Entrevista a Àngels Bassas

Entrevista a Àngels Bassas, actriz de la película “La mujer ilegal”, de Ramon Térmens, en el Cinesa Diagonal en Barcelona, el lunes 30 de noviembre de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Àngels Bassas, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, paciencia y cariño.

Terra de telers (Memoria de telares), de Joan Frank Charansonnet

LA NIÑA QUE CRECIÓ ENTRE TELARES.

“Recuerdo como se me encogió el corazón el primer día que llegamos a la Colonia, me faltaba el aire, como si los pulmones si hubieran inundado de la lluvia que nos había turbado por el camino que nos hacía dejar nuestra masía. Olía a humedad y a medida que nos acercábamos a la fábrica, el ruido, no me dejaba escuchar la frase que padre nos había repetido tantas veces en los últimos tiempos: “Todo esto lo hago por vosotros”.

La forma elegida para comenzar un relato o una película, condiciona su desarrollo, y sobre todo, su tono, como ocurre en Terra de telers, el cuarto largometraje que dirige en solitario Joan Frank Charansonnet (Granollers, 1971), de los seis que ha firmado. Unos títulos de crédito que van apareciendo mientras escuchamos el incesante ruido de los telares en funcionamiento, mientras una música acogedora, se envuelve con unas manos femeninas manipulando los tejidos. Las manos irán creciendo, consumando el paso del tiempo, hasta llegar a ese revelador encuadre en el que vemos las manos de cuatro mujeres, en sus diferentes edades, posadas en la tela ya realizada. El ruido de los telares y la sensibilidad y aplomo femenino son los ejes del relato de la película, moviéndose entre esos dos elementos, el trabajo y lo doméstico, el ruido y el silencio, el dolor y la alegría, la vida y la muerte.

Arranca la película con un movimiento de cámara sutil que encuadra a Blanca, una señora mayor que mira por una ventana, y escuchamos su voz que nos contará la historia a modo de flashback, remontándonos a diciembre de 1923, cuando la familia  Sorrives, llega con lo poco que tiene, un carro tirado por un caballo y poco más, a una colonia textil, una de esas en el cauce del Llobregat, situada en la Cataluña central. Conoceremos al vehículo de la narración, la pequeña Julia, que será rebautizada como Julieta, con seis años. La película seguirá a Julieta y su familia durante casi sesenta años, hasta los años 80, cuando la reconversión industrial en el textil, eliminó por completo las colonias y esa forma de vida. Charansonnet ha tenido una carrera como actor muy peculiar, ya que ha trabajado con directores de la talla de Carlos Saura y Daniel Calparsoro, ha triunfado en Rusia en una serie, o ha trabajado en innumerables series, y una filmografía como director que abarca títulos dispares que se han movido entre el drama y el thriller, como Anima, una vida traïda per la tragèdia (2014), o Doctrina, el pecat original i la reinserció (2016), entre otras.

El director de Granollers realizó Pàtria (2017), un cuento de corte medieval basada en la figura del noble Otger Cataló y los orígenes de Cataluña, en el que ya se movía por el trasfondo histórico, en el que vuelve con Terra de telers, pero posada en un viaje sentimental a través de la figura de las mujeres, que en la sombra de los hombres, también trabajaron y fueron los pilares de las familias en los momentos crudos. A pesar de su modestia, la película abarca casi seis décadas en la familia Sorrives, recorriendo el siglo XX y sus profundos cambios sociales, económicos y culturales, mezclando momentos bellos y nostálgicos como esa sesión de cine, donde los sueños son posibles en un ambiente tan duro como el trabajo para una niña, o la llegada de la luz eléctrica, los cambios tecnológicos que la película acoge de manera brillante a través de los objetos, con ese carro del inicio, pasando por el autobús de línea, o finalmente, el Seiscientos, todo un símbolo de la modernidad de un país que viene del oscurantismo y la miseria.

Todo se cuenta a través de la figura de Julieta, la niña que crece en los telares, la familia como símbolo de unión ante los avatares de la vida, como la Guerra Civil Española, que rompe esa unión, los momentos más oscuros y terribles de esta familia, con secuencias llenas de sensibilidad y tragedia como al despedida de los jóvenes que se van al frente a defender al República, o con la guerra perdida, la llegada de esos falangistas, con esa noche oscura que revela los años de negrura que se van a ir imponiendo en el país, como ese otro plano compartido por el tricornio de la Guardia Civil y el sombrero del cura, mientras los trabajadores bailan sardanas, y las terribles consecuencias que tiene hablar en catalán. Toda una vida, como mencionaría la canción, es la que cuenta Terra de telers, con Julieta como eje de una niña que pasa a joven, luego a mujer adulta, y finalmente, cuando es mayor, con su inseparable hermana Blanca, a su lado, siguiendo una travesía sentimental y nostálgica homenajeando a todas las personas que vivieron y trabajaron en las colonias textiles, reivindicando su memoria histórica en nuestro presente, tan importante en estos tiempos de desmemoria y olvido de algunos.

