Maria Montessori, de Léa Todorov

LA MUJER QUE CAMBIÓ LA ENSEÑANZA. 

“Para educar a estos niños, lo primero que hicimos fue quererlos”

Maria Montessori 

Erase una vez… Una mujer llamada Maria Montessori (1870-1952), doctora, filósofa, psiquiatra y pedagoga, y un carácter indomable y una pasión desbordante, vive en la ciudad de Roma, por allá en 1900, trabajaba junto a su compañero en una institución para niños discapacitados. Maria aunque era codirectora del centro, no constaba en ningún registro oficial. aunque su amor y dedicación por los niños y su forma cercana y apasionada y observadora en sus métodos de enseñanza, cambió la forma rígida y conservadora e impulsó una nueva forma de educación en la que el niño sería el centro del universo, atendiendo sus capacidades, sus tiempos y sobre todo, enseñándolo a ser libre e independiente. Su forma acuñó el “Método Montessori” que, a día de hoy, sigue siendo la forma más adecuada e inteligente de educar. Esta es su historia y María Montessori (“La nouvelle femme”, en el original), de Léa Todorov (París, Francia, 1982), es la película que cuenta esta historia. Un relato situado en 1900, que arranca en las calles y los cabarets de la bohemia de París, en el que conocemos a Lili d’Alency, una famosa cortesana de gran éxito, que mantiene en secreto a una hija discapacitada, y para quitarse el “muerto” de encima, llegará hasta Montessori, donde la niña aprenderá a ser querida y sobre todo, donde será una más y respetada y visibilizada y tratada con amor y cariño. 

A partir de un personaje de ficción, la citada cortesana, y uno real, Maria, la película es un magnífico retrato del patriarcado de entonces, donde las mujeres estaban sometidas y oprimidas al marido, encontramos a dos mujeres libres e independientes, tanto vital como económicamente, que luchan con todas sus fuerzas para seguir siendo lo que son y demostrar a los hombres y a la sociedad conservadora que hay otras formas de vivir, muy alejadas a los convencionalismos y presiones sociales. También, la película es una excelente biopic, no al uso Hollywoodense, en el que se ensalzan los éxitos y se disfrazan los fracasos, aquí hay verdad, contratiempos, contradicciones (Maria debe ocultar a un hijo porque al no querer casarse, legalmente no puede vivir con él), dramas personales (entre el amor y el deseo contra la prisión del matrimonio), y con la educación (esa lucha entre la modernidad que propone Montessori frente a los carcas hombres que abogan por un sistema que oculta y discapacita al diferente. Una película que ensalza la diversidad y la diferencia, no como problemas, sino como retos para el que enseña y para la sociedad, tratándolo como lo que son, personas como nosotros pero diferentes. 

Una película nacida a partir del documental School Revolution: 1918-1939 (2017), sobre pedagogía alternativa, escrito por Todorov, en el que descubre a Montessori, y por encargo del productor Grégoire Debailly nació un guion coescrito por Catherine Paillé, que ha trabajado con directores tan importantes como Sarünas Baratas, Kiyoshi Kurosawa y Guillaume Brac, entre otros, y la propia directora, que recoge una parte de la vida de Maria Montessori, con la calidad y el detalle que tienen las películas históricas francesas, tanto en su forma como en su fondo, con una luz natural y concisa del cinematógrafo Sébastien Lowe, del que conocemos su trabajo en películas como Una historia de amor y deseo (2021), de Leyla Bouzid, el estupendo y rítmico montaje de Esther Lowe, que se ha fogueado en los equipos de cámara de grandes películas como Los miserables, de Ladj Ly, y La isla de Bergman, de Mia Hansen-Love, y su debut en Softie, de Samuel Theis, en una película ajustada en sus 99 minutos de metraje, que se pasan con atención y emoción. El ejemplar y sobrio sonido de un experto como Cédric Berger, con más de medio centenar de títulos a sus espaldas, y la delicada música de Rémi Boubal, que tiene en su filmografía a directores como Éric Zonka, y películas que hemos visto como Plan 75, de Chie Hayakawa. 

