amor, un hogar, un lugar en el que sentirse escuchados y sobre todo, arropados, como le sucede a Hikari, cuando el alud de acontecimientos y experiencias la llevan a volver al hogar de Hiroshima.
Tanto Satoko como Hikari son dos mujeres con una carencia, la primera no puede ser madre, y la segunda, es madre pero no puede cuidar de su hijo por su temprana edad. Las dos son mujeres, las dos son madres, y es ahí, donde Kawase plantea la cuestión principal de su película, la maternidad en todos sus aspectos, tanto en el nacimiento como en el cuidado, sujetadas a las derivas emocionales y sociales con las que deben lidiar los personajes. Una luz mágica, brillante, que traspasa y oscurece que firma Yûta Tsukinaga, dan esa forma donde todo se cuenta desde esa verdad que tanto caracteriza al cine de la japonesa, como ese sutil y conmovedor montaje de una cómplice como Tina Baz, y Yôichi Shibuya, que ya estuvo en Viaje a Nara, en un extraordinario ejercicio de orfebrería donde el tiempo se dilata y la película salta del pasado al presente trazando un intenso y especial forma de encarar el conflicto y sobre todo, en el transcurso del tiempo, una de las características más importantes, ya no solo del cine de Kawase, sino de mucho del cine japonés. La directora japonesa cuida mucho sus detalles y trata con pausa y serenidad el desarrollo de su conflicto, anteponiendo las razones y las circunstancias de sus personajes, donde somos conscientes del paso del tiempo y las emociones que van viviendo sus personajes, cuidando con extrema sensibilidad y delicadeza todo lo que se cuenta y como se cuenta, donde la naturaleza, donde el viento y el agua esenciales como elementos físicos que explican más de los personajes que cualquier línea de diálogo que vayamos a escuchar, detallando toda la complejidad del interior de unos seres que deben lidiar con todo aquello que nos habían contado sobre la maternidad y la adopción.
Otro de los aspectos donde destacan las películas de la cineasta japonesa es la elección y la dirección de su reparto. Hiromi Nagasaku da vida a Satoko, una mujer y madre que deberá enfrentarse al pasado de su hijo, el pequeño Asato, en forma de la visita de su madre biológica, Aju Makita (que hemos visto en varias películas de Hirokazu Koreeda), da vida a Hikari, esa niña madre que con el paso del tiempo, y las hostias de la vida y el desamparo, querrá conocer al hijo que tuvo y no puede olvidar. Y finalmente, Arata Iura como Hiyokazu como el marido de Hiromi, un personaje más testigo de todo el conflicto, porque Kawase nos habla desde la profundidad, sobre el deseo de ser madre, ya sea de forma biológica o desde el cuidado, y de cómo adaptarse a todos los conflictos que vendrán, ya sea internos como exteriores, ya sean provocados por uno o por otros, y como aceptamos todo eso, desde una perspectiva emocional y de aceptación, no de enfrentamiento, porque Kawase lanza una conclusión extraordinaria y humanista en su cine, porque abandona la lucha y al tristeza, proponiendo algo muchísimo más vital y honesto, proponiendo mirar al otro, acompañar, compartir y sobre todo, abrazar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“La vejez no es una enfermedad: es fortaleza y supervivencia, triunfo sobre todo tipo de vicisitudes y desilusiones, pruebas y enfermedades”.
Maggie Kuhn
La vejez ha sido tratada en el cine de forma tímida y sin profundizar. Son contadas las películas en las que el protagonista sea una persona anciana. Algunas son excelentes como Cuentos de Tokio, de Yasujiro Ozu, Umberto D., de Vittorio de Sica, Saraband, de Ingmar Bergman, y la reciente Nebraska, de Alexander Payne, entre otras. Así que, resulta francamente extraordinario toparse con una película como Damas de hierro, el segundo trabajo como directora de la actriz Pamela Tola (Ruotsinpyhtäa, Finlandia, 1981), después de Swingers (2018), una comedia donde nos hablaba sobre cuatro parejas enfrentadas a sus miedos en un distinto fin de semana. Ahora, nos llega otra comedia, una historia protagonizada por Inkeri, una mujer de 75 años que mata a su marido de un sartenazo. Abrumada por el hecho, pide ayuda a sus dos hermanas octogenarias, Sylvi, despistada y olvidadiza, y a Raili, abogada retirada, fría, racional y sexual. Las tres hermanas cogerán carretera y manta y se lanzarán a una aventura en la que habrá de todo para todas.
