Frágil equilibrio, de Guillermo García López

fragilequilibrio_cartel_caramel_goya_af_7207EL MUNDO AQUÍ Y AHORA.

“Las películas explotan el amor para transformarlo en un negocio. Pero el amor es la evidencia más grande que hay de las cosas vivas. Arriba del planeta. Desde el punto de vista humano, el amor y el odio son primos hermanos. Pero la gran diferencia es que el amor es creador. Empuja por la multiplicación. Y el odio, es francamente destructor, y termina destruyendo al porpio agente que lo practica. Es pariente del egoísmo. Y el amor es pareiente de la solidaridad. Que nos igual a altruismo. Altruismo es doy porque doy. Solidaridad es hoy por ti, mañana por mi. Implica alguna forma de interés que no significa que me retribuya directamente y en lo inmeidato. Pero significa una actitud, que si practico solidaridad es posible que otros la practiques en otras circunstancias conmigo. El ser humano es poseedor de todas esas cosas. Todo está tendido en el banquete de la vida. El problema es qué elegimos”

José Múgica

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 Una de las cosas que más llama la atención de esta película es que nos habla a nosotros directamente, articulando un discurso que interpela directamente a los espectadores, pero no lo hace desde un discurso catastrofista y desmoralizante con la situación del mundo, como suelen hacerlo este tipo de películas, con el fin de invadir las emociones del público, sino que lo construye a través de todo lo contrario, sobre un discurso honesto y directo, interpelando a nuestra responsabilidad, dirigiéndose a nuestros actos más cotidianos, más ordinarios, los que hacemos diariamente. Y lo hace a través de una de las figuras políticas más representativas de los últimos años, José Múgica, el presidente de Uruguay en el momento en que tuvo lugar la entrevista, allá por el 2014, y su discurso, lleno de humanismo, de amor y libertad individual responsable, hacía uno mismo, y hacia todos los seres que compartimos este planeta. Múgica, con su voz serena y enriquecedora, actúa como narrador en este viaje que nos lleva hasta lugares extremos del planeta, donde se producen situaciones en las que el ser humano se enfrenta a sí mismo y a todo aquello que lo rodea.

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El director Guillermo García López (Madrid, 1985) con experiencia en publicidad y en departamentos de dirección en películas de Pablo Berger o Julien Leclercq, entre otros, se ha liado la manta a la cabeza en su primera película, viajando por todo el mundo y filmando diversas situaciones extremas de vida de seres humanos y sus conflcitos, colocando el foco en los contrastes del mundo, desde los habitantes del llamado tercer mundo, que nunca tuvieron nada, pasando por aquellos del primer mundo, que tuvieron y las circunstancias los han llevado a perderlo todo y empezar de nuevo, y finalmente, a aquellos que viven teniéndolo todo y aún así tampoco se sienten satisfechos. El primer punto lo ha localizado en el Monte Gurugú, en Marruecos, a 10 kilometros de la valle fronteriza con Europa, un lugar donde se acinan cientos de africanos en condiciones de miseria. García López los filma desde la proximidad, escuchamos su cotidianidad que consiste en alimentarse como pueden, protegerse del intenso frío de las noches, no enfermarse, y prepararse para asaltar la valle de noche y conseguir su ansiado objetivo de entrar en Europa. El segundo lugar es España, y nos muestra a varias familias que han sufrido la crisis en primera persona, personas que han perdido sus trabajos, sus casas, sus ahorros, su vida, y cómo se agrupan y luchan para volver a la vida y sentirse personas. Por último, la película nos lleva al otro extremo de lo que hemos presenciado, a la megalópolis de Tokyo, donde conocemos las vidas de dos ejecutivos de grandes corporaciones que viven en la opulencia, adictos al trabajo y al consumismo más exacerbado, asfixiados por un trabajo y una vida que no les llena, y les produce un vacío infinito.

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García López muestra los extremos del mundo, ha escogido algunos, hay muchos más, aunque la cinta se centra y explora estos, y lo hace desde la cotidianidad, no lanzado discursos aleccionadores, posándose en la guía que proporciona el discurso de Múgica, que profundiza más en la idiosincracia humana, y en todo aquello que tenemos, que nos hace ser como somos, únicos como especie, con nuestras cosas bellas, y nuestras cosas oscuras, no realiza un discurso simplista ni maniqueista, ni mucho menos, explica las cosas como son, explorando todo lo que tenemos a nivel de recursos y medios, y todo aquello que no somos capaces de vivir como especie, la sinrazón de un sistema económico que exclaviza y nos hace más infelices cada día, en el que cambiamos lo más preciado que tenemos, la vida y nuestro tiempo, por un trabajo que no nos llena, y bienes materiales que sólo nos ilusionan, porque en el fondo, tampoco nos hacen felices. Una obra que diagnostica el estado de las cosas, que nos habla del mundo aquí y ahora, y nos invita a reflexionar sobre las situación que entre todos hemos generado, y las causas que nos han lelvado a este punto, y sobre todo, investiga en las herramientas que tenemos para revertir esto y cambiar el rumbo hacia un crecimiento más humano y sostenible con el planeta.


<p><a href=»https://vimeo.com/188185155″>Fr&aacute;gil Equilibrio – Trailer (Castellano)</a> from <a href=»https://vimeo.com/sintagmafilms»>SINTAGMA FILMS</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Las inocentes, de Anne Fontaine

cartel_70x100_las_inocentes_low_2881FE DESPUÉS DE LA BARBARIE.

“La fe son veinticuatro horas de dudas y un minuto de esperanza»

La película se abre de forma brutal y dolorosa a la vez, en la que vemos a una joven novicia atravesar casi sin aliento un bosque nevado para llegar a un pueblo, donde un niño de la calle la llevará hasta el dispensario de la Cruz Roja francesa que atiende a los soldados franceses para repatriarlos a casa. Allí, explica a una joven médico que una novicia está de parto. Después de dudar en ir o no, Mathilde, la joven médido acude a su ayuda. En ese instante, conoceremos la historia a través de los ojos de Mathilde, la joven médico que asistirá a la monja en el parto. Un relato que nos trasladará a un convento de monjas benedictinas cerca de Varsovia (Polonia) en diciembre de 1945. Un lugar aislado y completamente cerrado al exterior, que esconde tras sus paredes un terrible secreto que descubriremos a través de la mirada de Mathilde y su relación con las monjas y la fe que éstas procesan.

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La directora Anne Fontaine (1959, Luxemburgo) que tras un período dedicada a la interpretación, saltó a la dirección en 1992 con Les histoires d’amour finissent mal, a la que siguieron obras destacadas como Limpieza en seco (1997) en la que un matrimonio aburrido cambia su vida después de conocer a un travesti, Nathalie X (2003) en la que una esposa engañada contrata a una prostituta para vengarse de su marido, con un reparto de órdago: Gerard Depardieu, Fanny Ardant y Emmanuel Béart. En Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel (2009) en la que Audrey Tautou interpretaba los inicios de la diseñadora, en Dos madres perfectas (2013) se centraba en dos amigas que se enamoraban del hijo de la otra, y en Primavera en Normandía, del año pasado, se centraba en un señor (magnífico Fabrice Luchini) enamorado de la literatura de Flaubert y Madame Bovary que encontraba su materialización en su joven vecina inglesa. Ahora, Fontaine, basándose en las experiencias reales de la médico Madeleine Pauliac y su experiencia en un convento cuando atendió a monjas embarazadas por soldados soviéticos, nos descubre un secreto atroz que ocultan las monjas, planteándonos un relato sobre las dudas sobre la fe y la maternidad, en la que sigue interesándose por los temas que estructuran su filmografía, como los agentes externos irrumpen en la tranquilidad y la paz “aparentes” de una casa o lugar aislado,  y terminan provocando una catarsis.

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La mirada de Fontaine, serena y pausada, se centra en las emociones de la propia Mathilde y de las monjas, y cómo aquello que se oculta saldrá a la luz y todo el proceso doloroso en el que se ven inmersas. A través de la sobriedad y la desnudez de la imagen, obra de la cinematografa Caroline Champetier (tercera colaboración con Fontaine, además de haber trabajado con nombres tan ilustres como Lanzmann, Carax o Von Trotta, y Beauvois en De dioses y hombres, del 2010, que también planteaba una historia con similitudes con Las inocentes, en las que unos monjes en el norte de Argelia se mantenían firmes a sus feligreses a pesar de la amenaza de la guerra) Fontaine narra un relato durísimo y asfixiante, aunque la directora francesa huye de convencionalismos y envoltorios emocionales, nada de eso, su propuesta viaje por otros caminos, centrándose sobre todo en la relación que establecen Mathilde y Sor María, y los conflictos internos de cada una de ellas y las demás, que arrecian en la película, y la oposición de la Madre abadesa que, a toda costa, intenta ocultar y mantener el secreto de la vergüenza, que nadie tenga conocimiento del terror que sufrieron las monjas.

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Fontaine construye un relato casi sin música, en el que prevalecen las dudas de sus personajes, con la joven Mathilde que ayuda al médico jefe, con el que mantiene una relación sin compromiso, en su viaje iniciático en el que entenderá el sufrimiento y lel dolor de las monjas después de todo lo que les ha ocurrido, y la actitud de las monjas, tanto de la abadesa, que trata de ocultar una verdad que se niega a asumir, Sor María y las complejas emociones que la atraviesan, y las demás monjas, cada una con sus diversas posturas de afrontar la violación, el embarazo y los hijos que tendrán. Una película austera en su forma, pero complejísima en su contenido, que nos desvela uno de los casos más atroces que vivieron y viven muchas mujeres en zonas de conflicto, perpetrados por los que presumiblemente viene a liberarlas, unos soldados que se convierten en sus verdugos (las mismas características de denuncia sobre la memoria histórica bullían en Katyn, de Andrzej Wajda, en la que nos explicaba una atroz matanza de intelectuales polacos por parte del ejército soviético). Fontaine vuelve a demostrar su maestría en la composición de personajes, y en el detalle de sus emociones, siempre complejas y difíciles, en una atmósfera contundente de miradas y gestos, capturando no sólo las angustias ocultas de cada uno de sus criaturas, a las que nunca juzga, sólo comprende y filma, sino la vida cotidiana del convento, con sus lecturas, paseos, costuras y cantos, acercándose a otros relatos como la sobriedad y la sublime narración de Los ángeles del pecado, de Bresson, o el acercamiento formal de Alain Cavalier en Thérèse.

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Un gran plantel de intérpretes entre las que destaca Lou De LaÀge como Mathilde, que compone un personaje idealista, aparentemente inocente que hará frente a su valentía, y las actrices polacas Agata Buzek y Agata Kulesza (vista en Ida) y la presencia de Vincent Macaigne como Samuel, ayudan a enfrentarnos a una historia sin concesiones, pero tremendamente humana y sencilla. Una retrato femenino emocionante y desnudo, oscuro y penetrante, (muchos integrantes del equipo artístico y técnico son mujeres)  que se acerca de forma humanista y valiente a un caso bárbaro, unas mujeres que han sufrido violaciones y brutalidad, pero en el que destacan la humildad y la entereza de unas mujeres que intentan sobrevivir después de todo, con sus conflictos internos, sus dudas sobre su fe en Dios, pero sabiendo que no se encuentran solas, que tienen a una compañera al lado, que las escuchará y sobre todo, les hará sentir integrada como una más, a través del dolor que todas han sentido, y la alegría de aceptar que serán madres y tendrán que mirar y cuidar a sus hijos, sin reproches ni quejas.

La comuna, de Thomas Vinterberg

la-comuna-cartel-a4-jpg_rgbLA UTOPÍA CUESTIONADA.

Érase una vez a mediados de los setenta al norte de Copenhague, un matrimonio de intelectuales, Anna (presentadora de TV) y Erik (arquitecto) y su hija adolescente Freja, heredaron un viejo caserón familiar. Debido a los grandes gastos que comportaba la casa, decidieron invitar a su amigo  díscolo Ole a vivir con ellos, luego llegó un matrimonio joven hippie con su hijo enfermo. Más tarde, una joven de vida sexual movida, y finalmente, un inmigrante con problemas de dinero. Y todos ellos, cada uno con sus excentricidades, pensamientos e individualidades comenzaron a vivir juntos, formando una gran familia, llena de amistad y amor (en la que hay sexo sensual y explícito, pero en grupo) en el que debatían y votaban todas las cuestiones de convivencia, aunque ninguno de ellos esperaba que todo aquello que tenían, lo que sentían y sobre todo, lo que vivían, se podría poner en peligro de manera tan sencilla, en el momento que viviesen una situación ajena a todos ellos, un conflicto con el que no tendrán más remedio que convivir, algo diferente que los pondrá a prueba, quizás demasiado.

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El nuevo trabajo de Thomas Vinterberg (Copenhague, Dinamarca, 1969) se basa en sus experiencias personales cuando vivió durante 12 años (desde los 7 a los 19) en una comuna, que después convirtió en una obra de teatro llamada Kollektivet, escrita por Morgens Rukov y él mismo, y ahora, en un guión escrito junto a Tobias Lindholm (con el que ya escribió las excelentes SubmarineLa caza). Vinterberg que se lanzó al panorama internacional cinematográfico con Celebración (1998) nacida bajo el amparo del Movimiento Dogma, auspiciado por Lars Von Trier, a la que siguieron algunas películas de desiguales resultados como It’s all about love (2003) o Querida Wendy (2005) ambas rodadas en EE.UU., pero volvió a demostrar su valía con densos dramas bien filmados como Submarino (2010) o La caza (2012), y su reciente trabajo, la muy conseguida Lejos del mundanal ruido, del año pasado, que adaptaba una novela de Thomas Hardy, que a su vez había adaptado John Schlesinger en el 67.

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El realizador danés con La comuna, vuelve a los temas que estrucuturan su filmografía, como los conflictos mínimos que se producen en el seno familiar o en comunidades pequeñas. Sus películas recogen las diferentes posturas morales que adoptan cada uno de sus personajes, y como esos problemas acaban resquebrajando la aparente tranquilidad que reinaba en el lugar hasta ese instante. Vinterberg construye una película que se inicia de forma tranquila, la “familia” , se ama, se entiende, se divierte, se bañan en pelotas todos juntos, confraternizan, viven con naturalidad e intensidad su nueva vida en todos los sentidos, en las que se sienten felices, con amigos y tranquilos, y superan con serenidad los problemas a los que va enfrentando su convivencia. Las dudas que acechaban a Erik en un principio quedan disipadas en el momento que viven la experiencia de vivir todos con todos, y además, ese estado de felicidad comunitaria contribuye a hacerle cambiar la propiedad del inmueble, y pasarlo a nombre de todos. Toda esta felicidad cambia, cuando Erik se enamora de Emma, una de sus alumnas. Este elemento ajeno, que viene en un principio a ser uno más, a convivir con todos, acaba siendo demoledor para la idea de la comunidad. Es en ese momento, cuando la película adquiere todo su significado, en los que los principios de libertad y compromiso comunitario se ponen en cuestión por los propios que lo alababan, y dejan paso a cuestiones más emocionales para los que no existe control ni razonamiento.

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Vinterberg nos propone dos películas, o podríamos ser más justos diciendo que nos invita a la reflexión a partir de dos situaciones, la primera, nuestro punto de vista a la idea de comunidad, de convivencia con el lema todo es de todos, bajo la forma de una comedia ligera y divertida, y seguidamente, con la llegada de Emma, ese elemento externo que viene a plantear una nueva situación, en la que nos explica, bajo un drama íntimo en el que sobresalen las emociones de cada uno de los implicados, lo que en un instante Anna cree como un idea excelente de convivencia con su marido y la amante de éste, como una idea de libertad en la que el amor libre se comparte y se acepta, acaba siendo una tortura para ella, la persona que dio origen a la idea de comuna, se siente rota y depresiva, y en una situación de destierro en su propia casa. La idea de comunidad y libertad, se ve invadida y resquebrajada por esta situación, y acaba absorbiendo a los implicados, maniatados en un conflicto que ni deseaban ni mucho menos esperaban.

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La maestría de Vinterberg en su manera de profundizar en conflictos humanos y cuestionar las ideas que parecían inamovibles de sus personajes, sin juzgarlos en ningún momento, simplemente narrando desde el distanciamiento, sin tomar partido, capturando todos los puntos de vista, contribuyendo a analizar de forma contundente e íntima las necesidades de cada uno de ellos, y la manera que tienen de reaccionar ante semejante entuerto. El plantel de intérpretes, ya dirigidos algunos en otras ocasiones por Vinterberg, encabezados por los convincentes y naturales Trine Dyrholm (enorme en su composición y alma de la película) y Ulrich Thomsen, entre otros, ayuda de manera extraordinaria a hacer creíbles los complejos personajes y las diferentes situaciones en las que se ven inmersos. El conflicto que  nos plantea el cineasta danés nos interpela directamente, poniendo en duda las ideas que teóricamente o en estados de placidez pueden funcionar, pero con cambios o agentes externos que vienen a materializar esas ideas, éstas no aguantan la presión emocional de los sujetos implicados, y están condenadas a cambiar de postura o inevitablemente, a desaparecer. Vinterberg nos sitúa en aquellos años 70, años de libertad, de ideas, de pensar y vivir un mundo diferente y más humano, aunque quizás lo que nos quiere proponer el director con su película, o al menos una de las ideas, es que quizás eran demasiado inocentes para prever todos los conflictos que podrían llegar, o como plantea uno de sus personajes, la era del amor se ha terminado y ahora vendrá otra, que ha de ser diferente, y probablemente, no sea tanto de nuestro agrado.

El tesoro, de Corneliu Porumboiu

eltesoro_cartel_70x100-21SUEÑOS ENTERRADOS EN UNA CAJA DE METAL.

A principios del siglo XXI, un nutrido grupo de cineastas rumanos como los Cristian Mungiu, Radu Muntean, Cristi Puiu, Calin Peter Netzer y el propio Corneliu Porumboiu, entre otros, renovaron la cinematografía rumana con una mirada que profundizaba sobre su memoria más reciente, centrada en los últimos años de la dictadura comunista de Ceaucescu, su caída, y los posteriores años que trajeron la ansiada libertad, que trajo más sombras que claros. Un cine formalmente cuidado, minimalista, seco, sin concesiones, comprometido socialmente y a nivel político, y que goza de éxito fuera de sus fronteras, con grandes premios en festivales internacionales de prestigio. Un cine de fuerte arraigo social que explora los condicionamientos morales de una población muy machacada que, comenzaba a ir hacia adelante, aunque muy lentamente, después de muchos años en la más terribles de las oscuridades.

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Porumboiu (Vaslui, Rumanía, 1975) es una de sus figuras más exponentes de este nueva remesa de autores con títulos como 12:08 Al este de Bucarest (2006), centrada en dos personajes que recordaban los años de la revolución, en Politist, adjectiv (2009), planteaba un conflicto moral de un policía que se negaba a detener a un joven por ofrecer droga, y en When evening falls on Bucarest of Metabolism (2013), seguía la difícil situación de un director de cine en pleno rodaje y la filmación de una secuencia, en The second game (2014) rescataba, junto a su padre, la memoria y los recuerdos personales a través de un partido de fútbol de 1988. En este nuevo trabajo, Porumboiu, que filma en digital por primera vez, se adentra en un relato extremadamente sencillo, en el que Costi, de vida convencional y algo gris, junto a su mujer e hijo, un hijo al que le cuenta cada noche la historia de Robin Hood, recibe una propuesta insólita de su vecino, Adrian (que pasa apuros económicos graves por culpa de su hipoteca) que consiste en viajar a su pueblo familiar y allí buscar un tesoro escondido en el jardín que enterró su bisabuelo cuando entraron los comunistas, pese a las reticencias iníciales de Costi,  finalmente accederá a la misión.

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Porumboiu centra casi toda su película durante la noche en el jardín, cuando los tres hombres (al que se suma un especialista en detectar metales) emprenden la búsqueda ansiada del tesoro, que ayudará a uno a pagar sus deudas, y a Costi a demostrar a su hijo que él también puede ser un héroe que reparta dinero entre los pobres como Robin Hood. El cineasta rumano va dilatando el tiempo de forma ejemplar, lo que al inicio parecía una empresa fácil, se va complicando ya que el agujero cada vez es más profundo y no hay rastro del tesoro. Además, si en un primer tramo, la narración se basa en primeros planos y su contracampo, cuando aterrizan en el jardín, la cámara se abre, y la forma se abraza a los planos generales y el punto de vista de Costi, que es el personaje que nos guía por la película. Poromboiu sigue preocupado por cuestiones como la historia, en que la casa, y la historia que encierra, le sirven como excusa para hablarnos de  más de siglo y medio de memoria rumana, porque se remonta hasta la revolución de 1848, y de ahí en adelante, la segunda guerra mundial con los nazis ocupando la casa, luego, con la llegada de los comunistas que la convirtieron en un jardín de infancia, y más tarde, con la caída de Ceaucescu, que fue un local de striptease, para finalmente volver a propiedad de la familia de Adrian. El tono minimalista, y la luz tenue, presidida por ese foco que deslumbra, en la que nos convoca a una historia sobre la memoria, en que el presente, difícil y triste, dominado por las penurias económicas, sirve como telón de fondo para investigar un pasado convulso que quizás ayude a impulsar en las dificultades actuales.

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Los personajes de Porumboiu se mueven por sus intereses y bajos instintos, la caza del tesoro está por encima de todo, la ansiada libertad en forma de democracia, no ha ayudado a vivir mejor, a tener una vida más digna, y entonces, les ha llevado a moverse como hienas en busca de una ilusión en forma de tesoro que acabe con sus dificultades. La tensión dramática de la película va in crescendo, pero de forma sutil, las horas de la noche van cayendo encima de cada uno de los personajes, y su paciencia se va resquebrajando, las discusiones y hostilidades entre los distintos personajes provocan esos silencios incómodos y el malestar por el trabajo de cavar y desesperarse por no encontrar nada de lo prometido. Poromboiu se centra en una trama de individualismos en las que juega con los espectadores en una especie de thriller social y costumbrista, con toques de comedia del absurdo, y vuelve a plantearnos una fábula donde ahonda en el conflicto moral, como en sus anteriores películas, que no sólo recuerda a grandes clásicos como El tesoro de Sierra Madre, del genial Huston, sino que ofrece una radiografía oportuna y crítica de la Rumanía actual, en la que todo lo soñado ha quedado reducido a unos cuantos bienes materiales carísimos en los que la vida ha quedado relegada, como lo muestra el elocuente y revelador cierre de la película.

El perdido, de Christophe Farnarier

elperdido_v3_72dpiLA LLAMADA DE LO SALVAJE.

La película arranca con un amanecer en pleno epicentro del pirineo catalán, un hombre subido a una moto y una escopeta colgada, circula camino arriba, rasgando el silencio sepulcral que reina en la placidez de la montaña. Llega a  una cabaña, se detiene y se aproxima hacia un árbol donde se apoya. Se apunta con el arma para acabar con su vida, pero después de unos instantes, no se atreve y desiste de su empeño. Se levanta y se pierde hacia el interior de la montaña. De esta forma tan contundente y enérgica se abre el nuevo trabajo de Christophe Farnarier (Marsella, Francia, 1963) que ha sido cinematógrafo de Albert Serra y de Lluís Miñarro, y autor de una filmografía muy interesante que arrancó en el 2008 con El somni, película que abordaba el último viaje del pastor Joan “Pipa” por los montes guiando su gran rebaño, luego siguió con La primavera (2012), en la que se adentraba en la figura de Carmen, una campesina y su familia. Ahora, y siguiendo con la naturaleza como paisaje atávico y libre que estructura su mirada, vuelve a centrarse en un personaje que deberá enfrentarse a sí mismo y en un entorno hostil, un paisaje natural con sus formas, sus cambios y sus elementos en constante cambio.

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Farnarier toma como referencia la vida real de un campesino andaluz que estuvo 14 años viviendo por voluntad propia en las montañas, aunque hay se acaban las similitudes, la propuesta de Farnaier se encamina pro otros derroteros. Su película abandona todo elemento verbal, es una película sin diálogos, para centrarse en la figura humana (interpretado de forma ejemplar por Adri Miserachs, sin ninguna experiencia previa y amigo del director) y en su cotidianidad más elemental, de espíritu en total libertad con la naturaleza, la cámara lo sigue ininterrumpidamente, no vemos a otra persona durante todo el metraje de la película, y sólo otro ser vivo, la inclusión de un perro. El director francés pero afincado en Banyoles, tampoco emite ningún juicio psicológico ni motivación de su personaje, sólo conocemos, y tomando el arranque como medida, que viene de algún lugar oscuro, ya que tiene intención de suicidarse, pero, a partir de ese momento, no sabremos nada de su pasado, sólo su inmediato presente, y su capacidad para sobrevivir en la naturaleza y convertirse en uno más.

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Farnarier filmó su película alrededor de un año, siguiendo con naturalidad y firmeza los pasos de su criatura, y cómo iban afectando los cambios de los diferentes elementos y las estaciones que se iban produciendo. La película abandona toda clase de artificios cinematográficos, se impone la atmósfera natural y agobiante del bosque y las montañas, en que el silencio del bosque se apodera del ambiente, solo roto por los sonidos propios provocados por los trabajos y las acciones del hombre, en la que prima la luz natural y la cámara en mano, filmando tomas largas y de detalle, consiguiendo esa cercanía que describe con minuciosidad la experiencia/aventura de este hombre de una forma penetrante y humana, muy visceral y orgánica, como nos contaron Henry David Thoreau en su magnífico libro Walden, la vida en los bosques (1854), en la que retrataba dos años de vida en una cabaña en el bosque, del que la película suscribe muchas de las enseñanzas y experiencias de su aventura, y las novelas de Jack London, que enfrenta al hombre con su vertiente más primitiva y salvaje, enfrentándose a su entorno natural y su forma de sobrevivir, recuperando los orígenes perdidos por el mundo civilizado.

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Farnarier consigue transmitirnos la humanidad de su hombre, traspasando no sólo su fisicidad, sino su interior, un espacio en el que a través de sus movimientos y su trabajo diario logramos introducirnos de la forma más natural y sencilla, sin remarcarlo a través de la palabra, sólo apoyado en sus tareas cotidianas. La película respira el espíritu de Robert Bresson, en su capacidad de mostrar lo profundo a través de lo más sencillo y ordinario, sin necesidad de explicaciones innecesarias, Farnarier opta por filmar con detalle y paciencia esos trabajos, capturando el movimiento de las manos trabajadoras que rasgan la piel del jabalí, derriban los árboles para construirse su hogar, preparan el fuego, prueban los utensilios que va encontrando en casas abandonadas (mostrando el éxodo de los habitantes a la ciudad dejando los lugares rurales vacíos y en ruina) y cogen las hierbas comestibles que se cruzan en su camino, etc. Un viaje introspectivo y humanista que avanza hacia delante, sin detenerse pero sin prisa, con otro ritmo, pausado y con sublime serenidad, disfrutando y viviendo intensamente cada momento. Una película que arranca como un viaje de la aventura de la humanidad, iniciándose desde los orígenes, recorriendo la experiencia del hombre, desde la caverna (como nos explicaba Platón) para lentamente, avanzando hacia la naturaleza y a convivir en ese escenario, valiéndose por sí mismo, alejado de toda civilización, huido de todo aquello que para él ha perdido todo su sentido, en una forma de empezar de nuevo, de renacer, reconstruirse o morir para volver a nacer, pero ya en un entorno natural.

La substància, de Lluís Galter

documentallasubstanciaAL OTRO LADO DEL ESPEJO.

En la pequeña población de Torroelles de Llobregat, se alza “Catalunya en miniatura”, el parque temático más grande del mundo, en el que en sus 25000 metros cuadrados se exponen más de 100 maquetas de réplicas de monumentos de Cataluña. La segunda película de Lluís Galter (Figueres, 1983) navega entre el original y la réplica, entre la realidad y la mentira, entre el Cadaqués de Girona y el Cadaqués chino, llamado Kadakaisi. Galter que ya demostró sus credenciales como director con su primera película Caracremada que, a través de una forma entre la ficción y el documental, indagaba en los últimos días de uno de los maquis más emblemáticos de los pirineos. Aquí, Galter vuelve a las preocupaciones que ya se vislumbraban en aquella película, el hombre contra su entorno, el individuo en lucha fratricida sobreviviendo en un paisaje hostil que lo anula convirtiéndolo en invisible.

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Galter nos habla de los dos universos, y lo hace centrándose en el componente humano, en Cadaqués, conocemos su entorno a través de la palabra y los recuerdos de Joan Manuel Tajadura, un habitante de la zona que nos habla de su memoria, de lo que fue el pueblo y en lo que se ha convertido, un lugar turístico amenazado por la masificación de visitantes. Y después, Galter nos filma su contrapunto, el reflejo del espejo, la réplica china, y nos la muestra siguiendo los pasos de Tingting, una joven china de Xiamen, situada al sudeste de China, que tiene comprada una casa en Kadadaisi (el Cadaqués chino). A través de esos dos universos, esos dos ambientes, esos dos estados de ánimo, Galter muy hábilmente, traza su mirada, convirtiendo su película en un tercer estado imposible, y sólo posible en su obra, en un viaje parecido como el que hacía Alicia cuando cruzaba el espejo y se adentraba en un mundo en el que ya nada era como lo había visto, aunque seguía manteniendo ese espíritu del otro lado, un mundo que mantiene a los dos Cadaqués, en una forma cambiante y de ensoñación, en un universo paralelo donde convergen los dos espacios, creando un nuevo ambiente en el que todo se mezcla, se confunde y ya nada parece tener sentido, o quizás, mantiene todo el sentido posible, y sólo una mezcla de los dos, una especie de simbiosis que crea un nuevo paisaje que convive con los otros dos.

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Galter nos hace reflexionar sobre temas como la memoria, la identidad, la realidad o el tiempo, sobre la ferocísima explotación capitalista de los entornos, y como van cambiando de forma vertiginosa transformándose en otras cosas, artificiales e inhumanas, que acaban convirtiéndose en copia de la copia y así, sucesivamente, algo así como ciudades temáticas en las que todas se parecen demasiado, como si siempre fuesen la misma. En el que al final, personas como Tajadura (que recuerda al señor de los encantes que también almacenaba objetos en la excelente película Mercado de futuros, de Mercedes Álvarez) almacenan un archivo de imágenes y objetos, en el que en un futuro compondrán una valiosísima memoria para conocer la identidad de los lugares que desgraciadamente el progreso ha borrado y ya no recordamos cómo eran.

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Una película que nos habla sobre nosotros, de dónde venimos y quiénes somos, en el que nuestras ciudades acabarán siendo como muestran en The World, de Jia ZhangKe, un mundo de miniaturas frío y desierto, en el que sólo somos un pálido reflejo de nosotros mismos, en el que ya no nos identificamos con nada y menos con nuestro espacio, nuestro paisaje, tan cambiante y deformante que ya no reconocemos, ni nosotros nos reconoceremos en él. Quizás la substancia de la que nos habla Galter (que nacía de una reflexión del escritor Josep Pla sobre tres cosas – el viento, la cocina de pescado y las fiestas- que formaban la identidad de su país) habrá que redescubrirla nuevamente, profundizar no ya en el paisaje que ha perdido su identidad y lo que era, sino en nuestro interior, en nuestra memoria, como hace Tajadura, que aunque sea una misión suicida e imposible, que parece inútil, ahora, ya veremos en el futuro, igual que la misión de Caracremada intentando derribar las torres de alta tensión, la función de alimentar el archivo se convierte en ese paisaje interior que nos sigue relacionándonos con nuestro entorno, aunque sea un puñado de tierra, una fotografía amarillenta, o la única cabaña vieja de pescadores que todavía sigue en pie, manteniendo su espíritu indomable, como Tajadura, Caracremada y otros.

Cinema Novo, de Eryk Rocha

cinema-novo-poster-hightMEMORIA DE UN CINE, DE UN PAÍS Y SU TIEMPO.

«Hay un acuerdo secreto entre las generaciones pasadas y la actual. La Tierra nos esperaba. Igual que todas las generaciones que nos precedieron, hemos sido dotados con un sutil poder mesiánico, un poder que el pasado reclama».

Walter Benjamin.

“Donde quiera que haya un realizador, preparado para hacerle frente a la comercialización, la explotación, la pornografía y la tiranía de la técnica, hay el espíritu viviente del Cinema Novo. Donde quiera que haya un realizador, de cualquier edad o formación, listo para poner su cine y su profesión al servicio de las grandes causas de su época, habrá el espíritu vivo del Cinema                                                                                                         Novo».

                                                                                            Glauber Rocha

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El arranque de la película, además de ser un derroche de energía y movimiento humano, en el que observamos diversos fragmentos de películas en las que vemos a personas corriendo por todo tipo de lugares, tanto urbanos como rurales, personas como buscando algo, o huyendo de algo, siempre hacia delante, sin detenerse, imágenes que definen el espíritu que recorría a los autores del “Cinema Novo”, la corriente cultural, política y revolucionaria que surgió en Brasil a finales de los 50 y principios de los 60, un movimiento que, influenciado por el cine soviético de Eisenstein, el neorrealismo italiano, los japoneses Kurosawa y Ozu, y el cinema vérite, andaban en la búsqueda de nuevas imágenes, libres y revolucionarias que ilustrasen los problemas sociales del país, así como su idiosincrasia y su cultura. Imágenes nuevas y diferentes, que filmasen la realidad del país, sus gentes, y sus formas de vida, imágenes que traspasaron las fronteras, y se vieron en todo el mundo, imágenes filmadas para promover conocimiento, ideas y reflexión sobre el mundo más cercano, el que vemos cada día.

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El cineasta Erik Rocha (Brasilia, Brasil, 1978) hijo de los cineastas Glauber Rocha (uno de los más significantes miembros del “Cinema Novo”) y Paula Gaitán, que lleva más de una década haciendo cine social, ha construido una película invocando aquel cine, y no lo ha hecho desde la lectura del presente, sino que ha lanzado su mirada a la memoria de aquel movimiento, rescatando imágenes de aquellas películas, de los Glauber Rocha, Nelson Pereira dos Santos, Ruy Guerra, Carlos Diegues, Leon Hirszman, David Nieves, Joaquim Pedro de Andrade, Gustavo Dahl, entre otros, y mezclándolos con entrevistas y testimonios de los propios realizadores filmadas en la época, consiguiendo un documento que no sólo nos habla de aquel cine y su tiempo, sino que nos interpela directamente a los espectadores actuales y reflexionaba sobre las causas de aquel espíritu que cine artístico y político, y sobre todo, la vigencia en la actualidad de todo aquello. En un riguroso y extenuante trabajo de found footage, de rescate de imágenes, en las que hace un brutal, interesante y profundo recorrido por todos los aspectos, tanto artísticos como emocionales, de un cine que consiguió remover conciencias, articular discursos sociales y políticos, e investigar sobre el medio cinematográfico y su representación, construyendo imágenes que hablaran de su país desde la sinceridad y dando protagonismo a las clases sociales invisibles y oprimidas.

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Rocha cimenta su película desde la memoria de unos cineastas y su lenguaje cinematográfico, no cae en la nostalgia de elevar el pasado porque si, sino que lo mira con respeto y admiración, extrayendo todas las enseñanzas que nos ha dejado aquel movimiento en el cine actual, provocando un discurso necesario y vital que no sólo nos hace cuestionarnos la verdadera naturaleza de las imágenes, sino que nos hace preguntarnos sobre su significado y la forma en la que son producidas. Rocha nos hace viajar en el tiempo, nos interpela con aquellas imágenes construyendo una propuesta que, no sólo resulta didáctica, porque nos rescata cineastas olvidados que quedaron eclipsados por la popularidad de otros, o su cine no alcanzó la internacionalidad o el empuje necesarios, sino que también, indaga en el tiempo que fueron ideadas, en la historia de su país, y la ruptura de aquel movimiento cooperativista y social, provocado por la dictadura, que los separó, dejando el movimiento cinematográfico aislado. La película hace un recorrido inmenso por todas aquellas imágenes, creando su propia narrativa que consigue que las imágenes dialoguen entre ellas, y también, con nosotros, creando una nueva dramaturgia que evidencia que el cine y sus imágenes no pertenecen a ningún tiempo, sólo a uno imaginario o soñado por el de la mirada del espectador.

María (y los demás), de Nely Reguera

24a71575-maria-cartazVIVIR SU VIDA.

María tiene treinta tantos y trabaja en una editorial, aunque le encantaría ser escritora (pero es incapaz o tiene miedo de acabar su libro, al que apenas le queda un párrafo), también, es el pilar de su familia, después de la muerte de su madre, se ha convertido en la luz que ilumina a su padre, al que ha cuidado en su dura enfermedad, y a sus hermanos. Sentimentalmente, tampoco le va muy bien, se acuesta con alguien, aunque ella está ilusionada, el otro parece que no está tan encantado. Su vida vive para los demás, ella ha guardado demasiados cosas en los cajones, y ahora parece ocuparse para no tener tiempo para abrirlos, ella, hace, va y viene, y tiene mil cosas en la cabeza, pero las que de verdad importan, las que tienen que ver con su vida, no son su prioridad, las va dejando, puede que por miedo, o porque es más fácil ocuparse de los demás que de uno mismo.

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La puesta de largo de Nely Reguera (Barcelona, 1978) se centra en la mirada de María y sus conflictos internos (ya demostró su talento con sus cortometrajes, y la preocupación sobre las emociones y sus contradicciones, en Ausencias (2002) trabajo de fin de carrera en la Escac, donde se graduó, exploraba las carencias de diferentes personas, en Pablo (2009) planteaba una historia sobre la esquizofrenia de forma singular). Ahora, se detiene en María, una joven independiente, que vive en el norte, más concretamente en Galicia (Reguera tiene raíces gallegas en su familia paterna) parece hacer muchísimas cosas en su vida, aunque preocupada en otra vida, en aquella que nunca quiso vivir, en la que esquivó y ahora no se atreve a cambiar de dirección y empezar en otro sentido. La aparición de Cahita, la enfermera simpática que atendió a su padre y ahora se ha convertido en su novia, derrumba, en cierta manera, esa vida de apariencias y ausencias que se ha construido falsamente a su alrededor.

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Reguera sigue a su antiheroína desde la distancia, dejando al espectador que tome la palabra, que sea el quién saque sus propias conclusiones, inicialmente con tomas largas e inquietas, escenificando la propia existencia de su protagonista, para luego reposar la cámara y seguir a María desde la serenidad, investigando las emociones que se van provocando. Reguera plantea una comedia, una comedia aparentemente ligera, con apenas sobresaltos ni conflictos muy profundos, aquí el conflicto es leve, casi imperceptible, la aparición de Cachita desborda un vaso que ya estaba vacío de contenido.  María choca con su familia, sus amigos y ese con el que se acuesta, que ella se empeña en convertir en pareja, cuando no lo ha sido nunca, ni lo será. María se muestra satisfecha y autónoma, quizás demasiado, aunque en su interior todo es diferente, debería escucharse más, y lanzarse a vivir su vida, esa vida que no se atreve a vivir, por miedo a enfrentarse a sus miedos. Su familia es convencional, uno de sus hermanos, está a punto de ser padre, el otro, vive con una extranjera, pero tiene planes futuros en España. Todos ellos, observan a María desde la inquietud y la distancia, sin saber muy bien qué tipo de vida tiene y que hace con ella. Una familia que actúa como espejo deformante de esa realidad que María se niega a ver y oculta sin atreverse a mirar de frente con todas sus consecuencias. Reguera ha realizado una película sencilla, humilde y muy emocionante, que emociona desde su sinceridad, conmueve sin pretenderlo, contándonos un relato de alguien que bien podríamos ser nosotros o alguien muy cercano, de esas vidas inquietas que no nos atrevemos a vivir por miedo a fracasar, y nos mantenemos en una infelicidad que no la llena la independencia económica, a esa falsedad de vida que nos han vendido como ideal, pero que no nos llena, de vivir nuestras propias vidas, cueste lo que cueste, de sincerarnos con nosotros mismos y avanzar hacia delante sin miedos y cargados de ilusión.

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La interpretación prodigiosa, serena y absorbente de Bárbara Lennie (gran acierto de casting) nos acoge de manera sutil en su relato y sobre todo, en su mirada inquieta y nerviosa, en su torpeza, pero también, en su fragilidad, que podría ser la de nosotros mismos. José Ángel Egido nos muestra un padre serio, con ganas de vivir su vida, al contrario que María. Y los hermanos, un Pablo Derqui, que sigue en una forma estupendísima (se marca un solo interpretando de forma enérgica y simpática el tema “Como yo te amo” de la Jurado, delante de su familia) que ya había trabajado en dos cortos de Reguera, Vito Sanz (alejado de las películas de Jonás Trueba, aquí, de hermano algo bobalicón y novio entregado) Aixa Villagrán (en otro momentazo cómico de la película, expulsando males y hechizos de la incrédula María), Marina Skell (la argentina enfermera que viene a trastocar los planes de María, situación parecida que se vivía en Tots volem el millor per a ella)y Julián Villagrán (como antipático e interesao amante). En el guión, encontramos a Valentina Viso (escritora de Mar Coll, y el Blog, de Elena Trapé), el montaje de Aina Calleja (que también estuvo en Tots volem… y en Family Tour, de Liliana Torres) y la fotografía de Aitor Echevarría (que ya había trabajado en las Ausencias con Reguera).

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Nely Reguera se suma a Mar Coll, Elena Trapé, Roser Aguilar y Liliana Torres, en otro brote de talento maravilloso surgido de la Escac, en la que a través de excelentes y profundos retratos femeninos centrados en mujeres que pasan la treintena con problemas emocionales que les cuesta horrores resolver, profundizan sobre su generación de forma concisa, libre y honesta. También, podríamos incluir en esta terna las miradas de Sergi Pérez y Marçal Forés (también surgidos de la Escac) que aunque no planteen retratos de lo femenino, si que comparten la complejidad emocional y el interés en retratar su entorno. Reguera ha hecho una película asombrosa, con muy poco, sólo centrada en su personaje, y su entorno, un paisaje a veces bello y hermoso, y en otras ocasiones, agobiante e incómodo, porque por mucho que nos empeñemos, nuestra vida depende de nosotros, no de los otros.

Paterson, de Jim Jarmusch

poster_patersonLA BELLEZA DE LO COTIDIANO.

“Nada es original. Roba de cualquier lado que resuene con inspiración o que impulse tu imaginación. Devora películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, masas de agua, luces y sombras. Selecciona sólo cosas para robar que hablen directamente a tu alma. Si haces esto, tu trabajo (y robo) será auténtico. La autenticidad es incalculable; la originalidad es inexistente. Y no te molestes en ocultar tu robo, celébralo si tienes ganas. En cualquier caso, siempre recuerda lo que dijo Jean-Luc Godard: No es de donde sacas las cosas, es en donde las pones.”

Jim Jarmusch

Los personajes de Jarmusch (Akron, Ohio, EE.UU., 1953) son gentes humildes y sencillas, que no destacan ni tampoco lo desean, suelen vagar por ciudades pequeñas o en las periferias de grandes ciudades, no siguen un patrón fijado, no van a la caza de algo o alguien, sino caminan, en un viaje sin fin, del que poco sabemos, porque poco nos dicen, son individuos que tienen poco y tampoco ansían más, sus ilusiones tienen un cariz emocional, desearían ser músicos, poetas o gentes de la bohemia, conocer a los grandes y tomar unas copas y fumarse unos cigarrillos. Poco más. Jarmusch envuelve a sus criaturas que, tienen procedencias y espíritus de toda índole y condición como, músicos frustrados, convictos enamorados, asiáticos rockeros perdidos, transeúntes nocturnos en busca de sí mismos, pistoleros muertos andantes, asesinos místicos, don juanes venidos a menos, vampiros sin alma, etc… Todos ellos, se mueven bajo una espesa capa de melancolía y desilusión, bajo un cielo gris de cualquier lugar, y en unos ambientes vacíos, desnudos, en los que encontramos lugares casi desérticos, bares donde va siempre la misma gente, y siempre se acababa hablando de lo mismo.

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Jarmusch huye de la narrativa convencional, sus obras están estructuradas a través de las emociones de sus personajes, y caracterizadas por fuertes y cargadas atmósferas, dentro de una misé en scene basada en la quietud y en los silencios, unos relatos en los que no hay una fuerte carga dramática, ni nada que conseguir, sólo la cotidianidad más ordinaria y sobre todo, la inmensa futilidad de la vida y sus pequeños placeres y detalles.  En su nueva película, Paterson, nos traslada hasta Paterson, una pequeña localidad en New Yersey, en el que conocemos a Paterson, un joven conductor de autobuses que escribe poesía, Paterson vive con su novia Laura, un torbellino de creatividad (sobre los colores del banco y el negro) e inconstancia, y su perro. Jarmusch acota su película en una semana, y mantiene sus constantes narrativas: repetición de secuencias y situaciones, el protagonista se llama igual que la ciudad, y en el que cada día, de los siete en los que somos testigos, se mantendrá la misma rutina, Paterson se levanta a las 6 y cuarto pasadas, desayuna cereales, se viste y se encamina hacia el hangar donde le espera su autobús, después recorrerá la ciudad conduciendo, mientras escucha furtivamente las conversaciones que mantienen los distintos pasajeros, cuando finaliza, vuelve caminando a su casa, recoge el correo y luego endereza el buzón, entra en casa, saluda a su mujer, que le sorprende con una nueva explosión de creatividad y una nueva idea de trabajo, ya sea artístico o manual, cenan juntos, y más tarde, saca al perro (que es de ella) a pasear, y en un momento dado, lo ata a un poste y entra en el mismo bar y se toma una cerveza, al rato, vuelve a casa y se acuesta junto a su mujer (situaciones que nunca veremos) y así, durante cada día, y los siete días que acontece la película.

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Jarmusch es un gran observador de la complejidad y contradicciones humanas, aquí, su conductor, introvertido y muy silencioso, escribe poesía, pero no sobre los grandes temas de la vida, sino sobre su intimidad, sobre su mirada de su cotidianidad, sobre su mujer, sus comidas, sus trayectos, los árboles que se encuentra, sobre la insignificancia de la belleza más ordinaria y cercana, sobre todos esos ínfimos detalles que se escapan por la aceleración de nuestras vidas. Jarmusch mira a sus personajes desde la tranquilidad y el sosiego, e invita a los espectadores que hagan lo mismo, tomas largas y fijas ayudan a seguir a Paterson y todo lo que le rodea y se va encontrando, incluyendo elementos sutiles que enriquecen la película, como el encuentro con la niña poeta, que Paterson lee uno de su poemas sobre el agua, o el fugaz encuentro matutino con su encargado y la retahíla de problemas que este le cuenta, o más concretamente, el encuentro con el japonés frente a la cascada, lugar que Paterson utiliza para comer al mediodía y contemplar la belleza del lugar.

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La película de Jarmusch se nutre de la intimidad y la delicadeza que nos rodea, de los rincones naturales y posindustriales de una ciudad como Paterson que podría ser cualquiera de las nuestras, del amor como idea de lo sencillo y lo humilde, de las conversaciones tranquilas junto a una cerveza, de todos esos personajes que transitan en comunión por un mundo que parece ir hacia un lado y todos nosotros en la dirección contraria. Jarmusch es un cineasta estadounidense, pero con raíces europeas, es una simbiosis entre lo del viejo continente (el cine de los 60 francés, inglés, o del este…) con las rupturas de la contracultura norteamericana de finales de los 50 (la generación beat con los Kerouac, Ginsberg, Burroughs, y demás) junto a la música de aquellos tiempos que impulsó a tantos jóvenes a lanzarse a la materialización de sus sueños (Neil Young o Iggy Pop, a los que ha filmado en dos películas). El cine de Jarmusch lo pueblan intérpretes que escapan de toda forma y encasillamiento, ha trabajado con músicos (Laurie, el citado Pop o el incombustible Waitts) con actores extranjeros o incluso le ha dado un nuevo aire a intérpretes con personajes muy característicos como Johnny Deep o Bill Murray, ofreciéndolos tipos venidos de vuelta y casi sin ganas de seguir.

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En Paterson, el alma poética que estructura su relato lo interpreta Adam Driver, con su aspecto zangolotino, de considerable altura, y ese rostro impertérrito que mira, observa y articula mínimas palabras, que lo expresa todo en su poesía y su cuaderno, a su lado, el lado opuesto, Laura, interpretada por la iraní Golshifteh Farahani, un no parar, llena de energía, habladora y nerviosa. Se aman y viven felices. Jarmusch logra con lo mínimo un universo inundado de riqueza poética, sólo desde la mera observación, incluso diríamos que en ciertos momentos la película podría ser un retrato de la vida en las pequeñas ciudades del medio oeste norteamericano, pero el cineasta de Ohio alimenta su relato desde la sensibilidad y la belleza de una calle desierta de domingo, la contemplación del tránsito, ensimismarse mirando la naturaleza y la trayectoria del agua,  viendo una película antigua un sábado por la noche, los rincones sucios de una zona industrial, o la escritura en un minúsculo sótano lleno de trastos.

La millor opció, de Óscar Pérez

pressbook_IIENTRE DOS MUNDOS.

El cineasta Óscar Pérez (Girona, 1973) ha construido su narrativa fílmica a través de dos elementos, el paisaje y la inmigración, que estructuran de manera directa un cine preocupado por afrontar los problemas sociales, la naturaleza de su representación fílmica, ahondando en los fuertes contrastes que confluyen, tanto del individuo como de su entorno. En El sastre (2207), retrataba con gran comicidad y realismo las vicisitudes de  un sastre paquistaní y su ayudante indio en su local de 8 m2 en el barrio del Raval de Barcelona, en If the camera blows up (2008) le cedía su cámara a un inmigrante paquistaní que relataba en primera persona las dificultades de su cotidianidad, en Ventrada (2009) seguía los pasos de un pastor parapléjico en una zona hostil y bella. En sus siguientes trabajos, dos largometrajes, en uno Hollywood talkies (2011), codirigido con Mia de Ribot, desenterraban las huellas y sombras que habían dejado los artistas españoles en aquel Hollywood dorado, y en El tram final (2014) realizaba un viaje por las localidades del Delta del Ebro y su agónica desaparición.estrenos-semana-trailer-millor-opcio-1480519722824

 Ahora, y continuando en el entorno del Delta, como su último trabajo, sigue los pasos de Koto Maelainin, un joven saharaui que vive junto a sus padres catalanes. Koto es rebelde, independiente e introvertido, vive al día y sin más futuro que el que alcanza su mirada, se saca unas pelas de donde puede, le gusta moverse en todas direcciones y matar el tiempo con sus amigos, y tirándose a una niña bien. La relación con sus padres es distante, y a menudo, se generan conflictos serios. Todo cambia, cuando Koto necesita un trasplante de riñón y su familia biológica viene del Sahara Occidental para ayudarle debido a su compatibilidad. Pérez desarrolla una película observacional (deudora de su mirada documental), si bien se adentra en el terreno de la ficción, la base de su construcción tiene su origen en el documental, Koto revive en la película su caso real, la familia saharaui es su familia real, y el paisaje que, aquí vuelve a ser hostil y complejo, son los mismos escenarios reales donde se desarrolló la historia de Koto.

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Pérez introduce dos personajes de ficción, los padres de aquí, encarnados por los excelentes Mercè Pons y Francesc Orella, dos intérpretes que integran esa mirada necesaria y útil, en la que Pérez asienta su película, un film que huye de cierto dramatismo que lastraría su postura, y vericuetos sentimentales que no vienen al caso. Aquí, retrata de forma profunda y seria la construcción de la identidad individual de cada uno, así como, los choques entre las diferentes culturas y los inevitables conflictos que se generan, y la naturaleza de los lazos familiares. Koto se siente de aquí, aunque sus raíces son saharauis, la relación con sus padres catalanes no es perfecta, tiene sus tiranteces y problemas. Pérez describe y mira desde la distancia, observa a sus personajes y su historia de forma crítica, tratándola de manera directa y natural, su cámara (excelente fotografía realista contrastada de Santiago Racaj) y el sonido obra de Eva Valiño que, recoge la sequedad agreste de la zona, implican a los espectadores de manera sencilla y honesta, siguiendo los movimientos de Koto, que se siente de sí mismo, en una tierra que lo acogió, que lo ha hecho ser quién es, y crecer como persona. Sus padres saharauis son su pasado, un tiempo difícil, al que Koto ha dejado de sentirse, un mundo al que ya no pertenece, un pasado que apenas recuerda y sobre todo, quiere olvidar.

*** Local Caption *** La millor opció, The Best Choice, Oscar Pérez, E, 2016, V'16, Spielfilme

Pérez recoge el aroma de los grandes documentales franceses en sus descripciones de entornos rurales, las películas sociales de los años 50 y 60, el primer Loach, y el cine de los Dardenne, en las que retratan a personajes en dificultades y que se movían por paisajes hostiles, pero aún así, a pesar de las situaciones extremas que vivían, eran individuos fuertes y gran carácter, capaces de lo mejor y de lo peor. Pérez describe con su habitual maestría el paisaje hostil y duro de las tierras del Ebro, en la que la vida se detiene, parece no avanzar, vida dura y estancada, en un lugar que hay poco que hacer, en el que todos se conocen y también, se temen. Aunque muchos pensarán que el cine de Pérez ha cambiado de registro adentrándose en la ficción, dejando atrás su tempo documental, pero se equivocan, Pérez sigue fiel a su espíritu, creando una obra de gran calado documental, que sigue preocupada por su inmediato entorno, ese escenario complejo y hermoso, en el que se mueven unos personajes en tránsito, en continuo movimiento, que andan en la búsqueda cotidiana de sí mismos, para saber quiénes son y sobre todo, afrontar la vida desde la fortaleza de su interior.


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