El tono sencillo e íntimo de la película debía tener unas actrices capaces de expresar mucho con nada y esto se consigue con creces con dos intérpretes magníficas como Leïla Bekhti, que tiene en su haber nombres tan importantes como Jacques Audiard, Cédric Khan y Joachim Lafosse, se mete en la piel de Lili d’Alency, una cortesana que hará su gran y personal travesía para ver con otra mirada, dejándose de prejuicios morales y sociales que la llevará a mirar de otro modo, como si mirase por primera vez, gracias al método de Montessori, que hace una fascinante e hipnótica Jasmine Trinca, una actriz que ya conocíamos de su capacidad en la cinematografía italiana al lado de monstruos como los Taviani, Moretti, Castellitto, Ozpetek, y sus “exilios” con Bonello, fue una de las cortesanas en la maravillosa L’Apollonide (Souvenirs de la maison choice), y con Ildikó Enyedi. Su Maria es cercanísima, se mueve con ligereza y camina con firmeza y valentía, y cómo mira a los niños, con dulzura, con sensibilidad, y sobre todo, con amor, ofreciéndoles toda la humanidad que se les ha negada, con dedicación, con atención y una voluntad y paciencia de hierro. 

No podemos dejar de alentar al respetado público que vaya a ver una película como Maria Montessori, por su inagotable belleza plástica y por su forma honesta y transparente de acercarse a la vida extraordinaria y dura de una mujer que se enfrentó a todos y todo para, sin hacer ruido y sin ningún atisbo de egolatría y ambición materialista, se acercó a los niños y niñas más necesitados, a aquellos que nadie quería y con un sólo gesto que fue mirarlos, cogerles de la mano y sobre todo, quererlos, los cambió para siempre, con mucho trabajo, saltando los obstáculos y presiones de esos hombres añejos y roñosos que le impedían y se mofaban de sus métodos y dedicación a un colectivo que creían inútiles. Maria rompió con lo establecido y generó una nueva forma de mirar, de educar, de sentir y de estar, a través del amor y el cariño, pusó unas nuevas formas de enseñanza donde el niño era un todo, donde el maestro aprendía con él, y no imponía nada, y se adapta a las necesidades del niño, en compañía, siendo el guía de su aprendizaje y formación, no a través de sólo conocimientos, sino a través de su personalidad, carácter y empatía, donde los sentimientos son la parte fundamental de su enseñanza. Una revolucionaria como Maria Montessori no sólo fue moderna en su época, sino en cualquier época, esta película es un buen ejemplo de cómo acercarse a su figura y descubrirla, para todo aquel/lla que no la conozca, porque seguro que le cambiará muchas cosas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Liliana Torres

Entrevista a Liliana Torres, directora de la película «Mamífera», en la Ikas de Gràcia en Barcelona, el lunes 29 de abril de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Liliana Torres, por su amistad, tiempo, sabiduría, generosidad, y al equipo de comunicación de la película, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Mamífera, de Liliana Torres

LOLA NO QUIERE SER MADRE. 

“Porque hay una historia que no está en la historia y que sólo se puede rescatar escuchando el susurro de las mujeres”

Rosa Montero 

En los últimos años hemos visto que la cinematografía española ha mirado y explorado las diferentes formas de maternidad. Películas como Els dies que vindran, de Carlos Marqués-Marcet, Cinco lobitos, de Alauda Ruíz de Azúa, Viaje al cuarto de una madre, de Celia Rico, Ama, de Júlia de Paz Solvas, y La maternal, de Pilar Palomero, son sólo algunos ejemplos de un cine que profundiza en el hecho de ser madre. Podríamos decir que Mamífera, de Liliana Torres (Vic, 1980), es el contraplano de todo ese cine, porque la película no nos habla de la maternidad, sino de la decisión de no ser madre. Una decisión que no es fácil, repleta de estigmatizaciones y sobre todo, de múltiples presiones y estereotipos sociales que cuestionan la moral de las mujeres que deciden no ser madres. La película se pregunta a sí misma, se cuestiona todo y a todas, y lo hace desde un personaje como el de Lola, una mujer feliz con su pareja Bruno que, al quedarse embarazada, le volverán todos los miedos del mundo a la hora de afrontar su decisión. 

A Torres la conocíamos con Family Tour (2013), una interesante propuesta que investigaba las relaciones y (des) encuentros de la propia directora, que interpretaba Nuria Gago, con su familia, que se interpretaba a sí misma,  después vimos ¿Qué hicimos mal? (2021), protagonizada por Liliana que visitaba a tres ex parejas y les preguntaba por la citada cuestión. Con Mamífera se cierra una especie de trilogía en la que aborda la maternidad, pero desde un prisma sensible y nada juzgante, desde lo más íntimo y cercano, desde una mirada sobre la aceptación de uno mismo y la de los demás, aunque tomen decisiones alejadas a las de la protagonista. El personaje principal Lola, hilo conductor, con la que viajamos por esa Barcelona y rodalies tan domésticos, la acompañamos en su deriva y temores en esos tres días de reflexión, según la ciencia, en la que interrumpirá el embarazo. Seremos su compañía y su espejo en el que reflejarse, arrastrando dudas, miedos y preocupaciones, visitando a las madres, a las que tienen y no tienen, y a su madre, para exponer sus reflexiones, sus ideas y pensamientos, en un viaje muy interior, parecido al que vivía la protagonista de Cléo de 5 a 7 (1962), de Agnès Varda, en otro contexto y situación pero tanto una como otra, llenas de incertidumbre y abismos. 

La cinematografía tan directa y traspasadora de Lucía C. Pan, que hemos conocido por sus trabajos para Xacio Baño, Andrés Goteira, Sonia Méndez y Álvaro Gago, entre otros, que ya estuvo en ¿Qué hicimos mal?, ayuda a crear un espacio íntimo y profundo, dejando de lado artificios y estridencias argumentales para seguir con una cámara que es una extensión de la propia Lola, rodeada de esos grisáceos de la periferia barcelonesa, con sus continuos viajes en tren o metro. El estupendo montaje de Sofi Escudé, que codirigió con Liliana el documental Hayati (Mi vida), que nos atrapa y asfixia en sus 93 minutos intensos y sin tregua, siguiendo a una Lola que deambula, que va y viene y no sabe adónde va, en un relato en primera persona y singular con esas partes oníricas tan ricas y profundas que materializan todos esos pensamientos y temores de la protagonista. La música de Joan Pons Vilaró, que también estuvo en Hayati (Mi vida), resignifica el tono y la forma de una película que navega sin prejuicios por el drama y la comedia, mezclándolos de forma natural como la montaña rusa de emociones y sentimientos en la que está Lola. 

Una película sencilla, transparente y nada pretenciosa como Mamífera requería de unos intérpretes que vayan más allá de lo que se cuenta, y cómo se cuenta, con esas miradas y silencios que hablan mucho más que los diálogos, con una magnífica y poderosa María Rodríguez Soto que, protagonizó junto a David Verdaguer la mencionada Els dies que vindran, ahora con el mismo arranque pero en unas decisiones y circunstancias totalmente diferentes, porque su Lola no quiere ser madre y debe lidiar con ese espacio de soledad y miedo ya que su entorno no ha tomado la misma decisión, y la actriz mezcla la fuerza y la vulnerabilidad de un personaje valiente y lleno de miedo. A su lado, Enric Auquer, la pareja cercana, sensible y cuidadora, aunque la decisión de Lola también generará conflictos y muchas palabras, quizás demasiadas. Tenemos una retahíla con personajes breves, pero igual de interesantes como los de Amparo Fernández haciendo de madre de Lola, Anna Alarcón y Ruth Llopis, una madre y otra que quiere, darán puntos de vista muy distintos y respetables para la protagonista. Y otras cómo Mireia Aixalà, Ann Perelló, Anna Bertran y Maria Ribera, entre otras. 

Me encantaría que el público fuera a ver una película como Mamífera, porque les hará cuestionarse muchas cosas de su propia vida y las de su alrededor, y quizás, ya no juzgarán tan a la ligera y se encerrarán en sus propios miedos, prejuicios y valores de mierda, porque la película aboga por la empatía, ese aspecto tan en desuso y en vías serias de extinción, en hacer el ejercicio y el esfuerzo en mirar más al otro que, posiblemente es el/la que tenemos más cerca, y necesita eso mismo, que los mires, los escuches y sobre todo, los entiendas aunque no tengas la misma idea de vida, de maternidad o lo que sea, porque lo que nos hace humanos no es pertenecer a esta especie, ni mucho menos, sino en esforzarnos en respetar y cuidar al otro/a y no imponerles nuestros valores, porque ellos tienen los suyos, y quizás, están muy lejos de los nuestros, y eso no quiere decir que sean mejores o peores, sino diferentes, y tenemos el deber de escuchar y respetar, y no juzgar, así que, ya saben y sabemos, vivan como puedan y sobre todo, miren de frente al otro/a, sólo eso, y créanme, eso cambiará muchas cosas, nos hará humanos y nos acercará los unos/as con los otros/as. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La isla de las mujeres, de Marisa Vallone

ÉRASE UNAS MADRES DE CERDEÑA… 

“No podemos dejar que las percepciones limitadas de los demás terminen definiéndonos”.

Virginia Satir

El extraordinario prólogo de La isla de las mujeres (La Terra delle Donne, en su original), que detalla de forma concisa y sobria el orden y desorden existente en esa parte de Cerdeña junto al mar después de la Segunda Guerra Mundial. Una pequeña sociedad llena de superstición religiosa que declara a la séptima hija como una bruja. A Fidela le ha tocado ese deshonroso honor que la estigmatiza de por vida, convirtiéndola en un ser solitaria y despojada de la familia como deja tan evidente la estupenda secuencia de la fotografía. Fidela vive alejada cuando es mayor, pero es una joven especial, una joven espiritual, que conoce las hierbas del lugar y sabe curar a los demás. Una mujer aislada pero llena de vida, emociones y de amor, aunque no sea comprendida por su madre y los demás lugareños, que la siguen tratando como un ser oscuro del que hay que alejarse para protegerse de su brujería y malas conductas. 

La ópera prima de Marisa Vallone (Bari, Italia, 1986), que después de dedicarse a la videoinstalación y al arte multimedia, y formarse en el prestigioso Centro Sperimentale di Cinematografía de Roma, por el que han pasado diferentes generaciones de cineastas italianos que ha  hecho muy grande su cinematografía, como Vallone con una primera película que nace con el propósito de contarnos la cotidianidad de un pequeño lugar de la Cerdeña, un espacio diminuto donde las mujeres tienen el mando, donde la tremenda religiosidad convive con lo pagano y lo espiritual, en un mundo de contrastes en el que la historia se sitúa en tres mujeres de la misma familia. Tenemos a la madre, una mujer viuda que vive entre lo emocional de su hija Fidelia y las apariencias y oscuridad de la tradición, a la hermana mayor Marianna que recorrerá un parte de Europa con el objetivo de quedarse embarazada, y finalmente, la mencionada Fidelia, la pequeña,  la llamada “bruja”, un ser especial que trata con plantas medicinales las dolencias de sus vecinos, que por orden del párroco del lugar, deberá criar a Bastiana, una niña ilegítima que al ser la séptima es expulsada de su casa, y se topará con Fidela y su mundo. 

La cineasta se mueve entre el realismo de un tiempo difícil y triste después de una guerra, y la fábula, porque encontramos personajes que bien podrían ser de un cuento de hadas: el soldado inglés que se enamoró de una italiana y que se quedó sólo cuando aquélla volvió con el marido que creía muerto, la llegada del pintor y fotógrafo y su padre al pequeño pueblo, y la propia Bastiana, una especie de princesa diferente a todos y todas que deberá crecer en un mundo diferente y lleno de sabiduría y oscuridad. Sin olvidar la propia idiosincrasia del lugar, una isla en que el mar delimita la vida, la esperanza y el mundo, un más allá demasiado lejano para el microcosmos en el que viven estas mujeres singulares. Un gran trabajo de cinematografía de Luca Coassin, que envuelve con detalle y precisión a las mujeres de este pueblo, enlutadas y supersticiosas, frente al violeta de Fidela y su hija, y aún más, entre los colores más suaves y elegantes de los visitantes. Un montaje del dúo Francesco Garrone (que tiene en su haber películas de Daniele Luchetti), e Irene Vecchio (muy presente en la filmografía de Elisa Amoruso), en un estupendo trabajo donde imponen un ritmo pausado y emocional en el que se va desenvolviendo un relato contenido y sin estridencias, que captura con orden y reposo los avatares de sus protagonistas en una película que se va a los 104 minutos de metraje. 

Si la parte técnica es destacable, no lo es menos el magnífico trabajo de sus intérpretes entre los que destaca una maravillosa Paola Sini, que produce y coescribe el guion con la directora, que compone una inolvidable Fidela que, a pesar del desprecio de su familia y los demás, ella se hace su mundo, entre los espiritual y terrenal, huyendo de las tradiciones religiosas, y centrándose en la naturaleza y lo interior, creando un universo en sí mismo, y a pesar de las traiciones, ella sigue en pie, firme y con una voluntad de hierro, porque Fidela es un personaje de luz, alguien que quiere vivir su vida y hacer su mundo, siendo ella misma a pesar de la oposición de los demás, porque ella sabe que sólo hay una vida y cada uno ha de vivirla como desea desde su más profundo ser. Valentina Lodovini es Marianna, que está obsesionada con ser madre y recurrirá a todo por conseguirlo, y no se detendrá en su propósito. Syama Ryanair es Bastiana, la hija de Fidelia, que tomará su camino después de las enseñanzas y consejos de una madre diferente, y luego están los hombres de la película, el párroco cercano y algo díscolo que hace un grande como Alessandro Haber, que ha trabajado con los grandes del cine italiano como Bellocchio, Bertolucci, Rosi, Moretti, Monicelli, Pupi Avati, Risi, entre muchos otros, el belga Jan Bijvoet, al que vimos en películas que me gustaron mucho como Alabama Monroe, Borgman y El abrazo de la serpiente, entre otras, hace del soldado inglés encallado y ermitaño, o quizás, el hombre que encontró su lugar o alguno que se le parecía, se convierte en una especie de padre para Bastiana, o un amigo con el que hablar y reírse, y los visitantes, el padre, una especie de doctor que ayuda a Marianne a quedarse embarazada que hace el actor japonés Hal Yamanouchi, que ha trabajado con directores tan interesantes como Mangold, Kapanoglu, Bava, Salvatores y Wes Anderson, y su hijo Freddie Fox, con una carrera al lado de nombres como los de W. S. Anderson y Lone Scherfig. 

Nos ha convencido La isla de las mujeres y nos encantaría seguir la filmografía de su directora Marisa Vallone, por contarnos que hay muchas formas de ser madre, de estar en el mundo, y sobre todo, de ser una misma en una sociedad anclada en meras idioteces y miedos infundados, o lo que es lo mismo, una sociedad dominada por el miedo a vivir y a ser ellos mismos, porque lo más fácil en la vida es seguir el rebaño y no detenerse y pensar si eso es lo que queremos para nosotras. Fidela lo tiene claro a pesar de las dificultades, más vale vivir como quieras y aceptar los conflictos, que estar siempre a la greña y despreciada por el resto. Fidela es una mujer muy especial, quizás lo que muchos deseamos, ser especiales pero no para nada ni nadie, sino para nosotros mismos, que somos las personas que más nos necesitamos, amarnos a pesar de todo, a pesar de nosotros, y comprendernos a pesar de nosotros, porque el amor de verdad, el que se siente desde lo más profundo de nuestro ser, solamente será verdad cuando empieza por uno mismo, aceptándonos y siguiendo hacia adelante, pese a quién pese, porque nadie vendrá a rescatarnos si no lo hacemos nosotros. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Leonor Watling

Entrevista a Leonor Watling, actriz de la película «Chinas», de Arantxa Echevarría, en el Cafe Salambó en Barcelona, el miércoles 4 de octubre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Leonor Watling, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Maria de Medeiros

Entrevista a Maria de Medeiros, directora de la película «Nuestros hijos», en el Hotel Catalonia Eixample en Barcelona, el jueves 11 de mayo de 2023

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Maria de Medeiros, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Eva Calleja de Prismaideas, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Matías Bize

Entrevista a Matías Bize, director de la película «El castigo», en el marco del LATCinema Fest, en la sede de la Casa Amèrica de Catalunya en Barcelona, el martes 21 de marzo de 2023

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Matías Bize, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y a Anna Vázquez de Casa Amèrica de Catalunya por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El castigo, de Matías Bize

¿DÓNDE ESTÁ NUESTRO HIJO?

“La frustración está provocada por una sociedad que nos pide ser lo que no somos y nos culpa de ser lo que somos”.

Alejandro Jodorowsky

Existen dos elementos fundamentales en el cine de Matías Bize (Santiago, Chile, 1979), en los que se asienta de forma implacable y estupenda sus conflictos. Todo se construye a partir de un espacio, en el que se concentran una serie de personajes en el que no deben estar, y el tiempo, también reducido, en el que podemos contar los minutos y horas como si fueran losas que van sometiendo a los diferentes individuos. Sábado, una película en tiempo real (2002), fue su debut en el largometraje. Una película-tesis y punta de lanza y que sentó las bases de las características comunes de los siguientes nueve títulos del director chileno. Con El castigo vuelve, veinte años después, a aquellos mismos parámetros de forma más explícita, porque nos sitúa en un paisaje concreto, el de un bosque junto a una carretera, y en un prodigioso plano secuencia a tiempo real como la citada película, en unos tensos y arrolladores ochenta y seis minutos de metraje, nos cuenta la tensión in crescendo de un matrimonio que no encuentra a su hijo que, minutos antes, había dejado como castigo en la vereda de ese bosque. 

A partir de un guion preciso y magnífico de Coral Cruz, que tiene en su haber títulos de directores como Agustí Villaronga, Fernando Franco y Carlos Marqués-Marcet, entre otros, en el que con solo dos personajes y un fascinante e inquietante escenario, nos van sometiendo, sin prisas y sin piruetas narrativas, en una rítmica e incómoda tensión que va creciendo y generando una inquietud que sobrepasa a los nerviosos personajes. Una película vestida de intriga, de ese terror psicológico de lo cotidiano, de lo más cercano, sin nada de sustos de plantilla, o de cualquier otro artefacto para engañar al espectador. Aquí no hay nada de eso, y si hay un milimetrado cuento de terror, de ese terror setentero que se te metía en las entrañas y nos acuciaba en una maraña incierta, donde el miedo se apoderaba de nosotros, y todo contado desde la sencillez y la maldad que habita entre nosotros o en nosotros. Bize se acompaña de algunos técnicos que han ido trabajando a su lado en las nueve películas como Gabriel Díaz en la cinematografía, un trabajo prodigioso con esa cámara que se convierte en un personaje más, en ese testigo y observador de las miserias de este matrimonio o de lo que queda de él, si es que alguna vez hubo algo. Otro cómplice es Rodrigo Saquel, el montador, y el gran Martín Grignaschi, con más de 150 películas a sus espaldas con gente tan importante como Pino Solanas, Daniel Burmann y Pablo Larraín, entre otros. 

Una película de estas características necesitaba unos intérpretes que con un mirada o un leve gesto materializasen todo aquello que está bullendo en su interior, y que se transmitiese toda la tensión, el miedo y la frustración que van viviendo en este lance tan horrible por el que están pasando. Una pareja o no inolvidable representan esta dupla en conflicto como son Antonia Zegers, que era la protagonista de la mencionada Sábado, una película en tiempo real, y que es su quinto trabajo con Bize, en el que vuelve a demostrar su extraordinaria brillantez como actriz, para decirlo todo a través de esa mirada tan penetrante y brutal, en su particular descenso a los infiernos que está sufriendo. La Zegers es una actriz de piel, de cuerpo, de sentir cada gesto, cada mirada y con esa innata capacidad para transmitir que tiene como ha demostrado con cineastas chilenos tan poderosos como el citado Larraín, Marcela Said, Sebastián Leilo y Dominga Sotomayor, entre otras. A su lado, otro actor Bize como Néstor Cantillana, en su tercer trabajo con el director chileno, en el rol de padre, un padre en las antípodas de la madre Ana, porque su personaje, el tal Mateo, es un padre que es más amigo que padre, y eso generará todos los conflictos habidos y por haber. También tenemos a un tercer personaje, la policía que interpreta maravillosamente bien la actriz Catalina Saavedra, que ha trabajado con grandes de la cinematografía chilena como Valeria Sarmiento, Andrés Wood, Miguel Littín y Sebastián Sepúlveda, ahí es nada. Un personaje que con sus preguntas y sus investigaciones abrirá aún más el abismo en el que se encuentran el matrimonio protagonista. 

El castigo es una película magnífica, que te atrapa de forma contundente y brillante, y llena de misterios, es de esos títulos muy incómodos que analizan la pareja desde esas decisiones que tomamos y casi siempre son equivocadas, porque no escuchamos y sobre todo, no nos comunicamos con la persona que se supone que amamos, y luego, con el tiempo se vuelven a abrir unas heridas que no se cerrarán porque no se tomaron como algo importante, y un día ocurre, puede ser cualquier cosa que suceda, como la desaparición de tu hijo, y es ese día, que la herida que seguía ahí, hace acto de presencia y comienza a expulsar sangre y dolor con mucha virulencia, y es en ese momento, que nada ni nada lo podrá parar y aquello que dejamos sin hablar ni enfrentar, vuelve con una gran fuerza y nos derriba y nos saca toda la mierda que hemos callado y ocultado por miedo, por el otro, por no sé qué, y ese día, todo cambiará porque ese día habrá que hablar, habrá que enfrentar el problema que callamos, y nos damos cuenta que hay puertas que no deberíamos haber cruzado y personas a las que deberíamos haber dicho que no, que yo no quería hacer esto o aquello, porque si no enfrentamos lo que sentimos de verdad, acabamos en una carretera aislada, llenos de miedo y sin saber donde está nuestro hijo y lo que es peor, sin saber quiénes somos y cómo hemos llegado hasta ese punto. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Los hijos de otros, de Rebecca Zlotowski

LA OTRA MADRE. 

“Madre es un verbo. Es algo que haces, no algo que eres”.

Dorothy Canfield Fisher

Si exceptuamos la serie Los salvajes (2022), las cuatro películas que componen la filmografía de Rebecca Zlotowski (París, Francia, 1980), se centran en mujeres metidas en historias que las sobrepasan, aunque ellas no se rinden y siguen hacia adelante como la chica rebelde de Belle épine (2010), la joven y su amor prohibido en Grand Zentral (2013), las hermanas que se comunican con fantasmas en Planetarium (2016), y la adolescente en busca del amor en Una chica fácil (2019). Películas que forman parte de una especie de continuidad coherente en la que la directora francesa va acercándose a los cambios que va produciendo la vida y sus circunstancias. Así, que en su quinto trabajo, hablarnos de Rachel era un paso natural en su cine, porque la heroína cotidiana de esta película es una mujer de cuarenta años, sin hijos, profesora implicada en chicos con problemas y con una vida aparentemente plena. Un día conoce a Ali del que se enamora perdidamente y comienza una historia. Una historia que le llevará a entablar relación con Leila, la hija de cuatro años  en custodia compartida. La vida de Rachel da un vuelco considerable, porque además de disfrutar de un amor intenso, bello y sexual, también es madre cada dos semanas.

Zlotowski construye su drama íntimo y cotidiano mirando a aquellas mujeres fuertes y honestas que poblaron el cine estadounidense de los setenta, las Sally Field, Jill Clayburgh, Meryl Streep, Ellen Burstyn, Diane Keaton, protagonistas de historias en las que se enfrentaban a problemas de toda índole que rompían los estereotipos de esposa y madre feliz. Rachel es una digna heredera, porque es una mujer con su trabajo, una vida acomodada, y además, ha encontrado un amor en el que se siente dichosa. El conflicto que plantea la película no es grandilocuente ni nada espectacular, tampoco lo necesita, porque hurga en esas pequeñas grietas que aparentemente son invisibles para nuestros ojos, pero que revelan todo el problema que se cierne sobre los personajes principales. Podrías dividir la película en dos mitades bien diferenciadas. En la primera estaríamos siendo testigos de ese amor y esa convivencia con la hija de Ali con sus pequeños conflictos pero sin nada que resaltar. En la segunda la cosa va cambiando, porque aparece en escena la ex de Ali, y la cosa adquiere más tensión y preocupación.

La directora se acompaña de algunos de los cómplices que le han acompañado durante su carrera como el músico Robin Coudert, con esas melodías casi invisibles pero que ajustan todo el entramado emocional en el que viven los personajes, el cinematógrafo George Lechaptois, que también ha trabajado en películas tan destacadas como Los perros (2017), de Marcela Said y Próxima (2019), de Alice Winocour, entre otras, componiendo una luz tan cercana y tangible en el que nos invitan a ser uno más, siendo testigos sin manipular lo que está ocurriendo, y finalmente, la montadora Géraldine Mangenot, a la que hemos visto en películas tan interesantes como Mi hija, mi hermana, Porto y El acontecimiento, entre otras, con un ritmo pausado y sin aspavientos, consigue condensar de forma intensa los ciento cuatro minutos de metraje en una película que no dejan de suceder cosas. Zlotowski siempre se ha rodeado de grandes intérpretes en su cine, nos acordamos de Léa Seydoux, que protagonizó sus dos primeras películas, Natalie Portman, Amira Casar, Olivier Gourmet, Denis Ménochet y Marina Foïs, ahora muy actuales por protagonizar la estupenda As Bestas, entre otros. 

En Los hijos de otros vuelve a rodearse de grandes como Roschdy Zem, que recupera después de protagonizar la serie de Los salvajes, con una extensísima carrera al lado de nombres ilustres como Techiné, Bouchareb, Desplechin, y demás, en la piel de un tipo enamorado de Rachel, buen padre de Leila, que deberá decidir lo mejor para su hija cuando las cosas cambian de tono. A su lado, una mujer valiente y llena de amor como Virginie Efira como Rachel, con esa lucidez y brillo que tienen las actrices que saben dónde van y tienen esa capacidad para imprimir veracidad, humanidad y sensualidad a sus personajes, unos individuos que traspasan la pantalla y que construyen sus roles a través de aquello que se ve, a partir de lo invisible, mediante miradas, gestos y detalles ínfimos pero muy importantes. Resaltamos dos apariciones, una más breve que la otra, la de Chiara Mastroianni como la ex de Ali, y el gran cineasta Frederik Wiseman en el papel de un entrañable, divertido y peculiar ginecólogo.

Zlotowski nos invita a mirar a sus personajes y sus vidas cotidianas como si estuviéramos viéndolos desde una mirilla, siendo testigos privilegiados de sus alegrías y angustias, de sus deseos y frustraciones, de todo lo que les ocurre en compañía y en soledad, en la que todo está reposado, un drama tejido con honestidad y humanismo un relato muy actual, una historia en la que tarde o temprano la viviremos o la tendremos muy cerca, con un conflicto tremendamente cotidiano pero muy bien presentado y mejor desarrollado, donde una mujer que desea ser madre y está en el límite de poder serlo de forma convencional, se siente que siempre será la otra madre de la pequeña Leila, y se debate en una historia de amor en la que disfruta y siente con intensidad, pero por otra parte, tiene esa necesidad de ser madre por primera vez, de sentirlo de otra manera, y la película explica con sabiduría este conflicto con sus luces y sombras, con sus pequeñas felicidades y tristezas, con sus silencios, tan incómodos y tan asfixiantes, con todos esos detalles que hacen de Los hijos de los otros una película que nos lanza muchas cuestiones y algunas de difícil resolución, pero hay que seguir como hace Rachel que no se detendrá ante nada ni nadie. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ángela Cervantes, Carla Quílez y Pilar Palomero

Entrevista a Ángela Cervantes, Carla Quílez y Pilar Palomero, actrices y directora de la película «La maternal», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el martes 15 de noviembre de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ángela Cervantes, Carla Quílez y Pilar Palomero, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA