Comandante Arian, de Alba Sotorra

 ¡JIN, JIYAN, AZADI! (¡MUJERES, VIDA, LIBERTAD!)

«Echo de menos a mis compañeras, la lucha, la guerra. Echo de menos compartir su dolor y sus dificultades, y compartir también la alegría de la liberación. Sufrir y luego disfrutar de la libertad es algo increíble».

Comandante Arian

Hace tres años, Alba Sotorra (Reus, 1980) sorprendía a propios y extraños con Game Over, en el que nos hablaba de Djalal, un joven que desde pequeño soñaba con ser soldado profesional, pero cuando estuvo en primera línea de fuego, se sintió decepcionado de la guerra que vio y que sólo conocía a través de los videojuegos y su alter ego online, un soldado de élite que se enfrentaba a peligrosos enemigos en sus misiones secretas. Un ejercicio contundente, personal y reflexivo sobre la fascinación de la guerra, la violencia y las imágenes que nos invaden constantemente sobre temas bélicos y violentos. Ahora, Sotorra vuelve con una película que tiene la guerra como foco de atención, pero desde otro punto de vista, el de un grupo de mujeres combatientes en la guerra de Siria, las YPJ (Unidades de Defensa de Mujeres) un grupo  formado en el año 2013 sólo de mujeres, en su mayoría kurdas, para combatir al Dáesh (Isis), para defender su tierra y su condición como mujeres libres.

La película se introduce en la piel de estas mujeres a través de una de sus líderes, Arian Afrîn, la “Comandante Arian”, y nos cuenta de un modo íntimo y personal, su diario de guerra en el asedio de la ciudad de Kobane para reconquistarla y acabar con el Estado Islámico. La película se estructura a través de dos tiempos, en el presente, estamos en el 2016, cuando Arian, que ha recibido cinco heridas de bala, se recupera lejos del frente, y en el pasado, cuando Arian y su batallón de combatientes, emprenden el asedio para liberar Kobane. La cámara de Sotorra, y ella misma,  se camuflan junta a las mujeres, convirtiéndose en unas combatientes más, dejando fiel testimonio de las experiencias sanas y terribles que iremos viendo a lo largo de sus 80 minutos de metraje, en las que habrá momentos de paz interior, o violencia bélica, y también, tiempo para compartir, recordar y sentir, en las que escucharemos sus conversaciones, sus inquietudes, sus soledades, (des) ilusiones, sacrificios e ideales, su pasado bajo el yugo machista, y su futuro, al que todas lo encaran con esperanza por una tierra mejor, más justa, igualitaria y solidaria.

Vemos con detalle y profundo análisis su cotidianidad, su entorno y los compañeros masculinos que las acompañan luchando codo a codo en el campo de batalla, donde escuchamos con precisión el ruido de las bombas, el silbido de las balas, y las continuas refriegas que se van produciendo, dentro de un entorno de camaradería, compañerismo y libertad, una libertad que se ganan diariamente con su kalashnikov y valentía. La directora catalana nos habla de guerra, de vida y muerte, sin caer en el heroísmo y la plasticidad de unas imágenes que no son bellas o complacientes, sino duras, ásperas, y en ocasiones, tremendas, que quitan el aliento por su terrible dureza, pero la película nunca cae en eso, se mantiene firme en contar con alegrías y tristezas las vidas de este batallón feminista de manera clara y precisa, en el que nos la presenta como mujeres de carne y hueso, mujeres que nos podríamos encontrar por la calle en otras circunstancias, despojándolas de cualquier aura de espiritualidad o por el estilo, la cinta extrae su humanidad, su fuerza y su voluntad, esa voluntad de hierro y determinación que las dejar a sus familias, y por ende, su destino marcado como esposas y madres, para liberarse de sus porvenires anulados, y vivir libremente y como ellas quieren, aunque para ello tengan que pegar tiros y jugarse la vida cada día.

Arian y su batallón de mujeres despierta una fuerza brutal y unos ideales perdidos por nuestros lares, donde la fuerza del equipo y la fraternidad se convierten en sólo uno, donde van todas a una, ayudándose y levantándose unas a otras, siguiendo en pie a pesar de las bajas y los problemas de la guerra, porque todas juntas llegarán hasta donde las armas y el coraje les aguante. Sotorra nos brinda una película humanista y cercana, donde se explora con claridad y detalle la condición humana, donde el término libertad adquiere significados distintos a los que nosotros conocemos, donde la individualidad y los conflictos a los que nos enfrentamos diariamente, se diluyen en la nada, observando a estas mujeres y sus circunstancias, unas mujeres de gran fortaleza y virtud, que rompen estereotipos y tradiciones milenarias para ser ellas mismas, y sobre todo, defender aquello que consideran importante para ellas y su tierra, defendiendo a tiros valores humanos que aquí hemos olvidado hace demasiado tiempo.

La directora reusense nos brinda una película necesaria y valiente, una película que le ha llevado tres años de filmaciones, entre idas y venidas, un documento muy alejado de la visión de los informativos occidentales, en los que parece que la guerra siempre la hacen los hombres, y nunca sabemos nada de las mujeres. Un trabajo sincero y honesto, que recuerda a las películas de Rithy Panh o Wang Bing, en la forma de colocar la cámara y filmar las conversaciones y el entorno de estas combatientes kurdas, en las que la relación entre cineasta y el objeto filmado acaba diluyéndose y creando una relación diferente e íntima, en el que todo se mezcla y adquiere una proximidad que nos traspasa y nos acaba convirtiendo a los espectadores en seres activos y reflexivos de las imágenes que estamos viendo, y creando ese vínculo mental entre la cineasta y sus personas. Sotorra construye una cinta emocionante y bella en sus valores humanísticos sobre unas mujeres que viven y guerrean diariamente por su libertad, por su identidad y por vivir en una tierra mejor, aunque para ello tengan que perder su vida o ver como la pierden algunas de sus compañeras.


<p><a href=”https://vimeo.com/290442289″>Comandante Arian – Trailer Oficial</a> from <a href=”https://vimeo.com/albasotorra”>Alba Sotorra Clua</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Las grietas de Jara, de Nicolás Gil Lavedra

LAS CUENTAS DEL PASADO.

Pablo Simó es un arquitecto que trabaja para una prestigiosa empresa, está casado y tiene una hija. Todo parece sonreírle, aunque la verdad es que no. Simó pasa sus días sin más, sometido a la monotonía diaria, su mecanismo en el trabajo, y en casa, más de lo mismo, encerrado en una atomización aburrida y sin ningún tipo de aliciente, dejándose llevar como uno más. Un día, todo va a cambiar, la visita de una joven desconocida a la firma de arquitectura donde trabaja, una joven que viene preguntando por Nelson Jara. Jara, un tipo del pasado que devolverá los fantasmas del propio Simó y sus jefes. Las grietas de Jara es una adaptación de la novela homónima de Claudia Piñeiro (autora de la que ha sido adaptada en las películas Las viudas de los jueves, Betibú y Tuya) relatos situados en ambientes burgueses y aislados del mundo, donde la aparición de un cadáver trastoca la aparente armonía de sus vecinos. El director Nicolás Gil Lavedra (Buenos Aires, Argentina, 1983) que debutó con Verdad verdaderas (2011) donde plasmó la autobiografía de Estela de Carlotto, una de las abuelas de Plaza de Mayo.

En su segundo largo, Gil Lavedra, con un guión escrito junto al cineasta Emiliano Torres (del que vimos por aquí El invierno) hace un cambio de registro, centrándose en una película de corte noir, sumergiéndose en las decisiones que tomamos en nuestra vida, en esos instantes donde decidimos tomar partido por unas cosas u otras, y sobre todo, las consecuencias de esas decisiones en el futuro. Nos presenta a Pablo Simó, rodeado de una vida aparentemente feliz, aunque en esa existencia marcada algo falla, y la aparición de esa enigmática joven preguntando por alguien del pasado, desatará esa madeja existencial de Simó, y lo llevará por territorios que jamás debería haber transitado, en una espiral laberíntica sin fin, una especie de Señor K, que deberá, inevitablemente, hacer frente a esas decisiones del pasado que resucitan en el presente para cobrarse sus deudas. Gil Lavedra nos cuenta su película de forma desestructura, con abundantes saltos en el tiempo, rescatando situaciones pasadas mezcladas con ese presente que, cada vez, es más turbio y sombrío, y enmarcándolo en un tono ligero, cotidiano, sin efectos ni subrayados, introduciéndose en el interior de Simó, de un tipo atormentado encerrado en una existencia que no le agrada, que quiere escapar y salir corriendo sin parar, aunque para ello, deberá asumir sus decisiones y quizás, encauzar su vida hacia otros lugares más tranquilos.

El director bonaerense siguiendo las pautas del género, va marcando su película y cociéndola a fuego lento, sin muchos sobresaltos, e investigando los estados de ánimo de cada uno de sus personajes, en especial a Simó, el hilo conductor de esta trama que dejará al descubierto ciertas artimañas de unos, los poderosos, en el que la codicia de ganar más y quitar los obstáculos que se encuentren con el fin de conseguir sus cimas. Gil Lavedra cimenta toda su propuesta en dos pilares básicos, por un lado, en una trama compleja, pero bien acometida y sobre todo, bien explicada, y en sus intérpretes, empezando por la sobriedad y la inquietud de Joaquín Furriel dando vida a Pablo Simó, ese león enjaulado a su pesar, siguiendo con su alter ego en la trama, el tal Nelson Jara, interpretado por el gran actor Óscar Martínez, ese fantasma del pasado, como al que se le aparecía a Ebenezer Srooge, y bien secundados, por la elegancia y la turbiedad de Soledad Villamil y Santiago Segura, como los jefes de Simó, más dados a la apariencia y el deseo oscuro del negocio que a los gestos humanitarios, y por último, la presencia de Sara Sálamo, en un personaje interesante y con ese caparazón de inocencia y carácter, que provocará el conflicto.

Gil Lavedra ha construido una película de cine negro clásico, en el universo de los arquitectos y las consecuencias que tienen esas obras en las estructuras de los vecinos, en la picaresca de unos y otros para sacar tajada, y en la ambigüedad y los intereses de unos pocos, unos privilegiados, como explica en sus novelas Piñeiro, que explotan a la inmensa mayoría para su propio beneficio, haciéndoles creer que con esfuerzo y trabajo podrán conseguir sus objetivos, y sobre todo, la película hace una exploración muy interesante y poderosa de las consecuencias de nuestras decisiones que, al fin y al cabo, nos conducirán por el camino elegido, sino que también, por todos esos caminos que finalmente decidimos no escoger por miedo, interés o por rabia, por creer que pertenecemos a algo, y que todo eso es muy importante para nosotros, o al menos así nos los creemos, o nos mentimos para convencernos de ello.


<p><a href=”https://vimeo.com/268950993″>trailer LAS GRIETAS DE JARA</a> from <a href=”https://vimeo.com/user17601575″>39Escalones</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>