Entrevista a Roger Heredia Jornet, presidente de la Asociación del Banco de ADN y familiares desparecidos en la Guerra Civil, en relación a la película «Lesa Humanitat», de Héctor Fáver. El encuentro tuvo lugar el lunes 11 de diciembre de 2017 en la cafetería del Hotel Soho House en Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Roger Heredia Jornet, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Xènia Puiggrós de Segarra Films, por su tiempo, generosidad y amabilidad y cariño.
La película se abre de un modo brillante y demoledor, a través de un plano fijo (asfixiante, sin espacio para respirar) observamos a una mujer de unos 25 años mientras se asea en el lavabo, se desnuda y entra en la ducha, la vemos apenas reflejada en un espejo, por partes (constante que se repetirá a lo largo del metraje, creando esa mirada de vidas a trozos que tienen que recomponerse). Corte a la bañera, donde agachada se frota fuertemente y se vierte agua. Inmediatamente después, descubrimos que tiene un hijo, Dante de año y medio, y comparte piso con Gisela, donde reciben a los clientes. Alanis es trabajadora sexual. La siguiente secuencia es la policía, que pasándose por clientes, irrumpen en la vivienda y las sacan a patadas, llevándose detenida a Gisela acusada de trata. Alanis con su hijo a cuestas se va a vivir con su tía temporalmente. La directora Anahí Berneri (Buenos Aires, Argentina, 1975) afronta en su quinto trabajo, el marco de sus anteriores películas, retratos duros, y en primera persona, de seres en continuo conflicto por encontrar su lugar en la sociedad, y en el mundo. En su debut, Un año sin amor (2005) mostraba la lucha encarnizada de un escritor homosexual enfermo de sida, en su siguiente trabajo, Encarnación (2007) describía la vuelta a su pueblo natal de una ex actriz madura que tuvo su fama en películas de serie B, en Por tu culpa (2010) el conflicto de una mujer divorciada y madre de dos hijos, y en Aire libre (2014) el tedio de una pareja que acaba viviendo separada.
En su nuevo trabajo, continua con sus temas preferidos abordando las cuestiones de género desde una mirada intimista y realista, en la que captura con su cámara las 72 horas de una mujer joven que se dedica a la prostitución por decisión propia, en una manera de subsistir, de tirar hacia delante. Alanis es despojada de su hogar, de su lugar de trabajo, se ve sacada a golpes de su vida, peor con su carácter de superviviente nata, encuentra lugares para ejercer su trabajo, como en el interior de un coche en las vías muertas de una estación, o por las calles nocturnas, en las que las prostitutas dominicanas ejercen su posición y la echan a patadas. Berneri huye de cualquier posicionamiento moral o subrayados sentimentales, su película es un retrato de una trabajadora sexual, de su personalidad, en continuo movimiento, en su búsqueda de trabajo y de salir de su situación temporal, mientras sigue amamantando a su hijo, y encontrando, por todos los medios a su alcance, el camino a seguir, mostrando una dignidad fuera de lo común.
Alanis es una película de cine directo, cine de guerrilla, de militancia, donde pone en cuestión el trato a las mujeres que ejercen la prostitución por voluntad propia, en el que abre el eterno debate sobre la hipocresía moral de una sociedad que acepta trabajos precarios como legales, mientras, por el contrario, ejerce una mirada ambivalente sobre el trabajo sexual, que sin prohibirlo a nivel gubernamental, lo persigue y lo condena. Alanis está filmada con contundencia, dando golpes en la mesa, con esos planos fijos, algunos muy cortantes, y otros, despiadados y brutales, sin música añadida, apoyando la naturalidad y el realismo que persigue la cineasta, como la inmensa interpretación de Sofía Gala Castiglione, llena de crudeza, realismo y sangre, consiguen emocionarnos y sumergirnos, no solamente a un nivel físico, sino en todos los niveles, penetrando en su cuerpo, su piel, sus pechos, y su sexualidad, como la tremenda escena sexual (la única que veremos en toda la película) donde la violencia ya no es física, sino verbal.
Berneri, con la ayuda de su socio, el guionista Javier Van de Couter (que repite después de Aire libre) realiza un crónica de sucesos, alejada de los informativos moralistas, con toda su crudeza punzando, explorando los pliegues de ese mundo de calle y realista que se nos escapa, que apenas vemos y late en los rincones más oscuros y sucios de nuestras ciudades. En sus apenas 82 minutos, una película-retrato sobre una mujer, su maternidad, su trabajo y sus quehaceres cotidianos haciendo frente a una sociedad moralista y a ese Buenos Aires oscuro, inmigrante y marginal, donde las vidas frágiles y de urgencia, se mueven dando palos aquí y más allá, levantándose del suelo después de recibir todo tipo de golpes, tanto físicos como emocionales, pero siguiendo por el camino elegido, en busca de clientes, y cogiendo unos pesos de la caja si hacen falta, caminando a la vera de una mujer, en este caso trabajadora sexual, a través de su desnudez, su sexualidad, que comete errores y es compleja, como todos nosotros, pero seguirá en pie enfrentándose a todo y todos, en su forma de trabajo, en su manera de afrontar la vida, a ella misma, en su maternidad, y en su trabajo sexual.
