La primera mirada. Historia de una escuela de cine, de Luis E. Parés

LOS JÓVENES QUE QUERÍAN HACER CINE. 

“Nos dijeron que no mirásemos atrás porque sólo encontraríamos ruinas tristes de una España gris. Pero, no era verdad. Si miramos detenidamente, de entre las sombras, surgen otras imágenes, las de unos jóvenes que querían contar el dolor de un país. Los estudiantes de una escuela de cine, creadores sin medios, pero sin miedo. Con ellos nacía una mirada cómplice. Una mirada dispuesta a ver las cosas por primera vez”. 

Todos aquellos que amamos el cine español sabemos del IIEC (Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas), aunque muy pocos hemos visto alguna de las prácticas allí realizadas. Una cuestión que dice mucho del poco valor institucional que se le ha dado al patrimonio cinematográfico. Algunas pocas de esas imágenes ya habían visto la luz en De Salamanca a ninguna parte (2002), de Chema de la Peña, un valioso documento centrado en las famosas conversaciones y en el Nuevo Cine Español, en el que se le daba voz a sus protagonistas. La película La primera mirada. Historia de una escuela de cine, de Luis E. Parés (Madrid, 1982), es todo un acontecimiento en el Cine Español, porque no es sólo es la primera vez que se bucea en los archivos de Filmoteca Española, sino que se sitúa en el epicentro de lo que significó el IIEC, mostrando las valiosísimas imágenes de aquellas prácticas de los nombres que revolucionaron el lenguaje y la mirada del cine de aquí. 

El recorrido cinematográfico de Parés viene de lejos: programador de Filmoteca, Cinemateca Madrid, Festival de Sevilla e inventor del programa de televisión “Historia de Nuestro Cine”, agitador, activista e historiador del Cine Español, amén de director de siete cortometrajes, entre los que se encuentran Los conspiradores (2023) y El espectro político (2024). Con todo este bagaje era la persona más que idónea para acometer una película de estas características, tan insólita como necesaria. El encargo le vino de Mario Madueño, productor de Pantalla Partida, y el bueno de Luis se sumergió en el archivo, visionando los más de medio centenar de trabajos conservados y con la ayuda de Luis Deltell y José M. Carrasco elaboraron un guion que repasa concienzudamente las peculiaridades de cada práctica, sino que se sumerge en sus características, tanto a nivel de contexto político, cultural, económico y social, mediante las voces de dos intérpretes como Aitana Sánchez-Gijón y Pedro Casablanc. Una amalgama de información que aborda sus primeros años, los que van de 1947 a 1962, bien estructurada y mejor administrada, tanto crítica como artística que da buena cuenta del valor incalculable de estas películas almacenadas tanto tiempo sin que nadie les diera luz y mucho menos, la visibilidad y su posición fundamental en la Historia del Cine Español. 

Vemos secuencias de los primeros trabajos de grandes nombres como Berlanga, Bardem, que se conocieron en la cola de las pruebas de acceso, Julio Diamante, Carlos Saura, Jesús Franco, Luis Ciges, Eugenio Martín, Javier Aguirre, Basilio Martín Patino, José Luis Borau, Antonio Mercero, Joaquím Jordà, Helena Lumbreras, Víctor Erice y Francisco Regueiro, y otros menos desconocidos como José Gutiérrez Maesso, José Maria Zabalza, Manuela González-Haba, Sergio Ferrer de María, Héctor Sevillano, y muchos más. Películas de índole académico que ya nos informan de todo el arsenal de unos jóvenes que encontraron en el IIEC una isla de libertad en la que podían abordar los temas sociales y políticos que se les negaba a los profesionales. Miradas de estudiantes que hablaban de un país en dictadura dominado por la moral religiosa, la represión sexual y la pobreza y miseria de sus habitantes, en unas prácticas donde no existía la temida y malvada censura. Una escuela que fue un espacio de ideas, amistad, libertad y sobre todo, de cine, de lo cinematográfico, donde se discutía y se compartía cine, títulos, y demás cuestiones del séptimo arte. Jóvenes que querían hablar de la realidad, a través de la verdad de sus prácticas/películas, donde la única frontera era la imaginación, sin importar los pocos medios que disponían, porque se las ingeniaban para hacer un cine crítico sobre la realidad sucia y gris del país. 

