Genezis, de Árpád Bogdán

TRES VIDAS ROTAS.

Tres vidas, tres existencias, tres almas que se cruzarán en el último tercio del metraje, porque desconocen que sus historias tienen mucho que ver las unas con las otras, como si el destino implacable quisiera rendir cuentas con ellos, y sobre todo, mostrarles otros caminos, porque aunque la vida a veces, se empecine en cerrarlos todos, en algún instante, cuando menos lo creemos, la vida enseña otra forma de caminar, otra forma con la que podemos seguir caminando por ese espacio que antes parecía imposible. Árpár Bogdán (Nagykanizsa, Hungría, 1976) construye una película de ahora, actual, en la que se inspira en unos sucesos reales ocurridos entre 2008 y 2009, cuando un grupo de neonazis atacaron un poblado gitano asesinando a varias personas, entre ellas una madre. El cineasta de origen gitano toma como punto de partida este hecho, para en su primer capítulo retrata esta familia gitana a través de los ojos de Ricsi, un niño de 9 años, con esa mirada inocente como premisa, descubriremos las formas de vida y la situación social difícil de esta familia, ya que el padre está en la cárcel por robar leña. Después del ataque y ll fallecimiento de su madre, la existencia de Ricsi se tornará extremadamente compleja, convirtiéndose en un niño problemático en el colegio por su carácter agrio y violento, y un niño triste y desamparado.

El siguiente capítulo nos lleva a la mirada de Virág, una adolescente deportista de tiro con arco, que tiene un novio que cuida una perrera. La compleja situación familiar de la joven, con un padre que abusó de ella en el pasado y una madre sola, la llevan a refugiarse en su actividad deportiva y las visitas a su novio. Todo cambiará cuando Virág se queda embarazada y además, descubre que su novio se relaciona con violentos neonazis. El capítulo final nos sumerge en la vida de Hannah, una abogada que debe hacer frente a la pérdida de su hija, mientras su jefe le obliga a defender al novio de Virág, acusado del ataque a los gitanos, donde murió la madre de Ricsi. Bogdán cimenta sus imágenes poderosas y oscuras, a través de una forma de planos secuencias y ásperos, donde retrata esos mundos sórdidos y violentos por donde transita la película, componiendo una atmósfera brutal mediante un sonido potente, rasgado y medido, en la que tanto los animales como la naturaleza se erigen como espejos emocionales de los protagonistas, en las que los elementos como el fuego y el agua (con esas zambullidas bajo el agua tan significativas que realiza Virág, por ejemplo) donde los personajes se mueven asfixiados por esa realidad dura y vil, acarreando como pueden esas vidas rotas y desechas, vidas que gritan en silencio paz y tranquilidad.

El cineasta húngaro habla en voz alta contra el odio y el racismo, tejiendo unas imágenes duras y violentas, donde hay tiempo para la esperanza, para ver el mundo con otros ojos, ojos menos agresivos, ojos inquietos, donde siempre hay un resquicio de luz ante tanta oscuridad maligna. La excelsa música de Mihaly Vig (compositor de Béla Tarr) ayuda a manejar con sinceridad y aplomo sus imágenes, llevándonos por diferentes estados de ánimo, al alimón que sus protagonistas, unos seres que deben tirar hacia adelante en medio de tanta crueldad y frío. Bogdán ofrece un relato con muchas resonancias bíblicas, donde se explora con intensidad y sobriedad la complejidad de la condición humana, las diferentes capas y texturas que componen cualquier alma, desde lo más bello hasta lo más monstruoso, poniendo sobre la mesa temas éticos y morales como la fe, la responsabilidad o la solidaridad, donde los personajes se deberán enfrentar a sus miedos, inseguridades y sus (des) ilusiones, en esa realidad difícil y oscura que les ha tocado vivir. Con fuertes resonancias argumentales y formales con la película Sólo el viento, de Benedek Fliegauf (2012) basada también en los hechos acaecidos contra los gitanos.

