Miss Dalí, de Ventura Pons

DALÍ POR ANNA MARIA.

La trayectoria de Ventura Pons (Barcelona, 1945) recuerda a otros tiempos, a aquellos cineastas clásicos que no cesaban de rodar películas, ya que su filmografía en la que suma ya la friolera de 31 títulos, una carrera que arrancó hace más de cuatro décadas, en 1977 con el documental Ocaña, retrat intermitent, después de haber dirigido una veintena de obras de teatro. Después de una primera parte digamos localista, dedicada a comedias más o menos dulces o trágicas, entre las que destacarían El vicari d’Olot, La rossa del bar o Puta miseria!. A partir de 1994 con El perquè de tot plegat, basada en una novela de Quim Monzó, su cine cambia de rumbo y adquiere una notoriedad internacional y filmando siempre en catalán (a excepción de algún título en inglés) llega a un público más amplio, que en sucesivas películas, basadas en novelas o obras de teatro de autores contemporáneos interesantes de la talla de Benet i Jornet, Belbel, Baulenas o Torrent, en las que rueda una peli anual, incluso un par, entre las que podríamos destacar, Actrius, Amic/Amat, Animals ferits o Amor idiota, y también algunos documentales que repasa figuras de la cultura catalana que mantuvieron una gran amistad con el cineasta.

Su película número 31 captura la figura peculiar, controvertida y singular de Salvador Dalí (1904-1989) uno de los pintores más importantes del siglo XX, pero no lo hace a través de su figura, sino a través de la mirada de su hermana Anna Maria, tres años menor que él, y su primera musa. Pons plantea una película sumamente atractiva y fascinante, en la que arranca con la visita de Maggie, una antigua amiga inglesa de la hermana a Cadaqués, en la que las dos señoras octogenarias mantendrán una conversación larguísima en la que se repasaran la vida y milagros de los Dalí, desde aquellos años de esplendor en la España republicana donde la familia y los hermanos se avenían, con las visitas de Lorca en aquellos veranos donde el sol bañaba los campos, las playas y la luz estallaba de alegría y las noches nunca se acababan, pasando la guerra, el distanciamiento de los hermanos que duró cuarenta años, el éxito de Salvador y demás. El cineasta barcelonés da buena cuenta de casi ochenta años en la familia Dalí, convertida en una tragedia griega, donde las risas y las alegrías de los inicios dan paso a la tristeza y el dolor, cuando el pintor alcanzará su extraordinario éxito mundial con su arte y se casará con Gala.

Pons construye una película centrada en la familia, en las relaciones tormentosas y en la amistad y el amor de dos hermanos que el tiempo y las diferentes miradas distanció en una relación irreconciliable. La película destila humanidad y sencillez, en la que destaca Cadaqués, el lugar neurálgico de la vida de los Dalí, esa Arcadia feliz de los primeros años, ese lugar donde volver, donde siempre ser niños, donde el tiempo parecía detenido, y donde su fuerte tramuntana parecía volver locos a todos, en el que la vida tenía sentido, y donde los recuerdos y la memoria permanecía intacta y bella, como si el tiempo fuera incapaz de borrarlos, como si no pudiese ejercer su inquebrantable destino sobre ese lugar donde los sueños se hacían realidad y la vida parecía vida y nada más. El director catalán desestructura su película con idas y venidas en el tiempo, como se va recordando, como mencionaba García Márquez, en los que Anna Maria nos cuenta y no susurra describiendo aquellos años, donde vemos crecer a Salvador, sus pinturas (que por cierto, no veremos ningún cuadro durante el metraje) sus relaciones, los amores frustrados, su codicia, su éxito, y todos aquellos que pululaban en su entorno, unos con buenas intenciones, y otros, no tanto.

Una vida contada en la que hay alegrías y tristezas, risas y dolor, en el que la familia se ubica en el pilar de Salvador y su hermana, y el éxito y otras personas separó irremediablemente,  pero que Pons no toma partido por ningún personaje, ni tampoco juzga, cuenta su versión, los hechos que unos y otros explican, donde Anna Maria se encuentra en el centro de la tragedia familiar, porque en este tipo de casos todos tienen su responsabilidad, ya sea de manera consciente o no. Un reparto muy extenso y con gran oficio entre los que destacan Siân Phillips y Clarie Bloom, dos excelentes actrices británicas, de grandísima trayectoria, que interpretan en inglés, a Anna Maria y su amiga Maggie, la estupenda presencia de Josep Maria Pou como el patriarca de los Dalí,  el fantástico y enérgico Joan Carreras como Dalí, los debutantes Eulàlia Ballart y Jose Carmona como la Anna Maria joven y Lorca sacan cum laude en sus respectivas interpretaciones, y después, como es habitual en el cine de Pons, una buena representación de la escena catalana con los siempre efectivos y naturales Marta Angelat, Vicky Peña, Joan Pera, Mercè Pons, Joan Crosas, Carme Sansa, etc…

Pons ha construido una película bellísima y encantadora, quizás una de las mejores de su extensa filmografía, que en ningún momento notamos su largo metraje (165 minutos) porque todo sucede de manera pausada y bien definida y acomodada, donde cada personaje adquiere su protagonismo, donde las cosas se van contando de manera que se recuerdan, donde viajamos por diferentes países y continentes, donde todo sucede como si estuviéramos soñando, en algunas ocasiones, y en otras, como si la realidad se convirtiese en un azote maligno, donde hay luz y tinieblas, en el que somos testigos de la existencia y la vida de una familia a lo largo del convulso y cambiante siglo XX, a través de la vida y las relaciones convulsas de una saga de puertas adentro, cuando nadie ve y lo de fuera queda lejos, cuando las cosas se dicen a la cara, y donde las verdades y mentiras salen a relucir, cuando cada persona manifiesta sus sentimientos y las emociones se imponen, cuando el tiempo y la distancia ocurre en un abrir de ojos o un abismo los separa y se pierden en el tiempo que no volverá jamás.


<p><a href=”https://vimeo.com/251932302″>MISS DAL&Iacute; TRAILER ESP</a> from <a href=”https://vimeo.com/user9396362″>Els Films de la Rambla</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Juegos de familia, de Belén Macías

juegos-de-familia_poster_rgbEL AMANTE DE MI MUJER.

La comedia elegante o sofisticada que tan buenos dividendos dio en la época dorada de Hollywood en las décadas de los 30 y 40, con títulos como Lo que piensan las mujeres, Ninotchka o Historias de Filadelfia… En la actualidad, y recogiendo aquel testigo sensacional, han aparecido una comedia con el aroma de los grandes, producida en Francia, con autores como Jaoui o Kaplisch… Una comedia construida con elegancia y delicadeza, en las que también hay cabida al humor más banal, pero conjugado en un relato lleno de inteligencia y crítico con la sociedad que nos rodea. Aquí tuvimos nuestro esplendor en los 80 con títulos de Trueba con Sé infiel y no mires con quién, Colomo con La vida alegre, y en los 90 con Gómez Pereira de Boca a boca o El amor perjudica seriamente la salud… Por esos terrenos se mueve la tercera película de Belén Macías (1970, Tarragona), en la que la directora cambia el rumbo, después de las interesantes El patio de mi cárcel (2008) y Marsella (2014) cintas de marcado acento personal que, aunque tenían algún rasgo de comicidad, se instalaban en el drama social con actitud crítica. En Juegos de familia, Macías se sumerge en una historia ajena, un encargo, como los muchos que hace en el medio televisivo, en el que se plantea una comedia elegante donde se profundiza sobre el amor maduro.

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La historia gira en torno a un matrimonio de los de toda la vida que ha pasado la sesentena, ella, Carmen siente que su marido, Andrés, ya no la quiere y se busca un amante, Raúl. Cuando el marido, acomodado en una situación que ya le va bien, lo descubre, comienza una torpe aventura que consiste en aliarse con el amante para de esta manera recuperar a su mujer. Entre medias, están los hijos, Santi, al que se le resisten los amores comprometidos, y además en el trabajo no se siente valorado, y Lucía, que mantiene una relación con un casado, y le asaltan las dudas sobre su vida y trabajo. Y para rematar el enjambre familiar, nos topamos con el suegro, propietario de la fábrica de juguetes Play Time (guiño al universo de Tati) negocio en crisis amenazado de cierre, en el que trabajan el padre, el nieto, y la nieta. Y en esas estamos, una familia en plena crisis sentimental y laboral.

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El buen hacer de Macías, que ya demostró su madurez a la hora de exponer conflictos de manera sutil, y sus dotes para extraer lo complejo de sus intérpretes, acercándose a  los detalles que arman la historia, se encarga de desarrollar una comedia con toques de drama íntimo, sin olvidar los momentos cómicos, que los hay, principalmente protagonizados por Puigcorbé (que recuerdan a los de Salsa rosa) un actor maravilloso dotado de una vis cómica sensacional, que compone un personaje torpe y vampiro que sacará de su indefensión su mejor estrategia, después tenemos a Vicky Peña, la gran dama del teatro, que aquí hace de una mujer cansada de vida triste que, necesita volver a respirar y en su casa se ha convertido en algo peor que un mueble, en alguien invisible, y el tercero en discordia, según se mire, Antonio Valero, reputado actor, dedicado a la televisión en los últimos años, se convierte en la amenaza, en un duro adversario, ya que es un amante atractivo, delicado y con sentido del humor.

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Pero la película no se queda ahí, también se interesa por los devaneos sentimentales de los hijos, que parece que han heredado la torpeza de sus progenitores y también andan llorando por los rincones, y son incapaces de encontrar a alguien con el que estar bien. Una película entretenida, con momentos de comicidad excelente, que profundiza en los amores de la edad madura, utilizando un tono cómico, pero sin caer en banalidades ni en discursos aleccionantes, dejando que el espectador mire la historia sin aviso y sea él quién saque sus propias conclusiones. Estamos ante un relato que se asemeja en su tono y forma a producciones del país vecino, en las que destaca la comedia sofisticada con toques de drama e ironía, como No estoy hecho para ser amado  o Como en las mejores familias, dos buenas obras que nos acercaban a una mirada reflesiva a la hora de abordar los amores inesperados a cierta edad y los complejos entornos familiares desde puntos de vista inteligentes e irónicos.