Inkeri volverá, en cierta medida, a reencontrarse con su pasado, con la mujer que fue, y con aquellas decisiones que la llevaron hasta el momento actual. Visitará su antigua universidad, y se topara con aquella feminista que quería ser escritora, también irá a la iglesia donde se casó, y sobre todo, volverá habitar y transitar por el hogar de su infancia, se perderá con su primer amor, y verá su vida desde otra perspectiva, más serena, más sincera, y más de verdad, encontrándose a sí misma y sabiendo el rumbo que debe arrancar en su vida. Entre medias habrá tiempo para compartir con sus hermanas tan diferentes, de bailar, de beber, de desinhibirse, de vivir aunque sea después de muchos años o tal vez, vivir por primera vez. Tola coescribe un guión con Aleksi Vardy, donde imprime el carácter de road movie, una película de carretera muy alejada de las convencionales, aquí no hay que llegar algún lugar, ni conseguir un propósito ya sea físico u emocional, porque el viaje que emprenden las tres hermanas tiene más que ver con esa búsqueda interior, con ese propósito de vivir, de sentir, de ser ellas mismas aunque sea por un rato.
La directora finesa tiene espacio para romper barreras, convencionalismos y prejuicios sobre la vejez, las mujeres, el feminismo, y demás temas actuales edificados bajo el amparo de lo convencional, y no de lo humano, porque las tres mujeres mayores que retrata la película son demasiado diferentes entre ellas, tanto a nivel de carácter como todo lo demás, las tres funcionan de formas muy distintas a pesar de ser de la misma sangre, porque la película huye de ese estereotipo que parece haberse impuesto en muchas películas donde la vez se retrata desde la enfermedad, o a través de los hijos o los nietos, dejando en segundo término los verdaderos conflictos de los mayores, que albergan una diversidad enorme como demuestran películas como esta. La sutil e inteligente mezcla de drama con la comedia más negra ayuda a encarar todos los problemas que van apareciendo a medida que empezamos a viajar. Nunca es una carcajada usando algunas secuencias divertidas, sino que la risa siempre sale de forma suave, porque Tola quiere y busca la reflexión en cada uno de sus planos y encuadres, acercando al espectador a las vidas, deseos, ilusiones y esperanzas de tres mujeres que, siendo ancianas, tienen muchas ganas de seguir no solo existiendo, sino de vivir de verdad, quizás como jamás lo habían sentido.
Posiblemente, una película de estas características nos ería lo que es sin el magnífico y magnetizador reparto encabezado por las tres ancianas. Tenemos a Leena Uotila que da vida a Inkeri, que a partir de un hecho trágico empezará a olvidarse del exterior a bucear en su alma, para volver a reencontrarse con ella misma, y tropezarse con lo que fue y quiere ser. A su lado, Saara Pakkasvirta como Sylvi, con su alocamiento, su poca memoria, y sobre todo, su ímpetu a la hora de lanzarse a la piscina, olvidándose un poco de lo que ha sido, y sintiéndose como nunca. Y finalmente, Seela Sella como Raili, la racional, vivida e inteligente del grupo, la mujer que siempre se ha lanzado y experimentado con muchos hombres, matrimonios y aventuras por doquier, pero quizás le faltaba una de verdad junto a sus hermanas para reflejarse en ellas y ver que lo que sienten las una y las otras no es tan diferente como pensaban. Damas de hierro es una película sencilla, directa e íntima, que sin meterse en furibundos demasiado complejos e intelectuales, tiene la capacidad para hablar de la vejez, de mujeres, de vida, de sentimientos y de personas sin edad de forma tragicómica, honesta y de verdad, esa cualidad que parece tan sencilla de hacer pero en la práctica resulta muy difícil de plantear y transmitir. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Algunos están más preocupados por el islam que por nuestra religión verdadera, que ya digo que es el neoliberalismo, el fundamentalismo financiero. Otra cosa es el terrorismo, y otra, la inmigración, que es uno de los efectos del neoliberalismo. Necesitamos buenas ideas sobre esas dos cosas, no tópicos”.
