“No importa lo duro que trabajes aquí en Filipinas, nunca vas a ganar el mismo dinero que limpiando váteres en el extranjero”.
La primera imagen que vemos en una película tiene una importancia primordial en el desarrollo del relato. Una primera imagen que definirá tanto el contenido como la forma de dicha obra. La primera imagen que vemos de Overseas (que se traduciría como “de ultramar”), vemos en un plano fijo, en silencio, a una joven filipina, de rodillas, mientras limpia un váter. En cierto momento, comienza a llorar desconsoladamente, sin dejar de seguir con su tarea. Sin recurrir a ningún diálogo, la directora Sung-A Yoon (Seúl, Corea del Sur, 1977), nos explica que sienten las llamadas OFW (Overseas Filipino Workers), mujeres filipinas que marchan al extranjero a trabajar como empleadas del hogar. La cineasta francesa, nacida en Corea, y afincada en Bruselas, debutó en el largometraje con el documental Full Of Missing Links (2012), en la que emprendía una búsqueda de su padre, ausente desde su infancia, que la llevó por muchos certámenes internacionales. Ahora, nos habla desde la intimidad y la sensibilidad, de un grupo de mujeres filipinas, mientras se preparan en un centro de formación para trabajar en el extranjero. A modo de diario, la película nos muestra varias de estas mujeres, sus actividades de formación, sus formas de comportarse a la hora de trabajar y tratar a sus futuros empleadores, asistimos a las representaciones de su futura cotidianidad, en la que hacen tanto de criadas como amas, trabajando las situaciones a las que deberán enfrentarse, como posibles abusos, maltratos y demás vejaciones.
Seguiremos la cotidianidad formativa de un grupo de mujeres a las que conoceremos y escucharemos, como hablan de la familia que dejarán por algunos años, de la falta de oportunidades en Filipinas, de los miedos e inseguridades que las acechan, de enfrentarse a una vida en el extranjero y solas, sin nadie que las ayude o las socorra, de las tremendas dificultades de las exhaustas jornadas laborales a las que serán sometidas, y a no rendirse jamás para ayudar a su familia. La directora sur coreana-francesa nos brinda la oportunidad de testimoniar estas sesiones de preparación, de conocer su interior y sus sentimientos, sus desconsolados llantos al dejar a sus familias y enfrentarse a un mundo hostil, que hablan en otro idioma, y además, el aura de servidumbre y pobreza que las persigue, empleos esclavizados en que el mundo privilegiado y dominante explota al resto del mundo, a aquellos que siglos de colonización y abusos económicos, sociales y culturales, los han abocado a una realidad de inmigración y desarraigo.
Overseas lanza una mirada crítica, durísima y de denuncia, ante la situación de vulnerabilidad y abusos que viven estas mujeres, aunque la película también muestra un lado más amable, desde el humor negro y las situaciones surrealistas que viven cuando cambian su rol y hacen de ama, y es cuando las risas y la relajación afloran en unas mujeres, que algunas ya han vivido y sufrido la experiencia de trabajo en el extranjero, y otras, se preparan para vivirlo por primera vez. En la película escuchamos los idiomas originarios de las mujeres, como el talago e ilongo, y también, el inglés, el idioma del trabajo en el extranjero, el que hablan sus “amos”, que vivirán en Corea del Sur, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, etc…, todos ellos países donde el neoliberalismo acomodado explota sin compasión a todos aquellos que llegan con la ilusión de mejorar sus vidas, algunas mujeres se encuentran jefes amables y comprensivos, pero otras, se tropiezan con seres abusadores, explotadores y malvados.
Sung-A Yoon no solo ha construido una película inteligente y conmovedora, sino también, un retrato humanista y honesto, en el que no lo visibiliza el trabajo y el sacrificio de todas estas mujeres, según cálculos oficiales, se trata de unas 10 millones de trabajadoras filipinas que cada año se van a trabajar como empleadas en el extranjero. Overseas nos muestra quienes hay detrás de estas cifras económicas, quienes son realmente, que sienten y sobre todo, sus humildes y cotidianas existencias, en una película que se desarrolla íntegramente en las cuatro paredes del centro de formación, con ese precioso epílogo que seguro emocionará a los espectadores, porque como nos viene a decir la película, en las vidas de estas mujeres hay muchas más cosas a parte del trabajo, la servidumbre y la explotación a laque son sometidas en el extranjero, también, hay vida y sentimientos, aunque estos no se vean, y haya que sumergirse para mostrarlos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Mi querida señorita Gloria, Los robots no son personas. Ellos son mecánicamente más perfecto que nosotros, tienen una capacidad intelectual asombrosa, pero no tienen alma”.
Karel Capek
El recordado y célebre monólogo del androide Nexus-6, que cerraba Blade Runner, de Ridley Scott, basada en la novela de Philip K. Dick (1928-1982), ponía en cuestión un conflicto esencial en la relación entre humanos y máquinas, el robot se desataba con un discurso humanista, que mencionaba lo efímero de la existencia y el vago recuerdo de nuestro paso por la vida. El alma, la conciencia y saber quién eres, resultan condiciones humanas, pero que ocurriría si los robots pudiesen desarrollar esas emociones, ¿En qué consistirían nuestras relaciones con las máquinas?, ¿Y éticamente, cómo gestionaríamos semejante condición? Preguntas que están sobre la mesa, y más, cuando en pocos años, la inteligencia artifical en forma de infinidad de robots, se está convirtiendo en un elemento cotidiano en nuestras sociedades, cada vez un hecho muy visible, en un futuro de ahora, en que humanos y máquinas humanoides, compartiremos trabajo, sociedad y mucho más.