Alanis es una película inmensa, llena de honestidad y sinceridad, sin complejos ni añadidos, que rezuma carácter y humanismo por los cuatro costados, de ese cine que corta el alma, pero profundamente necesario y valiente, como aquel cine enmarcado en la más profunda realidad directa que profundizaba en los temas cotidianos, en los más cercanos y en los que tenían que ver con las circunstancias personales, como el que ejercían Renoir, Rossellini, los cineastas del Free Cinema, los de los Nuevos Cines, y tantos otros, en su afán de crear un naturalismo callejero, del aquí y ahora, creyendo en el cine como herramienta social y política de reflexión y conocimiento, en un medio eficaz y de resistencia para retratar a personas, las que el moralismo viejuno y estúpido, que invisibiliza y expulsa a la periferia, criminalizándolos, en muchos casos, solamente por llevar vidas completamente diferentes a los que el orden social burgués ha impuesto como correcto. Vidas que sobreviven a diario, a duras penas, llenas de obstáculos, esas vidas que nos cruzamos cada día por la calle mientras vamos en dirección a nuestras cosas.
Entrevista a Gustavo Salmerón, director de «Muchos hijos, un mono y un castillo». El encuentro tuvo lugar el martes 12 de diciembre de 2017 en la cafetería de los cines Renoir Floridablanca en Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Gustavo Salmerón, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Natalia Álvarez de XL Project, y a Nadia López y Ainhoa Pernaute de Caramel Films, por su tiempo, generosidad y amabilidad y cariño.
Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza.
Entre una España que muere y otra España que bosteza.
Españolito que vienes al mundo te guarde dios.
Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.
Antonio Machado
La (de) construcción de la memoria a través de los estados ha sido, y será siempre, una herramienta política para ocultar las miserias de los países en tiempos de guerras y dictaduras. Un relato ficticio y completamente falso que utilizan aquellos gobernantes para convencer a las nuevas generaciones que aquellos años dolorosos forman parte de la historia del país de turno, y sobre todo, ya han sido superados, porque se ha pasado página. Aunque, en algunos casos, los gobiernos han investigado y depurado responsabilidades a todos aquellos implicados en el terror, el caso español es diferente, porque aquí se olvidó, y se cuenta una falsedad, ocultando los crímenes contra la humanidad que se cometieron durante la guerra y el franquismo, y los gobernantes se han afanado en crear una memoria histórica cercana a sus intereses partidistas y alejada de la verdad, la de todos aquellos familiares y amigos que buscan el cuerpo de tantos desaparecidos olvidados en los anales del terror franquista.
Héctor Fáver (Buenos Aires, Argentina, 1960) hombre de cine, dedicado durante más de casi tres décadas a la docencia a través del CECC, donde se han producido más de 200 cortometrajes y una decena de largometrajes (entre los que destacan títulos como Tren de sombras, de José Luis Guerín o El cerco, y nombres como Xavi Puebla, Santiago Zannou, entre muchos otros). El cuarto trabajo del director argentino afincado en Barcelona sigue por el discernir de sus anteriores documentales, si bien su primera película El acto (1989) se centraba en la fragilidad de las relaciones humanas a través de una amistad, en su segundo trabajo, La memoria del agua (1992) se detuvo en la persecución judía durante la 2ª Guerra Mundial, ocho años después, en el año 2000 se detuvo en los desaparecidos de la dictadura argentina con Invocación. Ahora, y cerrando esta trilogía sobre la memoria, su herramienta de trabajo son los desaparecidos del franquismo, y lo hace a través de un extraordinario trabajo de archivo, testimonios de implicados en la búsqueda de desaparecidos e integrantes de asociaciones que trabajan para encontrar las miles de fosas comunes esparcidas por todo el territorio nacional, y también, personas que han llevado a cabo procesos judiciales como el Juez Garzón, tanto aquí como en Argentina, y la narración concisa y sobria del actor Eduard Fernández, que ayuda a sumergirnos en las imágenes, los testimonios y filmaciones que pueblan la película y recorren la historia del país desde la guerra hasta nuestros días, a través de un grandísimo análisis dando voz y espacio a todos aquellos que no la tuvieron, y tomando como referencia la propia historia del país y la de otras naciones que han sufrido represión y terror, y cómo han trabajado la memoria.