Hanif Kureishi
La primera vez que entendí el significado de la palabra gentrificación fue gracias al cine, a través de City for sale (2018), de Laura Álvarez, y Push (2019), de Fredrik Gertten, dos películas que profundizaban en el tema centrándose en las personas que se veían acosadas por las grandes empresas con el fin de echarlos de sus viviendas y transformarlas en apartamentos lujosos para turistas. Pequeños milagros en Peckham St., la primera película de ficción del dúo Vesela Kazakova y Mina Mileva, cineastas búlgaras que han criticado duramente las corrupciones políticas durante el comunismo y el neoliberalismo de su país, a través de personales, interesantes e incisivos documentales.
En su debut en la ficción, miran a su propio pasado y a su experiencia como inmigrantes en el Londres aparentemente cosmopolita, abierto y empático. Pero lo hacen en un contexto diferente, en ese país metido en el Brexit, con los innumerables ataques racistas a las personas inmigradas, y además, colocan el tema de la gentrificación que afecta a todos los de clase obrera, ya sean ingleses con pocos recursos e inmigrantes. A partir de estos elementos, se añade uno más, más metafórico y revelador como la presencia de un gato que presumiblemente parece perdido y encuentra Irina, una de las protagonistas, que le reportará más de un quebradero de cabeza con sus verdaderos dueños, unos vecinos de unos apartamentos más allá. Irina, el hilo conductor del relato, una mujer búlgara que trabaja de camarera, ya que no le convalidan su experiencia como arquitecta, madre soltera de un hijo pequeño, que vive con su hermano, soltero e historiador que se da de bruces con la burocracia inglesa.
Los dos comparten un pequeño apartamento muy claustrofóbico en uno de esos barrios deprimidos de Londres, donde el alquiler se ha puesto por las nubes, y complica la vida de los que llegan al país, como se deja claro en el arranque de la historia, con ese ascensor orinado, y las malas maneras de un vecino malcarado e inglés, que choca con ella, desparramando toda la compra e increpándola. Irina intenta agrupar a los vecinos para organizar una lucha contra las malas artes del ayuntamiento, que les coloca unas ventanas a precio de oro para obligarles a marcharse. Si hay un elemento que destaca la película es su “verdad”, porque desde sus localizaciones, todas reales, que consiguen esa asfixiante y depresiva existencia en la que pululan los personajes, interpretados por una audaz mezcla de intérpretes profesionales con personas de la calle, dotando a cada encuadre y detalle de la película una grandísima verosimilitud, que nos recuerda a una interesante e inteligente mezcla que va desde las mejores películas sociales del cine británico como las de Ken Loach, Mike Leigh y aquellas del “Free Cinema”, y esa mirada mordaz y crítica de las comedias de los estudios Ealling, que deslumbraron el mundo alrededor de los cincuenta y principios de los sesenta.
Kazakova y Mileva nos explican los conflictos que planean en su película de forma contundente, muy cercana y sin adornos de ningún tipo, todo lo que se cuenta tiene alma, tiene vida, y sobre todo, no tiene solución, porque las formas salvajes del neoliberalismo son así en cualquier parte del mundo, y las pobres gentes deben hacer frente a él, y raras veces consiguen algo. Pequeños milagros en Peckham St., que tiene el título original “El gato en la pared”, excelente metáfora de la vida de Irina y los demás vecinos, que se encuentran sin salida, enclaustrados en una pared que los ahoga por todos los lados. La película conjuga con frescura y sinceridad ese juego tragicómico que sirve para explicar una realidad durísima en un entorno muy cotidiano donde el humor negrísimo va contaminando las situaciones y los conflictos que se generan. Es una cinta que huye de cualquier atisbo de condescendencia y sentimentalismo hacia los personajes, sino todo lo contrario, mostrándonos personas reales, las que nos podemos cruzar cada día en una gran ciudad, con sus conflictos personales y sobre todo, sociales, con sus problemas cotidianos y la lucha diaria por sus ilusiones y esperanzas por una vida mejor.