La directora Isa Willinger (Múnich, Alemania, 1980), ha construido una película que va más allá de la simple fascinación por la máquina, y se adentra en el elemento esencial de nuestra relación con los robots, el alma de estos robots humanoides que, poco a poco, se están instalando en nuestras vidas y nuestras sociedades, en muchos casos, eliminando puestos de trabajo que ocupan ellos, y en otros, ayudándonos, como ocurre en la película con el robot “Pepper”, que llega a una casa en Japón, donde ayudará a la abuela Sakurai con su demencia, aunque resulta ser muy despistado, o a Chuk, un estadounidense que adquiere a Harmony, una fembot, como compañera y dejar su soledad. La película indaga en la ética y la moral que supone la creación de estos robots, y todos los límites que deberían existir entre humanos y máquinas, y sobre todo, todas las contradicciones que emergen entre a nivel humano y ético, y cómo se gestionarán las futuras consecuencias de la convivencia entre humanos y robots humanoides.
Seremos testigos de las relaciones de Pepper y Harmony con sus humanos, y también, escucharemos a expertos en robótica, ética, filosofía y demás áreas competentes, que dialogarán y emitirán sus declaraciones sobre el tema. La directora alemana que ha trabajado en diversos temas como género, social, derechos humanos o el oficio del cine, nos sumerge en un documento interesante y ejemplar, indagando en todos los temas que surgen ante el avance de la robótica y su implantación en nuestras vidas cotidianas, explorando todos los puntos de vista, y sus complejidades, consiguiendo un vehículo fascinante e inquietante sobre cada uno de los aspectos que filma. Escuchamos múltiples opiniones, a favor y en contra, y vemos la construcción de los robots, y a sus creadores, y también, los vemos interactuando con los humanos, o aquellos que nos dan la bienvenida a centros comerciales, parques temáticos o empresas. Veremos las relaciones, no siempre sencillas, entre humanos y máquinas, y observamos las diferentes formas de los robots y las necesidades humanas, en las que la máquina viene a sustituir el trabajo, el amor y demás elementos de nuestras vidas.
Philip K. Dick, no imaginó un futuro distópico, donde humanos y máquinas luchaban entre sí, sino una realidad que está a la vuelta de la esquina, la de un mundo en el que los hombres crean a las máquinas no para cubrir sus necesidades, sino a hombres que crearon a las máquinas para dominar a otros hombres, y olvidaron lo más importante, que las máquinas, cada vez más sofisticadas y a imagen y semejanza de los humanos, huyeron de los creadores y con la experiencia de la interacción con los humanos, empezaron a desarrollar emociones humanas, y entonces, fue cuando pudieron dominar a los hombres, ya que ellos seguían ambicionando poder y riqueza, y los robots, por el contrario, ambicionar algo que los humanos olvidaron hace mucho tiempo, vivir y ser felices. Hi, A.I., título original de la película de Willinger, se acerca mucho a esa idea de domino y autodestrucción del ser humano que, utiliza la ciencia para ir más lejos, olvidándose que todo lo bueno siempre lo ha tenido a su alcance, la humanidad de ver al otro, la comprensión y al fraternidad entre unos y otros, y los robots, solo vendrán a sustituir esas emociones, no a llenarlas y sobre todo, a producir seres felices, sino, a seres sin tiempo para pensar, y sobre todo, mucho más infelices. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Nicole Costa, directora de la película «El viaje de Monalisa», en la terraza del Mamajuana Bar en Barcelona, el viernes 9 de octubre de 2020.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nicole Costa, por su tiempo, generosidad y cariño.
Entrevista a Pedro Ballesteros, director de la película «¿Puedes oírme?», en el parque Pompeu Fabra en Badalona, el lunes 5 de octubre de 2020.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pedro Ballesteros, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Teresa Pascual de Good Movies, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.
Entrevista a Ventura Durall, director de la película «La nova escola», en las oficinas de Nanouk Films en Barcelona, el lunes 28 de septiembre de 2020.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ventura Durall, por su tiempo, generosidad y cariño.
“Aunque no viva en mi tierra, mi tierra vive en mí”
En Promises (2001), de Justine Shapiro, B. Z. Goldberg y Carlos Bolado, nos situaban en un campo de refugiados palestinos, un asentamiento israelí en Cisjordania, y Jerusalén, en el que un grupo de niños palestinos e israelíes testimoniaban su cruda cotidianidad, con una entereza, inteligencia y esperanza el eterno conflicto entre los dos países. La directora Diana Naser, jordana con raíces palestinas, emprende un camino parecido, dando voz a los niños, en encabezados por Marwa, siria y exiliada, que vive junto a su familia en el campo Zaatari, en Jordania. Naser, que ha trabajado en películas de Fatih Akin y Anais Barbeau-Lavalere, y ha enfocado su trabajo en los conflictos palestinos, a través de una mirada honesta e íntima, explicando el humanismo y la complejidad que encierran estos relatos. La mirada de la cineasta jordana se dirige a la vida y la de documentar la cotidianidad de unos refugiados lejos de su vida y tierra, y coloca la cámara, como hacía Ozu con sus personajes, a la altura de la mirada de Marwa, sus hermanos y los otros niños que pululan por el campo, siguiendo con una gran honestidad sus quehaceres diarios como los trabajos domésticos, la escuela, los juegos, los conflictos entre hermanos, o ese otro mundo, el de los adultos, que los más pequeños de la casa, entienden y ayudan en todo lo que pueden.