Además, la película viaja a museos de la memoria de Argentina donde se recuerda a los desaparecidos de la dictadura y recuerda demás acciones contra el olvido y por la lucha de la memoria. Quizás, el trabajo de Fáver a veces resulta algo reiterativo, pero el conjunto se erige como un excelente documento sobre nuestra memoria, desde la guerra civil, el franquismo, la transición y su divinización o tantos males que se llevaron a cabo para olvidar lo ocurrido y no depurar responsabilidades a los implicados, como la estrecha colaboración con dictaduras extranjeras o los servicios secretos de EE.UU., hasta llegar a la democracia, que dejó pasar el tiempo y olvidar el franquismo, y sobre todo, sus muertos, y la insuficiente ley de memoria histórica, a todas luces insuficiente, que solo recuerda mínimamente, sin hacer ninguna acción a favor de la memoria ni restablecer la dignidad de todos aquellos que sufrieron el terror franquista (sin eliminar los procesos sumarísimos del franquismo, manteniendo nombres de calles y monumentos en honro a los jerarcas franquistas (como el Valle de los Caídos, tumba del dictador y donde se rinde pleitesía a los muertos franquistas de la guerra, olvidando todas las fosas comunes con presos republicanos que yacen a su alrededor) y permitiendo las exaltaciones y celebraciones a favor del fascismo, y demás actos antidemócratas que hoy en día tienen lugar en España con total impunidad.
Fáver ha hecho una película no sólo de política, sino de memoria, reparación y dignidad de todos aquellos que ya no están, y nadie sabe donde se encuentran sus restos, hablándonos sobre los cimientos endebles y vacíos de una nación que sigue arrastrando sus problemas de territorio y odio infinito en aquellas dos Españas que nos habló Machado, aquellos dos mundos irreconciliables que siguen en eterno conflicto, unos, los de arriba, que se niegan a mirar los errores del pasado y a repararlos, y los otros, los vencidos, que no encuentran el alivio después de tantos años. El documento de Fáver indaga en los orígenes y causas, realizando un exhaustivo trabajo de archivo, donde podemos ver un brutal y necesario collage de imágenes donde podemos hacernos una idea de dónde venimos y a dónde deberíamos ir, los caminos no transitados, y todos aquellos errores y vergüenzas que los diferentes gobernantes han ocultado y negado a los que murieron y los que los buscan. Un trabajo potente y didáctico con la producción de Ramón Termens (director de El mal que hacen los hombres) y la fotografía del excelente Gerard Gormenzano (colaborador de Guerín, Isaki Lacuesta, Llorca o Luis Aller, entre otros, a parte de director) para crear un sincero y honesto trabajo que ahonda en los males memorísticos del país, en la necesidad de una jurisdicción universal que ayude a restablecer la identidad y memoria de todos aquellos que desaparecieron por defender y luchar por la democracia que ahora tenemos y disfrutamos. Porque males no resueltos, son males eternos, los que siempre te acompañan, por mucho que los neguemos o los ocultemos. Siguen ahí, como ese espectro que sigue a nuestra vera.
<p><a href=»https://vimeo.com/220687282″>TEASER LESA HUMANITAT</a> from <a href=»https://vimeo.com/segarrafilms»>Segarra Films</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>
«La gente quiere ir más allá de las apariencias e intentar alcanzar el interior. Pero no siempre es fácil, ya que las apariencias externas nos atraen y nos arrastran. A veces cometemos errores, pero eso es lo que somos. Es importante intentar superar la ilusión de la apariencia y llegar al interior, pero nunca podemos escapar de su atracción.»
Hong Sangsoo
El cine de Hong Sangsoo (Seúl, Corea del Sur, 1960) nace y se retroalimenta de la propia vida del cineasta, quizás en su caso, es una afirmación muy próxima a la naturaleza de su cine, ya que sus películas están pobladas por gente del cine, que casi siempre están preparando o filmando películas, donde se enamoran o están a punto de hacerlo, y en las que hay muchas secuencias donde dialogan y discuten alrededor de una mesa mientras comen, y sobre todo, beben. Aunque su última película asevera aún más si cabe esta afirmación, porque aquí tendríamos serias dificultades para discernir aquello que forma parte de la propia vida del cineasta y su entorno, o lo que es puramente inventado, aunque tenga muchísima conexión con los hechos reales, como el cine de Ingmar Bergman o Woody Allen, donde la vida y el cine se mezclan sin discernir con exactitud dónde empieza uno y acaba el otro.
