Entrevista a Patricio Guzmán

Entrevista al cineasta Patricio Guzmán, con motivo del ciclo “Patricio Guzmán, la memòria de Xile”, en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona. El encuentro tuvo lugar el jueves 25 de enero de 2018 en el hall del Hotel Barceló Raval en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a  Patricio Guzmán, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a ECIB. Escola de Cinema de Barcelona, por su amabilidad, generosidad y tiempo,  y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Filmoteca de Cataluña. Balance 2017 y presentación programación 2018.

Encuentro con Esteve Riambau (Director de la Filmoteca de Cataluña) para presentar el balance del ejercicio correspondiente al 2017 y presentar la programación de 2018. El acto tuvo lugar el viernes 1 de diciembre de 2017 en la sala Laya de la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Esteve Riambau y a su equipo,  por su tiempo, generosidad y cariño, y en especial a Jordi Martínez de Prensa de la Filmoteca, por su tiempo, generosidad y amabilidad y cariño.

El botón de nácar, de Patricio Guzmán

12705527_1028679973857624_32083216987786260_nLO QUE NOS CUENTA EL AGUA.

“La actividad de pensar se parece al agua gracias a su capacidad de amoldarse a todo. Las leyes del pensamiento son las mismas que el agua, que está siempre dispuesta a amoldarse a todo”.

Theodor Schwenk

La cinematografía de Patricio Guzmán (1941, Santiago de Chile) está estructurada a través de dos temas fundamentales: el golpe de estado de Chile en 1973 y la posterior dictadura, y la construcción de la memoria de ese período y de su país. En su primera película El primer año (1972), registraba el primer año de gobierno de Allende, y a continuación, realiza La batalla de Chile, un monumental trabajo dividido en tres partes que cuenta los eventos ocurridos entre 1972 hasta septiembre de 1973, cuando el golpe de estado acabó con la democracia. En La cruz del sur, se centraba en la religiosidad de América Latina, El caso Pinochet, sobre el conflicto de extradición del tirano cuando se encontraba en Londres, Salvador Allende, sobre la figura emblemática del político chileno. Una filmografía compuesta por más de una docena de largometrajes, y un buen número de piezas cortas, donde el cineasta chileno ha demostrado una mirada crítica y serena, en la que se ha aproximado a temas complejos de fuerte contenido político y social. Guzmán cuenta sus películas a modo de fábulas, con gran sentido poético, acercándose a lo más íntimo y oculto, a lo que permanece olvidado e invisible a nuestros ojos, y valiéndose de unas imágenes elegantes y con una puesta de escena enorme, las envuelve en cine puro y emocionante, logrando que el documento-suceso trascienda a lo universal e imperecedero.

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En el 2010, arrancó una trilogía que se inició con Nostalgia de la luz, un valioso trabajo filmado en el desierto de Atacama, el lugar más árido de la tierra, donde la cámara de Guzmán observaba a los astrónomos mirando a las estrellas, y a los familiares buscando a sus desaparecidos, para hacer un documento sobre la memoria del cosmos y la tierra, a través de lo humano y lo divino. Ahora, nos entrega la segunda parte con El botón de nácar, donde el documentalista chileno nos sumerge en las aguas de la Patagonia Occidental, en el sur de Chile, en el archipiélago más grande de la tierra, en el que existen unos 74.000 km de costa. Una zona vasta e inabarcable que la película recorre minuciosamente para ofrecer luz a lo que la historia se ha empeñado en borrar y olvidar. Guzmán vertebra su documento a través de dos objetos, dos botones rescatados de la memoria, uno, fue encontrado en la superficie de un raíl oxidado, el único vestigio que resta de los miles de chilenos arrojados al mar durante la dictadura de Pinochet, y el otro, el de Jimmy Button, un nativo que en 1830 recibió como regalo del capitán Fitzroy, un conquistador que le arrebató la memoria, la identidad y su vida. Dos objetos insignificantes que explican la memoria ancestral de esos lugares perdidos y olvidados.

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Un escenario en el que Guzmán se adentra en un viaje como si fuera un explorador intrépido de antaño, y se empeña en sacar a la luz. Se centra en los nativos indígenas que poblaban aquellas tierras de frío polar, en la que apenas había alimento, nos muestra sus rostros, mediante fotografías, también sus costumbres, su cultura, su forma de vida, y cómo se relacionaban con la naturaleza, a la que escuchaban, respetaban y cuidaban, sin olvidar a los descendientes que restan vivos, a los cuales escucha y ofrece su cámara para que den testimonio de su cultura y su lengua. También, registra el testimonio de un poeta, de un letrado, un musicógrafo, todos nos acercan los secretos del agua, lo que descubre y lo que oculta. La película viaje con elegancia y armonía de un lugar a otro, deteniéndose en la belleza de sus paisajes, el sonido de su universo, los accidentes naturales que se producen, y sobre todo, Guzmán nos muestra una memoria perdida y olvidada, una identidad lejana y a la vez, muy cercana, un tiempo en el que las cosas y las personas viajaban a otro ritmo, en otra dimensión, de otra forma. El cineasta chileno nos vuelve a enamorar con su ritmo cadencioso, su voz acogedora nos atrapa sigilosamente, descubriendo la historia que encierra esas aguas que no paran de viajar, en continuo movimiento. Una película que además de desenterrar una parte de la historia que pocos recuerdan, nos enfrenta a nuestro pasado colonialista y destructor, y también, a nosotros mismos, porque conocer nuestro pasado nos hace mirar nuestro presento y futuro, siendo más humildes y humanos.

Nostalgia de la luz, de Patricio Guzmán

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“Pienso que es muy importante incorporar la metáfora y la poesía al cine de contenido, nunca es una contradicción, todo lo contrario. Yo creo que con la metáfora y la poesía tú logras enganchar al espectador y contar una historia de manera más interesante, más indirecta, más misteriosa, que provoca una reflexión de otro tipo”.

Patricio Guzmán

Noche de cine y segunda visita a los cines Zumzeig. Elegimos Nostalgia de la luz (2010), de Patricio Guzmán. El destino ha querido que también sea la segunda vez que vea este maravilloso, certero y poético documental del maestro chileno, la primera vez, porque siempre hay una primera vez, fue en L’alternativa de hace dos años. A parte de que me apetecía muchísimo volverlo a ver en pantalla grande, que es dónde mejor se miran las películas, se añadía que la persona que me acompañaba todavía no la había apreciado en un cine. ¿Cómo empieza esta película? El cineasta sudamericano nos invita a viajar hacía el otro lado, o en este caso, podríamos decir, a otro mundo, porque el desierto de Atacama, situado en Chile, parece un lugar que no pertenece ni se parece a ningún lugar que hayamos visto con anterioridad. En esa vasta tierra, la más árida de todo el planeta, se extiende una superficie de más de 100.000 km2, dónde no se desarrolla ningún tipo de vida animal ni vegetal. En ese imperio de desierto, se hallan los telescopios más potentes del planeta y un buen puñado de los mejores astrónomos que desarrollan allí su trabajo. Unos científicos que observan las estrellas para rastrear el pasado, para averiguar de dónde venidos y hacía dónde vamos, cómo explica el primer entrevistado de la película. Luego, conoceremos a un arqueólogo, que también estudia el tiempo que fue para entender en el que estamos. Unas entrevistas, que conduce el propio director, nos van acercando a un mundo muy lejano para los espectadores, pero que si miramos detenidamente, esta más cerca del que creemos. Pero, ¿Hacía dónde nos quiere llevar Patricio Guzmán con su película? ¿Qué nos quiere contar? También, en ese lugar, en ese desierto, hay un grupo de mujeres anónimas que también buscan, cómo los científicos rastros en el pasado, pero no en las estrellas ni el espacio, sino bajo tierra, unas mujeres que buscan los restos de sus desaparecidos, miles de familiares que la dictadura de Pinochet borró de la faz de la tierra, sepultándolos impunemente lejos de los suyos para que no pudieran ser hallados.  Son mujeres incansables, fuertes, mayores algunas de ellas, que continúan una tarea ardua y agotadora diaria. Luchan contra el olvido y a favor de la memoria. Nostalgia de la luz, nos habla del olvido, de la memoria y de la ausencia, utilizando un ritmo pausado, cómo si nos estuvieran susurrándonos al oído, las imágenes y la voz de Patricio Guzmán nos abrazan suavemente para contarnos algo terrible y demencial, algo que no debería haber pasado, pero ocurrió. Su relato, cómo su cine, es un cine de resistencia, de dar voz a los que ya no están, ofrecer un espacio a los que los buscan, a los que siguen luchando, una batalla feroz y endiablada contra un olvido que pesa y duele y no deja respirar. Tanto los científicos, como estas mujeres son buscadores, unos buscan en las estrellas, y otras, en la tierra, rastrean las cicatrices del pasado para poder seguir hacía delante. El cine de Patricio Guzmán está vertebrado por la memoria, un cine que nos interpela directamente a los espectadores, que nos descubre los horrores de la dictadura de Chile, que nos ofrece luz para que nos acerquemos a un tiempo y lugar dónde para muchos chilenos no existía la luz. Recordar es una obligación, olvidar está totalmente prohibido.