Desmontando un elefante, de Aitor Echeverría

CUIDARNOS PARA CUIDAR.  

“¿Qué es lo que me ha ocurrido en mi vida que me ha convertido en un inválido en el plano de los sentimientos?.

Frase recogida en “Cuaderno de trabajo”, de Ingmar Bergman

La película se abre con una imagen reveladora donde vemos a Marga, la madre echada en un sofá durmiendo la mona y en la cocina se ha producido un fuego que vemos borroso en segundo plano. En ese instante, irrumpe en la casa Blanca, la hija, que intenta infructuosamente despertar a su madre y se dirige con premura a la habitación de al lado a intentar apagar el fuego. Dos figuras, la madre y la hija, son las que se asienta la primera película de Aitor Echeverría (Barcelona, 1977), al que conocíamos por su faceta como cinematógrafo junto a interesantes cineastas como Nely Reguera, Jo Sol y Cesc Cabot y Pep Garrido. Su ópera prima nace en el cortometraje Morir cada día (2010), en el que vimos los primeros pasos de una familia que debe enfrentar un problema al que todos sus miembros deciden no afrontar por su incapacidad emocional. En Desmontando un elefante, que nos remite a eso mismo, se centra en la familia y en esas dos figuras de madre e hija, de cómo actúan cuando el problema es tan grande que ya no hay manera de esconderlo por más tiempo. 

El cineasta barcelonés firma un guion junto al citado Pep Garrido, en el que nos plantea una película de muy pocos escenarios, en que la magnífica casa familiar con jardín emerge como el epicentro de la trama. Un relato marcadamente frío, elegante y nada empático, porque el director nos propone una mirada muy íntima y para nada sensiblera, sino todo lo contrario, a través de una historia donde vemos como actúa cada miembro de esta familia, tan diferentes y tan esquivos para relacionarse con el problema del alcohol que padece la madre. Habíamos visto muchas películas sobre el tema del alcoholismo, pero pocas, muy pocas, ahora yo no recuerdo ninguna, que nos habla que ocurre después de la desintoxicación, de esos días y meses después de salir del problema, de ese período de adaptación a la vida, al trabajo y a tu entorno. No se busca la empatía con el espectador y sí la reflexión, donde la emoción se resignifique y sea una espiral que nos lleve a hacernos preguntas sobre nuestra inútil forma de relacionarnos ante los problemas de los que nos rodean. De nuestra incapacidad emocional, como citaba Bergman, de todo lo que no somos emocionalmente hablando, de la terrible incomunicación entre los más cercanos, y la estúpida capacidad para centrarnos en temas menos incómodos, menos duros y sobre todo, menos dolorosos. 

Echeverría opta por el cinematógrafo Pau castejón Úbeda, que ya trabajó en el mencionado cortometraje, amén de los hermanos Pastor, Elena Trapé y Alejo Levis, entre otros, en una luz fría y belle a la vez, que usa con inteligencia todos los espacios de la casa, muy cortados y segmentados, para generar todas las barreras físicas y sobre todo, emocionales que separan a los integrantes de esta familia. La ausencia de música original también ayuda a crear esa atmósfera de película polaca, es decir, de construir casi un thriller psicológico, lleno de miradas, silencios y gestos donde la intimidad cotidiana se torna oscura y terrorífica como hacían los Zuwalski, Skolimowski, Polanski y Kieslowski, entre otros. En los mismos términos juega un gran papel el fantástico trabajo del montaje de Sofi Escudé, habitual de Pilar Palomero, Liliana Torres, Mar Coll y Elena Trapé, porque logra ajustar una cinta que se va a los 82 de metraje sólido y sobrio, en el que se mantiene una especie de calma en apariencia que está apunto de estallar. El sonido sutil y nada invasor, pero muy efectivo, obra del tándem Marianne Roussy, que tiene a Costa-Gavras, Ferrara y Chema García Ibarra, entre sus directores, y Philippe Grivel, toda una institución con más de 200 títulos.

En el campo artístico, el director catalán ha escogido muy bien, porque Emma Suárez como Marga es una gran elección en otro de sus grandes interpretaciones, porque casi sin hablar lo dice todo con ese rostro y mirada tan rotos, dando vida a una madre que acaba de salir de la clínica de desintoxicación y debe aprender a vivir sin alcohol, retomando su vida, o lo que queda de ella, su familia, en la que todos deben ayudarse, y su trabajo, evitando todos los juicios de los otros. Frente a Suárez, encontramos a una siempre generosa y estupenda Natalia de Molina es Blanca, la hija que no sabe cómo ayudar a su madre, a la que sobre protege, descuidando su vida y su trabajo con el baile, donde la danza se erige como contraplano para exorcizar todos los elementos interiores que bullen sin encontrar una salida catalizadora. Les acompañan unos formidables Darío Grandinetti como padre, más metido en su trabajo y en el arreglo de la cocina, para de esa manera hacer que como que nada ha cambiado, cuando en realidad, todo ha cambiado. Y por último, la presencia de Alba Guilera, que nos encantó en Un año, una noche (2022), de Isaki Lacuesta, aquí es la hermana mayor que vive en París y acaba de ser madre y opta por una actitud diferente. 

Me ha hecho reflexionar mucho Desmontando un elefante, de Aitor Echeverría, porque dentro de su modestia y de su primera vez, nos habla desde el corazón y el alma, sin caer en una historia demasiado explicativa y sensiblera, sino en todo lo contrario, en un relato que mira de cerca y de verdad a sus personajes, y nos obliga a los espectadores a mirar en ese reflejo que nos devuelve la película, en cómo nos relacionamos con los que tenemos más cerca, en cómo afrontamos los problemas de los otros, y cómo evitamos los conflictos aunque nos pisoteen la vida, en cómo no miramos al elefante, que hace referencia el título, aunque nos esté aplastando nuestra vida. Una película que en cierta manera, tiene el aroma de la magnífica Tots volem el millor per a ella (2013), de Mar Coll, porque la Geni, que ha sufrido un accidente y debe volver a su vida, se parece a la Marga que interpreta Emma Suárez, porque las dos sufren la incapacidad de la familia, porque no saben cómo ayudarla y encima, actúan como si nada hubiese ocurrido, un desmadre que tiene consecuencias fatales. Celebramos la primera vez de Echeverría y su coraje para hablar de temas que nos duelen demasiado, y sobre todo, hacerlo desde la mirada y la emoción que lo hace. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

 

Presentación de la programación de Filmoteca 2025

Presentación de la programación Filmoteca Catalunya 2025 y Balance 2024, con la presencia del director de la institución, Pablo La Parra Pérez y Sònia Hernández Almodóvar, Consellera de Cultura, en la Filmoteca en Barcelona, el martes 17 de diciembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pablo La Parra Pérez y Sònia Hernández Almodóvar, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación Filmoteca, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Casa Reynal, de Laia Manresa Casals

LA PADRINA MONTSERRAT.   

“Els nius no només fan possible la vida, sinó que també són llocs on digerir la mort.”