Kazakova y Mileva han construido una película extraordinaria, desarrollando ese cine social, tan difícil de plasmar en la pantalla, sin caer en el panfleto y en los cutres temas de superación de muchas películas, aquí se cuenta una historia, una historia en la que también hay humor negro, porque dentro de cada drama siempre hay un resquicio de absurdo, como mencionaba el gran Chaplin: “Mirada de cerca, la vida es una tragedia, pero vista de lejos, parece una comedia”. Las cineastas búlgaras saben extraer todo el talante humano y social de una película que nos habla sin tapujos de un presente demoledor, donde el trabajo y la vivienda, pilares de la existencia, se ven abocados al desastre total, y a una forma consumista atroz y triste donde la humanidad, si es queda algo de ella, será testigo de las espeluznantes actividades de los poderosos, seres narcotizados por el dinero como una vía de generar riqueza a costa de muchas vidas e ilusiones de la gran mayoría. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Mireia Schröder, Carles Gorres y Amat Vallmajor, directores e intérprete de la película «Cineclub», en el marco del D’A Film Festival, en el Zumzeig Cinema en Barcelona, el domingo 2 de mayo de 2021.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Mireia Schröder, Carles Gorres y Amat Vallmajor, por su tiempo, generosidad y cariño.
“Cuando nuestros sueños se han cumplido es cuando comprendemos la riqueza de nuestra imaginación y la pobreza de la realidad”.
Ninon de Lenclos
Todos aquellos que hemos nacido en las décadas de los sesenta y setenta vivimos la euforia de las recreativas. Máquinas de diseño espectaculares, sonidos hipnóticos y pantallas que escupían videojuegos que atraían y nos mantenían pegados a ellas horas y horas. Los Space Invaders, los Pin-Ball, y demás se convertían en la diversión más amada de los chavales de los ochenta, rincones donde los sueños y las pesadillas se hacían realidad. En Arcadeología, la primera película de Mario-Paul Martínez, ilustrador, profesor de cine, y ahora cineasta, es un exhaustivo recorrido por las máquinas recreativas, y más especialmente los videojuegos Arcade, centrándose en un grupo de chiflados de Petrer (Alicante), que se reunieron y empezaron a buscar las máquinas para juntarlas y empezar a jugar con ellas. Nació la Asociación Arcade Vintage, y posteriormente un museo en Ibi, Alicante. Pero la película no solo se queda ahí, sino que documenta los testimonios de otros “locos del Arcade, como expertos en la materia, periodistas especializados, responsables de eventos vintage, y demás personalidades de la materia.
El documento viaja al pasado, el presente y analiza lo que puede ser el futuro. La introducción de los Arcade en España, su evolución y desaparición amontonando polvo en algún almacén olvidado. La película habla con los responsables de las primeras empresas españolas que hicieron videojuegos en España, con todo el movimiento retro que se realiza en la actualidad en nuestro país, y varios “locos” que hacen videojuegos con estética Arcade en la actualidad, y como no, hay espacio también para ver el lado oscuro del Arcade. La película de Martínez no solo habla de videojuegos y personas amantes de ellos, sino de la inmensa capacidad del ser humano de no solo llevar a cabo nuestros sueños, sino de todo el trabajo, el cooperativismo y la ilusión por devolver a aquellas máquinas de videojuegos de la infancia su lugar en el mundo, a través de la constancia, la paciencia y la labor del grupo.
