Retratos fantasma, de Kleber Mendonça Filho

LOS ESPACIOS DE LA MEMORIA. 

“Un edificio tiene dos vidas. La que imagina su creador y la vida que tiene. Y no siempre son iguales”. 

Rem Koolhaas

Hay ciudades totalmente conectadas con la filmografía de un cineasta. Hay casos muy notorios como Truffaut y París, Fellini y Roma, Woody Allen y New York, Almodóvar y Madrid, y muchos más. Ciudades que se convierten en un decorado esencial en el que los directores/as se nutren, generando un sinfín de ideas de ida y vuelta, en el que nunca llegamos a reconocer la realidad de la ficción. En el caso de Kleber Mendonça Filho (Recife, Pernambuco, Brasil, 1968), la ciudad de Recibe, al noreste del país sudamericano, se ha convertido en el paisaje de toda carrera, desde sus cortometrajes como Enjaulado (1997), Electrodoméstica (2005) y Recife Frío (2009), hasta sus largos como Sonidos de barrio (2012), Doña Clara (2016). El director brasileño ya había explorado la materia cinematográfica desde el documento como hizo en Crítico (2008), en el que investiga las difíciles relaciones entre cineastas y críticos, y Bacurau no Mapa (2019), que homenajea la extraordinaria película Bacurau, del mismo año, que codirigió junto a Juliano Dornelles.

Con Retratos fantasma nos ofrece un intenso y maravilloso viaje y nos invita a sumergirnos en los espacios urbanos de Recibe, rompiendo su relato en tres tramos que tienen mucho en común. Se abre con la casa de la calle Setúbal, la casa de su madre, convertida en su casa a la muerte de ésta. Un espacio que ha sido testigo de su vida, y su cine, donde ha servido de decorado en varias de sus películas. Luego, en el segundo segmento, se centra en los cines del centro de Recife, lugares de formación vital para el futuro cineasta, y por último, se detiene en la evolución de estos cines, ahora convertidos en lugares de culto, en los que cientos de evangelistas los han reconvertido en sus centros de religiosidad. Como anuncia su fabuloso prólogo, con esas fotografías que muestran el Recife de los sesenta, cuando la vorágine estúpida de construcciones desaforadas todavía no había hecho acto de presencia, Mendonça Filho mezcla de forma inteligente y eficaz las imágenes de archivo, ya sean fotografías o películas filmadas, tanto domésticas, de documentación, o de la ficción de sus películas, en un acto de relaciones infinitas, donde vemos la ficción en relación a su realidad, donde la película se convierte en un interesantísimo ensayo cinematográfico. 

Narrada por el propio director, en que hace un profundo recorrido por la arquitectura de su vida, y lo digo, porque va de lo más íntimo y cercano, empezando por su hogar, pasando por los cines, y terminando por lo más exterior y alejado, como esos centros evangelistas que han copado la ciudad. A partir de los espacios y lugares urbanos, el cineasta recifense traza también un maravilloso estudio sobre la sociedad de su país, tanto a nivel cultural, económico, político y social, en el que vamos conociendo los espacios de la ciudad, a partir de los movimientos políticos del país, y las diferentes maneras de ocio y diversión de los habitantes. Sin olvidar, eso sí, todos los fantasmas y espectros que van quedando por el camino, olvidados y expulsados de ese progreso enfermizo y psicótico que impone un ritmo desenfrenado de cambios y movimientos de las ciudades en pos del pelotazo económico y demás barbaridades. Acompañan al realizador pernambucano dos fenómenos como el cinematógrafo Pedro Sotero, con el que ha hecho cuatro películas juntos, amén de trabajar con interesantes cineastas brasileños como Gabriel Mascaro, Felipe Barbosa y Daniel Aragâo, entre otros, que consigue una formidable fusión del archivo, en multitud de formatos y texturas, con las nuevas imágenes, que estructuran este intenso viaje a Recife, y por ende, a la transformación del cine como acto colectivo y social hacía otra cosa, también colectiva, muy diferente. Tenemos a Matheus Farias, con dos películas juntos, que disecciona con maestría el diferente origen de las imágenes, y los continuos viajes al pasado y al presente, en este potente caleidoscopio, donde sus 93 minutos no saben a muy poco, y nos encantaría quedarnos en ese Recife cinematográfico, donde el tiempo, el espacio y demás, viven en uno sólo, donde todo vibra de forma muy sólida y atractiva para el espectador. 

