Entrevista a Xavi Puebla, director de la película «Femení, singular», en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el miércoles 16 de septiembre de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Xavi Puebla, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Fran Arráez de Madavenue, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Vico Escorcia, actriz de la película «Femení, singular», de Xavi Puebla, en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el miércoles 16 de septiembre de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Vico Escorcia, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Fran Arráez de Madavenue, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Cuando inmigramos, solía llorar mucho. Pero me di cuenta que a nadie le importaba.”
Frase de la película Vidas pasadas, de Celine Song
El universo cinematográfico de Xavi Puebla (Barcelona, 1969), se mueve dentro del ámbito laboral como sucedía en Bienvenido a Farewell-Gutmann (2008), donde tres empleados se disputan el puesto vacante de director, En A puerta fría (2012), un agente de ventas en apuros se las ingeniaba para revertir su situación profesional. En Femení, singular la cosa se centra en Nayeli, el eslabón más bajo de la pirámide laboral porque ella es una inmigrante mexicana y de escasos recursos que transita por Barcelona como empleada doméstica. Una mujer invisible, sometida a los cánones laborales impuestos por los que manejan los hilos, y además, tan sola como la distancia que le separa de su país, donde almacena el sueño de un bar junto a su esposo. Un hecho inesperado y totalmente revelador sumirá a Nayeli en un callejón sin salida de compleja solución. Una situación cotidiana en la que sobreviven cientos de miles inmigrantes acumulando empleos para vivir aquí y enviar dinero para allá. Vidas ensombrecidas, vidas pobres y sobre todo, no vidas.
A partir de un guion sólido y sin concesiones coescrito por el desaparecido Jesús Méndez, que colaboró en más de 40 proyectos audiovisuales, Mireia Vidal, coguionista de Yo, de Rafa Cortés y Les mans buides, de Marc Recha, y el propio Puebla, nos situamos en la mirada y el gesto y las pocas palabras de la protagonista, un personaje basado en su rostro y un interior que, en la intimidad, vemos todo el dolor y la incertidumbre en la que está instalada muy a su pesar. La película se cuenta bien y se explica mejor, sin necesidad de artilugios ni inventos para subyugar al espectador, aquí la cosa por otro lado, donde el respetable observa a un personaje viviendo situaciones tan cotidianas como incómodas, en el que se le obliga a vivirlas y no mirar hacia otro lado más cómodo, porque en Femení, singular se tocan temas que duelen, que molestan y que apenas se ven, por no decir que viven en la profundidad del olvido. Nayeli es mujer, inmigrante y pobre, muchos obstáculos para alguien que tiene escasos medios para enfrentarlos, además de la indiferencia y la cero empatía que recibe de sus superiores, como la señora en la que limpia y cuida de su hijo, tan estirada como distante y altiva, o su casera, tan necesitada como ella, pero alejada porque ella se siente en una posición de altura.
La excelente cinematografía de Albert Pascual, que conocemos por sus trabajos con Bigas Luna, Santiago A Zannou, Ibon Cormenzana y Oriol Paulo, entre otros. Una luz mortecina y una cámara quieta y cercana, observadora pero sin invasora, con unas localizaciones que se alejan de lo previsible y buscan la autenticidad y sobre todo, la verdad, aquella que decía Rossellini, la que mira, no juzga y penetra en las entrañas de la realidad y del propio personaje. La música de Isabel Latorre, que ha trabajado con Neus Ballús, Elena Escura y Àlex Lora, entre otros, sensible y sincera que construye ese espacio doméstico y urbano por el que se mueve la protagonista, sin recurrir a los excesos típicos del cine mercantilista. El montaje es de Maria Castan De Manuel, que trabajó con Puebla en su cortometraje Negra nit (2022), amén de las recientes Supernatural, de Ventura Durall y Extrany riu, de Jaume Claret Muxart. Una edición con el aroma de las películas de Fritz Lang en EE. UU., sobrias, concisas y huyendo de alardes ni acelerones, sino apoyadas en la contención que la acerca a Bresson, donde la imagen es el foco principal y la palabra ayuda a ir más allá, dotando al relato de solidez y tangibilidad ya que nos sentimos dentro del personaje, siendo testigos de sus decisiones y sus complejidades.
La presencia de la actriz mexicana Vico Escorcia como Nayeli es todo un gran acierto porque nos la creemos en todo momento, y sin apenas abrir la boca, que hace de su interpretación aún más difícil, porque todo lo debe de expresar desde el silencio, transmitiendo las situaciones tan adversas y en soledad en las que está inmersa en su peculiar método de supervivencia cueste lo que cueste y enfrentándose a una sociedad tan ensimismada en sí misma que olvida con mucha facilidad al otro. Le acompañan Nora Navas como la “señora”, una actriz completísima que siempre resulta muy creíble y natural. Kasi Kapcia es Ilona, que hemos visto en Frontera y Una quinta portuguesa, entre otras. Otros intérpretes son Mònica Almirall, Sergio Caballero, que ha trabajado varias veces con Puebla, y Carles Sanjaime, entre otros. en Femení, singular encontramos referencias al Neorrealismo italiano, al Free Cinema, y cómo no, a los Dardenne, cineastas que han virado sus cámaras, como hizo Buñuel en Los olvidados que corrigió un plano demasiado bonito a Gabriel Figueroa porque la historia iba sobre los que no existen como Nayeli, los que están, trabajan y son pero no para los que los encierran en sus vidas y sus barrios, alejados de ellos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Àlex Lora, director de la película «Unicornios», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el lunes 26 de junio de 2023.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Àlex Lora, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Revolutionary Press, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Anna M. Bofarull, directora de la película «Sinjar», en el Moll de Bosch i Alsina en Barcelona, el Lunes 11 de julio de 2022.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Anna M. Bofarull, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo y excelente fotógrafo Óscar Fernández Orengo, que ha tenido la amabilidad y generosidad de retratarnos, y al equipo de Madavenue, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“La fuerza no proviene de lo que puedes hacer. Viene de superar las cosas que alguna vez pensaste que no podías”
Rikki Rogers
No es la primera vez que la cineasta Anna M. Bofarull (Tarragona, 1979), mira hacia el mundo árabe, porque en Hammada (2009), su segundo largometraje, penetró en la vida de Dadah, un niño saharaui que vive en el campamento de refugiados de Dajla, y a través del cine descubre otros mundos. Esta vez, vuelve a situarnos en una situación difícil, mucho más que la anterior, porque nos enmarca en el universo del Estado Islámico, también llamado “Dáesh”, que en junio de 2014 proclamó el califato desde la ciudad iraquí de Mosul. Pero, la directora tarraconense no lo hace desde la historia general, sino desde la historia íntima, centrándose en tres mujeres que han sufrido las terribles consecuencias de la violencia extrema del Estado Islámico. Conocemos tres mujeres: Hadia, una mujer jazidíe que vive en Sinjar, en la región de la frontera entre Irak y Siria, y es secuestrada junto a sus tres hijos y llevada como esclava sexual y sirvienta. Arjin es una adolescente que escapa del terror y acaba como soldado en las milicias kurdas. Y finalmente, Carlota, una enfermera catalana que descubre horrorizada como su hijo Marc huye para enrolarse en el Estado Islámico.
La película juega a tres bandas, describiéndonos la cotidianidad de las tres mujeres, y lo hace desde la credibilidad, desde lo íntimo, y sobre todo, desde la verdad. La película de Bofarull tiene como espejo los trabajos de Comandante Arian, una historia de mujeres, guerra y libertad (2018), y El retorno: la vida después del ISIS (2021), sobre las mujeres kurdas que luchan contra el Estado Islámico, y las mujeres occidentales que se unieron al grupo terrorista, ambos de Alba Sotorra. Un gran trabajo de producción que les ha llevado a rodar en el Kurdistán iraquí, en el que sobresalen el magnífico trabajo de sonido de Elena Coderch, que ha trabajado con Isaki lacuesta, Neus Ballús y la citada Sotorra, en un inmenso trabajo de sonido en off con la guerra encima. Otros cómplices de la directora que vuelven a verse por el camino, como el trabajo artístico de Laura Folch y Sebastián Vogler, que repiten con la directora, en un buen trabajo porque consiguen con lo mínimo hacer lo máximo, la excelente banda sonora de Gerard Pastor, que capta con sutileza todos los momentos intensos y sensibles que jalonan la trama, y el extraordinario montaje de Diana Toucedo, que crea un relato de gran fuerza dramática y lleno de tensión, con gran ritmo y agilidad, en una película complicada por sus ciento veintisiete minutos de duración.
Mención aparte tiene el excelente trabajo de cinematografía de Lara Vilanova, que estuvo en Trinta Lumes, de Toucedo, y en la citada El retorno: la vida después del ISIS, de Sotorra, en el que realiza un trabajo memorable, un inmenso trabajo que debería mostrarse en todas las escuelas de cine, porque la película filma una intimidad brutal, una intimidad que traspasa la pantalla, acercando una cámara invisible y muy observadora los rostros y gestos más cotidianos, en un grandioso ejercicio de precisión y detalle fílmico, y las impresionantes filmaciones de las secuencias bélicas, rodadas desde el punto de vista de la protagonista, creando todo ese campo bélico en off, donde el sonido juega una papel fundamental, donde lo físico y lo emocional nos atrapa en el caos de caos, disparos y explosiones. Sinjar nunca cae en el sentimentalismo ni la condescendencia, muestra el horror cotidiano sin esconderse, una extrema violencia física y emocional a las que están sometidas estas tres mujeres que duele y apabulla, pero que en ningún caso se recrea con el dolor ni la crudeza de lo que cuenta, todo está bien medido y muy pensado en todo lo que se muestra y lo que no, en un estupendo trabajo de concisión narrativa, construyendo una trama en continua tensión, llena de fuerza y vitalidad, donde los conflictos ahogan a sus tres principales personajes, mujeres que han perdido a sus seres queridos, a lo más importante de sus vidas, y el relato las sigue en sus respectivas construcciones emocionales y sus caminos difíciles y valientes.
Como ocurría en Sonata para violonchelo (2015), el reparto vuelve a brillar con fuerza, creando unos personajes complejos, pero tremendamente vivos y fieles a lo que sienten. Un trío protagonista impresionante encabezado por una Nora Navas como la desdichada Carlota, que poco hay que decir de su extraordinario talento para encarnar a mujeres rotas pero decididas. Su mirada y su gesto, tanto cuando habla como cuando calla es toda una lección de interpretación sin alardes y con la sutileza que requiere un personaje que recuerda a Julia, la violonchelista que también pierde lo que más quiere en la vida. Le acompañan Halima Ilter, una actriz turca que se mete en la piel de la esclava Hadia, una madre que sufre más por sus hijos que por ella, atrapada en el horror cotidiano del Estado Islámico, que sufre constantes abusos físicos, emocionales y sexuales, que lleva con toda la dignidad que puede. Una mujer que debe seguir a pesar de todo. Y finalmente, Eman Eido es Arjin, una adolescente yazidí que fue secuestrada en Sinjar durante cuatro años, desde los 9 a los 13, y logró escapar, y debuta en el cine. Una joven que deberá reconstruirse luchando contra aquellos que la han destrozado.
Nos encanta ver las interesantes presencias de dos intérpretes como Luisa Gavasa y Àlex Casanovas, en breves roles pero muy interesantes para la película, que contribuyen, al igual que el resto del reparto, a darle la profundidad necesaria que necesita una película de estas características, como Harit, el personaje árabe que interpreta el debutante Franz Harram. No pecamos de insensatez, cuando decimos que Bofarull ha hecho su mejor película hasta la fecha, porque no solo cuenta una historia de aquí y ahora, sino que lo hace con sabiduría y desde la intimidad, colocando la cámara en lo físico y lo emocional de sus tres criaturas, contándonos una cotidianidad que horroriza, pero haciéndolo desde lo humano, desde el interior, sin estridencias ni nada que se le parezca, con una sencillez y honestidad abrumadora que celebramos, con ese aroma que recuerda al western clásico en su forma de presentar la fortaleza femenina en situaciones duras, y el cine bélico del este, en su forma de representar la guerra y sus consecuencias emocionales, donde todo se sufre desde la soledad, el silencio y lo humano. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Uno no puede ser uno mismo de manera absoluta cuando se está en público, porque estar en público ya te obliga a cierta autodefensa”
John Lennon
Para hablar de Libertad, opera prima de Clara Roquet (Malla, Barcelona, 1988), nos tenemos que ir a sus primeros trabajos, El adiós (2015), una película de quince minutos, en la que nos hablaba de forma muy íntima y profunda de la muerte, a través de la cuidadora sudamericana y de una niña bien. En su segundo trabajo, Les bones nenes (2016), de 17 minutos, retrataba las consecuencias de los actos a través de una niña y su hermana adolescente en un entorno rural. Para su debut en el largometraje, la directora barcelonesa nos envuelve en un verano, el último de la infancia de Nora, una adolescente de 14 años, con su familia, una familia tradicional y conservadora que representa su madre Teresa, y su abuela Ángela, cuidada por Rosana, una colombiana que recibirá la visita de su hija Libertad, a la que no ve hace años. La recién llegada trastocará por completo la existencia de Nora, porque lo que parecía un verano más, aburrida y solitaria por los juegos demasiado infantiles de los pequeños, y las conversaciones ajenas de los adultos, se convertirá en otra cosa, porque Libertad, un año más que ella, le mostrará otra forma de vivir, de relacionarse con los chicos, y una especie de libertad que hasta ahora, era una quimera para Nora, siempre vigilada y caminando por una senda trazada de antemano.
Roquet se ayuda de parte del equipo que le ha acompañado en sus anteriores trabajos como la productora Lastor Media, el músico Paul Tyan, que le da ese toque sutil y triste de los conflictos que atraviesa la protagonista, y la cinematógrafa Gris Jordana, con una luz cegadora en el exterior, e íntima y densa en los interiores, que recoge con precisión los diferentes tipos de luz que había en los cortometrajes citados, y el delicioso y acogedor montaje de la siempre estupenda Ana Pfaff. Libertad no subraya en absoluto las situaciones que se van produciendo, todo está contado desde el interior y la mirada de Nora, que a modo de fábula, nos va conduciendo por esa transición en la que está inmersa. Por un lado, no encaja en esa vida llena de convenciones, de la que se siente muy alejada, una desconocida para ellos, luego, a más está las decisiones de su madre que no entiende, por la hipocresía y falsedad en la que se mueve, luego, su abuela, ensimismada en sus recuerdos y su demencia, en la que entrada de Libertad en la casa y en ese verano que pinta tedioso, dará un vuelco en el todo cambiara. La visitante le mostrará otra forma de ver la vida, más acorde a lo que Nora siente, sus juegos, sus escapadas, sus baños a la luz de la luna, y sobre todo, una vida de idas y venidas, todo lo contrario a la vivida por Nora.
Nos rondan en la cabeza algunas películas que tienen mucho que ver con lo que cuenta Roquet, esa mirada libre, extraordinaria y sensible de acercarse a esos universos familiares, de verano y llenos de oscuridades, como por ejemplo, La ciénaga, de Lucrecia Martel, Tres días con la familia, de Mar Coll, Las horas del verano, de Olivier Assayas y Una segunda madre, de Anna Muylaert, donde el verano, la familia, las cuidadoras e hijos/as de éstas, juegan un papel fundamental en ese choque de clases, en ese espejo deformador entre los privilegios de unos y las carencias de otros, en esa especie de paraísos invertidos porque lo que materialmente les sobra a unos, emocionalmente les falta. La directora catalana que ha coescrito películas tan interesantes como 10000 km y Los días que vendrán, de Carlos Marqués-Marcet, y Petra, de Jaime Rosales, conoce estos universos burgueses y sus grietas, ya que creció en una familia de estas características, y sabe atrapar de forma sutil y extraordinaria, sus intimidades, sus zonas oscuras y todas sus apariencias y mentiras, y los muestra de forma detalla, intensa y nada invasiva, como deja patente en el cuadro que abre la película, con esas cortinas mecidas levemente por el viento, y de repente, Rosana, las abre y empieza a destapar los muebles ante la inminente llegada de Nora y su familia.
Todo se cuenta sin sobresaltos ni piruetas argumentales, todo encaja de forma maravillosa y llena de sutilezas, el guion escrito por la propia directora, se acoge a un relato lineal, un relato de iniciación, o podríamos decir, un relato de despedida, de ese tiempo de la infancia que Nora está dejando, y entrando en la vida de los adultos, donde todo está bajo la alfombra, donde todo se oculta, donde todo está impregnado de la tristeza y la mentira, de ese mundo que Nora va a huir porque no es el suyo, y sobre todo, porque está provisto de la verdad y la libertad de ser y ejercer de uno mismo, eso que da tanto miedo a los adultos, y por eso siguen el plan establecido desde generaciones. Cada detalle, cada plano y cada movimiento de cámara está supeditado al estado de ánimo de la protagonista, como ocurre con las dos canciones que suenan durante la película: “Pena, penita pena”, de Lola Flores, relacionada con ese mundo de la abuela que se está extinguiendo, y el otro tema que escuchamos, “Si supieras”, de Gloria, que alude completamente a las emociones de Nora, a esa cárcel y esos impedimentos de su madre hacia la joven.
Amén de las interpretaciones brillantes de Nora Navas que es Teresa, la madre de Nora, esa mujer acomodada, que sigue una tradición que ya ni cree ni siente, Vicky Peña como la abuela Ángela, en su mundo, con su enfermedad y ausente y cercana, Carol Hurtado como Rosana, la cuidadora, servil y una más, aunque en la práctica, una menos, y las dos niñas, Nicolle García es Libertad, y María Morera como Nora, que ya nos encantó en La vida sense la Sara Amat, de Laura Jou, se erigen no solo como la pareja protagonista de la película, sino como el contrapunto perfecto a todo el entramado de la historias, con esas dos formas de mirar, de sentir, de esos dos mundos opuestos, tan diferentes, pero que en la práctica, las dos adolescentes tan distintas entre sí, encontrarán ese punto que las une, las acerca, a pesar de sus diferencias, que son muchas, encontrarán aquello que las hace iguales, las ansias por ser ellas mismas, por descubrir el mundo de fuera, sintiéndose que están haciendo algo por ellas, sin nadie que las dirija, que les diga y dejándolas sentir todo eso que andaban tanto tiempo buscando o queriendo encontrar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Josep M. Civit, director de fotografía de la película «La vampira de Barcelona», en su domicilio en Barcelona, el jueves 26 de noviembre de 2020.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Josep M. Civit, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Blanca Aysa, representante, por su amabilidad, paciencia y cariño.
“El mal es vulgar y siempre humano, y duerme en nuestra cama y come en nuestra mesa”.
A. H. Auden
Los más cinéfilos recordarán a Hans Beckert, el asesino de niñas de M, el vampiro de Düsseldorf (1931), la célebre y terrorífica película de Fritz Lang, una crítica abierta y directa a otro asesino, el nazismo, que empezaba a resurgir en Alemania. La historia de Enriqueta Martí, la mal llamada “Vampira de Barcelona”, se encamina por derroteros parecidos al del relato de Lang, ya que nos sitúa en una sociedad dividida entre dominantes y necesitados, entre las altas esferas de la Barcelona de 1913, y aquella otra que se pierde entre callejones del distrito del Hospital, llenos de miseria y depravación, por cabarets canallas, rondando putas desdentadas, pidiendo limosna y al servicio de la caridad de los poderosos. De Enriqueta Martí hay novelas, ensayos, incluso una novela gráfica, que rescatan a un personaje del primer tercio de siglo que, muy a su pesar, se convirtió en enemigo público, al que se le atribuyeron desapariciones y horrendos crímenes de niñas. Lluís Danés (Arenys de Mar, Barcelona, 1972), ha construido una carrera muy interesante como director artístico y director, con títulos como Llach. La revolta permanent (2006), sobre la elaboración del trabajo ”Campanades a Morts”, de Lluís Llach, sobre los asesinatos de Vitoria en 1976, o el personal telefilme Laia (2016), basado en una novela de Salvador Espriu, sobre amores trágicos.
Con La vampira de Barcelona, el director de Arenys, se adentra en otro terreno, más ambicioso, peor con la humildad y la personalidad que caracterizan sus trabajos, poco es más. Lo que más destaca la película es su grandísimo trabajo del espacio cinematográfico, que coge de la citada novela gráfica, con su maravillosa ambientación y empleo visual, con las maravillosas siluetas animadas, herencia de la gran Lotte Reiniger, que agrandan el encuadre, creando esa maravilla de profundidad de campo, donde cada lugar es físico y emocional a la vez, donde un bar se convierte en una calle, y donde los pensamientos y las acciones de los personajes conforman una especie de laberinto escénico, donde todo es posible. El grandísimo trabajo de cinematografía obra de Josep M. Civit, con ese sobrio y elegante blanco y negro, que explica la negrura y sombría Barcelona, con las huellas de la semana trágica de 1909, la inestabilidad política, y la alarmante escalada social y criminal constante. Un b/n, azotado por elementos de color, como hacía Coppola en Rumble Fish, con ese rojo sangre, o el colorido del burdel, donde acaban todo el esplendor de esa falsa Barcelona, que resalta con la negritud del resto, en un mundo donde sueños y pesadillas se mezclan, perdiendo su verdadero significado, donde todo es pura apariencia, donde en mitad de pocos metros, se anudan la vida y la muerte, como el gran teatre del Liceu, o esas calles siniestras en las que pululan seres desesperadas como el padre que busca a su hija desaparecida.
Sebastià Comas es el periodista-guía que usa Danés para mostrarnos su película y su contexto histórico, que abarca medio año, en un potente flashback, que nos remonta al inicio de todo, o el final, según se mire. Comas (en la piel de un grandísimo Roger Casamajor), es un tipo con ideales, alguien en busca de la verdad, un personaje integro que tropezara con los designios de su jefe, que además es su protegido, alguien que cree en un mundo más justo y real, que alivia con morfina sus trastornos psicológicos, un perdedor en toda regla, un antihéroe como los que habitan en las novelas de Baroja o Valle-Inclán o los westerns de Peckinpah o Hellman, un pobre diablo que lucha contra gigantes en forma de molino, un personaje quijotesco, sobrepasado por sus traumas, intentando encontrar su lugar en un mundo atroz y sin escrúpulos, en una sociedad en mantener las formas y más interesada en el dinero y la depravación.
Comas es el puente de este mundo miserable y lleno de mentiras, porque frecuenta la alta burguesía y los bajos fondos, se relaciona con tipos como el abogado Salvat o el jefe policial Amorós y Madame Leonor, la dueña del prostíbulo, pero también, con gente como Amèlia, una puta sin más, que también intenta huir como Comas, o Fuster, el padre enloquecido, o la propia Enriqueta Martí, una curandera y pobre como tantos de esas calles. La película se construye a través de la investigación de Comas sobre unas niñas desaparecidas, con un guion que firman Lluís Arcarazo y María Jaén (que ya habían estado en los anteriores trabajos de Danés), construyendo todo ese imaginario, a través de un rítmico montaje que firma Dani Arregui, el consumado trabajo con el sonido, y el fuera de campo, y al excelente partitura musical, creando ese universo de fábula, lleno de otros mundos, con ese aire romántico y terrorífico a la vez. Danés opta por la artesanía cinematográfica, desde lo mostrado como el impecable trabajo de vestuario y maquillaje, o lo oculto, como esas pesadillas del protagonista, donde cada mirada y gesto de los personajes se vuelve tangible e íntimo, como cada objeto o calle, con ideas fantásticas, como la suciedad y la miseria de esas calles empedradas, el sonido ambiental, esas sábanas-lonas que escenifican las calles, o esos momentos fantásticos, donde realidad y pesadilla se confrontan con el protagonista, elementos que ayudan a crear esa atmósfera inquietante y fantástica que recorre toda la película.
Un extraordinario grupo de intérpretes viene elegidos para encarnas los personajes de esa Barcelona como el citado Casamajor, Bruna Cusí demostrando su enorme valía en cada trabajo, encarnado a Amélia, el personaje que más entiende a Comas, la mirada de Nora Navas para ser la mártir de la función, la Enriqueta Martí de turno, y luego, todo un ramillete de estupendos intérpretes como Francesc Orella, Sergi López, Núria Prims, Mario Gas, Pablo Derqui, Anna Alarcón, Francesca Piñón, Albert Pla, y muchos más, conforman un abanico heterogéneo y peculiar como era la Barcelona de 1913, recorrida por el poder absolutista, heredado de las colonias, con ese otro universo, el que se consumía por las callejones oscuros y malolientes del distrito Hospital, en el Raval, donde gentes sin nombre se mueven entre basuras, escombros y olvidos, intentando sobrevivir y existir por algún pedazo de pan que llevarse a la boca, a expensas de una clase dominante que dirige, ordena y disfruta a su merced. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Mireia Noguera, directora de «Nunca te dejé sola». El encuentro tuvo lugar el martes 15 de octubre de 2019, en Barcelona.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Mireia Noguera, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque y Ainhoa Pernaute de Vasaver, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.