El terceto protagonista ayuda a componer esa naturalidad y fuerza expresiva que tienen los personajes, empezando por ese niño de 9 años, interpretado por Milán Csordás, cargado de una rabia contenida y una mirada que atrapa y rebela todo lo que se cuece en su interior maltrecho por la pérdida de su madre. Eniko Anna Illesi da vida a Virág, cargada de una mirada sensual y penetrante, donde compone un matiz cargado de detalles y gestos íntimos y silenciosos (además su personaje es sordo, cosa que la película maneja ese mundo sensorial y silenciosos) que va tan bien con esa mirada triste y solitaria de esta adolescente sin rumbo. Y finalmente, la abogada herida de Hannah a la que interpreta con sobriedad y talento la actriz Anne Marie Csheh, un personaje complicado que realizada con grandes dosis de sobriedad y carácter, una mujer firme e inteligente que deberá enfrentarse a su combate más duro y violento.

La película de Bogdán ahonda en otro tema candente en estos casos, el papel de la justicia estatal ante estos hechos, la respuesta de los estados para dejar de pensar que son hechos aislados, locales, y no enfrentarse a un problema universal, ese miedo irracional al otro, al diferente. El realizador húngaro realiza en su segundo trabajo una película que ahonda en todos estos temas, lanzando una mirada dura y terrible ante estos hechos, pero también, ofreciendo esa cara menos amarga y más optimista de los seres humanos, siempre manejando con credibilidad y fuerza las tensiones personales y sociales, como ocurre en el caso de la abogada obligada a defender a un criminal, o la adolescente que decide atajar su vida aceptando el problema terrible de un novio violento. Una película muy visual y sensorial, donde hay pocos diálogos, donde nos movemos y mucho con sus protagonistas, sintiendo esa ambigüedad emocional que los aísla, y también, siendo testigos de primera mano todos sus emociones a flor de piel, sus dudas, sus miedos, esas vidas rotas, esas familias rotas, pero mirando de frente a su camino, sin dejar que las cosas que han sufrido les sigan condicionando sus vidas, aceptando los hechos y asumiéndolos con valentía, sin miedo a todo lo que vendrá.

Grecia: reinventarse para sobrevivir, de Elena Zervopoulou

untitledLA DIGNIDAD DE LOS NADIES.

El arranque de la película nos sobrecoge de manera directa, situándonos de forma contundente y golpeándonos de bruces con la durísima realidad a la que tuvieron y tienen que enfrentarse los ciudadanos griegos. A comienzos de la primavera de 2010, el gobierno griego, acosados por los acreedores alemanes, se vieron obligados a anunciar un período terrible de recesión, donde se adoptaban medidas de ajustes y recortes en todo tipo de derechos laborales y sociales, situación que llevó a la ruina moral y física a miles de griegos. La debutante Elena Zervopoulou, formada en Antropología y Cine Documental, y con diversas experiencias en proyectos para ONGs y demás colectivos y asociaciones solidarias, sitúa su foco de atención en tres personas muy perjudicadas por estas medidas, tres individuos que tuvieron que empezar de cero, reinventar su vida laboral para seguir con dignidad a pesar de las tremendas dificultades económicas.

La cineasta griega se centra en Grigoris, un padre de familia que decide dejar Atenas y trasladarse a la región del Peloponeso a trabajar la tierra y ganarse así su sustento, después, tenemos a Giorgos, un hombre de mediana edad, compositor y músico, que una serie de circunstancias adversas, lo llevaron a vivir en la calle, y ahora, después de ese período, trabaja para una ONG que ayuda a salir a los que se encuentren en la situación que él estuvo. Y finalmente, conocemos a Ilías, profesor universitario y activista, que junto a otros colaboradores funda y trabaja para “el movimiento de la patata”, un colectivo de personas que decide comprar alimentos de primera necesidad directamente a los productores, sin contar con los intermediarios, creando una red solidaria que lucha contra los precios abusivos de los supermercados. Zervopoulou recoge el espíritu de aquel cine latinoamericano documental que, denunciaba de forma honesta y sincera, las salvajes situaciones que vivían los ciudadanos, los trabajos de nombres tan importantes como Miguel Littín o Pino Solanas, entre otros. Un cine humanista que profundizaba en las razones económicas y políticas que llevaban a la población a subsistir de manera tan precaria e indigna.