Una película que tiene un contenido muy trabajado, lleno de detalles e información concisa y muy directa, explorando cada encuadre, fotograma y mirada de las diferentes películas. Un excelente trabajo de found footage donde el archivo adquiere su valor histórico y cinematográfico, a partir de un concienzudo y rítmico montaje que firma Vanessa Marimbet, que ha trabajado en documentales como Flamenco, Flamenco y Las paredes hablan, ambas de Carlos Saura, y ficciones como El plan, y El buen patrón, entre otras, y la excelente y detallista música de Bruno Dozza, que resignifica cada encuadre, cada gesto y cada mirada en una composición que explica y conmueve. Una película que habla de cine con el cine, olvidándose de los testimonios que existen de archivo, porque la película de Parés quiere mostrar lo invisible, desenterrar de las catacumbas del archivo de la Filmoteca, todo este material tan valioso como olvidado, y dotar de visibilidad, acceso y contextualizarlas en el Cine Español de antes y de ahora, estableciendo los puentes que no existían y sobre todo, generando ese reflejo de espejos entre aquellos jóvenes y los de ahora, entre aquella España dictatorial y la democrática de ahora. 

No se pierdan la película La primera mirada. Historia de una escuela de cine, porque les va sorprender muchísimo a todas aquellas que amamos el Cine Español, y a los que no, seguirán perdiéndose obras que hablan de ellos, de su país, de su historia, sus costumbres y su recorrido que no es poco. Si tuviésemos que encontrar un paralelismo con lo que ha hecho Parés lo encontraríamos en el trabajo del norirlandés Mark Cousins en obras de la calidad de The Story of Film: An Odissey (2011), y su análisis en the Story of Film: A New Generation (2021), A Story of Children and Film (2013), Women Make Film: A New Road Movie Through Cinema (2018), amén de sus trabajos sobre Welles, Jeremy Thomas y Hitchcock, y demás. Un cine que hable de cine, que lo mire con tiempo, con reflexión y contextualizando cada imagen, cada instante y cada coyuntura política, económica y social, construyendo un archivo de imágenes en constante diálogo, cuestionando y sobre todo, mostrando a las nuevas generaciones de cineastas, para saber de dónde venimos y hacia dónde vamos, que no es poco, en un país que mira de forma institucional muy poco su cultura y menos a su cine. En fin, habrá que seguir trabajando, porque si no lo hacen, otros como Parés deberán hacerlo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=»https://vimeo.com/932447885″>LA PRIMERA MIRADA, Luis E. Par&eacute;s [Clip with English subtitles]</a> from <a href=»https://vimeo.com/agfreak»>Agencia Freak</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Mientras seas tú, de Claudia Pinto Emperador

COMPARTIR LA VIDA Y LA ENFERMEDAD.  

“A mi amigo Al no se le nota. No es ruidoso y no duele, no te parte el corazón y no te deja el cuerpo dolorido ni la autoestima en la basura. Es muy discreto. Simplemente te va abandonando de puntillas: un día se lleva una muda, otro día algún abrigo, otro día calcetines y así hasta que el armario se quede vacío. Solo con la estructura”.

Carme Elias sobre el Alzheimer en su libro “Cuando ya no sea yo”.

En un instante de la magnífica Relámpago sobre el agua (1980), de Wim Wenders, vemos al director Nicholas Ray en el vestíbulo de un cine sentado y quejoso. Dentro, en la sala, se proyecta una de sus películas. La cámara está fuera, en la intimidad de un hombre enfermo, alejado de todo, de lo que fue, de su cine, en un espacio que nunca vemos que ahora se hace presente, un lugar que, podríamos decir, que estamos en el otro lado del espejo, el que se queda ausente de los espectadores. La misma mirada y textura la encontramos en la película Mientras seas tú, de Claudia Pinto Emperador (Caracas, Venezuela, 1977), que ha ido rodando junto a su amiga y actriz Carme Elias (Barcelona, 1951), un relato oculto a la mirada ajena, un relato que sigue el presente de la mencionada actriz después de ser diagnosticada con Alzheimer. 

