Entrevista a Erik Rocha

Entrevista a Erik Rocha, director de “Cinema Novo”. El encuentro tuvo lugar el jueves 1 de diciembre de 2016 en el hall del Zumzeig Cine Cooperativa en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Erik Rocha, por su tiempo, generosidad, y cariño, a Carlos Pulido de Mosaico Films Distribución, por su amabilidad, paciencia y cariño, y al equipo del Zumzeig Cine Cooperativa, por su amabilidad y cordialidad.

Cinema Novo, de Eryk Rocha

cinema-novo-poster-hightMEMORIA DE UN CINE, DE UN PAÍS Y SU TIEMPO.

“Hay un acuerdo secreto entre las generaciones pasadas y la actual. La Tierra nos esperaba. Igual que todas las generaciones que nos precedieron, hemos sido dotados con un sutil poder mesiánico, un poder que el pasado reclama”.

Walter Benjamin.

“Donde quiera que haya un realizador, preparado para hacerle frente a la comercialización, la explotación, la pornografía y la tiranía de la técnica, hay el espíritu viviente del Cinema Novo. Donde quiera que haya un realizador, de cualquier edad o formación, listo para poner su cine y su profesión al servicio de las grandes causas de su época, habrá el espíritu vivo del Cinema                                                                                                         Novo”.

                                                                                            Glauber Rocha

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El arranque de la película, además de ser un derroche de energía y movimiento humano, en el que observamos diversos fragmentos de películas en las que vemos a personas corriendo por todo tipo de lugares, tanto urbanos como rurales, personas como buscando algo, o huyendo de algo, siempre hacia delante, sin detenerse, imágenes que definen el espíritu que recorría a los autores del “Cinema Novo”, la corriente cultural, política y revolucionaria que surgió en Brasil a finales de los 50 y principios de los 60, un movimiento que, influenciado por el cine soviético de Eisenstein, el neorrealismo italiano, los japoneses Kurosawa y Ozu, y el cinema vérite, andaban en la búsqueda de nuevas imágenes, libres y revolucionarias que ilustrasen los problemas sociales del país, así como su idiosincrasia y su cultura. Imágenes nuevas y diferentes, que filmasen la realidad del país, sus gentes, y sus formas de vida, imágenes que traspasaron las fronteras, y se vieron en todo el mundo, imágenes filmadas para promover conocimiento, ideas y reflexión sobre el mundo más cercano, el que vemos cada día.

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El cineasta Erik Rocha (Brasilia, Brasil, 1978) hijo de los cineastas Glauber Rocha (uno de los más significantes miembros del “Cinema Novo”) y Paula Gaitán, que lleva más de una década haciendo cine social, ha construido una película invocando aquel cine, y no lo ha hecho desde la lectura del presente, sino que ha lanzado su mirada a la memoria de aquel movimiento, rescatando imágenes de aquellas películas, de los Glauber Rocha, Nelson Pereira dos Santos, Ruy Guerra, Carlos Diegues, Leon Hirszman, David Nieves, Joaquim Pedro de Andrade, Gustavo Dahl, entre otros, y mezclándolos con entrevistas y testimonios de los propios realizadores filmadas en la época, consiguiendo un documento que no sólo nos habla de aquel cine y su tiempo, sino que nos interpela directamente a los espectadores actuales y reflexionaba sobre las causas de aquel espíritu que cine artístico y político, y sobre todo, la vigencia en la actualidad de todo aquello. En un riguroso y extenuante trabajo de found footage, de rescate de imágenes, en las que hace un brutal, interesante y profundo recorrido por todos los aspectos, tanto artísticos como emocionales, de un cine que consiguió remover conciencias, articular discursos sociales y políticos, e investigar sobre el medio cinematográfico y su representación, construyendo imágenes que hablaran de su país desde la sinceridad y dando protagonismo a las clases sociales invisibles y oprimidas.

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Rocha cimenta su película desde la memoria de unos cineastas y su lenguaje cinematográfico, no cae en la nostalgia de elevar el pasado porque si, sino que lo mira con respeto y admiración, extrayendo todas las enseñanzas que nos ha dejado aquel movimiento en el cine actual, provocando un discurso necesario y vital que no sólo nos hace cuestionarnos la verdadera naturaleza de las imágenes, sino que nos hace preguntarnos sobre su significado y la forma en la que son producidas. Rocha nos hace viajar en el tiempo, nos interpela con aquellas imágenes construyendo una propuesta que, no sólo resulta didáctica, porque nos rescata cineastas olvidados que quedaron eclipsados por la popularidad de otros, o su cine no alcanzó la internacionalidad o el empuje necesarios, sino que también, indaga en el tiempo que fueron ideadas, en la historia de su país, y la ruptura de aquel movimiento cooperativista y social, provocado por la dictadura, que los separó, dejando el movimiento cinematográfico aislado. La película hace un recorrido inmenso por todas aquellas imágenes, creando su propia narrativa que consigue que las imágenes dialoguen entre ellas, y también, con nosotros, creando una nueva dramaturgia que evidencia que el cine y sus imágenes no pertenecen a ningún tiempo, sólo a uno imaginario o soñado por el de la mirada del espectador.

Paterson, de Jim Jarmusch

poster_patersonLA BELLEZA DE LO COTIDIANO.

“Nada es original. Roba de cualquier lado que resuene con inspiración o que impulse tu imaginación. Devora películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, masas de agua, luces y sombras. Selecciona sólo cosas para robar que hablen directamente a tu alma. Si haces esto, tu trabajo (y robo) será auténtico. La autenticidad es incalculable; la originalidad es inexistente. Y no te molestes en ocultar tu robo, celébralo si tienes ganas. En cualquier caso, siempre recuerda lo que dijo Jean-Luc Godard: No es de donde sacas las cosas, es en donde las pones.”

Jim Jarmusch

Los personajes de Jarmusch (Akron, Ohio, EE.UU., 1953) son gentes humildes y sencillas, que no destacan ni tampoco lo desean, suelen vagar por ciudades pequeñas o en las periferias de grandes ciudades, no siguen un patrón fijado, no van a la caza de algo o alguien, sino caminan, en un viaje sin fin, del que poco sabemos, porque poco nos dicen, son individuos que tienen poco y tampoco ansían más, sus ilusiones tienen un cariz emocional, desearían ser músicos, poetas o gentes de la bohemia, conocer a los grandes y tomar unas copas y fumarse unos cigarrillos. Poco más. Jarmusch envuelve a sus criaturas que, tienen procedencias y espíritus de toda índole y condición como, músicos frustrados, convictos enamorados, asiáticos rockeros perdidos, transeúntes nocturnos en busca de sí mismos, pistoleros muertos andantes, asesinos místicos, don juanes venidos a menos, vampiros sin alma, etc… Todos ellos, se mueven bajo una espesa capa de melancolía y desilusión, bajo un cielo gris de cualquier lugar, y en unos ambientes vacíos, desnudos, en los que encontramos lugares casi desérticos, bares donde va siempre la misma gente, y siempre se acababa hablando de lo mismo.

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Jarmusch huye de la narrativa convencional, sus obras están estructuradas a través de las emociones de sus personajes, y caracterizadas por fuertes y cargadas atmósferas, dentro de una misé en scene basada en la quietud y en los silencios, unos relatos en los que no hay una fuerte carga dramática, ni nada que conseguir, sólo la cotidianidad más ordinaria y sobre todo, la inmensa futilidad de la vida y sus pequeños placeres y detalles.  En su nueva película, Paterson, nos traslada hasta Paterson, una pequeña localidad en New Yersey, en el que conocemos a Paterson, un joven conductor de autobuses que escribe poesía, Paterson vive con su novia Laura, un torbellino de creatividad (sobre los colores del banco y el negro) e inconstancia, y su perro. Jarmusch acota su película en una semana, y mantiene sus constantes narrativas: repetición de secuencias y situaciones, el protagonista se llama igual que la ciudad, y en el que cada día, de los siete en los que somos testigos, se mantendrá la misma rutina, Paterson se levanta a las 6 y cuarto pasadas, desayuna cereales, se viste y se encamina hacia el hangar donde le espera su autobús, después recorrerá la ciudad conduciendo, mientras escucha furtivamente las conversaciones que mantienen los distintos pasajeros, cuando finaliza, vuelve caminando a su casa, recoge el correo y luego endereza el buzón, entra en casa, saluda a su mujer, que le sorprende con una nueva explosión de creatividad y una nueva idea de trabajo, ya sea artístico o manual, cenan juntos, y más tarde, saca al perro (que es de ella) a pasear, y en un momento dado, lo ata a un poste y entra en el mismo bar y se toma una cerveza, al rato, vuelve a casa y se acuesta junto a su mujer (situaciones que nunca veremos) y así, durante cada día, y los siete días que acontece la película.

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Jarmusch es un gran observador de la complejidad y contradicciones humanas, aquí, su conductor, introvertido y muy silencioso, escribe poesía, pero no sobre los grandes temas de la vida, sino sobre su intimidad, sobre su mirada de su cotidianidad, sobre su mujer, sus comidas, sus trayectos, los árboles que se encuentra, sobre la insignificancia de la belleza más ordinaria y cercana, sobre todos esos ínfimos detalles que se escapan por la aceleración de nuestras vidas. Jarmusch mira a sus personajes desde la tranquilidad y el sosiego, e invita a los espectadores que hagan lo mismo, tomas largas y fijas ayudan a seguir a Paterson y todo lo que le rodea y se va encontrando, incluyendo elementos sutiles que enriquecen la película, como el encuentro con la niña poeta, que Paterson lee uno de su poemas sobre el agua, o el fugaz encuentro matutino con su encargado y la retahíla de problemas que este le cuenta, o más concretamente, el encuentro con el japonés frente a la cascada, lugar que Paterson utiliza para comer al mediodía y contemplar la belleza del lugar.

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La película de Jarmusch se nutre de la intimidad y la delicadeza que nos rodea, de los rincones naturales y posindustriales de una ciudad como Paterson que podría ser cualquiera de las nuestras, del amor como idea de lo sencillo y lo humilde, de las conversaciones tranquilas junto a una cerveza, de todos esos personajes que transitan en comunión por un mundo que parece ir hacia un lado y todos nosotros en la dirección contraria. Jarmusch es un cineasta estadounidense, pero con raíces europeas, es una simbiosis entre lo del viejo continente (el cine de los 60 francés, inglés, o del este…) con las rupturas de la contracultura norteamericana de finales de los 50 (la generación beat con los Kerouac, Ginsberg, Burroughs, y demás) junto a la música de aquellos tiempos que impulsó a tantos jóvenes a lanzarse a la materialización de sus sueños (Neil Young o Iggy Pop, a los que ha filmado en dos películas). El cine de Jarmusch lo pueblan intérpretes que escapan de toda forma y encasillamiento, ha trabajado con músicos (Laurie, el citado Pop o el incombustible Waitts) con actores extranjeros o incluso le ha dado un nuevo aire a intérpretes con personajes muy característicos como Johnny Deep o Bill Murray, ofreciéndolos tipos venidos de vuelta y casi sin ganas de seguir.

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En Paterson, el alma poética que estructura su relato lo interpreta Adam Driver, con su aspecto zangolotino, de considerable altura, y ese rostro impertérrito que mira, observa y articula mínimas palabras, que lo expresa todo en su poesía y su cuaderno, a su lado, el lado opuesto, Laura, interpretada por la iraní Golshifteh Farahani, un no parar, llena de energía, habladora y nerviosa. Se aman y viven felices. Jarmusch logra con lo mínimo un universo inundado de riqueza poética, sólo desde la mera observación, incluso diríamos que en ciertos momentos la película podría ser un retrato de la vida en las pequeñas ciudades del medio oeste norteamericano, pero el cineasta de Ohio alimenta su relato desde la sensibilidad y la belleza de una calle desierta de domingo, la contemplación del tránsito, ensimismarse mirando la naturaleza y la trayectoria del agua,  viendo una película antigua un sábado por la noche, los rincones sucios de una zona industrial, o la escritura en un minúsculo sótano lleno de trastos.