Entrevista a Anna M. Bofarull

Entrevista a Anna M. Bofarull, directora de la película «Sinjar», en el Moll de Bosch i Alsina en Barcelona, el Lunes 11 de julio de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Anna M. Bofarull, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo y excelente fotógrafo Óscar Fernández Orengo, que ha tenido la amabilidad y generosidad de retratarnos, y al equipo de Madavenue, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Sinjar, de Anna M. Bofarull

TRES MUJERES ROTAS Y FUERTES.

“La fuerza no proviene de lo que puedes hacer. Viene de superar las cosas que alguna vez pensaste que no podías”

Rikki Rogers

No es la primera vez que la cineasta Anna M. Bofarull (Tarragona, 1979), mira hacia el mundo árabe, porque en Hammada (2009), su segundo largometraje, penetró en la vida de Dadah, un niño saharaui que vive en el campamento de refugiados de Dajla, y a través del cine descubre otros mundos. Esta vez, vuelve a situarnos en una situación difícil, mucho más que la anterior, porque nos enmarca en el universo del Estado Islámico, también llamado “Dáesh”, que en junio de 2014 proclamó el califato desde la ciudad iraquí de Mosul. Pero, la directora tarraconense no lo hace desde la historia general, sino desde la historia íntima, centrándose en tres mujeres que han sufrido las terribles consecuencias de la violencia extrema del Estado Islámico. Conocemos tres mujeres: Hadia, una mujer jazidíe que vive en Sinjar, en la región de la frontera entre Irak y Siria, y es secuestrada junto a sus tres hijos y llevada como esclava sexual y sirvienta. Arjin es una adolescente que escapa del terror y acaba como soldado en las milicias kurdas. Y finalmente, Carlota, una enfermera catalana que descubre horrorizada como su hijo Marc huye para enrolarse en el Estado Islámico.

La película juega a tres bandas, describiéndonos la cotidianidad de las tres mujeres, y lo hace desde la credibilidad, desde lo íntimo, y sobre todo, desde la verdad. La película de Bofarull tiene como espejo los trabajos de Comandante Arian, una historia de mujeres, guerra y libertad (2018), y El retorno: la vida después del ISIS (2021), sobre las mujeres kurdas que luchan contra el Estado Islámico, y las mujeres occidentales que se unieron al grupo terrorista, ambos de Alba Sotorra. Un gran trabajo de producción que les ha llevado a rodar en el Kurdistán iraquí, en el que sobresalen el magnífico trabajo de sonido de Elena Coderch, que ha trabajado con Isaki lacuesta, Neus Ballús y la citada Sotorra, en un inmenso trabajo de sonido en off con la guerra encima. Otros cómplices de la directora que vuelven a verse por el camino, como  el trabajo artístico de Laura Folch y Sebastián Vogler, que repiten con la directora, en un buen trabajo porque consiguen con lo mínimo hacer lo máximo, la excelente banda sonora de Gerard Pastor, que capta con sutileza todos los momentos intensos y sensibles que jalonan la trama, y el extraordinario montaje de Diana Toucedo, que crea un relato de gran fuerza dramática y lleno de tensión, con gran ritmo y agilidad, en una película complicada por sus ciento veintisiete minutos de duración.

Mención aparte tiene el excelente trabajo de cinematografía de Lara Vilanova, que estuvo en Trinta Lumes, de Toucedo, y en la citada El retorno: la vida después del ISIS, de Sotorra, en el que realiza un trabajo memorable, un inmenso trabajo que debería mostrarse en todas las escuelas de cine, porque la película filma una intimidad brutal, una intimidad que traspasa la pantalla, acercando una cámara invisible y muy observadora los rostros y gestos más cotidianos, en un grandioso ejercicio de precisión y detalle fílmico, y las impresionantes filmaciones de las secuencias bélicas, rodadas desde el punto de vista de la protagonista, creando todo ese campo bélico en off, donde el sonido juega una papel fundamental, donde lo físico y lo emocional nos atrapa en el caos de caos, disparos y explosiones. Sinjar nunca cae en el sentimentalismo ni la condescendencia, muestra el horror cotidiano sin esconderse, una extrema violencia física y emocional a las que están sometidas estas tres mujeres que duele y apabulla, pero que en ningún caso se recrea con el dolor ni la crudeza de lo que cuenta, todo está bien medido y muy pensado en todo lo que se muestra y lo que no, en un estupendo trabajo de concisión narrativa, construyendo una trama en continua tensión, llena de fuerza y vitalidad, donde los conflictos ahogan a sus tres principales personajes, mujeres que han perdido a sus seres queridos, a lo más importante de sus vidas, y el relato las sigue en sus respectivas construcciones emocionales y sus caminos difíciles y valientes.

Como ocurría en Sonata para violonchelo (2015), el reparto vuelve a brillar con fuerza, creando unos personajes complejos, pero tremendamente vivos y fieles a lo que sienten. Un trío protagonista impresionante encabezado por una Nora Navas como la desdichada Carlota, que poco hay que decir de su extraordinario talento para encarnar a mujeres rotas pero decididas. Su mirada y su gesto, tanto cuando habla como cuando calla es toda una lección de interpretación sin alardes y con la sutileza que requiere un personaje que recuerda a Julia, la violonchelista que también pierde lo que más quiere en la vida. Le acompañan Halima Ilter, una actriz turca que se mete en la piel de la esclava Hadia, una madre que sufre más por sus hijos que por ella, atrapada en el horror cotidiano del Estado Islámico, que sufre constantes abusos físicos, emocionales y sexuales, que lleva con toda la dignidad que puede. Una mujer que debe seguir a pesar de todo. Y finalmente, Eman Eido es Arjin, una adolescente yazidí que fue secuestrada en Sinjar durante cuatro años, desde los 9 a los 13, y logró escapar, y debuta en el cine. Una joven que deberá reconstruirse luchando contra aquellos que la han destrozado.

Nos encanta ver las interesantes presencias de dos intérpretes como Luisa Gavasa y Àlex Casanovas, en breves roles pero muy interesantes para la película, que contribuyen, al igual que el resto del reparto, a darle la profundidad necesaria que necesita una película de estas características, como Harit, el personaje árabe que interpreta el debutante Franz Harram. No pecamos de insensatez, cuando decimos que Bofarull ha hecho su mejor película hasta la fecha, porque no solo cuenta una historia de aquí y ahora, sino que lo hace con sabiduría y desde la intimidad, colocando la cámara en lo físico y lo emocional de sus tres criaturas, contándonos una cotidianidad que horroriza, pero haciéndolo desde lo humano, desde el interior, sin estridencias ni nada que se le parezca, con una sencillez y honestidad abrumadora que celebramos, con ese aroma que recuerda al western clásico en su forma de presentar la fortaleza femenina en situaciones duras, y el cine bélico del este, en su forma de representar la guerra y sus consecuencias emocionales, donde todo se sufre desde la soledad, el silencio y lo humano. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Montse Germán

Entrevista a Montse Germán, actriz de «Sonata para Violonchelo». El encuentro tuvo lugar el viernes 20 de noviembre de 2015, en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Montse Germán, por su tiempo, generosidad y simpatía, a Eva Calleja de Prismaideas, por su paciencia, amabilidad y cariño, y a Diana Toucedo, montadora de la película, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

Entrevista a Anna M. Bofarull

Entrevista a Anna M. Bofarull, directora de «Sonata para Violonchelo». El encuentro tuvo lugar el viernes 20 de noviembre de 2015, en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Anna M. Bofarull, por su tiempo, generosidad y amistad, a Eva Calleja de Prismaideas, por su paciencia, amabilidad y cariño, y a Diana Toucedo, montadora de la película, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

Sonata para Violonchelo, de Anna M. Bofarull

EL ABISMO DEL DOLOR

La película arranca de forma brutal y terrorífica, vemos a la protagonista, Julia Fortuny mirándose al espejo, desencajada y perdida, se toma unas pastillas para acabar con su vida, en un intento de abandonar y romper con todo. Anna M. Bofarull (Tarragona, 1979) debuta en la ficción, ya había trabajado en algunos documentales, entre ellos Hammada (2011), donde realizaba una exploración personal y humana de los refugiados saharauis, y también colaboradora con Isaki Lacuesta en La noche que no acaba (2010). Ahora, partiendo de una vivencia personal (su madre padece fibromialgia) se enfrenta a una historia durísima y emocionante a la vez. Nos muestra la vida de Julia Fortuny, una mujer atractiva y elegante entrada en los 40, y violonchelista de éxito. Una mujer que ha dejado todo aquello que le apartaba de su pasión, la música, por la que vive, sufre y desea. Después de un tiempo de padecer dolores y sin conseguir un diagnóstico médico, un doctor le comunica que tiene fibromialgia. A partir de ese instante, Julia tiene que lidiar con los fuertes dolores de sus extremidades, y su único fin es seguir interpretando con su instrumento los conciertos que tiene comprometidos y seguir con sus clases de profesora.

Julia es una mujer dura, de fuerte carácter que se ve inmersa en una lucha difícil y constante por continuar con su vida. Julia es amante de la soledad y de su música, aunque también se relaciona con otras personas de manera mecánica y frugal, con Abel, un joven alumno con el que se acuesta alguna vez por pasar el rato, Rovira, su agente, que actúa como su hermano mayor, y su familia, una madre enferma que parece vivir en otro mundo, un padre, que le recrimina su actitud, y una hija, Carla, a la que lleva mucho tiempo sin decirle que la quiere. Bofarull nos cuenta la película a fuego lento, nos va descubriendo sus aristas y personajes, como se relacionan y que guardan en su interior, nos sumerge en este viaje al abismo, a lo más profundo del alma de cada uno, a ser testigos de cómo una alma herida que no cesará de luchar contra ese enfermedad que la aparta de su música, de ella misma. Un personaje que comparte las huellas de los personajes femeninos de Bergman, esas mujeres fuertes pero inmersas en un combate personal que las lleva a sufrir hasta el punto de hacerse daño, y al borde la locura. Una película seca, donde nos cuentan el dolor y el sufrimiento de alguien que no quiere reconocerse, ni con ella ni sobre todo, con los demás, alguien que ha decidido su vida, y la ha vivido a su manera, alejada de lo emocional, sólo destapando sus emociones a través de la música, su verdadero amor, que escucha en cualquier instante. Bofarull nos conduce por varios escenarios, que filma de manera distante y fría, hubiera sido muy fácil caer en esa sensiblería que encaran muchos films a la hora de mostrar la dureza de los enfermos, Bofarull se mantiene en su sitio, su sobriedad encoge el alma, y además emociona de manera sutil y nos envuelve de forma cadenciosa, siendo testigos del declive que va padeciendo la protagonista. Esos ambientes helados, tantos físicos como emocionales, nos describen un mundo a punto de derrumbarse, bajo esa capa de sofisticación y éxito que aparenta Julia, se esconde alguien sólo, muerto de sentimientos, que deberá empezar de nuevo o cambiar el camino para no sentirse sola.

La ambientación de Sebastian Vogler (autor de Història de la meva mort o Stella Cadente, entre otras), la luz tenue de Àlex Font, sin olvidarnos de la absoluta protagonista de la película, la música, que ambienta y explora las emociones que brotan como un cuchillo, y complejas de Julia, y esa composición de Dvoràk, que se convierte en la ruta dolorosa y sufrible en el que se inmiscuye la protagonista para convencerse a sí misma que con su esfuerzo y trabajo, como ha hecho siempre, volverá a conseguir su objetivo, aunque esta vez, tendrá que luchar contra un enemigo mayor, ella misma, que no cejará en su propósito, un combate durísimo que nos devuelve al cine de Kieslowski, Haneke o Ulrich, cineastas que han sabido explorar los miedos y la oscuridad de las almas humanos en febril guerra con ellas, y contra todos. Unos intérpretes bien dibujados que componen un microcosmos sencillo y complicado a la vez, en los que sobresale la magnífica interpretación de Montse Germán, que ya habíamos visto en obras de gran mérito, Ficció, en cine, o Germanes, en teatro. Una maravillosa actriz, en uno de sus mejores trabajos hasta la fecha, que consigue de forma sutil, sobria y cercana transformar una estatua fría que sólo ama su música, en otra que, poco a poco, deberá acercarse a ella misma, y de paso liberarse, entender y comprender al otro, a  aquellos que le rodean, aunque sea por una vez, que en su caso ya sería mucho. Bofarull que ha levantado el proyecto con su medios y con muchísimo esfuerzo y trabajo, ha parido una película durísima, atroz y muy física, aunque cargada de emociones y belleza, y sobre todo, con una mirada cercana, realista y humana a una enfermedad terrible que nos apaga las fuerzas y nuestros deseos, lo que somos.