Su última película es quizás la más personal de su carrera, ya que Hong Sangsoo cuenta un hecho vivido por él mismo, que tiene que ver con la actriz Kim Minhee, con la que tuvo un romance durante el rodaje de la película Ahora sí, antes no (2015), situación compleja ya que el director estaba casado y los medios sensacionalistas aprovecharon para derramar ríos de difamación y escándalo. Si bien en la anterior película de Sangsoo, Lo tuyo y tú (2016) nos convocaba en un relato sobre el desamor visto desde los diferentes puntos de los (des)enamorados. Ahora, se centra exclusivamente en ella, en una especie de exorcismo personal en el que la propia persona que vivió su affaire protagoniza la película, la propia Kim Minhee, una mujer herida que pone tierra de por medio, y se toma un tiempo alejándose de él y de todos, visitando a una conocida de Hamburgo. Sangsoo captura el desamor a través de un poderosísimo retrato femenino sobre una mujer que se acuerda demasiado de su amor, de ese amor que no pudo ser, aquel que se perdió, aunque duela lo recuerda, y camina o más bien deambula, sola o acompañada, intentando aparentar lo que no siente, aunque ella sabe que no es así.
De la playa fría, casi helada de Alemania, pasa a la playa hibernal, pero más cercana de Corea del Sur, y lo que son las cosas, huyendo de su reciente pasado parece que consigue el efecto contrario o al menos a ella se lo parece. Una hermosísima película, delicada y sensible, que nos atrapa desde la propia melancolía que siente el personaje, dejándonos llevar por casi el silencio que viene arrastrando esta mujer triste y herida, una mujer en pleno desamor, o quizás podríamos decir atravesada por el amor, por ese amor cruel y doloroso, ese que por mucho que nos alejemos físicamente, sigue rondándonos, como si fuera una sombra que inútilmente queremos alejar. La sutil interpretación de Kim Minhee, llena de miradas y matices, consigue con mucha dulzura atraparnos en sus altibajos emocionales, donde parece odiar a los hombres, y beber para olvidar, aunque parece que cuanto más bebe, más se acuerda de aquel que quiere olvidar.
Sangsoo es una especie de demiurgo de las emociones humanas, investigando en los recovecos del (des)amor, unas emociones que describe con cercanía y sumergiéndose en todos los puntos de vista, mostrándolos en su forma más primaria y natural, dejando al espectador sacar las pertinentes conclusiones, si así lo desease. Yonghee es una de esas heroínas cotidianas que amaron y ahora no saben cómo se sienten, pretenden que la distancia se convierta en olvido, pero fracasan en su intento, sólo consiguen recordar con más nitidez, porque en el eterno combate que lidian los pensamientos con las emociones, nunca hay un ganador, sólo alguien que recuerda y siente más de lo que le gustaría, aunque sea recostada en la arena de una playa en invierno, que su tranquilidad y solitud no sean suficientes para alejar sus sentimientos, porque aunque estemos solos, sin nadie a nuestro alrededor, al que siempre escucharemos, aunque no queramos, será a nuestro corazón, a ese aliado o no motor en continua marcha, que nos ayuda a levantarnos cuando las circunstancias nos hayan vencido.
El “Ukwaluka” es un rito iniciático tradicional que practica la etnia Xhosa, en la zona del Cabo Oriental en Sudáfrica, en el que cada año grupos de adolescentes que reciben el nombre de “iniciados”, se reúnen en el interior del bosque con sus mentores, y pasan unas semanas sometidos a pruebas físicas (circuncisión) y mentales para así convertirse en adultos que se casarán, tendrán hijos y formaran un hogar. Xolani, uno de los tutores que tiene la misión de tutelar el ritual de Kwanda, ama secretamente a Vija, otros de los tutores, y los dos mantienen encuentros furtivos alejados de las miradas moralistas y costumbres endiosas que practican fielmente en la etnia. El primer trabajo del director Sudafricano John Trengove, en un relato escrito con Thando Mgqalozona (autor de la novela “A man who is not a man” centrada en el rito “Ukwaluka”) construye un obra que profundiza y reflexiona sobre los roles de masculinidad de la Sudáfrica actual, centrándose en la relación homosexual de dos mentores, Xolani y Vija, que aparentemente tienen que conducir a sus discípulos por un rito que les llevará a convertirse en hombres tradicionales heterosexuales, muy alejados a lo que ellos son. Y añade al conflicto la presencia de Kwanda, un chaval de la ciudad procedente de familia acomodada que además de pertenecer a otro ámbito tendrá fuertes conflictos con los demás iniciados, muchos de ellos procedentes de comunidades rurales.
Trengove crea un trabajo minimalista, donde hay pocos diálogos, y planos cercanos y cortantes, creando ese ambiente de ambientes, donde el paisaje tradiciones que nos muestran, esconde otras actitudes que se ocultan y vagan entre sombras. El relato claustrofóbico y complejo se desarrolla principalmente desde la excelsa fotografía que contribuye enormemente a crear la complejidad de paisajes bellos que encierran historias ocultas y conflictos interiores, manejando con especial detalle todo el entramado de miradas y gestos de los personajes. El realizador sudafricano maneja su relato a través de tres almas, tres seres en desdicha en el fondo, que adoptan una identidad que no es la suya, la identidad aceptada, ya que promulga con los estándares tradicionales que profesan los más viejos del lugar, y que no acepta otras actitudes, y que tienen que desarrollar la suya escondiéndose, ocultándose de las miradas moralistas, en una existencia perversa de doble personalidad que los lleva a tremendos conflictos interiores.
Trengove ha creado una película moral que implica al espectador de manera directa, penetrando en sus convenciones y prejuicios, abriéndole una puerta a otras realidades del continente africano, muy alejada de la que venden los medios, más basadas en ideas preconcebidas y tradiciones ancestrales construidas a través de la literatura, el cine y demás. Aquí, nos alejamos de esa idea y nos adentramos en un paisaje rural llevados por unos personajes homosexuales que viven escondidos su amor, un amor prohibido, un amor que no se desarrolla con libertad y plenitud. Un amor como tantos otros que tiene que no vivir y luchar en las tinieblas contra el espíritu de los que lo padecen, porque la sociedad imperante tradicionalista y moral lo prohíbe, no lo concibe, en una actitud hipócrita que no sólo no les deja avanzar como pueblo, sino que los anquilosa en el pasado más oscuro, creando hombres frustrados, inseguros y tristes.
La magnífica elección de los intérpretes con la presencia del música Nakhane Touré que compone a Xolani, el joven obrero protagonista que se mueve entre la tutela tradicional y ese amor prohibido que siente por Vija, un tipo que lleva más allá su masculinidad para de esta manera no crear dudas sobre su homosexualidad oculta, y finalmente, Kwanda, el adolescente iniciado que deberá convivir con un ambiente ajeno y hostil, y además, conocerse a través de unos sentimientos inesperados que le llevarán a penetrar en un mundo complejo y difícil, aunque semejante actitud lo pondrán en situaciones que no esperaba vivir durante su camino de iniciación. Trengove ha hecho una película valiente, seria y necesaria, que vuelve a poner a debate algunas tradiciones ancestrales que pretenden seguir alienando a muchos hombres y llevándolos por el camino esperado, perteneciendo a esa masculinidad basada en su sexo, sin tener en cuenta a la persona y su individualidad, sus necesidades y deseos.
En un momento de la película, Perre Ferrés (que debido a la crisis económica, se dedica a las despedidas de soltero para mantener a flote, a duras penas, su negocio familiar de autocares) mientras realiza un servicio, a primeras horas de la mañana, cuando ha recogido a un grupo de jóvenes en avanzado estado de embriaguez, que le insultan y le obligan a detener el vehículo para orinar, Pere enciende el motor y se va del lugar dejando tirados a sus desagradables clientes. Un instante que resume tanto los sentimientos de Pere Ferrés como el espíritu de la película, que captura esos momentos en que después de perderlo todo, lo que nunca podemos perder es nuestra dignidad, seguir hacia delante para sentirnos dignos de nosotros mismos y de nuestro trabajo, o lo que quede de él. El segundo trabajo de Laura Ferrés (Barcelona, 1989) vuelve a enmarcarse en lo social, en las dificultades para salir adelante, y en lo familiar, como ya lo hacía su primera película, A perro flaco (2014) en el que seguía los pasos de Leo (magníficamente interpretada por Mar del Hoyo) durante un fin de semana, cuando intentaba mantener su vida-dignidad ocultando a su madre sus dificultades emocionales y económicas. Si A perro flaco se movía en terrenos puramente de la ficción para describirnos una realidad cotidiana y próxima. Ahora, Ferrés se mueve dentro de esa visagra narrativa entre lo real y lo ficticio para hablarnos de su familia, y del final del camino, laboralmente hablando, de su padre, Pere Ferres de 53 años, que la crisis ha azotado con dureza y somos testigos de los últimos días de su negocio familiar de autocares.
Ferrés, en apenas 18 minutos, se mete en la piel de su progenitor capturando, mediante planos fijos, apenas diálogos, y sin luz artificial, los quehaceres de una realidad dura y amarga, donde asistimos a los últimos coletazos de un trabajo que fue pero que ya no es, y ya no será. Ferrés sitúa su película en El Prat, a las afueras de Barcelona, en la periferia tanto física como emocional, uno de esos lugares donde la crisis ha hecho más mella y ha dejado a tantas familias y tantas personas como Pere Ferrés sin su trabajo y sin una vida (como cuenta el propio Pere en uno de esos planos de frente que lo recoge a él y a su madre, mientras miran la televisión, cuando menciona que sin trabajo no tiene nada ya que las demás cosas de su vida, incluyendo las mujeres no le han ido bien). Una película que nos habla desde la cercanía de un hombre que sigue en pie a pesar de todo lo que ha perdido, que mantiene la esperanza y la dignidad para mirar más allá, para no perder lo que es y seguir creyendo en sí mismo, aunque la vida les pase por encima y cueste muchísimo seguir confiando en uno mismo y en que las cosas tengan otro rumbo y mejoren.
En algunos instantes parece que estamos ante un western crepuscular cuando la cámara testigo observa y sigue los pasos de Pere Ferrés, como un espectro vagando sin rumbo, por esos espacios del no lugar, esos caminos que se pierden hacia ningún lugar, donde se encuentra con ese pasado cuando era feliz trabajando en su autocar, o en el hangar, en el que cada vez quedan menos autocares y cada vez está más vacío, o en esa oficina donde suenan llamadas que ya nos e contestarán o la máquina de triturar papeles que se encarga de desaparecer aquellos documentos que dejaron de tener sentido. Ferrés ha construido un canto a la dignidad, desde la honestidad, la naturalidad y la sinceridad, a través de un tema que conoce en profundidad y nos regala una magnífica película que hace reflexionar y sentir que siempre hay algo de luz en los restos del naufragio, con una película de ahora, que penetra en el interior de muchos que lo han perdido todo, que ya no tienen trabajo, de aquellos invisibles que no tienen voz, de aquellos que ven con amargura y tristeza la desaparición no ya de su empleo, sino de su vida, de todos aquellos sueños que han quedado en algún lugar que ya no existe.
Pere Ferrés se erige como figura de todos esos hombres y mujeres de su generación, quizás la más perjudicada por la crisis, personas de mediana edad que tienen que empezar de nuevo y se ven con extremas dificultades para reciclarse y seguir caminando. La directora barcelonesa atrapa esa tristeza a través de las miradas y gestos de su padre, en esos espacios de no vida, que poco a poco van quedándose vacios y dejando de ser lo que eran, despojándose de su actividad para simplemente ser no lugares que ya no sabemos para que utilizar, y sobre todo, que hacer en ellos. Un equipo de grandes profesionales entre los que destaca la producción de Valérie Delpierre (productora de la maravillosa Estiu 1993, de Carla simón) la exquisita y brillante fotografía de Agnès Piqué Corbera, el sonido de Alejandro Castillo (habitual de Recha, Rosales, Isaki Lacuesta, Miñarro, entre otros) el montaje de Diana Toucedo (colaboradora de Isaki Lacuesta, entre otros) y la brillante composición de Pere Ferrés que se interpreta a sí mismo y a todos aquellos Pere Ferres que se quedaron en el camino y ahora son una mera sombra que camina, y se mantiene en pie, porque es lo único que puede hacer para resistir y seguir creyendo en sí mismo, aunque cueste la vida en ello.
<p><a href=»https://vimeo.com/216030553″>LOS DESHEREDADOS – THE DISINHERITED TRAILER</a> from <a href=»https://vimeo.com/lauraferres»>Laura Ferrés</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>
Había una vez una joven que se llamaba Julita y quería ser monja, aunque las circunstancias de la vida la llevaron por otros derroteros, y extremadamente diferentes, porque conoció a un joven apuesto con el que se casó y llevaron a cabo uno de sus tres deseos: tener hijos y tuvieron 6, cuatro varones y dos hembras. Luego, más adelante, se hizo realidad su siguiente deseo, tener un mono, que tuvo que devolver porque se volvió muy agresivo, y finalmente, gracias a una herencia familiar que los convirtió en ricos, Julita llevó a cabo su último deseo y en principio el más irrealizable, tener un castillo, un castillo de los de verdad como los de los cuentos, con grandes salones, pasillos interminables, infinidad de alcobas, y sobre todo, todas las paredes llenas de grandes retratos, armaduras de bronce, y demás objetos. Julita es la madre de Gustavo Salmerón (Madrid, 1970) intérprete que lleva más de dos décadas trabajando para directores de prestigio como Medem, Camus, Villaronga o Gutiérrez Aragón, entre otros, que ya había dirigido Desaliñada (2001) cortometraje que se alzó con el premio Goya e innumerables premios internacionales.
Después de aquella experiencia, un día filmando la matanza de un cerdo junto a su familia le vino la idea de filmar a su madre, por su peculiar desparpajo, alegría, y sus ideas filosóficas, sin ningún tipo de complejos y pudor, y demostrando una vis cómica desbordante y contagiosa. Y así, ha hecho desde el año 2002, capturando a su madre en una película en formato 4:3 y filmada en varios soportes como mini-DV, IPHONE 6 y Super 8, donde recoge la visión humana e íntima de su madre y los suyos, a través de fotografías antiguas, videos domésticos de cuando eran pequeños, y las experiencias disparatadas, caóticas y delirantes de una familia muy peculiar. Salmerón se apoya en la búsqueda de unas vertebras de su bisabuela que la familia ha guardado durante más de tres décadas, para mediante este macguffin relatar a su madre, sus hermanos, sus nueras y nietos, y a él mismo, en el laberíntico indescifrable que se ha convertido la casa de sus padres, ya que su madre tiene la manía de guardarlo todo, ya que como explica, los objetos son su vida. Mientras seguimos a los hermanos buscando el “preciado” tesoro, escuchamos a su madre con sus ocurrencias, su naturalidad y una vis cómica interminable que recuerda a aquellos cómicos del cine mudo, haciendo gala de su inagotable verborrea y opinando sobre la película, su casa, sus hijos, su marido, el mono y el castillo, que debido a la crisis y las deudas tienen que dejarlo y vaciarlo por completo, tarea que les llevará a situaciones divertidas y kafkianas.
Salmerón ha construido una película sencilla y honesta, que viaja de forma desestructurada al pasado y al presente, creando un inmenso puzle de imágenes, objetos y recuerdos, que nos descubre a su madre y su familia, su propia memoria, que forman un conjunto que no deja indiferente, en el que todos dicen la suya, y en el que la figura de la madre, al igual que Rafaela Aparicio en Mamá cumple cien años, o la “Mamma” italiana, gira en torno a todos ellos, y se erige como figura matriarcal y todo se envuelve según su criterio y manera de ser, en una mezcla de vida, muerte y filosofía, donde todo se desenvuelve como si estuviésemos en una película de Berlanga, donde todos se mueven en busca de algo, en este caso de unas vertebras, aunque finalmente no acabaran de sentirse del todo bien, aunque sigan juntos o no, y por el camino les pasará de todo, tanto bueno como malo, experiencias que son tratadas desde la comicidad y el esperpento, porque la vida y los deseos de Julita Salmerón no son nada corrientes y de andar por casa, todo lo contrario, ilusiones de toda una vida de una señora octogenaria que rodeada de los suyos, lleva a cabo sus ideas, aunque parezcan estrambóticas, raras y extravagantes, aunque con la ayuda de los suyos, todo parece más fácil, o incluso más llevadero.
Una comedia maravillosa y emocionante, y llena de energía, donde Salmerón, que hace su puesta de largo, realiza un documento íntimo y doméstico de su madre y su familia, pero que acompañado de esa naturalidad, y la presencia de Julita Salmerón, con ese carácter tan transparente y su inmensa vis cómica hacen el resto, convirtiendo la película en un extraordinario retrato y documento sobre las madres de toda la vida, aquellas que pasaron la guerra, el franquismo, y siguieron en pie, con firmeza y valentía, a pesar de todos los problemas y conflictos personales que tuvieron que pasar, convirtiéndolas en unas mujeres de armas tomar, de gran carácter y reinas de su casa, porque al fin y al cabo, la casa de los Salmerón es el hogar que ha construido Julita con sus objetos, sus recuerdos, sus alegrías o tristezas, las cenizas de sus padres, la habitación de las muñecas y sus 125 vestidos, o las vertebras de su bisabuela que seguro siguen ocultas en algún rincón de esa casa llena de objetos y trastos, de todo tipo y valor, llena de hijos e infinidad de cosas que nunca podremos saber y sobre todo, encontrar para descubrir otro aspecto de Julita Salmerón, con esa gracia y salero que destila durante toda la película, sin importarle la cámara, mostrándose como es, explicándonos sus pensamientos, ideas, su experiencia vital, la vejez, y su peculiar entorno, tanto humano como todos esos objetos que son también ella.
Encuentro con Esteve Riambau (Director de la Filmoteca de Cataluña) para presentar el balance del ejercicio correspondiente al 2017 y presentar la programación de 2018. El acto tuvo lugar el viernes 1 de diciembre de 2017 en la sala Laya de la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Esteve Riambau y a su equipo, por su tiempo, generosidad y cariño, y en especial a Jordi Martínez de Prensa de la Filmoteca, por su tiempo, generosidad y amabilidad y cariño.
La ciencia explica que la “Luna roja” o “Luna de sangre” solo se pude ver cuando se produce un eclipse lunar. Un extraordinario fenómeno donde la Luna se coloca justo detrás de la Tierra, quedando oculta del sol. Entonces, la luz solar se proyecta sobre la Tierra, que dispersa la luz azul y verde pero deja pasar la roja por la atmósfera, llegando hasta la Luna, que refleja esa tonalidad. En esa noche, no una cualquiera, en una muy especial, con esa luna omnipresente que dicen que afecta las personas, se van a desencadenar los hechos que nos cuenta la película número 14 de la filmografía de Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) en la que adapta, con su habitual guionista Jorge Guerricaechevarría, como hiciera en 1997 con Perdita Durango y en el 2008 con Los crímenes de Oxford, pero en este caso no se trata de una novela, sino de una película, Perfetti soconosciutti (2016, Paolo Genovese) exitosa cinta italiana que nos habla de siete amigos que se reúnen una noche para cenar y juegan a un inocente y perverso juego que traerá consecuencias imprevisibles y dramáticas. Se trata de que todos coloquen sus móviles en media de la mesa y cada vez que reciban una llamada o mensaje, todos lo tienen que leer en voz alta.
Bajo este decorado, De la Iglesia encierra a sus comensales, amigos todos ellos, en una de esos pisos con conserje, de diseño y alto standing, con una amplia terraza que ofrece unas vistas magníficas de la ciudad. El cineasta vasco le interesa escoger a sus personajes e introducirles en un espacio acotado en el que todos ellos deberán relacionarse, no siempre de la manera más humana, y en muchas ocasiones, generando conflictos terribles que los llevan a utilizar la violencia para conseguir sus fines, que no suelen ser poca cosa. Estamos ante una comedia negra, que como suele ocurrir en las de calidad, aparentemente todos son felices y dichosos, pero solo en apariencia, como demostrará la película a medida que avanza. Nos presenta a unos personajes, tres parejas para ser más exactos, los hay que rivalizan entre ellos y se esconden ciertos conflictos, los otros disputan porque la suegra vive con ellos y se ha creado un cisma doméstico, y los últimos, un añito de casados y deseos de ser padres, lo hacen a todas horas y parecen “mega” enamorados. Y por último, el séptimo pasajero, el amigo que presentará a su nueva pareja, y que no tiene trabajo.
Siete almas que dialogan y comen distendidamente hasta que arranca el juego y reciben el primer mensaje, que claro está, no deja contentos a los implicados. La velada transcurre de sobresalto en sobresalto y cada vez las informaciones que van leyendo son más sucias y terribles, desencadenado los conflictos entre las parejas, donde se destapan demasiados secretos. De la Iglesia conduce con maestría la dosis de comedia ligera que va transformándose en comedia negra no, negrísima, en el que las miradas indiscretas y de enfado pasan a la violencia verbal, luego a algunos golpes de frustración, cuchillos clavados en la mesa con rabia, gritos de reproche e inocencia, correrías entre unos y otros, y desesperación, y sobre todo, las consecuencias terribles de destapar la verdad, cuando el castillo de naipes, impoluto y amable, construido en sus vidas matrimoniales se ve bruscamente caído, porque solo estaba sujeto a los hilos de la comodidad y la rutina. Un buen plantel de intérpretes que se mueve con soltura y gracia en ese macabro juego de identidades, deseos ocultos y frustraciones enquistadas, donde todos desean algo que deben de ocultar por miedo a perder aquello que no les hace sentir bien.
La película provoca la risa, mucha risa, y las situaciones comprometidas, con una trama que busca y consigue esa complicidad con los espectadores cuando conocemos algo que algunos personajes desconocen, y eso nos genera la tensión habitual en estos casos. El realizador vasco ha construido una película para descojonarse de unos pobres diablos que podríamos ser nosotros, cada uno de nosotros, con nuestros móviles donde no sólo nos sirve para comunicarnos, sino para guardar nuestros secretos, y también, nuestras vergüenzas o aquello que no queremos que los demás, ni incluso esa persona que convive con nosotros, sepa de nuestra vida, una vida o miles que se oculta en el móvil, el aparatito de nuestro tiempo, en nuestro baúl de los secretos, de mentiras, y de muchísima más, de algo que se convertido en nuestro fiel aliado, aunque ya sabemos que puede ocurrir si cae en manos ajenas y equivocadas, como nos retrata la película en estos amigos de toda la vida, que acaban convirtiéndose o fingían no darse cuenta, que cada uno de ellos, no solamente interpreta un papel para los demás, sino que, en el fondo, le cuesta saber quién es realmente, sólo el móvil y lo que esconde en él, pude descifrar su vida y todo lo que es, su vida, qué hace, a quién ve.