Arcadeología no es solo una película para aquellos locos del videojuego, ni mucho menos, porque gustará también a todos aquellos, como el que suscribe, que no le atraían nada los videojuegos cuando era un chaval, porque tiene esa estructura de thriller, de búsqueda, de descubrimiento, de investigación, como las clásicas obras de detectives, en las que varios elementos actúan para llevar a cabo un sueño, o incuso de revelar un misterio, el de unas máquinas que se olvidaron, o ese increíble momento cuando se habla de la existencia de un juego del que nadie tiene constancia de si realmente existió, y unos soñadores consiguen ponerlo en marcha, pura ciencia-ficción. La película tiene ese lado didáctico, ya que el espectador que no tenga ni idea del tema, se irá informado sobre la cuestión, y aún más, se irá creyendo un poco más que los sueños pueden de tanto en tanto hacerse realidad, y sobre todo, lo que hay detrás de esos sueños, muchísima dedicación, un enorme trabajo y ayudarse y ayudar a los otros para crear un asociación que reviva al cadáver de los Arcade, los restaure y les devuelva su espacio en un mundo donde la tecnología avanza cada segundo, y todo queda antiguo en cuestión de pocos meses.
La película ha nacido con mucho esfuerzo de todos los implicados, del propio Mario-Paul Martínez, que además de coproducir junto a Miguel Herrero Herrero a través de Cinestesia, se creó una campaña de crowdfunding para encontrar la ansiada financiación. El resultado de la película es óptimo y muy interesante, porque no se dejan nada en el tintero, vemos de todo y de todos, el ayer, el ahora y lo que puede ser lo que vendrá, todos sus elementos tanto humanos como técnicos, todo ese mundo, submundo y demás que acoge a los videojuegos Arcade y demás, todo ese fenómeno vintage, todo ese pasado que está siendo muy presente, todo ese pasado devuelto a la actualidad, a la realidad de cada día, trabajando diariamente en ese sueño, en devolver a lo que fuimos, como menciona José María Litarte, Presidente y fundador de la Asociación Arcade Vintage, cuando explica lo que sintió cuando volvió a ver una máquina Arcade: “Qué ganas de volver a verte”. Con ese mismo espíritu de resucitar a los muertos Arcade y devolverles la vida, en la que muchos de esos locos trabajan en sus ratos libres para que los sueños se hagan despiertos que es cuando uno disfruta más de ellos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
«El valor es el resultado de un grandísimo miedo”.
Ferdinand Galiani
Cada temporada el cine español más comercial despacha unos cuantos títulos con el único propósito de entretener al personal. Suelen ser películas que obedecen a criterios muy comunes: rostros conocidos de las series televisivas más populares, comedietas o thrillers convencionales, con tramas sencillas y efectistas, y sobre todo, muy blanquitas, no vayan a molestar a los que mandan, y un gran interés en gustar a cuanto más público mejor. De vez en cuando, dentro de ese grupo de películas muy parecidas, salta la liebre y podemos encontrar alguna que otra película que, aun manteniendo ciertos aspectos de esa corriente muy comercial, se destapa decantándose por otro tipo de propuestas más elaboradas y construyendo comedias u otros géneros desde una posición más personal y enriquecedora. Operación Camarón es una de esas películas. A primera vista, con ese título que poco le favorece, pudiera parecer una más, pero no es el caso. Ya desde su inusual historia. A saber, el Sebas, un tipo que iba para niño prodigio del piano pero su terrible miedo escénico, aquel que tanto se refería el futbolista y luego entrenador Jorge Valdano, le ha llevado a ser un poli sin más, uno de esos aburridos que se pasa archivando el material incautado.
Pero las cosas no son nunca lo que parecen, y la policía, más específicamente la Brigada antinarcóticos encabeza por la temible Pepa, embarazada y con muy mala leche, anda detrás de un narco local. Un narco local, que nadie sabe quién es y le llaman “el fantasma”, y su mano derecha contrata a la banda de moda de las playas de Cádiz, “Los lolos”, un subidón de flamenco-trap, para que toque en la boda de la hija. Entre unas cosas y otras, deciden que el Sebas se infiltre en la banda como teclista y consiga información para detener a los narcos. De Carlos Therón (Salamanca, 1978), conocíamos su labor en la dirección a través de las series televisivas como Los hombres de Paco, El barco o la más reciente Reyes de la noche, entre muchas otras, un trabajo que ha compaginado con comedias comerciales más o menos interesantes como Fuga de cerebros2 (2011), su debut en el largometraje, y otras como Es por tu bien (2017) y Lo dejo cuando quiera (2019).
En Operación Camarón, remake de una exitosa película italiana, igual que Lo dejo cuando quiera, recluta a su pareja de guionistas de Es por tu bien, Manuel Burque (que ya conocíamos por su tándem con Leticia Dolera en Requisitos para ser una persona normal y la serie Vida perfecta), y Josep Gatell, fogueado en televisión. La pareja de guionistas consigue construir una comedia efectiva y divertidísima, con la dirección de Therón que imprime una aventura donde cabe de todo, polis, narcos, amor, acción, (des) encuentros, mucha música pegadiza, realizado por el músico gaditano Kiki Rivera, autor de los temas del grupo ficticio de “Los lolos”, amistad, peligro, y el miedo escénico del Sebas, en una historia que recuerda a la de “El patito feo” cruzada con el valor que le falta al león de “El mago de Oz”. Una cinematografía de un crack como Sergi Gallardo (que ha trabajado con Icíar Bollaín y Judit Colell, entre otros), y la estupenda edición de Carolina Martínez Urbina, que tiene películas con Amenábar en su filmografía.
Otro de los puntos fuertes de la película es su excelente plantel de intérpretes encabezados por un sorprendente y brillante Julián López, que aparte de su vis cómica, que ya conocíamos, se deja de pretender ser el gracioso de turno, para enfundarse en un actor como la copa de un pino, un actor lleno de recursos, natural y cómico, como los de los orígenes, al mejor estilo “slapstick”con sus trompadas y bobadas, y sus momentos más sensibles. Muy bien acompañado por una siempre magnífica Natalia de Molina, que se desenvuelve con mucho arte en cualquier género que se precie, el extraordinario Carlos Librado “El Nene”, como el carismático “Lolo”, el rey del flamenco-trap, con muchas tablas como cómico aquí con un traje de chulo del barrio con corazón, sus compinches Junalu y xisco González, como los compas de batallas del grupo, la convincente Miren Ibarguren, aquí jefa y preña, y con mu mala hostia, que era la tía dura que no dejaba indeferente de Lo dejo cuando quiera, y una retahíla de grandes actores y actrices como Julián Villagrán, que ya estuvo en Impávido, el segundo largo de Therón, Canco Rodríguez, Paco Tous, Antonio Dechent y Adelfa calvo.
Therón ha conseguido su mejor trabajo, su película más redonda y audaz, una irresistible comedia con lo mejor de las clásicas y lo más efervescente de la actualidad con su frescura. Una película que mezcla con astucia la comedia física y alocada, con el mejor thriller oscuro y duro, en la que los gags están completamente introducidos en la trama, siendo un elemento más, no como pegotes para ir armando la historia. En Operación Camarón todo se desenvuelve con ingenio y movimiento, donde los giros de la película sorprenden y resultan muy convincentes, en un relato sin tregua, con muchos personajes y lugares, que nos habla de muchas cosas, pero sobre todo, nos habla la emocionalidad del Sebas y su problema, un miedo que deberá vencer o acompañarse de él, para de esa manera impulsarse y que todo aquello que le hacía daño y lo paralizaba, le ayuda a mejorar y creerse todo lo que tiene en su interior, que no es poco, como demostrará en la película, desde su infiltración en el grupo como su gracia para la música y la amistad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Marina Gatell y Pablo Derqui, intérpretes de la película «Dos», de Mar Targarona, en el Cine Phenomena en Barcelona, el miércoles 14 de julio de 2021.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marina Gatell y Pablo Derqui, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Eva Herrero de Madavenue, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.