Roy Cady es uno de estos tipos con mala suerte. Roy ha crecido en una de esas familias desestructuradas, con problemas desde la cuna, con pocas expectativas, o ninguna, de labrarse una vida normal y legal. Sus años de juventud desperdiciados como pandillero y hurtos de poca monta, han llevado sus huesos a las cloacas de la sociedad, a hacer el trabajo sucio de esos tipos sin escrúpulos que son valorados en la comunidad y regentan negocios legales al servicio de los ciudadanos, en este caso, una lavandería, metáfora irónica de lo que esconde realmente detrás de esa fachada, negocios de blanqueo de dinero ganado ilícitamente a través de drogas, armas y putas. En uno de esos encargos, Roy es traicionado por su jefe, y decide huir desesperadamente junto a Rachel “Rocky” Arceneaux, una de esas chicas solitarias que acaban de putitas en busca de sus sueños. Además, Roy ha sido diagnóstica con un cáncer terminal, así que su huida aún es más incierta. En este panorama desolador y deprimente se instala la nueva película como directora de la actriz Mélanie Laurent (París, 1983) que algunos recordarán como la rubia vengadora de Malditos bastardos (2009) de Quentin Tarantino. Su carrera como directora, que con esta película llega a la cifra de 5 títulos, se ha movido entre las historias de mujeres en entornos familiares, donde ha explorado las relaciones humanas, ahora, bajo un espacio diferente, el del sur de Estados Unidos, en esa América invisible, desplazada, donde habitan seres desfavorecidos, individuos sin suerte, con vidas ajadas, vidas difíciles, y sobre todo, vidas sin futuro, esa América que el cine comercial de Hollywood obvia y olvida, o la edulcora de manera emotiva y simplista.
Laurent ha elegido la pequeña ciudad de Galveston, en Texas, esas ciudades limítrofes tan cerca de la frontera con México, tan cerca de una nueva vida, de un empezar de nuevo. Roy es un tipo duro, acostumbrado a la mala vida, a los tragos en bares sucios y malolientes, y en relaciones esporádicas y deprimentes, si alguna vez tuvo una pareja digamos normal, hace mucho tiempo que lo ha olvidado o simplemente, ya no le importa. Roy es como uno de esos vaqueros que vagaban sin rumbo, esperando un golpe de suerte, o algo que los detuviera en algún lugar para vivir en paz. A su lado, como compañera accidental de este viaje al abismo, se encuentra Rachel, que se hace llamar Rocky, de pasado oscuro y violento, dejó su familia, o algo que le parecía, para escapar de un infierno acabó en otro peor, y ahora con el encuentro con Roy parece que su vida, dentro del peligro que corren, se ha encaminado a algo de tranquilidad, algo que no había tenido jamás en su vida.
La cineasta francesa se mueve en los mecanismos del thriller, en esas películas film moir que tanto les gustaban a Fritz Lang y Jean Renoir en su etapa estadounidense, o a los Fuller o Peckinpah, relatos oscuros, violentos y ásperos, donde el fatalismo persigue inexorablemente a sus personajes, seres que la vida parece ayudarles, pero siempre, pro un error fatal del destino, acaban envueltos en huidas desesperadas y callejones sin salida. Con ese aroma tan sureño, de sudor agobiante, de moteles de carreteras secundarias, de tipos que van y vienen, de putitas jovencísimas que andan perdidas a la caza de algo o alguien, y gentes profundamente anclados a un lugar que parece que nunca se va a mover, una atmósfera que describe con amargura y encanto Nic Pizzolatto, guionista y autor de la novela, y creador de True Detective, una de las series más innovadoras y fascinantes de los últimos años. El cinematógrafo Arnaud Potier, colaborador habitual de Laurent, firma un trabajo magnífico donde captura con naturalidad la oscuridad y suciedad de esos lugares rasgados por la miseria, y aquellos donde el sol ilumina un poco las vidas de estos errantes sin vida y sin camino.
La estupenda labor de la pareja protagonista bien encabezado por Ben Foster, muy alejado de sus papeles en los blockbusters, y la siempre y maravillosa presencia de Elle Fanning, convertida en una de las actrices más potentes y fascinantes de su generación. También, encontramos la labor de Beau Bridges, elegante y malvado, y la contribución de María Valverde, que ya había trabajado en la anterior película de Laurent. Laurent ha construido una película con brío y fuerza, dura pero honesta, donde hay oscuridad, pero también esperanza, asemejándose en tiempo por la sobriedad de Jeff Nichols, y por trama en la cinta En un lugar sin ley, de David Lowery, donde unos Casey Afleck y Rooney Mara, emprendían una huida imposible y peligrosa. Roy y Rocky dentro de su huida desesperada y peligrosa, y su constante dificultad para avanzar, acaban sintiéndose parte el uno del otro, como si toda su existencia hubieran esperada un momento así, encontrarse con alguien que simplemente este ahí, que los escuche, que no haga preguntas incómodas, y sobre todo, les dé un poco de calor, algo que les haga confiar en ellos, y les ayude a confiar en sí mismos.
Entrevista a Óscar Catacora, director de la película «Wiñaypacha», en los Cines Verdi en Barcelona, el viernes 30 de noviembre de 2018.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Óscar Catacora, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría y Àlex Tovar de Suria Comunicación, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.
Entrevista a Natalia Cabral y Oriol Estrada, directores de la película «Miriam miente», en el Soho House en Barcelona, el viernes 16 de noviembre de 2018.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Natalia Cabral y Oriol Estrada, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, y Sandra Comas de Paco Poch Cinema, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.
“No hay nada que obligue tanto a mirar las cosas como hacer una película. La mirada de un literato sobre un paisaje rural o urbano puede excluir una infinidad de cosas, recortando del conjunto sólo las que le emocionan o le son útiles. La mirada de un director de cine sobre ese mismo paisaje, en cambio, no puede dejar de tomar consciencia de todas las cosas que hay en él, casi inventariándolas”.
Pier Paolo Pasolini
Doce años después de La leyenda del tiempo, Isaki Lacuesta (Girona, 1975) ha vuelto a filmar a los hermanos Gómez, al Isra y al Cheito, los sueños y las ilusiones inocentes propias de la infancia, cuanto todo estaba por hacer, por decidir, por vivir, han dejado paso a unos adultos con cargas familiares y con expectativas laborales duras, y en el caso de Isra, aún más, porque sale de la cárcel después de una condena por narcotráfico. Recogiendo el postulado de André Bazin: “El cine es el único medio capaz de mostrar el paso de la vida a la muerte”, que se escuchaba en Las vacaciones del cineasta (1974), de Johan van der keuken, Lacuesta adopta la tesis baziniana para filmar las vidas de estos chicos gaditanos, para retratarlos en el tiempo, para ver que ha sido de ellos después de doce años, y lo fabrica con herramientas propiamente dichas del documental, aunque tomándose licencias narrativas, como suele hacer en su cine, en el que la deriva del lenguaje adopta diferentes capas de la realidad propiamente dicha, y la ficción convencional, para crear una suerte de cine donde todo se fusiona para rastrear el paisaje filmado, y sobre todo, para capturar las miradas de sus personajes, sus emociones y su inmediatez, ese palpito indisoluble en aquello que ellos miran y viven, y lo que nosotros miramos con ellos.
El cineasta gerundense ha construido un guión, con sus inseparables Isa Campo y Fran Araújo, en continua construcción, que vivie y respira junto a sus personajes, en el que ellos mismos han colaborado en los diálogos, para captar esa realidad de los dos hermanos, esa vida que va y viene, ese tiempo fugaz, que se escapa, que no se detiene. El relato mantiene ciertos aspectos intrínsecos en el cine de Lacuesta, empezando por la captura de lo real a través de la ficción, y viceversa, fusionándose en uno solo, la idea del doble, que forma parte del adn de su cine, el otro como respuesta, como reflejo y también, como doblez de sus personajes, como le ocurre a Isra, en esas dos aguas, a las que se refiere el título (extraído de un disco de Paco de Lucía, como ya ocurría en La leyenda del tiempo, el disco de Camarón, quizás el trabajo más revolucionario del flamenco en una vida laboral legal, aunque la situación de paro y pocas expectativas sean tan duras, y en esa otra vida, la ilegal, la de trapichear con la droga, de dinero fácil, pero con la cárcel como futuro.
El paisaje como elemento importante en su mirada, una parte física y emocional de los personajes, por el que se mueven como almas en pena, como barcos a la deriva, en ese perpetuo movimiento que los lleva de un espacio a otro, de un tiempo a otro, de una vida a otra, convirtiéndose casi en aquellos cowboys que se perdían en las llanuras solitarias, magnetizándose con el paisaje y perdiéndose (como hace Herzog en mucho de su cine) en un intento vano de buscarse y encontrar el sentido a sus vidas que perdieron hace tiempo, y ya no se reconocen en los suyos, y sobre todo, en ellos mismos. La forma de Lacuesta observa a sus criaturas sin juzgarlas, colocándolas en medio de ese paisaje agreste y áspero, tanto físicamente como emocionalmente, capturando la esencia del espacio y de sus personajes, víctimas de su pasado y de su realidad, como les ocurre en muchos casos a los personajes de las películas de Fritz Lang, donde intentan escapar infructuosamente de aquello que les martiriza y les hiere, como les ocurre a Isra y Cheito con el recuerdo de la muerte de su padre.
Quizás, como sucedía en La próxima piel (2016) pero en esta más, Lacuesta ha hecho su película más social, recogiendo esa sensación de no futuro que hay en la provincia de Cádiz (el lugar con más paro del país) y concretamente, la situación social de la Isla de San Fernando, y al igual que hacía Buñuel en Los olvidados (1950) y Pasolini en su Accattone (1961) la película rescata a la primera línea a los invisibles, a los más desfavorecidos, a los que cada día se levantan para buscar trabajo en la lonja, recoger chatarra en lugares difíciles como espacios abandonados y ruinosos, o marisqueando para sacarse unas perras, trabajos para vivir o algo que se le parezca, todo para volver a ser quién eras, para recuperar a tu familia, para que tu mujer vea que has cambiado, que has optado por una vida honrada, y volver a estar con tus hijas, y vivir con tu familia, una vida legal y tranquila, aunque eso sea tan complicado en esa zona, donde el trabajo es escaso, o no existe, y si lo hay, está mal pagado.
El director catalán huye de cualquier atisbo de paternalismo o sentimentalismos, todo respira y vive en su medida, filmando con la distancia justa y necesaria, ni más ni menos, dejando que sus personajes respiren y sientan, reflejando esa vida inmediata y alegre, porque también hay tiempo para ello, como los encuentros con los amigos, los titubeos con el trapicheo, las zambullidas en el agua, los paseos en barca por las aguas gaditanas, soñando con un futuro mejor, o simplemente, soñando, recordando (como hace en algunos momentos la película, que recupera imágenes de La leyenda del tiempo) aquel niño que fuimos, aquel chaval que soñaba con una vida futura diferente, no fantástica, peor si mejor que la de ahora. Lacuesta ha capturado esa realidad anclada en la ficción, con esa textura del 16mm obra de su cinematógrafo habitual, Diego Dussuel, para recoger todos los colores y aromas de San Fernando, y esos espacios en mitad de la nada, en esa periferia física y emocional, en esas casuchas de la playa, que se inundan cuando sube la marea, en un justo y preciso montaje de Sergi Dies, que consigue sumergirnos en los 136 minutos del metraje, mezclando con acierto los momentos duros con aquellos más amables, focalizándonos en la mirada de Isra, Cheito y los demás, en sus derivas emocionales de lanzarse a otra misión lejos de su familia que tiene Cheito, o buscarse la vida para estar con su mujer y familia que padece Isra.
La poderosa mirada y brutal interpretación de Israel Gómez (que recuerda a los personajes del ya citado Pasolini o el José Luis Manzano, en las películas de Eloy de la Iglesia, que lo dirigió en varias películas) convirtiéndolo en un actor de fuerza expresiva, como demuestran sus grandes momentos en la cinta cuando se emociona por su situación familiar o sus coqueteos con el lado oscuro, o esas discusiones brutales con Cheíto, sin olvidarnos del papelón del propio Cheíto, que se convierte en ese espejo donde mirarse para Israel, y los demás personajes, tan naturales y complejos como ese paisaje físico y emocional que con tanto tino retrata el cineasta gerundense. Lacuesta ha cimentado una bellísima y dolorosa, apasionante y viva, con esa alegría que duele, o esa sonrisa amarga, una película sobre la sociedad actual, sobre las pocas expectativas de futuro, sobre el tiempo, sobre la mirada y la vida, aquella que se escapa sin remedio, aquella que viaja a velocidad de crucero, la que no espera, la que duele, la que no tiene compasión, la que a veces es amarga, y en ocasiones, en pocas, da alegrías aunque sean de tanto en tanto.
Lacuesta es un cineasta total, alguien capaz de conseguir una filmografía llena de trabajos diferentes y parecidos a la vez, como lo certifican sus 9 largos, y sus puñados de cortometrajes, instalaciones museísticas y espectáculos teatrales, donde encontramos narraciones y lenguajes de toda índole y condición, en una filmografía en continuo viaje para construir el lenguaje más idóneo para cada proyecto, en el que todo se (des) construye con herramientas de ficción, documental y demás, donde no hay límites, donde todo es posible, donde se adecua para el bien del relato que tiene entre manos, consiguiendo de manera sencilla y honesta, unos trabajos donde el espacio y la narrativa dialogan constantemente haciéndose preguntas, viajando hacia mundos diferentes, imposibles, agrestes e inhóspitos, en que sus personajes se transmutan con el paisaje, creando una suerte de realidad y ficción, o las dos cosas a la vez, fusionándose y dialogando, e investigándose en continuo movimiento.
Entrevista a Nayra Sanz Fuentes, directora de las películas «Sub Terrae» y «En esas tierras», en el marco de L’Alternativa 25. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el hall del CCCB en Barcelona, el jueves 15 de noviembre de 2018.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nayra Sanz Fuentes, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.
En un instante de la película, en el que Miriam, la protagonista adolescente de 14 años, viaja en coche junto a su padre. Éste, al ver a su hija distraída y algo melancólica, le pregunta la siguiente cuestión: ¿Qué es lo quieres tú? A lo que la niña le mira sin saber qué responder. Una pregunta que puede resultar cotidiana, pero que no suele hacerse, y aún más, nadie de su entorno familiar ha preguntado a Miriam que es lo que ella quiere para su fiesta de 15 años, y para su existencia. Una cuestión interesante y definitoria en la que se asienta la primera película de ficción de los dos directores. Natalia Cabral (Santo Domingo, República Dominicana, 1981) y Oriol Estrada (Capellades, 1983) después de un par de documentales domésticos y cotidianos que fueron Tú y yo (2014) y El sitio de los sitios (2016) que fueron bien recibidos en los festivales internacionales. El tándem de cineastas miran su película a través de la mirada de su anti heroína, una chica tímida y reservada, de piel negra, en un verano con mucho tiempo para hacer, y sobre todo, para pensar, imbuida en los preparativos de su fiesta de los 15 años, muy popular en el país centroamericano, llevada en volandas por los caprichos pequeño burgueses de su madre y abuela, en los que tiene que ensayar la coreografía, elegir un vestido y sentirse la reina de la fiesta, una fiesta, por cierto, muy aristócrata, pero también, muy kitsch.
Aunque, el puntapié emocional se fractura cuando Miriam conoce a un chico por internet al que todavía no ha visto su aspecto, pero que todo se va de las manos, cuando la niña, por miedo al rechazo de su entorno acaudalado y bien pensante, se inventa que el joven pertenece a la burguesía francesa y es hijo del cónsul. Mentira que la atormentará y la acompañará en todo el metraje, colocándola en situaciones difíciles, en las que Miriam se recogerá a sí misma, llena de inseguridades, y sintiéndose fuera una sociedad que sólo acepta a los suyos y rechaza todo lo diferente, y aún más, aquellos de posición económica inferior. Los cineastas ponen el dedo en la llaga al hablar sin tapujos y con absoluta sinceridad, desde la intimidad y la desnudez emocional, de temas candentes del país, como el racismo latente que existe, y el rechazo brutal a la piel oscura, sinónimo de pobreza, y en mitad de todo ese berenjenal social, heredado desde tiempos inmemoriales, nos encontramos con Miriam, con sus sentimientos y emociones enfrentadas a aquello que dirige su vida y espera de ella lo mejor, un novio blanquito, con dinero y educado. Todo lo contrario de lo que ella siente.
Miriam, desde su intimidad y carácter introvertido, no sólo debe luchar contra sus sentimientos complejos, sino también, contra una imposición burguesa de dividir a las personas por su piel y cuenta corriente, una manera de enjuiciar y mantener un sistema clasista que no sólo hace daño a los que lo sufren, sino que también, condenan al ostracismo a aquellos como Miriam que sienten lo contrario, que abogan por una fraternidad y amor entre los seres humanos, porque los sentimientos se pueden silenciar, pero por mucho que se escondan, siguen estando ahí, siguen latiendo fuertemente cuando nos encontramos con el ser amado. Cabral y Estrada tienen en la elección de Dulce Rodríguez, el mejor aliado para contarnos esta fábula contemporánea sobre los miedos e inseguridades de una sociedad anclada en el pasado, con miedo a avanzar, en el que el suave y bello rostro de la protagonista se erige en el vehículo perfecto para adentrarnos en la falsedad e hipocresía que sufre la protagonista por mandato materno, una sociedad de apariencias, que mantiene formas estúpidas ideas que no les ayuda para enfrentarse a matrimonios rotos y relaciones interesadas.
Otra elegante muestra de los problemas de la adolescencia, pero tratada con delicadeza y sensibilidad, sin caer en estereotipos o demagogia, retratando las inquietudes y miedos adolescentes, y de una sociedad falsa y clasista, con mirada crítica y cercana, como lo hacía Pialat en La infancia desnuda o los Dardenne en El niño de la bicicleta, o lo más recientes, también venidos de la parte sudamericana, y envueltos en la mirada femenina de sus protagonistas como Miriam miente, como el caso de Juana a las 12, de Martín Shanly o Mate-me por favor, de Anita Rocha de Silveira, muestras de la buena salud del cine americano, donde se retrata la adolescencia femenina desde puntos de vista diferentes y complejos, en los que sus personajes sufren los cambios propios de este estado, y además, sufren los avatares e imposiciones de una sociedad políticamente correcta y bienintencionado, que sólo admite a los suyos, a los que piensan y sienten como ellos, y da libertad siempre dentro de un cercado que existe aunque a veces, no seamos capaces de verlo.
Cabral y Estrada han construido una película cargada de aristas emocionales, donde no hay trampa ni cartón, en el que hay una exploración determinante sobre los problemas sociales en la República Dominicana, y sus países colindantes, desde un prisma observacional y certero, convirtiéndose en un retrato sincero y amargo sobre la adolescencia, sobre esos eternos veranos, que sólo parecen eternos, donde hay tiempo para perderlo con tu amiga del alma, la Jennifer de turno, díscola y diferente a la protagonista, chapoteando en la piscina de la casa rica, o perdiendo tiempo en el espejo actuando a ser mayor o caminando sin rumbo esperando a ser adulto, y convertirse en alguien más falso, en una vida llena de mentiras, superficialidad y llena de oropel hortera, como esa canción que tanto Miriam y Jennifer ensayan, y deberán bailar delante de tantos en esa fiesta que a sus familias les encanta, y a ellas, bueno, la protagonizan sin que nadie les haya preguntado su opinión, o lo que sienten.
Entrevista a Samuel Alarcón, director de la película «Oscuro y Lucientes», en el marco de L’Alternativa 25. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el Hotel Cèntric en Barcelona, el martes 13 de noviembre de 2018.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Samuel Alarcón, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Carmen Jiménez de ArteGB, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.