No se pierdan Retratos fantasma, de Kleber Mendonça Filho, porque no sólo hace un recorrido personal e íntimo sobre su infancia, adolescencia y juventud en su casa y en sus cines, y todos sus objetos, pérdidas y ausencias, sino que también, nos pone en cuestión como cambian nuestros lugares, nuestro pasado y sobre todo, nuestra memoria, ese espacio lleno de fragilidad y tan vulnerable continuamente amenazado por el llamado progreso, que no es otra cosa que las ansías estúpidas de una sociedad trastornada que prima el dinero y lo material en pos de una vida más sencilla, más de verdad y más humana. Sin ser una política abiertamente política, es una película política, porque habla del pasado, de sus fantasmas, y ahora convertidos en otra especie de espectros, eso sí, que va de la mano a ese tsunami de extrema derecha del país con la llegada de Bolsonaro y esa fiebre de religiosidad, con tantas y tantas iglesias evangelistas que lo único que buscan es volver a un pasado muy oscuro y violento. Los fantasmas que habla la película, quizás, sigue habitando en el archivo, en esa memoria que nos habla de los espacios, en unos espacios pensados para otros menesteres, y como explica la película, en lugares donde la realidad se fusiona con la ficción, y hacía el mundo mucho mejor, y a sus espectador, mejores, no cabe duda. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Efhtymia Zymvragaki

Entrevista a Efthymia Zymvragraki, directora de la película «Ara la llum cau vertical», en la Plaça de les Caramelles en Barcelona, el sábado 4 de noviembre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Efhtymia Zymvragaki, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

Entrevista a David Trueba

Entrevista a David Trueba, director de la película «Saben aquell», en la terraza del Hotel Zenit en Barcelona, el lunes 23 de octubre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a David Trueba, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque y Ainhoa Pernaute de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Carolina Yuste

Entrevista a Carolina Yuste, actriz de la película «Saben aquell», de David Trueba, en la terraza del Hotel Zenit en Barcelona, el lunes 23 de octubre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carolina Yuste, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque y Ainhoa Pernaute de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Gerard Jofra

Entrevista a Gerard Jofra, hijo del humorista Eugenio y autor de las novelas «Eugenio» y «Saben aquell que diu», sobre la película «Saben aquell», de David Trueba, en la terraza del Hotel Zenit en Barcelona, el lunes 23 de octubre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Gerard Jofra, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque y Ainhoa Pernaute de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Adiós, queridos haters, de Hanka Nobis

EL PESO DEL ODIO. 

“El odio es muy fácil. El amor requiere de valentía”. 

Hannah Harrington

La primera imagen que vemos de la película es la de Antek, su protagonista, un joven polaco de sólo 20 años, tallando con un hacha una cruz en un árbol con mucho esfuerzo y sudando la gota gorda, rodeado de un grupo de amigos. Inmediatamente después, el grupo rodea la citada cruz y siguiendo a Antek, que ejerce de líder, comienzan a rezar de forma intensa y apasionada. La naturaleza y el grupo definen mucho la vida de Antek, que ha crecido en una familia de extrema derecha y muy religiosa. La existencia de Antek es eso y nada más, un círculo cerrado y vicioso, en la que también se incluyen actividades como pertenecer a “La Fraternidad”, donde celebran su cristianismo, su celibato, su homofobia y su Polonia blanca. La película Adiós, queridos haters, con el título original de Polish Prayers (traducido como “Oraciones polacas”), habla de la creciente religiosidad del país presidido por Andrzej Duda con su partido “Ley y Justicia”, que aboga por un país de derechas, conservador y tremendamente religioso, en el que no cabe otra forma de actividad e idea. 

La directora Hanka Nobis (Bialystok, Polonia, 1990), que ha trabajado tanto en cine como en teatro, al lado de nombres como los de Jacek Poniedziatek, Anna Smolar, Pawel Lozinski, Markus Ohrn, entre otros, debuta en el largometraje con el documental Adiós, queridos haters, que no es un retrato al uso, sino que va más allá, porque habla de Antek, alguien atrapado en su familia y la fraternidad de amigos, explica la existencia de alguien que nunca ha juzgado a los suyos, ni se ha planteado otra cosa que seguir el camino marcado sin cuestionarlo. Pero, he aquí la cuestión, Antek conoce a una chica de la que se enamora, una mujer que es diferente a él, alguien que respeta a los demás y se plantea las cosas desde la reflexión profunda, intentando ser la persona que quiere ser y no dejándose influenciar por las ideas reaccionarias. La cineasta polaca demuestra una madurez y síntesis asombrosas, porque explica su película de forma sutil, sencilla y muy honesta, sin caer en las superficialidades, ni en los torpes juicios de otros y otras, en su relato hay verdad e intimidad, nada es baladí, todo se cuenta desde la firmeza de tener un material potente y muy incómodo, situando al espectador en el centro de la trama, mostrando lo que ocurre y no interviniendo más que lo necesario, sin guiar ni conducir al público, dejando que la audiencia mire, juzgue y sienta. 

La cinematografía de Milosz Kasiura ayuda a crear esa atmósfera intensa y cargada por la que se mueve el joven protagonista, y sobre todo, cuando le asalta las dudas, las contradicciones y empieza a mearse en ese espejo donde ya no se reconoce, o también podríamos decir, en el espejo donde ve las oscuridades que todavía no se había atrevido a ver. Un montaje preciso y rítmico que firma el dúo Bigna Tomschin y Olivia Frey,  lleva el relato por un universo donde abundan las sombras y los (des) encuentros nada complacientes en una película que se va a unos estupendos y poderosos 83 minutos de metraje. Nobis traza un retrato certero y lleno de fuerza de la Polonia actual, pero no lo hace desde el lado de la complacencia, sino desde el otro lado, desde el espacio de la maldad, el odio y el poder. Y no lo hace desde ese poder oculto de señores de traje que manejan el dinero y todo lo demás, sino lo que hace desde un joven soldado, un chaval de 20 años, que está posicionado y relaciones con ese odio atroz, pero tampoco se queda ahí, porque la película está concebida desde la verdad y la transparencia de un personaje que tiene dudas, que se plantea lo que nunca se había planteado, y desde la pausa y la tranquilidad.

La cineasta polaca sitúa la cámara y el encuadre desde la distancia perfecta en el que muestra sin juzgar, en la que enseña respetando la intimidad de la persona, con cercanía pero sin demasiado lejanía que distorsione para un lado o el otro la historia que quiere contarnos con veracidad y honestidad. Adiós, queridos haters, de Hanka Nobis, debería ser de obligada visión en todos los institutos del mundo consumista, para que los jóvenes pudiesen ser testigos y reflexionar sobre los valores de muchas personas de este continente llamado Europa, que en su teoría tiene buenas intenciones, pero en la práctica se mueve a partir de valores demasiado tradicionales y conservadores, que atentan contra la libertad de colectivos como los de LGTBIQ+ e inmigrantes y demás que abogan por un mundo más libre, democrático, y sobre todo, de verdad, todo aquellos valores con los que Europa soñó una vez y que a medida que ha ido avanzando el tiempo, poco a poco se han ido reduciendo en pos a la riqueza económica y el individualismo depredador, que acuñó hace poco David Trueba. En fin, vean la película y sobre todo, la recomienden, porque así su mensaje de amor y respeto llegará más lejos y con más fuerza, que ese es la idea de este cine, un cine que nos hable de lo que pasa y lo haga con seriedad, desde la verdad y con muchos puntos de vista y miradas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Saben aquell, de David Trueba

LA MUJER QUE AMÓ A EUGENIO.

“¿El humor? No sé lo que es el humor. En realidad cualquier cosa graciosa, por ejemplo, una tragedia. Da igual”.

Buster Keaton

Desde que fuera uno de los guionistas de aquella delicia que fue Amo tu cama rica (1991), de Emilio Martínez-Lázaro, el humor ha sido una de los palos mayores en la carrera de David Trueba (Madrid, 1969), pero no un humor chabacano y grosero, de chiste fácil, nada de eso. El humor del menor de los Trueba es irónico, inteligente, socarrón y muy crítico, un humor azconiano, una forma de enfrentarse con risas a la tragedia de la vida. Fue con su segunda película, la injustamente vapuleada Obra maestra (2000), en la que ofrecía una visión dura y triste de la soledad del artista, y de aquellos otros, más bufones, que pretendían serlo. Con trece largometrajes, un buen puñado de series, novelas, ensayos y guiones para otros, encontramos tres ficciones basadas en personajes reales. La primera, Soldados de Salamina (2003), basada en la novela homónima de Javier Cercas que hablaba de la peripecia de Rafael Sánchez Mazas durante la Guerra Civil. Diez años después, llegó Vivir es fácil con los ojos cerrados, sobre la aventura de Antonio, un maestro de inglés que quería conocer a John Lennon en la España gris de los sesenta. Ahora, una década después, otra vez, llega otro personaje real, el humorista Eugenio (1941-2001), que se autodenominaba como “Intérprete de cuentos”, un hombre de humor que fue uno de los reyes de la risa en las décadas del ochenta y noventa. 

El relato se centra en trece años, los que van del 1967 hasta 1980, el tiempo en que Eugenio Jofra dejó de ser joyero y se convirtió en un incipiente artista de la “Nova Cançó”, primero, y luego, en el genio que todos recordamos. A partir de una sublime y fidedigna reconstrucción de la época, llena de detalles, donde no hay nada que chirríe y exista ese decorado demasiado edulcorado y preciosista, en Saben aquell no hay nada de eso, sino todo lo contrario. El acertadísimo y revelador título de la película, que era la frase con la que Eugenio empezaba su repertorio, y el período elegido para contarnos la historia que narra, basada en los libros Eugenio y Saben aquell que diu, ambos de Gerard Jofra, primogénito del artista, apoyándose en un guion que firman Albert Espinosa, de sobra conocido por su faceta en el teatro, en la novela y en el cine, y el propio Trueba, en la que nos cuentan en aquella España grisácea y triste, como la que contaba Vivir es fácil… , pero ahora en Barcelona, en la que el joven veinteañero Eugenio conoce a Conchita, una joven que quiere hacerse un hueco en el mundo de la música con su guitarra y canciones. El amor los junta y empiezan a cantar con más dificultades que éxito. 

La película profundiza en el hombre y en su faceta más íntima y desconocida, antes del fenómeno Eugenio, y lo hace desde la intimidad y la cotidianidad, sin sobresaltos ni estridencias argumentales, de forma lineal, con pausa y con atención, consiguiendo atraparnos a los espectadores a partir de una naturalidad y transparencia. Los que vimos el documental Eugenio (2018), de Jordi Rovira y Xavier Baig, ya sabíamos los pormenores de esos difíciles comienzos en el mundo del espectáculo, pero no entra en conflicto con Saben aquell, y no lo hace, porque la trama se mueve entre dos líneas bien definidas: la historia de amor de Eugenio y Conchita, y sus complicados caminos en el mundo de la cançó, y por otro lado, la historia del país que estaba a punto de el cambio, con la muerte del dictador y los primeros años de la democracia en aquella transición dura y compleja. En ese sentido, la película podría haberse llamado Conchita, como ocurría en Doctor Zhivago (1965), de David Lean, en que Lara, la mujer del citado matasanos, se convertía en la alma mater de la vida del protagonista. En Saben aquell, la cosa va por el mismo estilo, porque conocemos a Conchita, una mujer fuerte, valiente y enamorada, que creía en el talento de Eugenio, en su peculiar voz, que mezclaba el catalán y el castellano, en su don de gentes, y sobre todo, en el personaje de negro que creó, contando sus cuentos de forma tan peculiar, imperturbable, seria, su cubata, su tabaco y el gesto inconfundible, y sobre todo, el cariño que le profesó un público atónito con un tipo triste pero que les hacía reír a carcajadas. 

Una luz claroscura que encuadra de forma precisa y a conciencia cada espacio y cada personaje, en un gran trabajo de cinematografía de Sergi Vilanova Claudín, que ha trabajado en documental, ficción con Calparsoro y Sánchez-Arévalo, y en series con Berto Romero. El brillante y rítmico montaje de Marta Velasco, una crack con más de cuarenta películas a sus espaldas con Jonás Trueba, Carlos Vermut y Fernando Trueba, entre otros, en la sexta colaboración con David. Y qué decir de la exquisita y envolvente música de una fenómena como la trompetista Andrea Motis, que ya compuso la banda sonora del documental El sueño de Sigena. Qué decir de su maravilloso reparto, muy heterogéneo que como es habitual en David, funciona muy bien sin alardes, con la mayor sencillez y cercanía posibles. Tenemos a Ramón Fontseré en el rol de dueño de la sala donde actúan los protagonistas, en su tercera película con Trueba, después de las citadas de personajes reales, Pedro Casablanc como manager de Eugenio, con esa fuerza y voz derrochante, Marina Salas es la hermana de Eugenio, Matilde Muñiz y Quimet Pla son los padres del artista, la bailaora Cristina Hoyos hace de madre de Conchita. Después nos encontramos con variados y sorprendentes cameos que van, por no desvelar todos, los de Ignacio Martínez de Pisón, Anna Alarcón, que ya estuvo en A este lado del mundo, Paco Plaza y Mónica Randall, que interpretan a figuras muy populares y a ellos mismos. 

Hemos dejado para el final a los dos tótems de la película: un David Verdaguer en la piel de Eugenio, que no lo imita, es él, convenciendo sin abrir la boca, con ese gesto, esa ceja arriba y esa pose de la sombra del caballero de la triste figura, o alguno de esos personajes tan anodinos e invisibles que hacía el genial Keaton. Hace de  alguien que tuvo que lidiar con su carácter extremadamente  introvertido y gran timidez para contar sus cuentos. Verdaguer demuestra para que ellos que todavía lo dudaban, ser uno de los más grandes intérpretes de su tiempo, consiguiendo lo más difícil, ser el artista y sobre todo, el hombre triste que había detrás, con su seriedad, sus noches sin fin, sus ausencias, y sobre todo, su mundo interior que era todo lo contrario del personaje que tuvo que interpretar encima de un escenario. Para el personaje de Conchita, tenemos a Carolina Yuste, que es ella, sin poses ni imitaciones, con su belleza, frescura, inteligencia y encantadora, reflejando esa fuerza avasalladora que era, y que hizo no sólo a Eugenio, sino que domó a la fiera interior que era Eugeni Jofra Bafalluy y le sacó todo aquello que tenía, creyó en él, porque era una mujer que creía en el amor y en la felicidad de la persona que tenía al lado.  

Por favor, no se fien si leen o escuchan por ahí que la película sobre Eugenio es así o asa, porque se estarán perdiendo una experiencia sumamente enriquecedora, porque Saben aquell, una de las mejores películas de David Trueba, con permiso de La buena vida, la mencionada Soldados de Salamina y Madrid 1987, es una obra que  les habla desde la “verdad”, desde la misma verdad que mira al personaje y a la persona que se escondía tras las cortinas, o cuando acaba el show y se ponía a charlar, fumar y beber con sus allegados y demás. Y no sólo eso, también conocerán su entorno, su espacio más íntimo, su lado más invisible, y a Conchita, una mujer que fue clave en su vida y significó todo lo que fue y lo que es, en su maravillosa y envolvente historia de amor, de las de verdad, no las otras. Estamos frente a una película que es más que eso, es una parte de la crónica de nuestro país, de aquellos que nos hacían reír, que buena falta nos hacía y nos hace, y conocer lo que había detrás, un tipo que fue intérprete de cuentos, como decía él, muy a su pesar, como casi todas las cosas bonitas que nos suceden en la vida, por casualidad, y totalmente por azar, que conozcamos a alguien y todo cambie, y para siempre. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Samir Guesmi y Rachid Bouchareb

Entrevista a Samir Guesmi y Rachid Bouchareb, actor y director de la película «Nos frangins», en el marco del Ohlalà Festival de Cinema Francòfon de Barcelona, en el Hotel Majestic, el lunes 6 de marzo de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Samir Guesmi y Rachid Bouchareb, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo Óscar Fernández Orengo, por retratarnos con tanto talento, y a Mélody Brechet-Gleizes, Ana-Belén Fernández y Martin Samper  de la comunicación del Festival, por la traducción, su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Besos negros, de Alejandro Naranjo

EL DIABLO EN EL AMOR. 

“El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda”.

Umberto Eco

El año pasado, también de la mano de Begin Again Films, se estrenó El rezador (2021), de Tito Jara. Una película que abordaba la extraña relación entre la familia de una niña con visiones de la Virgen María y un estafador que vendía fe. La película colombiana ponía de manifiesto la extrema devoción por la fe del país sudamericano. Nuevamente de Colombia, nos llega una película que también aborda la fe en Dios, pero ahora lo hace desde otros puntos de pista, en el que conoceremos a cuatro individuos que tienen formas muy peculiares de acercarse a Dios y a su fe. La cosa va sobre un predicador, el monseñor Andrés Tirado, que ha creado su propia iglesia, y en la que hace exorcismos, entre muchos de ellos, a Gladys Rodríguez, que cree estar poseída por un ser maligno. Por otra parte, tenemos a Edgar Kerval, un famoso ocultista ferviente admirador de Lucifer, que prepara la boda con su chico Rick Nekro, veinticinco años menor. 

A medio camino entre el documental de retrato y testimonial, y la ficción en que prevalece el drama más íntimo y el terror psicológico, la segunda película de Alejandro Naranjo (Bogotá, Colombia, 1985), después del interesante documento La selva inflada (2015), donde abordaba el suicido de los jóvenes indígenas sometidos al materialismo del hombre blanco.  Filmada con un detallista y denso blanco y negro, donde abundan las sombras y las figuras a contra luz, en un gran trabajo de cinematografía con formato 16:9, que firma el propio Naranjo, así como el montaje al que le acompaña el cineasta Omar Al Abdul Razzak, del que vimos hace poco la interesante Matar cangrejos, en un film muy pausado y complejo, en el que se aborda la cotidianidad sin estridencias ni esteticismos vacuos, en una trama que se va a los breves 70 minutos. Producida por el colectivo DirtyMacDocs, del que forma parte Alejandro Naranjo, el mencionado Razzak a través de Tourmalet Films, y Rodrigo Dimaté, están detrás de una producción independiente que hace un cine que mira a sus personajes de un modo humano y nada complaciente, escarbando sus necesidades, fortalezas y sobre todo, sus debilidades y sus posicionamientos respecto al amor. 

La trama nos muestra a un cura que sobreprotege su entorno hasta límites difíciles de entender, abocado a una vida dedicada en exceso a sus feligreses que le piden ayuda, y a su familia, que acoge con demasiadas ataduras. Gladys Rodríguez es una mujer que todavía está anclada, muy a su pesar, a su divorcio, obsesionada con su ex, al que acusa de magia negra contra ella, y a una vida de sujeción de la que no puede liberarse, y por eso, le pide ayuda al Monseñor. Después están Edgar y Rick, que deben lidiar con su amor y las necesidades ocultistas de Edgar, y los conflictos de estar enamorado. Besos negros, acertado título que define muy bien el estado emocional de los cuatro individuos que protagonizan la película, se mueve a partir del tema del maligno, del Diablo, pero si nos detenemos y miramos con más profundidad a sus fascinantes imágenes, podemos reflexionar sobre el tema que sobrevuela por toda la película, y no es otro que el amor, su fragilidad, y sus múltiples formas y miradas de acercarse a él, o simplemente, sentirlo, que hay muchas maneras y quizás, ninguna la más acertada, porque cuando nos enamoramos, o creemos estar enamorados, que lleva consigo la necesidad imperiosa de sentirse de algo o alguien, lleva consigo una vulnerabilidad emocional asfixiante, nada bien gestionada, porque saca lo mejor, pero también lo peor de todos nosotros. 

Seguramente, la misión más difícil de la existencia es saber amar con humanidad, respeto y dignidad, y sobre todo, aceptar ser amados o amadas, porque en eso también nos equivocamos con facilidad, porque queremos sentirnos amados, pero no de verdad y cómo mandan las circunstancias, sino como deseamos, que nos lleva a estar en conflicto con los demás y con nosotros mismos, desconociendo la verdadera naturaleza del amor y lo que significa amar y ser amado. Besos negros, de Alejandro Naranjo es una película seria y bien concebida, porque no alimenta falsas esperanzas, tanto en su contenido como en su forma, que huye del esteticismo y la falsa verdad, que tanto venden otros y otras, tiene ese blanco y negro, algo sucio, ínitmo y “real”, y me refiero a real a esa forma que mira sin manipular en exceso, como lo hacía películas como Agarrando pueblo (1977), de Luis Ospina y Carlos Mayolo, y La perdición de los hombres (2000), de Arturo Ripstein, en las que se mostraban unos hechos y unas circunstancias, pero desde la mirada del que observa con mimo y honestidad, sin caer en trampas moralistas ni ese positivismo de libro de autoayuda. Vean sin prejuicios ni discursos buenistas una película como Besos negros, de Alejandro Naranjo, porque caerán en todo aquello que la película escapa, en la mirada del que cree saber como deben vivir, relacionarse y sentir todos aquellos que piensan, viven y sienten diferente, no caigan en eso, por favor, miren, aprendan y sobre todo, sientan, lo que sea, peor con humildad, respeto y amor hacia los demás y a ustedes mismos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Jaione Camborda

Entrevista a Jaione Camborda, directora de la película «O corno», en el Hotel Sunotel Aston en Barcelona, el jueves 19 de octubre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jaione Camborda, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA