KIKI, el amor se hace, de Paco León

KIKI_posterESE OSCURO DESEO QUE NOS PONE.

“El sexo sigue siendo la mejor manera de hacer el amor”

El universo cinematográfico de Paco León (1974, Sevilla) del que ya conocíamos su labor de cómico y actor, arrancó en el 2012 con Carmina o revienta, en la que nos contaba a modo de híbrido entre la ficción y el documental, las alegrías y tragedias cotidianas de su madre y hermana, debido a su enorme éxito, dos años después, nos llegó la segunda entrega, Carmina o amén. Dos películas en las que ejercía de director, guionista y productor, y se sustentaban a través de comedias frescas, divertidas e inteligentes.

Ahora nos llega su tercer trabajo como director, en una película que nace de un encargo, la adaptación de la cinta australiana Little death. León nos sitúa en un calentito verano, en Madrid, y nos convoca a seguir a diversos personajes, de índole social y cultural diferentes. Cinco historias independientes que se desarrollan a través de las filias sexuales de las parejas en el asunto. Tenemos a Natalia y Alex, enamoradísimos y felices, a ella le ponen las plantas por herencia, pero ha descubierto que los atracos la excitan sobremanera, su novio hará lo indecible para conseguir excitarla. Luego, en pleno barrio de Lavapiés, conocemos a Paco y Ana, en plena crisis sexual después de ocho años de vida en común, la terapia les propone descubrir nuevos horizontes. Aunque, la llegada de Belén, amiga de Paco, en pleno desengaño amoroso, les llevará por derroteros inesperados. También están María Candelaria y Antonio, feriantes y casados, pero por mucho que lo intenten no se quedan embarazados, deberán recurrir a sus pasiones más ocultas para encontrarse a sí mismos. Nos trasladamos a un ambiente de lujo donde se desarrolla el siguiente conflicto, José Luis, un cirujano plástico que es rechazado por su mujer después de que esta última haya sufrido un accidente que la ha dejado minusválida. Pero, el hombre encontrará en la noche su mejor aliada para dar rienda suelta a sus pasiones más oscuras. Y por último, Sandra, neurótica y sorda, le pirran los tejidos suaves, y no consigue encontrar el amor, pero será a través de su trabajo, que podrá experimentar aquello que no consigue.

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León nos introduce en una comedia fresca, ligera, costumbrista, y muy divertida, en el que se habla mucho de sexo, pero mucho, y también se practica, pero también nos habla de amor, de parejas, de deseo, de pasiones, y sobre todo, de lo que nos pone, de la búsqueda del placer, de los deseos ocultos, de eso que nos cuesta tanto hablar, pero que en el fondo forma parte de nosotros mismos y de lo que somos. León ha construido una película ligera, suave y muy cálida, mucha culpa tiene de ello la luz de Kiko de la Rica, que nos penetra y nos lleva con elegancia y cercanía de un lugar a otro. Lugares muy alejados entre sí, pero en realidad tan cercanos que se tocan y se huelen. Secuencias en las que pasamos del humor más irreverente al drama más sólido y oscuro, aunque todo mezclado y sin dejar de reírse de todo y todos. El realizador sevillano es un excelente director de situaciones cómicas que trata con ironía y erotismo, si, estamos ante una comedia erótico-festiva (como nos anuncia el afiche de la cinta) pero inteligente y divertida, nada soez y chabacana, todo lo contrario, llena de gags estupendos, como los de la sala de sexo o la de la fruta y los juegos divertidos en topless de la nueva amiga.

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León demuestra que el cine es un vehículo extraordinario para hablar de sexo, de bajas pasiones, de orgasmos, de felaciones, y demás juegos sexuales, sin que eso conlleve la filmación de esos momentos. León nos lo cuenta desde el antes, y todos los elementos y situaciones eróticas que convergen para materializar el sexo. Se rodea de un equipo de excelentes intérpretes que juegan con sus filias sexuales de manera juguetona y agradable, entre los que destaca el personaje de Belén que interpreta Belén Cuesta (que no para en comedias como Ocho apellidos catalanes o El pregón). Aquí, se desata en un personaje de sevillana divertido y enamoradizo, que nos recuerda a la Candela de Mujeres al borde de un ataque de nervios, de Almodóvar. Un joven sevillana que llega para inundar de sexo, erotismo y amor a la pareja en crisis sexual. Una comedia llena de gozo y sabiduría, que nos penetra en nuestro interior, en todo eso que bulle y que cuesta tanto hablar y compartir.

Encuentro con Leticia Dolera

Encuentro con Leticia Dolera, actriz y directora de «Requisitos para ser una persona normal», con motivo del ciclo de las proyecciones de las películas candidatas a los premios Goya y Gaudí en la Filmoteca de Catalunya, con la participación de Octavi Martí, de la Filmoteca, Edmon Roch, Vicepresidente de la Academia de Cine Español, e Isona Passola, Presidenta de la Acadèmia de Cinema Català. El evento tuvo lugar el domingo 15 de noviembre de 2016, en la Filmoteca de Cataluña.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Leticia Dolera, Octavi Martí, Edmon Roch e Isona Passola, por su tiempo, conocimiento y sabiduría, y a Pilar García de Comunicación de la Filmoteca, por su paciencia, amabilidad y cariño.

Incidencias, de José Corbacho y Juan Cruz

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El tándem formado por José Corbacho (1965, Hospitalet de Llobregat) y Juan Cruz (1966, Barcelona), nacidos en el seno de la productora televisiva El Terrat, han labrado una filmografía de películas estimables e interesantes, en las que a través de retratos intimistas y cotidianos, mezclaban con acierto la comedia y el drama, tomaban el pulso de las gentes de barrio, y las dificultades y alegrías en las que se enfrentaban en su deambular diario, con el denominador común de la ciudad colindante, obrera y emigrante de Hospitalet. En su debut, Tapas (2005), se centraban en la variopinta parroquia de seres que se reunían en un bar, todo contado con una frescura y encanto, en su segunda película, Cobardes, rodada tres años después, siguiendo la misma línea que la anterior, ahora el protagonismo se lo llevaba un joven acosado en el instituto, el tono era más social y dramático, pero seguían manteniendo el pulso de la descripción de personajes y el pulso del barrio. Un año después, dieron el salto al medio televisivo, la apuesta era Pelotas, de la que hicieron un par de temporadas, el protagonismo se lo llevaban unos personajes de barrio que se alegraban y enfadaban por culpa de un equipo de fútbol de regional, todo contado a través de esa comedia social con tintes dramáticos.

En su tercera película, han cambiado de rumbo, quizás mantienen el espíritu de alguno de sus personajes de barrio, pero ahora cambian de escenario, meten a sus criaturas a bordo de un tren que despega de Barcelona con destino a Madrid la noche de fin de año. En un momento del viaje, en mitad de la nada, la línea se queda sin tensión y el tren se detiene. A partir de ese instante, empezaremos a conocer a sus variopintos y extremos personajes: su tripulación, un maquinista obsesionado con su padre y el orden, un subalterno, simpático y enamorado de la chica de la cafetería, que anda muy perdida con ganas de salir corriendo, también, tenemos a un cargo público que huye junto a su amante, una pirada escolta, con un maletín lleno de dinero, una pareja que se morrean, él, psicótico y ella, japonesa, un modernillo enfermo de las nuevas tecnologías, un árabe con un bulto sospechoso, un joven matrimonio, él, obsesivo del móvil y tonto de capirote, y ella, de carácter y a punto de dar a luz, una atractiva sola y borracha, y para rematar el cuadro, una pareja de abuelos, que el marido se quedará fiambre.

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Con este panorama, el intento de los directores es evidente, plantear una suerte de comedia disparatada, llena de situaciones rocambolescas, y cargas de tensión donde las horas que van pasando con el tren detenido, harán aumentar el nerviosismo de los personajes y la locura se irá apoderando de las relaciones y desencuentros que se van generando. La intención de hacer una comedia de lo disparatado de la realidad social del país tiene su gracia, aunque aquí, no acaba de funcionar, el mejunje es demasiado extremo, y no hace ni pizca de gracia, carece de complicidad con el espectador, unas situaciones demasiado rebuscadas que no acaban de implicar la necesaria empatía con los personajes, un microcosmos estereotipado que no cuaja y además se tiene la sensación que cada uno de los personajes está representado algo o alguien. Parece un humor de antes, trasnochado, que ya no cala en los espectadores, y para acabar de adobar todo el contenido, nos presentan unas entrevistas que aluden a lo ocurrido esa noche en el tren, que no encajan en la trama, y además rompen el ritmo que pretenden imponer en la historia. Ni el buen hacer del magnífico plantel de intérpretes salva la función. Recuerda en tono y situaciones a Los amantes pasajeros, de Almodóvar. Deseemos que Corbacho y Cruz vuelvan a su universo, a su barrio, que tan buenos resultados les había dado, a esos héroes cotidianos que trabajan duro por traer un trozo de pan a casa, de la cervecita del bar, el súper de la esquina, en el retrato de esas gentes humildes que tiran pa’lante con su vida como pueden junto a sus amigos y familia.

Entrevista a Manolo Vázquez

Entrevista a Manolo Vázquez, director de «La maniobra de Heimlich». El encuentro tuvo lugar el miércoles 25 de noviembre de 2015, en los Cines Girona de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Manolo Vázquez, por su tiempo, generosidad y simpatía, a Alex Tovar (que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación) y Sonia Uría de Suria Comunicación, por su paciencia, amabilidad y cariño, y a los Cines Girona, por tratarme con tanto cariño y por programar un cine humilde, sencillo, necesario y a contracorriente.

La maniobra de Heimlich, de Manolo Vázquez

La_maniobra_de_Heimlich-981003014-largeEL SUBMUNDO DE LOS CRETINOS

El arranque de la película resulta esclarecedor y definitorio para el desarrollo de la misma. En un programa de televisión, Pedro Ruiz entrevista al flamante ganador del Premio Herralde de novela, Alex Pareja, autor de “La maniobra de Heimlich”, un libro donde relata la muerte de su novia atragantada con un trozo de pollo durante una cena que Alex le pedía matrimonio. La película arranca 10 años después, donde Alex recibe el encargo de adaptar al cine su novela. El primer largo de Manolo Vázquez (hijo del dibujante Vázquez, autor de los memorables Anacleto, agente secreto o Las hermanas Gilda) el cual continúa preservando su legado, es también autor de videoclips y director del corto Colgados del 2007, que partía de la imposible conversación de una chica y un ahorcado, que cosechó gran cantidad de premios. Partiendo de un guión del novelista Javier Calvo, y con la ayuda de un esfuerzo titánico por parte del equipo técnico y artístico de la película, que incluyo un crowfunding, en un rodaje que llevó un par de años, llega una película esperpéntica, loca y desenfrenada, que se me te con el mundo literario y cinematográfico, que bebe de esas comedias de los Coen, o In the soup, de Rockwell, o del tipo Taller Capuchoc, de Carlo Padial, películas de humor corrosivo, que no dejan títere con cabeza y se meten con to dios.

La cinta pone en solfa a esos “artistillas” de medio pelo que pululan y se reproducen como moscas, esos cretinos que van de autores profundos, que inmerecidamente acaban teniendo un éxito y lamentablemente viven toda su vida de él, porque lo que siguen haciendo luego, sigue instalándose en la mediocridad y la basura, y para más inri, continúan propagando su ego, inventándose y cagándola en las diversas disciplinas artísticas que intentan. El susodicho en cuestión, el tal Alex Pareja, es uno de esos tipos, culturetas y modernillos de molde. Ahora se ha metido a director y ha enredado en el tinglado a todos sus amigos y conocidos, a Larra, el que pondrá la pasta porque trabaja en el ayuntamiento, un lameculos del quince, gracias a su novia, Lavinia, artista performance, otra que tal baila, capta al actor Jordi Vilches para que haga de él, ahí es nada, fiestero, drogata y muy “volao”, la chica de la película, la que morirá irremediablemente, es Marta Torné, que aparte del subido que tiene, pone en duda el no talento del supuesto “director”. Para rematar la faena, si todavía no estaba del todo bien, un tal Manolo Vázquez, realizador de videoclips que ni trabaja en eso, por eso de la crisis, hará de Alex cuando este haga de director. Un mejunje de tres pares de cojones para hacer una película de un libro basado en una anécdota, nada más. Vázquez a modo de fake, comedia satírica y esperpento cínico, se ríe de él mismo y de todos, juega a mofarse de todos esos bichos que pululan por el “mundillo” creyéndose alguien o algo.

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Vázquez no tiene escrúpulos con sus criaturas, se descojona de ellas sin cuartel, va a saco con todos, con él mismo también, puestos a reírse que sea de todos, él el primero. Pone en cuestión la difícil tarea de la creación, los complejos y difíciles procesos creativos que llevan los artistas o los que no lo son, para llegar a materializar sus obras. No sabemos hasta qué punto acaba la película y empieza la vida real de los personajes, o de las personas los intérpretes que hacen de sí mismos, o sus yo oculto. También, participan otros, que también hacen de sí mismos, o simplemente es una pose, o incluso solamente están riéndose de ellos, el caso de Quim Monzó que raja sobre esos artistas, que van de ello, o que incluso se atreven con todo, porque ellos lo valen, Enrique Vila-Matas, en un tono más serio, y Lucía Etxebarria, que va con látigo y pone de vuelta y media a esos artistas performance y su lado oscuro y demás mandangas, la aparición de los Venga Monjas, Miguel Noguera y demás especímenes de la risa y el humor, no hacen otra cosa que añadir más leña a esta hoguera de cretinos, imbéciles y trasnochados no artistas sin talento que bailan, beben y se drogan hasta las tantas en los locales de moda más “cool”, donde ponen la música que más lo peta, se tiran a las actrices de sus pelis, y se dedican a lo artístico desde lo más profundo, convirtiéndose en seres diferentes, de otro mundo, de una realidad paralela, aunque en el fondo sean unos pobres diablos que pelean sin descanso contra un enemigo invisible y muy malvado, ellos mismos y su ego y vanidad.


<p><a href=»https://vimeo.com/44861623″>LA MANIOBRA DE HEIMLICH – TRAILER</a> from <a href=»https://vimeo.com/user2024717″>Manolo V&aacute;zquez</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Mistress America, de Noah Baumbach

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Tracy estudia en el primer curso de Universidad en Nueva York, pero su realidad difiere mucho de lo que esperaba, se siente sola, triste y decepcionada, además no es admitida en el club literario que tanto ansía entrar, y el chico que le gusta, tiene una novia celosa. Todo este panorama tedioso, cambia cuando su madre se compromete con un hombre, ésta al ver que su hija se aburre en la gran manzana, le insta a conocer a la que será su hermanastra, Brooke, una treintañera que se como el mundo, inquieta y súper activa, vive en el bohemio Times Square, y se gana la vida de entrenadora de fitness, diseñadora de interiores pero su verdadero sueño es montar un restaurante bristot, sueño que parece pintado con el color de la ingenuidad y la inmadurez.

El 9º título en la carrera del neoyorquino de Brooklyn, Noah Baumbah (1969), que continúa aumentando su filmografía de manera febril en los últimos años, sigue en la línea de los anteriores, comedias filmadas en la ciudad que nunca duerme, protagonizadas por seres algo perdidos que se relacionan con jóvenes para encontrarse con lo que fueron y sobre todo, vivir una segunda juventud. Baumbach firma el guión con su pareja y protagonista, Greta Gerwich (en buenísima forma, convirtiéndose en una de las mejores cómicas de su tiempo), en su segundo trabajo juntos en estas tareas, la primera fue Frances Ha (2012), el retrato de aquella joven bailarina que soñaba con una vida mejor, filmada en un sobrio y magnético blanco y negro. En esta nueva aventura, se han desmarcado retratando a una jovencísima aspirante a escritora (como lo eran el chico de Una historia de Brooklyn, o el otro, en este caso de cine documental, en Mientras seamos jóvenes), que actúa como narradora yda un vuelco su existencia al encontrar a Brooke, esa “it girl”, moderna y desenfadada, que es un torbellino de ideas y vida, que parece a la Garbo de Ninochtka o la Hepburn de La fiera de mi niña, señoritas joviales y gran fuerza que atrapaban en su redes a los incautos y atractivos hombres. Lo que al principio parece atracción y posterior idealización, derivará a un conflicto que los llevará hasta el pasado de Brooke, y será allí, justo en ese momento, donde las cosas nos serán lo que parecen y se desnudará a cada uno. Baumbach ha edificado una comedia de ahora, de este tiempo, obsesionado con la imagen y las apariencias, que han encontrado en las redes sociales un espacio para venderse y vender una vida inexistente, irreal que dicen tener pero que en realidad sólo existe en su imaginación y en sus sueños.

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Baumbach ha mirado a la Screewall de los 30, y también a la comedia de chico o chica que conducía por el descontrol y los problemas al otro o otra como Algo Salvaje, Jo, ¡Qué noche! o Buscando a Susan desesperadamente, buenas comedias de los 80 que tomaban el pulso a los jóvenes de entonces, de ahora y los que vendrán, porque hay cosas que no cambian, sólo se ven de otra manera. Una película donde suena el Souvenir de los OMD, a Paul McCartney y otros hits de la década ochentera que acompaña la película que respira en un tiempo indefinido que parece desubicado y en perpetua búsqueda. Baumbach conocedor de su ciudad, destapa las carencias, a esos tipos y personajes que pululan en los barrios más chic, esos que bailan en los locales de moda, o aquellos que dicen ser, que en realidad no son, sus individuos buscan algo que los haga más felices o que simplemente los hagan sentir otras cosas, quizás los caminos que toman no sean los más adecuados, pero son los que toman. El cineasta de Brooklyn sigue en plena forma, nos divierte, nos hace pensar, nos mueve de un lugar a otro, y también nos emociona y conmueve, retratando de manera distante y divertida a seres perdidos, eso sí, pero también muy encantadores.

Los exiliados románticos, de Jonás Trueba

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El último trabajo de Jonás Trueba (Madrid, 1981) tiene la efervescencia del momento, de la película hecha sobre la marcha, cómo él mismo explica, de extensión leve (70 minutos de duración), esa historia ligada a un instante, a filmar ese momento que no volverá a repetirse, rodeado de unos amigos que emprenden un viaje subidos en una furgoneta Volkswagen modelo California, a los que les envuelve la amistad de muchos años, las conversaciones nocturnas tomando unos vinos, hablando de sus cosas y de las de los demás, de las mujeres que amaron y amaran, y aquellas que creyeron haber amado, y muchas más situaciones y momentos que siguen permaneciendo en el interior de cada uno de ellos.

La película sigue el camino emprendido por el pequeño de los Trueba en sus anteriores trabajos, ya como coguionista junto a Víctor García León, en aquellos brotes de talento que fueron las comedias agridulces Más pena que gloria y Vete de mí, y continuaron ya como director en solitario, en su debut con Todas las canciones hablan de mí, a la que siguió Los ilusos, dos excelentes muestras, concebidas desde puntos de vistas y momentos diferentes, pero las dos forman parte de un ideario que contempla el pulso narrativo de la cinematografía actual. Ahora nos llega una película de carretera, una road movie, donde tres colegas emprenden un viaje que tiene su partida una mañana en Madrid,  que pasará por Toulouse, donde recogerán a Renata, una italiana, que se encontrará con Francesco, y luego seguirán camino hasta París, donde Luis ha quedado con Isabelle, una suiza-alemana, y finalmente, sin dejar la ciudad de la luz, Vito se verá, en los jardines de Luxemburgo, con Vahina, una francesa que conoció ese verano en Salou, y para cerrar el viaje, una parada en un lago de Annecy. Tres citas, tres encuentros con mujeres, con esos amores efímeros, esos romances leves, esos encontronazos con el amor, esos sueños perdidos de una juventud alargada. Trueba, al contrario que ocurrió con Los ilusos, un rodaje que se dilató en el tiempo, filma su película en apenas 12 días, recorre 4000 kms a lomos de sus personajes, que continúan, como hasta ahora en su filmografía, siendo hombres inmaduros, jóvenes perdidos, confusos con ellos mismos y con todo lo que le rodea, incapaces de enfrentarse a sus propias vidas, y encontrando excusas vanales para no tomar decisiones importantes.

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Trueba no hace alarde tratando temas trascendentales ni nada por el estilo, filma con modestia a sus amigos hablando y comiendo, yendo de un lugar a otro, donde ríen y piensan en ellos mismos y en los otros, donde estar con amigos de viaje visitando mujeres sea el único viaje y nada más. Dentro de su aparente ligereza, la cinta contiene temas interesantes y complejos como el final de la juventud, del ocaso de un manera de vivir o simplemente, el tránsito inevitable de convertirse en algo en lo que no habías ni imaginado. Quizás para arribar a un lugar de ti mismo en el que no habías pensado, por miedo a sentir que todo había acabado y que nada volvería a ser como antes. Trueba pare una película donde sus amigos-personajes hablan de cine (el aroma del cine de Rohmer y Truffaut es fácil de reconocer, y  el cine amistad y vida de Tanner, en sus películas setenteras como La salamandra, Jonás que cumplirá 25 años en el año 2000 o Messidor, forman parte de los referentes y el encanto que reside y transita en la película), también hablan de literatura (se cita el libro Las pequeñas virtudes de Natalia Ginzburg), hay tiempo para citar a Marx y a otros pensadores, y todo aquello que se soñó pero se quedó en la cuneta, y por supuesto, también hay espacio para la música, incluso se atreven a cantar. Las canciones de Tulsa, que aparece en varios instantes de la película-viaje, actuando ante los personajes o con ellos, y cantando sus emociones y estados de ánimo. La luz de Santiago Racaj ayuda a crear esa atmósfera suave y melancólica que baña todo el metraje.

Un canto no sólo a la vida, sino al cine, a la amistad real y al amor, fabricada desde la inquietud de un creador sincero y honesto, alguien que ama lo que hace y lo explica, y filma de esa forma, sin artificios ni subrayados.  Un cine que se destapa como ligero, que se digiere tranquilo, con pausa, sin sobresaltos, que no hiere, pero que esconde en su forraje e interior, toda una idea o sentimiento que se palpa en los jóvenes actuales, (como aquel cine español de la transición que recogía en su humildad, los temas que estaban candentes en el sentir del momento), una idea sobre esa incertidumbre e invisibilidad que nos condena una sociedad cada vez más moderna, y menos humana.

Anacleto: Agente Secreto, de Javier Ruiz Caldera

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El personaje de Anacleto ya había debutado en la gran pantalla brevemente, fue en la película El gran Vázquez (2010), de Óscar Aibar, (cinta donde se relataban las andanzas del famoso historietista, que también servía de homenaje al cine patrio de los 60). Anacleto aparecía a modo de animación interactuando con su propio creador. Ahora, llega su salto a la gran pantalla, como anteriormente dieron el gran salto otras criaturas de la Editorial Bruguera como Mortadelo y Filemón, El Capitán Trueno o Zipi y Zape, con resultados desiguales.

El responsable de esa aventura cinematográfica ha sido el director barcelonés Javier Ruiz Caldera, el joven director sigue en su cuarto título de su carrera, el camino emprendido en su debut Spanish Movie (2009), una parodia sobre cine español surgida a raíz del éxito de Scary movie, le siguió tres años después Promoción fantasma, aquí el objeto de la mofa radicaba en las cintas estadounidenses ambientadas en institutos donde los estudiantes se enfrentaban a terroríficos asesinos. La tercera incursión en este género paródico fue hace un par de años en la excelente y rabiosa 3 bodas de más, (donde se reía de esas comedias romanticonas americanas donde la chica angelical y de vida profesional triunfante fracasa constantemente en el amor). Caldera paría una agitada y buenísima comedia con patosa científica e inmadura emocionalmente que se veía envuelta en las mil y una en la caza del amor romántico. Ahora, se enfrenta en la difícil tarea de adaptar un cómic legendario en la historieta española, y creado por uno de los grandes, Manuel Vázquez Gallego (autor también de Las hermanas Gilda y La familia Cebolleta, entre otros) en el 1965 como parodia del agente James Bond 007, que en el 1962 había debutado en el cine en la película 007 contra el Dr. No, no obstante el autor se declinaba más como referencia el personaje Maxwell Smart e la serie televisiva Superagente 86. Ruiz Caldera sale airoso del envite dotando a su película de comedia clásica, hay trompazos, golpes y persecuciones al más puro slastick, y cómo no, también hay comedia, como en sus anterior films, esta vez una comedia física, de carreras, de nervios, disparos, explosiones, de constante tensión. Nos recuerda mucho a la saga de Torrente, de Santiago Segura, aunque la comparación es obvia, ya que el personaje de José Luis Torrente y sus andanzas beben y mucho del universo Bruguera y esa idiosincrásica carpetovetónica tan arraigada en nuestro ser.

La película coge la esencia del tebeo, con abundantes guiños y referencias al universo Bruguera y Vázquez: el arranque de la cinta con el desierto de Gobi, perdido en el culo del mundo, y ese inicio a lo Bond, los innumerables tics paródicos de objetos, escondrijos y demás herramientas andrajosas y fueras de tiempo, el inseparable cigarrillo, el smoking con pajarita, y esos andrajosos edificios, llenos de recortes y oficinistas caricaturizados y esa (des) organización que recorre toda la trama, sin olvidarnos de su archienemigo «El malvado Vázquez», parodia del propio creador y de esos siniestros monstruos de las películas de 007. La película se desarrolla a un ritmo vertiginoso, con una ambientación atemporal, porque por un lado tiene un look muy de los 70, con esos edificios interminables ubicados en barrios colmenas y plazas de estética cutre, y mercados a la vuelta de la esquina , y por otro, se cita a películas actuales del tipo sagas de Misión imposible y Jason Bourne. El reparto, con algunos de los habituales del director,  ajustado y definido también hace un espléndido trabajo, la elección de Imanol Arias como ese Anacleto, cansado y viejo es muy acertada, Quim Gutiérrez como hijo del antihéroe se destapa como el patito feo que da el salto sacando la bestia que lleva en su interior, Berto Romero, como amigo patoso y listillo, Carlos Areces, que raya a gran altura en la piel del malo, y no menos su grupito de secuaces que lo sigue hasta la muerte, sin olvidarnos de esa familia disfuncional y cutre que tanto conocemos todos. Quizás la película decae en algunos momentos cuando intenta aclarar ciertos elementos, porque cuando dan rienda suelta a la locura y la parodia, metiendo caña y soltando libremente el despiporre y la caspa, la cinta aumenta su energía y sus salvajadas, y sus ganas de hacer reír y divertir al personal riéndose de todo y todos, sobre todo, de si mismos, y de ese cine de espías de escuadra y cartabón que tanto se ha gustado a si mismo.

 

Inside Out (Del revés), de Pete Docter y Ronaldo Del Carmen

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En los años 80, muchos niños disfrutamos de «Érase una vez… el hombre», una serie de dibujos animados que recogía de forma amena, didáctica y divertida los avatares de la humanidad, su éxito fue tan extraordinario, que produjo otras secuelas, en una de ellas «Érase una vez… la vida», se concentraban en el funcionamiento del interior de nuestro organismo. La última aventura de Pixar se encamina por aquellos mismos derroteros, se centra en el interior de todos nosotros, en concreto en el interior de nuestro cerebro, y el funcionamiento de nuestras emociones. Desde que a mediados de los 80, Steve Jobs, uno de los creadores de Apple, y John Lasseter fundaron los estudios de animación Pixar, aunque no fue hasta una década después, en 1995, cuando presentaron Toy story al mundo, su primer largometraje de animación íntegramente generado por ordenador. Su éxito fue bestial, y aparecieron más títulos, algunos más enfocados a los más pequeños como Bichos, Cars y su secuela, Brave o la secuela de Monstruos, S. A., no obstante las películas que han afianzado el nombre de la compañía en el panorama cinematográfico actual han sido las películas que gustan tanto a los niños como a los adultos, o dicho de otro modo, esas películas bien construidas, con un diseño y ambientación espectaculares, y un ritmo vertiginoso, que hablan de emociones y aspectos de la sociedad que pueden llegar a entender los más pequeños como los adultos que los acompañan al cine. Películas como la mencionada Toy story, y su secuela de 1999, Monstruos, S. A. (2001), Los increíbles (2004), Ratatouille (2007), Wal-e (2008),  Up (2009).

Inside out, traducida por estos lares como Del revés, estaría en este segundo grupo. La trama, muy parecida a la maravillosa y magistral El viaje de Chihiro, de Hayao Miyazaki (muy semejante en muchos tramos) se centra en Riley, una niña de 11 años que se ve obligada a dejar el medio oeste americano, el lugar donde siempre ha vivido, para trasladarse a la gran ciudad, San Francisco, debido a que su padres ha encontrado un trabajo mejor. Estos cambios repercutirán y harán mella en su carácter, y sobre todo en sus emociones, y es ahí, en ese espacio, donde se sitúa la película, en el mecanismo de las emociones, en el interior de su mente, donde conoceremos a Alegría, la más importante en la vida de Riley, la Tristeza, que si bien es constantemente rechazada, finalmente tendrá un protagonismo importante y certero, y las secundarias, Asco, Miedo e Ira. Todas se encuentran en el Cuartel General, lugar desde donde se manejan todas las emociones de Riley. Pero, un fatal accidente provocará que tanto Alegría como Tristeza sean despojadas, por uno de los conductos donde se lanzan los recuerdos, hacía el exterior, donde se encuentran espacios como el país de la imaginación (donde se guardan, algunos recuerdos como desechos a punto de tirar por un barranco donde van a parar las cosas que se olvidan), también conocerán la fábrica de sueños (que escenifican y filman, como si estuvieran en un rodaje, en su estudio y todo, todos los sueños de Riley mientras la niña duerme), y en la memoria a largo plazo (laberíntico espacio repleto de interminables estanterías donde unos pequeños funcionarios eliminan esos recuerdos que ya no son útiles). En esta difícil misión que consiste en volver al cuartel general, en las que Alegría guarda celosamente en su mochila 5 recuerdos inolvidables de Riley (a modo de bolas que parecen sacados de la bolera, con su peculiar sonido cuando chocan), contarán con la ayuda del amigo imaginario de cuando Riley era pequeña, mitad animal, humano, un ser en mitad de muchas cosas, que parece no saber adónde ir ni cuál será su destino final.

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Con todos estos elementos, los directores Pete Docter y Ronaldo Del Carmen, construyen una hermosísima y trepidante fábula para todos los públicos, llena de aventuras y problemas, donde la astucia y el ingenio jugarán papeles fundamentales en el transcurrir de la historia. Estamos ante una aventura parecida a Monstruos, S. A., en aquella, dos seres del otro mundo, como ocurre en esta, tienen que salvaguardar los sueños, en aquel caso, en este las emociones. Aunque también, nos recuerda a Toy story 2, cuando el niño se hacía mayor y los juguetes veían peligrar su existencia en la casa. O incluso, en Up, en esos sueños imposibles que sólo nosotros somos capaces de hacer posibles. La película nº 15 de Pixar emerge como un maravilloso y emocionante compendio o resumen de la trayectoria de la compañía. Una comedia deliciosa, simpática y desbordante locura donde se derrocha imaginación y construcción cinematográfica, le sobra algo de moralina en el tramo final, aunque no desmerece en absoluto su resultado final. Uno de los grandes títulos del estudio, alzada a los altares de obras como Ratatouille o Los increíbles, y las ya mencionadas. Acérquense a ella, les hará disfrutar de lo lindo, déjense llevar por su inagotable e inmensa imaginería, y sobre todo en la materia de la que estamos construidos los seres humanos, que no es otra cosa que las emociones, aquí nos presentan 5 de ellas, hay muchísimas más, eso sí, pero las de la película, son un buen ejemplo del funcionamiento de nuestra psique.

 

Ghadi, de Amin Dora

008441EL MILAGRO COMO CONCIENCIA

En Los jueves, milagro (1957), de Berlanga, las fuerzas vivas de un pueblo se inventaban la aparición de un santo, “San Dimas”, para atraer clientes a un balneario, principal fuente de ingresos, que andaba al borde de la desaparición. El joven cineasta libanés Amin Dora debuta en el cine con una película sencilla y honesta, sitúa su fábula en un pequeño barrio costero, donde a modo de introducción, como hacían por ejemplo en Bienvenido Míster Marshall, volvemos a Berlanga, un niño, Leba, nos va presentando los habitantes de singular barrio, el barbero, que saca tajada de sus clientes en forma de comisión, el carnicero, que reduce la calidad de sus carnes para sacar mejor rendimiento, la señora de las conservas, sola y huraña, que espera la llegada de un hermano que hace tiempo que se marchó, la promiscua que vende su cuerpo como modo de vida, los que siempre andan jugando a las cartas y peleando…

El niño narrador se hace mayor, se convierte en profesor de música, se casa y tiene dos niñas preciosas. Su tercer hijo, Ghadi nace con síndrome de down. El pasatiempo del niño es sentarse en el balcón e imitar los sonidos musicales del padre, aunque lo que emite son ruidosos alaridos que acaban molestando mucho  sus vecinos. Estos, muy enfadados, se reúnen con la intención de echar a su vecino ruidoso. Leba, ante el temor de alejarse de su hijo, urde un plan reclutando la ayuda de los “desplazados del barrio”: el tonto oficial, que no es lo que parece, al inmigrante rechazado por el color de su piel, al afeminado, que no encuentra su sitio, en este barrio de machos dominantes. Dora dirige una película de buenas intenciones, la llegada del milagro obrará concienzudamente a nivel moral entre las gentes, y todos, aunque al principio se muestren descreídos, acabarán sucumbiendo ante la divinidad. Una muestra de cine procedente del Líbano, un país sumido en conflictos armados desde hace décadas, que nos ofrece una mirada diferente, huyendo de la imagen que conocemos, y contándonos otro tipo de conflictos y situaciones.

El realizador libanés se mueve entre la conciencia social, el costumbrismo, y la obra con mensaje, muy deudora del cine de Frank Capra, o aquellas comedias italianas de los 40 y 50, de Comencini o Monicelli, sin olvidar el referente de Milagro en Milán (1951), de Vittorio De Sica, también, contiene ciertos toques del humor y la descripción del cine de Jeunet y Caro, y el cine de Javier Fesser. Una película con cierto encanto, que atrapa en su modestia narrativa, que recupera ese cine sencillo que pretendía atrapar al espectador desde lo emotivo. Si bien la película no tiene la carga crítica y social que tenía el cine de Berlanga, pero tiene sus buenos momentos donde habla de generosidad, humanidad y sobre todo, de aceptación hacía el diferente, a escuchar al otro y esforzarnos en entenderlo, sin pretender en ningún caso, rechazarlo y expulsarlo de nuestro entorno, sólo por el hecho que ha nacido diferente.