Tres vidas, tres existencias, tres almas que se cruzarán en el último tercio del metraje, porque desconocen que sus historias tienen mucho que ver las unas con las otras, como si el destino implacable quisiera rendir cuentas con ellos, y sobre todo, mostrarles otros caminos, porque aunque la vida a veces, se empecine en cerrarlos todos, en algún instante, cuando menos lo creemos, la vida enseña otra forma de caminar, otra forma con la que podemos seguir caminando por ese espacio que antes parecía imposible. Árpár Bogdán (Nagykanizsa, Hungría, 1976) construye una película de ahora, actual, en la que se inspira en unos sucesos reales ocurridos entre 2008 y 2009, cuando un grupo de neonazis atacaron un poblado gitano asesinando a varias personas, entre ellas una madre. El cineasta de origen gitano toma como punto de partida este hecho, para en su primer capítulo retrata esta familia gitana a través de los ojos de Ricsi, un niño de 9 años, con esa mirada inocente como premisa, descubriremos las formas de vida y la situación social difícil de esta familia, ya que el padre está en la cárcel por robar leña. Después del ataque y ll fallecimiento de su madre, la existencia de Ricsi se tornará extremadamente compleja, convirtiéndose en un niño problemático en el colegio por su carácter agrio y violento, y un niño triste y desamparado.
El siguiente capítulo nos lleva a la mirada de Virág, una adolescente deportista de tiro con arco, que tiene un novio que cuida una perrera. La compleja situación familiar de la joven, con un padre que abusó de ella en el pasado y una madre sola, la llevan a refugiarse en su actividad deportiva y las visitas a su novio. Todo cambiará cuando Virág se queda embarazada y además, descubre que su novio se relaciona con violentos neonazis. El capítulo final nos sumerge en la vida de Hannah, una abogada que debe hacer frente a la pérdida de su hija, mientras su jefe le obliga a defender al novio de Virág, acusado del ataque a los gitanos, donde murió la madre de Ricsi. Bogdán cimenta sus imágenes poderosas y oscuras, a través de una forma de planos secuencias y ásperos, donde retrata esos mundos sórdidos y violentos por donde transita la película, componiendo una atmósfera brutal mediante un sonido potente, rasgado y medido, en la que tanto los animales como la naturaleza se erigen como espejos emocionales de los protagonistas, en las que los elementos como el fuego y el agua (con esas zambullidas bajo el agua tan significativas que realiza Virág, por ejemplo) donde los personajes se mueven asfixiados por esa realidad dura y vil, acarreando como pueden esas vidas rotas y desechas, vidas que gritan en silencio paz y tranquilidad.
El cineasta húngaro habla en voz alta contra el odio y el racismo, tejiendo unas imágenes duras y violentas, donde hay tiempo para la esperanza, para ver el mundo con otros ojos, ojos menos agresivos, ojos inquietos, donde siempre hay un resquicio de luz ante tanta oscuridad maligna. La excelsa música de Mihaly Vig (compositor de Béla Tarr) ayuda a manejar con sinceridad y aplomo sus imágenes, llevándonos por diferentes estados de ánimo, al alimón que sus protagonistas, unos seres que deben tirar hacia adelante en medio de tanta crueldad y frío. Bogdán ofrece un relato con muchas resonancias bíblicas, donde se explora con intensidad y sobriedad la complejidad de la condición humana, las diferentes capas y texturas que componen cualquier alma, desde lo más bello hasta lo más monstruoso, poniendo sobre la mesa temas éticos y morales como la fe, la responsabilidad o la solidaridad, donde los personajes se deberán enfrentar a sus miedos, inseguridades y sus (des) ilusiones, en esa realidad difícil y oscura que les ha tocado vivir. Con fuertes resonancias argumentales y formales con la película Sólo el viento, de Benedek Fliegauf (2012) basada también en los hechos acaecidos contra los gitanos.
El terceto protagonista ayuda a componer esa naturalidad y fuerza expresiva que tienen los personajes, empezando por ese niño de 9 años, interpretado por Milán Csordás, cargado de una rabia contenida y una mirada que atrapa y rebela todo lo que se cuece en su interior maltrecho por la pérdida de su madre. Eniko Anna Illesi da vida a Virág, cargada de una mirada sensual y penetrante, donde compone un matiz cargado de detalles y gestos íntimos y silenciosos (además su personaje es sordo, cosa que la película maneja ese mundo sensorial y silenciosos) que va tan bien con esa mirada triste y solitaria de esta adolescente sin rumbo. Y finalmente, la abogada herida de Hannah a la que interpreta con sobriedad y talento la actriz Anne Marie Csheh, un personaje complicado que realizada con grandes dosis de sobriedad y carácter, una mujer firme e inteligente que deberá enfrentarse a su combate más duro y violento.
La película de Bogdán ahonda en otro tema candente en estos casos, el papel de la justicia estatal ante estos hechos, la respuesta de los estados para dejar de pensar que son hechos aislados, locales, y no enfrentarse a un problema universal, ese miedo irracional al otro, al diferente. El realizador húngaro realiza en su segundo trabajo una película que ahonda en todos estos temas, lanzando una mirada dura y terrible ante estos hechos, pero también, ofreciendo esa cara menos amarga y más optimista de los seres humanos, siempre manejando con credibilidad y fuerza las tensiones personales y sociales, como ocurre en el caso de la abogada obligada a defender a un criminal, o la adolescente que decide atajar su vida aceptando el problema terrible de un novio violento. Una película muy visual y sensorial, donde hay pocos diálogos, donde nos movemos y mucho con sus protagonistas, sintiendo esa ambigüedad emocional que los aísla, y también, siendo testigos de primera mano todos sus emociones a flor de piel, sus dudas, sus miedos, esas vidas rotas, esas familias rotas, pero mirando de frente a su camino, sin dejar que las cosas que han sufrido les sigan condicionando sus vidas, aceptando los hechos y asumiéndolos con valentía, sin miedo a todo lo que vendrá.
Entrevista a Meritxell Colell, directora de la película «Con el viento», en la cafetería del Hotel Ibis en Barcelona, el viernes 16 de noviembre de 2018.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Merixtell Colell, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Xan Gómez de Numax Distribución, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.
El pasado domingo 18 de noviembre finalizaron las proyecciones y actividades de la edición número 25 de l’Alternativa, certamen plenamente consolidado en el panorama cinematográfico de la ciudad que, sigue manteniéndose fiel a un estilo marcado por un cine diferente, alejado de la bienintencionada industria, y nacido en los márgenes y en la resistencia y disidencia, alejado de un entramado cinematográfico, casi un coto cerrado, demasiado obsesionado en embellecerse y dar la espalda a la reflexión y el conocimiento del mundo en el que vivimos, alejándose de las realidades del hombre y su tiempo. L’Alternativa propone cine resistente, cine furioso, cine complejo, cine guerrillero, cine abierto a todas las miradas inquietas y curiosas, lleno de energía. Un cine venido de diferentes lugares del mundo, heterogéneo en su esencia, y rabiosamente contemporáneo y atemporal, pero cercano en su materia y su naturaleza, un cine que nos mira y propone nuevos caminos vistos desde infinidad de puntos de vista, cine próximo e íntimo, un cine que nos acerca y nos transporta a universos imperceptibles e invisibles, mundos que buscan miradas que los miren con atención y reposo. Unos trabajos muy necesarios que nos muestran realidades complejas, oscuras y tremendamente vivas, orgánicas y sinceras. Cine con espíritu dialoguista que huye de convencionalismos y sentimentalismos y, construido en base a una identidad muy personal que lo hace muy reivindicativo, profundo y bello. Este año el certamen cumple 25 ediciones, casi nada, 25 batallas a favor de otro cine, de aquel que apenas tiene visibilidad, aquel que triunfa en festivales internacionales, el que grita sin que se lo oiga, aquel que sorprende y deja huella, 25 citas que iluminan el otoño de la ciudad, que alumbran con cine los primeros fríos y lluvias.
El lunes 12, a media tarde, como suele ser habitual, arrancó la nueva edición con ENTRE DOS AGUAS, de Isaki Lacuesta. Una de las películas más esperadas de la nueva temporada, después de su Concha de Oro en San Sebastián, y acompañada de tantos elogios. La película cumplió sus expectativas, y con creces, el público llenó el Teatre CCCB e Isaki presentó la película, y al acabar la proyección, mantuvo un interesante coloquio. La película vuelve, 12 años después de La leyenda del tiempo, a filmar a Isra y Cheito, los hermanos gitanos de la Isla de San Fernando. Isaki captura con naturalidad e intimidad una dura realidad de un paisaje complejo y difícil, y las pocas oportunidades de futuro que existen en la zona. Con un marcado acento al Accattone, de Pasolini, el cineasta gerundense filma a los dos hermanos de manera sencilla y conmovedora, huyendo de sentimentalismos, y atrapando todo su pasado y presente, retratando unos rostros en mitad de un paisaje bello y áspero, donde la vida se hace difícil, donde los recursos naturales y emocionales son explotados sin descanso, donde Isra se mueve como un fantasma en su propio hogar, debatiéndose entre dos frentes, la vida fácil del trapicheo o la vida convencional en familia que no encuentra por mucho que la busque. El segundo día de festival me acerqué a una película que compone la sección oficial. La elegida fue TEATRO DE GUERRA, de Lola Arias. La directora argentina convoca a seis veteranos de la guerra de las Malvinas, que allá por el año 1982 enfrentó al Reino Unido y Argentina, y a medio camino entre los recuerdos y las vivencias de unos y otros en la guerra, escenifican de manera reflexiva y directa todos los momentos horribles que les tocó vivir. Arias captura la memoria de todos ellos, en una forma de terapia cinematográfica para ayudar y ayudarlos en recordar desde la distancia, desde lo más íntimo y haciéndolo de manera honesta y cercana, hablando de todos sus miedos, inseguridades y (des) ilusiones de su juventud en la guerra, de aquellos años que tuvieron que matar a otro, y sobre todo, las secuelas psicológicas y la reintegración a la vida después de vivir todo aquel disparate de horror y muerte.
El mismo día también tuvo la oportunidad de ver TROTE, de Xacio Baño. Estrenada en Locarno y vista también en San Sebastián, el gallego vuelve a L’Alternativa con su primer largo, después de un buen puñado de exitosos cortometrajes, y lo hace adentrándose en el mundo rural gallego a través del personaje de Carmen, una mujer que por diferentes motivos ha permanecido en el pueblo cuando su alma le pide salir de allí. Convive con su padre, y durante un fin de semana que se celebra la fiesta tradicional de la “Rapa das Bestas”, reciben la visita del hermano y su novia. El ambiente opresivo, el pasado como prisión y la falta de oportunidades, condensan toda la atmósfera asfixiante que provoca la película a través de una forma dura e íntima, consiguiendo una película donde se explora la batalla interior entre razón e instinto. De la misma sección, también vi BLACK MOTHER, de Khalik Allah. El fotógrafo y cineasta establecido en Nueva York, nos sumerge en un caleidoscopio muy elaborado y rompedor sobre Jamaica y sus gentes, echando mano de Super8, 16mm y video, donde penetramos a través de un ritmo frenético y nocturno, en la idiosincrasia de sus gentes, en la que se profundiza en su historia, en su terrible pasado colonial, y su presente, vivo y colorido, siguiendo una catarsis de testimonios que dialogan con las imágenes y el sonido. La película me interesó por momentos, dejándome otros fuera, con serias dificultades para entrar en ese universo de imágenes, sonidos y demás, llevándome sin descanso a ese mundo onírico, mágico y sensorial que propone la película, aunque entré en ella, en su discurso hipnótico, sólo a medias.
Todo lo contrario me sucedió con otra película que vi en la misma sección, me refiero a AMÉRICA, de Erick StollyChase Whiteside. La historia de tres hermanos mexicanos mal avenidos que se enfrentan a la tesitura de cuidar de su abuela de 93 años, les sirve a los cineastas estadounidenses para hacer un retrato contemporáneo sobre las necesidades de la juventud en dura batalla contra las obligaciones adultas, en un documento cotidiano e íntimo, en el que presenciamos de manera honesta y sencilla los problemas cotidianos de estos tres hermanos, sus diferentes puntos de vista y las discusiones y enfrentamientos que van teniendo a lo largo de los tres años que retrata la película. Una historia conmovedora y sensible sobre el tramo final de la vida, y los vínculos familiares, que huye del sentimentalismo de cartón, para adentrarnos en un retrato delicado y brutal sobre la vez y el amor a los mayores. Quizás una de las películas más inquietantes y brutales del festival de este año podríamos encontrarla en la propuesta de LA CASA LOBO, de Cristóbal LeónyJoaquín Cociña. Procedente de Chile y firmada por dos de los artistas jóvenes más importantes en las artes visuales, nos llega una película insólita, en su forma y fondo, una historia que ha dejado buenas sensaciones en los prestigiosos festivales de la Berlinale y Annecy, para hablarnos de María, una joven huida de una secta que llega a una casa en mitad del bosque habitada por dos cerdos que se transformarán en personas. Con la técnica de la stop-motion, llena de imaginación y creatividad, donde vemos como se construyen y deconstruyen todos los elementos de la película, en un terrorífico y fascinante cuento de hadas, que mezcla en folklore chileno y el caso horrible de la secta Colonia Dignidad que asoló en Chile. La película se convierte en un magnífico puzle de múltiples capas donde nos adentramos en un laberinto brutal de sombras, ánimas y malvados que no cesan de acecharnos.
En THE IMAGE YOU MISSED, de Donal Foreman. El cineasta irlandés nos convoca en un retrato sobre el legado de su padre, Arthur MacCaig, un documentalista que retrató durante 30 años el conflicto de Irlanda del Norte, y lo hace a través de sus imágenes en contraposición con las imágenes contemporáneas, y además, construye un impresionante retrato de la relación complicada con su padre, donde memoria colectiva y personal se fusionan en una película que nos devuelve los duros años del conflicto irlandés, y aquellos años de plomo donde la vida no valía nada, en los que en cada esquinas de las ciudades se mantenía el pulso contra el Reino Unido. Un fascinante documento sobre la historia, y sobre aquellos testigos que la filmaron, mezclándolo de manera brillante con las relaciones paterno-filiales, no siempre fáciles y sinceras. Otro de los títulos interesantes de la sección oficial lo encontré en la propuesta de UNA VEZ LA NOCHE, de Antonia Rossi. La directora ítalo-chilena, afincada en Barcelona, construye un relato sensorial y enigmático, a través de más de mil ilustraciones fijas, sobre las vidas de cuatro personas en la que nos sumergimos en su memoria personal e íntima, dando buena cuenta de su mundo onírico, donde sueños y pesadillas se mezclarán en una fábula en que el tiempo se convierte casi en un estado hipnótico y borroso, donde las cosas cambian sus formas y sus definiciones. Sus 73 minutos se agarran a nuestras mentes y nos propone un viaje fascinante a lo más profundo de la condición humana, con la compañía de los magníficos dibujos de forman forma, textura y colores, consiguiendo así una aventura hipnótica, fascinante y tenebrosa.
También tuvo la ocasión de ver un trabajo muy esperado, conociendo la filmografía de su directora y su premio en Locarno, la película LOS QUE DESEAN, de Elena López Riera. Vieja conocida del certamen, la directora alicantina, vuelve a su pueblo natal, Orihuela, para hablarnos esta vez del mundo del palomo deportivo y los hombres que hay detrás de esta afición. El estilo observacional e íntimo de la cineasta, vuelve a adentrarnos en la cotidianidad más cercana y brutal, sin excesivos formalismos ni experimentos dramáticos, siguiendo una de las competiciones y explicándonos todos los por menores que se suceden en esa jornada, siguiendo el camino trazado en sus anteriores y celebrados trabajos en Pueblo y Las vísceras, donde retrataba el alma y las inquietudes de las gentes de su pueblo. De las sesiones especiales, hubo hueco para EL SILENCIO DE OTROS, de Almudena Carracedo y Roberto Bahar. https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/11/17/el-silencio-de-otros-de-almudena-carracedo-y-roberto-bahar/Y también, para la película COMANDANTE ARIAN, de Alba Sotorra. https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2018/11/09/comandante-arian-de-alba-sotorra/ En las secciones paralelas del festival, siempre interesantes y seductoras, se dedico a uno de los cineastas outsiders del panorama europeo, Boris Lehman (Lausana, Suiza, 1944) ofreciendo algunos de sus películas, retratos sobre sí mismo, sus amigos, su casa y su más ferviente cotidianidad, que lleva filmando desde los años 60, en una filmografía que abarca la friolera de casi 400 títulos.
Tuve la oportunidad de ver FUNÉRAILLER (De l’art de mourir) del año 2016, el último episodio de su obra BABEL, que lleva filmando hace 30 años, retratando la vida personal e íntima de este cineasta rompedor, cautivador y personal. En la película, a través de un tono ligero y cómico (muy al estilo de los documentales de Agnès Varda) nos sumerge en una despedida, en su propia muerte, desde los preparativos funerarios hasta la despedida de sus cosas, reflexionando sobre el tiempo, el pasado, el cine, la amistad, los amores, la política, y demás cuestiones sobre la vida y la sociedad, a través de una sinceridad que asombra por su delicadeza y su sobriedad ante la pantalla, consiguiendo divertirnos con lo más sencillo y también, haciéndonos reflexionar sobre los problemas sociales, políticos, culturales y económicos. Una de las grandes sorpresas de este año en la L’Alternativa, el descubrimiento de un cineasta peculiar y significativo en ese cine que reivindica tanto el festival, un cine para descubrir, reflexionar y sobre todo, vivir a lo grande. Este año, uno de los grandes aciertos del festival ha sido el ciclo ELLES TALLEN, dedicado a las mujeres montadoras, en el que ha habido encuentros con montadoras como Ana Pfaff, Ariadna Ribas, Diana Toucedo, entre otras, que han hablado de sus métodos, formas y acercamientos al arte del montaje, teniendo una cita de esas que cualquier amante del cine no puedo dejar de aprovechar como la mesa redonda que tuvo lugar en la Filmoteca de Catalunya, bajo el nombre de “4 Camins”, donde asistí a ver a Nelly Quettier (responsable de títulos para Léos Carax, Claire Denis o la última Lazzaro Feliz, de Alice Rohrwacher) Julia Juaniz (habitual del cine de Carlos Saura ) y Núria Esquerra (reputada montadora de cine documental y de José Luis Guerín). Las tres hablaron de su trabajo con sinceridad y aplomo, abriéndonos un universo lleno de texturas, materia y colores, donde explicaron con detalle y sinceridad los problemas a los que se enfrentan, los directores con los que trabajaron y alguna que otra reivindicación sobre su condición de mujeres, su trabajo y sus múltiples experiencias y enseñanzas.
Hasta aquí mi camino por L’Alternativa 25, que ha ofrecido una gran programación en esta edición, con un nivel altísimo de gran cine, de ese cine reflexivo, auténtico, sincero, duro, inquieto y sobre todo, cine imperdible y sensible, lleno de retratos de personas de toda condición y lugar, dejando el listón muy alto para la próxima edición, que desde esperamos con expectación y contentos por haber vivido la experiencia de esta, porque L’Alternativa sigue más enérgica, más audaz, y provocadora que nunca, manteniéndose firme en sus principios y, caracterizándose como un festival fiel a su idiosincrasia, ofreciendo un cine que gustará más o menos, pero que sigue fiel a su espíritu contestatario, complejo y sumamente radical tanto en su forma como en su contenido. GRACIAS POR TODO A AQUELLOS QUE HAN HECHO POSIBLE L’ALTERNATIVA 25, muchísimas felicidades por el cumpleaños, y nos vemos el año que viene…