Entrevista a Ali Ray, directora de la película «Frida Kalho», en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el miércoles 26 de abril de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ali Ray, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Miguel de Ribot de A Contracorriente Films, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“El mar es tu espejo; en la sucesión infinita de las ondas tu alma se refleja, y tu espíritu no es un abismo menos amargo».
Charles Baudelaire
La película se abre de forma prodigiosa y tremendamente reveladora. El rostro de Sica mirando algo en fuera de campo, le acompañan otros otros, el de su madre, el de su magia Leda, el de Julio. Figuras que miran en silencio al mar, un mar agitado y muy sonoro, donde unos buzos en sintonía de unos guardias en la playa dan por finalizada la búsqueda. Todos emprenden la marcha cabizbajos, en cambio, Sica, con la mirada fijada en el mar embravecido, continúa inmóvil como esperando alguna señal del mar. Sica es la historia de una niña de 14 años, una niña que espera que el mar le devuelva a su padre desaparecido. También, es la historia de un lugar, la Costa da Morte en Galicia, un paisaje acotado por el mar, un mar de fuego, un mar salvaje, un mar que se ha llevado a muchos que lo desafiaron. Hay más temas en la película, como el paso de la infancia a la adultez, las consecuencias de una forma de vivir que está contaminando y sobre todo, alterando peligrosamente la naturaleza. Es la historia de una niña que se aleja de su madre para conocer ese otro mundo, el mundo de las almas, de personas solitarias como Suso, el niño que caza tormentas, o aquel otro, El Portugués, todos personajes que pululan en las grietas de un paisaje que late entre el mar, entre la tierra, y sobre todo, entre todo aquello que queda entre medio, en ese lugar donde acaban los que no encuentran su lugar.
Sica, a la que muchos la etiquetan como la primera película de ficción de Carla Subirana (Barcelona, 1972), aspecto que debería haberse quedado fuera del análisis de una obra que desde su primer trabajo, el recordado Nedar (2008), donde la propia directora, junto a su madre y abuela, recordaban la figura ausente del abuelo, ya maneja tanto ficción como documento, o mejor dicho, se adentraba en el fondo y forma a través de los diferentes dispositivos que ofrece un arte como el cinematográfico, generando ese formato híbrido, donde todo se mezcla, se fusiona y vive. Lo mismo ocurría en sus posteriores trabajos, Volar y la película colectiva-episódica Kanimambo, ambos del 2012, así como en Atma (2016). Ese cine-fusión sigue latiendo en cada plano y encuadre de Sica, y lo hace desde un impresionante trabajo de espejo-reflejo entre la joven protagonista y su entorno, donde el mar es el “personaje”, ese monstruo que nos mira y sobre todo, nos interroga y nos hipnotiza, generando esa increíble fuerza que nos empequeñece y quedamos a su merced.
La magnífica y penetrante cinematografía de un grande como Mauro Herce, nos va sumergiendo en la fábula que nos ofrece Sica, en unas imágenes filmadas en 16 mm, con la textura y el tacto que tenían aquellas novelas de Stevenson como La isla del tesoro, y de películas fantásticas sobre el mar como Yo anduve con un zombie (1943), de Jacques Torneur o Jennie (1948), deWilliam Dieterle, en las que conviven elementos cotidianos, reales, fantásticos, social, y demás. La película se fortalece porque tiene esa duración convencional de 90 minutos, en la que no falta ni sobra nada, en un estupendo trabajo de montaje de concisión y detalle que firma Juliana Montañés, que hemos visto en películas de Carlos Marques-Marcet, Nely Reguera, entre otras. La música de Xavi Font, también coproductor de la cinta, junto a la cineasta Alba Sotorra, y Andrea Vázquez, ayuda a crear ese aura de misterio y realidad en la que navega constantemente el cuento, así como el sonido directo de Amanda Villavieja, que recoge esa furia del mar y esos golpes cotidianos, como muestran todas las secuencias de interiores apoyadas en las miradas, los silencios y lo cotidiano, frente al sonido encantador y amenazante del mar, bien acompañado por el diseño de sonido de Alejandra Molina, y Fernando Novillo, que ya estaban en la mencionada Volar.
La obsesión de Subirana por descubrirnos el atemorizante paisaje en el que se instala la película, en el que juega entre esas grietas que antes comentábamos, entre ese mundo o no mundo en el que late su película, con todas esas mezclas, texturas e hibridez de su propuesta, tanto en el apartado técnico que ya hemos comentado como en el tema artístico, en el que tiene a dos intérpretes profesionales como Núria Prims, que pedazo de actriz, como transmite con tan poco, en un excepcional trabajo de contención y silencio, rememorando a aquella Carlana en la que su Carmen nada tiene que envidiarle, y Lois Soaxe, al que hemos visto en series galegas de gran acabado como Fariña, Agua seca o Néboa, entre otras, en el papel del citado Portugués, ese marino solitario que sabe mucho y más del mar misterioso. Y luego, están los acertados intérpretes de los adolescentes, captados en un extenso y laborioso casting en la zona donde se ha rodado la película. Tenemos a María Villaverde Ameijeiras, en el rol de Leda, la amiga de Sica, con su vaivenes propios de la edad y de compartir a los padres desaparecidos, a Marco Antonio Florido Añón como Suso, el peculiar cazador de tormentas, una especie de escudero o ángel de la guarda de Sica, ese fiel amigo que tanto necesita la protagonista cuando su universo se está demorando debido a su incomprensión de su entorno que acepta demasiadas cosas inaceptables.
Y finalmente, está Thais García Blanco como Sica de Nausícaa, nombre de La Odisea, de Homero, que significa “la que quema barcos”, imposible imaginar la película con otro rostro, y esa forma de mirar desde dentro hacia afuera, con ese miedo y esa tristeza que le acompaña en ese deambular y soledad que tiene en muchos momentos, qué mirada mantiene durante toda la película, un ser puro, táctil y corporal que deberá dejar el universo de protección y comprensible, para adentrarse en ese otro mundo, el de los adultos, tan falso, tan extraño, y sobre todo, tan frustrante y desolador, con el mar, el de Costa da Morte, como espejo-transformador, y sobre todo, como testigo y amenazante naturaleza que da y quita, tan bella como peligrosa, tan dulce como amarga. Celebramos la vuelta al cine de Carla Subirana porque ha construido una película que habla de todos nosotros, de nuestra relación tan demoledora con nuestro entorno, con esa naturaleza que empieza a rebelarse ante tanta maldad humana, y esa textura y tangibilidad de cuento, de cuento iniciático, de la vida que se abre ante nosotros, ante Sica, ante la imposibilidad, ante el viaje intenso y misterioso de una adolescente que debe aceptar la frustración y la tristeza de la vida, de los silencios de los que ya no están y de los que están. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“La mujer está obligada a tomar la libertad si no se la dan”.
Federica Montseny
El cine, un arte que tiene la imagen como base fundamental, encuentra en la mirada su vehículo idóneo para transmitir todo aquello que se propone. En Las buenas compañías, el nuevo trabajo como directora de Sílvia Munt (Barcelona, 1957), la mirada de Bea se convierte en ese puente que transmite todo el engranaje y complejidad emocional por el que pasa su protagonista en aquel verano del 77 en Errentería, en el País Vasco. Un país, con el dictador ya fiambre, que todavía arrastraba demasiadas cosas del antiguo régimen, que luchaban febrilmente con las ansias de libertad de muchos. Las mujeres vascas, y más concretamente, las de Errentería, protestaban contra la falta de derechos y libertad, y ayudaban a otras que querían abortar y viajaban con ellas a Francia para que lo hicieran de forma digna y segura. Con guion de la propia directora, que retrata a sus coetáneas, y Jorge Gil Munarriz, del que conocemos su trabajo como guionista y director en El método Arrieta (2013) y la coescritura de Sueñan los androides (2014), de Ion de Sosa, se inspiran en “Las 11 de Basauri”, un grupo de mujeres feministas acusadas y encarceladas por practicar abortos en un proceso que se alargó una década.
La trama, como ya hemos comentado, se posa en la mirada profunda e inquieta de Bea, una joven de 16 años, que es una más del movimiento feminista que hace todo tipo de protestas: baña en pintura a violadores impunes, extiende pancartas a favor de las encarceladas, y ayuda a pasar a mujeres que abortan en Francia. Ese verano, el del 77, será significativo para Bea, que vive con su madre Feli, y tiene a su padre en la cárcel por temas políticos. Ese verano conocerá a Miren, una joven más mayor que está embarazada, con la que descubrirá el amor y la emancipación en todos los sentidos. Munt, que amén de su extraordinaria carrera como actriz con la que ha trabajado con mucho de los grandes de este país, se ha labrado una prolífica carrera como directora en la que hay ocho películas para televisión, la miniserie Vida privada (2017), excelentes documentales como Lalia (1999), Gala (2003), y La granja del pas (2015), y grandes dramas como Pretextos (2008), que le valió muchos reconocimientos. con Las buenas compañías entra en una liga superior, sumergiéndonos en un sólido y magnífico drama, mezclado con las tramas de iniciación, e introduciendo de forma ejemplar el contexto histórico, y las luchas feministas del posfranquismo.
Todo encaja a la perfección, todo se desenvuelve con naturalidad y fortaleza, en una película donde el aspecto técnico brilla con contundencia como la excelente cinematografía de Gorka Gómez Andreu, que ha trabajado con director vascos de la últimas hornadas como Koldo Almandoz, Asier Altuna y Paul Urkijo, con esa luz inmensa, que detalla con minuciosidad todos los avatares emocionales que registra la cinta, el estupendo trabajo de montaje de Bernat Aragonés, que tiene en su haber nombres tan interesantes como Isabel Coixet, Agustí Villaronga, Judith Colell y Belén Funes, con detalle y tensión en una historia que cuenta mucho y en poco tiempo, en apenas 95 minutos de metraje. Sin olvidarnos la magnífica música de Paula Olaz, de la que hemos visto Nora, de Lara Izagirre y La cima, de Ibon Cormenzana, entre otras, con esa banda sonora que sigue, que acompaña y que reescribe las imágenes, haciendo mención especial el tema “Nadie te quiere ya”, de Los Brincos, un grupo a reivindicar, con los Fernando Arbex y compañía, un temazo que encaja a la perfección en el estado de ánimo por el que pasa Bea, un grito de rabia y desesperación, como si estuviese escrito para la película.
El brillante reparto no se queda atrás, y eso que era difícil encontrar a las protagonistas principales, en una película que se mueve entre la lucha y la protesta a nivel social, y en la contención y el silencio en la vida íntima y personal. Entre las mujeres guerreras y valientes encontramos a María Cerezuela, que era la hija de Maixabel, que hacía Blanca Portillo, en la película homónima de Icíar Bollaín de hace un par de temporadas, la fuerza de una gran Nagore Cenizo, Heren de Lucas, la inolvidable Itziar Ituño, que hace de Feli, la madre trabajadora y sola de la protagonista, que nos encantó en Loreak y Hil Kanpaiak, entre otras, y las dos almas en peligro, en tránsito y con demasiadas historias a su alrededor, Elena Tarrats es Miren, la actriz catalana se ha labrado una interesante carrera teatral, y va mostrándose en la televisión y el cine, y hace de la niña rica, demasiado sola y herida, que encontrará en Bea una grandiosa tabla de salvación y sobre todo, una forma de ver la vida tan diferente. Alicia Falcó es la maravillosa Bea, que fue la niña de La por (2013), de Jordi Cadena, y hemos visto en series como Gigantes y Cuéntame cómo pasó, un estupendo y complejo personaje, en qué Falcó lo coge y lo hace muy suyo, siendo todo un acierto que está actriz, dotada de una mira portentosa, acompañada de un gesto contenido que expresa tanto sin decir casi nada, una alma libre que está atrapada entre tanta imposición, reglas y retroceso, y esa libertad, tan hijaputa que hay que luchar cada centímetro.
Aplaudimos y celebramos la vuelta al largometraje de Munt, que no sólo nos ha despachado una magnífica drama y película de iniciación, de amor, de amistad, de lucha, de camaradería, de compañerismo, valores en desuso en la actualidad, sino que recupera un caso olvidado, cómo “Las 11 de Basauri”, y las mujeres de Errentería, y tantas otras que ayudaron a que hoy en día todas tengamos derechos y libertades, y también, que sigamos en la brecha, atentas a que todos esos derechos conseguidos a pico y pala sigan siendo, y que otros, que todavía siguen en la lucha, lo sean algún día más pronto que tarde. Un film como Las buenas compañías, que coincide con otra película Modelo 77, de Alberto Rodríguez, estrenada apenas siete meses atrás, que también se centraba en las luchas por mejorar las condiciones carcelarias. Una película, y no voy a decir la relamida frase de su necesidad, sino que van muchísimo más allá, porque rescata y recupera nuestra memoria histórica tan olvidada por algunos intereses, y lo hace con una excelente película, una de esas películas que guardaremos por mucho tiempo, una película que habla de esa “verdad”, que algunos quieren cambiar, y otros, como Sílvia Munt y todo su equipo quieren contarla como fue, y también, como ha quedado para nosotros, que siguiendo su espíritu, sigamos en lucha, por todo, por las mujeres, por la libertad, por los derechos y por nosotras. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Encuentro con François Ozon, Nadia Tereszkiewicz y Rebecca Marder, director y actrices de la película «Mi crimen», en el marco del BCN Film Festival en los Cines Verdi en Barcelona, el jueves 20 de abril de 2023
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a François Ozon, Nadia Tereszkiewicz y Rebecca Marder, por su tiempo, generosidad y cariño, a Silvia Palà, por su gran labor como intérprete, y al equipo de comunicación del BCN Film Festival, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.
“La vida es una farsa que todos debemos representar”
Una temporada en el infierno (1873), de Arthur Rimbaud
De las 22 películas que hemos visto de François Ozon (París, Francia, 1967), casi todas se desenvuelven en el ámbito familiar y bajo un tono de drama íntimo y profundo, consiguiendo dejar algunos grandes títulos como El tiempo que queda (2005), Mi refugio (2009), En la casa (2012), Joven y bonita (2013), Frantz (2016), y Verano del 85 (2020), por citar sólo algunos. Después, como para respirar de tanto drama, tiene otras películas, tales como 8 mujeres (2002), y Potiche (2010), a la que también podríamos incluir Una nueva amiga (2014), en las que la ligereza se impone, pero no de forma vulgar, sino todo lo contrario, usando la farsa, la sátira y la comedia negra para revertir el género o simplemente, para reírse a carcajadas de las miserias y estupideces humanas. Mi crimen, escrita por el propio Ozon con la colaboración de Philippe Piazzo, inspirada libremente en la obra teatral Mon crime (1934), de Georges Berr y Louis Verneuil, al igual que sucedía en las citadas 8 mujeres y Potiche, entraría de lleno en esta terna de cine donde la comedia burlesca y vodevilesca tiene su razón de ser.
En Mi crimen, nos trasladamos a los convulsos años de entreguerras, en la década de los treinta, en un París bullicioso y colorido, nos encontramos a dos jóvenes y amigas que intentan ganarse la vida con sus difíciles oficios. Madeleine, la rubia y atractiva, sueña con ser actriz de cine, y Pauline, la morena y atractiva, que a su vez, sueña con convertirse en abogada. Las circunstancias las llevan a que Madeleine sea acusada de homicidio de un famoso productor con el que tenía una cita profesional, y por supuesto, Pauline actúa como abogada defensora. La cosa se irá complicando muchísimo cuando entran en escena otros actores implicados: el amante de Madeleine, rico heredero, el padre de éste que no ve con buenos ojos el romance de su hijo, un juez que no acierta ni una, un nueve rico que quiere aprovechar su oportunidad con la joven, y para rematar el complejo asunto, la aparición, y nunca mejor dicho, de Odette Chaumette, una antigua estrella de cine mudo, ahora olvidada por todos, que recuerda a la Norma Desmond que interpretaba Gloria Swanson, en la inolvidable Sunset Boulevard (194), de Billy Wilder, al que se homenajea con la película Mauvaise graine (1934), que se rodó en Francia, y las protagonistas van al cine a verla.
Aunque la cosa no acaba ahí, porque el cine de Lubitsch, al que el director francés ya había transitado en Remordimiento (1932), con la mencionada Frantz, queda bien reflejado en toda la trama, sus personajes y situaciones, en títulos como Montecarlo (1930), Un ladrón en la alcoba (1932), Ninotchka (1939), entre otras, en un fantástico y divertidísimo desparrame en el que hay de todo: comedia alocada, asesinato, peleas, amores y cómo no, personajes excéntricos, singuales y extremadamente peculiares. Ozon se reúne de muchos cómplices que le han acompañado en su filmografía como el excelente cinematógrafo Manu Dacosse, el montaje de Laure Gardette, la música de Philippe rombi, y el nuevo fichaje del diseñador de producción Jean Rabasse, que ha trabajo con nombres tan ilustres de la cinematografía francesa como Polanski, éste adoptado, Louis Garrel, Pitof y el tándem Jeunet & Caro, entre otros. Un gran equipo que consigue una excelente ambientación de ese París de los treinta, con esos toques, que tienen algo de lo que mencionaba Lubtisch, donde la vida, la comedia, el teatro y los sueños, y las mentiras se funden en un gran escenario donde nunca sabemos quién está fingiendo y quién no, o quizás, todos fingimos, lo que pasa que algunos todavía no lo saben.
La película cuenta con un extraordinario reparto encabezado por las deslumbrantes protagonistas que hacen y deshacen como pueden o como quieran, con Nadia Tereszkiewicz en el rol de Madeleine, una aspirante actriz que se ve involucrada en el asesinato a su pesar o quizás no, ya lo veremos, bien acomapañada por su compañera de fatigas, Pauline que hace Rebecca Mader, una pareja que se ayuda, se ríe y llora juntas, y también, porque no decirlo, son resistentes, valientes y corajosas, en un mundo machista y patriarcal. Nos tropezamos con Isabelle Huppert que da vida a Odette Cahumette, esa actriz olvidada, con esa ropa tan extravagante, de otro tiempo, de aquel en el que se quedó, aquel en que el público la adorada, uno de esos personajes breves pero vitales para el desarrollo de la trama, porque le da un “toque” inesperado. Después, nos encontramos a toda una retahíla de intérpretes de la factoría Ozon encabezados por el grande Fabrice Luchini, Dany Boon, André Dussolier, Règis Laspalès, entre otros, que van conformando ese microcosmos de especímenes raros y singulares que pululan por la trama y por aquel París de los treinta.
Sólo nos queda decir que nos hemos divertido de lo lindo con el nuevo trabajo de Ozon, porque no tiene un ápice de vulgaridad y tontuna, sino todo lo contrario, porque nos cuenta lo que quiere siempre con inteligencia, las dosis perfectas de ironía y locura, y sobre todo, hace que el mundo de la representación, de la farsa y de la actuación, en el fondo, sea el pan de cada día, y nunca sepamos qué es cierto y qué no, porque sus personajes no son perfectos, ni mucho menos, son torpes, idiotas, nunca prevén las consecuencias de sus actos y mucho menos, no piensan mucho en lo que hacen y en todo lo que hay a su alrededor, como la popularidad, ese monstruo que puede convertirse en nuestro mayor enemigo si no sabemos estar preparados, porque cuando no se tiene nada se sueña y a veces, demasiado, y cuando eres otro, producto de la fama de golpe, puedes caer en lo que nunca has querido ser, y si no que se lo digan a las protagonistas de Mi crimen, bueno me callo ya, vean la película, y sabrán de todo lo que les estoy hablando, que no es poco. Hasta la próxima!. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Pedro Mari Sánchez y Daniela Fejerman, actor y codirectora de la película «Alguien que cuide de mí», en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el miércoles 26 de abril de 2023
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pedro Mari Sánchez y Daniela Fejerman, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Revolutionary Press, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.
Entrevista a Hernán Jabes y Adrian Geyer, director y productor de la película «Jezabel», de Hernán Jabes, en el marco del BCN Film Fest, en el Hotel Casa Fuster, el jueves 28 de abril de 2022.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Hernán Jabes y Adrian Geyer, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de comunicación del festival, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Claire Simon, directora de la película «Quiero hablar sobre Duras», en el marco del BCN Film Festival en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el martes 26 de abril de 2022.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Claire Simon, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Gerard Cassadó de Filmin, por por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Santi Trullenque, director de la película «El fred que crema», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el martes 17 de enero de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Roger Casamajor, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Marién Piniés y Sílvia Maristany de comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Adrià Collado y Daniel Horvath, intérpretes de la película «El fred que crema», de Santi Trullenque, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el martes 17 de enero de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Adrià Collado y Daniel Horvath, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Marién Piniés y Sílvia Maristany de comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA