Las furias, de Miguel del Arco

af_cartel_furias_rgb_online_3219COMO EN LAS MEJORES FAMILIAS.

“Para mí la familia es el principio de todo. El microcosmos en el que nos formamos y que más tarde reflejamos, consciente o inconscientemente, en el macrocosmos al que somos lanzados como personas adultas. El que nos arma o nos desarma para defendernos en el mundo exterior”

Miguel del Arco

La frase que acompaña el cartel de la película nos advierte que hay que tener mucho cuidado con lo que uno hace con los suyos, si no te perseguirán “Las furias”, seres con cabeza de perro, alas de murciélago y serpientes en lugar de cabello, con la misión de obligarte a expiar tu culpa o enloquecerte. A continuación, arranca la cinta con el breve prólogo situado en el camerino del padre actor, después de una función,  rodeado de los suyos, con la compañía de la niña, iremos conociendo a todos los integrantes de la familia Ponte Alegre. Seguidamente, la película viaja hasta diez años después, más o menos, cuando la niña, María (excelente la joven Macarena Sanz) se ha convertido en una adolescente con problemas mentales, su madre, Casandra, la hija, (los tres hermanos compartes nombre extraídos de “La Ilíada”, de Homero) actriz frustrada, se gana la vida como loctura de radio escuchando las penurias ajenas, el padre, Gus, al cuidado de la hija, se ha olvidado de sí mismo y de su mujer. El hermano mayor, Héctor, de mediana edad, triunfador en las finanzas y felizmente enamorado de María, y el hermano menor, Aquiles, actor del montón, ahora se ha refugiado en el caserón de la infancia para escribir las memorias familiares. El padre, Leo, de más de setenta, famoso y carismático actor, ahora padece alzhéimer y ha olvidado su vida y los que le rodean, aunque en ocasiones irrumpe con su voz poderosa recitando pasajes de Shakespeare y demás. La madre, Marga, de alrededor de los setenta, mantiene una relación lésbica con Julia, una psiquiatra atractiva, que mantiene en secreto.

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Miguel del Arco (Madrid, 1965) que arrancó su carrera como actor, se ha convertido en una de las voces más interesantes y comprometidas del teatro actual, en el que ha adaptado a autores de renombre como Shakespeare, Gorki, Gógol o Molière, entre otros, además de escribir, dirigir y llevar un teatro. Desde el año 2000, dirige tres cortometrajes con numerosos premios tanto nacionales como internacionales, Las furias es su puesta de largo, y para ello se ha rodeado de algunos de los actores con los que ha trabajado a lo largo de estos años, y ha construido una película en torno a la familia, a todos sus logros, y sobre todo, fracasos. A ese extraño núcleo o grupo al que pertenecemos sin haberlo pedido, a ese mundo complejo de relaciones y confidencias, de secretos ocultos que no se dicen o situaciones del pasado que no se quieren volver a vivir, del implacable paso del tiempo y todo aquello que arrastra en su demolición natural, de los efectos, ilusiones, tragedias que se mascan en el seno de una familia muy vinculado al teatro, como no podía ser viniendo de Del Arco. El conflicto arranca cuando la madre, incapaz de afrontar la verdad (una constante que padecen todos los personajes) y desvelar su relación lésbica se escapa anunciando que va a vender la casa familiar, la casa de la infancia, de los recuerdos, de ese tiempo de esperanza, de juegos, de risas.

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Del Arco acota su obra en un fin de semana, un par de días en el que todos los componentes se reunirán para despedirse de la casa, situada en el norte con el cantábrico como testigo, y el paisaje de bosque frondoso y secreto, un lugar que los ha acogido con tanto amor, y de paso, asistirán a la boda de Héctor y María. Aunque la cosa de entrada pinta bien, pronto aparecerán los conflictos, rencores y diferencias entre ellos, todos, absolutamente todos, arrastran cargas emocionales muy pesadas que explotarán sin control durante esas 48 horas. El padre, que parece ausente, compondrá la figura marchita que ha perdido todo su esplendor de gran actor para caer en un olvido injusto, pero que quizás no parece tan perdido, la madre, pretendiendo ocultar su relación, se topará de bruces con la realidad y tendrá que hacerla frente, Gus y Casandra, distanciados por la mentira de ella, no tendrán más remedio que mirarse y hablar, Héctor y María con su boda quieren tapar una noticia terrible que ha roto sus vidas, y pronto saldrá a la luz, Aquiles, tendrá que hacer frente a su vida y dejar de huir, dejando atrás tantos castillos de cartón. Y finalmente, María, consumida por su enfermedad en medio de una familia perdida, hilarante y confundida (como suele ocurrir con todas, en mayor o menor medida) tomará una decisión que quizás ayudará a que todos se sientan menos solos, y manifiesten el amor que han olvidado, aunque solo sea ese fin de semana.

