Lejos del fuego, de Javier Artigas

PODERES EXTRAÑOS.

“No quiero escuchar todo lo que dicen, ni quiero creerme todo lo que veo. No quiero decir todo lo que sé, ni todo lo que pienso. No quería decirlo, pero tú tienes poderes extraños sobre mí.”

La juventud perdida, o esa juventud y su tiempo en el ocaso, en ese limbo extraño y complejo donde los recuerdos de los primeros años de juventud forman parte de la memoria, porque el presente ha cambiado y nosotros con él, ha emprendido un camino que nos ha separado de aquellos amigos inseparables por entonces. Después de un año sin verse, un grupo de cuatro amigas vuelven a encontrarse, en ese espacio incierto en el que ya no eres joven y despreocupado, y te encuentras en una incertidumbre vital de grandes dimensiones, acumulando problemas emocionales, y muy perdido, en mitad de la nada y sin saber qué elegir ni adónde ir. El cineasta valenciano debutante Javier Artigas nos sumerge en una relato de aquí y ahora, que mucho tiene que ver con su edad y su tiempo, en el que nos habla casi en susurros, en un marco intimista sobre las rupturas emocionales de esos jóvenes que no lo son tanto, que han tomado caminos diferentes y ahora se sienten vacíos y vagabundos y extraños de su propia vida.

Artigas sitúa su película en un futuro no muy lejano, en el que los problemas inmigratorios han cambiado las sociedades creciendo enormemente la violencia de odio y discriminación, aupando a los gobiernos a fascistas, y el cambio climático ha hecho estragos en la vida cotidiana, donde ya no llueve, y la única estación existente es un verano tórrido y eterno. Valencia, con sus tradiciones de fiesta y fuegos, en mitad de las Fallas, se coloca como trasfondo de la acción, ya que la ciudad se encuentro sumida en un caos violento y de fuego, en este futuro distópico a la vuelta de la esquina, tan reconocible y doloroso. Artigas nos traslada lejos de la ciudad, lejos de todo ese caos social y emocional, para situarnos en un casa de pueblo, en un lugar casi fantasmal, en el que no se ven habitantes, en un sitio aislado donde las cuatro amigas y el hermano de una de ellas, pasarán un par de días envueltas en sus problemas y sus inquietudes emocionales.

Conoceremos a Palo, la instigadora de todo esta encerrona, que ayuda a su hermano menor, Toni, sometido a una relación tóxica, mientras ella intenta olvidar los errores del pasado, dejando atrás una relación compleja con su madre que los ha abandonado y la de un chico que la llevó por situaciones muy dolorosas. Virus, la fallera mayor, es una chica que necesita ser el centro de atención y el cariño de los demás, aunque su vida siempre ha estado dirigida por sus padres. Lena es una chica que es artista y se debate entre el consumo de drogas porque en el fondo no sabe qué hacer con su vida y qué desea realmente. Y finalmente, Sandy, inmigrante que arrastra el dolor de un ataque que acabó con sus padres. Mujeres jóvenes encerradas que huyen de una sociedad sumida en el caos y la violencia, mientras ella se encuentran perdidas y a la deriva, yendo de un lado a otro sin ningún anhelo de vivir y ser de otra manera, arrastradas por esa desazón vital y destructora de su entorno social.

Quizás, la mejor virtud de Artigas sea su modestia y sencillez, en una película low cost, centrada en sus personajes y relaciones, rodada con un equipo artístico, en el que destacan las interpretaciones sobrias y contendidas, apoyadas en las miradas y gestos sencillos de este plantel joven y natural de Laura Salcedo, Azucena Abril, María Asensi, Érica Molina y Mauro Cervera Just, y técnico debutante, en el que la casa de pueblo aislada de todos y todo, resulta la mejor evidencia de ese lugar lejos de todo donde las amigas de entonces pueden tener el tiempo preciso y el reposo necesario para hablar, desnudarse emocionalmente y sentirse liberadas de esas condenas que las han sumido en la desesperación vital en la que se encuentran, quizás, no resuelvan todos sus problemas internos ese par de días, pero puede ser el comienzo de ver sus vidas de otra forma, siendo más libres, más decididas y sobre todo, coger las riendas de su existencia siendo ellas mismas y olvidando los errores y las situaciones amargas que arrastran del pasado.

Artigas nos habla de esa idea de incertidumbre y dolor emocional de tantos jóvenes de ahora, perdidos en su vida, caminando sin rumbo, a la deriva, siguiendo a otros autores como Jonás Trueba, Carlos Marques-Marcet, entre otros, o a Roberto Bueso en La banda, otra película del buen estado de la cinematografía valenciana producida con bajo presupuesto. Lejos del fuego nos recuerda en muchos aspectos a El unicornio, de Louis Malle, una distopía en el que una joven se alejaba de esa sociedad en una guerra fratricida entre hombre y mujeres, y acaba en una casa aislada rodeada de personajes extraños. En el fondo, Artigas nos viene a decir que en momentos vitales extraños y perdidos, sea buena idea llamar a esas amistades que hace demasiado que no vemos, como nos canta La Bien Querida en su temazo Poderes extraños, la melodía que también nos habla del estado emocional que sienten las amigas, esas amistades perdidas que siempre están ahí aunque ahora nos hayamos olvidado de eso, porque siempre nos ayudarán a compartir soledades y sobre todo, a sentirnos mejor, aunque sólo sean un par de días, o incluso muchos más. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Carlos Marques-Marcet

Entrevista a Carlos Marques-Marcet, director de la película «Los días que vendrán», en el Soho House en Barcelona, el martes 25 de junio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlos Marques-Marcet, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y a Paula Álvarez de Avalon, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a David Verdaguer y María Rodríguez Soto

Entrevista a David Verdaguer y María Rodríguez Soto, intérpretes de la película «Los días que vendrán», de Carlos Marques-Marcet, en el Soho House en Barcelona, el martes 25 de junio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a David Verdaguer y María Rodríguez Soto, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y a Paula Álvarez de Avalon, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Los días que vendrán, de Carlos Marques-Marcet

TRES VIDAS INCIERTAS.

En el universo cinematográfico de Carlos Marques-Marcet (Barcelona, 1983) abundan los personajes entre dos mundos, situados en un espacio de incertidumbre que los agobia profundamente, individuos que creen tener las situaciones bajo control, o al menos eso les gusta pensar, porque cuando estalla el conflicto en el interior de la pareja, toda esa paz y tranquilidad que parecía reinar, estalla en mil pedazos, provocando todos los conflictos habidos y por haber, convirtiendo sus espacios en lugares llenos de caos, desesperación y emocionalmente llenos de dudas y discusiones, llenando sus existencias de laberintos sin entrada ni salida posible, al menos, por el momento. Es un cine de nuestro tiempo, de aquí y ahora, pero universal y atemporal, centrado en los jóvenes de ahora, de sus vidas y no vidas, de las que viven y las que dejan por vivir, que habla de la intimidad de la pareja, de los sueños personales, tanto profesionales como emocionales, y sobre todo, de todos esos conflictos que se instalan en el seno de un amor que no parece tan irrompible, sujeto a demasiadas derivas emocionales y sobre todo, a demasiadas circunstancias motivadas por la incertidumbre laboral. Un cine que habla de los tiempos actuales, pero que se centra en las emociones de los personajes, convertidos en robinsones crusoe extraviados en sus emociones y sus innumerables dudas, tanto existenciales como todas las demás.

En su opera prima, 10.000 KM (2014) Marques-Marcet nos contaba los conflictos de una relación a distancia. En la siguiente película, Tierra firme (2017) nos hablaba de una relación sentimental entre dos mujeres y el conflicto que generaba la idea de tener un hijo. En Los días que vendrán, ya no existe esa idea de tener un hijo, sino que el hijo llega en forma de embarazo a las vidas de Vir y Luís, una pareja que llevan un año saliendo. Mientras la pareja espera esa vida, que después de bastantes dudas deciden tirar palante, se enfrentan a las vidas propias, que la noticia del embarazo, ha hecho tambalear y de qué manera, el presente ha dejado pasó de un plumazo al futuro, a ese futuro incierto que les llena de miedos e inseguridades, tanto a ellos como a su relación de pareja. El director barcelonés aprovecha el embarazo real de dos de sus amigos, María Rodríguez Soto y David Verdaguer (que parece en las tres películas del director) magníficos en sus roles, redescubriéndonos constantemente a sus personajes y sus derivas emocionales, para contarnos ese tiempo incierto y lleno de dudas del embarazo, en el que la vida íntima de pareja y cotidianidad, deja paso a estar “embarazados”, a todos los cambios, tanto físicos como emocionales a los que deberán enfrentarse, a este espacio incierto en el que se irán convirtiendo en tres, un tiempo de espera de Zoe, nombre que pondrán a la nueva vida que está creciendo en la barriga de Vir.

Muchas vidas cruzadas nos relatan en el guión firmado por el propio director, Clara Roquet (que vuelve a trabar con Marques-Marcet, después del paréntesis de Tierra firme) y Coral Cruz (coguionista de Agustí Villaronga, entre otros) a saber, la de Vir y Luis, los personajes que dan vida los intérpretes Verdaguer y Rodríguez, los citados actores que también están viviendo su embarazo real, y por último, el maravilloso juego entre ficción y documento que establece el director cuando estos personajes interactúan con personas reales de su entorno más próximo, como los padres y hermano de María Rodríguez, con ese momento intensísimo y magnífico con la grabación de vhs, donde vida y cine se fusionan de forma increíble, casi en una vuelta del skype que aparecía en 10.000 KM, o los amigos de David Verdaguer, en esos instantes donde el cine y lo contado alcanza un espacio de limbo, donde la vida real y la ficción consiguen mezclarse de manera natural y muy íntima. El cineasta catalán nos ofrece la última de una especie de trilogía improvisada, donde habla de todos nosotros, de aquello que somos y lo que dejamos de ser, donde construye un interesando y brutal puzle de imágenes llenas de vida, muy orgánica, una especie de diario filmado de un embarazo, con sus pros y contras, con la vida escapándose a cada rato y dejándonos del revés.

Una película intimista y vital, la mejor de sus películas, por su belleza y tristeza, por la intensidad e intimidad de sus imágenes tan llenas de vida, y con todo lo que ella conlleva, que a veces resulta bella, mágica, triste, rota, herida, confusa, vacía o llena de risas tontas, de lágrimas espontáneas, de polvos rápidos o llenos de amor, de momentos recordados y otros, olvidados, con situaciones cómicas, como ese instante en el que deciden el nombre de la criatura que vendrá, y otras, duras, donde la discusión alcanza lo más oscuro y profundo de cada uno de nosotros, de palabras arrepentidas, de palabras que cuentan y otras, que confunden más, con ese aroma del «Free Cinema», con películas de un tiempo y una juventud como Sábado tarde, omingo mañana, Un sabor a miel El ingenuo salvaje, entre otras, o las comedias agridulces de Linklater con Delpy y Hawke, cine cercano y realista,  porque lo que nos viene a decir Marques-Marcet es que la vida era esto, no lo que nos habían contado o lo que nosotros a partir de eso hemos imaginado, la vida era todo lo que sentimos, mezclado y fusionado, en el que por momentos lo tenemos claro o más o menos, y en otros, somos un mar de dudas, incertidumbres y miedos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Laura Álvarez

Entrevista a Laura Álvarez, directora de la película «City For Sale», en el Carrer de la Riera de Sant Miquel en Barcelona, el martes 18 de junio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura Álvarez, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y al equipo del DocsBarcelona,  por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

La banda, de Roberto Bueso

LA VIDA QUE DEJASTE.

“No son cosas que pasan. Son cosas que haces”.

El arranque de la película define con precisión y naturalidad el estado emocional de Edu, su protagonista, un músico talentoso instalado en Londres, esperando para la prueba que le permitirá ingresar en una de las bandas más importantes de la ciudad. Aunque, mientras espera sentado en la sala contigua, algo ocurre en su interior y de repente, se levanta y se marcha, coge un taxi y coge el primer vuelo que le llevará a su pueblo del que salió hace tres años. Esa dicotomía emocional de la vida de ahora con la vida de antes es la que define el estado en el que se encuentro Edu, enfrascado en un puente entre dos mundos, dos vidas, una especie de limbo en el que se debate entre dos formas de vivir, dos caminos diferentes que definirán su vida de ahora en adelante. Roberto Bueso (Valencia, 1986) se inicia en el campo del largometraje con un relato iniciático, un conflicto emocional en el que describe a él mismo y muchos jóvenes de su edad, esa edad en la que dejamos de ser quién éramos para convertirnos en aquello que siempre hemos querido ser o no. Ese conflicto emocional por el que atraviesa Edu, que se incrementará aún más cuando llega al pueblo para asistir a la boda de su hermano mayor, un hermano con el que tiene poco o nada en común, y unos padres, que según él, a pesar de tantos años de amor, se siguen cogiendo de la mano, quizás, ese leve gesto de los progenitores aún evidencia más la falta de arraigo emocional que siente Edu.

El protagonista se reencuentra con sus colegas del alma, aquellos que desde niños forman parte de la banda musical del pueblo, ahora, los ve diferentes, extraños, o simplemente iguales pero él los ve de otra manera, Juanma, su mejor amigo, que sale con Alicia, su amor secreto, el Cabolo y el Farinós, que andan casi como él y los demás, de aquí para allá, sin saber muy bien que hacer o que elegir, atrapados en ese estado de no lugar, de no sentir, de no saber, como reiterará el personaje de Edu varias veces durante la película, ese “No sé”, reiterativo que describe ese estado emocional tan significativo de alguien con miedo, que no reconoce su vida de antes y se siente perdido con la vida de ahora, la que tiene que afrontar, un mar de dudas, de conflictos y de andar por un pueblo intentando recuperar lo que ya no es, con los objetos que ya no le pertenecen como esa moto de aventuras juveniles, o ese recorrido por un pueblo nocturno mientras tocan canciones populares de toda la vida como “La manta al coll” o “No en volem cap”, himnos para tantas generaciones de valencianos en las fiestas, o incluso, sentirse ausente en esas quedadas para beber con los colegas, unos colegas con los que ya se ha perdido aquello que tenían, la vida, dirán algunos o el tiempo, ese tiempo que nos hace mayor y nos va definiendo según el camino que vamos eligiendo.

Bueso nos habla entre susurros de un tiempo que jamás volverá, de un tiempo que puede atraparse una noche entre cervezas y “papas”, pero nada más, el tiempo continuará su curso y tú, a su lado con tus decisiones, con la lluvia como leit motiv narrativo que va y viene como las dudas emocionales instaladas en el interior del protagonista.  Quizás, ese tiempo, como el que vivirá con Alicia, la novia del colega con el que ahora pasan una crisis, un amor secreto y de juventud, de la primera, de esa que ha pasado, donde los recuerdos se pierden o se reinventan porque ya no se recuerdan o quizás se han vivido de otra manera. Alicia como ese amor de antes que le hará volver a vivir en el pueblo, instalarse de nuevo, no como un pasajero sin destino como ahora, un amor que quizás es algo mágico, de cuento, casi como un espejismo como ese grandísimo momento en el jardín botánico, donde todo se paraliza, donde el tiempo que tanto daña ha dejado de correr, donde las cosas y el amor pueden salir y abrazarnos, quizás es un sueño, pero un sueño que vive, aunque sea por unos momentos, una realidad maravillosa entre Alicia y Edu.

El director valenciano filma en esos pueblos alrededor de Valencia, en su ambiente y con los suyos, y homenajea la música de su tierra (no obstante el 50% de los músicos españoles son valencianos) y opta por un plantel de intérpretes debutantes en el cine escogidos de las bandas de los pueblos por Eva Leira y Yolanda Serrano, dos de las más grandes directoras de casting del panorama nacional. Un reparto que transmite proximidad, naturalidad y brilla con lo mínimo, haciendo creíble cada situación y diálogo manteniendo ese valenciano tan característico de las zonas rurales. La banda, tanto la musical como el grupo de amigos, ya pertenecen a ese otro mundo en el que Edu no sabe estar, en esa circunstancia donde ya nada será como antes, perdido y envuelto en ese entorno, el pueblo de antes, un lugar que ya parece lejano y cercano a la vez, un espacio que se puede tocar y saborear, pero tiene diferente tacto y gusto, como alejado, como un aroma perdido en el tiempo.

La película acoge a sus referentes no sólo de fuera, como mucho del cine independiente americano, sino de aquí también, como ese instante sublime en el cine, viendo Los chicos, de Ferreri, escrita por Azcona, donde unos chavales se arremolinan alrededor de un quiosco esperando a ser otros, a ser mayores, a tener una vida o un futuro mejor, que todavía desconocen y sobre todo, no son incapaces de vislumbrar. Un película de hace sesenta años que describe las mismas dudas existenciales que siguen viviendo los jóvenes cuando la vida se pone seria, cuando la vida no la definen las fiestas con los colegas o los días de ensayo, sino tomar decisiones, equivocarse o acertar, y vivir según esas decisiones tomadas, tan complejas y difíciles, tan desestabilizantes emocionalmente, tan duras de llevar, movidos por una existencia dubitativa y a la deriva, en el que la película se asemeja a esas películas intimistas y sencillas del maestro Rohmer, donde sus seres se mueven de aquí para allá sin tener nada seguro ni saber adónde llegar.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

City For Sale, de Laura Álvarez

RESISTIR FRENTE EL MONSTRUO.

“Un turismo que no toma en cuenta a la comunidad, genera grandes sacrificios en el orden moral, espiritual y material en los integrantes de la comunidad en que se instala”.

Laura E. Anguiano

Algunos expertos en la cuestión definen al turismo masificado como “La enfermedad el siglo XXI para las ciudades y sus ciudadanos”. Una epidemia que está arrasando la vida y las vidas de las ciudades, porque aparte de la masificación en los centros de las ciudades por cantidades ingentes de turistas, se suma algo mucho más grave, la acumulación de hoteles y pisos turísticos para albergar a tanto visitante, que lleva consigo la expulsión de los vecinos de toda la vida, acosados por los propietarios para echarlos y construir sus edificios para turistas que les harán subirse al carro de los pelotazos económicos, y aún hay más, la desaparición de los comercios de la zona, sustituidos por un comercio turístico construido por y para ese visitante de usar y tirar. Situación que lleva a una ciudad parque temático que entierra toda identidad y belleza de su patrimonio histórico y su verdadera idiosincrasia. Ciudades sin vida, vacías, llenas de gente de todos los colores, eso sí, con dinero, que invaden y transforman todo aquello que ven, escuchan y tocan.

La puesta de largo de Laura Álvarez (Barcelona, 1985) periodista de formación televisiva, se adentra en todas las consecuencias de este turismo invasivo y masificado de Barcelona, pero no lo hace desde las instituciones, escuchando las reflexiones de expertos en la materia ni disparándonos cifras por doquier, sino que lo hace desde lo íntimo y personal de aquellos vecinos que lo han sufrido, lo sufren y lo sufrirán, entrando en las vidas y los hogares de estas personas que de forma anónima y asociativa resisten frente al monstruo del turismo de masas, y el impacto demoledor que sufre una ciudad de poco más de 1’6 millones de habitantes que suele recibir unos 30 millones de turistas anuales. Álvarez nos muestra cuatro formas de lucha y resistencia, cuatro vidas que se han convertido en existencias difíciles bajo la presión de los propietarios de viviendas que harán lo imposible para expulsarlos y así tener ese espacio para el turista, convertido en un nuevo producto de riqueza brutal.

Conoceremos de primera mano los casos de Montse y Joan, un matrimonio de vecinos inquilinos de renta antigua del barrio Gótico que sufren moobing inmobiliario, en la que nos mostrarán las barbaridades del propietario con obras interminables, polvo, suciedad y agua con el fin de cansarlos y que se vayan por su propio pie como han hecho el resto de los vecinos de la finca.  El caso de Mai y Pepi, hija y madre de la Barceloneta, antiguo barrio de pescadores, ahora convertido en ese turismo de fiesta y borrachera constante, que nos hablarán de la pérdida de identidad del barrio y los cambios salvajes de subida del precio de la vivienda y el deterioro del barrio en pos al comercio turístico, y la invasión de su playa, pero no se rinden porque se asocian con los demás afectados y se movilizan con protestas.  El caso surrealista, de película de Berlanga, que vive Jordi, un jubilado que resistió en su piso pese al moobing, y ahora vive en un hotel, rodeado de apartamentos turísticos, pero él sigue en la batalla comprometido en la lucha vecinas a través de la asociación que ayuda a los casos de moobing que van llegando. Y finalmente, el caso de Carolina que es propietaria de vivienda en el barrio de Santa Caterina, en pleno centro, y debido al turismo ruidoso y masificado tiene que irse a un barrio más alejado porque su trabajo necesita paz y tranquilidad.

La cineasta barcelonesa filma a sus personajes de forma observadora e íntima, apoyándose en un guión medido y sincero escrito al alimón con Laia Manresa (colaboradora de Joaquim Jordà y codirectora de Morir de día, sobre la entrada de la heroína en la Barcelona de los 80, entre otros trabajos) que se sumerge con precisión y paciencia en el fondo de los casos, explorando todas las cuestiones del problema desde la veracidad y la consecuencia de los hechos, ofreciendo la palabra a los afectados, creando ese espacio de intimidad entre la cineasta y la persona que muestra su vida y su conflicto, hablándonos no de esa Barcelona que nos venden con cifras y palmadas condescendientes, sino de aquella otra, desde otra perspectiva más real, más cruda y oscura, como ya lo hicieron el citado Jordà en su monumento implacable que fue De nens (2003) en el que ya estaba Laia Manresa, que emergía sin titubeos el caso de pedofilia más vergonzoso de la ciudad, o En construcción (2001) de Guerín, que ya nos hablaba de la transformación del barrio emblemático del barrio chino desde la mirada de sus vecinos, a los que habría que añadir los más recientes de Ciutat morta, de Xavier Artigas y Xapo Ortega, que nos hablaba de uno de los casos de corrupción policial e institucional de la ciudad, o Alcaldessa, de Pau Faus y Metamorphosis, de Manuel Pérez, que desde puntos de vista diferentes se sumergían en formas de entender la política desde los barrios y para las personas.

Álvarez habla del tabú del turismo desde lo íntimo y personal, en una obra necesaria, de denuncia, de guerrilla y política, desenterrando la realidad de un conflicto que parece no importar a las instituciones, filmando una ciudad deshumanizada que está en venta, toda ella, incluso sus habitantes que parecen sobrar de sus edificios, dando voz a aquellos que sufren esa venta en sus vidas diariamente, desde un punto de vista crítico y humanista, explicándonos sus causas y sus consecuencias de frente y sin sentimentalismos, sino de forma austera y magnífica, en una ciudad, que al igual que otras grandes capitales de Europa, debe empezar a trabajar para concienciar sobre ese tipo de turismo salvaje, consumista y sangrante para las ciudades y sus ciudadanos, en pos de un turismo más tranquilo, consumidor y sobre todo, conciliador con los espacios que visita y empático social con las personas que viven en ese entorno, un espacio que debería ser común, social y humano. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=»https://vimeo.com/272171970″>CITY FOR SALE – Tr&aacute;iler [ESP SUB]</a> from <a href=»https://vimeo.com/cityforsalefilm»>cityforsalefilm</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Entrevista a Salvador Simó

Entrevista a Salvador Simó, director de la película «Buñuel en el laberinto de las tortugas», en el marco del BCN Film Fest, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el miércoles 24 de abril de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Salvador Simó, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Yolanda Ferrer de Wanda, y al equipo de prensa del BCN Film Fest,  por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó

LA HUMANIDAD DEL CINEASTA.  

“Una película puede ser buena, mediocre o pésima, pero nunca debe ser realizada contra la conciencia, los pensamientos y la ideología del autor”

Luís Buñuel (1900-1983)

El dibujante e ilustrador de cómics Fermín Solís imaginó en el 2009 con su novela gráfica Buñuel en el laberinto de las tortugas, las circunstancias en las que despertó la conciencia social de Buñuel durante el rodaje de Las Hurdes. Tierra sin pan (1933). No sabremos con exactitud si así fueron los pormenores que vivió el cineasta para dejar de ser el artista surrealista autor de obras como Un perro andaluz (1929) o La edad de oro (1930) en aquel París bohemio de principios de los treinta. Su compromiso con la provocación, contra lo establecido y su forma de criticar el poder mediante lo cómico y lo surrealista, lo llevaron al ostracismo artístico, en el que nadie apostaba por sus guiones. Pero, vete aquí, que su amigo Ramón Acín (1888-1936) escultor y anarquista que le prometió una película sobre Las Hurdes, si ganaba la lotería. El destino quiso que el 22 de diciembre de 1932, Acín ganase 30000 duros o lo que es lo mismo, 150000 pesetas. Al año siguiente, cargado del material preciso, Buñuel, Acín, y dos colaboradores franceses, viajaron hasta Extremadura para ver, filmar y contar todo lo que allí sucedía.

El productor Manuel Cristóbal, responsable de obras en el campo de la animación con tanto lustre como El bosque animado (2001) o Arrugas (2011) encargó al director Salvador Simó (con una amplia experiencia en el terreno de la animación) el proyecto de llevar al cine la novela gráfica sobre Buñuel y el rodaje de Las Hurdes. Un guión escrito por Eligio Montero (con experiencia en series televisivas) y el propio Simó, arranca en el París de los treinta, explicándonos, muy acertadamente, la forma de ser de Buñuel, ya que en una larga mesa un puñado de artistas hablan del arte, de su forma, necesidad e importancia, en uno de los extremos, Buñuel, vestido de monja, escucha atentamente. La película nos habla del proceso de conciencia del artista surrealista al cineasta humanista, contándonos un relato sobre un joven de 32 años, alguien que buscaba su mirada como director, y también, como persona, y lo hace desde el más absoluto de los respetos hacia el genio cinematográfico, pero también, desde la libertad más absoluta, imaginando ese proceso que quizás no se produjo así, pero quizás, si.

Una narración ágil y sobria, con una animación sencilla y honesta, casi podríamos decir artesanal, rescatando aquellos semanas en Las Hurdes, una zona anclada en el Medievo donde las durísimas condiciones de vida eran infernales. El gran acierto de la película es no recrear mediante la animación las imágenes que todos tenemos en la memoria de la famosa película, sino utilizar las imágenes reales de la película, combinadas con las imágenes animadas creando un vínculo casi inmediato con la veracidad de lo que nos cuentan. La película se centra en la amistad sincera e íntima de Luis Buñuel y Ramón Acín, aragoneses los dos, amigos de siempre, y como que la generosidad de Acín hizo posible una película en la que no creía nadie, en la que la película rinde homenaje a la figura de Ramón Acín, asesinado por los franquistas. Y cómo no podría ser de otra manera, el relato explora con detalle y sobriedad, las relaciones del cineasta con su conciencia social y aquello que está viendo y filmando, las formas y  representación de la realidad, y la capacidad de mostrar aquello invisible y terrible, sin caer en el sentimentalismo y la excesiva crudeza.

Y claro está, la representación de los sueños que atormentaban para bien o mal a Buñuel, desde esos elefantes con largas patas que caminan por la calle, la relación oscura y distante con su padre, y todas las excentricidades del artista irreverente e incomprendido que a veces se sentía en aquellos primeros pasos como cineasta. Simó y su equipo han construido una película bella e intensa, con esa apariencia de ligereza y naturalista que recorren todas sus imágenes, ahondando en el humanismo de Buñuel pero sin caer en la condescendencia y demás, siendo honestos y sinceros con aquello que cuentan, dotarlo de veracidad y brillantez, sumergiéndonos en esas semanas de amistad, cine, conflictos y mucha comedia, entre las relaciones entre ellos y las ideas extravagantes de Buñuel, capturando aquellos días de los años treinta cuando cuatro jóvenes se fueron a conocer y filmar una realidad horrible que padecían tantas gentes abandonadas de todo y todos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Memorias de un hombre en pijama, de Carlos Fernández de Vigo

EL SOLTERO EMPEDERNIDO Y EL AMOR.

Durante el 2010 y 2011 aparecieron en el diario “Las Provincias”, publicado en la Comunidad Valenciana, las primeras tiras cómicas de Memorias de un hombre en pijama, donde el dibujante Paco Roca (Valencia, 1969) explicaba las vicisitudes, más o menos autobiográficas, de un alter ego cuarentón y soltero hasta la médula que cumplía uno de sus sueños infantiles, trabajar desde casa y en pijama, reflexionando sobre su vida, amigos y amores o no, siempre en un tono cómico e irreverente. Debido al gran éxito, saltó a “El País”, de tirada nacional, y luego se convirtió en una novela gráfica. Con la mente puesta en el éxito cinematográfico de Arrugas (2011) otra novela gráfica de Roca, donde explicaba la vejez y contaba el proceso de la enfermedad de Alzheimer del padre de un buen amigo, y contando con un equipo parecido en la escritura con el propio Roca, Ángel de la Cruz y el fichaje de Diana López Valera, le dieron forma a la adaptación de la novela gráfica, contando con el director Carlos Fernández de Vigo, debutante en el universo de Roca. Siguiendo el espíritu que recogían las páginas de los diarios, donde conocíamos a Paco, un tipo cuarentón, soltero empedernido y libre como el aire, que consigue vivir de su talento y en pijama, explicando a sus lectores las desventuras de alguien que se relaciona con sus amigos de toda la vida, con nombres de signos del horóscopo, y sus tribulaciones con el amor y esa cosa de conocerse y conocer a alguien, a través de mucho humor y algo de crítica, que nunca viene mal.

Aunque toda esa vida aparentemente tranquila y feliz, si exceptuamos el amor, donde la fluidez del dibujo se torna torpe y nada delicado, todo cambiará con la llegada de Jilguero, una mujer joven (diez años menos que él) atractiva, risueña y todo un ciclón para la vida encajonada, y a ratos sosa de Paco, lo que arranca como un rollo más o menos interesante, se irá convirtiendo en una relación de pareja, con sus muchos altibajos, y todo lo ello conlleva. Roca, De la Cruz y Fernández de Vigo construyen una película de animación, con la salvedad de su prólogo y epílogo, que utilizan imagen real protagonizada por Raúl Arévalo y María Castro, que prestan sus voces a las dos criaturas protagonistas. La película cuenta la vida de Paco, en una especie de diario de soltero que trabaja como dibujante desde casa, con sus heroicidades y fracasos de sus salidas con sus amigos, para luego añadir la relación con Jilguero, la vida en común y los problemas de pareja más cotidianos y cercanos.

Los 74 minutos de la película avanzan rápido y con gracia, si bien estamos ante una película algo convencional, que a ratos sabe sortearlo con astucia e inteligencia, cuando Paco se relaciona con sus amigos y sus problemas, la love story que nos cuentan es más interesante y divertida a sus inicios, donde todo fluye de manera ingeniosa y cómica, y a medida que avanza, tiene momentos que parece anclarse y la fluidez del principio se resiente, no obstante, remonta en la parte final, creando toda una serie de situaciones divertidas y recurrentes, donde la historia parece devolvernos a la pericia y la inteligente que desborda en su inicio. Resulta interesante y novedosa la elección de la música pop y reflexiva de Love of lesbian como banda sonora, no sólo como seguimiento, sino como algo más, donde las canciones nos cuentan las interiores del personaje protagonista, dotando a la música de una relevancia muy propia. A parte de las voces citadas, tenemos la del actor Manuel Manquiña, a través de uno de los personajes más interesantes de la función, ese repartidor de correos exprés, que será despedido por un encontronazo con Paco, y seguidamente, iremos viendo en los trabajos más diversos y extravagantes, y sus continuos desencuentros con el protagonista (a modo del amigo que le pide siempre dinero a Antoine Doinel en Besos robados).

Memorias de un hombre en pijama es una película entretenida, a ratos, muy divertida, y en otros, afortunadamente en los menos, demasiado evidente, pero en conjunto un buen ejercicio de cine de animación que atrapa y hace pasar un buen rato, en el que a través de su sencillez y ligereza, logra hacernos reflexionar sobre nosotros mismos y en la sociedad en que vivimos, en esos tipos afortunados en el trabajo y desorientados, casi perdidos en el amor, o los vaivenes de lo romántico, las difíciles convivencias, aceptar al otro, los vacíos creativos, compartir espacios, las dificultades de sentirse bien, y sobre todo, lo que nos cuesta sentir amor y expresárselo al otro. Todo eso y más, explica la película de Fernández de Vigo, De la Cruz y Roca, que sin llegar a la elegancia narrativa y emocional de Arrugas, han creado una comedia romántica digna, con altibajos, pero digna y eficiente, con momentos divertidos e inteligentes, que no es poco.