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La realizadora helena sigue con su cámara la cotidianidad de sus tres cabezas visibles, su lucha diaria, como se enfrentan a los problemas de los demás y propios, una lucha contra ese organismo europeo más preocupado de la moneda y de financiar su economía, que del pueblo que reclama sus derechos. Un cine combativo, alejado de artificio y aspavientos, sólo personas humanas, de la calle, que podrían ser cualquiera de nosotros, como nos recordaban las comedias de Capra, esa gente que se cruza con nosotros cada día, que lo han perdido todo, y tienen que empezar desde abajo, con la ayuda del otro, que se encuentra en su misma situación, protestando contra su gobierno, empeñado en obedecer la injusticia europea, y no escuchar a su pueblo sin trabajo y hambriento. Zervopoulou huye del reportaje televisivo, muestra los hechos y las personas que los viven, no juzga ni tampoco se posiciona, muestra sus historias y lo que hacen, la directora documenta unos hechos que están sucediendo y se mantiene junto a ellos, respetándolos y sobre todo, sin caer en la demagogia en la que suelen caer habitualmente este tipo de trabajos, donde se explican situaciones de dignidad y solidaridad, ante todo se nos hace un retrato humano de personas que luchan contra unos elementos poderosos hostiles que les conducen al abismo, y cómo encuentran un resquicio de luz ante tanta adversidad, para seguir levantándose cada día y seguir trabajando para vivir dignamente.

Entrevista a Silvia Munt

Entrevista a Silvia Munt, directora de “La granja del Pas”. El encuentro tuvo lugar el martes 24 de noviembre de 2015, en los Cines Girona de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Silvia Munt, por su tiempo, generosidad y simpatía, a Alex Tovar y Sonia Uría de Suria Comunicación, por su paciencia, amabilidad y cariño, a Dani Lacasa, editor y cinematógrafo de la película (que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación) y a los Cines Girona, por tratarme con tanto cariño y por programar un cine humilde, sencillo, necesario y a contracorriente.

La granja del Pas, de Silvia Munt

La_granja_del_Paso-207816200-largeDIGNIDAD FRENTE AL CAPITALISMO

En Numax presenta… (1980) Joaquim Jordà filmó la experiencia de unos trabajadores que emprenden la autogestión de la empresa donde trabajan, para protestar contra el cierre irregular de los propietarios. El mismo espíritu combativo y solidario lo encontramos en el documental de Silvia Munt (1957, Barcelona) que recoge los problemas y las dificultades de los integrantes de la Plataforma de afectados por la Hipoteca (PAH) en Sabadell. Un grupo de personas de distinto sexo, raza, nacionalidad y religión, que debido a la crisis económica, que les ha llevado a perder sus trabajos, se han visto duramente castigadas por los bancos por no poder hacer frente a los pagos de sus hipotecas.

Munt, actriz reconocida y premiada, que a finales de los 90 emprendió un nuevo rumbo en su carrera, empezando a dirigir, arrancó con un par de cortos, uno de ellos, Laila (1999), con multitud de premios, y su primer largo, Gala (2003) donde daba buena cuenta de la musa de Dalí, continúo dirigiendo películas destinadas para televisión, donde ha construido una prolífica carrera con 8 títulos, en 2008 realiza Pretextos, un duro drama sobre una pareja en crisis. Ahora nos llega este trabajo sobre la cara oculta de la crisis, sobre aquellos que apenas tienen visibilidad, sobre los que siguen en pie, luchando diariamente por su vida  a pesar de las circunstancias, los que gritan sin que se les escuche. Aquellos que saldrán adelante con la ayuda del otro, del abrazo y la mirada compartida. Munt recoge el testigo del gran Jordà, y de los cineastas comprometidos en dar voz a los que se les niega, como Barbara Kopple y su Harlan county, USA, donde un grupo de mineros y sus mujeres luchaban contra la compañía que quería dejarles sin trabajo. Cine combativo, de resistencia, de guerrilla que intenta dar luz donde no la hay.

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El trabajo de Munt, filmado durante un año, con un equipo mínimo, sólo tres personas, huye de los sentimentalismos, su objetivo es hablar de las personas y sus circunstancias, filma el proceso de los afectados, desde que llegan el primer día a la asociación, como se les recibe, cómo explican su situación y los mecanismos humanos y solidarios con los que combaten ante los graves problemas financieros que arrastran como una losa. Filma los testimonios de algunos de los afectados, primero llenos de amargura y sufrimiento, y a medida que avanzan en su vía crucis particular, se van llenando de rendijas de ilusión y esperanza ante el futuro. Munt da testimonio de lo que ocurre, se mantiene a la distancia adecuada, filma los rostros de las personas, como se miran y dialogan entre ellas, atestigua cada testimonio de modo veraz y humanista, no utiliza ningún tipo de música, sólo escuchamos el sonido ambiente, esas voces de auxilio que reclaman solidaridad, compañía y sobre todo, un camino por donde tirar en este laberinto burocrático, sangrante y terrorífico en que los poderosos han convertido la sociedad y las vidas de las personas cuando tienen serias dificultades. Cine de denuncia y militante que aboga por la dignidad, la cooperativa, la solidaridad y la hermandad frente a ese capitalismo salvaje, bárbaro e inhumano. Un cine necesario y humilde, hecho desde la pasión por el deseo de contar historias, y sobre todo narrar lo que ocurre y porque ocurre, ya que los medios, sometidos a las grandes corporaciones mercantilistas, rehúyen profundizar en este tipo de iniciativas que abogan por un mundo más solidario y cooperativo.


<p><a href=”https://vimeo.com/143069647″>LA GRANJA DEL PASO – TRAILER</a> from <a href=”https://vimeo.com/user30934126″>Silvia Munt</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

¡Buen Camino!, de Lydia B. Smith

A_Buen_camino-597951954-largeEL LATIDO HUMANO

Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”

Antonio Machado

La realizadora estadounidense Lydia B. Smith debuta en el largometraje (después de una amplia experiencia en los departamentos de producción y cámara en películas tan importantes como Ed Wood, Matilda o Mentes peligrosas), abordando el viaje emocional y espiritual de seis personas que están haciendo el Camino de Santiago (el Camino Francés, de 800 km de recorrido desde St. Jean Pied de Port, en Francia, hasta Santiago de Compostela). Seis personas de diferentes nacionalidades, edades y creencias, todas ellas con sus propias razones y motivaciones personales que les han llevado a realizar este viaje personal e interior hacía sí mismos.

La cineasta toma una actitud honesta y humana, se aleja de subterfugios conmovedores y efectistas, y se centra en las personas, en este grupo de seres humanos y sus vivencias diarias acompañándolos en estos 40 días más o menos que dura el trayecto. Unas personas que han dejado atrás la vertiginosa vorágine del mundo, se han parado, y se han puesto a caminar, en soledad o en compañía, disfrutando de otro tiempo, un tiempo detenido, un tiempo para respirar, para escucharse, para mirar y disfrutar de cada gesto, de cada detalle, del propio paisaje y sentir sus emociones en contacto con la madre naturaleza. La directora se detiene en cada uno de ellos, se toma el tiempo necesario, nos los muestra de manera sencilla, y desde un lado espiritual, a unos, y otros como aventura y reto personal, no pretende enseñar nada sobre el camino, tampoco que su película sirva como un escaparate para empujar a otras personas a hacerlo, sino todo lo contrario, es un viaje muy personal de cada uno de ellos, mostrándonos los momentos alegres y los problemas que se van encontrando: la camaradería que reina entre los peregrinos o caminantes, la solidaridad entre ellos, la convivencia que se genera y la paz y tranquilidad que se respira a cada paso, y por otro lado, las dificultades que se van encontrando, el cansancio físico, lesiones y heridas, lluvia, sol abrasador, y demás incontinencias de la propia naturaleza del camino.

Smith aporta los testimonios de sus protagonistas, que van explican sus sensaciones y sentimientos que van experimentando a lo largo y ancho de la ruta jacobea, acompañado de las reflexiones de los expertos en el camino, sacerdotes, hospitalarios y demás personas que explican la historia, las motivaciones y el espíritu que recorre todo el trayecto religioso que recorren gentes de todo el mundo desde el siglo IX. La cineasta americana se detiene en los gestos y los detalles, pariendo un magnífico trabajo de luz que invade todos los escenarios naturales de la película, y retrata la belleza y tradiciones de los lugares y pueblos que se van encontrando durante el trayecto, su cámara camina entre los peregrinos, vive y respira la experiencia, habla cuando es necesario, y calla cuando la situación lo requiere, toma su distancia cuando las personas que filma necesitan su espacio, se introduce en sus vidas, en sus personales trayectos de búsquedas de sí mismos, de manera sutil y enriquecedora, sin caer en discursos y juicios sobre ninguno de ellos, deja que ellos se expliquen, que el propio camino los defina o simplemente, que el camino y la experiencia que están viviendo, les sumerja en un proceso vital y personal que han elegido vivir para seguir creciendo como seres humanos y descubrirse a sí mismos.

Dos días, una noche, de Jean-Pierre y Luc Dardenne

490001Fábula sobre la (in)solidaridad

Había una vez una mujer llamada Sandra, de unos cuarenta años, casada y madre de dos hijos que, después de atender una llamada, cae derrotada en su cama llorando desconsoladamente. Al rato, llega Manu, su marido, que le trae buenas noticias, hay una posibilidad de salvar su puesto de trabajo. Sandra se anima, recobra algo de fuerza y se dibuja algo de esperanza en su rostro. Jean-Pierre y Luc Dardenne, vuelven a poner el dedo en la llaga, con una historia terrible, esta vez nos cuentan el conflicto de Sandra, que después de sufrir una grave depresión, se dispone a reincorporarse a su trabajo, pero su jefe se ha desmarcado con una oferta insólita y macabra, ha propuesto a sus compañeros, elegir entre cobrar una prima de 1000 euros o mantener el puesto de Sandra. La trama gira en torno a un fin de semana, un par de días, en los que Sandra intentará convencer a sus compañeros que la elijan a ella en vez de la prima, ya que el lunes habrá una votación en la que deberán decidir. Parecido dispositivo empleado por Kiarostami en la magistral El sabor de las cerezas (1997), donde un señor a bordo de su automóvil, intentaba encontrar a alguien que le ayudase a ser enterrado una vez que se suicidase. Las dos películas plantean sendos dilemas morales con la complicidad del espectador. Los Dardenne, desde que debutasen a finales de los 80, han creado una magnífica y laboriosa filmografía en la que las injusticias sociales y los seres desplazados por su condición, tanto física, emocional o falta de trabajo, tienen el protagonismo. Relatos construidos con delicadeza, en los que no falta una dureza, y a veces una violencia, emocional o física, tremendamente seca. Una cámara que los sigue sin descanso, los escruta, en largos planos secuencia, dotando sus películas de retratos vivos, actuales, que respiran agitadamente, y que no sólo nos hablan de nuestro presente, sino también, del pasado y el futuro. Fábulas ambientadas en suburbios, en barrios obreros, en lugares cercanos, habitaciones que conocemos, personas que nos abren sus vidas y sus problemas. Los Dardenne no juzgan, sólo relatan, y de qué forma, transmitiéndonos toda la ilusión y desesperanzas de sus personajes. Sandra en su particular vía crucis, barrio a barrio y casa a casa, se encuentra con unos compañeros que le exponen razones económicas justificadas para aceptar la prima, su misión no es fácil, pero el apoyo de su familia y de algún compañero que se suma a su causa, le ayudan a seguir hacia delante y luchar por su trabajo. El rostro y la mirada de Marion Cotillard nos guían maravillosamente por este itinerario urbano, en una composición bellísima, creando un personaje que lucha por su dignidad a fuerza de embestidas. Cotillard sigue en esa línea de seres machacados por la vida, como la joven que pierde sus piernas en De óxido a hueso (2012), o la polaca que se prostituía en el Nueva York de principios de siglo en El sueño de Ellis (2013). Una fábula moderna que nos habla directamente, sin tapujos, en la que se pone en juego la difícil elección entre el pan y la honra, entre ser solidarios con el prójimo o no serlo. Los realizadores belgas analizan y exponen una realidad durísima, en una sociedad europea capitalizada muy injusta que, trata a los seres humanos como simples productos para generar dinero, donde los valores y principios éticos ya no existen.