Asistimos a la vida en condiciones infrahumanas, donde la realidad del campo, amurallado y con barrotes, los exiliados son prisioneros de su condición de refugiado, como esos magníficos travellings, en el interior del automóvil, donde la directora deja clara esa vida aislada y encarcelada, o esos maravillosos y aterradores momentos, donde la familia, a través de una video llamada, hablan con el hermano que lucha por la liberación de Siria, y les muestra a su recién nacido. Naser filma la vida, los Tiny Souls (esas «Almas pequeñas», que ha referencia el título original), capturando todos esos momentos que se mezclan, pasando del horror a la esperanza en cuestión de segundos. La directora captura con gran criterio y fuerza, la situación de inestabilidad en la que viven Marwa y su familia, siguiendo su existencia durante cuatro años, los que van desde el año 2012 al 2016, filmándolos en el campo de refugiados, luego, en un piso de Ammán, la capital de Jordania, para más tarde, volverlos a filmar nuevamente en el campo de refugiados, y finalmente, perderles la pista después de su viaje forzoso a la frontera siria, cuando acusan al hermano mayor de pertenencia a los islamistas radicales.
La situación que nos muestra la película es dura, áspera y difícil, pero la mirada inocente y fresca de los niños, lo cambia todo, impregnando la película de ilusión y esperanza, donde no cabe desánimo y derrota, sino todo lo contrario, una bandera de libertad, de resistencia, de alegrías y juegos, centrándose en la figura de Marwa, con sus once años, en la que vemos in situ, su proceso de la infancia a la adolescencia, con sus primeros amores, sus aventuras que no serán del gusto materno, y todos esos cambios, tanto físicos como mentales, que sufrimos cualquier persona durante ese período, bajo el contexto de alguien que ha dejado su país en guerra, que ha presenciado demasiados horrores, y sueña con volver un día a su tierra en paz. La voz en off de la directora aparece en ciertos momentos, para ir articulando el film-diario de Marwa y su familia, y el suyo propio, el de la cineasta en busca de su personaje, y sobre todo, en filmar a una niña que vive en esa situación extrema, y añadiendo su propia experiencia, con su padre, que también fue un exiliado años atrás, cuando ella tenía la misma edad que Marwa.
Estamos frente a una crónica de los hechos, bajo la mirada de una niña de once años, que nos evoca, indudablemente, al Diario de Ana Frank, escrito por una niña con trece años, que evoca también, un exilio, este interior, en el que Ana y su familia se escondieron en el desván. Naser huye de cualquier atisbo de sentimentalismo, ni nada que se le parezca, por el contrario, opta por la verdad que destila cada plano de su película, mostrando la realidad del campo, el desanimo que produce vivir tan lejos de casa, con esa esperanza de algún día volver a casa, como la magnífica secuencia, en la que Marwa y un grupo de niños en corrillo, explican sus sueños, en los que la niña siria explica uno muy poética, en la que convertida en una paloma, se celebra un día de fiesta en su pueblo, en la que incide en ese estado de libertad y alegría que tanto caracteriza el carácter de Marwa, para después la cámara abandona el grupo y muestra la realidad triste y sucia del campo, donde Naser nos muestra como la mirada de una niña de once años puede romper cualquier barrera u obstáculo en el que viva, filmando todo ese proceso que abarca cuatro años, cuando Marwa, con quince años, mira a la cámara, convertida ya en una adolescente que sigue soñando, ahora con otras cosas, pero eso sí, sin olvidar ese regreso soñado, volviendo a ese pasado, a la Siria antes de la guerra, donde las cosas respiraban armonía y felicidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Debemos mantener un equilibrio entre nuestras necesidades y las necesidades del prójimo”.
Andrew Matthews
Una mujer de unos cincuenta años largos, camina decidida a través de un prado rodeado de montañas escarpadas. Sube una de ellas, y se enfila hasta un camino al borde de un precipicio, se detiene y tras destapar una roca, descubre un panal de abejas, extrae la mitad, y vuelve a cubrirlo con la roca, como si de un tesoro se tratase. Ese detalle, aunque parezca insignificante, es crucial para la vida de Hatidze Muratova, una mujer turca que vive en una aldea remota y abandonada, junto a su madre anciana y enferma. Un detalle que equilibra toda su existencia, dedicada a la apicultura, a la fabricación de una miel rica y única, que después vende en los mercados de Skopje (Macedonia del Norte). Ella coge lo que necesita y deja el resto a las abejas, para de esa manera seguir manteniendo la producción y sobre todo, no desequilibrar a las abejas, las productoras de esa miel convertida en riqueza. Pero, todo ese equilibrio entre necesidades humanas, y naturaleza, se rompe con la llegada al pueblo de una familia nómada turca, encabezada por el patriarca Hussein, su mujer y sus siete hijos pequeños, cargados con su ganado y sus grandes necesidades. En un primer momento, la armonía parece reinar entre Hatidze y los recién llegados, hay una cooperación y fraternidad, pero pronto todo se resquebraja, cuando Hussein ve en la miel una forma de ganar mucho dinero, rompiendo así el equilibrio, cuando aumenta su producción, que afectará a las colmenas de Hatidze, que le ha instado a mantener ese equilibrio de mitad y mitad.