Los primeros instantes de Casa Reynal, de Laira Manresa Casals (Barcelona, 1973), son de una concisión narrativa y formal maravillosa. La película se abre con sus padres Montserrat y Ramon mirando por la ventana como un grupo de golondrinas (en off) vuelven a casa como cada primavera. Luego, un joven mide los espacios de la casa e inmediatamente, momentos relacionados con la inmobiliaria que venderá la casa. Seguidamente, la propia Laia conduciendo llega a Ca Reynal y finaliza este prólogo con la padrina Montserrat Reynal en una imagen de archivo. En apenas diez minutos ya nos han explicado el lugar donde sucederá la historia y sobre todo, las personas que la habitarán. Porque el segundo largo como directora de Laia Manresa Casals y el primero en solitario, no es una historia más ni cualquiera. Es su historia y la historia de su padrina, la mencionada Montserrat y la de su familia y la casa que habitaron, Ca Reynal. Una historia ubicada en Bellvís, un pequeño pueblo del Pla d’Urgell, en la provincia de Lleida, el primer y último escenario que vio la padrina, como explican al inicio. 

A Manresa Casals la conocíamos por sus guiones para Joaquim Jordà en magníficas películas como De nens (2003), Veinte años no es nada (2004) y Més enllà del mirall (2006), y su debut como directora junto a Sergi Dies en Morir de día (2010), un proyecto del propio Jordà que recoge testimonios de la llegada de la heroína a Barcelona. Su siguiente película Casa Reynal, con ese hilo rojo que conecta tiempo y personas, acoge la misma estructura que su primer largometraje, ya que recupera un tiempo del pasado y olvidado, a partir de presencias y ausencias con la figura de la padrina Montserrat que vertebra todo el entramado histórico que residió la citada casa. El vaciado de la casa por parte de la propia Laia y sus padres sirve para enfrentarse al pasado de la casa, y transitar por ese otro tiempo de la padrina, desde que nació, su trabajo siendo una adolescente como empleada doméstica en Barcelona, su boda, su trabajo en la lechería de los Bonet, sus hijos, su vuelta a Bellvís, las alegrías, las tristezas, las despedidas y las llegadas y sobre todo, un recorrido que la película hace desde el corazón, contando la experiencia personal en un entorno hostil, en una Barcelona de posguerra y los años duros de hambre y miseria, la bonanza económica de los sesenta, y unos últimos años de prosperidad disfrutando del legado de los Bonet. Todo contado como un cuento con la voz de la directora como si nos contase una fábula “a la vora del foc”, donde la figura de la padrina se erige como una mujer capaz de todo, y sobre todo, una mujer de su tiempo con coraje y decidida. 

La directora barcelonesa ha querido que la película tenga una factura técnica brillante, sin ningún alarde narrativo ni formal, ni peripecias ni estridencias que no vienen al caso, porque quería que la película se contase entre susurros, “a cau d’orella”, con tranquilidad y sin prisas, tan llena de recuerdos y memoria, de presencias y ausencias, y de una casa que los vio a todas, con sus existencias, sus alegrías y tristezas. Para el filme se ha acompañado de un gran equipo humano empezando por cuidada producción de Sandra Forn y Cristina Galvarriato, y de algunos colaboradores que ya estuvieron en Morir de día como el cinematógrafo Carles Gusi, un grande con más de 100 títulos en su filmografía, y Sergi Dies, en aquella codirector y editor, y ahora nuevamente montador, y los nuevos fichajes como la cinematógrafo Lucía Venero, que estuvo en la mencionada Idrissa…, el sonido directo de Elena Coderch, con más de 40 películas con directoras como Neus Ballús, Mar Coll, y la reciente Casa en flames, y la excelente música que interpretan Albert Pla con una canción que remite a las nanas sobre la padrina que pone el vello de punta, y los temas de Judit Farrés, que le dan ese aroma de fábula y poético, donde el tiempo se desvanece y se mezcla el pasado y el presente, y ayuda a paliar los momentos de dolor y ausencia.  

Durante la presentación de su libro “Volver a dónde”, Antonio Muñoz Molina dijo: “Todo lo que somos lo debemos a otros”. Una frase que encaja perfectamente en todo lo que cuenta la película Casa Reynal, de Laia Manresa Casals, porque desde el presente se mira a los que nos precedieron, en especial, a la padrina Montserrat y su existencia y los que la acompañaron, además, es un sincero y profundo homenaje a todas aquellas mujeres rurales que debieron dejar sus pueblos de origen e ir a la capital a buscar un porvenir que se les negaba en su tierra. Casa Reynal es una obra mayúscula, profundamente emotiva, pero que, en ningún caso, cae en la relamida sensiblería. Una historia sensible, íntima y llena de alma, que cuenta una dolorosa y bella historia que recorre casi todo el siglo XX y un poco del XXI, a través de una mujer como la padrina, eje y fuerza para las generaciones que han venido después como la hija Montserrat Casals y la nieta, Laia Manresa Casals que cuenta su historia y por ende, la suya, y lo hace desde el respeto y lo humano, transmitiendo toda esa lucha vital, toda esa fuerza, todos esos años condensados en los pausados y ligeros 91 minutos de metraje, que van despacio recorriendo las vidas que fueron desde el hoy, un presente que convierte a la película en una parte más del legado familiar porque tiene la capacidad alucinante de crear un tiempo y espacio fílmico donde vivos y muertos cohabitan la Casa Reynal, donde unos y otros dialogan entre ellos y los ausentes se vuelven presentes y sus historias salen de la su intimidad y olvido personal y se vuelven de verdad y sobre todo, compartidas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Parthenope, de Paolo Sorrentino

LA SIRENA DE NÁPOLES. 

“La ficción es arte y el arte es el triunfo sobre el caos… para celebrar el mundo en donde las mentiras se extienden a nuestro alrededor como un sueño desconcertante y estupendo.”

John Cheever

La primera imagen de Parthenope, de Paolo Sorrentino (Nápoles, 1970), vemos emerger de las aguas a una recién nacida, la Parthenope del título que tiene su origen en la sirena de la mitología griega que dio nombre a una ciudad donde más tarde se asentó Napoli. Una imagen reveladora y crucial para el desarrollo de la existencia de la joven en aquel lejano de 1950. Una mujer, la primera vez que en el cine del realizador italiano el protagonismo se lo lleva una mujer, vivirá una juventud infinita y llena de pasión y deseo, incluso algo de amor en los veranos de los sesenta, cuando la vida y la historia parecían que iban a cambiar o al menos, encaminarse a una sociedad menos idiota. Somos testigos de la vida de una joven que vive con intensidad, enamorada de la filosofía, del Nápoles límbico, es decir, aquella ciudad inexistente, perdida entre dos mundos, entre dos atmósferas, entre dos lugares. Una joven que ama y que no ama, que quiere y no quiere, rendida a un sinfín de dudas, reflexiones y sobre todo, en una constante huida hacia todo y nada. 

De los 12 títulos de Sorrentino, solamente ha dedicado tres a su Napoli natal. Su primera película L’uomo in piú (2001), ambientada en los ochenta, en los tiempos de Maradona en el calcio, como su anterior película Fue la mano de Dios (2021), que tiene mucho que ver con esta última, porque el protagonista también es un joven, un joven buscándose, intentando agarrarse a algo de la vida, a alguna cosa que le dé ese plus de ilusión aunque no sea del todo completa. El Nápoles que retrata el director italiano es una ciudad de contrastes, tan llena de vida como de muerte, tan fascinante como aburrida, tan nostálgica como decrépita, tan bella como fea, tan triste como alegre. Una ciudad vista por Parthenope, una protagonista y su familia, siempre la prole tan presente en el cine del napolitano, donde el mar que la rodea es un personaje más como lo son las ruinas de su historia, las calles empedradas, y las luces de las noches que parecen no terminarse nunca. Pero, la ciudad que filma  Sorrentino es un caleidoscópico de muchas cosas, donde el tiempo se ha desvanecido, donde los personajes están atrapados en sus realidades y ensoñaciones que parecen tan reales como mentiras. Un universo lleno de vida y de muerte a la vez. Un cine que inevitablemente recuerda al de Fellini y en cierta manera, la que nos ocupa se mira en Y la nave va (1983), aquella que unos familiares y amigos emprenden un viaje a bordo de un barco con los restos mortales de una famosa cantante de ópera. Porque la película de Sorrentino también es un viaje físico, emocional y onírico de alguien por una ciudad y sus fantasmas presentes y ausentes. 

El guionista Umberto Contarello, que ha hecho seis películas con Sorrentino, que vuelve después de la serie The Young Pope, ayuda a crear la fauna sorrentiana plegada de caballeros quijotescos como el Titta de Girolamo de Las consecuencias del amor (2004), el Andreotti de Il divo (2008), el Jep Gardambella de La gran belleza (2013), los carcamales de La juventud (2015), el Berlusconi de las tres películas dedicadas. Aquí hay algunos como el enorme armador de impoluto traje blanco, el escritor John Cheever y su deambular por Capri, el viejo profesor tan amargado como vacío y el cardenal vicioso y extravagante. Todos ellos son hombres que tuvieron su tiempo, un tiempo ya olvidado, un tiempo impregnado en las sombras de una ciudad o una fiesta o en una mañana de domingo sin nada que hacer. Una vejez que se mueve entre vagos recuerdos, entre momias y lugares que ya no están. Una vejez que contrasta en estas dos últimas películas con una juventud, tan perdida como la vejez, que ansía escribir su propia historia en un mundo que se cae a pedazos donde ambos llegan a las misma conclusiones. Sorrentino nos habla siempre del pasado, como si ese pasado tuviera más futuro que el presente de ahora. El Nápoles de los ochenta con Maradona jugando en el equipo de la ciudad, es retratado por el director como su momento, aquel en que siendo adolescente se erigía como alguien capaz de todo que huye a Roma como el protagonista de su película.

Las películas de Sorrentino son oro puro en la planificación y el encuadre, con unas imágenes que nacen para perdurar, para mostrar lo que vemos y lo que no, unas poderosas e hipnóticas imágenes tan bellas como tristes. Para esta película vuelve a contar con Daria D’Antonio, que ya hizo Fue la mano de Dios y 6 cortos con el director, y usa el aspecto de 2.39:1 en 35 mm anamórfico en panavision que ayuda a no sólo ver el esplendor y la tristeza de Napoli y sus personajes sino que ayuda a que los espectadores entremos en cada plano y paseemos por estos lugares y no lugares, por esas fortalezas y palacios tan cercanos como alejados. El montaje de Cristiano Travaglioli, nueve títulos juntos, ayuda a manejar con soltura y transparencia y detalle los 136 minutos de un metraje que se desliza suave ante nuestras miradas, capturando el universo tan íntimo y ausente que retrata con sabiduría la no trama de la película. La música de Lele Parchitelli, seis películas juntos, amén de los temas populares, ayudan a crear esa atmósfera de fábula y documento y ficción a la vez, en un hermoso cruce de tonos, texturas y miradas y gestos que van de aquí para allá, creando ese espacio cinematográfico tan Sorrentino donde todo es posible, en que todo se mezcla y fusiona generando esos infinitos mundos dentro de este y más allá, en unos continuos viajes entre pasado y presente, sin necesidad de ningún alarde pirotécnico ni tramposo para darle mayor espectacularidad, aquí no hay nada de eso, la belleza se consigue con lo mínimo, un inteligente y profundo diálogo, una magnífica coreografía donde los intérpretes se mueven en el espacio y un fascinante juego de miradas y posiciones de luz que nos envuelve en un misterio alucinante. 

Como hizo en Fue la mano de Dios con el protagonismo de Filippo Scotti, la joven debutante Celeste Dalla Porta es la Parthenope del título. La joven irradia belleza y tristeza como los personajes de Sorrentino. La joven actriz transmite seguridad, naturalidad y sencillez en un personaje “Bigger than Life”, en una especie de salvadora de la ciudad o lo que queda de ella, testimonio de sus mejores años o los años donde se soñaba con otra cosa. Una mujer que deambula por una ciudad, que deambula por su vida, que deambula por sus amores, más interesada en lo intangible que lo terrenal, más deseosa de vivir la vida que de racionalizarla, metida en un intermedio donde todo cambia constantemente. Le acompañan Silvio Orlando que hace de viejo profesor tan brillante como triste, uno de esos personajes que tanto le gustan al cineasta italiano, porque lleva toda la vida en su rostro como uno de los cowboys de Peckinpah, ya cansado y frustrado por la vida y por su trabajo. Un maravilloso Gary Oldman es John Cheever en las mejores secuencias de la película en un hermosísimo diálogo de la futilidad de la existencia y del amor. Peppe Lanzetta que estuvo en la mencionada L’uomo in piú, es ahora un excéntrico y decrépito cardenal, pero no espectral aunque lo parezca, sino todavía con ganas de dar mucha guerra y erigirse como protagonista, parece salido de la cámara de Berlanga-Azcona y la maravillosa presencia de la gran Stefania Sandrelli. 

Una película como Parthenope nos invita a dejar los convencionalismos y prejuicios fuera de la sala, y digo esto, porque no pretendan encontrar en ella una parte racional sólo, porque la cinta tiene mucho más, entre otras cosas, es una gran carta de amor o lo que sea sobre Napoli, como la llamaría Sorrentino, a la ciudad donde creció, a la ciudad que lo vio partir, a la ciudad tan bella como triste, a la alegría y la desazón constante, tan llena de contrastes como el cine del italiano, que nos invita a ser testigos de este viaje por la Italia de los sesenta, donde todo parecía brillar con intensidad, donde el amor era una pasión devoradora, donde las ideas tenían significado, por aquellos sesenta tan convulsos y trágicos, y por los ochenta, menos divertidos y más tristes, y por último, o quizás decir esto en el cine de Sorrentino es un oxímoron, porque su cine parece siempre el final de algo y a la vez, el comienzo de ese mismo algo, en una suerte de contradicción constante como la vida, como el amor o las ideas que nos revolotean sin parar. Parthenope sigue la senda del cine de Sorrentino, donde hay espacio para reflexionar y profundizar sobre los temas de la existencia: el significado de vivir, el amor como deseo o trampa o mentira, el tiempo como espejo transformador o deformante, los lugares como sitios donde todo es posible y no pasa nada, llenos de personajes de verdad, de los que hablan desde el alma, tan seguros como inseguros, tan fuertes como vulnerables, tan bellos como tristes, tan vivos como muertos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La luz que imaginamos, de Payal Kapadia

TRES MUJERES EN MUMBAI. 

“De alguna manera siento que una persona común y corriente (el hombre de la calle, si se prefiere) es un tema de exploración más desafiante que las personas en el molde heroico. Son las medias sombras, las notas apenas audibles las que quiero capturar y explorar. […] Mis películas tratan sobre seres humanos, relaciones humanas y problemas sociales”.

Satyajit Ray

Recuerdo la admiración que me proporcionó la sesión de A Night Knowing Nothing, la primera película de Payal Kapadia (Mumbai, India, 1986), vista en el Festival de La inesperada en el Zumzeig Cinema. Sus fascinantes y poéticas imágenes, en una suerte de duermevela, mientras escuchaba el contenido de unas cartas entre dos amantes, amén de una narración donde se explicaba lo magnífico de la educación y por contrapartida, la dificultad de unos estudiantes inmersos en una lucha continua por mejorar sus condiciones. Un hermoso y reflexivo documento/ensayo que convocaba las ideas físicas y emocionales y exploraba la capacidad infinita del lenguaje cinematográfico. Así que, estaba emocionado el otro día, en los Cinemes Girona, cuando entré en la sala para ver La luz que imaginamos

La segunda película de Kapadia, donde introduce la ficción, amén del cine documental, con el que precisamente arranca la película, a través de una extraordinaria panorámica a pie de calle, a bordo de un vehículo, de izquierda a derecha, donde vemos el trasiego nocturno de los puestos ambulantes del centro de Mumbai, en la India. Un prólogo que cerrará a la inversa, observando a los vendedores y transeúntes que se agolpan en las tumultuosas calles. Como ocurría en Ladrón de bicicletas (1948), de Vittorio de Sica, el documento deja paso a la mirada de la protagonista Prabha, una enfermera de unos cuarenta años, que se dispone a arrancar su jornada laboral. La cámara la sigue en sus quehaceres diarios: en su trabajo en el hospital, volviendo a casa en tren o en su piso imaginando una vida diferente… Una trama que se mueve en una suerte de híbrido donde tanto documental como ficción conviven al unísono. Conoceremos a Anu, veinteañera, también enfermera y compañera de piso, y a una tercera, Parvaty, de mediana edad, enfermera como las anteriores. Tres almas como otras cualquiera de una ciudad como Mumbai, un lugar de paso, donde estas tres mujeres han llegado de sus pueblos de origen para trabajar como enfermeras con sus conflictos pertinentes. El de Prabha, con su marido emigrado en Alemania, el de Anu, que mantiene un amor clandestino porque su novio es musulmán, y por último, el de Parvaty, que tiene problemas para pagar su alquiler. 

A través de planos cortos y medios, en un gran trabajo del cinematógrafo Ranabir Das, que ya trabajó en A Night Knowing Nothing, la cineasta india nos explica sin prisas, y dejando que la cotidianidad se torne pausada y tranquila, desde una posición nada complaciente, con una atmósfera absorbente y siempre nocturna, en que las tres vidas de estas mujeres se vuelven íntimas y profundas para nosotros, donde asistimos a sus realidades difíciles y complejas dentro de un espacio humano y muy cercano, a través de unas imágenes neorrealistas, hipnóticas y oníricos, en muchos instantes. La película no cae en el tremendismo ni en la sensiblería, se aleja notablemente de esas convencionalidades construyendo un retrato de verdad, con inteligencia, muy conciso y tremendamente detallista, generando un infinita amalgama de miradas y gestos. El estupendo trabajo de sonido contribuye a generar ese universo de matices donde cohabitan rostros, palabras y silencios, que firman el trío Benjamin Silvestre, Romain Ozanne, que hizo la primera película de Kapadia, y Olivier Voisin, un grande con más de medio centenar de películas entre las que destacan Crudo, Porto, entre otras. contribuye a generar ese universo de matices donde cohabitan rostros, palabras y silencios. El conciso y sobrio montaje que construye un ritmo cadencioso y naturalista en sus casi dos horas de metraje, que firma Clément Pinteaux, del que vimos Los años de Super 8, sobre las grabaciones domésticas de la escritora Annie Ernaux y la música de Dhritiman Das, con esos magníficos pasajes de piano y cuerdas, muy jazzísticos, con el mejor aroma de Malle y Cassavetes.

 

Si la parte técnica es extraordinaria, la parte artística está a la misma altura. Las tres maravillosas actrices indias que dan vida a sus tres heroínas corrientes y normales les dan un peso humano y emocional alucinante, porque parecen no interpretar y transmiten la verdad que le mencionamos anteriormente, con unas composiciones llenas de naturalidad y transparencia, de esas que cualquier leve mirada o gesto lo explican todo. Kani Kusruti es Prabha, la mujer un poco triste y un poco pensativa, que se debate entre dos aguas, entre dos mundos, el de un marido emigrado del que no sabe nada, y el de un doctor que cada día se le acerca más. Por otra parte, el caso de Anu que hace Divya Prabha es el de una mujer joven con ganas de ser libre y disfrutar de la vida, que debe de llevar su noviazgo en secreto por las diferencias culturales y religiosas, aún así, está dispuesta a luchar y seguir. Y por último, Parvaty que interpreta Chhaya Kadam, ya cansada de las dificultades de vivir en una urbe como Mumbai y quizás, ha llegado la hora de mirar al futuro y no rendirse a los malditos especuladores que, desgraciadamente, están en cualquier parte de este planeta. Tres retratos de mujeres, con sus diferencias y parecidos, que son una parte significativa de las mujeres indias de la actualidad, con sus alegrías, tristezas y complejidades. 

El cine de Satyajit Ray está muy presente en la película de Payal Kapadia, y no sólo que comparten nacionalidad, sino en su forma de retratar lo humano en su cotidianidad y en sus conflictos diarios, y mostrando una naturalidad tan íntima que convierte a los espectadores en una enfermera o habitante de Mumbai más, y no obstante, imprime un lenguaje de verdad y poético en contraste con la urbe inmensa, agotadora y bulliciosa. Una película como La luz que imaginamos se erige como una sutil y liberadora cinta sobre el significado de la fraternidad, la amistad y el amor en tiempos donde parece que importan otras cosas más urgentes. Es una película pequeña y muy grande a la vez, que no pide nada, quizás, pide sólo una cosa, que la veamos con tranquilidad, sin distraernos en ningún instante, y no lo digo porque vayamos a perdernos algo de su leve trama. No por eso, sino por la forma de cada plano y encuadre y lo que habitan en cada uno de ellos, de la capacidad inmensa de Kapadia para extraer lo máximo a partir de lo mínimo, consiguiendo atraparnos desde sus primeras imágenes del mercado callejero, mostrando la ciudad y sus habitantes y más tarde, las tres mujeres que se convertirán en sus protagonistas. Tres mujeres con sus conflictos, sus sueños en la ciudad que llaman así, o quizás, también sea la ciudad de las ilusiones, esos pensamientos fugaces, ya sean reales o inventados que nos ayudan a soportar ciudades como Mumbai, a maridos ausentes que parecen fantasmas, amores clandestinos que necesitan la oscuridad para ser reales o pisos que se escabullen de nuestras vidas porque algunos deciden hacer negocio. Unas ilusiones vividas en silencio, en el interior de unos corazones y unas almas que siguen viviendo o soñando, quién sabe. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El cine de aquí que me emocionó en el 2023

El año cinematográfico del 2023 ha bajado el telón. 365 días de cine han dado para mucho, y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 30 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido ha sido el orden de visión de un servidor, no obedece, en absoluto, a ningún ranking que se precie).

1.- UN CIELO IMPASIBLE, de David Varela

# https://242peliculasdespues.com/2023/01/20/un-cielo-impasible-de-david-varela/

2.- LAS PAREDES HABLAN, de Carlos Saura

# https://242peliculasdespues.com/2023/02/07/las-paredes-hablan-de-carlos-saura/

3.- AS BESTAS, de Rodrigo Sorogoyen

# https://242peliculasdespues.com/2023/02/23/as-bestas-de-rodrigo-sorogoyen/

4.- ETERNA. Una película documental sobre Gata Cattana, de Juanma Sayalonga y David Sainz

# https://242peliculasdespues.com/2023/03/01/eterna-una-pelicula-documental-sobre-gata-cattana-de-juanma-sayalonga-y-david-sainz/

5.- H, de Carlos Pardo Ros

# https://242peliculasdespues.com/2023/06/22/entrevista-a-carlos-pardo-ros/

6.- NÈIXER PER NÈIXER, de Pablo García Pérez de Lara

# https://242peliculasdespues.com/2023/06/29/neixer-per-neixer-de-pablo-garcia-perez-de-lara/

# https://242peliculasdespues.com/2023/07/03/entrevista-a-pablo-garcia-perez-de-lara-2/

7.- NOTAS SOBRE UN VERANO, de Diego Llorente

# https://242peliculasdespues.com/2023/09/01/notas-sobre-un-verano-de-diego-llorente/

# https://242peliculasdespues.com/2023/09/03/entrevista-a-diego-llorente/

8.- MATRIA, de Álvaro Gago

# https://242peliculasdespues.com/2023/04/11/matria-de-alvaro-gago/

9.- 20.000 ESPECIES DE ABEJAS, de Estibaliz Urresola Solaguren

# https://242peliculasdespues.com/2023/04/20/20-000-especies-de-abejas-de-estibaliz-urresola-solaguren/

# https://242peliculasdespues.com/2023/04/21/entrevista-a-estibaliz-urresola-solaguren/

10.- LAS BUENAS COMPAÑÍAS, de Sílvia Munt

# https://242peliculasdespues.com/2023/05/10/las-buenas-companias-de-silvia-munt/

11.- HAFREIAT, de Alex Sardà

# https://242peliculasdespues.com/2023/05/18/hafreiat-de-alex-sarda/

# https://242peliculasdespues.com/2023/05/20/entrevista-a-alex-sarda/

12.- ARA LA LLUM VERTICAL, de Efhtymia Zymvragaki

# https://242peliculasdespues.com/2023/11/05/entrevista-a-efhtymia-zymvragaki/

13.- POÈMES, de Héctor Fáver

# https://242peliculasdespues.com/2023/05/27/entrevista-a-hector-faver-y-claire-ducreux/

14.- SECADEROS, de Rocío Mesa

# https://242peliculasdespues.com/2023/06/02/secaderos-de-rocio-mesa/

# https://242peliculasdespues.com/2023/06/04/entrevista-a-rocio-mesa/

15.- TODA UNA VIDA, de Marta Romero

# https://242peliculasdespues.com/2023/05/31/toda-una-vida-de-marta-romero/

16.- UPON ENTRY, de Alejandro Rojas y Juan Sebastián Vásquez

# https://242peliculasdespues.com/2023/06/16/upon-entry-de-alejandro-rojas-y-juan-sebastian-vasquez/

# https://242peliculasdespues.com/2023/06/17/entrevista-a-laura-gomez/

# https://242peliculasdespues.com/2023/06/18/entrevista-a-alberto-ammann/

# https://242peliculasdespues.com/2023/06/19/entrevista-a-bruna-cusi-2/

# https://242peliculasdespues.com/2023/06/18/entrevista-a-juan-sebastian-vasquez-y-alejandro-rojas/

17.- EXTRAÑA FORMA DE VIDA, de Pedro Almódovar

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18.- TE ESTOY AMANDO LOCAMENTE, de Alejandro Marín

# https://242peliculasdespues.com/2023/07/06/te-estoy-amando-locamente-de-alejandro-marin/

19.- LAS CHICAS ESTÁN BIEN, de Itsaso Arana

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20.- CERRAR LOS OJOS, de Víctor Erice

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21.- CREATURA, de Elena Martín

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22.- MISIÓN A MARTE, de Amat Vallmajor del Pozo

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# https://242peliculasdespues.com/2023/10/01/entrevista-a-amat-vallmajor-del-pozo/

23.- O CORNO, de Jaione Camborda

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# https://242peliculasdespues.com/2023/10/26/entrevista-a-jaione-camborda-2/

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24.- DISPARARON AL PIANISTA, de Fernando Trueba y Javier Mariscal

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25.- SABEN AQUELL, de David Trueba

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# https://242peliculasdespues.com/2023/11/02/entrevista-a-carolina-yuste/

# https://242peliculasdespues.com/2023/11/01/entrevista-a-gerard-jofra/

# https://242peliculasdespues.com/2023/11/03/entrevista-a-david-trueba/

26.- EL MAESTRO QUE PROMETIÓ EL MAR, de Patricia Font

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27.- QUE NADIE DUERMA, de Antonio Méndez Esparza

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28.- RUTA SALVATGE, de Marc Recha

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29.- ZINZINDURRUNKARRATZ, de Oskar Alegría

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30.- EL AMOR DE ANDREA, de Manuel Martín Cuenca

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31.- ROBOT DREAMS, de Pablo Berger

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# https://242peliculasdespues.com/2023/12/12/entrevista-a-pablo-berger/

32.- SOBRE TODO DE NOCHE, de Víctor Iriarte

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33.- SAMSARA, de Lois Patiño

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# https://242peliculasdespues.com/2023/12/22/entrevista-a-lois-patino/

34.- LA ÚLTIMA NOCHE DE SANDRA M., de Borja de la Vega

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35.- SPLENDID HOTEL: RIMBAUD EN ÁFRICA, de Pedro Aguilera

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Jurado Nº 2, de Clint Eastwood

UN DILEMA MORAL. 

“La moral y la ética cambian con el tiempo, pero siempre deben ser guiadas por la búsqueda de la verdad y la justicia”. 

Noah Chomsky

Desconocemos en qué momento la carrera como director Clint Eastwood (San Francisco, EE.UU. 1930), empezó a ser reconocida, como ya lo era su trabajo como actor que, a día de hoy tiene más de 120 títulos. Quizás podríamos situar ese reconocimiento a finales de los ochenta y principios de los noventa cuando filmó la extraordinaria fábula sobre periféricos veteranos que fue Sin perdón (1992), que revitalizó el olvidado género del western, acompañado de grandes críticas, gran respaldo de público, y numerosos premios. Después vinieron otros magníficos títulos como Los puentes de Madison (1995), Medianoche en el jardín del bien y el mal y Poder absoluto, ambas de 1997, Ejecución inminente (1998), y ya en el siglo XXI, siguió la estela con maravillosas películas como Mystic River (2003), Million Dollar Baby (2004), su díptico sobre la Segunda Guerra Mundial con Banderas de nuestros padre, desde el lado estadounidense y Cartas desde Iwo Jima, el lado japonés, producidas en 2006, y otras hasta llegar a los 40 trabajos, de las que ha compuesto la música en 7 de ellas, siempre a partir de guiones de otros como Boaz Yakin, John Lee Hancock, William Goldman, Paul Haggis hasta Jonathan Abrams, que firma Juror#2, el original de Jurado Nº 2

Su película número 40 nos sitúa en Savannah, en Georgia, una de esas pequeñas ciudades de la costa este estadounidense, donde conocemos a Justin Kemp, un miembro del jurado, el número 2, que debe decidir si James Sythe mató a su novia Kendall Carter en un juicio muy mediático. La cosa empieza a ennegrecerse cuando Justin tiene una implicación en el caso, ya que la noche del suceso, tropezó con algo mientras conducía. Con los hechos encima de la mesa, Eastwood, como tan bien sabe, echa mano al gran cine clásico, a los Preminger, Lumet, y demás, y a sus grandes thrillers judiciales para generar una atmósfera tensa y agobiante en un lugar muy tranquilo y donde parece no ocurrir grandes acontecimientos. Nos quedamos en la mirada y el gesto del protagonista, además, arrastra un pasado algo turbio mientras espera su primer hijo junto a su joven mujer. La trama transcurre sin sobresaltos, con ese tempo tan medido y a la vez, tan pausado, donde vamos conociendo no sólo las circunstancias del juicio, al que, aparentemente, parece tener claro su resolución, aunque Justin, sometido a un dilema moral de aúpa, irá inclinando el veredicto hacia otro lado, en continua lucha interna y externa frente a los hechos que lo inquietan.

La natural y cercana cinematografía del canadiense Yves Bélanger, que transmite toda esa intimidad y la vez negrura e invisibilidad que hay entre el protagonista y los otros, que ha trabajado con sus paisanos como Xavier Dolan y Jean-Marc Vallée, entre otros, en su tercer trabajo con Eastwood, después de Mula (2028) y Richard Jewell (2019), no juega al misterio, sino a la relación con unos hechos y qué hacer ante ellos. Lo mismo que la música de Marck Mancina, que ha trabajado mucho en el cine comercial y en estupendos policíacos como Training Day (2001), de Facqua, amén de hacer la soundtrack de Cry Macho (2018), que no juega a anticipar la trama, ni mucho menos, sino que acompaña a las imágenes, a los rostros y gestos tanto del citado protagonista como los otros intérpretes que ayudan a crear la asfixiante duda que experimenta Justin. El gran trabajo de montaje de Joel Cox, que lleva junto a Eastwood 33 películas desde Ruta suicida (1977), y David S. Cox, que componen una película con un in crescendo alucinante, que te coge desde el primer minuto y no te suelta hasta su gran final, y dejémoslo ahí, generando ese ambiente de duda e inquietud que tiene toda la trama, con esa marca de la casa de Eastwood de situar a un protagonista frente a todos, con sus conflictos y dilemas morales. 

Resulta ejemplar el talento y trabajo de Eastwood para confeccionar sus repartos, nada está al azar, todo está muy supervisado, como vemos en Jurado Nº 2, con la presencia de Nicolas Holt, que empezó de niño su carrera y ha pasado por películas de Bryan Singer, George Miller, Yorgos Lanthimos, y muchos más, siendo el actor perfecto para encarnar las dudas, los dilemas y la angustia que sufre Justin Kemp, intentan huir de su pasado y construyendo, o al menos eso desea, una vida mejor, tranquilo con su mujer y su futuro hijo, aunque la vida, como siempre ocurre, tiene otros planes. Le acompañan Toni Collete que encarna a la fiscal, rol fundamental porque ella también pasará por sus dilemas morales que tienen que ver con la verdad y su carrera política. Y luego, están los intérpretes de reparto, que son más cortos pero no por eso menos interesantes, como J. K. Simmons, curtido en mil batallas, otro miembro del jurado que también debe callar, y otros como Kiefer Sutherland, una especie de guía del protagonista, Joey Deutch, la esposa que está ahí, Chris Messina como abogado defensor, y otros miembros del jurado como Leslie Bibb como la portavoz, y Cedric Yarbrough, que tiene clara la culpabilidad del acusado. 

Desconocemos en absoluto si Jurado Nº 2 es la última película de Clint Eastwood, cuando se estrenó Cry Macho en 2021 si que se pronunció explicando que era su retiro. Por eso, guardamos prudencia y dejamos en el aire la decisión del maduro cineasta, cumplió 94 castañas el pasado 31 de mayo, aunque si nos preguntará a nosotros no tendríamos ninguna duda, le rogaríamos que seguiría haciendo cine, porque directores como Eastwood son los que continúan diciéndonos que el cine, a pesar de tanta tecnología que provoca alucinantes y vacíos impactos visuales, siempre quedan los maestros que capturan con la cámara las cuestiones de la condición humana, a través de la preocupación de un rostro, en una noche aciaga de tormenta donde todo puede cambiar, y nos van situando en el interior del personaje principal, y mostrando los diferentes puntos de vista, tanto emocionales como morales, que van construyendo los diferentes dilemas que se van produciendo. Es es gran cine, es el gran cine que hicieron tantos cineastas y han sido referentes para los otros y otras que han venido después, creyendo en la herramienta cinematográfica para ver todo lo que vemos de los demás y lo que no. Larga vida al cine y al cine de Clint Eastwood, al que ha hecho y al que quizás haga. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La guitarra flamenca de Yerai Cortés, de Antón Álvarez

UNA PENA Y SU MÚSICA. 

“El flamenco siempre es una pena, el amor es una pena también. En el fondo, todo es una pena y una alegría”. 

Camarón de la Isla 

Las primeras imágenes de la película La guitarra flamenca de Yerai Cortés, de Antón Álvarez (Madrid, 1990), definen lo que va a ser su camino. La cosa arranca con una guitarra que toca el citado Yerai. Una actuación que se corta abruptamente para pasar al propio director, sentado en una taberna flamenca, que nos introduce, a modo de prólogo, en la historia contándonos su relación con el protagonista y el lugar y las circunstancias cuando lo conoció. La cámara se le va acercando lentamente, sin prisas, a través de un encuadre muy cuidado, con esa textura que remite al pasado, en la que nos introduce una historia que será muy íntima, muy profunda y oculta un secreto, y su pena. Estamos ante la ópera prima de C. Tangana, el nombre con el que conocíamos al mencionado Antón Álvarez, uno de los músicos más arrolladores y exitosos del actual panorama musical del país, tocando en diversos géneros y estilos como el rap, el trap y pop latino, nuevo flamenco y reguetón.

Una película en la que asistimos a magníficas actuaciones musicales del propio Yerai Cortés, con su gran guitarreo y profundidad en cada nota y lamento, junto a otros músicos y cantaoras de la talla de Remedios Amaya y cantaores como Israel Fernández, o bailaroes como Farruquito, entre muchos otros y otras. Unas interpretaciones en las que se entrelazan la historia personal del protagonista, incluyendo la historia íntima que hay detrás de cada canción, juntamente con los testimonios de sus padres, sus parejas y amigos y familiares, casi siempre con diálogos entre ellos, o con el propio director, y además, el secreto que está ahí, una pena que arrastra Yerai, una pena que es la piedra filosofal del disco con las canciones que vamos escuchando. Una película en la que Álvarez demuestra una solidez descarada, en la que fusiona todos los caminos que abre la película, tanto lo personal como lo público, lo más profundo con lo que no puede contar porque duele demasiado. Las extraordinarias secuencias de las canciones que beben mucho de las Sevillanas (1992) y Flamenco (1995) de Carlos Saura, donde la fuerza de las canciones y sus intérpretes, amén de los bailes, se mezclaba con una gama excelente de texturas y colores que desprendía una fuerza arrebatadora y sublime. 

El director madrileño ha cuidado con detalle y precisión cada secuencia y cada momento musical en una película-viaje con muchos lugares y muchas sensibilidades, y varios tiempos, que ha contado con cinco cinematógrafos como Oriol Barcelona (que ha trabajado con Iba Abad y Oriol Rovira), Nauzet Gaspar, Álvar Riu (con el director Jaime Puertas Castillo), Diego Trenas (en Una noche con Adela, de Hugo Ruiz), y Arnau Valls Colomer (con más de 40 títulos con directores de la talla de Pedro Aguilera, Javier Ruiz Caldera, kike Maillo, Pedro Rivero, amén de varios videoclips con C. Tangana). Para la edición ha contado con un dúo de altura formado por Cristóbal Fernández (con más de 30 títulos en su haber con cineastas tan importantes como Oliver Laxe, Christophe Farnarier y Jaione Camborda, entre otros), y Marcos Flórez (que estuvo en Canto Cósmico. Niño de Elche, y en películas de Margarita Ledo, entre otras), Un gran trabajo que en sus 91 intensos minutos de metraje fusiona con gran naturalidad las actuaciones musicales llenas de alegría y tristeza y la historia y pasado de cada canción y los conflictos familiares y artísticos, a través de conversaciones muy cercanas donde se habla de todo, y de todo aquello que cuesta hablar, a tumba abierta. 

Como no podía ser de otra manera, Antón Álvarez ha puesto el alma y mucho más en su primera película de título tan significativo y revelador La guitarra flamenca de Yerai Cortés que cuenta una pena, una pena de la que no se puede hablar, pero sí cantar y de qué manera. Una película que es un canto a la libertad, a la música sin prejuicios ni imposiciones, y sobre todo, un viaje hacia las entrañas de los durísimos procesos artísticos que ocultan todas las obras, o quizás, las que más nos llegan al alma. Una obra en la que se habla de las cosas importantes, por ende, de todas esas cosas que tanto cuesta hablar porque se callan para que el tiempo y la desmemoria las borré, pero nunca es así, porque nada ni nadie las borra y es crucial hablarlas para seguir sin penas ni tristezas que se arrastran. La cinta de Álvarez nos habla de flamenco, de familia, de penas, pero también, de formas de encarar la pena, ya sea con la música, con enfrentarlas y sobre todo, con abrirse en canal, en un profundo ejercicio de búsqueda interior, de mirarse en tantos espejos como hagan falta y no apartar la mirada siendo totalmente sinceros y darse cuenta de todo, de ese pasado que nos ha llevado hasta hoy, y todas las personas presentes y ausentes que nos han acompañado para que nuestra música suene y transmita como queremos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El cine de fuera que me emocionó en el 2023.

El año cinematográfico del 2023 ha bajado el telón. 365 días de cine han dado para mucho, y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 33 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido ha sido el orden de visión de un servidor, no obedece, en absoluto, a ningún ranking que se precie).

1.- LOS VERDES AÑOS, de Paulo Rocha 

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2.- DECISION TO LOVE, de Park Chan-Wook

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3.- ALMAS EN PENA EN INISHERIN, de Martin McDonagh

# https://242peliculasdespues.com/2023/02/13/almas-en-pena-en-inisherin-de-martin-mcdonagh/

4.- EL TRIÁNGULO DE LA TRISTEZA, de Ruben Östlund

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5.- THE QUIET GIRL, de Colm Bairéad

# https://242peliculasdespues.com/2023/03/08/the-quiet-girl-de-colm-bairead/

6.- SAINT OMER. El pueblo contra Laurence Coly, de Alice Diop

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7.- LOS REYES DEL MUNDO, de Laura Mora 

# https://242peliculasdespues.com/2023/03/17/los-reyes-del-mundo-de-laura-mora/

8.- CRÓNICA DE UN AMOR EFÍMERO, de Emmanuel Mouret

# https://242peliculasdespues.com/2023/03/23/cronica-de-un-amor-efimero-de-emmanuel-mouret/

9.- EL CASTIGO, de Matías Bize 

# https://242peliculasdespues.com/2023/03/31/el-castigo-de-matias-bize/

# https://242peliculasdespues.com/2023/04/03/entrevista-a-matias-bize/

10.- ANHELL 69, de Theo Montoya

# https://242peliculasdespues.com/2023/05/25/entrevista-a-theo-montoya/

11.- UNA BONITA MAÑANA, de Mia Hansen-Love

# https://242peliculasdespues.com/2023/04/13/una-bonita-manana-de-mia-hansen-love/

12.- EL CASO PADILLA, de Pavel Giroud

# https://242peliculasdespues.com/2023/06/03/entrevista-a-pavel-giroud/

13.- TIME TO LOVE, de Mertin Erksan 

# https://242peliculasdespues.com/2023/05/01/time-to-love-de-metin-erksan/

14.- EL TRÍO EN MI BEMOL, de Rita Azevedo Gomes

# https://242peliculasdespues.com/2023/05/04/el-trio-en-mi-bemol-de-rita-azevedo-gomes/

# https://242peliculasdespues.com/2023/05/07/entrevista-a-rita-azevedo-gomes/

15.- LAS 8 MONTAÑAS, de Felix van Groeningen y Charlotte Vandermeersch

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16.- ALIS, de Clare Weiskopf y Nicolas van Hemelryck

# https://242peliculasdespues.com/2024/01/08/alis-de-clare-weiskopf-y-nicolas-van-hemelryck/

# https://242peliculasdespues.com/2024/01/10/entrevista-a-clare-weiskopf/

17.- TI MANGIO IL CUORE, de Pippo Mezzapesa

# https://242peliculasdespues.com/2023/06/03/ti-mangio-il-cuore-de-pippo-mezzapesa/

18.- LA HIJA ETERNA, de Joanna Hogg

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19.- ALMA VIVA, de Cristèle Alves Meira

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20.- LA REVOLUCIÓN Y LA TIERRA, de Gonzalo Benavente Secco

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21.- EL REGRESO DE LAS GOLONDRINAS, de Li Ruijun

# https://242peliculasdespues.com/2023/07/16/el-regreso-de-las-golondrinas-de-li-ruijun/

22.- BARBIE, de Greta Gerwig 

# https://242peliculasdespues.com/2023/07/23/barbie-de-greta-gerwig/

23.- NO SE ADMITEN PERROS NI ITALIANOS, de Alain Ughetto 

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24.- LAS DOS CARAS DE LA JUSTICIA, de Jeanne Herry 

# https://242peliculasdespues.com/2023/09/09/las-dos-caras-de-la-justicia-de-jeanne-herry/

25.- EL VALLE DE LA ESPERANZA, de Carlos Chahine

# https://242peliculasdespues.com/2023/09/13/el-valle-de-la-esperanza-de-carlos-chahine/

26.- EL SOL DEL FUTURO, de Nanni Moretti 

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27.- ASHKAL. Los crímenes de Túnez, de Yousseb Chebbi

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28.- LOS COLONOS, de Felipe Gálvez 

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# https://242peliculasdespues.com/2023/10/22/entrevista-a-felipe-galvez/

29.- LOS ASESINOS DE LA LUNA, de Martin Scorsese 

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30.- EL CHICO Y LA GARZA, de Hayao Miyazaki

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31.- RETRATOS FANTASMA, de Kleber Mendonça Filho 

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32.- ANATOMÍA DE UNA CAÍDA, de Justin Triet 

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33.- DISCO BOY, de Giacomo Abbruzzese

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# https://242peliculasdespues.com/2023/12/29/entrevista-a-giacomo-abbruzzese/

Pobres criaturas, de Yorgos Lanthimos

LA CRIATURA. 

“Qué mutables son nuestros pensamientos y que extraño es ese amor aferrado que tenemos a la vida incluso en el exceso de miseria”. 

Frase de la novela “Frankenstein”, de Mary Shelley

Erase una vez en la Inglaterra victoriana a finales del XIX, en una de esas casas barrocas que se edificaron en tiempos de bonanza y derroche. En una de esas viviendas vive el brillante y poco ortodoxo científico Dr. Godwin Baxter con su servicio y su legión de animales domésticos mutantes, que no están muy lejos de aquellos que creaba el Dr. Moreau en la novela de H. G. Wells. En ese universo cerrado a cal y canto, también vive Bella, una criatura creada por el doctor, emulando a su colega de Frankenstein, de Mary Shelley. Bella se desplaza como una autómata por cada espacio de la casa, y arde en deseos de salir y conocer al exterior, del que apenas conoce nada. Todo ese deseo se abre con la entrada de la casa de Max McCandles, un aventajado alumno de Baxter que le ayudará en sus secretos experimentos. Aunque será la llegada de otro hombre a la existencia de Bella que le empujará a descubrir el mundo y no es otro del vividor y aparentemente mujeriego abogado Duncan Weddeburn. 

El octavo largometraje de Yorgos Lanthimos (Pangrati, Atenas, Grecia, 1973), vuelve a contar con el guionista Tony McNamara como ya hiciese en La favorita (2018), que adapta la novela homónima del escocés Alasdair Gray (1934-2019), aunque mantiene el espíritu que le han llevado a ser uno de los creadores más interesantes del panorama actual, el mismo espíritu que cosechó junto al guionista Efthymis Filippou en obras de tal calibre como Canino (2009), Alps (2011), Lobster (2015), El sacrificio del ciervo sagrado (2017). Cuatro títulos que mantenían espacios muy comunes como un conjunto “familiar” que se mantenía aislada del resto de los mortales, donde se creaban una serie de reglas que se seguían a rajatabla, muchas de ellas nada convencionales y ambiguas moralmente, y la aparición de alguien de fuera, joven, que resquebraja esa especie de tranquilidad y la convertía en un viaje profundo a lo más oscuro del alma, donde se cuestionaba todo y a todos. Pobres criaturas (Poor Things, en el original), sigue muy presente la mirada griega, porque tenemos a una criatura inocente que descubre sus deseos más carnales y se lanza a descubrirlos y sobre todo, a gozarlos, podríamos situar la trama en todo aquello que sería la continuación de La novia de Frankenstein (1935), de James Whale, donde descubrimos a la criatura conociendo el mundo, a través de una sociedad sometida a los convencionales en todos los sentidos. 

Bella rompe con tanta “normalidad”, porque su normalidad es muy diferente, alimentada por un sexo frenético, una forma de expresarse libremente, a su manera, desde su forma de bailar, de hablar, de caminar, y de comer, convirtiéndola en un ser nada contaminado por las reglas moralistas de una sociedad demasiado ensimismada en las normas sociales, que atentan contra la libertad del individuo y sus deseos más oscuros. La trama es lineal, narrada como el cuento de hadas que es, a modo episódico, con los espacios como intertítulos, tenemos London, Lisboa, el barco y París, siguiendo los pasos y el itinerario de Bella, descubriendo la vida, el sexo y sobre todo, descubriéndose y aprendiendo la hipocresía, el materialismo y la miseria de los demás, y los espacios para generar más justicia en la sociedad como leer a Marx, protestar ante el machismo en su trabajo, y vivir un amor libre de ataduras. Estamo seguros que el trato de Bella no es el más apropiado, pero no le falta razón, ella vive su vida sin importarle los demás, o los deseos oscuros de los demás, es alguien transparente, que expresa sin ningún moralismo sus ideas, deseos y emociones más salvajes y nada convencionales, cosa que la hace un ser revolucionario, humano y libre. 

Una película de exquisita pulcritud técnica con el barroco, gótico y onírico diseño de producción de Shona Heath y James Price, que nos remite a novelas como Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, y películas como El sanatorio de Clepsidra (1973), de Wojciech Has, y Las aventuras del Barón Münchausen (1988), de Terry Guilliam, bañado por esa luz, tanto en color como en blanco y negro, velada y artificial que da ese toque de sueño expresionista con esos encuadres imposibles filmados en 35mm que firma el cinematógrafo Robbie Ryan, que ya se encargó de la imagen de la citada La favorita, que ha trabajado para cineastas tan importantes como Andrea Arnol, Ken Loach, Sally Potter, Stephen Frears y Noah Baumbach, entre otros. La excelente música de Jerskin Fendrix, que alimenta esa desventura y no viaje al interior y a los deseos oscuros de la protagonista, que nos retrotrae a los cuentos y las fábulas de donde la película se inspira. El gran trabajo de montaje de Yorgos Mavropsaridis, que ha editado las ocho películas de Lanthimos, en una historia nada fácil que abarca 141 minutos de metraje, que aglutina con serenidad e inquietud la aventura de Bella, en la que vamos descubriendo con ella todo lo que siente y reflexiona junto a ella y el resto que la va encontrando en su viaje. 

Un reparto muy interesante como suelen ocurrir en las películas del cineasta griego, que descubrimos facetas ocultas de sus intérpretes por la complejidad de sus personajes. Un elenco que debe construir unos personajes arquetipos de cuentos de hadas, pero en esa sociedad puritana y moralista y tan victoriana, encabezado por una maravillosa Emma Stone, que también ejerce como coproductora, en su segunda película con Lanthimos. La actriz estadounidense ha dejado a Abigail, la sirvienta real para convertirse en una criatura nada convencional, llena de deseos vitales, sexuales y emocionales, que pondrá patas arriba su alrededor y una sociedad tan anticuada. Su Bella es un personaje de esos que la hacen mejor actriz, en un reto mayúsculo que la actriz no sólo compone con entereza y carácter, sino que nos enamoramos de una joven inocente que no es tan inocente, y una joven que actúa según siente, sin cortarse en absoluto, y sobre todo, a su manera, sin importarle los demás. Una actitud que todos deberíamos aprender tanto. Le acompañan un magnífico Willem Dafoe siendo ese Mad Doctor, lleno de cicatrices ya que fue objeto de experimentos, un ser solitario pero lleno de ciencia, siendo ese padre sin hijos que tiene en Bella toda su vida. 

Después tenemos a los otros, a los individuos de fuera, los que entran en la existencia de Bella. Tenemos a un Mark Ruffalo, algo así como el príncipe del lado oscuro, un donjuanesco y déspota y libertino, que sufrirá en Bella el reflejo de sus miserias, o quizás, de todo aquello que nunca se atrevía a reconocer y ahora, se ha enfrentado a ello. Ramy Youssef es otro hombre de ciencia, acomodado y convencional, que será el bueno o quizás el demasiado perfecto y tremendamente aburrido para un ser con tantas ansías de vida y aventura como Bella, Suzy Bemba es la amiga francesa de Bella, una mujer que vive su vida y sus ideas tan alejadas de lo aceptable. También, vemos a Hanna Schygulla, una presencia siempre estupenda. Vayan a ver Pobres criaturas sin prejuicios, sin convencionalismos, dejándose contaminar por la actitud y el carácter de Bella, que en algunos momentos les chocará, pero no se asusten, ella sólo se deja llevar por lo que siente, sin razonar lo que hace, como hacemos la mayoría, ella agarra la vida y sus consecuencias, mientras el resto piensa que es lo mejor, y la vida mientras tanto va y viene, y muchos siguen en eso, viendo la vida, no viviéndola. Así que, por favor, vivan y disfruten, porque los placeres de la vida están dentro de cada uno de nosotros y nosotras, y lo de fuera es sólo un escaparate, nada más. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA