Entrevista a Belén Macías

Entrevista a Belén Macías, directora de “Juegos de familia”. El encuentro tuvo lugar el jueves 15 de septiembre de 2016 en el vestíbulo de los Cines Girona de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Belén Macías, por su tiempo, generosidad y cariño, a Carlos Pulido de Mosaico Films Distribución, a Gustavo Sánchez de PR & PRESS Comunicación, por su paciencia, amabilidad y cariño que, además, una joven de su equipo tuvo el detalle de tomar la fotografía que encabeza la publicación, y al maravilloso equipo de los Cines Girona, que siempre me tratan genial.

Juegos de familia, de Belén Macías

juegos-de-familia_poster_rgbEL AMANTE DE MI MUJER.

La comedia elegante o sofisticada que tan buenos dividendos dio en la época dorada de Hollywood en las décadas de los 30 y 40, con títulos como Lo que piensan las mujeres, Ninotchka o Historias de Filadelfia… En la actualidad, y recogiendo aquel testigo sensacional, han aparecido una comedia con el aroma de los grandes, producida en Francia, con autores como Jaoui o Kaplisch… Una comedia construida con elegancia y delicadeza, en las que también hay cabida al humor más banal, pero conjugado en un relato lleno de inteligencia y crítico con la sociedad que nos rodea. Aquí tuvimos nuestro esplendor en los 80 con títulos de Trueba con Sé infiel y no mires con quién, Colomo con La vida alegre, y en los 90 con Gómez Pereira de Boca a boca o El amor perjudica seriamente la salud… Por esos terrenos se mueve la tercera película de Belén Macías (1970, Tarragona), en la que la directora cambia el rumbo, después de las interesantes El patio de mi cárcel (2008) y Marsella (2014) cintas de marcado acento personal que, aunque tenían algún rasgo de comicidad, se instalaban en el drama social con actitud crítica. En Juegos de familia, Macías se sumerge en una historia ajena, un encargo, como los muchos que hace en el medio televisivo, en el que se plantea una comedia elegante donde se profundiza sobre el amor maduro.

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La historia gira en torno a un matrimonio de los de toda la vida que ha pasado la sesentena, ella, Carmen siente que su marido, Andrés, ya no la quiere y se busca un amante, Raúl. Cuando el marido, acomodado en una situación que ya le va bien, lo descubre, comienza una torpe aventura que consiste en aliarse con el amante para de esta manera recuperar a su mujer. Entre medias, están los hijos, Santi, al que se le resisten los amores comprometidos, y además en el trabajo no se siente valorado, y Lucía, que mantiene una relación con un casado, y le asaltan las dudas sobre su vida y trabajo. Y para rematar el enjambre familiar, nos topamos con el suegro, propietario de la fábrica de juguetes Play Time (guiño al universo de Tati) negocio en crisis amenazado de cierre, en el que trabajan el padre, el nieto, y la nieta. Y en esas estamos, una familia en plena crisis sentimental y laboral.

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El buen hacer de Macías, que ya demostró su madurez a la hora de exponer conflictos de manera sutil, y sus dotes para extraer lo complejo de sus intérpretes, acercándose a  los detalles que arman la historia, se encarga de desarrollar una comedia con toques de drama íntimo, sin olvidar los momentos cómicos, que los hay, principalmente protagonizados por Puigcorbé (que recuerdan a los de Salsa rosa) un actor maravilloso dotado de una vis cómica sensacional, que compone un personaje torpe y vampiro que sacará de su indefensión su mejor estrategia, después tenemos a Vicky Peña, la gran dama del teatro, que aquí hace de una mujer cansada de vida triste que, necesita volver a respirar y en su casa se ha convertido en algo peor que un mueble, en alguien invisible, y el tercero en discordia, según se mire, Antonio Valero, reputado actor, dedicado a la televisión en los últimos años, se convierte en la amenaza, en un duro adversario, ya que es un amante atractivo, delicado y con sentido del humor.

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Pero la película no se queda ahí, también se interesa por los devaneos sentimentales de los hijos, que parece que han heredado la torpeza de sus progenitores y también andan llorando por los rincones, y son incapaces de encontrar a alguien con el que estar bien. Una película entretenida, con momentos de comicidad excelente, que profundiza en los amores de la edad madura, utilizando un tono cómico, pero sin caer en banalidades ni en discursos aleccionantes, dejando que el espectador mire la historia sin aviso y sea él quién saque sus propias conclusiones. Estamos ante un relato que se asemeja en su tono y forma a producciones del país vecino, en las que destaca la comedia sofisticada con toques de drama e ironía, como No estoy hecho para ser amado  o Como en las mejores familias, dos buenas obras que nos acercaban a una mirada reflesiva a la hora de abordar los amores inesperados a cierta edad y los complejos entornos familiares desde puntos de vista inteligentes e irónicos.

Entrevista a Belén Macías

Entrevista a Belén Macías, directora de “Marsella”. El encuentro tuvo lugar el Miércoles 16 de julio en Barcelona, en el vestíbulo de los Cines Renoir Floridablanca.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Belén Macías, por su tiempo y sabiduría, a María de La portería de Jorge Juan,  por su generosidad y paciencia, a Clara Martínez de Sala 1 ,autora de la edición, por su generosidad y complicidad, y a Clara Bayo de Badanotis, que tuvo la amabilidad de sacar la fotografía.

 

Marsella, de Belén Macías

marsella 1Madres en busca de sí mismas

 Han transcurrido seis años desde la opera prima de Belén Macias, El patio de mi cárcel (2008), tiempo en que la realizadora tarraconense los ha dedicado a la televisión, en series como La señora (2009), La princesa de Éboli (2010) e Historias robadas (2012). Ahora vuelve a la pantalla grande con su segunda película, Marsella, una historia intimista y sencilla, en la que plantea un conflicto realmente complicado y difícil, dos madres, la biológica y la de acogida, luchan por el cariño de Claire, una niña de 9 años. Las madres son totalmente antagónicas, con vidas muy diferentes, por un lado, tenemos a Sara (la que la parió), de 28 años, sin pareja, de oficio panadera, con un entorno familiar paterno durísimo y un oscuro pasado enganchada a las drogas y el alcohol. En el lado opuesto, Virginia (la de acogida), es una mujer de unos cuarenta y tantos años, casada con un francés, sofisticada, elegante y con un alto nivel de vida. Macías sitúa su relato en un viaje, en una road movie, la carretera como compañía y un trayecto, el que separan las ciudades de Madrid y Marsella, un destino en el que Sara quiere que su hija conozca a su padre biológico. El conflicto aparece cuando Sara tiene que entregar una carga sospechosa que lleva en el coche y se ausenta del hotel donde se hospedan, tiempo suficiente para que la niña se asuste y avise a la que todavía llama su madre, Virginia. El viaje continúa con las tres y su peculiar combate emocional para ganarse el amor de la niña. Un relato duro, que en ocasiones sobrecoge y nos plantea una cuestión sumamente aleccionadora e interesante: ¿Madre se nace o se hace? Macías no nos contesta a la pregunta, pero si nos abre distintas puertas y ventanas para que nosotros los espectadores lleguemos a nuestras propias reflexiones. La película entretiene, está cocinada a través de miradas y gestos, llena de momentos intensos y directos, es una lección de vida y amor, una cinta de carretera, que a modo de Ulises, no importa el destino Ítaca/Marsella, sino el trayecto y las circunstancias que se van encontrando. La directora sugiere y atrapa a través de emociones y sentimientos. Nos muestra un mundo de paso, lugares sin identidad, hoteles a la orilla, camioneros atrapados y honrados, a unos seres en tránsito que pululan de un lugar a otro, intentando sobrellevar no las cargas que se intercambian, sino las que pesan y las que cuesta sacar. Interesante mezcla de película de carretera y anclajes emocionales, en la que dos actrices, María León y Goya Toledo, resultan intensas y conmovedoras en sus respectivas composiciones, que encarnan una brillante antítesis de modos de ver la vida, una perdedora que es todo corazón, y la otra, la sobre protección materna instalada en la comodidad. Dos miradas, dos maneras que Macías sabe gestionar y presentar de un modo humano, sin caer en estereotipos que podrían desmerecer el relato. Un cuento para todos y de todos, que vendría a ser  como una mirada a la inversa de la última película de Hirokazu Kore-eda, De tal padre tal hijo (2013), si allí eran dos padres que tenían que lidiar con un hijo que no era el suyo, por un error al nacer, y se planteaban la paternidad, ahora lo que se plantea es lo contrario, la maternidad y el hecho de ser madre.