La relación entre directora y actriz nació cuando rodaban en Venezuela la película La distancia más larga (2013), en que la actriz hacía de Martina, una mujer que deseaba hacer un viaje final a la montaña Roraima para despedirse porque tiene una enfermedad incurable. La amistad siguió con Las distancias (2021), en que la actriz hacía de Teresa, la abuela de una familia compleja, donde en una secuencia en cuestión la desmemoria de la actriz provocó la visita al doctor y el fatídico diagnóstico. Lo que empezó como una forma de filmar el presente, filmar la amistad, la vida, y la enfermedad, se ha convertido en una cinta que explora esos ratos íntimos y alejados de alguien como Carme Elias, una actriz que ya no puede ser actriz, una mujer que debe vivir con una enfermedad, alguien que acepta su dolencia, y quiere tener una muerte digna cuando ya no sea yo, como citaba en su libro. La mirada de Pinto nace desde la verdad y la honestidad, se acerca como una amiga, como una persona que quiere filmar aquello que no se ve, una intimidad cotidiana, un espacio donde se repasa la extensísima carrera de la actriz, con más de medio siglo como intérprete, que empezó allá por 1969 en el teatro, en el cine y la televisión, saltando de un medio a otro, convirtiéndola en una de las actriz más valoradas de nuestro país. 

Todo se cuenta desde lo sensible y la caricia, sin caer nunca en el manido tremendismo, la estúpida sensiblería o demasiado edulcorado, aquí no hay nada de eso, hay verdad y dolor, pero desde lo humano y lo complejo, como esos momentos donde la actriz y el maestro y director de actores Juan Carlos Corazza dialogan en un intenso ejercicio de teatro, que recuerda a muchos pasajes de Tras el ensayo (1984), de Bergman, en la que repasan sus personajes teatrales, donde las emociones de aquellos y de la actriz se confunden, se emparentan y resignifican el presente de forma certera y demoledora. La excelente cinematografía que construye un lugar transparente y exquisitamente natural que firma Agnès Piqué Corbera, de la que hemos visto Canto cósmico. Niño de Elche (2021), y la reciente La imatge permanent. La dulce y acogedora música de Vanessa Garde, con más de 25 títulos con gente como Álvaro Fernández Armero, Icíar Bollaín, entre otros. El sencillo y pausado montaje de Vicente Navarro, que cimenta sin darnos cuenta una película profunda y llena de instantes de una emoción intensísima, en una película breve de apenas 73 minutos de metraje. El diseño de sonido de Fernando Novillo también ayuda a acercarnos a la sutileza de todo lo que se cuenta, sin ningún tipo de alarde ni virguería, que tiene en su haber trabajos con Agustí Villaronga, Isaki Lacuesta y Carla Subirana, entre otras. 

En menos de un año, se han estrenado tres cintas que tienen el alzheimer como tema central, visto desde miradas diferentes como la cineasta que mira sus abuelos en Toda una vida, de Marta Romero Coll, la cineasta que mira a una pareja, y finalmente, Mientras seas tú, tres formas de acercarse a la enfermedad, desde lo humano, la sensibilidad, y la sencillez, explorando las dificultades, las alegrías y la complejidad, y los recuerdos de las personas afectadas, y sobre todo, las tres obras lo hacen desde la verdad, donde no hay espacio para la grandilocuencia, sino todo lo contrario, desde lo natural, lo cotidiano y la transparencia de lo que se cuenta y con quién se está contando, en este caso, desde la mirada de una directora a su actriz y amiga, y dejar en forma de película todos esos momentos donde la vida y la enfermedad se funden, se mezclan y comparten todo. Si el cine debe mirar la vida y filmarla, aunque no la entienda, en la película Mientras seas tú, se consigue una película que se hace mientras la vemos, un ensayo sobre la vida, la memoria, son impagables las imágenes de archivo, desde las domésticas, las de los trabajos de Carme en el teatro, el cine y la televisión, y en alguna que otra entrevista, y en las zonas de backstage, donde vemos a la actriz, siendo testimonios de aquello que filma la película, esos momentos donde la persona se queda sola y a solas, sin nadie, con ella misma, con su enfermedad, sentimientos, miedos y existencia. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La memoria infinita, de Maite Alberdi

RECORDANDO CON EL OTRO. 

“Lo bueno no se olvida. A ti no te olvidaré jamás”.

Stefan Zweig

De las cuatro películas que habíamos visto de la directora Maite Alberdi (Santiago, Chile, 1983), en una de ellas ya había tocado temas de la memoria como hizo en La Once (2014), donde seguía a su abuela y sus amigas y el paso del tiempo, tanto el presente como el pasado, a partir de las ausencias y vacíos. En La memoria infinita, la memoria es el centro de la acción, y lo es porque uno de los protagonistas es Augusto Góngora, periodista chileno que padece alzheimer desde hace ocho años. Junto a él, su mujer, Paulina Urrutia, actriz de oficio, que lo cuida y lo ha integrado a sus quehaceres profesionales. La película está construida a partir de la intimidad de la pareja, de su cotidianidad, del acto de recordar la vida de quién ya no se acuerda. No es una película que ahonde en el sentimentalismo ni en la tristeza de padecer una enfermedad tan difícil, sino todo lo contrario, hay una idea de mostrar el problema de verdad, es decir, mirándolo de frente, sin prejuicios, ni condescendencia, ni nada que se le parezca, y sobre todo, con muchísimo humor, porque las cosas si las miramos de frente ya no las vemos con tanto drama. 

En la película de la directora chilena hay memoria, un esfuerzo por recordar, de lucha contra el olvido, pero también, hay la necesidad de mostrar la vejez y todas sus circunstancias, como ya hizo en la mencionada La Once y El agente topo (2020), suerte de cine negro, mezclado con documental y comedia clásica, para generar toda una trama sobre la vejez digna y el humor como herramienta fundamental para vivir. Tanto Augusto como Paulina se olvidan de las cámaras, no obstante, él periodista comprometido y humanista que fue una de las voces durante la dictadura, y luego, al frente de programas culturales en la televisión pública, y ella, actriz de reconocido prestigio, sobre todo en teatro, además de Ministra de Cultura en el gobierno de Michelle Bachelet. Una pareja que comparte cada día, entre gestos de amor y humor, mirándose uno al otro, recordando juntos, y además, estando el uno para el otro, después de un cuarto de siglo de convivencia. Estamos ante una historia que nos envuelve, como si fuera una caricia suave a media tarde, en que nunca se cae en la autocomplacencia ni en el subrayado, todo funciona sin necesidad de pretenderlo, porque la cámara de Alberdi filma no solo unos momentos de vida, sino toda la vida que está ahí, la de un pasado que se refleja en el aquí y ahora. 

Una delicada y sensible cinematografía de Pablo Valdés, que ha trabajado en todas las películas de la cineasta chilena, amén del dúo también chileno Bettina Peru & Iván Osnovikoff, consigue esa cercanía tan necesaria para una película de estas características, donde la cámara traspasa a sus protagonistas, como un personaje más, testigo invisible de toda esa intimidad que transmiten. el montaje de Carolina Siraqyan, que ya estuvo al frente de la citada El agente topo, mínimo y detallista con sus 84 minutos de metraje, donde asistimos a muchos momentos emocionantes, de esos amores de verdad, de los que la vida se torna complicada, pero aún así, el Góngora y la Pauli siguen hacia adelante, con sus problemas y demás, pero con paso firme, recordando juntos quién fué Augusto, a partir de un material de archivo rico y muy interesante, un elemento innovador en el cine de Alberdi, ya que antes no lo había usado en su filmografía. La música otro elemento importante en la película, porque ayuda a indagar en la relación de ahora como la que viene del pasado, que tiene temas tan populares como “Burbujas de amor” y “La danza de las libélulas”, versionados por otros artistas para la cinta, amén de la música incidental que han creado la pareja Miguel Miranda y José Miguel Tobar, de los que ya hablamos esta misma semana porque son los responsables de la música de la película Alis, en su segundo trabajo con la directora chilena después de La Once. 

Mención especial tienen la pareja protagonista de la película, Augusto Góngora y Paulina Urrutia, que se convierten en los perfectos anfitriones en esta historia sobre el hecho de recordar, en contra del olvido, y sobre todo, en un relato que habla de nosotros, de todo lo que somos, de las personas que nos acompañan cuando nosotros ya no podemos, es un bellísimo homenaje de todas las personas que cuidan y escuchan al otro, que recuerdan juntos, que se ríen juntos y que siguen a pesar de todo, porque la vida también es enfermedad, y es entonces cuando vemos la verdadera naturaleza de cada uno de nosotros. La memoria infinita es quizás, la mejor película rodada hasta la fecha de Maite Alberdi, y esto que digo no es nada baladí, y lo digo porque es su relato más complejo, porque se ha adentrado en espacios complicados y difíciles de tratar, pero su maestría y su profundidad, acompañados por el carisma del Góngora y la Pauli que hacen fácil lo difícil, y llenan de humor cada instante, cada dificultad y cada conflicto. Una película que tiene la necesidad de recordar y recordarse, tanto a nivel íntimo como colectivo, desde sus historias a las de su país, con su dictadura, democracia y demás, porque no es el acto más grande de amor que ayudar al otro cuando el otro ya no puede, ayudarle a recordar quién fue, y quién es, porque de esta manera el amor no sólo es un sentimiento sino también un gesto que ayuda y nos ayuda. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Pavel Giroud