Charansonnet se centra en las personas, sus alegrías y tristezas, sus logros y perdidas, con la historia siempre presente, pero en un segundo plano, la película no pretende ser un documento sobre el trabajo en los telares, sino una mirada profunda y sensible sobre todas las personas y sus familias que trabajaron en los telares, donde vemos de todo, amos comprensible, encargados siniestros, la religión como símbolo de fraternidad, pero también, como ejemplo de la moral fascista. La película combina momentos sobrecogedores y brillantes con otros menos conseguidos, pero en su conjunto funciona como mirada hacia un tiempo donde la familia y la fraternidad eran un pilar en la vida de las personas. La cinematografía de Marc Carreté y Joan Babiloni, con ese tono sombrío y soleado que sigue a los personajes, con esas excelentes transiciones en forma de elipsis para cambiar de tiempo a los personajes, el riguroso montaje que firma Marc Carreté, vital para un relato que abarca seis décadas, y la excelente partitura del músico Marcus JGR, habitual en el cine de Agustí Villaronga.

Terra de telers es también una película que recupera una mirada a la historia catalana convulsa del siglo XX, como antes lo hicieron películas como La ciutat cremada o Victoria! La gran aventura d’un poble, ambas de Antoni Ribas, Las largas vacaciones del 36, de Camino, o La plaza del diamante, de Betriu, con la Guerra Civil como referente en la destrucción de la memoria personal del país, que en el nuevo siglo siguió en el medio televisivo con obras como Temps de silenci, Mirall trencat o Les veus del Pamano y Olor de colònia, que también seguía a los trabajadores de las colonias textiles desde mediados de los cincuenta. Un gran acierto de la película es que el personaje de Julieta sea interpretado por cuatro actrices, desde la infancia hasta la madurez, con Gala Charansonnet, Laia Díaz, Alba López (que además firma el guión y el arte junto al director), y Montse Ribadellas, que le dan ese tono cálido y verosímil que tanto ayuda a la película, y una cuarenta de intérpretes como Ramón Godino, haciendo de padre, que escenifica ese sentimiento de derrota de tantos hombres, Elena Codó como la inseparable Blanca, Jaume Montané como Aymerich, ese amo que conoce y ayuda a sus empleados, Miquel Sitjar y Joan Massotkleiner, dos habituales-hermanos en el cine de Charansonnet, y el propio director que se reserva a uno de los falangistas, entre muchos otros, desconocidos pero sinceros en sus actuaciones. Terra de telers tiene ese aroma que desprendían las novelas de Rodoreda, con esas heroínas a la sombra de los hombres, pero luchadores, resistentes y sobre todo, valientes en un mundo oscuro por la larga noche del franquismo. Un conmovedor y fiel retrato humanista que nos lleva a mirar el pasado con sus tristezas y alegrías. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Jordi Rovira y Xavier Baig

Entrevista a jordi Rovira y Xavier Baig, directores de la película “Eugenio”. El encuentro tuvo lugar el martes 2 de octubre de 2018 en la oficina de la productora REC produccions en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a jordi Rovira y Xavier Baig, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ot Burgaya de El documental del mes, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Eugenio, de Xavier Baig y Jordi Rovira

EL HOMBRE QUE HACÍA REÍR.

“El humorista… Yo creo que está de por si en contra de todo lo establecido. Entonces hace humor y es una especie de válvula de escape para evadirse de la realidad. El humor no es cuando uno está contento. El humor verdadero sale de penas, de desgracias. En aquel momento es cuando uno demuestra que tiene sentido del humor y es cuando tiene que salir el humor. En momentos trágicos.

Eugenio

Lucy, el personaje que interpretaba Lillian Gish en Lirios rotos, se ayudaba de su mano para dibujar una leva sonrisa que era el fiel reflejo de su triste existencia. La vida de Eugeni Jofra Bafalluy (1941-2001) más conocido como “Eugenio”, se acercaría mucho a ese leve gesto, al de un hombre triste que se ganaba la vida contando chistes, haciendo reír a los demás, encima de un escenario noche tras noche, con su gesto impasible, completamente de negro, detrás de unas gafas grandes y oscuras, bebiendo un whisky e inhalando el humo de sus cigarrillos, y con aquella frase que ya forma parte de la vida de tantos españoles “¿Saben aquel que diu…?”.

Eugenio, la película de Xavier Baig y Jordi Rovira, junto a Òscar Moreno en labores de producción, equipo que ya habían realizado el documental Joana Biarnés, una entre todos (2015) donde retrataban de forma rigurosa y sincera la biografía de la primera fotoperiodista española, rescatando una figura condenada al olvido. Ahora, vuelven a acercarse al retrato biográfico con una de las figuras más representativas de los 80 y 90, el inconfundible humorista Eugenio, pero no lo hacen de manera ilustrativa y siguiendo, en mayor o medida, sus suertes y desgracias, sino que van más allá, rescatando imágenes de archivo que muestran la infancia, adolescencia y juventud de Eugenio, sus calles, sus colegios y sus amoríos, y cómo no, Conchita Alcaide, el amor de su vida, la mujer que lo hizo quién era, con la que soñaba con cantar canciones protesta y triunfar en los escenarios. El destino le deparó otro éxito, el de contar chistes, aquellos que tímidamente empezó entre canción y canción.

Los directores barceloneses complementan su película con una treintena de testimonios, sus hijos, su familia, la mujer que lo amó, sus admiradores, sus colaboradores más íntimos y todos aquellos que en algún momento de su vida conocieron, debatieron y disfrutaron de la presencia y la compañía de Eugenio. Aunque la película se cimenta bajo una estructura lineal, hay saltos en el tiempo que nos llevan a la verdadera personalidad del humorista, un hombre que tuvo que sobrevivir después de la tragedia que lo azotó, viviendo entre galas y galas, llevando un éxito que en muchos momentos creía inmerecido, y viviendo sus noches interminables entre copas, cigarros, risas y demás, noches que nunca se terminaban y unas empezaban cuando aún no habían terminado las del día anterior. Descubriremos su genio, su manera original y magnífica de afrontar el humor, de su innata capacidad para la narración y sus lentos pero seguros comienzos en aquella Barcelona del tardofranquismo donde proliferaban los clubs y salas de fiesta y discotecas, la plenitud de su carrera, donde la televisión y los empresarios del espectáculo se lo rifaban, y también, conoceremos su otro lado, aquel que no atendía a sus hijos y mujer debidos a sus largas ausencias que cada vez eran más largas, sus caídas al infierno de la cocaína, problemas de salud, resucitamientos y recaídas varias, su vuelta a los escenarios y finalmente, su fallecimiento.

El retrato de Baig y Rovira evita los juicios y los sentimentalismos, retrata a aquel hombre que arrastraba su tristeza, mientras subía a los escenarios a hacer reír al público, al humorista triste que buscaba refugios muy oscuros para salir del pozo en el que se encontraba, como aquellos que se saben condenados hagan los esfuerzos que hagan para salir de sus agujeros oscuros. La película realiza un retrato honesto y sencillo sobre el artista cuando no estaba en los escenarios, cuando se convertía en Eugeni Jofre Bafalluy, un hombre que cuando se subía al escenario lo era todo con sus chistes y su manera intrínseca de hablar, mezclando el catalán y el castellano, y alimentando sus espectáculos con esas maravillosas pausas y miradas que lo eran todo. Eugenio era aquel payaso triste que hacía reír, aunque su alma siempre estuviera encerrada sin encontrar la salida, y todas aquellos resquicios de luz que se lanzó a descubrir, tarde o temprano se tapaban y Eugenio volvía a su estado de ánimo. La película cuenta muchas cosas, no deja casi nada en el tintero, acercándose con toda la humildad y sobriedad que el personaje requiere, contándonos al hombre que había detrás del humorista, aquel que se encerraba en sí mismo, el señor de negro que vivía sin ilusión ni esperanza, aunque eso sí, siempre tenía algo para contarnos, y sobre todo, para hacernos reír.

Entrevista a Alejo Levis

Entrevista a Alejo Levis, director de la película “No quiero perderte nunca”. El encuentro tuvo lugar el lunes 9 de julio de 2018 en el Zumzeig Cine Cooperativa en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alejo Levis,  por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Carmen Jiménez de ArteGB, por su simpatía, generosidad, paciencia y cariño.