La revolución silenciosa, de Lars Kraume

UN GESTO POLÍTICO.

No hay ningún gesto inocente, cualquier gesto, por ínfimo que sea, siempre esconde otra intención, y en algunos casos, una intención mayor, porque ese gesto pretendidamente inocente, tiene dos situaciones completamente diferentes, una, el propio gesto en sí, y el otro, aún mayor, el escenario elegido, el lugar donde se perpetran los hechos, que provoca que ese gesto inocente alcance dimensiones políticas de primer orden, porque el gesto en sí se convierte en un acto de protesta contra algo o alguien, y el contexto histórico del momento, será el que finalmente elija las consecuencias políticas de ese gesto. El nuevo trabajo de Lars Kraume (Chieti, Italia, 1973) se enmarca en un escenario político, como su celebrada película El caso Fritz Bauer (2015) en que el Fiscal General trabajaba en detener criminales nazis en la Alemania de los cincuenta, con especial dedicación a la localización de Adolf Eichmann. El cineasta alemán se inspira en la novela autobiográfica La revolución silenciosa, escrita por Dietrich Garstka (uno de los alumnos protagonista de los hechos reales) para volver a los cincuenta, y más concretamente al 1956, a la Alemania del Este, la conocida RDA, donde un grupo de alumnos de último curso escuchan en una radio clandestina y prohibida, la RIAS (la emisora de la Alemania del Oeste) los terribles acontecimientos de Hungría, cuando la población se levantó contra el invasor soviético, hechos que produjo unas represalias terribles en el que murieron 25000 y provocó el exilio de unos 250000 más. Los alumnos de último curso, ante estos hechos, se comprometen a realizar un minuto de silencio en mitad de una clase, en solidaridad con los húngaros. Este gesto en principio inocente, provoca un cisma político que llega a los dirigentes de la RDA, que emprenden una exhaustiva investigación para aclarar los hechos ocurridos.

Kraume nos sitúa en una atmósfera política de primer orden, en el que nos sumergimos en un país quebrado y dividido, con los acontecimientos cercanos del levantamiento del 53, donde se respira una agitación política entre sus ciudadanos (para muestra el significativo arranque de la película, en el que los dos protagonistas pasan al otro lado para visitar la tumba del abuelo nazi de uno de ellos). Estamos ante una película de corte político, un thriller de grandísima tensión y fuerza, con nervio y objetiva, explorando todos las posiciones que se explican en la película, una de ellas, el poder de la información mediante la propaganda, ahora llamada “fake news”, donde tantos unos como otros, la utilizan para sus propios beneficios, manipulando a sus ciudadanos y agitándolos hacia el lado que más les convenga, y sobre todo, el miedo en el que conviven unos alumnos y sus familias, adeptos al nuevo régimen, y esa mirada inquisidora y oculta del pasado nazi, donde unos y otros, tienen mucha culpa que tapar, como explicaba Borges en su célebre cuento Tema del traidor y héroe, donde daba buena cuenta de las múltiples interpretaciones del pasado, sus protagonistas y los hechos ocurridos.

Kraume ha hecho una película magnífica, brutal y de grandes hechuras, donde sus jóvenes protagonistas, sin quererlo, se enfrentan al aparato del estado, que elimina cualquier atisbo de resistencia, sean del origen y naturaleza que sea, convirtiéndose en enemigos del estado, en aquella Alemania rota, todavía sin muro, que será construido cinco años después de estos hechos, pero en la que podemos alumbrar ese ambiente social y político que se palpaba en cada rincón del país, en el interior de los hogares, en las casas apartadas de aquellos resistentes silenciosos (como el tío de uno de los alumnos, aquel que no se habla con nadie, el apartado, el apestado, el que piensa diferente) o en los pasillos y clases de un instituto, donde seguir las reglas y las obligaciones te convierten en uno de ellos, y no en un enemigo al que hay que eliminar.

Kraume da buena cuenta de todos los puntos de vista de los personajes, sin caer en el maniqueísmo de ciertas películas de índole político, donde hay unos buenos, y otros que son malísimos, aquí, nos cuentan las argucias de unos y otros, y todos salen mal parados, donde la definición de libertad acaba siendo un estado de ánimo, muy personal, muy alejado de lo que proponen los respectivos estados. El director teutón combina un excelente reparto en el que sobresalen los jóvenes protagonistas que dan vida a los alumnos, Tom Gramenz, Leonard Scheicher, Jonas Dassler y Lena Klenk, entre otros, bien mezclados por los intérpretes adultos, Jördis Triebel, Ronald Zehrfeld o Florian Lukas… Kraume nos sumerge en años de oscuridad, años de terror, años de miedo, a través de unos estudiantes valientes y de coraje, que pensaron en la solidaridad y el compañerismo, y en el grupo, como arma contra el estado, sin estudiar sus consecuencias, y sobre todo, el ejemplo de lucha y resistencia política como única arma del ciudadano contra la injusticia ya sea del ideario político del estado, porque sea de donde venga, el ciudadano siempre se verá encadenado a aceptar las reglas de los estados, privándolos de su vida, su tiempo y sus ideas, y claudicando a las reglas impuestas.

Al otro lado del muro, de Christian Schwochow

al-otro-lado-del-muroLA LIBERTAD VIGILADA

Desde la aparición en el 2006 de La vida de los otros, de Florian Henckel von Donnersmarck, otros cineastas jóvenes han planteado sus películas abordando temas y situaciones de cómo era la vida cotidiana de los habitantes de la RDA. En el año 2012, Christian Petzold con Bárbara, y la pareja Georg Maas y Judith Kaufman en Dos vidas, retrataron aquellos años duros y oscuros de la Alemania del este. Ahora, se suma a esta terna el cineasta Christian Schowochow, nacido en la RDA en 1978, que junto a su madre, Heide Schowochow, escribieron el guión basándose en la novela Lagerfeuer, de Julia Franck. La tercera película dirigida por el realizador arranca con Nelly Snef, una mujer joven y atractiva, que huye de la RDA junto a su hijo Alexej. Ambos llegan a la Alemania del oeste y son internados en un centro de acogida hasta que sean capaces de regularizar su situación.

Entre 1949 y 1990 abandonaron la RDA aproximadamente unas cuatro millones de personas para empezar una nueva vida occidental. Nelly y su hijo Alexej escapan para deshacerse de recuerdos, para olvidar, como dice Nelly. Su vida en la RDA, que siempre la conoceremos en off, se ha convertido en un infierno, Wassilij, su marido, soviético de nacimiento, ha muerto en un accidente, y la Stasi, servicio secreto del este, no la ha dejado en paz,  y Nelly ha tomado la decisión de traspasar el muro e iniciar una nueva vida de cero. Pero, si había dejado el este huyendo de la persecución estatal, en el oeste se tropieza con el servicio secreto aliado, con los agentes estadounidenses al frente, que también quieren saber cosas sobre su ex marido fallecido. La atosigan a preguntas, retienen sus documentos para obtener información de su pasado en el este. Nelly y su hijo, se sienten perseguidos y espiados constantemente, las dificultades con las que tiene que lidiar a diario se alejan considerablemente de la idea que tenía de Alemania del oeste, de un país libre y democrático. Nelly encontrará apoyos con otros refugiados que esperan con esperanza que la maldita burocracia les deje respirar y así tener una vida mejor. Algunos de los internos se debaten en volver a la RDA o seguir en el centro esperanzados en salir de allí con un trabajo. Tiempo de tránsito y de amargura en la que Nelly y su hijo encontrarán ayuda y comprensión en Hans, un interno que lleva dos años en el centro, y muchos sospechan que se trata de un espía de la RDA. Ante estas hostilidades, la fuerza y la lucha constante de la joven serán necesarias para seguir en pie y no desfallecer en ningún momento.

Película contundente y sobria, que realiza un retrato realista y crítico con la forma de gestionar la llegada del inmigrante (problema tristemente de actualidad) y sobre todo, la actitud fascista de los gobiernos, presumiblemente demócratas hacía los recién llegados. Una cinta cruda y fascinante a la vez, que goza de la hermosísima interpretación de Jördis Triebel, que aporta a su personaje toda la desnudez (en algunos casos de la trama completamente explícita) y la complejidad de un personaje que arranca derrumbado pero que a medida que avanza la película se destapará y empezará a decir no, a ponerse en pie y que se respete su decisión de olvidar y no conocer la verdad, dejando atrás un pasado que pertenece a la RDA, y no quiere que nada ni nadie le quite el sueño de seguir luchando por una vida mejor en paz y tranquila.