Entrevista a Arantxa Echevarría

Entrevista a Arantxa Echevarría, directora de la película “Carmen y Lola”. El encuentro tuvo lugar el lunes 3 de septiembre de 2018 en cafetería de los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Arantxa Echevarría, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque y Ainhoa Pernaute de Vasaver, por su tiempo, generosidad, paciencia y cariño.

Carmen y Lola, de Arantxa Echevarría

UN AMOR PROHIBIDO.

“Ser mujer sigue siendo una tarea difícil. Ser mujer y gitana, lleva acompañado toda una cultura de siglos de patriarcado y machismo. Ser mujer, gitana y lesbiana, es directamente no existen”

Arantxa Echevarría

Nos encontramos en el extrarradio de Madrid, aunque podría tratarse de cualquier ciudad del mundo, en uno de esos barrios de la periferia, en los que se acumulan los más desfavorecidos, donde conoceremos a Lola, una gitana adolescente diferente a las demás, Lola va al instituto, sueña con ir a la universidad, pinta grafitis de pájaros, y además, a Lola le gustan las chicas. Un día, en esos días de mercadillo, donde su familia vende frutas y verduras, se tropieza con Carmen, una gitana guapísima de su misma edad, el enamoramiento de Lola es instantáneo, como si un rayo la atravesara, esa primera mirada, esas hormigas revoloteando en el estómago, ese primer amor. Aunque, la cosa no va a ser nada fácil, porque Carmen está pedida y prepara su boda con un primo de Lola.

La directora Arantxa Echevarría (Bilbao, 1968) lleva más de un cuarto de siglo en esto del cine, trabajando en los equipos de producción y realización para otros directores, en el año 2010 se lanzó a dirigir cortos cosechando grandes éxitos, y ahora se ha decidido a debutar en el largometraje coproduciendo, escribiendo y dirigiendo una tierna y sensible love story protagonizada por dos gitanas en un contexto hostil y cerrado como la comunidad gitana, un entorno establecido en el que rigen unas tradiciones sociales y culturas ancestrales, donde las mujeres están destinadas a casarse y ser madres. Echevarría se adentra en el mundo gitano desde el respeto y sus contradicciones, sin juzgar a sus protagonistas ni a sus familias, dejando que el espectador tome partido, explicándonos su cuento urbano y febril de manera sencilla y honesta, sin caer en estereotipos ni prejuicios, contándonos el primer amor, esa primera vez que descubrimos el amor, con la circunstancia que se trata de dos chicas gitanas, y protagonizarán un amor prohibido, clandestino, lejos de miradas inquisitivas y reprobadoras.

La cineasta bilbaína nos cuenta su película a través de la mirada de Lola, la chica diferente, la que quiere otra vida para ella, la que se mete en chats de lesbianas y pinta grafitis de pájaros que vuelan libres, sin rumbo ni destino, y todo lo hace a escondidas, lejos de los suyos, que censuran su vida y su forma de ser, Lola ve en Carmen ese pájaro enjaulado como ella, y se siente fuertemente atraído por ella, aunque las circunstancias se encaminen hacia otro lugar, pero el caprichoso destino las irá empujando hacia lo inevitable y vivirán esa historia de amor pequeña y oculta. La luz luminosa y cercana de la película, obra de Pilar Sánchez Díaz (también coproductora de la cinta) con ese aroma brillante, que contrasta con la oscuridad emocional que sienten y viven las protagonistas, recuerda a los trabajos de Teo Escamilla para Saura o los de José Luis Alcaine para Almodóvar, una luz luminosa que baña cada rincón de ese barrio y sus espacios, donde a veces escuchamos música flamenca que acompaña en las celebraciones de los gitanos (en el culto religioso, en la fiesta de pedida o el cumpleaños del novio) motivo de alegría para la comunidad, contrarrestada por los momentos de silencio cuando las dos chicas se dejan llevar por sus sentimientos y sus miedos.

La película emana ese cine social que hizo grande al cine británico de finales de los 50 y comienzos de los 60, que han heredado cineastas como Saura o Armendaríz, a través de la urbanidad y la suciedad de los desplazados del centro de la urbe, como vimos en películas de la calidad de Deprisa, Deprisa o 27 horas, y más recientemente, el cine de los Dardenne, tan interesado en las penurias de los invisibles de las urbes, o los chavales aburridos sin nada que hacer de Barrio, de León de Aranoa, chicos y chicas que van de un lado a otro, en esa edad difícil donde están de paso, donde cada experiencia es un descubrimiento que marcará sus destinos, en ese estado de transición que todavía no se ha definido hacia ningún lugar o destino. El extraordinario reparto de la película, todos ante su primera experiencia cinematográfica, con el maravilloso dúo protagonista, Zaira Romero y Rosy Rodríguez, las Lola y Carmen, bellas, espontáneas y sinceras, bien secundadas por Carolina Yuste como Paqui, esa gitana que ha roto una lanza a favor de encaminar a los gitanos a otro futuro, y Moreno Borja y Rafaela León, padres de Lola, y un grupo de casi 150 gitanos que dan vida a los personajes de la película.

Echevarría ha construido una película sensible, íntima y deslumbrante, tanto por su contenido, complejo y difícil, como su forma, desde esa distancia en la que explica su historia de manera libre y sin complejos, acercándose a la comunidad gitana desde su diversidad, complejidad y singularidad, sin caer en la superficialidad, ni crear un cuento de buenos y malos, sino de seres diferentes y complejos, seres que aman, que sufren, que viven según su cultura, sus tradiciones, educación y experiencias, en una magnífica película con encanto y detallista, en la que todo ocurre desde una mirada libre y desacomplejada, una mirada convertida en los precios que tenemos que pagar por ser libres, y sobre todo, por amar en libertad, sin coacciones de ningún tipo, siendo las personas que queremos ser, trabajando para vivir y amar como sentimos.

Entrevista a Lluís Segura

Entrevista a Lluís Segura, director de la película “El club de los buenos infieles”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 21 de marzo de 2018 en los Cinemes Texas en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lluís Segura, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute de Vasaver, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Jordi Vilches

Entrevista a Jordi Vilches, actor en la película “El club de los buenos infieles” de Lluís Segura. El encuentro tuvo lugar el miércoles 21 de marzo de 2018 en los Cinemes Texas en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jordi Vilches, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute de Vasaver, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

El club de los buenos infieles, de Lluís Segura

LA MASCULINIDAD EN PELOTAS.

Las cenas de reencuentros escolares sirven, en la mayoría de casos, para darse cuenta que el tiempo es muy sabio, y nos dice que, con aquellas personas que compartimos casi todo en nuestros años de EGB o Instituto, ya no tenemos nada en común, y se han convertido en verdaderos extraños, y en algunos casos, en unos cretinos de muy padre y señor mío. La película arranca con una cena de esas y claro está, se reencuentran cuatro amigos que formaban una panda. Después de la cena, siguen la marcha y acaban casi de día, colándose en el colegio que los conoció para rendirse cuentas a ellos mismos y mostrarse sinceros con esos desconocidos que hacía la tira que no veían. Cada uno de ellos se sincera de tal manera que evidencia la fatiga del matrimonio, y lo que es más grave, la falta de deseo hacia sus mujeres, que ya no lo hacen por falta de tiempo, sino que no tienen ganas. De esa noche, deciden volverse a verse y salir de marcha para ligar con otras mujeres, “tomatear” lo llaman, aunque como suele ocurrir en estos casos, la teoría anda muy bien aprendida, pero lo que es la práctica, es otro cantar.

La opera prima de Lluís Segura (Barcelona, 1973) después de foguearse en los videoclips, la publicidad, en la Escac como profesor y trabajar como asesor con J. A. Bayona, no es la típica comedia de cuarentones que atraviesan alguna crisis para finalmente solucionarlas al lado de los suyos, no, nada de eso, la película es una comedia, pero no una cualquiera, sino una que contiene una crítica mordaz inteligente sobre el amor, el deseo y la infidelidad en los tiempos actuales. Porque estos cuatro tipos salen una noche de juerga engañando a sus respectivas señoras, pero no mojan, y piden asesoramiento a un experto en seducción, magnífica la composición de Adrián Lastra, cachas y repeinado (algo así como el personaje que hacía Tom Cruise en Magnolia, aunque ahora un rollo youtuber sabelotodo) y se lanzan a la aventura, pero lo que son las cosas, hay más hombres que viven ese conflicto en su matrimonio, y se les adhieren más, como el psiquiatra de uno de ellos, que además les proporciona las pastillas y demás, y el amigo de turno soltero empedernido, y así, nace “El club de los buenos infieles” (algo así como planteaba la película El club de la lucha, pero aquí sin darse hostias, sólo buscando sexo, o al menos intentarlo, que no es poco) unas excursiones a ciudades alejadas donde se dan una fiesta y ligan con otras mujeres, con la firme intención de liberarse de sus matrimonio, y recuperar la lívido, y salvar sus vidas en pareja.

La película está contada como si fuese un fake, los protagonistas se someten a entrevistas donde dan rienda suelta a que era el club, una especie de confesionario donde son capaces de emocionarse, gritar, enfadarse y explicar sus sentimientos, miedos e inseguridades. Segura nos hace reír, reír pero bien, porque estos pobres desgraciados tienen mucho que explicar y desahogarse, y no sólo en el sexo, y lo hace despojando a sus criaturas de lo masculino, de aquello que convencionalmente tienen que ser los hombres, y de cómo actúan cuando están juntos, y de sus secretos y pasiones más ocultas, y haciendo una película sobre hombres y sus problemas, pero que puede ser vista también por las mujeres, porque el director no se detiene en alabar a ellos, sino todo lo contrario, a sumergirse en sus miserias cotidianas y en su vulnerabilidad, dejándolos en pelotas, y profundizando en su patetismo, idiotez e infantilismo, haciéndonos replantear muchas cuestiones sobre el amor, como la fidelidad a uno mismo y la pareja, al amor fiel y duradero para siempre, el sexo en el matrimonio, la pasión y demás conflictos que a más tardar surgen en una convivencia.

Un grupo de intérpretes en estado de gracia ayudan a este juego sobre aquello que sentimos y no decimos, y aquello que queremos hacer y mentimos para llevarlo a cabo, o que aceptamos como real, cuando sabemos que no es así. Cuatro amigos tan diferentes entre sí, pero con el mismo conflicto a cuestas, tenemos a David (Hovik Heuchkerian) que se muestra seguro y uno de los artífices de la broma que acaba siendo casi una multinacional del pecado, Carlos (Raúl Fernández de Pablo) el menos seguro de todo este tinglado y el que más dudas plantea a todo este mejunje de mentirosos y pardillos, Marcos (Fele Martínez) el que finge orgasmos y además, siente que ya no desea ni quiere a su pareja, y por último, Juan (Juanma Cifuentes) el gordito del grupo, que practica sexo telequinético, que mientras lo haces con tu señora piensas en otras, se les sumarán los ya citados anteriormente, el matasanos (Albert Rivalta) y el soltero de siempre (estupendo Jordi Vilches) vaya par también. Segura ha construido una película con mucha gracia, que se ríe de sus criaturas y la manera tan peculiar que tienen de solucionar sus problemas, en una divertidísima sátira sobre esos conflictos propios de años de matrimonio, en una juerga con toda la carretera por delante, birras y a ritmo de La frontera y su himno de principios de los noventa, que decía así: “Te esperaré en el límite del bien y del mal…”, que si bien tiene momentos de comedia alocada y despendolada, no se queda ahí y va mucho más allá, reflexionando sobre el amor, el matrimonio, el sexo y la pasión, desde varios puntos de vista diferentes, en los que cada uno podrá sacar sus propias conclusiones, y sentirse más en la línea de unos u otros, porque como pasa en todo en la vida, las cosas no son nunca lo que parecen, y todo tiene infinitos puntos de vista.