Entrevista a Pavel Giroud, director de la película «El caso Padilla», en el marco del BCN Film Festival, en la terraza del Hotel Casa Fuster en Barcelona, el viernes 21 de abril de 2023

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pavel Giroud, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Miguel de Ribot de A Contracorriente Films, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Inés Toharia Terán

Entrevista a Inés Toharia Terán, directora de la película «Film, the Living Record of our Memory», con motivo de la celebración de «10 anys al Raval», en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el martes 22 de febrero de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Inés Toharia Terán, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Alba Sotorra

Entrevista a Alba Sotorra, directora de la película «El retorno, la vida después del ISIS», en la oficina de su productora en Barcelona, el miércoles 29 de septiembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alba Sotorra, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jeny Montagut, de Comunicació DocsBarcelona, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Chris el suizo, de Anja Kofmel

DESENTERRANDO LA MEMORIA.  

“Algunos periodistas no aceptaban su papel allí como observadores. Se involucraban mucho en los hechos”

Heidi Rinke, periodista

La muerte de su primo Chris Würtenberg, de 27 años de edad, en enero de 1992 cerca de Vukovar (Croacia) dejó sin referentes a Anja Kofmel (Lugano, Suiza, 1982) que contaba apenas 9 años. Con la desaparición de Chris moría su amigo del alma, su primo favorito, su hermano mayor. La muerte de Chris fue el tema de Chrigi, un cortometraje de animación que fue trabajo de final de carrera. Veinticinco años después, Anja, ya convertida en una cineasta, vuelve a los escenarios de la guerra de los Balcanes (1991-1995) para rastrear las huellas de su primo, aquel joven suizo que dejó su pacifico país para documentar la guerra como reportero. Kofmel se reúne con aquellos que conocieron a Chris, su hermano y sus padres, otros reporteros que compartieron vivencias en la guerra, incluso va más allá, encontrándose frente a un mercenario de guerra que compartió fatigas con Chris, y con el ex terrorista Carlos “El Chacal”. Todos esos encuentros van formando un caleidoscopio humano muy complejo sobre la personalidad de Chris, alguien que en cierto momento, dejó el periodismo para enrolarse en el PIV (Primer Pelotón de Voluntarios Internacionales) un grupo paramilitar fundado por Eduardo Rózsa-Flores, otro periodista, para combatir al ejército serbo-croata apoyado por el Ejército Popular de Yugoslavia.

Kofmel traza un periplo complicado en el que recopila toda la información disponible, volviendo a los lugares donde estuvo su primo, rastreándola incluso debajo de las piedras, recogiendo todos los testimonios de aquellos que trataron a Chris, encontrando las razones de cómo alguien dejó su oficio de narrar los hechos para pasar a la acción y enrolarse en un grupo militar que tenía fama de sanguinario y devastador. La cineasta suiza sigue el curso de los acontecimientos a través del diario de Chris, donde aparecen hechos concretos, lugares y personajes, también vemos imágenes de archivo que van ofreciendo luz a tantas tinieblas, y como otros documentales, nos acordamos de Vals con Vashir o Persépolis, entre otros, ilustra a través de dibujos y animación aquellos instantes y situaciones que surgen a través de la documentación y la imaginación, con una animación espectacular, donde resalta un poderoso blanco y negro, extraordinariamente imaginativo y visual, moviéndose a través de lo onírico, lo abstracto, y construyendo la relación personal entre Chris y Anja.