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Del Arco se ha rodeado de un reparto coral extrarodinario (como las películas de Berlanga) un elenco extraordinario encabezados por dos figuras de la interpretación como son José Sacristán y Mercedes Sampietro, con Carmen Machi, Gonzalo de Castro y Alberto San Juan, como los hijos perdidos de la Troya sitiada, con Emma Suárez y Pere Arquillué, como las parejas que resisten estoicamente, la maravillosa Bárbara Lennie, como la amante que quiere dejar de ser la asistente, y para finalizar, Macarena Sanz, la pequeña del clan que huye de sus demonios. El cineasta madrileño ha compuesto una lúcida, amarga y estupenda disección sobre la familia, (que recuerda en muchos aspectos a la deliciosa y cruel Mamá cumple cien años, de Saura, o más reciente en la negrísima Como en las mejores familias, de Cédric Kaplisch) que a ratos encoge el alama y en otros, se mueve entre el humor más cínico. Una tragicomedia de cimientos sólidos, que nos cuenta la vida de una familia de teatro, o al menos una que lo fue, de una familia de difícil y extraña complejidad que se mueve entre las sombras del pasado que fue diferente, y la incertidumbre de un presente, y de un tiempo oscuro en el que todos, cada uno a su manera, van a intentar escapar por otros caminos, aunque lo que desconocen que ese camino siempre lleva al mismo lugar, a ese espejo, sin trampa ni cartón, en el que debemos mirarnos para conocernos, saber quiénes somos y seguir adelante, aunque nos duela, porque siempre va a doler.

El tiempo de los monstruos, de Félix Sabroso

cartel-grandeLAS MÁSCARAS DE LA FICCIÓN.

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”

Antonio Gramsi

En la obra de Seis personajes en busca de autor, de Pirandello, el dramaturgo italiano reflexionaba con sentido y astucia en la intrincada construcción de la ficción de una representación y la naturaleza de sus personajes que, andaban a la búsqueda de un sentido a sus pequeños mundos y la razón de sus existencias. El último trabajo de Félix Sabroso (Las Palmas de Gran Canaria, 1968) navega por las mismas latitudes que la famosa obra de Pirandello, profundizando en las herramientas necesarias que forman parte de la construcción de una película, y el universo que encierran los personajes que serán representados por los actores.

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La película nº 7 de Sabroso abre un punto y aparte en su filmografía, es el primer trabajo que dirige en solitario, después de la desaparición de su codirectora hasta ahora, Dunia Ayaso (1961-2014) con la que había labrado una fructífera colaboración que se remonta a principios de los 90 en el teatro, pasaron al cine donde arrancaron con Fea (1994), luego vinieron Perdona, bonita, pero Lucas me quería a mi (1997), El grito en el cielo  (1998) y Descongélate (2003),  comedias desenfadadas, extremas y enloquecidas con resultados variopintos de crítica y público, después de un tiempo dedicados al medio televisivo, vuelven con Los años desnudos. Clasificada S. (2008) la que significaría un cambio de rumbo en su filmografía, hacía un cine intimista y más comprometido, a la que siguió, la última película del matrimonio artístico, La isla interior (2009), un durísimo retrato de una familia disfuncional y sus complejas relaciones personales.

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El tiempo de los monstruos es una película arriesgada, un artefacto incendiario fuera de toda convencionalidad, un cine a contracorriente, que escapa de cualquier moda y tendencia comercial, en la que expone de manera fiel y honesta los elementos y resquicios emocionales que convergen en la construcción de las ficciones, y los personajes que las componen. Sabroso nos sitúa en un mundo atemporal y ausente (escriben en máquina de escribir, por ejemplo) espacio cerrado, y en una sola jornada, en una imponente mansión por el que circularán los personajes de su ficción, un aquelarre de seres perdidos, depresivos, sin salida, que se encuentran en otro mundo, o al menos eso es lo que creen, encontramos a Víctor (imponente Javier Cámara en otro de sus lúcidos trabajos) que interpreta al director de la película, que nunca ha logrado estrenar, un ser moribundo que se arrastra como un zombie y que pretende realizar su obra póstuma, su mujer, Clara (Pilar Castro con su habitual oficio) es la dueña de la casa y riquísima que anda amargada y solitaria en medio de una relación muerta, también está Raúl, el guionista, al que nadie hace caso, que nunca ha logrado terminar un guión, y además resulta inútil su trabajo, ya que todos admiten que trabajan sin guión, y su pareja, Virginia, una dibujante incapaz de dibujar, también, llega Andrea (Candela Peña consiguiendo mantener a flote un personaje difícil), la actriz protagonista, alcohólica, caprichosa y con tendencia a la depresión, y su acompañante, Jorge, su dentista, que más parece su criado y eunuco, que su amante. El servicio lo integran Marta (Carmen Machi sobria y relajada) y Fabián que, más parecen unos enfermeros administradores de toda clase de pastillas que unos criados.

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Presentados los personajes, Sabroso los describe de manera sencilla, sacando a la luz sus máscaras (casi todos llevan pelucas o disfraces) frustraciones, anhelos y (des)ilusiones, y los relaciona entre sí, apareciendo los habituales conflictos y rencillas entre ellos, y sobre todo, entre sí mismos, unos seres que no logran, por mucho que se esfuercen, dar sentido amplio a sus vidas, por ínfimo que este sea, unas existencias que arrastran con más pena que gloria, sometidas a la incapacidad de saber quiénes son y cuál es su función en este mundo lleno de incertidumbre, caos y desesperante. El realizador grancanario ha construido una carta de amor al cine, y ha escarbado en su oficio, en la materia prima de sus películas, en la forma más intrínseca, profunda y artesanal, en las emociones que se generan entre los técnicos y la existencia de sus personajes, y esos monstruos/miedos que los acechan constantemente y a los que se muestran incapaces de conseguir reducirlos y hacerlos desaparecer. Sabroso enmarca su obra en la desesperación y en la soledad, cine dentro del cine, creando un hermosísimo homenaje a su compañera ausente con la que trabajó más de dos décadas (la pareja que forman los directores de la película) colocando el dedo en la llaga en los traumas y complejidades tanto de los autores como de los personajes que crean, ese diálogo imposible entre unos y otros, en los que se manifiestan esos miedos que habla la película. Sabroso ha levantado con muchísimo esfuerzo y trabajo una película valiente y necesaria, una dignísima aproximación a su oficio de cineasta, en una película que define un carácter peleón y sobre todo, nos certifica a un creador que no sólo sigue haciendo trabajos interesantes y reflexivos, sino que se investiga a sí mismo y a su forma de trabajar sin olvidarse de todos los monstruos/miedos que le acechan, y nos acechan.


<p><a href=»https://vimeo.com/180054768″>TEASER FINAL EL TIEMPO DE LOS MONSTRUOS</a> from <a href=»https://vimeo.com/dypcomunicacion»>DYP COMUNICACION</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Entrevista a Belén Macías

Entrevista a Belén Macías, directora de «Juegos de familia». El encuentro tuvo lugar el jueves 15 de septiembre de 2016 en el vestíbulo de los Cines Girona de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Belén Macías, por su tiempo, generosidad y cariño, a Carlos Pulido de Mosaico Films Distribución, a Gustavo Sánchez de PR & PRESS Comunicación, por su paciencia, amabilidad y cariño que, además, una joven de su equipo tuvo el detalle de tomar la fotografía que encabeza la publicación, y al maravilloso equipo de los Cines Girona, que siempre me tratan genial.

Juegos de familia, de Belén Macías

juegos-de-familia_poster_rgbEL AMANTE DE MI MUJER.

La comedia elegante o sofisticada que tan buenos dividendos dio en la época dorada de Hollywood en las décadas de los 30 y 40, con títulos como Lo que piensan las mujeres, Ninotchka o Historias de Filadelfia… En la actualidad, y recogiendo aquel testigo sensacional, han aparecido una comedia con el aroma de los grandes, producida en Francia, con autores como Jaoui o Kaplisch… Una comedia construida con elegancia y delicadeza, en las que también hay cabida al humor más banal, pero conjugado en un relato lleno de inteligencia y crítico con la sociedad que nos rodea. Aquí tuvimos nuestro esplendor en los 80 con títulos de Trueba con Sé infiel y no mires con quién, Colomo con La vida alegre, y en los 90 con Gómez Pereira de Boca a boca o El amor perjudica seriamente la salud… Por esos terrenos se mueve la tercera película de Belén Macías (1970, Tarragona), en la que la directora cambia el rumbo, después de las interesantes El patio de mi cárcel (2008) y Marsella (2014) cintas de marcado acento personal que, aunque tenían algún rasgo de comicidad, se instalaban en el drama social con actitud crítica. En Juegos de familia, Macías se sumerge en una historia ajena, un encargo, como los muchos que hace en el medio televisivo, en el que se plantea una comedia elegante donde se profundiza sobre el amor maduro.

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La historia gira en torno a un matrimonio de los de toda la vida que ha pasado la sesentena, ella, Carmen siente que su marido, Andrés, ya no la quiere y se busca un amante, Raúl. Cuando el marido, acomodado en una situación que ya le va bien, lo descubre, comienza una torpe aventura que consiste en aliarse con el amante para de esta manera recuperar a su mujer. Entre medias, están los hijos, Santi, al que se le resisten los amores comprometidos, y además en el trabajo no se siente valorado, y Lucía, que mantiene una relación con un casado, y le asaltan las dudas sobre su vida y trabajo. Y para rematar el enjambre familiar, nos topamos con el suegro, propietario de la fábrica de juguetes Play Time (guiño al universo de Tati) negocio en crisis amenazado de cierre, en el que trabajan el padre, el nieto, y la nieta. Y en esas estamos, una familia en plena crisis sentimental y laboral.

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El buen hacer de Macías, que ya demostró su madurez a la hora de exponer conflictos de manera sutil, y sus dotes para extraer lo complejo de sus intérpretes, acercándose a  los detalles que arman la historia, se encarga de desarrollar una comedia con toques de drama íntimo, sin olvidar los momentos cómicos, que los hay, principalmente protagonizados por Puigcorbé (que recuerdan a los de Salsa rosa) un actor maravilloso dotado de una vis cómica sensacional, que compone un personaje torpe y vampiro que sacará de su indefensión su mejor estrategia, después tenemos a Vicky Peña, la gran dama del teatro, que aquí hace de una mujer cansada de vida triste que, necesita volver a respirar y en su casa se ha convertido en algo peor que un mueble, en alguien invisible, y el tercero en discordia, según se mire, Antonio Valero, reputado actor, dedicado a la televisión en los últimos años, se convierte en la amenaza, en un duro adversario, ya que es un amante atractivo, delicado y con sentido del humor.

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Pero la película no se queda ahí, también se interesa por los devaneos sentimentales de los hijos, que parece que han heredado la torpeza de sus progenitores y también andan llorando por los rincones, y son incapaces de encontrar a alguien con el que estar bien. Una película entretenida, con momentos de comicidad excelente, que profundiza en los amores de la edad madura, utilizando un tono cómico, pero sin caer en banalidades ni en discursos aleccionantes, dejando que el espectador mire la historia sin aviso y sea él quién saque sus propias conclusiones. Estamos ante un relato que se asemeja en su tono y forma a producciones del país vecino, en las que destaca la comedia sofisticada con toques de drama e ironía, como No estoy hecho para ser amado  o Como en las mejores familias, dos buenas obras que nos acercaban a una mirada reflesiva a la hora de abordar los amores inesperados a cierta edad y los complejos entornos familiares desde puntos de vista inteligentes e irónicos.

El verano de May, de Cherien Dabis

el_verano_de_may_54841ENTRE DOS MUNDOS.

Después de foguearse en el mundo del cortometraje, con el que consiguió varios reconocimeintos internacionales, la cineasta Cherien Dabis (1976, Omaha, Nebraska, EE.UU.) debutó en el largo con Amerrika (2009), en la que se adentraba en los problemas de adaptación de una palestina y su hijo adolescente en un pueblo de Wisconsin. En su segundo trabajo, intercambia los papeles, para contarnos el viaje a la inversa, la «extranjera» que vuelve a la tierra de su infancia. El hilo conductor de la película es May Brennan, una neoyorquina que afamada excritora que regresa a su casa, en Amman (Jordania), con el objetivo de casarse con su prometido. Dabis construye un relato costumbrista, conocemos la forma de vida árabe, y pensamiento de su madre, Nadine, convertida al cristianismo que rechaza el matrimonio de su hija porque se casa con un musulmán, también encontrará a sus hermanas menores, que se comportan como unas adolescentes rebeldes, y finalmente, su padre, Edward, que se ha vuelto a casar con una mujer de su misma edad. El choque cultural y social que se encuentra May es brutal, ella es jordana, pero con mentalidad estadounidense, sus raíces son árabes, pero su modo de vida y pensamiento son completamente diferentes.

Stills of Cherien Dabis' movie "May In The Summer" with Displaced Pictures productions

Dabis no se centra en el conflicto político eterno de la zona, está ahí, nos lo explica con pequeños detalles los sucesos trágicos que forman parte de la cotidianidad en los países vecinos (como el avión que escuchamos que paraliza por un instante a todos cuando se encuentran en el hotel de lujo del mar muerto), su mirada se centra en el entorno familiar, en las heridas del pasado, y en las complejas relaciones entre May y su madre, y sobre todo, en la crisis emocional que lentamente irá invadiendo el interior de May, y llenará de dudas ante el paso de contraer matrimonio. La trama navega entre los momentos de gran complejidad emocional, en el que Dabis se acerca al drama de forma íntima y midiendo la distancia, sin caer en el sentimentalismo, mostrándose sensible y honesta con la materia que tiene entre manos, también deja espacio para la comicidad, hay momentos de comedia alocada, con carreras y risas entre las situaciones que se van generando entre un mundo cerrado y de fuertes lazos familiares, en contraposición con lo que representa May, la exiliada que vive en un entorno de libertad y capitalismo.

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La película se muestra fresca y valiente, con unos personajes bien construidos, en el que cada uno de ellos está construido por una profundidad que hace aún más rica la historia, todos se mueven en ese entorno familiar en el que se han guardado demasiadas cosas hacia dentro, que nada es lo que parece, que aún faltan palabras que no fueron dichas, o simplemente no era el momento, todos los personajes tienen esa profundidad emocional , y cada uno de ellos alberga su propio conflicto personal, con el que lucha y en algún momento, deberá enfrentarse, y a continuación, sacar a los demás integrantes familiares. Podría tratarse de un verano más, pero no será así, May y su familia pondrán sobre la mesa sus rencillas familiares y tratarán de manifestar sus miedos, inquietudes, y aquello que les hace daño y todavía no han sido capaces de tratar. Cherien Dabis además de actuar, dirige, escribe y coproduce una película que tiene a la estupenda Hiam Abbas (que ha trabajado con Jarmusch, Spielberg, y demás) como la madre recta y protectora, y la experiencia y sabiduría de Bill Pullman, como Edward, el padre extranjero que mantiene una dura pugna con sus hijas. Un obra en ocasiones dulce y compleja, divertida y dramática, que se sumerge en los conflictos familiares y los choques culturales y sociales de un modo atrevido, sencillo, y sensible.

Corazón gigante, de Dagur Kári

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Fúsi es enorme y tiene sobrepeso, ha pasado de los 40, pero todavía vive con su madre sobreprotectora. Trabaja en el aeropuerto transportando el equipaje, y soporta las humillaciones de sus compañeros, en sus ratos libres colecciona muñecos bélicos, juega con su vecina de 8 años, y cree ser un general en las simulaciones de batallas de la Segunda Guerra mundial que disputa con un vecino. Todas las noches conduce su automóvil hasta el puerto, y llama a la radio para que le dediquen un tema de rock. Y así, de esta manera tranquila y cotidiana pasa su existencia. Su madre, que se ha echado novio, le regala para su cumpleaños un curso de baile country, en el que conoce a Sjöfn, una mujer desorientada y falta de cariño. Bajo esta premisa y decorado, el director y músico Dagur Kári (1973, Francia), que estudió cine en Dinamarca, donde reside, y creció en Islandia, ha elegido estos antecedentes para contarnos su segundo trabajo, un relato sencillo, humanista y sensible.

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La película sigue la peripecia de este hombre corriente, reservado y silencioso, pero de enorme bondad y sentido del humor. Alguien diferente a los demás, en parte por su gran tamaño, y su carácter. Un ser que se ha encerrado en sí mismo, que le cuesta encajar, y cambiar su forma de vida. Kári ha construido una bellísima y emocionante comedia romántica, a base de detalles y elementos cotidianos, que escapa del tono sentimentalista y condescendiente de otras del mismo género, aquí nadie tiene éxito profesional ni belleza física, los personajes son seres cotidianos que nos podemos cruzar a diario, no destacan, ni lo pretenden, son gente que vive en barrios obreros, que intentan comprender a los demás y sobre todo, así mismos. El paisaje islandés hivernal y oscuro por el que se mueven los personajes, también ayuda a esa idea de película diferente, que camina por otros escenarios, el entorno es duro y frío, y el carácter nórdico, de pocas palabras, dibuja una narración apoyada en las miradas y silencios. Una cinta que explica su historia de manera tranquila, sin aspavientos ni salidas de tono, todo sucede de forma serena, construyendo las situaciones con tacto y sensibilidad, sumergiéndonos en la mirada inocente y cálida de Fúsi, ese gigante de gran corazón que protagoniza esta fábula moderna, algo así como una especie de Frankenstein o Qausimodo actual, seres que ante la intolerancia y la amenaza de los demás, debían esconderse y vivir entre las sombras, ocultos de todos.

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Kári nos habla de las dificultades que tenemos los seres humanos de aceptarnos a nosotros mismos, y relacionarnos con los demás, de nuestros miedos e inseguridades, de todo aquello que nos atenaza y acobarda. El realizador, danés de acogida, edifica una narración a base de tomas cortas, de planos cercanos, en sitios cerrados, en su totalidad, y la noche, como testigo, en la que crea esa intimidad necesaria y cercana, en la que entendemos a un personaje acomodado en el nido, que tarde o temprano, deberá volar hacía otros lugares, y librar sus propias batallas. Un grandullón que acaba conquistándonos desde lo más íntimo, casi sin pretenderlo, mostrándose como es, sin hacer nada más, en la que la extraordinaria interpretación y fisionomía de Gunnar Jónsson (cómico islandés de gran éxito) hace el resto. Estamos ante una comedia de “chico conoce chica”, y se enamoran, pero contada y filmada de otra manera, como se filmaban antes, más cercana a las comedias de Capra o Wilder, aquellas en las que los protagonistas eran poco agraciados, tenían trabajos de medio pelo, vivían en apartamentos compartidos y ruidosos, y no siempre, y para colmo de males, se acababan enamorándose de la chica que quería a otro, o simplemente, no los quería a ellos.

Esa sensación, de Juan Cavestany, Julián Génisson y Pablo Hernando

esa_sensacion_52885EL INMENSO VACÍO.

Tres directores: Juan Cavestany (1967, Madrid), autor de las imprescindibles Dispongo de barcos, El señor, Gente en sitios, entre otras, películas de costes muy reducidos que, desarrollan a través de breves secuencias, un compendio de lo absurdo de la existencia y cotidianidad, en el contexto de crisis económica, social y vital. Julián Génisson (1982, Madrid) del colectivo audiovisual Canódromo Abandonado, autor de La tumba de Bruce Lee (que se reserva un breve papel), y finalmente, Pablo Hernando (1986, Vitoria-Gasteiz), autor de los largometrajes Cabás y Berserker (2015). Y tres historias: Un extraño virus se propaga silenciosamente por la ciudad contagiando a los ciudadanos, a los que contagia sin remedio, sometiéndolos a situaciones sin sentido, en las que preguntan y formulan cuestiones sin venir al caso, dejándolos fuera de juego, y además, provocando la estupefacción de sus asombrados acompañantes. En la segunda, un hijo, vendedor de pisos, sigue a su padre que parece perdido sin tener muy claro quién es y qué hacer. Y para terminar, una mujer joven y atractiva tiene relaciones sexuales con todo tipo de objetos que se va encontrando en su camino.

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Tres miradas y tres relatos, tres formas de reflexionar y penetrar en el vacío existencial de la cotidianidad y el absurdo de nuestras vidas, desde un punto de vista irónico y sarcástico, situaciones surrealistas, incluso esperpénticas, de las que vemos cada día, pero siempre manteniendo un tono serio en lo que se cuenta. Historias que se narran de forma paralela, a modo de vidas cruzadas, en la que se opta por miradas y acercamientos diferentes: La del extraño virus, da una vuelta de tuerca más al cine reciente que ha ido haciendo Cavestany, un cine focalizado en las miserías y absurdos humanos, se mantiene fiel a sus antecesoras, pero optando por nuevos caminos, mantiene algunas de sus características, eso sí, como las abundantes localizaciones, o las tomas largas, mantiene un tono cercano y transparente, produciendo situaciones incomódas y esperpénticas, y una gran variedad de vaiopintos personajes que abarcan todas las clases de condiciones sociales y carácteres, sigue provocándonos mucha extrañeza y absurdidad, y penetra de modo salvaje, aún más si cabe, en la profunda herida de la desorientación de los ciudadanos. Continuando con la del hijo que intrigado por la actitud extraña de su padre, lo sigue por las calles y lo espía, un relato que nos habla de la fe, del descubrimiento de la fe católica por parte del padre, y el hijo, atónito por el hecho, no cesa de preguntar, buscando respuestas  pero es incapaz de  encontrar la manera de entender. Quizás, padre e hijo, se parecen mucho más de lo que uno u otro desearían. Un relato contado a modo de thriller urbano, con una cámara que funciona como testigo accidental a todo aquello que está sucediendo.

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Y para redondear la función, la de la chica enamorada de objetos, compuesta sólo por acciones, prescindiendo de diálogos, apoyada en una cámara pegada a su personaje, que sigue sin cesar a un personaje ávido de deseo que huye de un pasado que quiere olvidar, describiendo esas zonas oscuras que despiertan nuestro deseo, protagonizada por una actriz en estado de gracia, Lorena Iglesias, que mantiene de forma ejemplar la curiosa desviación sexual de su personaje, dotándolo de humanidad y extrañeza, y haciendo creíbles las situaciones con sólo gestos y miradas. Una cinta que demuestra la capacidad de nuestros creadores, que suplen la falta de medios, con una inagotable energía de talento y sabiduría, para seguir produciendo películas que hablen de los tiempos de ahora, desde miradas y puntos de vista diferentes, que actúa a modo de resistencia contra la corriente generalizada tan vacía y superficial. Cavestany, Génisson y Hernando han construido una película de ahora, contada de forma irónica y muy ácida, en la que ponen el dedo en la llaga en esa inmensa vacuidad instalada en todos nosotros, esa falta de rumbo y valores que se han perdido debido a la crisis. Una obra de nuestro tiempo, demoledora, y sin adornos, que habla de personas como nosotros, seres vacíos que no se encuentran a sí mismos, ni a los demás, que no saben adónde ir ni que hacer, individuos solitarios, faltos de vida, que deambulan como fantasmas por ciudades cada vez más extrañas y automatizadas, en un mundo caótico, materialista y falto de valores.

Ahora sí, antes no, de Hong Sangsoo

unnamed (26)LAS VARIACIONES DEL AMOR.

«Mi identidad está en trabajar con las cosas que conozco, e ir encontrando cosas nuevas»

Hong Sangsoo

En La vida en un hilo, de Edgar Neville, una viuda rememoraba la vida que había tenido, con un burgués aburrido, o la que podía haber tenido, junto a un alegre bohemio. El último trabajo del cineasta Hong Sangsoo (1960, Seúl) plantea una película de características parecidas, un director de cine llega a una ciudad en la que presentará su película, con tiempo por delante,  y aprovecha para visitar un monumento restaurado, donde conoce a una atractiva joven artista y pasa el día con ella, mostrando un actitud falsa y esquivando alusiones personales que le puedan ir en contra, en la segunda mitad de la película, los mismos personajes vuelven a encontrarse, con pequeñas variaciones, visitando los mismos lugares y haciendo cosas similares, pero ahora la actitud del director de cine es diferente, se muestra honesto y sincero, sin ocultar nada de su privacidad.

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El cine de Hong Sangsoo, desde que debutase hace un par de décadas, se construye a partir de historias aparentemente sencillas, pero de fuerte entramado complejo y emocional, en el que siempre vemos a personajes relacionados con el cine (directores, críticos, actores…) que conocen a mujeres con las que entablan relaciones, el tono irónico y crítico sacude todas sus historias, las continuas reflexiones sobre las relaciones entre hombres y mujeres, encierran una profunda mirada sobre el amor y sus múltiples variaciones, en un tono y formas muy definidas, en la que apenas hay movimientos de cámara (si exceptuamos algún que otro zoom, que se ha convertido en marca de la casa) y tomas largas que siguen el deambular de los personajes que retrata con sensibilidad y honestidad, contadas de forma suave y tranquila, en un estilo de comedia romántica naturalista y ligero, en su apariencia, que le acerca al cine de Rohmer o Allen. El director surcoreano emprende sus historias a partir de los lugares que conoce y los actores con los que quiere trabajar, una vez en el lugar elegido, trabaja con ellos en la búsqueda de los personajes, y de este modo, que nace mucho de la improvisación, y de los distintos caminos y propuestas que van apareciendo, Hong Sangsoo va construyendo la trama y las cosas que van a ir sucediendo, por esto, en ese sentido, sus películas son muy parecidas, pero a la vez tremendamente diferentes, en las que intuimos momentos que quizás creemos que ya se han producido, pero más lejos de la realidad, son historias que se mueven por caminos sin transitar, situaciones inesperadas, y sobre todo, contadas a través de la observación de los pequeños detalles que definen las situaciones y las relaciones entre las personas.

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Un cine que cuenta con un reducido equipo de rodaje, que se maneja con presupuestos ajustados, para de esta manera conseguir una película realizada en plena libertad artística, que pueda emprender ese viaje de búsqueda constante para adecuar la estructura a las necesidades de los lugares y los actores con los que trabaja el cineasta surcoreano. Hong Sangsoo maneja los códigos narrativos de manera sutil y excelente, dotando a sus historias de maravillosos juegos sobre el amor en el que sus personajes sienten de diversas maneras, todos encauzados en una trama que les maneja a su antojo, empujándolos a vivir situaciones extrañas, divertidas y extremadamente surrealistas, en algún que otro momento. El cineasta surcoreano sigue dirigiendo a un ritmo poderoso, casi a película por año, y en alguno, incluso dos cintas, en la que ha creado una obra sencilla, sincera, y honesta que encierra un impecable trabajo de investigación sobre las dificultades que tenemos los seres humanos en relaciones con los demás, y sobre todo, la forma de cómo nos atenazan los miedos, inseguridades y contracciones a la hora de encontrar el amor.

Encuentro con Daniel Sánchez Arévalo y José Antonio Félez

Encuentro con Daniel Sánchez Arévalo y José Antonio Félez, director y productor de «Gordos», entre otras, con motivo de la proyección de la película en las sesiones ESCAC. El evento tuvo lugar el jueves 31 de marzo de 2016, en la Filmoteca de Cataluña.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Daniel Sánchez Arévalo y José Antonio Félez, por su tiempo, conocimiento y generosidad, al equipo del ESCAC, por organizar estos encuentros, y a Esteve Riambau y al equipo de la Filmoteca, por su paciencia, amabilidad y cariño.

Madrid, above the Moon, de Miguel Santesmases

Cartel MADRID ABOVE THE MOON AFVIVIR OTRA VIDA.

Un joven treintañero hace fotos mientras pasea por la Plaza de Oriente de Madrid. Habla en inglés con turistas y acaba flirteando con ellas. Algunas acaban en su cama, otras no. Se hace llamar Miguel y que se dedica a hacer fotografías, incluso las lleva hasta su casa. Pero en realidad, no es así, él no es quién dice ser. Está suplantando la vida y el trabajo de su amigo, que le ha dejado unos días su casa. De esta manera tan envolvente y peculiar arranca la cuarta película de Miguel Santesmases (1961, Madrid), que tras un período prolífico en el que hizo tres films en 7 años, llevaba una década sin dirigir, la última fue Días azules en el 2006.

Dedicado durante ese período a la docencia, Santesmases tenía ganas de volver a dirigir, pero quería hacer una película modesta y sencilla, que nadie debía aprobar, que se haría en cooperativa con la ayuda desinteresada de muchos y su rodaje se llevaría a cabo en Madrid. Una película de alguien que fantasea con ser otro, Ernesto se ha pasado la vida queriendo ser otro, no ser quién es, quizás por falta de valentía a decidirse por algo o alguien, en una eterna huida que pretendiendo escapar de los demás, no se da cuenta que de quién está escapando es de sí mismo. Santesmases ha filmado una cinta sencilla, que sucede casi siempre de día, y casi en un único escenario, la Plaza de Oriente, el origen y lugar emblemático de la capital, un espacio donde se concentran turistas por doquier, el lugar idóneo donde Ernesto puede pasar desapercibido, siendo otro, en el que habla en inglés, en el que liga con turistas, mujeres de paso, personas que pasarán por su vida como una brizna de viento, nada que lo pueda devolver a la realidad, y mantenerlo en esa extraña ensoñación inmadura en la que se encuentra. La cámara del realizador madrileño observa con la debida distancia, no juzga a sus personajes, sigue a Ernesto, al que acompaña el sonido ambiente y la suave melodía de la guitarra española, lo mira desde afuera, como el que mira a alguien que acaba de llamar su atención, permite a los espectadores seguir lo que acontece sin inmiscuirse, sin molestar, con atención, eso sí, pero dejándose llevar por los acontecimientos que se van presentando.

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La primera mitad de la película está construida como una comedia romántica de chico conoce a chica, aunque con matices, parece que el chico sólo quiere ligar con chicas, sin llegar a conocerlas. En la segunda parte de la cinta, el género romántico se mantiene, pero la comedia deja paso a una cinta de misterio o thriller, en el que aparece una chica, que como le ocurre a Ernesto no dice quién realmente es, oculta cosas de su vida y se aparta de sí misma. Santesmases nos habla de un mundo de apariencias, de mentira, de un mirada crítica hacía las relaciones superficiales en las que nos movemos en el mundo contemporáneo, también hay lugar para el metacine, en el que la película se construye a medida que la estamos viendo, con aparición incluida del director (como sucedía en Los ilusos, de Jonás Trueba, película con la que comparte más de un paralelismo). Un cine de aquí, que reflexiona sobre la dificultad de hacer cine, y de las complejas y oscuras relaciones. Un cine que nace desde dentro, hecho artesanalmente, de calidad, con unas interpretaciones naturales y honestas entre las que destaca Víctor Vidal como el joven “fotógrafo” perdido, Rocío León, la enigmática y cálida Alma y Helena Sanchis como la desaparecida y atractiva Susan. Una historia ligera, que se ve con tranquilidad, sin prisas, (que recoge el espíritu de aquella comedia madrileña de finales de los 70 y primeros de los 80, en títulos como Tigres de papel, Opera prima o el primer Almodóvar) en el que conocemos personajes como nosotros, que quieres ser otros, o simplemente huir de ellos mismos, aunque esa perpetua huida acaba teniendo un final, un punto finito en el que tenemos que mirarnos a nuestro espejo interior y saber quiénes somos y sobretodo, quién queremos ser y hacer.