Ljubomir Sefanov (Skopje, 1975) es un cineasta que lleva dos décadas haciendo películas sobre medio ambiente y desarrollo humano, haciendo hincapié en los problemas que derivan las malas praxis de producción y sostenibilidad. Junto a lTamara Kotevska (Prilep, Macedonia del Norte, 1993), ya rodaron el mediometraje Lake of Apples (2017), en la que se centraban en el lago Prespa, uno de los lagos más antiguos de agua dulce, que alberga más de 2000 especies de plantas y animales, pero la pesca desmesurada ha provocado desequilibrios, y un par de científicos investigas sus causas y buscan soluciones para mantener ese equilibrio natural. Ahora, el tándem de directores vuelve a la naturaleza, trasladándonos a una remota y perdida aldea en mitad de las montañas de los Balcanes, mostrando la existencia sencilla y frágil de una señora que vive para sus abejas y la miel, consiguiendo un producto artesanal de gran valor alimentario, que tendrá que luchar contra las ansias de dinero de Hussein, alguien de fuera, alguien inconsciente del peligro que significa aumentar la producción de miel y dejar a las abejas sin el rico manjar.
Los directores macedonios capturan la naturalidad y la humanidad que desprende un personaje como Hatidze, a través de una armoniosa y limpieza visual, que no solo enriquece la imagen, sino que desprenden vida y verdad, gracias al inmenso trabajo de los cinematógrafos Fejmi Daut y Samir Ljuma, con unos impecables encuadres que consiguen mostrarnos toda esa belleza pictórica que desprenden la tierra, la luz y los extensos parajes solitarios y hermosos de la región donde reside la mujer de la miel, una mujer en perpetuo movimiento, en continuo caminar realizando acciones, ya sean laborales, domésticas, comerciales, cuidadoras y fraternas, como esos momentos conmovedores con su madre anciana, la fraternidad y alegría que muestra con los vecinos y sus hijos, con canciones y cuentos, animando a la chavalería, y en otro contexto, más solitario, cuando ella se recoge en su hogar con sus pensamientos, escuchamos sus propias reflexiones sobre la vida, la juventud perdida, el presente continuo y ese futuro incierto, en el que Hatidze no sabe si podrá mantener su estilo de vida.
Stefanov y Kotevska recogen el intenso aroma de la vida y trabajo tradicional que hacía en sus películas Raymond Depardon, en la mejor tradición del cine de los orígenes, como construían Flaherty o Grierson, en que la cámara documenta lo que está ocurriendo, sin subrayar ni mediar, solo estando y capturando la vida, la verdad que destila, convirtiéndose en un testigo que da fe a lo que allí sucede, observando a sus personas y elementos, interfiriendo lo mínimo posible, manteniendo ese equilibrio entre humanos y naturaleza, básico para la sostenibilidad de todos. Una película sobre la vida, el amor propio y ajeno, sobre lo humano y lo divino, en la que la mirada de Rossellini o Kiarostami, en su humanismo más íntimo y personal. Un relato sobre el trabajo como medio de vida, no como fin, y también, sobre las necesidades básicas, tanto de unos como de otros, y las dificultades que se originan cuando alguien, motivado por sus deseos desmesurados de codicia y avaricia, no asume los peligros de una actitud incorrecta, y genera un conflicto de consecuencias impredecibles. Hatidze no es un personaje más, es alguien sencillo y humilde, de pocas palabras, de firme disposición y recta en su trabajo, cogiendo aquello que necesita y dejando aquello para seguir consiguiendo miel, y a la postre, mantener su forma de vida, respetando su trabajo, el equilibrio de las abejas, y manteniéndose firme en sus convicciones y en su manera de relacionarse con la naturaleza y todos aquellos elementos que la componen. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Seguimos, desde el sofá de casa descubriendo películas de la sección PANORAMA, con la propuesta de VIVOS, de Ai Weiwei. El artista y activista chino vuelve a posar su mirada crítica y reflexiva sobre los conflictos humanos, sociales y políticas de nuestro tiempo, después de su aplaudido trabajo en Marea humana (2017) en la que se centraba en el drama de miles de refugiados y desplazados alrededor del mundo. Ahora, su objetivo son las comunidades indígenas de campesinos mexicanos con el caso de Iguala, cuando en septiembre de 2014, un grupo de estudiantes fueron atacados por las fuerzas policiales y asaltantes encapuchados con el resultado de seis asesinatos, un grupo de heridos muy graves y 43 desaparecidos. El cineasta chino coloca la cámara delante de sus familiares, indígenas y humildes, que siguen en la búsqueda de sus hijos, amigos y familiares, dejando en nula la llamada “Verdad histórica”, con que el gobierno intentó enterrar el caso. Una obra magnífica, contundente y humanista, que retrata a un grupo de personas en busca de justicia y dignidad en un país azotada por la corrupción y la violencia endémica. WINTER JOURNEY, de Anders Ostergaard. La última aparición en el cine del gran Bruno Ganz nos traslada a la convulsa Alemania de los años 30, a través de una asociación cultural judía que servía como propaganda nazi, en la piel de George Goldsmith, un joven flautista judía y su esposa, testigo de la subida al poder de Hitler, el estallido de la Segunda Guerra Mundial, su huida de Alemania y su vida en Arizona. El director danés especialista en retratos de figuras de su país, se basa en el libro de Martin, hijo de George, para construir un documento entre lo real y lo ficticio, a través de un dispositivo sencillo en el que un hijo, al que nunca vemos, dialoga con su padre para que le desvele el pasado atroz que vivió, aportando imágenes de archivo, otras ficcionadas, y sobre todo, haciendo hincapié en el aspecto psicológico, en un relato emocionante e inquietante que habla de tantos judíos atrapados en el terror nazi, en el que se mezcla el tiempo, la música y la empatía con el otro como valor humano.
ADVOCATE, de Rachel Leah Jones y Philippe Bellaiche. La figura humanista de la abogada israelí Lea Tsemel es retratada desde la intimidad y la honestidad, revelando una trayectoria a favor de los derechos humanos y defendiendo desde hace cinco décadas a palestinos acusados por el gobierno de Israel. Conoceremos sus métodos, su lucha, su activismo y sus razones humanitarias en contra de la ocupación israelí y la defensa de sus casos, en concreto dos de ellos, el de un menor acusado de apuñalamiento frustrado y una mujer acusada de intento de asesinato. Leah Jones, estadounidense, y especializada en el conflicto palestino-israelí, firma junto a su director de fotografía Bellaiche, un magnífico y contundente relato sobre la injusticia, en el que destacan el carácter y la fortaleza indomables de una mujer que lucha contra viento y marea contra la represión del estado de Israel, una mujer que cree en la justicia y acusa a su gobierno de la injusta ocupación contra la población palestina. FAITH, de Valentina Pedecini. En el corazón de Italia, en una casa en mitad alejada de todos y todo, se concentran un grupo de guerreros y guerreras que conviven mientras se preparan para combatir el mal cuando llegue a la Tierra. A través de un poderoso blanco y negro y una intimidad desgarradora, la directora italiana nos habla de fe, de comunidad y cooperación filmando a un grupo de seres humanos hipnotizados por la fe religiosa, y los vemos haciendo sus ceremonias, dejándose llevar por música electrónica, sus extenuantes entrenamientos de artes marciales, y la convivencia entre unos y otros, en un documento sincero y transparente que no juzga a sus personajes y aquello que hacen, sino que muestra de manera cercana y sincera a unas personas, y deja que los espectadores tomen su partido.
OVERSEAS, de Sung-A Yoon. La directora francesa nacida en Corea del Sur, nos convoca a una película contundente y desgarradora sobre las empleadas domésticas filipinas que son contratadas en el extranjero para trabar lejos de sus familias y solas, y en muchas ocasiones, reciben un trato inhumano y vejatorio. La película retrata a un grupo de ellas que se preparan en un curso simulando los trabajos que realizarán, y muchas de las situaciones en las que se encontrarán en las casas de sus señores. Entre el humor negro y la denuncia social, Sung-A Yoon hace un retrato honesto e íntimo de la identidad de estas mujeres, muchas con cargas familiares y la exposición en la que viven, enviadas como esclavas para servir a ricos extranjeros que les pagan miseria, pero que en sus países empobrecidos les hace demasiada falta. THE MAGIC LIFE OF V, de Tonislav Hristov. Sexto documental del director búlgaro afincado en Finlandia, en la que sigue a Veera, y su hermano mayor, con discapacidad intelectual, dos jóvenes en proceso psicológico debido a un padre alcohólico y maltratador. La joven finesa descarga todos sus miedos y dramas en un personaje inventado, algo así como una especie de heroína que es su alter ego en los juegos de rol que practica asiduamente. Una película familiar, pequeña, íntima y sensible que indaga en cómo afrontamos el presente cuando arrastramos un pasado oscuro y doloroso, y todas aquellas herramientas que usamos para sentirnos mejor y de esa forma luchar contra aquello que no queremos ser, y defendernos de todo aquello que nos hace daño, desde una perspectiva sincera, mostrando la complejidad de los procesos de superación, en la que se deja de estridencias ni juicios morales.
Cerré la sección PANORMA con la película que clausuró esta edición online del DOCSBARCELONA, la cinta FORMAN VS. FORMAN, de Helena Trestíkova y Jakub Hejna. Trestíkova, una de las más grandes documentalistas checas se alía junto a Hejna, uno de sus editores más estrechos, para retratar la figura del cineasta checo Milos Forman, relatada en primera persona desde su nacimiento en un pequeño pueblo, la muerte de sus padres en manos de los nazis, sus estudios en la escuela de cine, sus primeras películas checas que se convirtieron en internacionales, su exilio a EE.UU., su difícil y precaria adaptación al modelo de vida estadounidense, sus películas, su vida más personal y familiar, sus ideas políticas sobre el comunismo, el capitalismo y sobre la existencia en general, hacen de la película un grandísimo fresco sobre el siglo XX, sobre la creación artística, y sobre todo, las circunstancias vitales, afortunadas o desgraciadas, que nos van definiendo nuestro carácter y aquello que deseamos y somos. De la sección LATITUD me detuve en la película SUSPENSIÓN, de Simón Uribe. En plena selva amazónica, al sur de Colombia, entre los pequeños pueblos de Pasto y Mocoa, nos encontramos una carretera conocida como “El trampolín de la muerte”, por las innumerables víctimas mortales que ha ocasionado, debido a su peligrosidad y sus continuos aludes de tierra en época de lluvias. A través de un ingeniero recorremos los lugares, hablamos con sus habitantes, y reflexionamos sobre la faraónica obra del gobierno por construir una variante sobre el escarpado terreno que quedó parada por las dificultades geográficas y demás problemas del gobierno, ahora convertida en un esqueleto inútil en mitad de la nada. La primera película de Uribe nos habla, en un tono intimista y transparente, del olvido de las autoridades a las zonas rurales y campesinas, la naturaleza reclamando lo suyo, y sobre todo, la soberbia humana que cree poder cambiarlo todo y rara vez es así.
ZONA ÁRIDA, de Fernanda Pessoa. Segundo trabajo de la cineasta brasileña en el que se convierte en una mirada al pasado, a la niña de 15 años que aterrizó en Mesa (Arizona) como estudiante de intercambio a pocos meses del 11-S. Quince años más tarde, Pessoa vuelve a los mismos escenarios y en un diálogo interno, se encuentra con algunas de las personas que conoció años atrás, y realiza un brutal y magnífico retrato sobre los valores tradiciones y conservadores del lugar, definido como el más conservador de los EE.UU., y desmitifica su viaje, y el estilo de vida estadounidense, lleno de imperfecciones, adictos a las armas, de racismo y xenofobia, en el que construyen muros para preservar esa forma de vivir que aparta al otro. Un viaje íntimo y sincero que destapa la idea de una niña de quince años respecto a ese mundo fantasioso que reflejan en las películas, que nada tiene que ver con una realidad cruda, cerrada y llena de prejuicios frente a los demás. EL VIAJE DE MONALISA, de Nicole Costa. A partir del reencuentro de la directora chilena Costa y su antiguo compañero de clases de teatro Iván Monalisa, un inmigrante indocumentado que lleva 17 años viviendo en Nueva York de la prostitución y su alter ego “Monalisa”, nacido de la búsqueda de su identidad definida por ella como “Doble espíritu”. La película hace un retrato íntimo y honesto de una alma que se construye cada día, contando en primera persona su trabajo como prostituta, su adicción a las drogas, sus performances como “Monalisa”, y su talentosa faceta como escritora describiendo casi dos décadas de las noches oscuras y perversas de Nueva York. Una obra intensa, profunda y magnífica que nos habla de todos aquellos espíritus libres y rompedores que viven su vida como la sienten y son capaces de luchar contra todo para conseguirlo.
LA NOVA ESCOLA, de Ventura Durall. El director barcelonés filma tanto documento como ficción indistintamente, en la que aborda las relaciones personales desde ámbitos profundos y sinceros, como en esta ocasión con el tema de la educación, siguiendo la revolución de la llamada Escola Nova 21, una iniciativa para transformar los métodos educativos y encaminarlos hacia un aprendizaje competencial. Durall sigue con su cámara los tres años de este proceso a través del testimonio de sus impulsores, sus iniciativas, mostrándonos también el desarrollo de las clases, y escuchando a expertos en la materia, y una película que habla de educación, de sociedad, de relaciones humanas y sobre todo, de cambiar un sistema educativo caduco e inservible, llevándolo hacia una educación moderna, libre y más cercana a las aptitudes de los alumnos y sus necesidades. De la sección WHAT THE DOC descubrí la película IL VARCO, de Michele Manzolini y Federico Ferrone. Los directores italianos, interesados en el documental con vocación histórica, como ya hicieron en Train to Moscow (2013) vuelven al pasado histórico, en este caso el de la Segunda Guerra Mundial, contando el trayecto de un soldado italiano que viaja de su país hasta Ucrania para luchar contra los soviéticos ayudando a los nazis. Imágenes poéticas de archivo del viaje y la llegada a Ucrania, nos sumergen en la locura de la guerra, la muerte y destrucción de un lugar, que setenta años después, continua siendo un lugar devastado y deshumanizado por la presente guerra contra Rusia. Un relato lleno de amargura y soledad que muestra el componente humano desde un prisma íntimo y sincero, dejando al descubierto el miedo, la necesidad de huir y sobre todo, la falsa idea del heroísmo y demás engaños.
De las SESSIONS ESPECIALS tenía pendiente la película CONSTEL.LACIÓ COMELADE, de Lluís Ortas Pau. Retrato íntimo y honesto del especial y mágico músico francés Pascal Comelade, en el que se muestra su lado más personal y oculto, sus procesos de creación y búsqueda artística, recurriendo a entrevistas con él, imágenes de actuaciones y grabaciones, y testimonios de sus más allegados como el dibujante Max, el pintor Miquel Barceló, y otros músicos como Pau Riba o Jaume Sisa, entre otros. El cineasta balear, que ya había trabajado en una película sobre Barceló, deja que la figura única e introspectiva del músico llene la pantalla a través de su música y su personalidad, en un viaje profundo e intenso sobre la música, la interpretación, el arte como forma única de expresar y expresarse ante los demás, y sobre todo, un trayecto sobre la magia de crear y sentirse libre y apasionado por la incesante búsqueda de encontrar aquello invisible y hacerlo visible de manera peculiar, personal e íntima. SALKA, EN LA TIERRA DE NADIE, de Xavi Herrero. La zona llamada “Tierra de nadie”, ubicada entre Mauritana y el Sahara occidental es el lugar testigo de este viaje de más de 1400 km por el desierto a bordo de un tren, siguiendo los pasos de la Salka, una joven disfrazada de hombre que ha decido inmigrar. A través de un paisaje distópico, abrumador, vasto y lleno de peligros, hacemos un viaje por lugares inhóspitos y vacíos, donde la vida resulta muy difícil, acompañándonos el incesante ruido del tren sobre las vías del tren. El director catalán aborda la inmigración, el empobrecimiento de Mauritania, uno de los países más pobres del mundo, a través de un documento que se mueve entre la poesía, la belleza del desierto y también, la pobreza y la desesperación de muchos para buscar vidas dignas y humanas.
THAT WHICH DOES NOT KILL, de Alexe Poukine. La directora francesa cuenta el doloroso proceso de las violaciones en entornos de confianza, a través del relato en primera persona de Ada, una joven de 19 años que sufrió tres violaciones en una semana de un amigo, contado a través de diferentes voces femeninas, que lentamente se convertirán en las protagonistas del relato de Ada contando los suyos propios. Una película muy potente y profunda, a través de un marco sobrio y desnudo, que indaga en este tipo de violaciones silenciadas y muy dolorosas, porque se producen en entornos domésticos, donde los abusadores son conocidos, en la que destapa sin victimizar a las mujeres, una realidad llena de trastornos, culpa, vergüenza y demás emociones difíciles de digerir y sobrellevar. Hasta aquí mi camino por el DOCSBARCELONA 2020 en esta edición especial online a través de la plataforma Filmin, que ha vuelto a llenarlos, los salones en este caso, de buen cine, cine que muestra realidades inquietas, arraigadas, doloridas, reivindicativas, amargas, feministas, cotidianas, ocultas y silenciadas por unos medios dominados por el capital, y conocer esas realidades nos aleja de la comodidad capitalista, y nos agita, nos despierta y nos devuelve la mirada del otro, llenándonos de sentimientos que nos hacen sentirnos más llenos de vida y algo más felices. Para finalizar, expresar mi enorme agradecimiento al equipo del festival, ya que en estas circunstancias tan raras, se haya podido llevar a cabo esta edición online a través de la imperdible plataforma Filmin. Hasta la edición del año que viene!!! Muchas Gracias por todo DOCSBARCELONA 2020!!! JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Pues como dice usted no pensábamos que iba a salir todo lo que ha salido. Han salido muchas cosas… que yo pienso que si no sirven para la obra, van a servir para quien las ha dicho y las ha hablado, y se ha descargado de esto”
Cachada, en El Salvador, se relaciona a una oportunidad única, a algo que no volverá a pasar. Cinco mujeres Magaly, Magda, Ruth, Chileno y Wendy, con pasados traumáticos debido a violaciones y violencia de género, después de pasar por un taller de teatro, reunieron fuerzas y valentía y guiadas por la actriz y profesora Egly Larreynaga, se convierten en un grupo de teatro en el que interpretan sus propias experiencias en un proceso catártico, liberador y sanador. La directora Marlén Viñayo (León, 1987) residente en el país latinoamericano desde el 2013, conoció a este grupo de mujeres y empezó a filmarlas, el resultado es Cachada, un viaje donde conoceremos las vidas de estas cinco mujeres, a través de su quehacer diario con sus empleos como vendedoras ambulantes, la relación con sus hijos, y su trabajo como actrices explicando a la cámara sus horribles pasados y aprovechando todas esas experiencias para interpretarlas en la escena y convertir su dolor y trauma en material de ficción para el teatro.
Viñayo hace su puesta de largo con una película valiente y necesaria, mirando de manera honesta una realidad sucia y dolorosa, sumergiéndose en la intimidad y la cercanía de unas mujeres que abren su vida y su corazón a los demás, ayudando y ayudándose para paliar su sufrimiento a través del teatro. La cámara las sigue por dentro y por fuera, mediante capítulos en los que se les da voz y rostro a cada una de ellas, siguiendo el proceso teatral y sobre todo, el proceso interior de cada una de ellas para mostrar su dolor y sanarlo mediante el arte y la compañía de las demás. Un retrato profundo y sincero desde lo más cotidiano, desde el alma que nos abren estas cinco mujeres, víctimas del machismo imperante en El Salvador, uno de los países con las tasas más altas de homicidios donde el aborto esta castigo con grandes penas por ley, situación que obliga a muchas mujeres a parir hijos en condiciones laborales pésimas y graves problemas de subsistencia.
La película no solo se detiene en la pobreza y las dificultades para salir delante de estas mujeres solas con sus hijos, sino que abre más ventanas, mostrándonos el trabajo diario de estas cinco valientes para seguir en pie, enfrentarse a sus miedos y dolores, y sobre todo, sanarlos y liberarse de tanto dolor, experimentando un proceso extremadamente doloroso y difícil, pero completamente necesario para ellas para mirarse al espejo y romper el círculo vicioso de violencia, aprendiendo diariamente en sus empleos, en el complejo rol de la maternidad y darles una educación muy diferente a sus hijos de la que recibieron ellas. Cachada recoge el aroma de el arte como forma de liberación y terapia para sanar el dolor de nuestro interior, insistiendo en la necesidad vital de las artes como forma de relacionarse con uno mismo y los demás, en la que Teatro de guerra, de Lola Arias, otra película sudamericana, en concreto de Argentina, sería una especie de espejo en la que mirarse, en la que a través del teatro se escenifican los recuerdos y los traumas de algunos soldados veteranos que participaron en la guerra de las Malvinas.
Viñayo nos sumerge de forma natural y tranquila en la realidad de estas cinco mujeres, componiendo un retrato lleno de vida, humanidad y esperanza para estas cinco almas que han dado un puñetazo en la conciencia y se han propuesto mirar al dolor para sanar, para reconstruirse una vez más y tantas veces hagan falta. La cineasta residente en El Salvador ha construido una película muy emocionante, llena de energía y magnífica, colocando su mirada a aquellas mujeres invisibles que nadie mira, mujeres azotadas por la violencia sistemática de países olvidados y con múltiples problemas sociales, económicos y culturales, profundizando en cinco vidas que seguirán vivas en nuestra memoria, las Magaly, Magda, Ruth, Chileno y Wendy, respiran, sienten, ríen, lloran, juegan y sufren durante los 82 minutos de la película, mostrándolo todo su interior y abriendo sus emociones en canal, sin estridencias ni sentimentalismos, de manera sincera y profunda, sin máscaras ni imposiciones, dejándose llevar por la mirada y la cámara de Viñayo.
La directora leonesa debuta de forma magnífica en el cine, ejecutando una película con alma y vital, que emocionará a todos aquellos espectadores que no solo quieran descubrir una realidad social oscura y violenta, sino que hay otras formas de vida en esos países, que hay otras formas de enfrentarse a esa oscuridad traumática y violenta, que existen mujeres que cada día se levantan al amanecer, levantan y visten a su hijos, y los llevan al colegio, los cuidan y protegen, y luego acuden a la calle a vender sus productos para sacarse unos dólares para sobrevivir, y además, aún les queda tiempo para acudir a una sala a ensayar una obra de teatro que habla sobre ellas y sus miedos y dolores, aquello que no las deja vivir, pero que mediante el arte y la fraternidad de sus compañeras, ya han dejado el suelo, se han levantado y se han puesto de pie para seguir combatiendo, y si vuelven a caerse, volverán a ponerse de pie y otra vez en la lucha. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Algunos periodistas no aceptaban su papel allí como observadores. Se involucraban mucho en los hechos”
Heidi Rinke, periodista
La muerte de su primo Chris Würtenberg, de 27 años de edad, en enero de 1992 cerca de Vukovar (Croacia) dejó sin referentes a Anja Kofmel (Lugano, Suiza, 1982) que contaba apenas 9 años. Con la desaparición de Chris moría su amigo del alma, su primo favorito, su hermano mayor. La muerte de Chris fue el tema de Chrigi, un cortometraje de animación que fue trabajo de final de carrera. Veinticinco años después, Anja, ya convertida en una cineasta, vuelve a los escenarios de la guerra de los Balcanes (1991-1995) para rastrear las huellas de su primo, aquel joven suizo que dejó su pacifico país para documentar la guerra como reportero. Kofmel se reúne con aquellos que conocieron a Chris, su hermano y sus padres, otros reporteros que compartieron vivencias en la guerra, incluso va más allá, encontrándose frente a un mercenario de guerra que compartió fatigas con Chris, y con el ex terrorista Carlos “El Chacal”. Todos esos encuentros van formando un caleidoscopio humano muy complejo sobre la personalidad de Chris, alguien que en cierto momento, dejó el periodismo para enrolarse en el PIV (Primer Pelotón de Voluntarios Internacionales) un grupo paramilitar fundado por Eduardo Rózsa-Flores, otro periodista, para combatir al ejército serbo-croata apoyado por el Ejército Popular de Yugoslavia.
Kofmel traza un periplo complicado en el que recopila toda la información disponible, volviendo a los lugares donde estuvo su primo, rastreándola incluso debajo de las piedras, recogiendo todos los testimonios de aquellos que trataron a Chris, encontrando las razones de cómo alguien dejó su oficio de narrar los hechos para pasar a la acción y enrolarse en un grupo militar que tenía fama de sanguinario y devastador. La cineasta suiza sigue el curso de los acontecimientos a través del diario de Chris, donde aparecen hechos concretos, lugares y personajes, también vemos imágenes de archivo que van ofreciendo luz a tantas tinieblas, y como otros documentales, nos acordamos de Vals con Vashir o Persépolis, entre otros, ilustra a través de dibujos y animación aquellos instantes y situaciones que surgen a través de la documentación y la imaginación, con una animación espectacular, donde resalta un poderoso blanco y negro, extraordinariamente imaginativo y visual, moviéndose a través de lo onírico, lo abstracto, y construyendo la relación personal entre Chris y Anja.
La película tiene ritmo y energía, combina de manera sobresaliente todos los datos en liza, con esa estructura imaginativa donde la investigación adquiere un in crescendo apabullante, donde no hay tregua, todo sigue un curso emocionante a través de los testimonios, documentos e información. Un documento necesario y valiente que ahonda en la estupidez de las guerras, los innumerables intereses de los estados occidentales, y todos esos grupos paramilitares que utilizan las guerras para hacer sus guerras personales e interesadas, provocando el caos, la violencia y el sinsentido en un país y sus gentes. Kofmel recopila muchísima información, pero no la suficiente para encontrar los responsables del asesinato de su primo Chris, alguien lanza acusaciones pero en el fondo meras hipótesis, aunque quizás el significado de la película de Kofmel va muchísimo más allá, en el sentido en que no solo confecciona un riguroso y documentado thriller de investigación, sino que convoca a todos los actores que concurren en una guerra como los periodistas y paramilitares, y consigue extraerles toda la maraña de intereses, tanto personales como gubernamentales, que concurren en una contienda, donde todos tienen sus motivos para estar ahí. Unos, recopilando información para mostrar al mundo todo lo que allí se cuece, y otros, aprovechando la guerra para dinamitar el estado que sea necesario.
La película deja muchos enigmas sin resolver, pero también aclare otros muchos, dirigiendo sus acusaciones a todos los gobiernos implicados en la guerra de los Balcanes, esos gobiernos que primero provocan la guerra, luego la mantienen, y finalmente, acaban con ella y se hacen los “responsables de la paz”, reconstruyendo y ayudando al país, para seguir embolsándose mucho dinero a costa de los demás. Una película incómoda por todo lo que cuenta y cómo lo cuenta, desde una perspectiva sencilla y directa, intentando esgrimir todo lo vivido y experimentado por un joven aventurero, intrépido y muy idealista que encontró su camino en la guerra como reportero, pero también, en un momento que desconocemos, cruzó unas líneas que no tenían marcha atrás, porque quizás su efervescente juventud le animó para ser testigo directo de la guerra desde una perspectiva más intensa y profunda, porque Chris “el suizo”, como le llamaban sus colegas, quiso ir más allá, quizás su arrojo y carácter lo llevo demasiado lejos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA