Morir para contar, de Hernán Zín

EL ALMA DEL REPORTERO DE GUERRA.

“En la guerra, en una semana tienes una vida condensada. No hay engaños, no hay máscaras, hay subidón, hay éxtasis, hay miedo, hay compromiso ético, hay empatía, pero no estás negando la esencia de la vida, que es todo arbitrario, y que es muy efímero y, eso es muy atractivo.”

Hernán Zin

El soldado que desactivaba bombas en Irak en En tierra hostil, la magnífica película de Kathryn Bigelow, se llenaba de dudas, miedos y traumas cuando volvía a casa y se enfrentaba a sus quehaceres diarios con los suyos. En la guerra era todo lo contrario, el peligro cotidiano, las balas silbando y las bombas cayendo, y su temible tarea, le activaban todos sus mecanismos humanos, y el miedo y su temeridad, le hacían vivir con intensidad y lleno de adrenalina. Algo parecido les ocurre a los reporteros de guerra, seres intrépidos que se lanzan a los conflictos armados para narrar lo que ven, para ser testigos de lo que ocurre para contarlo a los demás, profesión que definió Arturo Pérez- Reverte, que se pasó 21 años como reportero de guerra, de la siguiente manera: “Vamos a la guerra en busca de aventuras, pero volvemos con una maleta cargada de cadáveres.”

Las cuestiones que no se ven del reportero de guerra, lo que no recoge su testimonio periodístico y todo lo que les queda en su interior después de haber vivido situaciones de muchísimo peligro, la angustiosa vuelta a la realidad más cotidiana, y mucho más, es lo que recoge el nuevo trabajo documental de Hernán Zin (Buenos Aires, Argentina, 1971) que se pasó durante veinte años de su vida como reportero de guerra, pero un accidente en Afganistán en el 2012, lo retiró, y tras tantos años siento testigo privilegiado de tanta muerte y violencia, todo se desbordó y sufrió los males psicológicos de tantos años de miseria y terror. Todo aquel proceso traumático le ha llevado a hablar en primera persona de sus experiencias como reportero, contando con los testimonios de otros compañeros que también han vivido el reporterismo desde dentro, viendo, escuchando y documentando todas las barbaridades que han visto. Zin sazona la película con sus reflexiones sinceras, críticas y sentidas, abriéndose en canal, hurgando en sus heridas y dejando que los espectadores vean una cara de la guerra completamente diferente a la que conocen, desde la mirada de esos transmisores del horror.

El cineasta bonaerense lo hace con la ayuda de esos 17 testimonios que narran las interioridades de la guerra, de su cotidianidad del horror y la miseria humana, explicando face to face, sin trampa ni cartón, sus verdades, sus miradas, desde el compañerismo entre ellos hasta lo más desgarrador que han presenciado, registrando más de 20 años de guerras en África, Asia y Europa, hablándonos al oído de todo lo vivido, lo sufrido, de aquellos que no están, compañeros que perdieron la vida en la guerra, como Julio Fuentes, Miguel Gil o José Couso, y tantos otros, y de sus traumas derivados a tantos años de dolor ajeno, porque nada es ajeno, o aquellos que sufrieron violencia y fueron secuestrados, nos hablan de frente, sin dejarse nada fuera, narrando su cautiverio físico y emocional, explicando sus batallas íntimas y personales de su alma herida, sus pesadillas, sus noches de insomnio y demás roturas psicológicas. Zin vuelve a adentrarse en una película de anclaje social y humano, siguiendo el camino trazado en sus anteriores trabajos, en los que impone una mirada crítica y sincera sobre los males de este mundo, como la pobreza extrema que relató en Villa miseria (2009) o las consecuencias horribles en los más débiles en los conflictos armados como la violación contra las mujeres en La guerra contra las mujeres (2013) o los niños, tanto palestinos en Nacido en Gaza (2014) como sirios huyendo de la guerra en Nacido en Siria (2017) poniendo voz a aquellos que sufren la guerra cada día, a la deshumanización del individuo enfrentado a la brutalidad de la violencia y la muerte.

Escuchamos los diferentes relatos sobre un oficio que les apasiona, un oficio que consideran útil y necesario,  para todos ellos que sobreviven en el horror para contar lo que ocurre en la guerra, porque si no, no habría testigos, ni fotos, ni documentos que certificaran las atrocidades que allí se cometen, hombres y mujeres que se lanzan a contárnoslo y registrarlo, seres humanos que acaban pagando un precio altísimo de tantos años soportando humillaciones, sufrimientos y dolor, heridas a las que deberán enfrentarse con amor y paciencia, sabiendo que su trabajo, y el de todos los demás haya servido para hacer de este mundo un lugar más habitable y sociable, aunque a veces cueste tanto creer que eso pueda llegar a ser posible. Zin también nos habla de esperanza e ilusión, porque entre tanto caos y destrucción, enfoca su mirada a los niños, los más inocentes y perjudicados en las guerras, porque aunque estén lejos de sus hogares, embarrados y hambrientos, perdidos en un campo de refugiados, siempre habrán niños que quieran seguir siendo niños, y jueguen con aquello que encuentren, con los desechos o la basura, pero sin dejar de sonreír, y mirar la cámara inquietos y agitados,  sin abandonar una actitud alegre y bella.


<p><a href=”https://vimeo.com/296409016″>Trailer MORIR PARA CONTAR</a> from <a href=”https://vimeo.com/dypcomunicacion”>DYP COMUNICACION</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Errementari (El herrero y el diablo), de Paul Urkijo Alijo

LA NIÑA SOLITARIA Y EL HERRERO MALDITO.

Erase una vez, en los alrededores de la primera guerra Carlista, allá por el año de 1841 de nuestro señor, en una aldea en el corazón de tierras vascas, oscuras y recónditas, que vivía Patxi, un herrero solitario, agazapado en una casa convertida en fortaleza, donde según cuentan los aldeanos, el tipo en cuestión perpetraba tratos con el maligno y se encontraba consumido por una extraña leyenda negra que se cernía sobre aquel lugar apartado de todos en mitad del bosque. Pero, un día, una niña llamada Usue, de condición huérfana, llegó hasta el lugar y conoció al oscuro herrero, y sus malignas actividades. La puesta de largo de Paul Urkijo Alijo (Vitoria-Gasteiz, 1984) se enmarca en el género fantástico y terror con dosis de humor negro, como venía haciendo hasta ahora en sus prolíficos y galardonados cortometrajes. Para su debut, Urkijo Alijo se inspira en un antiguo cuento infantil Patxi Errementari, en el que se cuenta los problemas de algunos demonios en capturar almas humanas, en un guión por el mismo director y la colaboración de Asier Guerricaechevarría. Su película, apoyada en una excelente fotografía de Gorka Gómez Andreu (habitual en sus cortos) que recoge esa atmósfera turbia y siniestra que se palpaba pro aquellos tiempos de guerras entre la razón y la tradición, y el cuidadísimo y brutal trabajo artístico obra de Izaskun Urkijo, en el que el contraste del pueblo, casi minimalista, choca con la casa del herrero (que parece sacada directamente de La matanza de Texas) llena de objetos, cachivaches y enseres de todo tipo, que se asemeja al mismísimo infierno o algo parecido.

El cineasta vasco nos conduce por una fábula en el que nos presenta un pueblo sumido en la tradición y el oscurantismo, donde cualquier vecino extraño ya era devoto del diablo, en el que conoceremos a una niña desamparada, que rechaza a su madre adoptiva y encuentra calor en el herrero, ese ser solitario y rasgado por un pasado horrible, que lidia con un demonio estúpido que es incapaz de hacer su trabajo de recoger almas desdichadas. Urkijo Alijo bebe de innumerables fuentes que van desde la literatura romántica y gótica de Poe o Lovecraft, la tradición oral vasca con sus mitos y leyendas, el cine fantástico de serie B con sus monstruos y bestias, las películas de la Hammer, y el cine dorado de la Universal en los años 30, muchas inspiraciones para crear una película que rezuma valentía y audacia, donde seguimos una trama interesante de investigación criminal con el personaje del comisario Alfredo (excelente la composición de Ramón Aguirre, que recuerda al desaparecido Álex Angulo) el contexto social y represor con la religión como pastor del rebaño, la consumación como ciertas leyendas alimentadas por los habitantes del pueblo, y la parte del herrero, que aunque no sean ciertas todas las habladurías que se dicen de él, algo hay, y la película lo irá descubriendo con el personaje de la niña.

La trama avanza con determinación e intriga, creando esa atmósfera siniestra y maléfica que rodea toda la existencia del herrero maldito, y consigue crearnos ese profundo halo misterioso y fantástico del relato, y se mueve con cierta brillantez pasando del género fantástico al humor negro y absurdo con la aparición del demonio enjaulado. Una cinta con un grandísimo esfuerzo de producción y de diseño, en el que las piezas van encajando con soltura y fuerza, en que la estupenda elección de utilizar el idioma euskera antiguo hablado en Álava, como se hacía en los tiempos donde está situada la trama, le da un empaque fabuloso, en la que sus personajes con esa rudeza propia de esas latitudes dota al relato de sinceridad, sumergiéndonos a aquel tiempo de manera brillante y misteriosa. Un buen plantel de intérpretes capitaneados por el siempre perfecto Kandido Uranga como el solitario herrero, con la maravillosa composición de Uma Bracaglia dando vida a la desamparada Usue, Eneko Sagardoy (enfundándose en la piel del demonio bobo) y el ramillete de secundarios como Josean Bengoetxea, José Ramón Argoitia o Itiziar Ituño, entre otros, consiguen con autenticidad llevarnos a ese tiempo, con sus cuentos oscuros y terroríficos.

La desmesura formal y de contenido de la representación del infierno en su tramo final, quizás se aparten de la contención y sobriedad que emana casi toda la película (recordándonos a la parte final de Las brujas de Zugarramurdi, de Alex de la Iglesia, padrino de Urkijo, con él que trabajó en la serie Plutón BRB Nero), pero no desmerece en absoluto el resto de la película.  Sin olvidarnos de la cálida y brillante banda sonora de Pascal Gaigne, un habitual en el útlimo cine venidod e tierras vascas. La buenísima salud del cine vasco hablado en euskera con títulos como Loreak, Handia o Amama, vuelve a maravillarnos con la película de Urkijo Alijo, que ha construido una película valiente, honesta y llena de tramas y vericuetos que van despedazando este cuento en el que nada es lo que parece, en la que los demonios malignos tienen su kriptonita particular y se puede vencerlos o al menos amilanarlos, en una trama de seres solitarios que no encajan con ese mundo de rezos y miseria moral, que se encontrarán y harán lo posible para vencer ese entorno oscuro y maligno que se cierne sobre ellos.


<p><a href=”https://vimeo.com/238420083″>ERREMENTARI – Trailer Oficial</a> from <a href=”https://vimeo.com/errementari”>Errementari Film</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Perfectos desconocidos, de Álex de la Iglesia

LUNA DE SANGRE.

La ciencia explica que la “Luna roja” o “Luna de sangre” solo se pude ver cuando se produce un eclipse lunar. Un extraordinario fenómeno donde la Luna se coloca justo detrás de la Tierra, quedando oculta del sol. Entonces, la luz solar se proyecta sobre la Tierra, que dispersa la luz azul y verde pero deja pasar la roja por la atmósfera, llegando hasta la Luna, que refleja esa tonalidad. En esa noche, no una cualquiera, en una muy especial, con esa luna omnipresente que dicen que afecta las personas, se van a desencadenar los hechos que nos cuenta la película número 14 de la filmografía de Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) en la que adapta, con su habitual guionista Jorge Guerricaechevarría, como hiciera en 1997 con Perdita Durango y en el 2008 con Los crímenes de Oxford, pero en este caso no se trata de una novela, sino de una película, Perfetti soconosciutti (2016, Paolo Genovese) exitosa cinta italiana que nos habla de siete amigos que se reúnen una noche para cenar y juegan a un inocente y perverso juego que traerá consecuencias imprevisibles y dramáticas. Se trata de que todos coloquen sus móviles en media de la mesa y cada vez que reciban una llamada o mensaje, todos lo tienen que leer en voz alta.

Bajo este decorado, De la Iglesia encierra a sus comensales, amigos todos ellos, en una de esos pisos con conserje, de diseño y alto standing, con una amplia terraza que ofrece unas vistas magníficas de la ciudad. El cineasta vasco le interesa escoger a sus personajes e introducirles en un espacio acotado en el que todos ellos deberán relacionarse, no siempre de la manera más humana, y en muchas ocasiones, generando conflictos terribles que los llevan a utilizar la violencia para conseguir sus fines, que no suelen ser poca cosa. Estamos ante una comedia negra, que como suele ocurrir en las de calidad, aparentemente todos son felices y dichosos, pero solo en apariencia, como demostrará la película a medida que avanza. Nos presenta a unos personajes, tres parejas para ser más exactos, los hay que rivalizan entre ellos y se esconden ciertos conflictos, los otros disputan porque la suegra vive con ellos y se ha creado un cisma doméstico, y los últimos, un añito de casados y deseos de ser padres, lo hacen a todas horas y parecen “mega” enamorados. Y por último, el séptimo pasajero, el amigo que presentará a su nueva pareja, y que no tiene trabajo.

Siete almas que dialogan y comen distendidamente hasta que arranca el juego y reciben el primer mensaje, que claro está, no deja contentos a los implicados. La velada transcurre de sobresalto en sobresalto y cada vez las informaciones que van leyendo son más sucias y terribles, desencadenado los conflictos entre las parejas, donde se destapan demasiados secretos. De la Iglesia conduce con maestría la dosis de comedia ligera que va transformándose en comedia negra no, negrísima, en el que las miradas indiscretas y de enfado pasan a la violencia verbal, luego a algunos golpes de frustración, cuchillos clavados en la mesa con rabia, gritos de reproche e inocencia, correrías entre unos y otros,  y desesperación, y sobre todo, las consecuencias terribles de destapar la verdad, cuando el castillo de naipes, impoluto y amable, construido en sus vidas matrimoniales se ve bruscamente caído, porque solo estaba sujeto a los hilos de la comodidad y la rutina. Un buen plantel de intérpretes que se mueve con soltura y gracia en ese macabro juego de identidades, deseos ocultos y frustraciones enquistadas, donde todos desean algo que deben de ocultar por miedo a perder aquello que no les hace sentir bien.

La película provoca la risa, mucha risa, y las situaciones comprometidas, con una trama que busca y consigue esa complicidad con los espectadores cuando conocemos algo que algunos personajes desconocen, y eso nos genera la tensión habitual en estos casos. El realizador vasco ha construido una película para descojonarse de unos pobres diablos que podríamos ser nosotros, cada uno de nosotros, con nuestros móviles donde no sólo nos sirve para comunicarnos, sino para guardar nuestros secretos, y también, nuestras vergüenzas o aquello que no queremos que los demás, ni incluso esa persona que convive con nosotros, sepa de nuestra vida, una vida o miles que se oculta en el móvil, el aparatito de nuestro tiempo, en nuestro baúl de los secretos, de mentiras, y de muchísima más, de algo que se convertido en nuestro fiel aliado, aunque ya sabemos que puede ocurrir si cae en manos ajenas y equivocadas, como nos retrata la película en estos amigos de toda la vida, que acaban convirtiéndose o fingían no darse cuenta, que cada uno de ellos, no solamente interpreta un papel para los demás, sino que, en el fondo, le cuesta saber quién es realmente, sólo el móvil y lo que esconde en él, pude descifrar su vida y todo lo que es, su vida, qué hace, a quién ve.

El tiempo de los monstruos, de Félix Sabroso

cartel-grandeLAS MÁSCARAS DE LA FICCIÓN.

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”

Antonio Gramsi

En la obra de Seis personajes en busca de autor, de Pirandello, el dramaturgo italiano reflexionaba con sentido y astucia en la intrincada construcción de la ficción de una representación y la naturaleza de sus personajes que, andaban a la búsqueda de un sentido a sus pequeños mundos y la razón de sus existencias. El último trabajo de Félix Sabroso (Las Palmas de Gran Canaria, 1968) navega por las mismas latitudes que la famosa obra de Pirandello, profundizando en las herramientas necesarias que forman parte de la construcción de una película, y el universo que encierran los personajes que serán representados por los actores.

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La película nº 7 de Sabroso abre un punto y aparte en su filmografía, es el primer trabajo que dirige en solitario, después de la desaparición de su codirectora hasta ahora, Dunia Ayaso (1961-2014) con la que había labrado una fructífera colaboración que se remonta a principios de los 90 en el teatro, pasaron al cine donde arrancaron con Fea (1994), luego vinieron Perdona, bonita, pero Lucas me quería a mi (1997), El grito en el cielo  (1998) y Descongélate (2003),  comedias desenfadadas, extremas y enloquecidas con resultados variopintos de crítica y público, después de un tiempo dedicados al medio televisivo, vuelven con Los años desnudos. Clasificada S. (2008) la que significaría un cambio de rumbo en su filmografía, hacía un cine intimista y más comprometido, a la que siguió, la última película del matrimonio artístico, La isla interior (2009), un durísimo retrato de una familia disfuncional y sus complejas relaciones personales.

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El tiempo de los monstruos es una película arriesgada, un artefacto incendiario fuera de toda convencionalidad, un cine a contracorriente, que escapa de cualquier moda y tendencia comercial, en la que expone de manera fiel y honesta los elementos y resquicios emocionales que convergen en la construcción de las ficciones, y los personajes que las componen. Sabroso nos sitúa en un mundo atemporal y ausente (escriben en máquina de escribir, por ejemplo) espacio cerrado, y en una sola jornada, en una imponente mansión por el que circularán los personajes de su ficción, un aquelarre de seres perdidos, depresivos, sin salida, que se encuentran en otro mundo, o al menos eso es lo que creen, encontramos a Víctor (imponente Javier Cámara en otro de sus lúcidos trabajos) que interpreta al director de la película, que nunca ha logrado estrenar, un ser moribundo que se arrastra como un zombie y que pretende realizar su obra póstuma, su mujer, Clara (Pilar Castro con su habitual oficio) es la dueña de la casa y riquísima que anda amargada y solitaria en medio de una relación muerta, también está Raúl, el guionista, al que nadie hace caso, que nunca ha logrado terminar un guión, y además resulta inútil su trabajo, ya que todos admiten que trabajan sin guión, y su pareja, Virginia, una dibujante incapaz de dibujar, también, llega Andrea (Candela Peña consiguiendo mantener a flote un personaje difícil), la actriz protagonista, alcohólica, caprichosa y con tendencia a la depresión, y su acompañante, Jorge, su dentista, que más parece su criado y eunuco, que su amante. El servicio lo integran Marta (Carmen Machi sobria y relajada) y Fabián que, más parecen unos enfermeros administradores de toda clase de pastillas que unos criados.

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Presentados los personajes, Sabroso los describe de manera sencilla, sacando a la luz sus máscaras (casi todos llevan pelucas o disfraces) frustraciones, anhelos y (des)ilusiones, y los relaciona entre sí, apareciendo los habituales conflictos y rencillas entre ellos, y sobre todo, entre sí mismos, unos seres que no logran, por mucho que se esfuercen, dar sentido amplio a sus vidas, por ínfimo que este sea, unas existencias que arrastran con más pena que gloria, sometidas a la incapacidad de saber quiénes son y cuál es su función en este mundo lleno de incertidumbre, caos y desesperante. El realizador grancanario ha construido una carta de amor al cine, y ha escarbado en su oficio, en la materia prima de sus películas, en la forma más intrínseca, profunda y artesanal, en las emociones que se generan entre los técnicos y la existencia de sus personajes, y esos monstruos/miedos que los acechan constantemente y a los que se muestran incapaces de conseguir reducirlos y hacerlos desaparecer. Sabroso enmarca su obra en la desesperación y en la soledad, cine dentro del cine, creando un hermosísimo homenaje a su compañera ausente con la que trabajó más de dos décadas (la pareja que forman los directores de la película) colocando el dedo en la llaga en los traumas y complejidades tanto de los autores como de los personajes que crean, ese diálogo imposible entre unos y otros, en los que se manifiestan esos miedos que habla la película. Sabroso ha levantado con muchísimo esfuerzo y trabajo una película valiente y necesaria, una dignísima aproximación a su oficio de cineasta, en una película que define un carácter peleón y sobre todo, nos certifica a un creador que no sólo sigue haciendo trabajos interesantes y reflexivos, sino que se investiga a sí mismo y a su forma de trabajar sin olvidarse de todos los monstruos/miedos que le acechan, y nos acechan.


<p><a href=”https://vimeo.com/180054768″>TEASER FINAL EL TIEMPO DE LOS MONSTRUOS</a> from <a href=”https://vimeo.com/dypcomunicacion”>DYP COMUNICACION</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>