La película tiene ritmo y energía, combina de manera sobresaliente todos los datos en liza, con esa estructura imaginativa donde la investigación adquiere un in crescendo apabullante, donde no hay tregua, todo sigue un curso emocionante a través de los testimonios, documentos e información. Un documento necesario y valiente que ahonda en la estupidez de las guerras, los innumerables intereses de los estados occidentales, y todos esos grupos paramilitares que utilizan las guerras para hacer sus guerras personales e interesadas, provocando el caos, la violencia y el sinsentido en un país y sus gentes. Kofmel recopila muchísima información, pero no la suficiente para encontrar los responsables del asesinato de su primo Chris, alguien lanza acusaciones pero en el fondo meras hipótesis, aunque quizás el significado de la película de Kofmel va muchísimo más allá, en el sentido en que no solo confecciona un riguroso y documentado thriller de investigación, sino que convoca a todos los actores que concurren en una guerra como los periodistas y paramilitares, y consigue extraerles toda la maraña de intereses, tanto personales como gubernamentales, que concurren en una contienda, donde todos tienen sus motivos para estar ahí. Unos, recopilando información para mostrar al mundo todo lo que allí se cuece, y otros, aprovechando la guerra para dinamitar el estado que sea necesario.

La película deja muchos enigmas sin resolver, pero también aclare otros muchos, dirigiendo sus acusaciones a todos los gobiernos implicados en la guerra de los Balcanes, esos gobiernos que primero provocan la guerra, luego la mantienen, y finalmente, acaban con ella y se hacen los “responsables de la paz”, reconstruyendo y ayudando al país, para seguir embolsándose mucho dinero a costa de los demás. Una película incómoda por todo lo que cuenta y cómo lo cuenta, desde una perspectiva sencilla y directa, intentando esgrimir todo lo vivido y experimentado por un joven aventurero, intrépido y muy idealista que encontró su camino en la guerra como reportero, pero también, en un momento que desconocemos, cruzó unas líneas que no tenían marcha atrás, porque quizás su efervescente juventud le animó para ser testigo directo de la guerra desde una perspectiva más intensa y profunda, porque Chris “el suizo”, como le llamaban sus colegas, quiso ir más allá, quizás su arrojo y carácter lo llevo demasiado lejos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Carlota Bujosa

Entrevista a Carlota Bujosa, directora de la película «Bubota», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el domingo 17 de noviembre de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlota Bujosa, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Júlia Talarn de La Costa Comunicació, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Diego Maradona, de Asif Kapadia

EL ÍDOLO DE BARRO.

“Cuando vos entrá en la cancha, se va la vida, se va todo”.

Diego Armando Maradona (Buenos Aires, Argentina, 1960) encarna al prototipo de jugador nacido en los arrabales de las ciudades que llega a convertirse en un ídolo mundial, y en su caso, muchos aficionados lo consideran una especie de Dios futbolístico, alguien que trasciendo el campo de fútbol para convertirse en un icono, algo parecido a The Beatles o la Coca-Cola. Muchos ríos de tinta hay sobre su vida, tanto futbolística como personal, quizás en un tiempo de su vida, cuando todavía era jugador de fútbol, su vida como futbolista se convirtió en un mero espejo de la vida que tanto interesaba a la opinión pública, convirtiendo su vida íntima y personal en el centro de la prensa más sensacionalista, una vida que iba siempre rodeada de polémica, sus incontables líos de mujeres, o al menos eso publicaba la prensa, sus salidas nocturnas que tanto le criticaron o sus negocios sombríos y oscuros con la camorra napolitana. El cineasta británico de origen indio Asif Kapadia (Kackney, Londres, Reino Unido, 1972) que ha trabajado en la ficción tanto cinematográfica como televisiva, empezó a recoger las mieles del éxito con su trabajo en el campo documental con Senna (2010) que recogía la malograda vida del exitoso piloto de Fórmula 1, a la que siguió con abundante éxito la película Amy (2015) ambos trabajos situados en el documental de archivo, donde a partir de innumerables imágenes íntimas y personales se hacía un retrato complejo, veraz y magnífico de las vidas malogradas de los dos ídolos, tanto en el motor como en la música.

Siguiendo la misma línea de sus anteriores trabajos, Kapadia junto a su inseparable equipo encabezado por James Gay-Rees (productor), Chris King (editor) y Antonio Pinto (compositor) realizan un trabajo fascinante y único sobre la vida del astro del balón Maradona, arrancando en aquel verano del 84, el 5 de julio, cuando el genio futbolístico llegó a Nápoles, en un inicio donde la película arranca de forma espectacular, en el que vemos a un automóvil a toda velocidad por las calles de Nápoles,  sorteando otros vehículos y paparazis con destino al estado napolitano para la presentación de Maradona, a ritmo de sintetizador. A partir de 500 horas de metraje procedente del propio Maradona, Kapadia, con su habitual habilidad y paciencia, reconstruye la biografía de Maradona en su estancia en Nápoles, un club pequeño y modesto que el astro argentino lo convirtió en campeón italiano y lo alzó hasta la cima, convirtiéndose en un club campeón durante su estancia. Esos siete años donde la ciudad era Maradona, donde todos lo idolatraron, lo amaron y lo santificaron, ofreciéndole todo lo que tenían.

La película muestra estas imágenes inéditas y personales del futbolista, haciendo hincapié en sus orígenes humildes y miserables, dejando bien claro que un chaval de apenas 14 años tuvo que sostener a su familia y convertirse en la parte económica de los suyos, y cómo fue su efímero paso por el F.C. Barcelona, su traspaso al Nápoles, su vida familiar, sus grandes tardes de fútbol demostrando la calidad infinita de sus botas, elevado al centro de los dioses del balón, considerado por muchos expertos en uno de los mejores jugadores de la historia. Pero, que escondía tras esa imagen de éxito, un tipo que le encantaba salir de noche, flirtear con otras mujeres a pesar de tener novia oficial primero, que luego se convertiría en su esposa, una especie de niño grande que no pensaba en las consecuencias de sus actos, en quién se había convertido, en alguien que cada paso que daba se registraba en la mente y la crítica de tantos, un argentino que acabó haciendo negocios sombríos con la mafia, sin saber muy bien que hacía.

Kapadia ha construido un excelente y reflexivo documento, bien condensado informativamente hablando, con ritmo y enérgico, lleno de vericuetos argumentales, extrayendo de manera ágil y honesta, sin sentimentalismos ni condescendencias la vida de Maradona, ofreciendo un retrato sincero, visto desde múltiples puntos de vista, como los testimonios de tantos conocidos y allegados, mezclados con esas imágenes que nos devuelven años de gloria, años de grandes tardes futbolísticas, y también, noches sin fin, noches oscuras, demasiadas rayas de cocaína, demasiados revolcones con desconocidas en camas a las que jamás uno debería entrar, y esas huidas a la nada que tanto protagonizó la vida de Maradona fuera del fútbol, un hombre apasionado, extremo, que vivió el éxito demasiado rápido, que no supo gestionarlo y el dragón de la fama y el dinero lo fue devorando lentamente, quizás injustamente, pero al contrario que otros, Maradona siguió en pie, siguió dando guerra y sobre todo, supo vencerse a sí mismo, Diego venció a Maradona.

El director británico nos muestra el lado oculto detrás del espejo, en una especie de Dorian Grey, alguien superdotado para el fútbol, pero incapaz de tener una vida personal tranquila y en paz, una vida alejada de los focos que se convertía en un torbellino de fiestas, cocaína, amigos gánsteres y demás túneles oscuros, porque a pesar de tantos éxitos futbolísticos, toda esa vida personal disoluta le acabó pasando factura y el romántico idílico con el Nápoles y su ciudad acabó siete años después, con una sanción deportiva por consumo de cocaína y la vuelta a su país, y desde ahí, dando tumbos por otros clubes, por su selección, a la que ya no volvería la gloria de aquel verano del 86 en México cuando Argentino ganó el mundial con su presencia, y por su vida, en un vano intento de ser quién fue alguna vez, alguien que era capaz de todo en un estadio de fútbol, pero a la vez, era incapaz de conducir su vida, de controlarse y no lanzarse al abismo cada noche, como si fuera la última de su vida. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Encuentro con Emmanuel Hamon

Encuentro con Emmanuel Hamon, director de «L’utopie des images», junto a Natacha Laurent, directora de la Cinémathèque de Toulouse, y Esteve Riambau, en el marco del ciclo «1917-2017: Dels Romanov a Putin». El acto tuvo lugar el miércoles 25 de octubre de 2017 en Sala Laya de la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Emmanuel Hamon y Natacha laurent, por su tiempo, conocimiento, y generosidad, y a Esteve Riambau y su equipo de la Filmoteca, por su organización, generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.